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Sri Rama

 

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1. Princesa Sita

Sri Rama

  • Nació: Ayodhya
  • Consorte (1): Princesa Sita

  Descripción:

Séptimo Avatar de Lord Vishnu (Decimoctavo Avatar según el Bhágavata-purana).
Medio hermano de Lakshmana, Bharata y Satrughna.
Dinastía: Iksuaku / Raghu
Por ser descendiente del rey Raghu, es también llamado 'Señor de los Raghus' o 'Jefe de los Raghus'.
También conocido como: Hari, Señor de Kosala, Mukunda, Raghupati (Señor de los Raghus), Raghuvara (Jefe de los Raghus), Señor Raghuvira, Sri Ramachandra y Señor de Tulasi.

  Observaciones y comentarios:

  • Siendo Sri Rama un Avatar, únicamente se citarán sus características así como sus principales enseñanzas.
  • Tulsidas dice:
    [...] Adoro al Señor Hari, conocido por el nombre de Sri Rama, el ser superior, más allá de todas las causas, cuya Maya hace balancearse al universo entero incluyendo a los dioses nacidos de Brahma y a los demonios, cuya presencia llena de realidad el mundo de las apariencias -hasta el falso concepto de que la serpiente se explica en relación con la cuerda- y cuyos pies son el único barco para los que desean cruzar el océano de esta existencia.

    ///

    Venero el nombre "Rama" del jefe de los Raghus, compuesto de letras que representan al dios-fuego, el dios-Sol y el dios-Luna (Ra y Ma respectivamente).
    Es el mismo que Brahma, que Vishnu y que Shiva, y el aliento vital de los Vedas; que no se puede calificar, y es incomparable mina de virtudes.

    ///

    La gloria del Nombre es, pues, infinitamente mayor que la del Absoluto.
    Ahora explicaré cómo según mi parecer el Nombre es incluso superior a Sri Rama.

    Por el bien de sus devotos, Sri Rama tomó la forma de un ser humano, y sufriendo Él mismo diversas penalidades, proporcionó alivio a los piadosos.

    Por otro lado, los devotos, repitiendo Su Nombre con cariño, se convierten en moradas de alegría y bendiciones.
    Sri Rama mismo pudo redimir a una sola mujer, esposa de un asceta, mientras que Su Nombre corrigió el error de multitudes de almas malvadas.

    Por el bien del sabio Vishwamitra, Sri Rama trajo la destrucción a la hija de Suketu junto a la de su ejército y de su hijo, mientras que Su Nombre pone fin a las vanas esperanzas del devoto y a todos sus errores y penas, igual que el Sol termina con la noche.

    Sri Rama
    en persona rompió el arco de Shiva, pero la gloria de Su Nombre disipa incluso el temor al nacimiento.

    El Señor
    sólo pudo devolver la belleza al bosque Dandaka, mientras que Su Nombre purificó la mente de innumerables devotos.

    El amado de los Raghu
    s aplastó solo a un ejército de demonios, mientras que Su Nombre arranca de raíz todas las impurezas de la edad de Kali.

    El Señor de los Raghus
    concedió la inmortalidad sólo a sus siervos fieles como Sabari y el buitre, mientras que Su Nombre ha liberado a incontables malvados; la historia de sus virtudes está claramente narrada por los Vedas.
    Y como todos saben, Sri Rama concedió su protección sólo a dos devotos, Sugriva y Vibhisana; sin embargo, Su Nombre ha derramado Su Gracia sobre muchas almas humildes.

    Esta suprema gloria del Nombre brilla en el mundo y en los Vedas, Sri Rama reunió un ejército de osos y monos y pasó grandes dificultades para construir un puente.
    Sin embargo, al repetir Su Nombre, el océano mismo de la existencia mundana se queda seco: que los sabios lo tengan presente.

    Sri Rama
    mató en una batalla a Ravana y a toda su familia, y regresó a su propia ciudad con Sita.
    Luego fue coronado rey en la capital de Ayodhya, mientras que dioses y sabios cantaban sus glorias con palabras de alabanza.
    Pero sus siervos siempre pueden vencer al poderoso ejército del mal si recuerdan con cariño Su Nombre y, absortos en la devoción, actúan con una alegría que proviene de ellos mismos, pues, por la Gracia del Nombre no conocen el dolor ni el sueño.

    Por eso el Nombre es más grande que Brahma y Sri Rama juntos y siempre da sus bendiciones a los que conceden favores.
    Sabiendo esto en Su corazón, el gran Señor Shiva escogió esta palabra para nombrarse a sí mismo de entre toda la historia de Sri Rama que comprende 100 versos.[...]
    Lord Shiva dice a Parvati:
    [...] "La historia de Rama es como el palmear de manos que aleja a los pájaros de la duda.
    Es como un hacha que corta el árbol de Kaliyuga; escúchala con reverencia, oh hija del rey de la montaña.

    Los Vedas han declarado que los hermosos nombres de Sri Rama, así como Sus virtudes, historias, nacimientos y obras son incontables. Igual que el divino Rama no tiene fin, Sus historias, gloria y virtudes son interminables.
    Pero, al ver tu gran amor yo las voy a contar como las he oído y lo mejor que mi inteligencia me permita.

    Uma, tus peticiones son hermosas y agradan a los santos; y yo también me siento satisfecho de escucharlas.
    Pero hubo una cosa, Bhavani, que no me gustó, aunque la dijiste sabiendo que era un engaño:
    ¡sugeriste que el Rama del que hablan los Vedas y el que los sabios contemplan es otro ser!

    Estas palabras sólo las dicen y las escuchan los malvados cuyo corazón está dominado por la infatuación, desprecian los pies de Sri Hari, y no distinguen entre la verdad y la mentira.

    Son seres miserables, locos, ignorantes y ciegos, y el espejo de su corazón está cubierto por una capa de sensualidad, lasciva, engañosa y perversa en extremo; nunca han visto reunidos a los hombres santos, ni siquiera en sueños; no tienen conciencia de pérdida o ganancia, y afirman cosas que repugnan a los Vedas.
    El espejo de su corazón está oscurecido y no tienen ojos para ver; entonces, ¿cómo pueden esas almas miserables contemplar la belleza de Sri Rama?

    Para aquellos que no conocen al Brahma incalificado o a la Divinidad cualificada, que se dedican a afirmar cosas fantásticas y que giran en este mundo bajo la influencia del poder ilusorio creado por Sri Hari, ninguna afirmación es suficientemente loca.

    Los que están dominados por el delirio o la locura, los poseídos y los ebrios no hablan con sentido.
    Nadie debe escuchar a aquellos que han bebido el vino de la infatuación.

    Tranquilizado así tu corazón, olvida toda duda y adora los pies de Sri Rama.
    Escúchame, oh hija del rey de la montaña, pues mis palabras son como rayos de luz que disipan la oscuridad del error,

    No hay diferencia entre la Divinidad cualificada y el Brahma incalificado: así lo dicen los sabios, Vedas y Puranas.
    Lo que carece de atributos y forma, lo que es imperceptible y no nace, se convierte en calificado por el poder del amor del devoto.

    ¿Cómo puede el Absoluto adquirir atributos?
    De la misma forma que el agua y el granizo no difieren en su sustancia.

    La infatuación está lejos de Aquel cuyo Nombre mismo es como el Sol ante la oscuridad del error.
    Sri Rama, que es la unión de la Verdad, Conciencia y Dicha, es como el Sol; la noche de la ignorancia no puede aparecer en Él ni siquiera en su grado mínimo.

    Él es el Señor cuyo ser mismo es luz; en Él no hay despertar a la comprensión pues el despertar viene tras la noche, y no hay noche en el Sol de Sri Rama.
    La alegría y la pena, el Conocimiento y la ignorancia, el egoísmo y el orgullo, son características de un Jiva.
    Sri Rama es el Brahma omnipresente, la encarnación de la dicha suprema, el más alto señor, y el Ser más anciano.
    El mundo entero lo sabe.

    El que es universalmente conocido como el Espíritu, la fuente de luz, se manifiesta en todas las formas, y es señor de la vida y la materia; esa Joya del linaje de los Raghus es mi Maestro."
    [...]
    Lord Vishnu anuncia a los dioses que se manifestará en la tierra:
    [...] "No temáis, oh sabios, Siddhas e Indra; por vuestro bien tomaré la forma de un ser humano.

    Naceré en el glorioso linaje solar como ser humano, acompañado de mis otras manifestaciones.

    El sabio Kashyapa y su esposa, Aditi, hicieron grandes penitencias; a ellos ya les he concedido un favor.
    Han aparecido en la ciudad de Ayodhya para gobernar a los hombres en la forma de Dasaratha y Kausalya.
    Yo naceré en su casa, tomando la forma de cuatro hermanos, como es costumbre en el linaje Raghu.

    Cumpliré todo lo que dijo Narada, y descenderé con Mi Energía Suprema.
    Así liberaré a la Tierra de todo su peso; no temáis, oh dioses."
    [...]
    El rey Dasaratha hace un sacrificio para tener hijos:
    [...] Un día, el rey se sentía triste porque no tenía hijo varón.
    Se apresuró al hogar de su maestro, y cayendo a sus pies, le suplicó una y otra vez.

    Contó al Guru todas sus alegrías y penas; el sabio Vasistha le consoló y le dijo:
    "Sé valiente y espera; tendrás cuatro hijos, que serán conocidos en los tres mundos y librarán a los devotos de sus temores".

    Luego, Vasistha llamó al sabio Srngi y le hizo ofrecer un sacrificio por el nacimiento de un hijo del rey.

    Cuando el sabio ofreció las oblaciones al fuego sagrado, apareció el dios fuego con una ofrenda de arroz hervido en leche en su mano. Y el dios fuego dijo:
    "Todo lo que Vasistha te ha dicho, ya se ha cumplido.
    Recibe esta oblación, oh rey, y divídela en las partes que creas convenientes"

    Entonces el dios fuego desapareció después de explicar a todos los reunidos lo que debían hacer.
    El rey se sintió arrebatado en éxtasis y no podía contenerse de gozo.
    Al instante, el rey envió a llamar a sus amadas esposas.

    Cuando Kausalya y las otras reinas llegaron, dio la mitad de la ofrenda a Kausalya y dividió el resto en dos mitades, una de las cuales dio a Kaikeyi.
    El resto fue nuevamente dividido en dos partes que colocó en las manos de Kausalya y Kaikeyi, y después de recibir su aprobación, entregó las dos partes a Sumitra.
    De este modo todas las reinas quedaron embarazadas.

    Todas estaban muy contentas, y se sentían muy afortunadas.
    Desde el momento en que Sri Hari penetró en el vientre, la alegría y la prosperidad reinaron en todos los mundos.
    En el palacio brillaban las reinas que eran minas de belleza, virtud y gloria.
    Así felizmente un tiempo, hasta que llegó el día en que el Señor debía revelarse. [...]
    El nacimiento del Señor:
    [...] La posición del Sol y la Luna, el signo zodiacal en que el Sol había entrado, la posición de los otros siete planetas, el día de la semana y el día del mes lunar, todo parecía ser propicio.
    Toda la creación animada e inanimada estaba llena de gozo, pues el nacimiento de Sri Rama es una fuente de alegría.

    Era el noveno día de la mitad brillante del sagrado mes de Chaitra; la Luna había entrado en la estrella llamada Abhijit, que es tan querida por Sri Hari.
    El Sol estaba en su meridiano; el día no era frío ni caluroso. Era un momento santo que producía descanso en todo el mundo. Soplaba una brisa fresca, suave y fragante. Los dioses se sentían emocionados, y los santos bullían de entusiasmo.
    Los bosques estaban llenos de capullos, las montañas resplandecían con el brillo de las gemas y en todos los ríos fluía una corriente de néctar.

    Cuando Brahma se dio cuenta de que había llegado el momento del nacimiento de Sri Rama, todos los dioses salieron con sus carrozas aéreas debidamente adornadas.
    El cielo resplandeciente estaba lleno de sus ejércitos y grupos de Gandharvas cantaban alabanzas y hacían llover flores colocándolas en sus hermosas palmas. El cielo resonaba con el golpear de cimbales.
    Nagas, sabios y dioses ofrecían alabanzas y realizaban todo tipo de servicios.
    Tras ofrecer sus alabanzas, los dioses iban regresando a sus moradas.

    Y entonces el Señor, refugio del universo y amparo de toda la creación, se manifestó.
    El hermoso Señor, que es compasivo con los humildes y bienhechor de Kausalya, apareció.
    El pensamiento de Su maravillosa forma, que arrebataba el corazón de los sabios, llenó a la madre de gozo.
    Su cuerpo era oscuro como la nube, y el deleite de toda mirada; en Sus cuatro brazos llevaba Sus emblemas característicos: una concha, un disco, un garrote y un loto.
    Adornado con joyas y una guirnalda de flores silvestres, y dotado de grandes ojos, el Destructor del demonio Khara era un océano de belleza.

    Uniendo sus manos, la madre dijo:
    "Oh Señor infinito, ¿cómo puedo alabarte?
    Los Vedas y los Puranas dicen que trasciendes la Maya, que traspasas todo atributo, conocimiento y medida.
    El que es glorificado por los Vedas y los santos como un océano de misericordia y dicha, y fuente de virtudes, ese mismo Señor de Lakshmi, amante de Sus devotos, Se ha revelado por mi bien.
    Los Vedas proclaman que cada poro de Tu cuerpo contiene multitud de universos manifestados a través de Maya.
    Que un Señor tan grande haya estado en mi vientre es un hecho tan disparatado que hace tambalear hasta las mentes más sabias".

    Cuando esta revelación llegó a la madre, el Señor sonrió y comenzó a hacer muchos gestos hermosos.
    Luego le habló de la bella historia de su encarnación anterior para que Le amara como a su propio hijo.

    Entonces el ánimo de la madre cambió, y habló de nuevo:
    "Abandona esta forma sobrehumana y recréate en los juegos infantiles, tan queridos para el corazón de una madre; la alegría que nace de esos juegos no se puede igualar de ninguna forma".


    Al oír estas palabras, el omnisciente Señor de los inmortales se volvió niño y comenzó a llorar.

    ///

    Por el bien de los brahmanes, vacas, dioses y santos, el Señor, que trasciende la Maya y está más allá de los tres tipos de Prakrti y por encima de los sentidos, nació como hombre, tomando una forma según Su propia voluntad.

    Al oír el delicioso sonido de su lloriqueo, todas las reinas se apresuraron a venir.
    Las doncellas corrían sin cesar gozosas; toda la ciudad había entrado en un estado de júbilo.

    Cuando Dasaratha se enteró de que le había nacido un hijo, quedó sumergido como en un éxtasis de contemplación de Brahma.
    Con la mente rebosante del más elevado amor y el cuerpo tembloroso de alegría, intentó levantarse, mientras trataba de sobreponerse, y se dijo:
    "El mismo Señor cuyo Nombre trae bendiciones por el simple hecho de escucharlo, ha llegado a mi casa", y este pensamiento llenaba su mente de placer supremo.

    ///

    Así transcurrieron unas cuantas jornadas; los días y las noches pasaban inadvertidos.
    Sabiendo que había llegado el momento de dar un nombre a los niños, el rey mandó llamar al iluminado sabio Vasistha.
    Después de rendirle homenaje, el rey le habló así:
    "Santo señor, asígnale los nombres que tu mente haya establecido".

    "Sus nombres son muchos y únicos; sin embargo, oh rey, los pronunciaré como mejor pueda.
    Tu hijo mayor, océano de felicidad y encarnación de la alegría, cuya más pequeña partícula llena de gozo los tres mundos, tiene por nombre 'Rama', hogar de la dicha y consolador de todos los mundos.
    Tu segundo hijo, que sostiene y alimenta el universo se llamará 'Bharata', mientras que aquél cuyo pensamiento destruye a nuestros enemigos es glorificado en los Vedas con el nombre de 'Satrughna' ".

    El que encierra rasgos nobles, amado de Sri Rama y Sostén del universo entero, recibió del Guru Vasistha el maravilloso nombre del Lakshmana.

    El maestro asignó estos nombres tras considerarlos debidamente y luego dijo:
    "Tus cuatro hijos, oh rey, son la esencia misma de los Vedas.
    De ellos, Sri Rama es el tesoro de los sabios, el todo del devoto y la vida misma de Shiva, en estos momentos disfruta con los juegos infantiles".

    ///

    Kausalya estaba ensimismada por el amor que los días y las noches pasaban inadvertidos.
    Por amor a su niño, entonaba canciones que hablaban de Su niñez.

    Un día, la madre Kausalya lavó y vistió al niño y Lo puso a dormir en la cuna.
    Luego se bañó ella para adorar a la deidad protectora de su familia.
    Y después de adorarla, le ofreció comida y regresó a la cocina.

    Cuando volvió al lugar de adoración vio a su niño tomando la comida ofrecida al Señor.
    Asustada, la madre se acercó al niño y le encontró dormido en su habitación.
    Pero al regresar de nuevo al templo, todavía seguía viéndolo allí.

    Ahora ella temblaba de temor y su mente estaba intranquila, pues veía a dos niños, uno en el templo, y otro en la habitación.
    Y se decía:
    ¿Es acaso una ilusión de mi mente o un fenómeno extraordinario?"

    Y Sri Rama, al ver a su madre perpleja, sonreía dulcemente.

    Entonces el Señor reveló a Su madre Su maravillosa e infinita forma, y le mostró que cada poro de Su piel contenía millones de universos.

    Luego Kausalya vio innumerables soles y lunas, Shivas y Brahmas de cuatro caras, y cantidad de montañas, ríos, océanos, valles y bosques, así como el espíritu del tiempo, el principio de la acción, las clases de Prakrti, el espíritu del Conocimiento y Naturaleza, y muchas más cosas de las que ella nunca había oído hablar.

    Luego ella percibió la Maya, que es realmente poderosa, y quedó paralizada de terror, de pie y con las manos juntas.
    La madre contempló también el alma encarnada, que bailaba por el poder de Maya, y también el espíritu de la devoción, que libera el alma. El vello de su cuerpo se erizaba y quedaba muda.
    Cerrando los ojos, postró su cabeza a los pies del Señor.

    Viendo que la madre estaba maravillada, el Destructor de Khara volvió a tomar forma de niño.
    Ella era incapaz de pronunciar alabanzas y temblaba al pensar que había observado al Padre del universo como su hijo.

    Sri Hari consoló a Su madre y le dijo:
    "Escucha madre: no reveles a nadie lo que has visto".

    Juntando las manos, Kausalya suplicaba una y otra vez:
    "Haz Señor que Tu Maya no siga teniendo poder sobre mí".


    ///

    Cuando los cuatro hermanos se hicieron unos muchachos, sus padres y el maestro les invistieron con el hilo sagrado.
    Luego el Señor de los Raghus acudió al hogar de su maestro, y en poco tiempo logró dominar todas las ramas del saber.

    Qué gracioso resulta que Sri Hari, cuyo aliento se ha cristalizado en forma de los cuatro Vedas, tuviera que ir a la escuela.

    Aplicados en el saber, y perfectos en las normas de conducta, virtudes y limpieza ellos jugaban imitando el papel de reyes.
    Con una flecha y arco en las manos, su aspecto era encantador, su belleza extasiaba a toda la creación, animada e inanimada.
    Por cualquier calle que pasaran los cuatro hermanos, todos los hombres y mujeres se paraban a observarlos.
    Toda la gente de Ayodhya, hombres y mujeres, ancianos y niños tenían a Rama por algo más precioso que la vida.

    Llamando a sus hermanos y compañeros, Sri Rama Se los llevaba al bosque de caza.
    Mataba deliberadamente haciendo de ello un juego santo, y luego se lo mostraba al rey.
    Los animales matados por las flechas de Sri Rama iban derechos al cielo.

    Solía comer con Sus hermanos menores y compañeros y obedecía las órdenes de Sus padres.
    Siempre daba con alguna forma de contentar a la gente de la ciudad.

    Escuchaba los Vedas y Puranas con total atención y Él mismo exponía las verdades en ellos encerradas a Sus hermanos menores. Levantándose al amanecer, el Señor de los Raghus inclinaba Su cabeza ante Sus padres y maestro y, con su permiso, se ocupaba de los asuntos de la ciudad.
    El rey se sentía muy contento al ser Sus actos tan nobles.

    El Señor que todo lo penetra, que es indivisible, libre de deseo, no engendrado, carente de atributos, nombre o forma, realizaba actos maravillosos por el bien de Sus devotos.
    Sri Rama hace un milagro luego de exterminar a los demonios que molestaban al sabio Vishwamitra durante sus sacrificios:
    [...] Después de matar a los demonios, el Señor liberó a los brahmanes de sus miedos, y todos los dioses y sabios Le alababan.
    El Señor de los Raghus permaneció allí unos días y mostró Su gracia a los brahmanes.
    Y aunque el Señor sabía todo, los brahmanes movidos por su devoción, Le contaban muchas leyendas de los Puranas.

    Luego el sabio Le rogó amablemente: "Mi señor, haznos presenciar uno de tus actos".

    Al saber que habría un sacrificio, el Señor de los Raghus acompañó al sabio con alegría.
    En el camino vieron una ermita sin ningún pájaro, animal o ser vivo.

    Al ver una losa en el suelo, el Señor preguntó al sabio qué era, y éste le contó toda la historia que aquello encerraba.

    "La esposa de Gautama, después de tomar forma de piedra bajo una maldición, busca sin cesar el polvo de Tus pies de Loto; sé misericordioso con ella, oh héroe de la raza Raghu."

    Con el simple roce de Sus santos pies, que disipan el dolor, apareció Ahalya, encarnación de la austeridad.

    Contemplando al Señor de los Raghus, gozo de Sus siervos, ella se quedó ante Él con las manos juntas.
    Su corazón desbordaba de amor, el vello de su cuerpo se había levantado, y era incapaz de decir nada.
    La bendita Ahalya se agarraba a Sus pies, y lágrimas caían de sus ojos.
    Serenándose luego, reconoció al Señor y por la gracia de Sri Rama, obtuvo devoción a Sus pies.

    Con palabras inocentes, comenzó a alabar al Señor:

    "Gloria al Señor de los Raghus, que es accesible mediante el Conocimiento espiritual.
    Yo soy una mujer impura, y el Señor puede santificar a todo el mundo, siendo deleite de Sus siervos.
    Oh enemigo de Ravana. Tú liberas a Tus devotos del temor del nacimiento; por eso busqué refugio en Ti.
    Por favor sálvame, sálvame.

    Mi esposo hizo bien en maldecirme, y yo le he dado las gracias por ello.
    He deleitado mis ojos en Sri Hari (Tú mismo), que está libre de la atadura de la existencia mundana.
    El Señor Sankara dice que verte es la Única bendición que existe.

    Señor, mi corazón es muy inocente; sólo quiero pedir una cosa.
    No quiero otro favor de Ti, maestro; sólo anhelo que mi mente continúe disfrutando siempre del amor por el polvo de Tus pies, como la abeja absorbe la miel del loto.

    El Señor misericordioso Sri Hari puso en mi cabeza los mismos pies de loto de los que salió el santo Ganges que Shiva lleva en Su cabeza y que son adorados por Brahma".


    Habiendo alabado así a Sri Hari, y postrándose una y otra vez a Sus pies, la esposa de Gautama se despidió del Señor, y con el fervor que tanto deseaba concedido, se dirigió llena de alegría al hogar de su esposo. [...]
    Estando con Lakshmana en los jardines de la ciudad de Mithila, Sri Rama conoce a Sita, la hija del rey Janaka:
    [...] Tanto el Señor como Su hermano estaban maravillados de ver el jardín y su lago.
    Delicioso en grado sumo debía ser ese jardín que complació tanto a Sri Rama (el supremo deleitador).

    Después de observarlo todo, y con el consentimiento de los jardineros, los hermanos se pusieron a coger hojas y flores.

    En ese mismo momento llegó allí Sita, enviada por Su madre para adorar a Girija.
    Iba acompañada de Sus doncellas, todas encantadoras e inteligentes. Cantaban melodías con una voz cautivadora.

    Cerca del lago se levantaba un templo, sagrado para Girija, hermosa por encima de toda descripción, y cautivaba la mente de aquellos que lo miraban.
    Después de sumergirse en el lago con Sus compañeras, Sita se acercó alegre al templo de Girija.
    Presentó su adoración con gran devoción y pidió a la Diosa un hermoso compañero digno de Ella.
    Una de Sus doncellas se había alejado para echar una ojeada al jardín, y después de ver a los dos hermanos, regresó a Sita llena de amor.
    Al ver el estado en que estaba la doncella, con su cuerpo tembloroso y los ojos llenos de lágrimas, sus compañeras le pidieron dulcemente: "Dinos qué alegra así tu corazón".

    "Han venido dos príncipes a ver el jardín, ambos jóvenes y encantadores en todos los aspectos, uno moreno y el otro rubio: ¿cómo podría describirles?
    Las palabras no pueden hacernos ver, y los ojos no pueden hablar."

    Todas las doncellas se sintieron dichosas al escucharle.
    Al percibir el intenso anhelo de Sita, una de ellas dijo:
    "Deben ser los dos príncipes que llegaron ayer con el sabio Vishwamitra, y que han cautivado el corazón de los hombres y mujeres de la ciudad con el hechizo de su belleza.
    Aquí y en todas partes, sólo se habla de su hermosura. Debemos verles, pues merece la pena".

    Las palabras de la doncella agradaron mucho a Sita; Sus ojos estaban impacientes por ver a los príncipes.
    Siguiendo a Su buena amiga, Sita caminaba, y nadie se daba cuenta de que Su amor venía de muy atrás.

    Acordándose de las palabras de Narada, Sita se vio llena de amor inocente, y miraba a Su alrededor con ansiedad, como un cervatillo asustado.

    Al oír el tintinear de ajorcas, y de campanillas atadas a la cintura y los tobillos, Sri Rama pensó para sí y luego dijo a Lakshmana: "Parece como si Cupido hubiera tocado sus cimbales intentando conquistar el universo".

    Y diciendo esto, miró de nuevo en la dirección por la que venía el sonido y Sus ojos quedaron fijos en el rostro de Sita igual que el pájaro Chakora cuando contempla la Luna.
    Sus cautivadores ojos quedaron paralizados, como si Nimi hubiera abandonado sus párpados por timidez.
    Sri Rama estaba extasiado al contemplar la belleza de Sita; en Su corazón había admiración, pero era incapaz de expresarla.
    Sentía que el Creador había puesto toda su habilidad creadora en esa forma visible y se la mostraba así al mundo entero.

    "Ella presta encanto al Encanto mismo -se decía-, y parece como si una llama de luz estuviera ardiendo en una casa de belleza.
    Las comparaciones empleadas por los poetas se quedan anticuadas y gastadas; ¿con quién podría comparar a la hija de Videha ?"


    Maravillado ante el encanto de Sita y pensando en Su situación, el Señor habló a su hermano con palabras propias del momento:
    "Hermano, ella es la hija del rey Janaka, para quien se ha dispuesto el sacrificio de la postración.
    Ha sido acompañada por sus doncellas a adorar a la Diosa Gauri y se mueve por el jardín irradiando luz de su ser.
    Mi corazón, puro por naturaleza, se ve agitado a la vista de Su transcendente belleza.

    Sólo Dios sabe la razón de todo esto; pero en verdad, hermano, mis miembros están temblando, y eso es señal de buena suerte.
    Es un rasgo natural en los hombres de la raza Raghu que nunca pongan su corazón en actos perversos.
    Yo mismo tengo plena confianza en Mi mente, pues nunca ha deseado la mujer de otro.

    En este mundo raros son los hombres nobles que nunca huyen del enemigo ni se entregan a la esposa de otro hombre ni desprecian al mendigo."


    Sri Rama
    hablaba así a su hermano, Su mente, enamorada de la belleza de Sita, absorbía constantemente la belleza de Su rostro, como la abeja cuando chupa el néctar del loto. [...]
    Durante la ceremonia en la que Sita tendrá por esposo a quien rompa el sagrado arco del Señor Shiva:
    [...] Y entonces el sabio Vishwamitra dijo:
    "Ven, hijo mío. Janaka nos ha llamado.
    Vayamos y veamos cómo Sita elige a su esposo.
    Todavía debemos ver a quién quiere honrar la Providencia."

    Y Lakshmana dijo: "Sólo merece gloria, mi señor, aquel que disfruta de tu favor".
    Todos los ermitaños se regocijaron al oír estas sabias palabras y con el corazón jubiloso le dieron su bendición.
    Acompañado por la multitud de ermitaños, el gracioso Señor se dirigió a visitar el terreno consagrado al sacrificio del arco.
    Los habitantes de la ciudad, al enterarse de que los hermanos habían llegado al lugar, se lanzaron a la calle, abandonando sus hogares y deberes-hombres y mujeres, jóvenes y ancianos, e incluso niños.

    Cuando Janaka vio que se había congregado tan gran muchedumbre, mandó llamar a sus siervos de confianza y dijo:
    "Id y conducid a la gente a sus asientos correspondientes".

    Con amabilidad y dulzura, los sirvientes sentaban a todos los ciudadanos, hombres y mujeres, en sus lugares, ya fueran nobles o medianos, humildes o bajos.
    Enseguida llegaron los dos príncipes, moradas de belleza, océanos de bondad, correctos en sus actos y galantes en su heroicidad, de formas cautivadoras, el uno moreno y el otro rubio.
    Brillando entre todos los príncipes, parecían dos lunas llenas en un círculo de estrellas.
    Todos miraban al Señor según el concepto que tenían de Él.
    Los que eran muy valientes en la lucha lo contemplaban como si fuera la heroicidad en persona.
    Los reyes malvados temblaban ante el Señor como si tuviera el aspecto más terrible.
    Los demonios, astutamente disfrazados de príncipes, veían al Señor como la Muerte en forma visible; y los ciudadanos miraban a los hermanos como ornamentos de la humanidad y deleite de sus ojos.

    Con alegría en sus corazones, las mujeres Le veían según la actitud mental de cada una, como si el sentimiento erótico mismo se hubiera manifestado en una forma totalmente única.

    Los sabios miraban al Señor en Su forma cósmica, con muchas caras, manos, pies, ojos y cabezas.

    ¿Y, qué aspecto tenía para los familiares de Janaka?
    El aspecto de un pariente amado. La reina y el rey Le miraban con el amor total que se tiene a un hijo querido.

    Para los Yoguis brillaba como la verdad suprema, complacido, inmaculado, y resplandeciente por naturaleza.
    Los devotos de Sri Hari contemplaban a los dos hermanos como sus amadas divinidades, fuente de todo gozo.

    El amor y la alegría con que Sita miraba a Sri Rama eran inefables.
    Sentía la emoción en Su pecho, pero no podía expresarlo, ¿cómo, entonces, va a poder describirla un poeta?

    Así pues, todas miraban al Señor de Ayodhya según su propia actitud mental hacia Él.
    Los dos bellos príncipes de Ayodhya brillaban así entre los reyes atrayendo las miradas de todo el universo.
    Ambos eran encarnaciones de una gracia natural, y ni millones de Cupidos podrían competir con ellos.
    Sus caras hacían avergonzarse a la luna otoñal, y sus ojos de loto cautivaban el alma.
    Sus miradas arrebataban el corazón del mismo Cupido, tan indescriptiblemente atractivas eran.

    De mejillas hermosas, orejas adornadas con pendientes, unos labios y barbilla encantadores, y dulce voz, su sonrisa hacía palidecer los rayos de la luna.
    Con arqueados párpados y una nariz perfecta, la señal sagrada brillaba en sus amplias frentes, y sus rizos parecían enjambre de abejas.
    Gorros amarillos de forma rectangular, adornados con dibujos de capullos, adornaban sus cabezas.
    Sus cuellos eran de forma espiral y tenían una línea triple que parecía una filigrana que representaba la belleza en los tres mundos.
    Su pecho iba adornado con collares de perlas, tornados de la frente de elefantes y guirnaldas de hojas de Tulasi (albahaca).

    De hombros parecidos a la espalda de un toro, se asemejaban a los leones, y tenían unos brazos largos y fuertes.
    A su espalda llevaban una aljaba atada con un trapo amarillo ceñido a la cintura, y sostenían una flecha en la mano derecha, mientras que del hombro izquierdo colgaba un arco y una bonita cuerda sagrada, también de color amarillo.

    En resumen, los dos príncipes eran hermosos de los pies a la cabeza.
    Todos los que los veían se sentían dichosos, la gente los contemplaba sin pestañear, y sus pupilas tampoco se movían.

    El mismo rey Janaka se regocijaba al verlos, en este momento él se dirigía a los pies de loto del sabio.
    Tomando sus pies, y presentándole sus bendiciones, le relató su historia y le enseñó todo el terreno.
    Dondequiera que se hallaran los elegantes príncipes, todos les miraban maravillados.
    Todo hombre veía que Sri Rama le miraba a él, pero nadie podía comprender este gran misterio.

    El sabio dijo al rey que los preparativos eran espléndidos y el rey se sintió muy complacido y satisfecho.
    Entre todos los círculos de asientos había uno más hermoso, brillante y amplio; el rey sentó allí a los dos hermanos y al sabio.
    Los reyes se desvanecieron al ver al Señor, igual que las estrellas palidecen cuando aparece la luna llena.
    Pues interiormente todos estaban seguros de que Rama rompería el arco, y que, aunque el enorme arco de Shiva fuera demasiado fuerte para él, Sita no dudaría en colocar la guirnalda de la victoria en Su cuello.

    Y se decían unos a otros:
    "Hermanos, teniendo esto en cuenta, regresemos a casa, olvidándonos de toda gloria, fama, fuerza y orgullo".

    Otros príncipes, cegados por la ignorancia y el orgullo, se reían de ellos y decían:
    "La unión con la princesa es algo muy difícil para Rama, aunque consiga romper el arco y, además, ¿cómo va a casarse con ella si no lo rompe?
    Si la Muerte misma se pusiera en contra nuestra, la conquistaríamos por el bien de Sita".

    Al oír esto, otros príncipes piadosos, sensatos y devotos de Sri Hari, sonreían y decían:
    "Rama se casará con Sita para el infortunio de estos príncipes arrogantes pues, ¿quién puede vencer a los valientes hijos de Dasaratha?
    No seáis tan fanfarrones y malgastéis así vuestras vidas; el hambre no se sacia con dulces imaginarios.

    Escuchad mi consejo: estad seguros de que Sita es la Madre del universo.
    Y, reconociendo al Señor de los Raghus como padre del universo, deleitad vuestros ojos llenándolos con Su belleza.
    Fuentes de gozo y de virtud, estos hermanos moran en el corazón de Sambhu.
    Abandonando el océano de néctar, que está tan cercano, ¿por qué corréis persiguiendo el espejismo y la muerte?

    Si no, haced lo que queráis, nosotros, por nuestra parte, hemos cosechado hoy el fruto de nuestro nacimiento."

    Diciendo esto, los buenos reyes volvieron a observar con afecto la imagen de incomparable belleza, mientras que en el cielo los dioses contemplaban el espectáculo desde sus carros aéreos y, haciendo caer flores, entonaban dulces melodías.

    Viendo que había llegado el momento, Janaka hizo llamar a Sita; y Sus doncellas, todas hermosas y justas, La acompañaron con el honor debido.
    La belleza de Sita está más allá de toda descripción, pues Ella es la Madre del universo y la encarnación del encanto y la pureza.

    ///

    Janaka convocó a los heraldos, y todos vinieron alabando su linaje.
    Y el rey dijo: "Id por todas partes y proclamad mi voto".

    Y ellos comenzaron a cumplir su misión, con no poca alegría en su corazón.
    Y los mensajeros pronunciaban estas palabras:
    "Escuchad, príncipes, con los brazos en alto os anunciamos el voto del Videha:
    'La fuerza de los príncipes es como la Luna y el arco de Shiva es el planeta Rahu; es inmenso e indomable, como todos sabéis.
    Hasta los grandes guerreros Ravana y Banasura se alejaron sigilosamente al ver Su arco.
    Quien en esta asamblea real rompa hoy el arco inflexible de Shiva se desposará sin duda con la hija de Videha y triunfará en los tres mundos.' "

    Al escuchar este voto, los príncipes sintieron crecer su anhelo, mientras los orgullosos de su valor se encontraban indignados. Aprestándose para la lucha se levantaban con impaciencia y, postrándose a su deidad elegida, comenzaban a guerrear.

    Lanzaban una mirada de ira al arco de Shiva, luchaban con él firmemente y ejercían toda su fuerza; pero el arco no se levantaba.
    Sin embargo, los príncipes que tenían algo de sentido común, ni siquiera se acercaban al arco.

    Los reyes locos luchaban con indignación contra el arco, y se retiraban confundidos cuando éste rehusaba moverse, y parecía que se hacía cada vez más poderoso a medida que absorbía la fuerza del brazo de cada guerrero.

    Entonces, diez mil reyes se decidieron a levantarlo a la vez, pero todos los intentos resultaban vanos.
    El arco de Sambhu no se inmutaba, de la misma forma que la mente de una doncella virtuosa no se rinde a las palabras de un hombre galante.

    Los príncipes eran objeto de burla.
    Regresaban habiendo perdido irremediablemente su fama, gloria y valor ante el arco.
    Confusos y descorazonados, los reyes volvían y se sentaban entre los suyos.
    Viendo a los reyes tan frustrados, el rey Janaka se impaciento y lleno de ira dijo:
    "Al oír mi voto, muchos reyes han acudido de diversas partes del globo; dioses y demonios en forma humana y muchos otros héroes, valientes en la lucha, se han reunido.

    El premio es una esposa encantadora, un gran triunfo y un prestigio espléndido, pero parece que Brahma todavía no ha creado al hombre que pueda romper el arco y ganar esa recompensa...

    Decidme, ¿quién no desearía ese premio?
    Sin embargo, nadie ha podido quebrar el arco.
    No hablemos de quebrarlo o romperlo, ninguno de vosotros ha podido moverlo ni siquiera una pulgada de su sitio.
    Pero nadie que se enorgullezca de su valor debe sentirse ofendido, pues a mí me parece que no queda ni un héroe sobre la Tierra.

    Abandonad toda esperanza y regresad a vuestros hogares.
    La Providencia no desea que Sita se case.
    Mis méritos religiosos desaparecerán si dejo mi voto.
    La princesa debe seguir soltera, ¿qué puedo hacer yo?
    Si hubiese sabido, hermanos, que ya no hay héroes en el mundo, no me hubiera arriesgado a tomar ese voto."

    Todos los que oyeron las palabras de Janaka, tanto hombres como mujeres, se sentían apenados al ver a Janaki.
    Sin embargo, Lakshmana se indignó: su ceño se frunció, sus labios temblaban y de sus ojos salía fuego.

    Por temor a Sri Rama no podía hablar, aunque las palabras de Janaka habían atravesado su corazón como una flecha; pero al final, postrando su cabeza a los pies de loto de Sri Rama, habló palabras llenas de verdad:
    "En una asamblea donde se halle presente alguien de la raza Raghu, nadie se atrevería a pronunciar las palabras de Janaka, siendo además consciente de la presencia de Sri Rama, Joya de la raza Raghu."

    Y volviéndose a su hermano, añadió:
    "Escuchad, oh Deleite de la raza solar, Te digo sinceramente, sin ninguna presunción o vanidad: si tuviera Tu permiso, levantaría el mundo como si fuera una pelota y lo rompería como una jarra de arcilla mal cocida, y por la gloria de Tu majestad, oh bendito Señor, sé que puedo romper el Monte Meru como si fuera un rábano.
    ¿Qué es entonces este miserable y viejo arco?
    Siendo así, Señor, dame Tu orden y ve las maravillas que puedo hacer.
    Quebraré el arco como si fuera un tallo de loto y correré con él no menos de ochocientas millas.

    Por el poder de Tu gloria, oh Señor, lo destruiré como si fuera el tallo de una seta.
    Y si fallo, juro por Tus pies que nunca tocaré un arco ni volveré a agitarlo."

    Mientras Lakshmana hablaba así, la tierra tembló, y los elefantes que sostenían el mundo se tambalearon.
    Toda la asamblea quedó paralizada de terror; Sita se sintió muy complacida, y Janaka se sonrojó.
    El maestro Vishwamitra, el Señor de los Raghus y todos los ermitaños estaban jubilosos y se estremecían de gozo.

    Con una señal, Sri Rama llamó a Lakshmana y le hizo sentarse a Su lado.
    Viendo que el momento era propicio, Vishwamitra dijo con palabras cariñosas:
    "Levántate, Rama, rompe el arco de Shiva y libera a Janaka de su angustia".

    Al oír las palabras del Guru, Sri Rama postró la cabeza a sus pies; en Su corazón no había alegría ni tristeza.
    Se levantó con toda su gracia natural, ridiculizando a los leones con Su elegante presencia.

    Cuando el Rey de los Raghus se levantó como el sol de la mañana cuando aparece en oriente, los santos se sintieron dichosos como lotos y sus ojos se alegraron como las abejas cuando nace el día.

    Las esperanzas de los reyes enemigos se desvanecieron como la noche, y sus alardes murieron como las estrellas.
    Los príncipes arrogantes se marchitaban como los lirios y los falsos reyes se sobrecogían como búhos.
    Sabios y dioses, como el pájaro Chakravaka, quedaban libres de su dolor y tiraban flores en señal de alabanza.

    Adorando con amor los pies del Guru, Sri Rama pidió permiso de los santos padres.
    El Señor de toda la creación se puso a caminar con Su gracia natural, con el paso de un noble y hermoso elefante en celo.
    Mientras Sri Rama iba hacia delante, los hombres y mujeres de la ciudad se regocijaban y se estremecían. Invocando a los manes y dioses, y recordando los actos buenos del pasado, rezaban:
    "Si nuestros méritos son de algún valor, oh señor Ganesha, haz que Rama rompa el arco de Shiva como si fuera el tallo de un loto".

    ///

    Cuando Rama se acercó al arco, los hombres y mujeres presentes invocaban de Su parte la ayuda de los dioses y de sus buenas acciones pasadas.
    Las dudas e ignorancia de todos los reunidos, la arrogancia de los reyes locos, las orgullosas pretensiones de Parasurama, Rey de la raza Bhrgu, la aprensión de dioses y grandes sabios, la tristeza de Sita, el remordimiento del rey Janaka y el fuego del terrible sufrimiento de la reina, todas estas cosas se reunieron en la gran corteza del arco de Sambhu, con cuya ayuda, deseaban cruzar el océano ilimitado de la fuerza de Sri Rama; pero no había timonel que guiara el barco.

    Rama miró primero a la muchedumbre reunida y les vio como figuras inmóviles de un dibujo.
    Luego el gracioso Señor dirigió la mirada a Sita y vio que estaba muy apenada.
    Cada instante que transcurría pesaba sobre Ella como toda una vida del universo.


    Si un hombre muere de sed, ¿de qué le sirve un lago de néctar después de muerto?
    ¿De qué sirve una lluvia cuando toda la cosecha se ha secado?
    ¿De qué vale arrepentirse de una oportunidad perdida?


    Pensando así, el Señor miró a la Hija de Janaka y se estremeció al ver su incomparable devoción.
    Interiormente se postró a Su maestro Vishwamitra, y tomó el arco con gran destreza.
    Al cogerlo en Su mano, el arco brillaba como un relámpago. Y luego parecía un círculo en el cielo.

    Nadie se dio cuenta de cuándo lo tomó en Sus manos, tocó sus fibras y lo enderezó; sólo vieron cuando ya estaba de pie con el arco tensado.
    Y en un instante Rama partió el arco en dos mitades, y un ruido ensordecedor resonó en todas las esferas.
    El estruendo llegó a todas las esferas; los caballos del dios Sol se desviaron de su curso; los elefantes de los puntos cardinales tocaron la trompeta, la tierra tembló; el rey-serpiente, el jabalí divino y la tortuga divina se estremecieron.

    Dioses, demonios y sabios se taparon los oídos, y todos comenzaron a pensar en la causa del ruido, pero cuando supieron, dice Tulsidas, que Sri Rama había quebrado el arco, lanzaban gritos de júbilo.

    El arco de Sankara era la corteza, y la fuerza de Rama era el océano que debía cruzarse con su ayuda.
    Todos los mencionados anteriormente que habían embarcado en ese árbol por ignorancia, se ahogaron con él.

    El Señor arrojó al suelo los dos trozos del arco, y todos se regocijaron al verlo.
    Vishwamitra aparecía como el santo en el océano, lleno de la dulce e insondable agua del amor.
    Al contemplar la belleza de Sri Rama, parecida a la luna llena, el sabio sintió crecer en él un estremecimiento de gozo, comparable a la marea cuando sube en el océano.

    En los cielos sonaban con gran fuerza los cimbales; damas celestiales cantaban y bailaban.
    Brahma y los otros Siddhas y grandes sabios alababan al Señor y le bendecían lloviendo sobre Él guirnaldas y flores de muchos colores; los Kinnaras entonaban dulces melodías.
    Los gritos de victoria producían un eco en todo el universo; el estruendo que siguió al romper el arco cesó.
    Todos repetían con alegría que Rama había roto el inmenso arco de Sambhu.

    Bardos juglares y panegíricos cantaban alabanzas y todos daban sus caballos, elefantes, riquezas, joyas y vestidos para invocar las bendiciones de Dios sobre el joven héroe.
    Se oía el sonido de cimbales y tambores, conchas y clarinetes, y dulces timbales, grandes y pequeños, además de muchos otros instrumentos. En todas partes jóvenes doncellas cantaban melodías auspiciosas.

    La reina estaba muy complacida como si una cosecha marchita de trigo se hubiera renovado con la lluvia.
    El rey Janaka se sentía despreocupado, y sentía mucha gratitud como si fuera un nadador cansado que llega a la orilla.
    El rostro del rey cayó al romperse el arco, igual que la lámpara palidece al amanecer.

    El gozo de Sita sólo se podía comparar al de un pájaro hembra Chataka al recibir una gota de lluvia cuando el Sol está en la misma longitud que la constelación Swati (Arturo).

    Lakshmana fijaba sus ojos en Rama como el joven pájaro Chakora contempla la Luna.

    Entonces Satananda dio el consentimiento, y Sita avanzó hacia Rama.
    Acompañada por Sus hermosas doncellas, que cantaban himnos de gloria, Sita caminaba como un cisne, y Sus miembros poseían un encanto infinito.
    En medio de Sus compañeras Sita brillaba como la personificación de la belleza suprema entre otras encarnaciones de la belleza.

    En una de Sus manos de loto llevaba la guirnalda de la victoria, resplandeciente con la gloria del triunfo sobre todo el Universo.
    Mientras que Su cuerpo se encogía de modestia, Su corazón estaba lleno de éxtasis; Su amor, oculto, no podía ser percibido por los demás.
    Sita se acercaba y contemplaba la belleza de Sri Rama, y en un momento se quedó inmóvil como una estatua.
    Una de Sus compañeras, viéndola en ese estado, la animó diciéndole: "Coloca al novio la hermosa guirnalda de la victoria".

    Entonces Ella levantó la guirnalda con sus dos manos, pero su emoción era demasiado grande para poder ponérsela.
    En ese momento sus manos alzadas brillaban como si un par de lotos con sus tallos estuvieran invistiendo tímidamente a la Luna con una corona de victoria.
    Ante escena tan encantadora, Sus compañeras estallaron en una canción, mientras Sita colocaba la guirnalda de la victoria en el cuello de Sri Rama para adornar Su pecho. [...]










    Rama + Princesa Sita, hija de Rey Janaka y Reina Sunayana.