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Señor Brahma
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Cupido, deidad

 

Vínculos de familia

Cónyuges/Hijos(as)::
1. Rati

Cupido, deidad

  • Consorte (1): Rati

  Descripción:

Dios del amor.
Fue destruido por el Señor Shiva.
También conocido como: Kama, Kamadeva, Ananga (el incorpóreo), Manamatha (el agitador de la mente), Señor de Rati

[...] En aquellos días había aparecido un demonio llamado Taraka; su fuerza, gloria y majestad eran verdaderamente grandes.
Había conquistado todos los planos, así como a sus guardianes, y todos los dioses se habían visto destituidos de su felicidad y prosperidad. Taraka no conocía la edad ni la muerte, y era invencible. Los dioses habían luchado contra él muchas veces, y siempre perdían.

Entonces acudieron a Viranchi y le hablaron de sus males.
El Creador les encontró en un estado muy miserable. Y les consoló diciendo:
"El demonio sólo morirá cuando nazca un hijo de los lomos de Sambhu, pues solamente él podrá vencerle,
Actuad de acuerdo a lo que os digo. Dios os ayudará y su plan tendrá éxito.

Sati, que dejó su cuerpo en el sacrificio realizado por Daksha, ha vuelto a nacer en casa de Himachala. Ha sufrido penitencia para ganar la mano de Sambhu; y Shiva ha renunciado a todo y ha quedado absorbido en la contemplación.

Aunque no parezca adecuada, escuchad mi proposición.
Id a Cupido y enviadlo a Shiva; dejad que rompa la serenidad de su mente.
Luego iremos y postrándonos a los pies de Shiva le convenceremos para que se case, aunque sea en contra de su voluntad.
Solamente así quedarán atendidos los intereses de los dioses."


"La idea es excelente", dijeron todos. Entonces los dioses rezaron con gran fervor, y el dios del amor, armado con cinco flechas y con un pez en el blasón de su estandarte, apareció ante ellos.

Los dioses le contaron sus sufrimientos; al oír su relato, el dios del amor se quedó pensativo y sonriente habló de este modo:
"Si voy contra Sambhu, no recibiré ningún bien.
Sin embargo, haré lo que me pedís, pues los Vedas dicen que la bondad es la mayor de las virtudes. Los santos siempre alaban al que entrega la vida en servicio a los demás.
"

Diciendo esto, el dios del amor se postró ante ellos y partió con sus amigos con el ramo de flores en la mano.
Cuando se iba, el Amor pensó que la enemistad con Shiva significaba la muerte segura.
Entonces desplegó su poder y el mundo entero se puso a su servicio.

Cuando el dios del amor mostró su ira, todas las barreras impuestas por los Vedas se desmoronaron al instante.
Todo el ejército de Viveka, castidad, votos religiosos, todo tipo de autodominio, fortaleza, piedad, sabiduría espiritual y conocimiento de la divinidad cualificada con forma o sin ella, la moral, las oraciones, el Yoga, y el desapego, huyeron aterrados.

Viveka emprendió el vuelo con todos sus aliados; sus grandes guerreros se retiraron del campo de batalla. Se fueron todos y se escondieron en las cuevas de la montaña, que eran los libros sagrados de aquel tiempo.
Hubo una gran revolución en el mundo, y todos dijeron: "Dios mío, ¿qué va a suceder? ¿Qué poder nos salvará? ¿Quién es ese ser sobrehumano con dos cabezas, para vencer al cual el señor de Rati, el Amor, ha levantado con furia su arco y sus flechas?"

Todas las criaturas existentes en el mundo, animadas o inanimadas, con atributos masculinos o femeninos, violaron sus leyes naturales y quedaron completamente poseídas por la lujuria. Todas las mentes se llenaron de lujuria; las ramas de los árboles se doblaron al ver a las enredaderas.
Los ríos como torrentes se precipitaron a unirse con el océano; los lagos y estanques se unieron en mutuo amor.

Si tales cosas sucedieron en la creación inanimada, ¿quién podría referir las acciones de los seres sensibles?
Las bestias que caminan sobre la tierra, los pájaros que surcan el aire, y el agua perdieron todo sentido del tiempo y fueron víctimas de la lujuria. El mundo entero entró en un estado de agitación y quedó ofuscado por la pasión. Los pájaros chakravaka no diferenciaban el día y la noche.

Los dioses, demonios, seres humanos, kinnaras, serpientes, espíritus del mal, enemigos, fantasmas y vampiros, hasta los siddhas, los grandes sabios que no sienten atracción por el mundo y los Yoguis abandonaron su Yoga bajo la influencia de la lujuria.

Y si los grandes Yoguis y ascetas estaban completamente poseídos por la lujuria, ¿qué se puede decir de la gente ordinaria? Aquellos que siempre habían mirado a la creación animada e inanimada como llena de Brahma, ahora la veían llena de sexo.
Las mujeres veían el mundo como lleno de hombres, mientras que para éstos estaba lleno de mujeres. Y este maravilloso juego del Amor duró en el universo casi una hora.

Nadie podía mantenerse controlado; todos los corazones habían sido robados por el dios del amor.
Solamente aquellos a quienes el Héroe de la raza Raghu había extendido Su protección podían mantenerse alejados de su influencia.
El hechizo duró como una hora hasta que el dios del amor encontró a Sambhu.
Cupido tembló al ver a Shiva, y el mundo entero volvió a la calma.
Inmediatamente todos los seres vivos recobraron su paz mental igual que el hombre ebrio siente alivio cuando ha pasado el efecto del alcohol.

Al ver a Bhagavan Rudra el dios del amor se llenó de terror, pues Shiva es difícil de vencer y comprender.
Se sintió tímido al retirarse y fue incapaz de hacer nada. Finalmente se decidió por la muerte y preparó un plan.

Entonces hizo que apareciera la hermosa primavera, reina de todas las estaciones; aparecieron hileras de árboles cargados de flores. Los bosques y arboledas, arroyos y estanques, y todo el cielo adoptaron un aspecto bellísimo. Por todas partes parecía que la Naturaleza desbordaba de amor, y a la vista de tanta belleza la pasión se encendía hasta en las almas muertas.

La pasión se despertaba hasta eh las almas muertas y la belleza del bosque no se podía describir.
Una brisa fresca, suave y fragante aliviaba el fuego de la pasión como si fuera su fiel compañera. Hileras, de lotos florecían en los lagos y enjambres de encantadoras abejas zumbaban en ellos. Los cisnes, cucos y loros emitían dulces sonidos, y doncellas celestiales cantaban y bailaban.

El dios del amor con su ejército de seguidores había agotado sus innumerables estratagemas; sin embargo, el éxtasis de Shiva no se rompía. Esto enfureció a Cupido.

Viendo una hermosa rama de un árbol de mangos, el dios del amor se subió a ella con cara de frustración.
Unió sus cinco flechas a su arco de flores y con mirada llena de ira estiró el arco hasta sus mismos oídos.
Disparó las cinco flechas y éstas hirieron el pecho de Shiva. El éxtasis se rompió y Sambhu despertó.

La mente del Señor estaba muy turbada. Abriendo los ojos, miró a su alrededor.
Cuando vio a Cupido escondido tras las hojas del mango, se puso muy furioso y esto hizo temblar a las tres esferas.

Entonces Shiva descubrió su tercer ojo, y en cuanto miró al dios del amor, éste quedó reducido a cenizas.

Un gran lamento se extendió por todo el universo. Los dioses estaban alarmados y los demonios satisfechos.
El pensar en la pérdida de los placeres sensuales entristecía a los voluptuosos, mientras que los esforzados yoguis se sentían libres de una espina.
Los yoguis quedaron libres de tormento, mientras que Rati se desmayó al enterarse de la suerte de su señor.
Y se acercó a Sankara llorando y lamentándose, y suplicándole de muchas formas se quedó parada ante el Señor con las manos juntas. Al ver a la desvalida mujer, el bondadoso Señor Shiva, a quien es fácil aplacar, profetizó de este modo:

"De ahora en adelante, Rati, tu esposo será llamado Ananga (incorpóreo); tendrá poder incluso careciendo de cuerpo. Escucha ahora cómo volverás a estar con él.
"Cuando Sri Krishna descienda en el linaje de Yadu para aliviar a la Tierra del sufrimiento, tu señor nacerá de nuevo como Su hijo (Pradyumna); esta predicción no puede dejar de cumplirse."


Tras escuchar las palabras de Sankara, Rati se fue. Ahora contaré el resto de la historia. Cuando Brahma y los otros dioses se enteraron de lo sucedido, acudieron a Vaikuntha. De allí, todos los dioses, incluyendo a Vishnu y Viranchi fueron donde estaba el misericordioso Shiva.

Hablaron severamente y agradaron al Señor cuyo estandarte está adornado con la media luna.
Entonces Shiva, océano de compasión dijo: "Decidme, inmortales, ¿qué deseáis?"
Y Brahma replicó: "Señor, Tú eres quien controla todo; aun así, maestro, mi devoción a Ti me empuja a hacerte esta súplica:
El corazón de todos los mortales está dominado por un deseo muy fuerte.
Ellos anhelan poder ser testigos de Tu boda con sus propios ojos, mi señor.
Oh humilde Señor del Amor! Haz que de alguna forma nuestros ojos se puedan regocijar con este feliz suceso.
Habiendo quemado al dios del amor, has hecho bien en conceder un favor a Rati, oh océano de compasión.
Después de aplicar el castigo, los buenos maestros acostumbran a derramar su gracia como consecuencia natural.
Parvati ha practicado la penitencia hasta un punto difícil de valorar; acéptala ahora con cariño".


Al oír la súplica de Brahma y recordando las palabras del Señor, Shiva contestó con alegría: "Así sea" . [...]
El Sabio Yajñavalkya dice a Bharadwaja:
[...] En las montañas del Himalaya había una cueva muy sagrada; cerca de ella corría el hermoso río celestial.
Esta ermita tan santa y bella atraía mucho la mente del sabio celestial Narada.
Al ver la montaña, el río y el bosque, su corazón comenzó a sentir amor por los pies del señor de Lakshmi.
El pensamiento de Sri Hari rompió el encanto de la maldición; y su mente, pura por naturaleza, entró en éxtasis.

Al ver el estado del sabio, Indra sintió aprensión.
Llamando al dios del amor, le recibió con gran honor y le dijo: "Te pido que vayas con tus compañeros".
El dios del amor partió muy contento.

Indra temía que el sabio celestial quisiera ocupar su puesto. Los avariciosos siempre tienen miedo de todos como el malvado cuervo.
Igual que un perro tonto, al ver al rey de los animales, sale huyendo con un hueso seco, temiendo en su ignorancia que el león se lo robe, Indra, libre de escrúpulos, actuó de esa forma.

Cuando el dios del amor llegó a la ermita, con su poder ilusorio hizo que surgiera la estación primaveral.
Capullos multicolores aparecieron en los árboles; los cucos cantaban y las abejas zumbaban.
Brisas deliciosas, frescas, suaves y fragantes soplaban, avivando el fuego de la pasión.

Rambha y otras doncellas celestiales, de aspecto siempre joven, y expertas en amoríos, cantaban dulces melodías y se entregaban a muchos juegos, con una pelota en la mano.
El dios del amor se sentía feliz de ver a sus compañeros y empleaba muchos trucos engañosos.
Pero estos trucos no producían ningún efecto en el sabio.

Cupido
, sintiéndose culpable, tenía miedo de su propia destrucción.
¿Cómo se puede atrever alguien a traspasar las fronteras de aquel que tiene como protector al Señor de Lakshmi?
Sintiéndose decepcionados, el dios del amor y sus amigos conocieron su derrota y se agarraron a los pies del sabio, hablándole con profunda humildad.

En la mente de Narada no había ira, tranquilizó al dios del amor hablándole con palabras amistosas.
Luego, postrando su cabeza a los pies del sabio y obteniendo su permiso, el Amor partió con sus compañeros.
Al llegar al reino de Indra le contó, por un lado sus intentos, y por, otro la bondad del sabio.
Al oír su relato, todos se quedaron admirados; alabaron al sabio y se postraron ante Hari.
Entonces Narada fue a ver a Shiva; estaba orgulloso de su victoria y le habló de todos los trucos del amor.
Sabiendo que él era su mejor amigo, el gran Señor Shiva le aconsejó así: "Oh sabio, te lo pido una y otra vez, nunca cuentes esta historia a Hari como me la has referido a mí. Aunque surja la ocasión, por favor, guárdatela. [...]
Tras el secuestro de Sita, Sri Rama dice a Lakshmana
[...] "Contempla, hermano, cuán placentera es la primavera; sin embargo, para mí, privado de mi amada es espantosa.

Cuando el dios del amor me encontró torturado por la separación, afligido y solo, acometió contra mí con el verdor del bosque, con las abejas y los pájaros como ejército.
Su espía, el viento, me vio con mi hermano y al informarlo, Cupido, el nacido de la mente, ha enviado su avanzadilla y me ha sitiado.

Las enredaderas se entrelazaban alrededor de los gigantescos árboles, extendiéndose como palios en el cielo. Las plantas y majestuosas palmeras se extendían como hermosas banderas y estandartes; sólo aquel que es duro de corazón podría evitar el sentirse fascinado ante esta vista. Árboles de todas clases estaban adornados con diversos tipos de flores, como guerreros ataviados en todas sus diferentes clases de panoplias. Otros bellísimos árboles se alzaban aquí y allá como si fuesen encantadores campeones.

Los susurrantes cucos eran sus excitados elefantes; las garzas y las cornejas sus camellos y mulas; los pavos reales, chakoras y loros, sus nobles caballos de guerra; las palomas y cisnes, sus corceles árabes; las perdices y codornices, sus soldados de a pie. Pero eso no es todo, montañas de rocas eran sus carros; los riachuelos sus timbales; los Chatakas, los bardos que pregonaban sus glorias; las locuaces abejas eran sus trompetas y clarinetes; y las suaves, frescas y fragantes brisas venían en calidad de embajadores.

Acompañado por un ejército completo con sus cuatro características, la caballería, soldados a pie, los carros y elefantes, Cupido vagaba incitando a todos al combate.

Lakshmana, aquellos que permanecen firmes incluso ante la vista de las tropas de Cupido son auténticos hombres.
Su mayor fuerza se encuentra en las mujeres; sólo aquel que puede escapar de ellas es un poderoso campeón. [...]

Cupido, + Rati.