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Sri Rama

 

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1. Princesa Sita

Sri Rama

  • Nació: Ayodhya
  • Consorte (1): Princesa Sita

  Descripción:

Séptimo Avatar de Lord Vishnu (Decimoctavo Avatar según el Bhágavata-purana).
Medio hermano de Lakshmana, Bharata y Satrughna.
Dinastía: Iksuaku / Raghu
Por ser descendiente del rey Raghu, es también llamado 'Señor de los Raghus' o 'Jefe de los Raghus'.
También conocido como: Hari, Señor de Kosala, Mukunda, Raghupati (Señor de los Raghus), Raghuvara (Jefe de los Raghus), Señor Raghuvira, Sri Ramachandra y Señor de Tulasi.

  Observaciones y comentarios:

  • Siendo Sri Rama un Avatar, únicamente se citarán sus características principales.
    Sus enseñanzas, junto con las de otros Dioses, Avatares y Maestros se iran recopilando en la sección Enseñanzas.
  • Tulsidas dice:
    [...] Adoro al Señor Hari, conocido por el nombre de Sri Rama, el ser superior, más allá de todas las causas, cuya Maya hace balancearse al universo entero incluyendo a los dioses nacidos de Brahma y a los demonios, cuya presencia llena de realidad el mundo de las apariencias -hasta el falso concepto de que la serpiente se explica en relación con la cuerda- y cuyos pies son el único barco para los que desean cruzar el océano de esta existencia.

    ///

    Venero el nombre "Rama" del jefe de los Raghus, compuesto de letras que representan al dios-fuego, el dios-Sol y el dios-Luna (Ra y Ma respectivamente).
    Es el mismo que Brahma, que Vishnu y que Shiva, y el aliento vital de los Vedas; que no se puede calificar, y es incomparable mina de virtudes.

    ///

    La gloria del Nombre es, pues, infinitamente mayor que la del Absoluto.
    Ahora explicaré cómo según mi parecer el Nombre es incluso superior a Sri Rama.

    Por el bien de sus devotos, Sri Rama tomó la forma de un ser humano, y sufriendo Él mismo diversas penalidades, proporcionó alivio a los piadosos.

    Por otro lado, los devotos, repitiendo Su Nombre con cariño, se convierten en moradas de alegría y bendiciones.
    Sri Rama mismo pudo redimir a una sola mujer, esposa de un asceta, mientras que Su Nombre corrigió el error de multitudes de almas malvadas.

    Por el bien del sabio Vishwamitra, Sri Rama trajo la destrucción a la hija de Suketu junto a la de su ejército y de su hijo, mientras que Su Nombre pone fin a las vanas esperanzas del devoto y a todos sus errores y penas, igual que el Sol termina con la noche.

    Sri Rama
    en persona rompió el arco de Shiva, pero la gloria de Su Nombre disipa incluso el temor al nacimiento.

    El Señor
    sólo pudo devolver la belleza al bosque Dandaka, mientras que Su Nombre purificó la mente de innumerables devotos.

    El amado de los Raghu
    s aplastó solo a un ejército de demonios, mientras que Su Nombre arranca de raíz todas las impurezas de la edad de Kali.

    El Señor de los Raghus
    concedió la inmortalidad sólo a sus siervos fieles como Sabari y el buitre, mientras que Su Nombre ha liberado a incontables malvados; la historia de sus virtudes está claramente narrada por los Vedas.
    Y como todos saben, Sri Rama concedió su protección sólo a dos devotos, Sugriva y Vibhisana; sin embargo, Su Nombre ha derramado Su Gracia sobre muchas almas humildes.

    Esta suprema gloria del Nombre brilla en el mundo y en los Vedas, Sri Rama reunió un ejército de osos y monos y pasó grandes dificultades para construir un puente.
    Sin embargo, al repetir Su Nombre, el océano mismo de la existencia mundana se queda seco: que los sabios lo tengan presente.

    Sri Rama
    mató en una batalla a Ravana y a toda su familia, y regresó a su propia ciudad con Sita.
    Luego fue coronado rey en la capital de Ayodhya, mientras que dioses y sabios cantaban sus glorias con palabras de alabanza.
    Pero sus siervos siempre pueden vencer al poderoso ejército del mal si recuerdan con cariño Su Nombre y, absortos en la devoción, actúan con una alegría que proviene de ellos mismos, pues, por la Gracia del Nombre no conocen el dolor ni el sueño.

    Por eso el Nombre es más grande que Brahma y Sri Rama juntos y siempre da sus bendiciones a los que conceden favores.
    Sabiendo esto en Su corazón, el gran Señor Shiva escogió esta palabra para nombrarse a sí mismo de entre toda la historia de Sri Rama que comprende 100 millones de versos.[...]
    Lord Shiva dice a Parvati:
    [...] "La historia de Rama es como el palmear de manos que aleja a los pájaros de la duda.
    Es como un hacha que corta el árbol de Kaliyuga; escúchala con reverencia, oh hija del rey de la montaña.

    Los Vedas han declarado que los hermosos nombres de Sri Rama, así como Sus virtudes, historias, nacimientos y obras son incontables. Igual que el divino Rama no tiene fin, Sus historias, gloria y virtudes son interminables.
    Pero, al ver tu gran amor yo las voy a contar como las he oído y lo mejor que mi inteligencia me permita.

    Uma, tus peticiones son hermosas y agradan a los santos; y yo también me siento satisfecho de escucharlas.
    Pero hubo una cosa, Bhavani, que no me gustó, aunque la dijiste sabiendo que era un engaño:
    ¡sugeriste que el Rama del que hablan los Vedas y el que los sabios contemplan es otro ser!

    Estas palabras sólo las dicen y las escuchan los malvados cuyo corazón está dominado por la infatuación, desprecian los pies de Sri Hari, y no distinguen entre la verdad y la mentira.

    Son seres miserables, locos, ignorantes y ciegos, y el espejo de su corazón está cubierto por una capa de sensualidad, lasciva, engañosa y perversa en extremo; nunca han visto reunidos a los hombres santos, ni siquiera en sueños; no tienen conciencia de pérdida o ganancia, y afirman cosas que repugnan a los Vedas.
    El espejo de su corazón está oscurecido y no tienen ojos para ver; entonces, ¿cómo pueden esas almas miserables contemplar la belleza de Sri Rama?

    Para aquellos que no conocen al Brahma incalificado o a la Divinidad cualificada, que se dedican a afirmar cosas fantásticas y que giran en este mundo bajo la influencia del poder ilusorio creado por Sri Hari, ninguna afirmación es suficientemente loca.

    Los que están dominados por el delirio o la locura, los poseídos y los ebrios no hablan con sentido.
    Nadie debe escuchar a aquellos que han bebido el vino de la infatuación.

    Tranquilizado así tu corazón, olvida toda duda y adora los pies de Sri Rama.
    Escúchame, oh hija del rey de la montaña, pues mis palabras son como rayos de luz que disipan la oscuridad del error,

    No hay diferencia entre la Divinidad cualificada y el Brahma incalificado: así lo dicen los sabios, Vedas y Puranas.
    Lo que carece de atributos y forma, lo que es imperceptible y no nace, se convierte en calificado por el poder del amor del devoto.

    ¿Cómo puede el Absoluto adquirir atributos?
    De la misma forma que el agua y el granizo no difieren en su sustancia.

    La infatuación está lejos de Aquel cuyo Nombre mismo es como el Sol ante la oscuridad del error.
    Sri Rama, que es la unión de la Verdad, Conciencia y Dicha, es como el Sol; la noche de la ignorancia no puede aparecer en Él ni siquiera en su grado mínimo.

    Él es el Señor cuyo ser mismo es luz; en Él no hay despertar a la comprensión pues el despertar viene tras la noche, y no hay noche en el Sol de Sri Rama.
    La alegría y la pena, el Conocimiento y la ignorancia, el egoísmo y el orgullo, son características de un Jiva.
    Sri Rama es el Brahma omnipresente, la encarnación de la dicha suprema, el más alto señor, y el Ser más anciano.
    El mundo entero lo sabe.

    El que es universalmente conocido como el Espíritu, la fuente de luz, se manifiesta en todas las formas, y es señor de la vida y la materia; esa Joya del linaje de los Raghus es mi Maestro."
    [...]
    Lord Vishnu anuncia a los dioses que se manifestará en la tierra:
    [...] "No temáis, oh sabios, Siddhas e Indra; por vuestro bien tomaré la forma de un ser humano.

    Naceré en el glorioso linaje solar como ser humano, acompañado de mis otras manifestaciones.

    El sabio Kashyapa y su esposa, Aditi, hicieron grandes penitencias; a ellos ya les he concedido un favor.
    Han aparecido en la ciudad de Ayodhya para gobernar a los hombres en la forma de Dasaratha y Kausalya.
    Yo naceré en su casa, tomando la forma de cuatro hermanos, como es costumbre en el linaje Raghu.

    Cumpliré todo lo que dijo Narada, y descenderé con Mi Energía Suprema.
    Así liberaré a la Tierra de todo su peso; no temáis, oh dioses."
    [...]
    El rey Dasaratha hace un sacrificio para tener hijos:
    [...] Un día, el rey se sentía triste porque no tenía hijo varón.
    Se apresuró al hogar de su maestro, y cayendo a sus pies, le suplicó una y otra vez.

    Contó al Guru todas sus alegrías y penas; el sabio Vasistha le consoló y le dijo:
    "Sé valiente y espera; tendrás cuatro hijos, que serán conocidos en los tres mundos y librarán a los devotos de sus temores".

    Luego, Vasistha llamó al sabio Srngi y le hizo ofrecer un sacrificio por el nacimiento de un hijo del rey.

    Cuando el sabio ofreció las oblaciones al fuego sagrado, apareció el dios fuego con una ofrenda de arroz hervido en leche en su mano. Y el dios fuego dijo:
    "Todo lo que Vasistha te ha dicho, ya se ha cumplido.
    Recibe esta oblación, oh rey, y divídela en las partes que creas convenientes"

    Entonces el dios fuego desapareció después de explicar a todos los reunidos lo que debían hacer.
    El rey se sintió arrebatado en éxtasis y no podía contenerse de gozo.
    Al instante, el rey envió a llamar a sus amadas esposas.

    Cuando Kausalya y las otras reinas llegaron, dio la mitad de la ofrenda a Kausalya y dividió el resto en dos mitades, una de las cuales dio a Kaikeyi.
    El resto fue nuevamente dividido en dos partes que colocó en las manos de Kausalya y Kaikeyi, y después de recibir su aprobación, entregó las dos partes a Sumitra.
    De este modo todas las reinas quedaron embarazadas.

    Todas estaban muy contentas, y se sentían muy afortunadas.
    Desde el momento en que Sri Hari penetró en el vientre, la alegría y la prosperidad reinaron en todos los mundos.
    En el palacio brillaban las reinas que eran minas de belleza, virtud y gloria.
    Así felizmente un tiempo, hasta que llegó el día en que el Señor debía revelarse. [...]
    El nacimiento del Señor:
    [...] La posición del Sol y la Luna, el signo zodiacal en que el Sol había entrado, la posición de los otros siete planetas, el día de la semana y el día del mes lunar, todo parecía ser propicio.
    Toda la creación animada e inanimada estaba llena de gozo, pues el nacimiento de Sri Rama es una fuente de alegría.

    Era el noveno día de la mitad brillante del sagrado mes de Chaitra; la Luna había entrado en la estrella llamada Abhijit, que es tan querida por Sri Hari.
    El Sol estaba en su meridiano; el día no era frío ni caluroso. Era un momento santo que producía descanso en todo el mundo. Soplaba una brisa fresca, suave y fragante. Los dioses se sentían emocionados, y los santos bullían de entusiasmo.
    Los bosques estaban llenos de capullos, las montañas resplandecían con el brillo de las gemas y en todos los ríos fluía una corriente de néctar.

    Cuando Brahma se dio cuenta de que había llegado el momento del nacimiento de Sri Rama, todos los dioses salieron con sus carrozas aéreas debidamente adornadas.
    El cielo resplandeciente estaba lleno de sus ejércitos y grupos de Gandharvas cantaban alabanzas y hacían llover flores colocándolas en sus hermosas palmas. El cielo resonaba con el golpear de cimbales.
    Nagas, sabios y dioses ofrecían alabanzas y realizaban todo tipo de servicios.
    Tras ofrecer sus alabanzas, los dioses iban regresando a sus moradas.

    Y entonces el Señor, refugio del universo y amparo de toda la creación, se manifestó.
    El hermoso Señor, que es compasivo con los humildes y bienhechor de Kausalya, apareció.
    El pensamiento de Su maravillosa forma, que arrebataba el corazón de los sabios, llenó a la madre de gozo.
    Su cuerpo era oscuro como la nube, y el deleite de toda mirada; en Sus cuatro brazos llevaba Sus emblemas característicos: una concha, un disco, un garrote y un loto.
    Adornado con joyas y una guirnalda de flores silvestres, y dotado de grandes ojos, el Destructor del demonio Khara era un océano de belleza.

    Uniendo sus manos, la madre dijo:
    "Oh Señor infinito, ¿cómo puedo alabarte?
    Los Vedas y los Puranas dicen que trasciendes la Maya, que traspasas todo atributo, conocimiento y medida.
    El que es glorificado por los Vedas y los santos como un océano de misericordia y dicha, y fuente de virtudes, ese mismo Señor de Lakshmi, amante de Sus devotos, Se ha revelado por mi bien.
    Los Vedas proclaman que cada poro de Tu cuerpo contiene multitud de universos manifestados a través de Maya.
    Que un Señor tan grande haya estado en mi vientre es un hecho tan disparatado que hace tambalear hasta las mentes más sabias".

    Cuando esta revelación llegó a la madre, el Señor sonrió y comenzó a hacer muchos gestos hermosos.
    Luego le habló de la bella historia de su encarnación anterior para que Le amara como a su propio hijo.

    Entonces el ánimo de la madre cambió, y habló de nuevo:
    "Abandona esta forma sobrehumana y recréate en los juegos infantiles, tan queridos para el corazón de una madre; la alegría que nace de esos juegos no se puede igualar de ninguna forma".

    Al oír estas palabras, el omnisciente Señor de los inmortales se volvió niño y comenzó a llorar.

    ///

    Así transcurrieron unas cuantas jornadas; los días y las noches pasaban inadvertidos.
    Sabiendo que había llegado el momento de dar un nombre a los niños, el rey mandó llamar al iluminado sabio Vasistha.
    Después de rendirle homenaje, el rey le habló así:
    "Santo señor, asígnale los nombres que tu mente haya establecido".

    "Sus nombres son muchos y únicos; sin embargo, oh rey, los pronunciaré como mejor pueda.
    Tu hijo mayor, océano de felicidad y encarnación de la alegría, cuya más pequeña partícula llena de gozo los tres mundos, tiene por nombre 'Rama', hogar de la dicha y consolador de todos los mundos.
    Tu segundo hijo, que sostiene y alimenta el universo se llamará 'Bharata', mientras que aquél cuyo pensamiento destruye a nuestros enemigos es glorificado en los Vedas con el nombre de 'Satrughna' ".

    El que encierra rasgos nobles, amado de Sri Rama y Sostén del universo entero, recibió del Guru Vasistha el maravilloso nombre del Lakshmana.

    El maestro asignó estos nombres tras considerarlos debidamente y luego dijo:
    "Tus cuatro hijos, oh rey, son la esencia misma de los Vedas.
    De ellos, Sri Rama es el tesoro de los sabios, el todo del devoto y la vida misma de Shiva, en estos momentos disfruta con los juegos infantiles".

    ///

    Kausalya estaba ensimismada por el amor que los días y las noches pasaban inadvertidos.
    Por amor a su niño, entonaba canciones que hablaban de Su niñez.

    Un día, la madre Kausalya lavó y vistió al niño y Lo puso a dormir en la cuna.
    Luego se bañó ella para adorar a la deidad protectora de su familia.
    Y después de adorarla, le ofreció comida y regresó a la cocina.

    Cuando volvió al lugar de adoración vio a su niño tomando la comida ofrecida al Señor.
    Asustada, la madre se acercó al niño y le encontró dormido en su habitación.
    Pero al regresar de nuevo al templo, todavía seguía viéndolo allí.

    Ahora ella temblaba de temor y su mente estaba intranquila, pues veía a dos niños, uno en el templo, y otro en la habitación.
    Y se decía:
    ¿Es acaso una ilusión de mi mente o un fenómeno extraordinario?"

    Y Sri Rama, al ver a su madre perpleja, sonreía dulcemente.

    Entonces el Señor reveló a Su madre Su maravillosa e infinita forma, y le mostró que cada poro de Su piel contenía millones de universos.

    Luego Kausalya vio innumerables soles y lunas, Shivas y Brahmas de cuatro caras, y cantidad de montañas, ríos, océanos, valles y bosques, así como el espíritu del tiempo, el principio de la acción, las clases de Prakrti, el espíritu del Conocimiento y Naturaleza, y muchas más cosas de las que ella nunca había oído hablar.

    Luego ella percibió la Maya, que es realmente poderosa, y quedó paralizada de terror, de pie y con las manos juntas.
    La madre contempló también el alma encarnada, que bailaba por el poder de Maya, y también el espíritu de la devoción, que libera el alma. El vello de su cuerpo se erizaba y quedaba muda.
    Cerrando los ojos, postró su cabeza a los pies del Señor.

    Viendo que la madre estaba maravillada, el Destructor de Khara volvió a tomar forma de niño.
    Ella era incapaz de pronunciar alabanzas y temblaba al pensar que había observado al Padre del universo como su hijo.

    Sri Hari consoló a Su madre y le dijo:
    "Escucha madre: no reveles a nadie lo que has visto".

    Juntando las manos, Kausalya suplicaba una y otra vez:
    "Haz Señor que Tu Maya no siga teniendo poder sobre mí".


    ///

    Cuando los cuatro hermanos se hicieron unos muchachos, sus padres y el maestro les invistieron con el hilo sagrado.
    Luego el Señor de los Raghus acudió al hogar de su maestro, y en poco tiempo logró dominar todas las ramas del saber.

    Qué gracioso resulta que Sri Hari, cuyo aliento se ha cristalizado en forma de los cuatro Vedas, tuviera que ir a la escuela.

    Aplicados en el saber, y perfectos en las normas de conducta, virtudes y limpieza ellos jugaban imitando el papel de reyes.
    Con una flecha y arco en las manos, su aspecto era encantador, su belleza extasiaba a toda la creación, animada e inanimada.
    Por cualquier calle que pasaran los cuatro hermanos, todos los hombres y mujeres se paraban a observarlos.
    Toda la gente de Ayodhya, hombres y mujeres, ancianos y niños tenían a Rama por algo más precioso que la vida.

    Llamando a sus hermanos y compañeros, Sri Rama Se los llevaba al bosque de caza.
    Mataba deliberadamente haciendo de ello un juego santo, y luego se lo mostraba al rey.
    Los animales matados por las flechas de Sri Rama iban derechos al cielo.

    Solía comer con Sus hermanos menores y compañeros y obedecía las órdenes de Sus padres.
    Siempre daba con alguna forma de contentar a la gente de la ciudad.

    Escuchaba los Vedas y Puranas con total atención y Él mismo exponía las verdades en ellos encerradas a Sus hermanos menores. Levantándose al amanecer, el Señor de los Raghus inclinaba Su cabeza ante Sus padres y maestro y, con su permiso, se ocupaba de los asuntos de la ciudad.
    El rey se sentía muy contento al ser Sus actos tan nobles.

    El Señor que todo lo penetra, que es indivisible, libre de deseo, no engendrado, carente de atributos, nombre o forma, realizaba actos maravillosos por el bien de Sus devotos.
    Sri Rama hace un milagro luego de exterminar a los demonios que molestaban al sabio Vishwamitra durante sus sacrificios:
    [...] Después de matar a los demonios, el Señor liberó a los brahmanes de sus miedos, y todos los dioses y sabios Le alababan.
    El Señor de los Raghus permaneció allí unos días y mostró Su gracia a los brahmanes.
    Y aunque el Señor sabía todo, los brahmanes movidos por su devoción, Le contaban muchas leyendas de los Puranas.

    Luego el sabio Le rogó amablemente: "Mi señor, haznos presenciar uno de tus actos".

    Al saber que habría un sacrificio, el Señor de los Raghus acompañó al sabio con alegría.
    En el camino vieron una ermita sin ningún pájaro, animal o ser vivo.

    Al ver una losa en el suelo, el Señor preguntó al sabio qué era, y éste le contó toda la historia que aquello encerraba.

    "La esposa de Gautama, después de tomar forma de piedra bajo una maldición, busca sin cesar el polvo de Tus pies de Loto; sé misericordioso con ella, oh héroe de la raza Raghu."

    Con el simple roce de Sus santos pies, que disipan el dolor, apareció Ahalya, encarnación de la austeridad.

    Contemplando al Señor de los Raghus, gozo de Sus siervos, ella se quedó ante Él con las manos juntas.
    Su corazón desbordaba de amor, el vello de su cuerpo se había levantado, y era incapaz de decir nada.
    La bendita Ahalya se agarraba a Sus pies, y lágrimas caían de sus ojos.
    Serenándose luego, reconoció al Señor y por la gracia de Sri Rama, obtuvo devoción a Sus pies.

    Con palabras inocentes, comenzó a alabar al Señor:

    "Gloria al Señor de los Raghus, que es accesible mediante el Conocimiento espiritual.
    Yo soy una mujer impura, y el Señor puede santificar a todo el mundo, siendo deleite de Sus siervos.
    Oh enemigo de Ravana. Tú liberas a Tus devotos del temor del nacimiento; por eso busqué refugio en Ti.
    Por favor sálvame, sálvame.

    Mi esposo hizo bien en maldecirme, y yo le he dado las gracias por ello.
    He deleitado mis ojos en Sri Hari (Tú mismo), que está libre de la atadura de la existencia mundana.
    El Señor Sankara dice que verte es la Única bendición que existe.

    Señor, mi corazón es muy inocente; sólo quiero pedir una cosa.
    No quiero otro favor de Ti, maestro; sólo anhelo que mi mente continúe disfrutando siempre del amor por el polvo de Tus pies, como la abeja absorbe la miel del loto.

    El Señor misericordioso Sri Hari puso en mi cabeza los mismos pies de loto de los que salió el santo Ganges que Shiva lleva en Su cabeza y que son adorados por Brahma".


    Habiendo alabado así a Sri Hari, y postrándose una y otra vez a Sus pies, la esposa de Gautama se despidió del Señor, y con el fervor que tanto deseaba concedido, se dirigió llena de alegría al hogar de su esposo. [...]
    Estando con Lakshmana en los jardines de la ciudad de Mithila, Sri Rama conoce a Sita, la hija del rey Janaka:
    [...] Tanto el Señor como Su hermano estaban maravillados de ver el jardín y su lago.
    Delicioso en grado sumo debía ser ese jardín que complació tanto a Sri Rama, el supremo deleitador.

    Después de observarlo todo, y con el consentimiento de los jardineros, los hermanos se pusieron a coger hojas y flores.

    En ese mismo momento llegó allí Sita, enviada por Su madre para adorar a Girija.
    Iba acompañada de Sus doncellas, todas encantadoras e inteligentes. Cantaban melodías con una voz cautivadora.

    Cerca del lago se levantaba un templo, sagrado para Girija, hermosa por encima de toda descripción, y cautivaba la mente de aquellos que lo miraban.
    Después de sumergirse en el lago con Sus compañeras, Sita se acercó alegre al templo de Girija.
    Presentó su adoración con gran devoción y pidió a la Diosa un hermoso compañero digno de Ella.
    Una de Sus doncellas se había alejado para echar una ojeada al jardín, y después de ver a los dos hermanos, regresó a Sita llena de amor.
    Al ver el estado en que estaba la doncella, con su cuerpo tembloroso y los ojos llenos de lágrimas, sus compañeras le pidieron dulcemente: "Dinos qué alegra así tu corazón".

    "Han venido dos príncipes a ver el jardín, ambos jóvenes y encantadores en todos los aspectos, uno moreno y el otro rubio: ¿cómo podría describirles?
    Las palabras no pueden hacernos ver, y los ojos no pueden hablar."

    Todas las doncellas se sintieron dichosas al escucharle.
    Al percibir el intenso anhelo de Sita, una de ellas dijo:
    "Deben ser los dos príncipes que llegaron ayer con el sabio Vishwamitra, y que han cautivado el corazón de los hombres y mujeres de la ciudad con el hechizo de su belleza.
    Aquí y en todas partes, sólo se habla de su hermosura. Debemos verles, pues merece la pena".

    Las palabras de la doncella agradaron mucho a Sita; Sus ojos estaban impacientes por ver a los príncipes.
    Siguiendo a Su buena amiga, Sita caminaba, y nadie se daba cuenta de que Su amor venía de muy atrás.

    Acordándose de las palabras de Narada, Sita se vio llena de amor inocente, y miraba a Su alrededor con ansiedad, como un cervatillo asustado.

    Al oír el tintinear de ajorcas, y de campanillas atadas a la cintura y los tobillos, Sri Rama pensó para sí y luego dijo a Lakshmana: "Parece como si Cupido hubiera tocado sus cimbales intentando conquistar el universo".

    Y diciendo esto, miró de nuevo en la dirección por la que venía el sonido y Sus ojos quedaron fijos en el rostro de Sita igual que el pájaro Chakora cuando contempla la Luna.
    Sus cautivadores ojos quedaron paralizados, como si Nimi hubiera abandonado sus párpados por timidez.
    Sri Rama estaba extasiado al contemplar la belleza de Sita; en Su corazón había admiración, pero era incapaz de expresarla.
    Sentía que el Creador había puesto toda su habilidad creadora en esa forma visible y se la mostraba así al mundo entero.

    "Ella presta encanto al Encanto mismo -se decía-, y parece como si una llama de luz estuviera ardiendo en una casa de belleza.
    Las comparaciones empleadas por los poetas se quedan anticuadas y gastadas; ¿con quién podría comparar a la hija de Videha ?"


    Maravillado ante el encanto de Sita y pensando en Su situación, el Señor habló a su hermano con palabras propias del momento:
    "Hermano, ella es la hija del rey Janaka, para quien se ha dispuesto el sacrificio de la postración.
    Ha sido acompañada por sus doncellas a adorar a la Diosa Gauri y se mueve por el jardín irradiando luz de su ser.
    Mi corazón, puro por naturaleza, se ve agitado a la vista de Su transcendente belleza.

    Sólo Dios sabe la razón de todo esto; pero en verdad, hermano, mis miembros están temblando, y eso es señal de buena suerte.
    Es un rasgo natural en los hombres de la raza Raghu que nunca pongan su corazón en actos perversos.
    Yo mismo tengo plena confianza en Mi mente, pues nunca ha deseado la mujer de otro.

    En este mundo raros son los hombres nobles que nunca huyen del enemigo ni se entregan a la esposa de otro hombre ni desprecian al mendigo."


    Sri Rama
    hablaba así a su hermano, Su mente, enamorada de la belleza de Sita, absorbía constantemente la belleza de Su rostro, como la abeja cuando chupa el néctar del loto. [...]
    Durante la ceremonia en la que Sita eligirá por esposo a quien rompa el sagrado arco del Señor Shiva:
    [...] Y entonces el sabio Vishwamitra dijo:
    "Ven, hijo mío. Janaka nos ha llamado.
    Vayamos y veamos cómo Sita elige a su esposo.
    Todavía debemos ver a quién quiere honrar la Providencia."

    Y Lakshmana dijo: "Sólo merece gloria, mi señor, aquel que disfruta de tu favor".
    Todos los ermitaños se regocijaron al oír estas sabias palabras y con el corazón jubiloso le dieron su bendición.
    Acompañado por la multitud de ermitaños, el gracioso Señor se dirigió a visitar el terreno consagrado al sacrificio del arco.
    Los habitantes de la ciudad, al enterarse de que los hermanos habían llegado al lugar, se lanzaron a la calle, abandonando sus hogares y deberes-hombres y mujeres, jóvenes y ancianos, e incluso niños.

    Cuando Janaka vio que se había congregado tan gran muchedumbre, mandó llamar a sus siervos de confianza y dijo:
    "Id y conducid a la gente a sus asientos correspondientes".

    Con amabilidad y dulzura, los sirvientes sentaban a todos los ciudadanos, hombres y mujeres, en sus lugares, ya fueran nobles o medianos, humildes o bajos.
    Enseguida llegaron los dos príncipes, moradas de belleza, océanos de bondad, correctos en sus actos y galantes en su heroicidad, de formas cautivadoras, el uno moreno y el otro rubio.
    Brillando entre todos los príncipes, parecían dos lunas llenas en un círculo de estrellas.
    Todos miraban al Señor según el concepto que tenían de Él.
    Los que eran muy valientes en la lucha lo contemplaban como si fuera la heroicidad en persona.
    Los reyes malvados temblaban ante el Señor como si tuviera el aspecto más terrible.
    Los demonios, astutamente disfrazados de príncipes, veían al Señor como la Muerte en forma visible; y los ciudadanos miraban a los hermanos como ornamentos de la humanidad y deleite de sus ojos.

    Con alegría en sus corazones, las mujeres Le veían según la actitud mental de cada una, como si el sentimiento erótico mismo se hubiera manifestado en una forma totalmente única.

    Los sabios miraban al Señor en Su forma cósmica, con muchas caras, manos, pies, ojos y cabezas.

    ¿Y, qué aspecto tenía para los familiares de Janaka?
    El aspecto de un pariente amado. La reina y el rey Le miraban con el amor total que se tiene a un hijo querido.

    Para los Yoguis brillaba como la verdad suprema, complacido, inmaculado, y resplandeciente por naturaleza.
    Los devotos de Sri Hari contemplaban a los dos hermanos como sus amadas divinidades, fuente de todo gozo.

    El amor y la alegría con que Sita miraba a Sri Rama eran inefables.
    Sentía la emoción en Su pecho, pero no podía expresarlo, ¿cómo, entonces, va a poder describirla un poeta?

    Así pues, todas miraban al Señor de Ayodhya según su propia actitud mental hacia Él.
    Los dos bellos príncipes de Ayodhya brillaban así entre los reyes atrayendo las miradas de todo el universo.
    Ambos eran encarnaciones de una gracia natural, y ni millones de Cupidos podrían competir con ellos.
    Sus caras hacían avergonzarse a la luna otoñal, y sus ojos de loto cautivaban el alma.
    Sus miradas arrebataban el corazón del mismo Cupido, tan indescriptiblemente atractivas eran.

    De mejillas hermosas, orejas adornadas con pendientes, unos labios y barbilla encantadores, y dulce voz, su sonrisa hacía palidecer los rayos de la luna.
    Con arqueados párpados y una nariz perfecta, la señal sagrada brillaba en sus amplias frentes, y sus rizos parecían enjambre de abejas.
    Gorros amarillos de forma rectangular, adornados con dibujos de capullos, adornaban sus cabezas.
    Sus cuellos eran de forma espiral y tenían una línea triple que parecía una filigrana que representaba la belleza en los tres mundos.
    Su pecho iba adornado con collares de perlas, tornados de la frente de elefantes y guirnaldas de hojas de Tulasi (albahaca).

    De hombros parecidos a la espalda de un toro, se asemejaban a los leones, y tenían unos brazos largos y fuertes.
    A su espalda llevaban una aljaba atada con un trapo amarillo ceñido a la cintura, y sostenían una flecha en la mano derecha, mientras que del hombro izquierdo colgaba un arco y una bonita cuerda sagrada, también de color amarillo.

    En resumen, los dos príncipes eran hermosos de los pies a la cabeza.
    Todos los que los veían se sentían dichosos, la gente los contemplaba sin pestañear, y sus pupilas tampoco se movían.

    El mismo rey Janaka se regocijaba al verlos, en este momento él se dirigía a los pies de loto del sabio.
    Tomando sus pies, y presentándole sus bendiciones, le relató su historia y le enseñó todo el terreno.
    Dondequiera que se hallaran los elegantes príncipes, todos les miraban maravillados.
    Todo hombre veía que Sri Rama le miraba a él, pero nadie podía comprender este gran misterio.

    El sabio dijo al rey que los preparativos eran espléndidos y el rey se sintió muy complacido y satisfecho.
    Entre todos los círculos de asientos había uno más hermoso, brillante y amplio; el rey sentó allí a los dos hermanos y al sabio.
    Los reyes se desvanecieron al ver al Señor, igual que las estrellas palidecen cuando aparece la luna llena.
    Pues interiormente todos estaban seguros de que Rama rompería el arco, y que, aunque el enorme arco de Shiva fuera demasiado fuerte para él, Sita no dudaría en colocar la guirnalda de la victoria en Su cuello.

    Y se decían unos a otros:
    "Hermanos, teniendo esto en cuenta, regresemos a casa, olvidándonos de toda gloria, fama, fuerza y orgullo".

    Otros príncipes, cegados por la ignorancia y el orgullo, se reían de ellos y decían:
    "La unión con la princesa es algo muy difícil para Rama, aunque consiga romper el arco y, además, ¿cómo va a casarse con ella si no lo rompe?
    Si la Muerte misma se pusiera en contra nuestra, la conquistaríamos por el bien de Sita".

    Al oír esto, otros príncipes piadosos, sensatos y devotos de Sri Hari, sonreían y decían:
    "Rama se casará con Sita para el infortunio de estos príncipes arrogantes pues, ¿quién puede vencer a los valientes hijos de Dasaratha?
    No seáis tan fanfarrones y malgastéis así vuestras vidas; el hambre no se sacia con dulces imaginarios.

    Escuchad mi consejo: estad seguros de que Sita es la Madre del universo.
    Y, reconociendo al Señor de los Raghus como padre del universo, deleitad vuestros ojos llenándolos con Su belleza.
    Fuentes de gozo y de virtud, estos hermanos moran en el corazón de Sambhu.
    Abandonando el océano de néctar, que está tan cercano, ¿por qué corréis persiguiendo el espejismo y la muerte?

    Si no, haced lo que queráis, nosotros, por nuestra parte, hemos cosechado hoy el fruto de nuestro nacimiento."

    Diciendo esto, los buenos reyes volvieron a observar con afecto la imagen de incomparable belleza, mientras que en el cielo los dioses contemplaban el espectáculo desde sus carros aéreos y, haciendo caer flores, entonaban dulces melodías.

    Viendo que había llegado el momento, Janaka hizo llamar a Sita; y Sus doncellas, todas hermosas y justas, La acompañaron con el honor debido.
    La belleza de Sita está más allá de toda descripción, pues Ella es la Madre del universo y la encarnación del encanto y la pureza.

    ///

    Janaka convocó a los heraldos, y todos vinieron alabando su linaje.
    Y el rey dijo: "Id por todas partes y proclamad mi voto".

    Y ellos comenzaron a cumplir su misión, con no poca alegría en su corazón.
    Y los mensajeros pronunciaban estas palabras:
    "Escuchad, príncipes, con los brazos en alto os anunciamos el voto del Videha:
    'La fuerza de los príncipes es como la Luna y el arco de Shiva es el planeta Rahu; es inmenso e indomable, como todos sabéis.
    Hasta los grandes guerreros Ravana y Banasura se alejaron sigilosamente al ver Su arco.
    Quien en esta asamblea real rompa hoy el arco inflexible de Shiva se desposará sin duda con la hija de Videha y triunfará en los tres mundos.' "

    Al escuchar este voto, los príncipes sintieron crecer su anhelo, mientras los orgullosos de su valor se encontraban indignados. Aprestándose para la lucha se levantaban con impaciencia y, postrándose a su deidad elegida, comenzaban a guerrear.

    Lanzaban una mirada de ira al arco de Shiva, luchaban con él firmemente y ejercían toda su fuerza; pero el arco no se levantaba.
    Sin embargo, los príncipes que tenían algo de sentido común, ni siquiera se acercaban al arco.

    Los reyes locos luchaban con indignación contra el arco, y se retiraban confundidos cuando éste rehusaba moverse, y parecía que se hacía cada vez más poderoso a medida que absorbía la fuerza del brazo de cada guerrero.

    Entonces, diez mil reyes se decidieron a levantarlo a la vez, pero todos los intentos resultaban vanos.
    El arco de Sambhu no se inmutaba, de la misma forma que la mente de una doncella virtuosa no se rinde a las palabras de un hombre galante.

    Los príncipes eran objeto de burla.
    Regresaban habiendo perdido irremediablemente su fama, gloria y valor ante el arco.
    Confusos y descorazonados, los reyes volvían y se sentaban entre los suyos.
    Viendo a los reyes tan frustrados, el rey Janaka se impaciento y lleno de ira dijo:
    "Al oír mi voto, muchos reyes han acudido de diversas partes del globo; dioses y demonios en forma humana y muchos otros héroes, valientes en la lucha, se han reunido.

    El premio es una esposa encantadora, un gran triunfo y un prestigio espléndido, pero parece que Brahma todavía no ha creado al hombre que pueda romper el arco y ganar esa recompensa...

    Decidme, ¿quién no desearía ese premio?
    Sin embargo, nadie ha podido quebrar el arco.
    No hablemos de quebrarlo o romperlo, ninguno de vosotros ha podido moverlo ni siquiera una pulgada de su sitio.
    Pero nadie que se enorgullezca de su valor debe sentirse ofendido, pues a mí me parece que no queda ni un héroe sobre la Tierra.

    Abandonad toda esperanza y regresad a vuestros hogares.
    La Providencia no desea que Sita se case.
    Mis méritos religiosos desaparecerán si dejo mi voto.
    La princesa debe seguir soltera, ¿qué puedo hacer yo?
    Si hubiese sabido, hermanos, que ya no hay héroes en el mundo, no me hubiera arriesgado a tomar ese voto."

    Todos los que oyeron las palabras de Janaka, tanto hombres como mujeres, se sentían apenados al ver a Janaki.
    Sin embargo, Lakshmana se indignó: su ceño se frunció, sus labios temblaban y de sus ojos salía fuego.

    Por temor a Sri Rama no podía hablar, aunque las palabras de Janaka habían atravesado su corazón como una flecha; pero al final, postrando su cabeza a los pies de loto de Sri Rama, habló palabras llenas de verdad:
    "En una asamblea donde se halle presente alguien de la raza Raghu, nadie se atrevería a pronunciar las palabras de Janaka, siendo además consciente de la presencia de Sri Rama, Joya de la raza Raghu."

    Y volviéndose a su hermano, añadió:
    "Escuchad, oh Deleite de la raza solar, Te digo sinceramente, sin ninguna presunción o vanidad: si tuviera Tu permiso, levantaría el mundo como si fuera una pelota y lo rompería como una jarra de arcilla mal cocida, y por la gloria de Tu majestad, oh bendito Señor, sé que puedo romper el Monte Meru como si fuera un rábano.
    ¿Qué es entonces este miserable y viejo arco?
    Siendo así, Señor, dame Tu orden y ve las maravillas que puedo hacer.
    Quebraré el arco como si fuera un tallo de loto y correré con él no menos de ochocientas millas.

    Por el poder de Tu gloria, oh Señor, lo destruiré como si fuera el tallo de una seta.
    Y si fallo, juro por Tus pies que nunca tocaré un arco ni volveré a agitarlo."

    Mientras Lakshmana hablaba así, la tierra tembló, y los elefantes que sostenían el mundo se tambalearon.
    Toda la asamblea quedó paralizada de terror; Sita se sintió muy complacida, y Janaka se sonrojó.
    El maestro Vishwamitra, el Señor de los Raghus y todos los ermitaños estaban jubilosos y se estremecían de gozo.

    Con una señal, Sri Rama llamó a Lakshmana y le hizo sentarse a Su lado.
    Viendo que el momento era propicio, Vishwamitra dijo con palabras cariñosas:
    "Levántate, Rama, rompe el arco de Shiva y libera a Janaka de su angustia".

    Al oír las palabras del Guru, Sri Rama postró la cabeza a sus pies; en Su corazón no había alegría ni tristeza.
    Se levantó con toda su gracia natural, ridiculizando a los leones con Su elegante presencia.

    Cuando el Rey de los Raghus se levantó como el sol de la mañana cuando aparece en oriente, los santos se sintieron dichosos como lotos y sus ojos se alegraron como las abejas cuando nace el día.

    Las esperanzas de los reyes enemigos se desvanecieron como la noche, y sus alardes murieron como las estrellas.
    Los príncipes arrogantes se marchitaban como los lirios y los falsos reyes se sobrecogían como búhos.
    Sabios y dioses, como el pájaro Chakravaka, quedaban libres de su dolor y tiraban flores en señal de alabanza.

    Adorando con amor los pies del Guru, Sri Rama pidió permiso de los santos padres.
    El Señor de toda la creación se puso a caminar con Su gracia natural, con el paso de un noble y hermoso elefante en celo.
    Mientras Sri Rama iba hacia delante, los hombres y mujeres de la ciudad se regocijaban y se estremecían. Invocando a los manes y dioses, y recordando los actos buenos del pasado, rezaban:
    "Si nuestros méritos son de algún valor, oh señor Ganesha, haz que Rama rompa el arco de Shiva como si fuera el tallo de un loto".

    ///

    Cuando Rama se acercó al arco, los hombres y mujeres presentes invocaban de Su parte la ayuda de los dioses y de sus buenas acciones pasadas.
    Las dudas e ignorancia de todos los reunidos, la arrogancia de los reyes locos, las orgullosas pretensiones de Parasurama, Rey de la raza Bhrgu, la aprensión de dioses y grandes sabios, la tristeza de Sita, el remordimiento del rey Janaka y el fuego del terrible sufrimiento de la reina, todas estas cosas se reunieron en la gran corteza del arco de Sambhu, con cuya ayuda, deseaban cruzar el océano ilimitado de la fuerza de Sri Rama; pero no había timonel que guiara el barco.

    Rama miró primero a la muchedumbre reunida y les vio como figuras inmóviles de un dibujo.
    Luego el gracioso Señor dirigió la mirada a Sita y vio que estaba muy apenada.
    Cada instante que transcurría pesaba sobre Ella como toda una vida del universo.

    "Si un hombre muere de sed, ¿de qué le sirve un lago de néctar después de muerto?
    ¿De qué sirve una lluvia cuando toda la cosecha se ha secado?
    ¿De qué vale arrepentirse de una oportunidad perdida?


    Pensando así, el Señor miró a la Hija de Janaka y se estremeció al ver su incomparable devoción.
    Interiormente se postró a Su maestro Vishwamitra, y tomó el arco con gran destreza.
    Al cogerlo en Su mano, el arco brillaba como un relámpago. Y luego parecía un círculo en el cielo.

    Nadie se dio cuenta de cuándo lo tomó en Sus manos, tocó sus fibras y lo enderezó; sólo vieron cuando ya estaba de pie con el arco tensado.
    Y en un instante Rama partió el arco en dos mitades, y un ruido ensordecedor resonó en todas las esferas.
    El estruendo llegó a todas las esferas; los caballos del dios Sol se desviaron de su curso; los elefantes de los puntos cardinales tocaron la trompeta, la tierra tembló; el rey-serpiente, el jabalí divino y la tortuga divina se estremecieron.

    Dioses, demonios y sabios se taparon los oídos, y todos comenzaron a pensar en la causa del ruido, pero cuando supieron, dice Tulsidas, que Sri Rama había quebrado el arco, lanzaban gritos de júbilo.

    El arco de Sankara era la corteza, y la fuerza de Rama era el océano que debía cruzarse con su ayuda.
    Todos los mencionados anteriormente que habían embarcado en ese árbol por ignorancia, se ahogaron con él.

    El Señor arrojó al suelo los dos trozos del arco, y todos se regocijaron al verlo.
    Vishwamitra aparecía como el santo en el océano, lleno de la dulce e insondable agua del amor.
    Al contemplar la belleza de Sri Rama, parecida a la luna llena, el sabio sintió crecer en él un estremecimiento de gozo, comparable a la marea cuando sube en el océano.

    En los cielos sonaban con gran fuerza los cimbales; damas celestiales cantaban y bailaban.
    Brahma y los otros Siddhas y grandes sabios alababan al Señor y le bendecían lloviendo sobre Él guirnaldas y flores de muchos colores; los Kinnaras entonaban dulces melodías.
    Los gritos de victoria producían un eco en todo el universo; el estruendo que siguió al romper el arco cesó.
    Todos repetían con alegría que Rama había roto el inmenso arco de Sambhu.

    Bardos juglares y panegíricos cantaban alabanzas y todos daban sus caballos, elefantes, riquezas, joyas y vestidos para invocar las bendiciones de Dios sobre el joven héroe.
    Se oía el sonido de cimbales y tambores, conchas y clarinetes, y dulces timbales, grandes y pequeños, además de muchos otros instrumentos. En todas partes jóvenes doncellas cantaban melodías auspiciosas.

    La reina estaba muy complacida como si una cosecha marchita de trigo se hubiera renovado con la lluvia.
    El rey Janaka se sentía despreocupado, y sentía mucha gratitud como si fuera un nadador cansado que llega a la orilla.
    El rostro del rey cayó al romperse el arco, igual que la lámpara palidece al amanecer.

    El gozo de Sita sólo se podía comparar al de un pájaro hembra Chataka al recibir una gota de lluvia cuando el Sol está en la misma longitud que la constelación Swati (Arturo).

    Lakshmana fijaba sus ojos en Rama como el joven pájaro Chakora contempla la Luna.

    Entonces Satananda dio el consentimiento, y Sita avanzó hacia Rama.
    Acompañada por Sus hermosas doncellas, que cantaban himnos de gloria, Sita caminaba como un cisne, y Sus miembros poseían un encanto infinito.
    En medio de Sus compañeras Sita brillaba como la personificación de la belleza suprema entre otras encarnaciones de la belleza.

    En una de Sus manos de loto llevaba la guirnalda de la victoria, resplandeciente con la gloria del triunfo sobre todo el Universo.
    Mientras que Su cuerpo se encogía de modestia, Su corazón estaba lleno de éxtasis; Su amor, oculto, no podía ser percibido por los demás.
    Sita se acercaba y contemplaba la belleza de Sri Rama, y en un momento se quedó inmóvil como una estatua.
    Una de Sus compañeras, viéndola en ese estado, la animó diciéndole: "Coloca al novio la hermosa guirnalda de la victoria".

    Entonces Ella levantó la guirnalda con sus dos manos, pero su emoción era demasiado grande para poder ponérsela.
    En ese momento sus manos alzadas brillaban como si un par de lotos con sus tallos estuvieran invistiendo tímidamente a la Luna con una corona de victoria.
    Ante escena tan encantadora, Sus compañeras estallaron en una canción, mientras Sita colocaba la guirnalda de la victoria en el cuello de Sri Rama para adornar Su pecho. [...]
    El sabio Parasurama se enfurece por la rotura del Sagrado Arco de Shiva:
    [...] Entonces llegó el sabio Parasurama, el sol de la raza de loto de los Bhrgu, enterado de que el arco había sido quebrado.
    Al verle, los reyes se encogieron como se encogería una codorniz bajo las garras del halcón.
    Una capa de cenizas embellecía su cuerpo, ya hermoso, su ancha frente estaba adornada con un Tripundra.
    Con rizos enmarañados en la cabeza, su hermosa cara de luna estaba un poco sonrojada de ira, con el ceño fruncido y los ojos encendidos por la pasión, su mirada daba la impresión de que estaba enfurecido.
    Tenía unos hombros robustos como los de un toro, un pecho grande y brazos largos; se adornaba con una guirnalda sagrada, un rosario y una piel de ciervo.
    Con un trapo de anacoreta en los lomos y un par de aljabas a los lados, llevaba un arco y flechas en las manos y un hacha sobre su hermoso hombro. Aunque vestido de santo, sus obras pasadas habían sido crueles; por ello su carácter era indescriptible.
    Parecía que el heroísmo hubiera tomado forma de ermitaño y hubiera llegado a donde estaban los reyes.

    Al contemplar el terrible aspecto de Parasurama, los reyes se levantaron consternados, y mencionando su nombre y el de su padre, caían postrados ante él.
    Incluso aquél a quien Parasurama miraba amistosamente creía que su vida había concluido.
    Entonces llegó Janaka y postró su cabeza; y llamando a Sita, La hizo rendir homenaje al sabio.
    Sus doncellas se regocijaron cuando él le concedió sus bendiciones, y se La llevó donde se encontraban las otras damas.

    Luego vino Vishwamitra que colocó a los dos hermanos a sus pies de loto, diciendo que eran los hijos del rey Dasaratha, llamados Rama y Lakshmana; y viendo a la pareja, los bendijo.
    Su vista estaba clavada en la incomparable belleza de Sri Rama, que humillaría el orgullo de Cupido mismo.

    Luego miró a su alrededor, y aunque lo sabía todo, preguntó a Videha, como un ignorante:
    "Dime, ¿qué ha reunido aquí a esta multitud?" y al hablar así, la ira se apoderó de todo su ser.

    Janaka le narró toda la historia, diciéndole lo que había llevado allí a todos los reyes; y al oír su respuesta, Parasurama se volvió, y mirando en la otra dirección, vio los fragmentos de arco en el suelo.
    Y sintiéndose enfurecido, habló severamente:
    "Dime, estúpido Janaka quien ha roto el arco?
    Muéstramelo inmediatamente o ahora mismo destruiré toda esta tierra sobre la que se extiende tu dominio".

    Lleno de temor, el rey no respondía; y los reyes malvados estaban muy contentos.
    Dioses, sabios, Nagas, y la gente de la ciudad estaban llenos de ansiedad; y sus corazones estaban estremecidos.
    La madre de Sita se lamentaba diciendo: "Dios ha deshecho un acto consumado".
    Cuando Sita se enteró del carácter de Parasurama, la mitad de un instante se le hacía como toda una vida del universo.

    Cuando el Héroe de la raza Raghu vio que todos eran presa del pánico y percibió la inquietud de Janaka, intervino; en Su corazón no había alegría ni pena.
    "Mi señor, debe haber sido uno de tus siervos el que ha roto el arco de Shiva.
    ¿Cuál es tu orden? ¿Por qué no me lo dices?"


    Entonces el furioso sabio se irrito todavía más y dijo:
    "Siervo es aquel que hace servicio, habiendo jugado el papel de enemigo, uno debería guerrear.
    Escucha, Rama. Quien haya roto el arco de Shiva es un enemigo igual que Kartavirya, el de mil brazos.
    Que se aparte y deje esta asamblea, o si no todos estos reyes serán aniquilados".

    Al oír al sabio, Lakshmana sonrió y dijo insultando a Parasurama:
    "Yo he roto muchos arcos pequeños en mi niñez, pero tú nunca te enojaste tanto, mi señor.
    Por qué te interesa tanto este arco en particular?"

    Entonces el Rey de la raza Bhrgu estalló en palabras de cólera:
    "Oh joven príncipe, estando en las garras de la muerte, no tienes control sobre tus palabras.
    ¿Comparas un arco pequeño al poderoso arco de Shiva, conocido en todo el mundo?"

    Lakshmana dijo sonriendo:
    "Escucha, santo señor, para mí todos los arcos son iguales.
    ¿Qué ganancia o pérdida hay en romper un arco gastado?
    Sri Rama lo confundió con uno nuevo, y simplemente con tocarlo, lo rompió en dos; el Señor de los Raghus, por tanto, no puede ser culpado.
    ¿Por qué entonces estar enfadado, señor, si no hay motivo?"

    Mirando su hacha, Parasurama contestó:
    "Oh estúpido niño, ¿no conoces mi carácter? No quiero matarte, porque eres sólo un niño, pero no me tomes por un simple anacoreta.
    He sido siempre soltero, pero muy irascible, y soy conocido en todo el mundo como enemigo declarado de la raza Ksatriya.
    Con la fuerza de mi brazo dejé a la Tierra sin reyes y se la doné una y otra vez a los brahmanes.
    Mira este hacha, que cortó los brazos de Sahasrabahu, oh joven príncipe.
    No causes dolor a tus padres, oh muchacho, pues Mi cruel hacha ha exterminado incluso a seres en el vientre de la madre."

    Lakshmana sonriente replicó con palabras suaves:
    "¡Oh! El gran sabio se considera un extraordinario guerrero.
    Me muestra con ostentación su hacha como si hiciera volar una montaña de un solo soplo.
    No existe ninguna semilla de calabaza que se marchite tan pronto como un dedo que se alce contra ella.
    Cuando te vi armado con un hacha, y el arco y las flechas, hablé con orgullo.
    Ahora que sé que desciendes de Bhrgu y veo que ostentas una guirnalda sagrada, olvido mi ira y soporto todo lo que digas.
    En nuestra familia, nunca se demuestra el valor contra los dioses, brahmanes, devotos de Sri Hari y las vacas; pues al matar a alguno de ellos, estamos pecando, mientras que una derrota a manos de ellos nos traerá desprestigio.
    Debemos arrojarnos a tus pies, aunque nos golpees.
    Cada una de tus palabras es tan poderosa como millones de truenos; el arco, las flechas y el hacha son, por lo tanto, un peso innecesario para ti.
    Perdóname, grande e iluminado ermitaño, si he dicho algo inconveniente al ver tus armas".

    Al oír esto, la joya de la raza Bhrgu respondió con voz profunda y furiosa:
    "Escucha, oh Vishwamitra: este muchacho es estúpido y perverso.
    Está en las garras de la muerte misma y causará la destrucción de toda su familia.
    Él es un punto negro en la raza solar; es totalmente injusto, falto de sentido e inquieto.
    Dentro de un momento, se encontrará en las fauces de la muerte; lo proclamo abiertamente y nadie debería culparme por ello.
    Paradle, si queréis salvarle, y habladle de mi gloria, poder e ira."

    Y Lakshmana dijo:
    "Santo señor, mientras tú vivas, ¿quién más podrá alabar tu brillante gloria?
    Con tus propios labios has contado tus hazañas, más de una vez.
    Si todavía no estás satisfecho, dinos algo más. No sufras por reprimir tu ira.
    Has asumido el papel de un héroe, y eres decidido e imperturbable; es impropio de ti lanzar injurias.

    Los héroes realizan obras valerosas en las luchas, pero no se dedican a anunciar su propio valor.
    Al encontrar un enemigo en la batalla sólo los cobardes se vanaglorian de su propia gloria.
    Parece que tienes a la Muerte a tu disposición y la llamas y la convocas una y otra vez por mi bien!"

    Al oír las duras palabras de Lakshmana, Parasurama cerró el puño en su terrible hacha:
    "Después de esto, que nadie me culpe, este niño de lengua atrevida merece la muerte.
    He tenido paciencia con él porque era niño; pero ahora va a morir".

    Y Vishwamitra dijo:
    "Perdona su ofensa; los hombres santos no tienen en cuenta las virtudes y los defectos de un niño".

    "Mi hacha es muy afilada, y yo no tengo piedad, sino furia; ante mí hay un ofensor y un enemigo de mi Guru.
    Aunque vuelva a insultarme, le perdono la vida sólo por consideración a ti, oh Vishwamitra.
    Si no, destrozándole en pedazos con esta hacha, hubiera pagado la deuda que he contraído con mi Guru."

    El hijo de Gadhi, Vishwamitra, dijo sonriendo entre sí:
    "Todo le parece verde al sabio Parasurama; sin embargo, con lo que se está enfrentando es con la espada de acero y no con azúcar extraída de una caña, que podría tragar fácilmente.
    Es una pena que no comprenda y siga ofuscado por su ignorancia".

    Lakshmana dijo:
    "¡Hay alguien, oh buen sabio, que no sea consciente de tu bondad, tan conocida en todo el mundo?
    Has pagado completamente la deuda que debías a tus padres: ahora sólo te queda por pagar la deuda a nuestra cuenta; y como ha pasado ya mucho tiempo, se ha acumulado un interés muy alto.
    Ahora tienes aquí al acreedor, y yo le pagaré ahora mismo de mi propio bolsillo".

    Al oír estos comentarios sarcásticos, Parasurama tomó su hacha y toda la asamblea gritó: "¡Alack! Alack!"

    "Oh rey de los Bhrgus, sigues amenazándome con tu hacha, pero lo soporto sólo porque te tengo por un brahmán, o enemigo de los príncipes.
    Nunca has conocido grandes guerreros. Te has hecho importante en tu propia casita, oh santo brahmán".

    Y todos exclamaron: "Esto no se puede admitir".

    Entonces el Señor de los Raghus le dijo a Lakshmana que parase.
    Al ver las llamas de pasión de Parasurama crecer con las oblaciones de la réplica de Lakshmana, el Sol de la raza Raghu habló palabras que fueron como el agua.

    "Mi Señor, ten compasión del niño, y no derrames tu ira en este joven inocente.
    Si conociera tu poder, ¿cómo iba a ser tan loco de enfrentarse a ti?
    Cuando los niños hacen alguna travesura, sus maestros y padres se sienten embelesados, por ello, ten piedad de él ya que es sólo un niño y tu siervo. Pues tu mente es justa, y tu temperamento bueno, iluminado anacoreta."


    Al oír a Sri Rama, Parasurama se tranquilizó un poco pero Lakshmana, diciendo algo, volvió a sonreír.
    Y al verle sonreír, Parasurama enrojeció de rabia y dijo:
    "Rama, tu hermano es un malvado.
    Aunque su piel es blanca, su corazón es negro: y en sus labios lleva veneno mortal, no leche materna.
    Perverso por naturaleza, no cuida de ti, ni me considera a mí como la imagen misma de la Muerte".

    Y Lakshmana, sonriente, dijo:
    "Escucha, santo señor, la pasión es la raíz del pecado.
    Llevados por ella, los hombres cometen acciones malvadas y llevan a cabo actividades misántropas.
    Yo soy tu siervo, oh Rey de los sabios, abandona tu ira y muéstrate misericordioso conmigo.
    La ira no arreglará el arco una vez roto.
    Siéntate: tus piernas deben estar cansadas.
    Si tienes mucho interés por ese arco, vamos a pensar en alguna forma de arreglarlo llamando a algún experto."

    Janaka tenía miedo de las palabras de Lakshmana y dijo:
    "Te ruego que te tranquilices: no es bueno sobrepasar los límites de lo correcto".

    La gente de la ciudad temblaba como hojas de álamo; y se decían: "El príncipe más joven es realmente malo".

    Cuando el jefe de los Bhrgus oyó las palabras de Lakshmana, su cuerpo se encendió de ira y su fuerza disminuyó.
    Y de una manera condescendiente dijo a Rama:
    "No hago nada al niño porque sé que es tu hermano menor.
    Tan bello por fuera y tan loco por dentro, parece un jarro de oro lleno de veneno".

    Entonces Lakshmana rio de nuevo, pero Sri Rama le miró enfadado.
    Por tanto, dejando atrás sus palabras petulantes, se dirigió con sumisión a su Guru.

    Juntando Sus manos y hablando humilde y gentilmente, Sri Rama dijo:
    "Te ruego, mi señor, que siendo sabio como eres, no prestes atención a las palabras de un niño.
    Una avispa y un niño tienen una actitud similar; los santos nunca les culpan de nada.
    Además, el niño no te ha hecho ningún mal; soy yo, mi señor, quien te ha ofendido.
    Así pues, considérame tu siervo y haz de mí lo que quieras, ya sea un favor o un ceño fruncido, la muerte o la cautividad.
    Dime la forma, oh jefe de los sabios, de apaciguar tu ira; haré lo que tú digas".


    El sabio dijo:
    "¿Cómo puede calmarse mi pasión, oh Rama, cuando tu hermano menor todavía mi mira con maldad?
    Mientras no corte su garganta con mi hacha, mi ira no servirá de nada.
    Al enterarse de los hechos crueles de mi hacha, las esposas de los reyes abortan.
    Pensar de mi hacha, la misma hacha a mi servicio, debo ver a este principucho todavía vivo!
    Mi mano no se mueve, aunque la pasión consume mi pecho: y esta hacha que ha matado a innumerables reyes se ha quedado despuntada.
    El destino se ha vuelto contra mí, por eso veo que mi naturaleza ha cambiado.
    De otra manera, mi corazón no conoce la compasión. La ternura me ha impuesto una dura prueba."

    Al oír esto, el hijo de Sumitra postró su cabeza sonriendo.
    "La brisa de tu benevolencia corresponde a tu figura, tus palabras parecen capullos que caen de un árbol.
    Oh reverendo señor, cuando la compasión enciende tu ser, Dios te ayuda en tu ira."

    "Mira, Janaka. Este niño estúpido y perverso parece que desea ir a la región de la Muerte.
    ¿Por qué no apartarlo de mi vista? Aunque todavía es pequeño, el principucho es muy malvado."

    Y Lakshmana, sonriendo, dijo para sí: "Cierra los ojos y el mundo entero desaparecerá de tu vista".

    Entonces Parasurama habló a Rama, con el corazón ardiente de furor:
    "Después de romper el arco de Sambhu, miserable, ¿quieres enseñarme a mí ahora?
    Tu hermano me habla así sólo porque tú se lo permites, mientras que tú profieres falsas súplicas con las manos unidas.
    O me satisfaces con un combate, o renuncia a tu nombre de "Rama".
    Dame batalla, enemigo de Shiva, sin recurrir a ninguna treta, o si no os destruiré a ti y a tu hermano."

    Mientras el jefe de los Bhrgus rabiaba así con la mano alzada, Sri Rama sonreía dentro de Sí, inclinándose ante el sabio:
    "La culpa es de Lakshmana, pero la ira del sabio está contra mí.
    A veces la mansedumbre también atrae el mal.
    El hombre torcido es respetado por todos; la luna creciente no es devorada por el demonio Rahu".


    Rama dijo:
    "Deja tu ira, señor de los sabios, el hacha está en tu mano y mi cabeza está ante ti.
    Haz, mi señor, lo que calme tu enfado; y considérame como tu siervo.
    ¿Cómo puede haber un duelo entre maestro y servidor?
    Olvida tu enfado, oh gran brahmán; sólo porque te vio vestido de guerrero, el niño te dijo algo y no puede ser culpado por ello.
    Al verte equipado con un hacha, las flechas y el arco, el niño te tomó por un héroe y se excito.
    Aunque sabía tu nombre, no te reconoció y te respondió de acuerdo a su linaje.

    Si hubieras venido como un sabio, el niño, oh santo señor, hubiera puesto el polvo de tus pies sobre su cabeza.
    Perdona el error de alguien que no te conoció; un brahmán debería tener mucha misericordia en su corazón.
    Qué comparación, mi señor, puede haber entre tú y yo?
    Dime si hay afinidad entre la cabeza y los pies. Mi nombre es corto, y consiste en una sola palabra: "Rama", y el tuyo es largo, y tiene la palabra "Parasu' antes de Rama.
    Mientras que mi arco sólo tiene una cuerda, el tuyo lleva nueve cuerdas sagradas.
    Soy inferior a ti en todo; así pues, santo señor, perdona mis errores."


    Una y otra vez Rama se dirigía a su adversario llamándole sabio y gran brahmán, hasta que el jefe de los Bhrgus exclamó furioso:
    "¡Eres tan perverso como tu hermano!
    Crees que sólo soy un brahmán, te diré qué clase de brahmán soy.
    Mi arco es mi cazo para los sacrificios, las flechas son mi oblación y mi ira el fuego ardiente; las cuatro fuerzas brillantes, el caballo, el elefante, los carros y los soldados de a pie, son la energía, poderosos príncipes me han servido de víctimas, y les he destrozado con esta hacha, ofreciéndoles como sacrificio.
    Así he realizado millones de sacrificios en conflictos armados, ayudándome de fórmulas sagradas y gritos de guerra.
    Tú no conoces mi gloria; por eso te diriges a mí con palabras de desprecio, confundiéndome con un simple brahmán.
    Como has roto el arco tu arrogancia sobrepasa todo límite; de la manera en que te sobreestimas, parece que hubieras conquistado el mundo entero."

    Rama dijo:
    "Oh, sabio, piensa antes de hablar, tu ira sobrepasa a mi error, que es insignificante.
    Gastado como estaba, el arco se rompió con sólo tocarlo. ¿Qué razón tengo yo para ser orgulloso?

    Oye la verdad, señor de los Bhrgus, si, como dices, te trato con poco respeto porque eres un brahmán, ¿quién es el guerrero en este mundo a quien debo postrarme lleno de temor?

    Un dios, un demonio, un rey o una tropa de guerreros, ya sean iguales a mí o más poderosos, si alguno de ellos me desafiara a luchar combatiría alegremente con él, aunque fuera la Muerte misma.
    Pues aquel que nace como Ksatriya y tiene miedo de luchar es un verdadero miserable e insulta a su linaje.
    Te digo por mí mismo, y no como tributo a mi raza: los descendientes de Raghu no tiemblan al luchar con la misma Muerte.
    Tal es la gloria de la raza brahmánica, que los que deberían temerte están libres de todo temor."


    Al oír estas palabras suaves y profundas de Sri Rama, la mente de Parasurama se desilusionó.
    "Oh Rama, toma este arco del Señor de Ramã y empúñalo para que mis dudas se vayan."

    Cuando Parasurama ofreció su arco, éste pasó por sí solo a manos de Rama y Parasurama quedó asombrado.
    Entonces reconoció el poder de Sri Rama y su cuerpo se estremeció de gozo, y su cabello se erizó.
    Uniendo sus manos habló a Rama, con el corazón desbordante de emoción:

    "Gloria a Sri Rama, que deleita a la raza Raghu como el Sol deleita a un grupo de lotos!
    ¡Gloria al Fuego que consume el bosque de la raza de los demonios!
    ¡Gloria al bienhechor de los dioses, brahmanes y vacas!
    ¡Gloria al que se lleva el orgullo, la ignorancia, la pasión y bondad, y maestro en el arte de la palabra!
    ¡Gloria al Deleitador de Sus siervos, y al que es hermoso y bello como millones de Cupidos!
    ¿Cómo voy a alabarte con una sola lengua?
    ¡Gloria a Aquel que juega en la mente del gran Señor Shiva como un cisne en el lago Manasarovar!
    En mi ignorancia, he dicho muchas cosas falsas; por ello, perdonadme, hermanos, ya que sois moradas de perdón.
    ¡Gloria, glorias, toda la gloria al Rey de la raza Raghu!"

    Diciendo esto, el señor de los Bhrgus se retiró al bosque a hacer penitencia. [...]
    La boda entre Sri Rama y Sita:
    [...] Mientras Uma y el Destructor del demonio Tripura contemplaban la atrayente belleza de Sri Rama de la cabeza a los pies, Su piel se estremecía y Sus ojos se llenaban de lágrimas.

    Su cuerpo moreno era brillante como el cuello del pavo real, y Sus ropas de color amarillo superaban el esplendor del relámpago.
    Adornos de boda, auspiciosos y bellos, adornaban Su persona.
    Su rostro era tan precioso como la Luna en una clara noche otoñal, y Sus ojos ponían en ridículo a un par de lotos a punto de florecer.
    La elegancia de Su cuerpo era transcendente en todos los detalles: aunque cautivaba el alma, no se podía describir.

    ///

    Cuando los familiares del novio vieron acercarse a Sita, verdadera fuente de belleza e inmaculada en todo su ser, la saludaron desde el fondo de sus corazones.
    Al ver a Janaki, Rama sintió que el deseo de su corazón se había cumplido.

    ///

    Juntando las manos de la Novia y el Novio, los dos sacerdotes de las familias recitaron sus genealogías respectivas; y, al ver que el Novio había aceptado la mano de la Novia, Brahma y las otras divinidades, hombres y sabios se llenaron de gozo.

    Y tras realizar todos los ritos prescritos por los Vedas y el uso familiar, el glorioso rey Janaka dio Su Hija al Novio.
    Igual que Himavan dio a Girija al gran Señor Shiva, y el dios de los mares concedió Sri a Hari, Janaka dio Sita a Rama y con ello ganó una fama nunca alcanzada antes por nadie.
    El rey Videha, Janaka, era incapaz de suplicar, pues aquel príncipe de cuerpo moreno había dado cumplimiento a su nombre haciéndole perder conciencia de su propio cuerpo.

    Ofrecidas las oblaciones al fuego sagrado, las puntas de los vestidos de la Novia y el Novio se entrelazaron como señal de su unión indisoluble y la pareja comenzó a andar alrededor del fuego, para mostrar que los dos habían sido unidos en presencia del dios fuego como testigo.
    El Novio y la Novia caminaban con paso elegante, y todos los presentes se deleitaban contemplando la escena.
    La hermosa pareja era indescriptible, toda comparación quedaría corta.
    Sus cuerpos se reflejaban en las columnas de joyas y brillaban como si el Amor y su esposa Rati fueran testigos de la boda inigualable de Sri Rama y aparecieran en diferentes cuerpos.
    Su curiosidad y desconcierto eran igualmente gran des; por eso se revelaban y desaparecían de la vista una y otra vez.
    Gozosamente los sabios pedían a la Novia y el Novio que caminaran alrededor del fuego y cumplieran con todos los ritos, incluyendo los regalos de ceremonia.

    Sri Rama puso bermellón en la frente de Sita. Parecía como si con un loto sobrecargado de polen rojizo, una serpiente sedienta de néctar adornase la Luna.
    Luego Vasistha dio la señal, y la Novia y el Novio se sentaron en el mismo lugar.

    Al contemplar a Sri Rama y Janaki juntos, la alegría corría por las venas del rey Dasaratha al ver cómo el árbol de sus buenas obras daba nuevos frutos.
    El júbilo reinaba en todo el universo, todos proclamaban que ya se había realizado la boda de Sri Rama.

    ///

    La belleza de Rama avergonzaba a millones de Cupidos.
    Teñidos de rojo, Sus pies de loto, siempre atrayentes para las mentes de los sabios, tenían un aspecto precioso.
    Su sagrado vestido amarillo brillaba más que sol naciente y el relámpago.
    El cinturón que llevaba ceñido y las campanillas de sonido dulce embelesaba el alma; Sus largos brazos iban ricamente engalanados, y el anillo de Su dedo atraía a todos los corazones.
    Embellecido con toda clase de adornos, aparecía hermosísimo. Su amplio pecho también iba adornado debidamente.
    Llevaba un pañuelo amarillo con flecos de perlas y gemas colgando por debajo del sobaco derecho y por encima del hombro derecho.
    Tenía un par de ojos de loto y hermosos pendientes en los lóbulos de las orejas, y Su rostro era una mina de Gracia.
    Tenía unos párpados delicados y una nariz hermosa, y la marca sagrada de su frente era una fuente de encanto.
    Su cabeza iba adornada con una hermosa corona de boda con perlas y gemas entrelazadas.
    [...]
    El rey Dasaratha decide nombrar príncipe regente a su hijo Sri Rama con el consentimiento del sabio Vasistha:
    [...] El rey llamó a Vasistha y le envió a los aposentos de Sri Rama para darle los consejos oportunos.
    En cuanto el Señor de los Raghus, Sri Rama, se enteró de la llegada del Guru, acudió a la puerta y se inclinó a sus pies.
    Ofreciéndole agua para lavarse las manos, acomodó al sabio y le adoró en las dieciséis formas prescritas en los Vedas.
    Luego, tomando sus pies, Sri Rama pronunció Su ruego:
    "La visita del maestro a casa de su siervo es fuente de toda bendición y remedio de todos los males; sin embargo, mi señor, es más hermoso que
    el maestro llame a su siervo y le encargue una tarea, pues eso es obrar correctamente.
    Pero, como mi Señor ha olvidado su autoridad y me ha mostrado su afecto al visitarme, mi casa ha sido santificada.
    Estoy dispuesto a hacer lo que me ordenes, santo señor, pues el siervo sólo es feliz sirviendo a su maestro".

    Al oírle, el sabio aplaudió al Jefe de los Raghus, y dijo: "Sólo tú puedes hablar así, siendo como eres la joya de la raza solar".

    Alabando la bondad y amabilidad de Sri Rama, el señor de los sabios, Vasistha, dijo conmovido:
    "El rey lo ha dispuesto todo para la ceremonia de tu entronización, desea investirse con los poderes reales.
    Rama, hoy debes guardar austeridad para que Dios lleve todo esto a feliz término".

    Cuando el Guru se fue, Sri Rama se sentía intranquilo, y pensaba:
    "Mis hermanos y yo nacimos juntos, y juntos hemos comido, dormido y jugado en nuestra niñez; hemos pasado por todas las ceremonias juntos.
    Lo único raro en todo esto es que sólo el hermano mayor sea instalado en el trono, con exclusión de los hermanos menores."


    En ese momento se acercó Lakshmana. Sri Rama, que deleita a la raza Raghu como la Luna deleita al lirio, le saludo con palabras de amor.

    Todos en la ciudad oraban por el regreso de Bharata, quien pasaba un tiempo en casa de su tío, y se decían:
    "Ojalá Bharata llegase pronto con la expedición y pueda ser testigo de lo que va a suceder".
    En todas las calles, casas, caminos y lugares de recreo, los hombres y mujeres hablaban entre sí diciendo:
    "¿Cuándo llegará el día bendito en que Dios cumplirá nuestro deseo, el día en que, con Sita a Su lado, Sri Rama tomará asiento en el trono de oro?"
    Y todos decían: "¿Cuándo llegará el día de mañana?", y mientras, los dioses malvados rogaban que entretanto sucediera alguna desgracia.
    El regocijo que había en Ayodhya no era de su agrado, por la misma razón que el ladrón desprecia la noche de luna llena.
    Invocando a Sarada, los dioses le suplicaban, y agarrando sus pies, se postraban una y otra vez.
    "Ya que eres consciente de la situación calamitosa en la que estamos, oh Madre, haz que los hechos se desarrollen de tal forma que Sri Rama se retire al
    bosque, abandonando Su trono y todos nuestros deseos se hagan realidad." [...]
    Presionado por la Reina Kaikeyi el Rey Dasaratha ordena el exilio de Sri Rama:
    [...] La Joya de la raza Raghu fue a ver al rey y lo encontró de una manera totalmente miserable, como un elefante viejo que se ha desmayado de terror al ver a una leona.

    Sus labios estaban secos y todo su cuerpo ardía. Parecía una pobre serpiente despojada de su gema.

    El Señor vio junto a su padre a la enfurecida Kaikeyi, que parecía la Muerte personificada contando los últimos minutos de su vida.
    Sri Rama era de naturaleza compasiva y dulce; por primera vez en Su vida era testigo de algo doloroso.
    Pero, serenándose como exigía la ocasión, se dirigió a la reina con estas cariñosas palabras:
    "Dime, querida madre, cuál es la causa de que mi padre sufra para que yo pueda hacer algo por él".

    "Escucha, Rama, la única razón es ésta: el rey te ama mucho.
    Ha prometido concederme dos favores y yo le he pedido lo que quería.
    Pero el rey, al oír mis peticiones, se llenó de tristeza, pues no puede apartar de sí la duda que le atormenta.
    El rey está en medio de un dilema: por un lado, el amor por su hijo, y por otro, lo que ha prometido.
    Obedece su orden, si puedes, y libérale de la tortura de su mente."

    Kaikeyi habló sin vacilar estas palabras punzantes, cuya misma dureza era difícil de soportar.
    Con un arco por lengua, palabras como dardos y el rey como una delicada diana, la maldad de la reina no conocía límites.
    Después de comunicar lo sucedido al Señor de los Raghus, Kaikeyi parecía una mujer de piedra.

    El Sol de la dinastía solar, Sri Rama, fuente natural de la alegría, sonreía dentro de sí y comenzó a y hablar dulcemente a su madre:
    "Escucha, madre: sólo es bendito el hijo que obedece las palabras de sus padres.
    Es raro encontrar un hijo así en este mundo, madre.

    En el bosque tendré más oportunidades de conocer ermitaños que me servirán de gran ayuda.
    Además es orden de mi padre, y tú también lo apruebas, madre.

    Bharata, a quien quiero como a mi vida, tendrá la soberanía: Dios me es propicio en todo.
    Si rehúso ir a los bosques, aunque sea bajo estas circunstancias, se me consideraría el mayor de los locos.

    Los que alimentan una planta de aceite de ricino, abandonando el árbol del paraíso, y toman veneno en lugar de néctar, tampoco
    perderían una oportunidad como ésta si la tuvieran: date cuenta de esto, madre.

    Sólo me entristece una cosa; me duele ver al rey tan desolado.
    Se me hace difícil de creer que mi padre esté tan apenado por una cuestión tan trivial.
    El rey tiene un corazón fuerte y su bondad es profunda como el océano.
    Debo haber cometido alguna ofensa grande para que el rey no me hable.
    Te ruego, por tanto, que me digas la verdad."


    Las palabras de Sri Rama eran inocentes y directas, pero la perversa Kaikeyi les dio un malicioso giro.
    Una sanguijuela debe moverse siempre oblicuamente, aunque el agua en la que esté tenga una superficie lisa.

    La reina se alegró al ver que Sri Rama aceptaba su propuesta y dijo con una muestra falsa de afecto:
    "Juro por ti y Bharata que no hay ninguna otra razón para que el rey esté afligido.
    Casi no eres capaz de ofender a nadie, querido hijo, fuente de gozo como eres para tus padres y hermanos.
    Lo que dices es verdad; eres fiel a las palabras de tu padre y tu madre.
    Te ruego que le pidas a tu padre que no incurra en el oprobio en la vejez de su vida.
    No le conviene abandonar las virtudes que le han hecho tener un hijo como tú".

    Estas amables palabras adornaban su boca detestable así como los lugares sagrados como Gaya embellecen la tierra maldita de Magadha.
    Estas palabras de su co-madre eran agradables para Rama como las aguas de todas clases se purifican al desembocar en el santo Ganges.

    El rey volvió a ser consciente y recordó a Rama.
    Sumantra le informó de la llegada de Sri Rama y se inclinó ante él humildemente.

    Al oír que Sri Rama había venido, el rey se calmó y abrió los ojos.
    El ministro ayudó a su soberano a sentarse y éste vio que Rama caía a sus pies.
    Rebosante de emoción, el rey lo estrechó contra su pecho como si una serpiente hubiera recobrado su gema perdida.

    El monarca seguía contemplando a Sri Rama y un torrente de lágrimas salía de sus ojos.
    No podía decir nada y abrazaba al príncipe con todas sus fuerzas.
    Y en su interior pedía a Dios que el Señor de los Raghus, Sri Rama, no pudiera ir a los bosques.

    Invocando al poderoso Señor Shiva, le suplicaba así:
    "Escucha una plegaria, oh dicho señor. Complaciente y generoso como eres, libérame de mi aflicción.
    Ya que moras en el corazón de todos; inspira a Rama para que se quede en casa y olvide todo sentido de la propiedad y amor filial.

    Haz que la mala reputación sea mi destino y que mi buen nombre perezca.
    Desearía estar condenado a la perdición. Preséntame toda clase de dificultades, pero que Rama no se vaya de mi vista."

    El rey pedía así en su corazón, pero no despegaba los labios, su mente temblaba como la hoja de un álamo.

    Viendo que Su padre estaba dormido por la emoción y que la madre Kaikeyi iba a hablar de nuevo, el Señor de los Raghus, Sri Rama, habló humildemente, según lo requería el lugar, el momento y la circunstancia, y dijo:
    "Querido padre, me voy a atrever a pedirte algo: por favor, perdona mi ignorancia pues sabes que soy joven.
    Has sufrido por algo que no tiene importancia, y la pena es que nadie me lo haya contado antes.
    Cuando te vi, pregunté a Kaikeyi y me he consolado al oír lo que me ha dicho.
    No estés triste en estos momentos de gozo, querido padre, y ordéname lo que desees."


    Al decir esto, el Señor sintió un estremecimiento de gozo por todo su cuerpo.

    "Bendita es la venida a la Tierra de aquel cuyo padre se regocija al oír hablar de él. Él tiene en su mano las cuatro recompensas de la vida (mérito religioso, riquezas materiales, placer sensual y beatitud suprema), y sus padres son para él lo más querido. Después de llevar a cabo tu orden y de obtener la recompensa de mi vida, volveré a ti, así que no dudes en mandarme. Mientras tanto me despediré de mi madre Kausalya. Y tras arrojarme una vez más a tus pies, me iré a los bosques."
    Así habló Sri Rama, y luego partió. [...]
    Sri Rama se despide de su madre:
    [...] La mente de Sri Rama parecía un joven elefante, recientemente atrapado, que tuviera por cadena la regencia.
    Cuando se enteró de la propuesta de exiliarle al bosque se vio liberado de su cadena y sintió en su corazón un gozo desbordante.

    La corona de la raza Raghu, Sri Rama, unió Sus manos y se postró a los pies de Su madre.
    Ella Le bendijo y Le estrechó contra su pecho, esparciendo joyas y ornamentos a Su alrededor para protegerle del mal.

    La madre besó Sus labios una y otra vez con lágrimas en los ojos y su cuerpo estremecido de emoción.
    Sentándole en su regazo le abrazaba una vez más contra su corazón, y la leche manaba de sus hermosos pechos por tanto amor que sentía.
    Su amor y su alegría eran inefables; parecía un pobre que hubiera alcanzado el rango de Kubera, dios de las riquezas.

    Contemplando extasiada Su hermoso rostro, la madre Le habló así:
    "Dime, querido hijo, te lo ruego, ¿cuándo llegará esa hora feliz, culminación hermosa de la piedad, virtud y alegría y suprema recompensa de la existencia humana, que es anhelada por todos los hombres y mujeres como los pájaros Chataka anhelan la lluvia otoñal cuando el Sol está en la misma longitud que la constelación Swati?

    Te aconsejo, querido mío, que te bañes aprisa y comas algo dulce.
    Después, ve a ver a tu padre, pues ya es muy tarde."

    Incluso al oír estas palabras tan agradables de su madre, capullos del árbol celestial del amor, cargado con la miel del amor y fuentes de bien para el mundo, la mente de Sri Rama no podía quedarse atrapada en su encanto.
    Ejemplo de justicia que era, discernía claramente el camino del deber y habló a Su madre así:
    "Mi padre me ha ofrecido el reino del bosque, donde tendré grandes oportunidades.
    Así pues, concédeme tu permiso y no estés triste para que mi viaje al bosque vaya acompañado de gozo y bendiciones.
    No te obsesiones con falsos temores, querida madre; por tu amor, siempre seré feliz.
    Después de pasar catorce años en el bosque y de obedecer las órdenes de mi padre, volveré a contemplar tus pies; no dejes que tu corazón esté triste.
    "

    Las dulces palabras de Sri Rama se clavaron en el corazón de Su madre y se alojaron allí.
    Alarmada al oírle hablar con tal serenidad, palideció igual que la planta Yavasaka es marchitada por el viento monzón.
    La agonía de su corazón era como la de la liebre al oír el rugido del león.
    Sus ojos se empaparon de lágrimas y su cuerpo temblaba con violencia como el pez que ha quedado embriagado al absorber el olor levantado por la primera lluvia del monzón.

    Serenándose y mirando a su hijo a la cara, la madre habló vacilante:
    "Niño mío, tú eres para tu padre tan querido como la vida, para él es un deleite constante contemplar tus actos día a día.
    Ya había fijado la fecha para nombrarte príncipe regente.
    ¿Qué ofensa has cometido para que te pida que te vayas a los bosques?
    Dime la razón, querido: ¿quién es el que ha servido de fuego para consumir así a la raza solar?"

    Leyendo en los ojos de Sri Rama su consentimiento, el hijo de Sumantra, que había acompañado al Príncipe, explicó la razón.
    Y la madre quedó anonadada al escucharle; el estado de su mente no se podía describir con palabras.
    No podía retener a su Hijo ni decirle que se fuera; y en cualquier caso, sentía un sufrimiento indecible.
    Y se decía a si misma: "Parece como si alguien hubiera ido a escribir 'Luna' y hubiera escrito 'Rahu' por un desliz de la pluma".
    Y terminó pensando: "Las obras del Creador son inefastas para todos".

    El juicio de Kausalya se columpiaba entre su sentido del deber y su cariño.
    Se encontraba en medio de un dilema como la serpiente que ha atrapado una rata almizclera.
    "Si retengo a mi hijo, violaré el código moral y se crearán enemistades entre los humanos.
    Y si le permito ir a los bosques, será una gran pérdida para mí."

    Así la reina se encontraba en una situación muy embarazosa y estaba llena de pena.
    Pero, recordando el deber de la mujer y teniendo en cuenta que tanto Rama como Bharata eran sus hijos, la prudente Kausalya, madre de Sri Rama, pudo reunir valor y habló de este modo:
    "Has hecho bien, hijo mío; la orden de un padre es la obligación más sagrada.
    El que tu padre te haya prometido el reino de Ayodhya y ahora haya decidido exiliarte al bosque, no me entristece en absoluto.
    Pero tu ausencia de entre nosotros será una prueba terrible para Bharata, para el rey y para el pueblo.
    De todas formas, si es sólo orden de tu padre, no vayas, pues recuerda que el deseo de la madre está siempre por encima.
    Pero si el padre y la madre te pidieran que fueras al bosque, ese bosque será como cien Ayodhyas, y tendrás a los dioses silvestres por padre, y a las diosas como madre, y a los pájaros y animales a tus pies de loto.

    Para un rey está bien vivir en el bosque cuando llega a la vejez, pero a tu tierna edad me llena de tristeza el corazón.
    Qué bendito es el bosque y qué desafortunada Ayodhya, oh corona del linaje Raghu!
    Si te pido que me lleves contigo, no sabrás qué hacer.
    Tú eres querido por todos, hijo mío; eres la vida de nuestra vida, la fuerza de nuestra alma.
    Cuando dices: 'Madre, me voy al bosque', yo me lleno de tristeza.

    Pero no te exijo nada ni finjo un amor falso y exagerado.
    Sólo te ruego que me recuerdes como tu madre y no dejes que me aparte de tu mente.

    Que todos los dioses y manes te protejan, Señor de la Tierra, como los párpados protegen a los ojos.
    El término del exilio es como el agua, y tus seres queridos son como peces que viven en ella; tú eres una fuente de misericordia y ejemplo de virtud.
    Acuérdate de esto y haz que vuelvas a tiempo para encontrarnos a todos vivos.
    Te ruego que vayas alegre a los bosques, aunque dejes a tus siervos, tu familia y toda la ciudad.
    El fruto de las obras buenas ha llegado hoy a su fin y la marea de la fortuna se ha vuelto contra nosotros y nos es hostil."

    Lamentándose así la madre Kausalya se agarró a los pies de Sri Rama, considerándose la mujer más desgraciada.
    Sri Rama levantó a su madre y la abrazo, consolándola con palabras de alivio.

    En ese momento Sita se enteró de lo ocurrido y se levantó muy preocupada.
    Se acercó a Su suegra y se sentó, postrándose ante ella.

    Kausalya la bendijo y se sintió apenada al ver Su delicado ser.
    Con la cabeza gacha, Sita, que era la belleza personificada y profesaba un amor inmaculado a Su Señor, pensaba:
    "El Señor de mi vida va a partir al bosque; todavía no se sabe quién será el afortunado que pueda acompañarle, mi cuerpo y mi alma juntas, o sólo mi alma. Lo que Dios desea hacer no se puede saber".

    Mientras rascaba el suelo con las hermosas uñas de Sus pies, los cascabeles de sus tobillos producían un sonido musical, como si suplicaran que los pies de Sita no les abandonasen.
    Viéndola derramar lágrimas, la madre de Sri Rama rompió el silencio así:
    "Escucha, querido hijo; Sita es extremadamente delicada, alegría de su suegro y suegras, y de toda la familia.
    Tiene por padre a Janaka, joya de los príncipes, y su suegro es el sol de la raza solar; y su señor es la misma luna de los hijos del dios Sol, fuente de bondad y belleza.

    Yo he encontrado en ella una preciosa hija, amable y correcta, y llena de belleza.
    La he tratado siempre como la niña de mi ojo y la he amado todavía más; toda mi vida está enfocada en Janaki.
    La he cuidado como si fuera una enredadera celestial y la he alimentado con el agua de mi amor.
    Cuando la enredadera estaba a punto de florecer y dar fruto, Dios se volvió contra mí y no sé qué pasará ahora.

    Como siempre ha estado sobre cama, silla, columpio o sobre mi regazo, Sita nunca ha puesto su pie en el duro suelo.
    Yo la he atendido como una hierba dadora de vida y ni siquiera le he pedido nunca que mueva la mecha de una lámpara.
    Sita desea ir contigo al bosque, y ahora espera tus órdenes, oh Señor de los Raghus.
    Cómo puede la hembra del pájaro Chakora que bebe el néctar de los rayos de la Luna, fijar su mirada en el Sol?

    Manadas de elefantes salvajes, leones, demonios y otras criaturas rondan por el bosque.
    ¿Puede una hermosa hierba dadora de vida encontrarse a gusto en un bosque de veneno, hijo mío?

    Para vivir en el bosque Dios ha creado a Kola y Kirata, muchachas que no conocen los placeres sensuales.
    Duras por naturaleza como el insecto que vive bajo la roca, nunca sufren en el bosque.
    Otras mujeres que se adaptan a esa vida son las ermitañas, que han renunciado a todos los placeres y hacen penitencia.
    Pero, ¿cómo va a vivir Sita en el bosque, que se atemoriza con sólo ver el dibujo de un mono?
    Acaso la hembra del cisne, que se pasea por el lago Manasa, puede soportar vivir en un charco de barro?
    Piensa en esto primero; y luego, según lo que ordenes, prepararé a la hija de Janaka.
    Si se queda en casa, será un gran consuelo para mí."

    Cuando Sri Rama, Héroe de la raza Raghu, oyó a Su madre, la consoló con palabras dulces y sabias; y luego se dirigió a Janaki, hablándole de las ventajas y desventajas de la vida salvaje.
    Aunque le costaba hablarle en presencia de Su madre, Sri Rama vio que la situación lo requería y dijo:
    "Escucha mi consejo, oh princesa, y no lo tomes a mal.
    Si deseas el bien para mí y para ti; acepta mi sugerencia y quédate en casa.
    Así obedecerás mi orden y servirás a mi madre. Y todo saldrá bien.

    Para una mujer no hay deber más sagrado que adorar los pies de los padres de su esposo.
    Cuando mi madre piense en mí y se sienta desconsolada y desequilibrada, confórtala, amor mío, narrándole viejas leyendas.
    Te digo sinceramente que sólo por el bien de mi madre te dejo aquí.

    Permaneciendo aquí según mi deseo, obtendrás la recompensa de la virtud de la que hablan los antepasados y los Vedas, acuérdate del sabio Galava y del rey Nahusa que, por seguir su obstinación, sufrieron grandes pruebas.

    Y en cuanto a mí, volveré en cuanto cumpla la orden de mi padre.
    Los días pasarán rápidamente, así que sigue mi consejo, hermosa doncella.
    Si, a pesar de todo, sigues deseando acompañarme, llegarás a arrepentirte de ello.
    El bosque es un lugar salvaje y terrible; hace mucho calor y mucho frío, hay lluvias y vendavales.
    Los caminos están hechos de hierba punzante, espinas y piedras y tendrás que andar sin ninguna protección en los pies.
    Tus pies de loto son delicados y hermosos, y los caminos son muy difíciles, y están cortados por grandes montañas, cuevas, arroyos, ríos que son infranqueables, insondables y de aspecto terrible.
    Osos y tigres, lobos, leones y elefantes lanzan unos gritos que paralizan la mente.

    La tierra será tu lecho, y la corteza de los árboles tu vestido; por comida tendrás bulbos, frutas y raíces, e incluso estas cosas no estarán a tu alcance en cualquier estación del año.

    Demonios que devoran a los hombres andan siempre por el bosque y se disfrazan de mil maneras.
    El agua de las colinas es muy poco saludable; las penalidades de la selva son indescriptibles.
    Hay serpientes terribles y salvajes y fieros pájaros, y multitud de demonios que se llevan a hombres y mujeres.
    Los más valientes tiemblan al pensar en el bosque; y tú, doncella de ojos de ciervo, eres tímida por naturaleza.
    No estás preparada para vivir allí, oh hermosa doncella, el mundo me insultará cuando sepa que te llevo conmigo al bosque.
    ¿Puede un cisne que se ha criado en el néctar del lago Manasa vivir en el agua salada del océano?
    Puede un cuco que siempre ha vivido feliz en una arboleda de mangos vivir entre la maleza de los arbustos Karila?

    Piénsalo y quédate en casa, señora de ojos de luna; las penalidades del bosque son muy grandes.
    El que no sigue el consejo de un amigo desinteresado o de su maestro tiene que arrepentirse y se perjudica a sí mismo.
    "

    Al oír estas palabras de Su amado Señor, los ojos de Sita se llenaron de lágrimas.
    Su consejo era para ella tan doloroso como la noche otoñal de luna llena es para el pájaro Chakravaka.
    La hija de Videha no podía responder. Se llenaba de pena al pensar que Su piadoso y amante Señor la abandonaría.

    Controlando sus lágrimas la Hija de la Tierra reunió valor y, tirándose a los pies de su suegra, le habló con las manos unidas:
    "Perdona, venerable señora, mi gran insolencia.
    El señor de mi vida me ha dado un consejo que sólo me puede beneficiar.
    Sin embargo, lo he pensado y siento que no hay mayor calamidad en el mundo que estar separada de mi amado señor.

    Oh señor de mi vida, morada de misericordia, bello, genial y sabio, luna para los lirios del linaje Raghu, sin ti el cielo sería tan odioso como el infierno.

    Padre y madre, hermanas y hermanos queridos, parientes y amigos, suegro y suegra, maestro y familiares, aliados e incluso hijos, por más hermosos y dóciles que sean, para una mujer alejada de su señor son más atormentadores que el Sol abrasador.
    Vida, riquezas, casa, tierras, ciudad y reino, todo esto no es sino motivos de dolor para la mujer separada de su señor.
    El lujo para ella es odioso como una enfermedad, y los adornos un peso, mientras que el mundo parece un infierno.

    Sin ti, oh señor de mi vida, nada en este mundo tiene brillo.
    Como el cuerpo sin alma y el río sin agua, está una mujer sin su marido.
    En tu compañía, mi señor, seré feliz mientras pueda contemplar tu rostro, que es como la limpia faz de la luna otoñal.

    Pájaros y bestias serán mi familia; el bosque mi ciudad, y la corteza de los árboles mis puros vestidos.
    Y una cabaña de hojas en compañía de mi señor será tan cómoda como el reino de los dioses.

    Los generosos dioses y diosas silvestres me cuidarán como mis propios padres.
    Un hermoso lecho de hierbas y tiernas hojas en compañía de mi señor será mejor que el propio cojín de Cupido.
    Los bulbos, raíces y frutas serán como ambrosia, y las montañas tan bellas como cien mansiones reales de Ayodhya.
    Contemplando los pies de loto de mi señor constantemente, estaré tan dichosa como la hembra del pájaro Chakravaka durante el día.

    Me has hablado de muchas pruebas y peligros, dolores y aflicciones de la vida en la selva; pero todos juntos no pueden compararse al dolor de la separación de mi señor, oh fuente de misericordia.
    Así pues, joya de los sabios, llévame contigo. Te ruego que no me dejes aquí.
    No puedo someterme, señor, pues sé que eres todo misericordioso y llegas a los corazones de todos.

    Si me dejas en Ayodhya hasta el fin de su exilio, estate seguro de que no sobreviviré, oh amigo de los afligidos, hermoso y compasivo señor, fuente de bondad y amor!

    Cuando vaya caminando no me fatigaré, pues no dejaré de contemplar tus pies de loto.
    Serviré en todo lo que pueda a mi amado señor y le aliviaré de todo el cansancio del viaje.
    Lavando tus pies y descansando a la sombra de un árbol, te abanicaré con toda alegría.
    Viendo tu cuerpo moreno rociado de sudor y mirando al señor de mi vida, no puedo entristecerme nunca.
    Esparciendo hierbas y hojas en una zona llana, esta doncella tuya te acariciará los pies toda la noche.
    Y cuando te contemple, no sentiré soplar los cálidos vientos.

    ¿Quién se atreverá a mirarme si estoy al lado de mi señor, más de lo que un chacal o una liebre mirarían a una leona?
    ¡Qué verdad es que mi cuerpo es débil mientras que mi señor es capaz de soportar las penalidades del bosque y que a ti te corresponde pasar penitencias, mientras yo estaré rodeada de lujos!

    Si mi corazón rehúsa separarse a pesar de oír cosas tan terribles, estoy segura de que mi miserable ser vivirá para soportar el sufrimiento de la separación de mi señor."

    Sita no podía ni oír hablar de separarse de Su señor.
    Al ver su tristeza el Señor de los Raghus estaba seguro en su corazón de que si La dejaba contra Su voluntad, no podría sobrevivir.
    Así pues, El señor todo misericordioso de la raza solar dijo:
    "Deja de lamentarte y ven conmigo al bosque. Hoy el dolor no tiene sentido. Prepárate ahora mismo para el viaje".

    Consolando a Su amada esposa con palabras de cariño, el Señor se arrojó a los pies de Su madre y recibió sus bendiciones.
    "Te ruego que vuelvas pronto y alivies el sufrimiento de la gente, y no olvides a tu descorazonada madre.
    Volverá algún día a mí la fortuna de poderos contemplar con mis propios ojos?
    ¿Cuándo, querido hijo, llegará el glorioso día y la bendita hora en que tu madre verá tu faz de luna?
    "¿Cuándo volveré a llamarte 'querido mío', 'mi niño amado', 'Señor de los Raghus', 'Rey del linaje Raghu y llamándote te abrace y pueda contemplar tu cuerpo con gozo?"

    Al ver que su madre estaba demasiado emocionada para seguir hablando, Sri Rama la consolaba como podía: la tristeza del momento y la intensidad del cariño eran indescriptibles.
    Entonces, la Hija de Janaka se arrojó a los pies de Su suegra y dijo:
    "Madre, soy muy desgraciada pues cuando debería servirte, el cielo me ha exiliado al bosque y no ha realizado mi deseo.
    No sufras más, pero tampoco dejes de amarme.
    El destino es implacable, y yo no soy culpable de nada".

    La madre estaba tan dolorida al oír aquellas palabras que no puedo describir su estado.
    Abrazaba a su nuera una y otra vez y, serenándose, la bendijo diciendo:
    "Que el bendito estado de tu matrimonio y la longevidad de tu esposo permanezcan
    mientras los ríos Ganges y Yamuna sigan fluyendo".

    Sita se separó de ella, postrándose repetidas veces a Sus pies de loto.

    Cuando Lakshmana se enteró de todo, entró en una gran confusión y empezó a correr con el rostro desencajado.
    Con el cuerpo tembloroso, el vello erizado y los ojos llenos de la grimas, agarraba los pies de Sri Rama con mucha agitación.
    No podía hablar, y se quedaba con la mirada perdida como un pez sacado del agua.
    Y pensaba: "Qué va a suceder, Dios mío? Toda mi alegría ha terminado.
    Qué me ordenará el Señor de los Raghus? Me dejará en casa o me llevará con él?"

    Cuando Sri Rama vio a Su hermano tan agitado, se dirigió a él con las siguientes palabras llenas de bondad, amor, inocencia y alegría:
    "No pierdas la serenidad por amor a mí, querido hermano, y está seguro en tu corazón que todo esto tendrá un final feliz.
    Los que siguen sin condiciones el consejo de su padre y madre y de su maestro, han recogido el fruto de su nacimiento, porque de otra forma, su venida al mundo no sirve de nada.

    Hermano, escucha mi consejo y espera a los pies de nuestro padre y madre.
    Bharata y Ripusudana no están en casa, y el rey es anciano y está triste por mí.
    Si me voy al bosque y te llevo conmigo, Ayodhya se quedará sin maestro, y el preceptor, los padres, la familia y toda la gente quedarán sumidos en un sufrimiento terrible.
    Quédate para consolarles; si no, hermano, cometeremos una gran falta.
    El rey cuyo reino trae sufrimiento al pueblo merece un lugar en el infierno. Por ello, querido hermano, quédate en casa.
    "

    Al oír esto, Lakshmana palideció como el loto tocado por la escarcha,
    No podía responder y, lleno de angustia, tomó los pies de Su hermano y dijo:
    "Mi señor, soy tu esclavo, y tú eres mi dueño; si me abandonas, ¿qué haré?

    Mi señor, me has dado un buen consejo, pero me siento incapaz de seguirlo.
    Sólo los hombres nobles que tienen dominio sobre sí mismos y son ejemplos de virtud están listos para aprender el mensaje de los Vedas y la moral.
    Yo no soy más que un niño que crece con tu amoroso cuidado; ¿puede el cisne levantar el Monte Mandara o Meru?
    Yo no conozco maestro ni padre ni madre; créeme, mi señor.
    Todos los lazos de afecto, amor y confianza de este mundo están para mí centrados sólo en ti, mi señor.

    Oh amigo de los afligidos, conocedor del corazón más escondido!
    La piedad y las buenas costumbres se deben enseñar al que ama la gloria, la fortuna y los nobles destinos.
    Pero, acaso se puede abandonar a aquel que está entregado a tus pies en pensamiento, palabra y obra, oh océano de gracia?"

    Al ver a su noble hermano, el Señor, cuya compasión era ilimitada, le acercó a su corazón y le consoló, al ver que había perdido la calma por el amor que sentía.
    "Ve y pide permiso a tu madre, luego vuelve y acompáñame al bosque."

    ///

    El Héroe de la raza Raghu se levantó y pidió permiso a Su padre para ir al bosque diciendo:
    "Padre, bendíceme y dame tus órdenes; ¿por qué estás triste en momentos de tanto gozo?
    Si te desvías de tu deber por el apego a alguien querido, querido padre, tu reputación se perderá".

    Al oír esto el rey se levantó y tomando a Sri Rama del brazo, le hizo sentar y dijo:
    "Escucha, hijo mío: en referencia a ti los sabios dicen que Rama es el Señor de toda la creación.
    Dios recompensa nuestras acciones según sean buenas o malas, pesándolas con Su juicio.
    Sólo el que hace la acción recoge las consecuencias, ésta es la ley de los Vedas.

    Pero ahora nos encontramos con que alguien ha cometido una ofensa y otro recoge el fruto.
    Los caminos de Dios son muy misteriosos; nadie en este mundo llega a conocerlos."

    El rey trató de retener a Rama por todos los medios, pero vio la intención de Sri Rama y se dio cuenta de que no se quedaría, ya que era ejemplo de rectitud, de fuerza y de sabiduría.
    Luego el rey abrazó estrechamente a Sita y la aconsejó con todo su amor.
    Le habló de las terribles circunstancias de la vida del bosque y de las comodidades que ten dría si se quedaba junto a los padres de su esposo o de Su propio padre.
    Pero la mente de Sita estaba unida a los pies de Sri Rama; por ello el hogar no Le atraía y el bosque no Le repugnaba.
    Todos trataban de convencer a Sita de las miserias del bosque.
    La esposa del ministro Sumantra, así como la del maestro Vasistha y otras mujeres prudentes La aconsejaban insistentemente:
    "Nadie te ha exiliado al bosque; así que obedece a tus padres y a tu preceptor".

    Este consejo tranquilizador, amistoso, agradable y tierno, no era del agrado de Sita.
    Parecía como si los rayos de la luna otoñal hubieran dañado a la hembra del pájaro Chakravaka.
    Sita no respondía nada.
    Y Kaikeyi, al oírles, se irritó y trajo ropas de ermitaño, adornos y vasijas, y colocándolas ante Sri Rama, Le habló con suavidad:
    "El rey te ama como a su propia vida, oh Héroe del linaje Raghu.
    Es demasiado dulce para librarse de sus escrúpulos y de su apego a ti.
    Preferiría perder su virtud, su buena reputación y su felicidad en el otro mundo antes que pedirte que vayas a los bosques.
    Así pues, haz lo que te plazca".

    Sri Rama se regocijó al oír a Su madre, pero sus palabras atravesaron el corazón del rey como dardos.
    Y pensaba: "Desearía que esta vida miserable terminase".

    La gente se sentía muy desconsolada y el rey se desmayó; nadie sabía qué hacer.
    Sri Rama se vistió de ermitaño y, postrándose ante Sus padres, partió.

    Después de hacer todos los preparativos para el viaje al Bosque, el Señor, acompañado de Su Esposa y Su hermano se postró a los pies de los brahmanes y del maestro Vasistha, luego se fue, dejando a todos desconcertados.

    Saliendo del palacio, el cortejo se detuvo a la puerta de Vasistha y encontraron a la gente abrasada por el fuego de la separación.
    El Héroe de los Raghus consoló a todos y luego convocó a los brahmanes.
    Pidió a Su maestro que les diese alimento por un año y cautivó sus corazones con amabilidad, regalos y humildad.
    Dio regalos y atenciones a los mendigos y sació a Sus amigos de amor puro.
    Luego llamo a Sus siervos y siervas y, confiándolos al cuidado de su Guru, le hablo con las manos unidas:
    "Mi señor, te ruego que les cuides y atiendas como si fueras su propio padre y madre".

    Sri Rama se dirigía a cada uno de los presentes y les decía:
    "Solo es mi amigo fiel aquel que sirve al rey y le tranquiliza.
    Cuidad, amados ciudadanos, de que ninguna de mis madres quede sumida en el sufrimiento por estar separada de mi"
    .

    Rama consoló así a todos y Se postró a los pies de loto de su maestro.
    Invocando al Señor Ganapati, a la Diosa Gauri, Parvati, y al Señor de Kailasa, y recibiendo las bendiciones de Su Guru, el Señor de los Raghus partió.

    A Su salida había grandes lamentos.
    Señales de mal augurio aparecían en Lanka, y Ayodhya estaba sumida en el dolor, mientras que el reino de los dioses era una mezcla de alegría y sufrimiento. [...]
    El ministro Sumantra comunica a Sri Rama el mensaje del rey Dasaratha:
    [...] Después de realizar actos de purificación, Sri Rama, siendo totalmente puro y sabio, realizó Sus abluciones y fue a buscar leche del árbol banyan.
    Luego Él y su hermano se rizaron el cabello, y al verlo Sumantra comenzó a llorar y se dirigió a ellos con voz llena de dolor:
    "Mi señor, el rey de Kosala me ha encargado esto:

    'Toma mi carro y acompaña a Rama. Enséñale el bosque y el Ganges, y luego vuelve rápidamente con los dos hermanos.
    Calmando todas sus dudas y escrúpulos, trae a casa otra vez a Lakshmana, Rama y Sita'.

    El rey me ha ordenado esto; y te aseguro que lo haré".

    Después de decir esto, Sumantra cayó a los pies del Señor y lloró como un niño.
    "Ten compasión y haz que Ayodhya no se quede sin maestro."

    Sri Rama
    levantó al ministro y lo consoló.
    "Querido padre, has estudiado todas las verdades de la religión.
    Sibi, Dadhichi y el rey Harischandra sufrieron grandes pruebas por salvar su virtud.
    Los sabios reyes Rantideva y Bali mantuvieron intacta su virtud a través de muchas penalidades.

    No hay virtud como la sinceridad: así lo dicen los Agamas, Vedas y Puranas.
    Yo he encontrado esa virtud por un camino fácil. Si lo abandono, se me odiará en los tres mundos.
    Para un hombre muy bien considerado, la infamia es tan dolorosa como un millón de muertes.
    Padre, ¿qué más puedo decirte? Si te digo algo como contestación, no haré bien.

    Póstrate a los pies de mi padre, preséntale mi obediencia y dile con las manos unidas:
    'No sufras de ningún modo por mí, querido padre'.

    Tú eres tan bueno conmigo como mi propio padre.
    Por eso te ruego, señor, que hagas todo lo posible para que mi padre no se sienta miserable por nuestra ausencia."

    [...]




    Rama + Princesa Sita, hija de Rey Janaka y Reina Sunayana.