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Princesa Sita

 

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1. Sri Rama

Princesa Sita

  • Consorte (1): Sri Rama

   Otros nombres para Sita eran Princesa Janaki y Princesa Vaidehi.

  Descripción:

Consorte de Sri Rama.

Así como Sri Rama es la encarnación del Señor Vishnu, Sita es la encarnación de la Diosa Lakshmi.

También conocida como: Janaki (hija de Janaka), Vaidehi (hija de Videha).

  Observaciones y comentarios:

  • Es costumbre que las mujeres hindúes lleven una trenza de pelo cuando están separadas de sus esposos.
  • De acuerdo con la costumbre hindú, una señora no debe hablar con un extraño sin ningún intermediario.
    Siendo forzada por Ravana a violar esta regla, Sita se excusa interponiendo una brizna de hierba entre Ella y el rey de los demonios.
  • Al dejar a Sita completamente sola para encontrarse con Sri Rama, que había estado fuera cazando el ciervo de oro, Lakshmana trazó con la punta de su arco una línea alrededor de la casa, con la maldición de que cualquier demonio que se atreviese a cruzar esta línea sería inmediatamente reducido a cenizas. Aprovechando la oportunidad, Ravana se presentó allí haciéndose pasar por un mendigo y pidió limosna a Sita. Ella le ofreció una limosna pero Ravana rehusó cruzar la línea y tan pronto como Sita la cruzó para alcanzarle la dádiva, el demonio se la llevó.
  • Tulsidas dice:
    [...] Me postro ante Sita, la esposa amada de Sri Rama, que se encarga de la creación, mantenimiento y destrucción del universo, borra las penas y nos llena de bendiciones.
    [...]
    Cuando Sri Hari se manifiesta ante Manu y Shatarupa:
    [...] A Su izquierda brillaba Su energía primordial, Sita, eternamente entregada a Él, mina de belleza y fuente del universo.
    Sita era el mismo ser, del cual de un solo fragmento emanan innumerables Lakshmis, Umas y Brahmanis, fuentes de virtudes, seres que con el mero parpadeo de sus ojos producen la existencia del cosmos
    . [...]
    Sri Rama y Lakshmana van a conocer la ciudad de Mithila, capital del reino de Janaka::
    [...] Lakshmana sintió en su corazón un gran anhelo por ir a ver la capital de Janaka.
    Sin embargo, tenía miedo del Señor, y se quedó por temor al sabio; y sin declarar su anhelo abiertamente, sonreía para sí.
    Sri Rama comprendió lo que ocurría en la mente de Su hermano menor; y Su corazón rebosaba de bondad hacia Su devoto. Despidiéndose de Su maestro, Rama le habló sonriendo con las palabras más dulces:
    "Mi señor, Lakshmana anhela ver la ciudad, pero por temor y respeto a ti no te lo dice.
    Si me das tu permiso, le llevaré por la ciudad y le volveré a traer enseguida".


    Al oír esto, el sabio de los sabios, Vishwamitra, contestó con cariño:
    "Es sabido, Rama, que Tú debes respetar las normas de conducta, Tú eres el defensor de la moral, hijo mío, y por amor a Tus siervos, les das alegría.
    Id, dichosos hermanos, y después de ver la ciudad, regresad. Bendecid todos los ojos al mostrar vuestros cautivadores rostros."

    Saludando los pies de loto del sabio, los dos hermanos, deleite de todas las miradas, partieron.
    Al contemplar Su exquisita belleza, grupos de muchachos les seguían, con los ojos y la mente enamorados.
    Vestidos de ropas amarillas llevaban una aljaba a la espalda y una tela del mismo color ceñida a la cintura; sus manos se adornaban con un arco en una y una flecha en la otra.
    Los hermosos muchachos, uno moreno y otro rubio, llevaban rayas rojas y blancas de polvo de sándalo pintadas en el cuerpo, a juego con el color de la piel.
    Tenían un cuello tan robusto como el del león y brazos muy largos, y en su seno una cuerda de perlas sacada de la frente de elefantes.
    Sus preciosos ojos se asemejaban al loto rojo; y sus caras parecidas a la Luna, aliviaban de todo sufrimiento.
    Sus oídos iban adornados con pendientes de oro, que extasiaban a quien los miraban.
    Sus miradas eran hechizantes y tenían unos párpados perfectamente arqueados; las líneas de la frente que indicaban la marca sectaria daban la impresión de ser el sello de la belleza.
    Sus hermosas cabezas iban cubiertas con un bello gorro rectangular y rizos oscuros.
    Los dos hermanos eran bellos de los pies a la cabeza. La belleza de cada uno de sus miembros era perfecta.

    Cuando los ciudadanos se enteraron de que los dos príncipes habían venido a ver la ciudad, dejaron sus ocupaciones y salieron de sus hogares como si fueran pobres a punto de adueñarse de algún objeto valioso.
    Contemplando la gracia natural de los hermanos se sentían felices y sus ojos quedaban saciados.
    Pegadas a las ventanas de sus casas, jóvenes doncellas con asombro la belleza de Sri Rama.
    Y hablaban así entre ellas: "Oh, amiga. Él supera en belleza a millones de Cupidos. Tal belleza nunca se vio entre los dioses, hombres, demonios, Nagas o sabios.
    El dios Vishnu tiene cuatro brazos, Brahma tiene cuatro caras, y Shiva el Destructor de Tripura, tiene una apariencia temible, y posee cinco caras. Oh, amiga, ningún dios puede poseer tanta belleza.
    Los dos muchachos son todavía jóvenes, y ya son fuentes de belleza y moradas de dicha.
    Vale la pena sacrificar millones y cientos de millones de Cupidos por cada uno de sus miembros,
    "Dime, amiga, ¿qué ser vivo no quedaría maravillado al ver tanta belleza?" Una de ellas dijo con suaves palabras: "Escucha, querida, lo que me han dicho. Estos dos muchachos, hermosa pareja de cisnes, son hijos del rey Dasaratha; son los protectores del sacrificio de Kausika y han matado a los demonios en el campo de batalla. El de cuerpo moreno y ojos como el loto, que ha dominado el orgullo de Maricha y Subahu, y lleva en Sus manos un arco y una flecha, es el hijo de Kausalya, y se llama Rama, fuente de dicha. El joven rubio que sigue de cerca a Sri Rama, con un arco y una flecha en la mano, es su hermano menor, y se llama Lakshmana. Sumitra es su madre.
    "Habiendo cumplido el propósito del brahmán Vishwamitra, y tras redimir a la esposa del sabio, Ahalya, los dos hermanos han venido aquí para ser testigos del sacrificio de la postración." Todas las doncellas quedaron encantadas al escuchar esto.

    Al observar la belleza de Sri Rama, alguien dijo: "Es un novio digno de la Princesa Janaki. Si el rey le ve, estoy segura de que dejará su voto e insistirá en que se casen".

    Y otra dijo: "El rey ha acudido a recibirles a ellos y al sabio, con todo el honor.
    Pero no quiere dejar su voto y sigue empeñado en su locura".

    Pero otra decía: "Si la Providencia es buena y, como se dice, da a cada hombre lo que le corresponde, Janaki lo tendrá como novio. No puede haber ninguna duda.
    Si la Providencia lleva a cabo esta unión, todos habrán realizado su objetivo.
    Mi impaciencia crece al pensar que esta alianza le obligará a visitar este lugar de nuevo.
    Si no es así, querida, está claro que no le veríamos más.
    Un acontecimiento como éste sólo puede darse cuando se han acumulado grandes méritos en existencias pasadas."

    Otra dijo: "Amiga, has dicho bien. Esta unión ayudará a los mejores intereses de todos".
    Y otra dijo: "El arco de Sankara es difícil de partir y este muchacho moreno tiene un cuerpo delicado.
    Por lo tanto, nada de todo eso sucederá".
    Al oír esto, otra dijo con voz suave: "Amiga, he oído decir que este muchacho, aunque pequeño de apariencia, posee un gran poder. Al tocar el polvo de Sus pies de loto, Ahalya, que había cometido un gran pecado, alcanzó la salvación.
    Por tanto, seguro que romperá el arco de Shiva; nunca debemos abandonar nuestra fe.
    El mismo Creador, que creó a Sita con gran destreza, le ha predestinado este novio de tez morena".
    Todas quedaron complacidas al escuchar las palabras de esta doncella y exclamaron a una: "Amén! "

    Llenas de alegría, grupos de damas de tez clara y ojos brillantes hacían caer flores sobre los príncipes.
    Y dondequiera que fueran, había un gozo supremo.
    Los hermanos llegaron a la zona oriental de la ciudad, donde se había preparado el terreno para el sacrificio.
    En medio de un área hermosa y ampliamente pavimentada, se levantaba un altar inmaculado y ricamente adornado.
    A los cuatro lados del altar se erigían grandes asientos de oro para ser ocupados por los príncipes.
    No muy lejos, y rodeándoles por todos lados, brillaba otro círculo de asientos, algo más elevado y muy bello, donde podía sentarse la gente de la ciudad.
    Cerca de éstos, había espaciosas galerías de un blanco resplandeciente, pintadas de diversos colores, desde donde las doncellas podían contemplar el espectáculo sentadas en sus lugares de acuerdo con el rango familiar.
    Los niños de la ciudad mostraban al Señor todos los preparativos, hablándole con dulzura.
    Teniendo ocasión de tocar su precioso cuerpo, los niños rebosaban amor; sus cuerpos se estremecían de emoción, y su corazón desbordaba de alegría al ver una y otra vez a los hermanos.

    Encontrando a todos los niños hechizados por el amor, Sri Rama alababa amorosamente los lugares que le mostraban.

    Todos llamaban a los hermanos a donde querían y éstos acudían por amorosa bondad.

    Sri Rama mostraba a Su hermano menor los preparativos que se habían hecho, hablándole con palabras suaves, dulces y agradables.

    Aquél en obediencia al cual Maya crea multitudes de universos en un cuarto de segundo, ese mismo gracioso Señor, conquistado por la devoción, mira asombrado al terreno preparado para el sacrificio.
    Después de ver todo el espectáculo los dos hermanos regresaron a su Guru; pero sus mentes estaban intranquilas, pensando que llegaban tarde.
    El Señor, cuya sublimidad inspira el más grande terror, manifiesta la gloria de la devoción.
    Con muchas palabras bondadosas y amables se despidieron de los jóvenes, contra el deseo de éstos.
    Con mansedumbre y sumisión, y un sentimiento mezcla de temor y amor, los hermanos inclinaron su cabeza a los pies de loto del maestro Vishwamitra y se sentaron con su permiso.

    Al llegar la noche, el sabio dio su autorización y todos realizaron sus prácticas devocionales del atardecer; y mientras que el sabio recitaba viejas leyendas y cuentos, pasaron dos vigilantes de la hermosa noche.
    Luego, el jefe de los sabios, Vishwamitra, se retiró a su aposento, y los dos hermanos comenzaron a frotar sus pies.
    La pareja cuyos pies de loto son buscados por los hombres desapegados pronunciando varias fórmulas sagradas y practicando diferentes clases de Yoga frotaban delicadamente los pies de loto de su Guru, vencidos por su amor.
    Después de que el sabio se lo pidiera una y otra vez, el Rey de la raza de los Raghus se fue a dormir.
    Lakshmana abrazaba los pies del Señor -y los acariciaba con reverencia y amor obteniendo una alegría suprema con este servicio.
    Sólo cuando el Señor le dijo: "Ya puedes irte, hermano", Lakshmana se echó a dormir adorando en su corazón los pies de loto de su Hermano.

    Hacia el final de la noche, con el canto del gallo, Lakshmana se levantó.
    El Señor del universo, el omnisciente Sri Rama, se despertó también y fue a Su maestro.
    Después de realizar todos los actos de purificación acostumbrados, fueron a terminar sus abluciones, y después de pasar por la rutina de las prácticas diarias, se postraron ante el sabio.
    Llegado el momento, los hermanos se despidieron del maestro, y salieron a recoger flores.
    Afuera vieron el hermoso jardín real, en donde el verano, prendido de su encanto, había tomado refugio para siempre.
    En él había árboles de muchas clases, repletos de enredaderas multicolores que colgaban hermosamente.
    Ricos por sus hojas frescas, frutas y flores, ponían en ridículo incluso a los árboles celestiales.
    El coro plumoso de los Chatakas, cucos, loros y chakoras trinaba y los pavos reales bailaban armoniosamente.
    En el centro del jardín brillaba resplandecientemente un lago con escalones hechos de gemas multicolores.
    Sus aguas transparentes contenían lotos de muchos tonos y tenía la voz del arrullar de las aves acuáticas y del zumbar de las abejas.

    Tanto el Señor como Su hermano estaban maravillados de ver el jardín y su lago.
    Delicioso en grado sumo debía ser ese jardín que complació tanto a Sri Rama.

    Después de observarlo todo, y con el consentimiento de los jardineros, los hermanos se pusieron a coger hojas y flores.
    En ese mismo momento llegó allí Sita, enviada por Su madre para adorar a Girija.
    Iba acompañada de Sus doncellas, todas encantadoras e inteligentes.
    Cantaban melodías con una voz cautivadora.

    Cerca del lago se levantaba un templo, sagrado para Girija, hermosa por encima de toda descripción, y cautivaba la mente de aquellos que lo miraban.
    Después de sumergirse en el lago con Sus compañeras, Sita se acercó alegre al templo de Girija.
    Presentó su adoración con gran devoción y pidió a la Diosa un hermoso compañero digno de Ella.
    Una de Sus doncellas se había alejado para echar una ojeada al jardín, y después de ver a los dos hermanos, regresó a Sita llena de amor.
    Al ver el estado en que estaba la doncella, con su cuerpo tembloroso y los ojos llenos de lágrimas, sus compañeras le pidieron dulcemente: "Dinos qué alegra así tu corazón".

    "Han venido dos príncipes a ver el jardín, ambos jóvenes y encantadores en todos los aspectos, uno moreno y el otro rubio: ¿cómo podría describirles?
    Las palabras no pueden hacernos ver, y los ojos no pueden hablar."

    Todas las doncellas sintieron dichosas al escucharle.
    Al percibir el intenso anhelo de Sita, una de ellas dijo:
    "Deben ser los dos príncipes que llegaron ayer con el sabio Vishwamitra, y que han cautivado el corazón de los hombres y mujeres de la ciudad con el hechizo de su belleza.
    Aquí y en todas partes, sólo se habla de su hermosura. Debemos verles, pues merece la pena".

    Las palabras de la doncella agradaron mucho a Sita; Sus ojos estaban impacientes por ver a los príncipes.
    Siguiendo a Su buena amiga, Sita caminaba, y nadie se daba cuenta de que Su amor venía de muy atrás.
    Acordándose de las palabras de Narada, Sita se vio llena de amor inocente, y miraba a Su alrededor con ansiedad, como un cervatillo asustado.

    Al oír el tintinear de ajorcas, y de campanillas atadas a la cintura y los tobillos, Sri Rama pensó para sí y luego dijo a Lakshmana: "Parece como si Cupido hubiera tocado sus cimbales intentando conquistar el universo".
    Y diciendo esto, miró de nuevo en la dirección por la que venía el sonido y Sus ojos quedaron fijos en el rostro de Sita igual que el pájaro Chakora cuando contempla la Luna.
    Sus cautivadores ojos quedaron paralizados, como si Nimi, el dios del parpadeo, hubiera abandonado sus párpados por timidez.
    Sri Rama estaba extasiado al contemplar la belleza de Sita; en Su corazón había admiración, pero era incapaz de expresarla.

    Sentía que el Creador había puesto toda su habilidad creadora en esa forma visible y se la mostraba así al mundo entero.

    "Ella presta encanto al Encanto mismo -se decía-, y parece como si una llama de luz estuviera ardiendo en una casa de belleza.
    Las comparaciones empleadas por los poetas se quedan anticuadas y gastadas; ¿con quién podría comparar a la hija de Videha?"


    Maravillado ante el encanto de Sita y pensando en Su situación, el Señor habló a su hermano con palabras propias del momento:
    "Hermano, ella es la hija del rey Janaka, para quien se ha dispuesto el sacrificio de la postración.
    Ha sido acompañada por sus doncellas a adorar a la Diosa Gauri y se mueve por el jardín irradiando luz de su ser.
    Mi corazón, puro por naturaleza, se ve agitado a la vista de Su transcendente belleza.
    Sólo Dios sabe la razón de todo esto; pero en verdad, hermano, mis miembros están temblando, y eso es señal de buena suerte.
    Es un rasgo natural en los hombres de la raza Raghu que nunca pongan su corazón en actos perversos.
    Yo mismo tengo plena confianza en Mi mente, pues nunca ha deseado la mujer de otro.
    En este mundo raros son los hombres nobles que nunca huyen del enemigo ni se entregan a la esposa de otro hombre ni desprecian al mendigo."


    Sri Rama hablaba así a su hermano, Su mente, enamorada de la belleza de Sita, absorbía constantemente la belleza de Su rostro, como la abeja cuando chupa el néctar del loto.

    Sita miraba tímidamente a su alrededor; Su mente no comprendía a dónde habían ido los príncipes.
    Dondequiera que la princesa lanzaba Su mirada, parecía comenzar a llover un río de lotos blancos.
    Entonces Sus compañeras Le señalaron a los dos hermanos, detrás de unas enredaderas.
    Al contemplar la belleza de los príncipes Sus ojos se llenaron de pasión, como si hubieran descubierto un tesoro hace tiempo perdido.
    Y se quedaron paralizados a la vista de Sri Rama; y sus párpados también se olvidaron de moverse.
    Debido al exceso de amor, comenzó a perder conciencia de Su cuerpo, y parecía que el pájaro Chakora estuviera contemplando la luna otoñal.
    Recibiendo a Sri Rama en su corazón a través de los ojos, Ella lo dejó allí para siempre cerrando las puertas de sus párpados. Cuando Sus compañeras La encontraron tan rendida por el amor, no pudieron pronunciar palabra.

    En ese mismo momento, los hermanos salieron de entre una enramada.
    Parecía que un par de lunas inmaculadas hubieran roto un velo de nubes con su brillo.
    Los dos héroes eran la perfección misma de la belleza; el tono de sus cuerpos parecía un loto azul y otro amarillo respectivamente.
    Plumas de pavo real adornaban sus cabezas, llenas por todos lados de capullos.
    En sus frentes brillaba la señal sectaria y gotitas de sudor, y unos hermosos pendientes brillaban en sus orejas.
    Con los párpados arqueados y el pelo rizado, los ojos rojos como un capullo de loto y una preciosa barbilla, nariz y mejillas, sus sonrisas cautivaban el alma.
    La belleza de sus rostros era más de lo que se puede describir; dejaría avergonzados a miles de Cupidos.
    Llevaban un collar de piedras preciosas en el pecho; sus cuellos parecían una concha por su forma espiral, y sus fuertes brazos rivalizaban con el tronco de un joven elefante, encarnación misma de Cupido.
    Con una vasija llena de hojas y flores en Su mano izquierda, el moreno príncipe, mi amado, es encantador.

    Al contemplar al Rey de la raza solar, de cintura vigorosa como la de un león y vestido de amarillo, personificación de la belleza y la amabilidad, las compañeras de Sita llegaron a olvidar su propia existencia.

    Recobrándose, una de Sus inteligentes doncellas, tomó a Sita de la mano y le dijo: "Medita en Gauri después.
    ¿Por qué no contemplar a los príncipes ahora?"
    Entonces Sita abrió los ojos tímidamente y vio a los dos leones de la raza Raghu frente a Ella.
    Examinando la belleza de Sri Rama de los pies a la cabeza, y recordando el voto de Su padre, se sintió muy apenada y las doncellas de Sita, al verla tan enamorada, gritaban alarmadas: "Llegaremos muy tarde. Volvamos mañana a esta misma hora".
    Al decir esto, una de ellas sonreía para sí. Y Sita se sonrojó al escucharla.
    Sintió miedo de Su madre, pues veía que era ya muy tarde.
    Serenándose con mucho esfuerzo, recibió a Sri Rama en Su corazón y, consciente de Su dependencia de Su padre regresó a casa.

    Fingiendo que miraba a los ciervos, pájaros y árboles, volvía sus ojos una y otra vez; y cada vez que contemplaba al hermoso Héroe de la raza Raghu, Su amor por Él crecía.

    Desanimada ante el pensamiento del arco invencible de Shiva, Sita guardaba la imagen del cuerpo moreno en Su corazón.
    Cuando el Señor se dio cuenta de que la Hija de Janaka, fuente de dicha, afecto, gracia y bondad se iba, La dibujó en la hoja de su corazón con la dulce tinta del amor supremo.

    Luego Sita se dirigió al templo de Bhavani y, adorando sus pies, Le suplicó con las manos unidas:
    "Gloria, toda gloria a Ti, oh Hija del rey de la montaña!
    Gloria a Ti, que contemplas el rostro del gran Señor Shiva como el pájaro Chakora mira a la Luna.
    Gloria a Ti, Madre del cabeza de elefante Ganesha y del de seis caras Kartikeya y madre del universo, de miembros brillantes como el relámpago.
    Tú no tienes principio, medio, ni fin; Tu gloria infinita es un misterio incluso para los Vedas.
    Tú eres responsable del nacimiento, el mantenimiento y la destrucción del universo; Tú hechizas al mundo entero y llevas a cabo Tus acciones independientemente de los demás.
    De todas las buenas mujeres que adoran a sus esposos como a un dios, Madre, Tú ocupas el primer lugar.
    Tu inmensurable grandeza es más de lo que podrían contar mil Saradas y Sesas.
    Los cuatro regalos de la vida se alcanzan fácilmente sirviéndote a Ti, oh dadora de bienes, amada de Shiva.
    Todos los que adoran Tus pies de loto, oh Ser Resplandeciente, alcanzan la felicidad, ya sean dioses, hombres o sabios.
    Tú conoces bien el anhelo de mi corazón, pues moras siempre en todo corazón.
    Por eso he preferido no decírtelo abiertamente.
    "

    Con estas palabras, la Hija de Videha agarró los pies de la imagen.
    Bhavani se sintió emocionada por Su mansedumbre y devoción; la corona de la imagen se cayó y el ídolo sonrió.
    Sita colocó reverentemente el regalo divino sobre Su cabeza.
    El corazón de Gauri estaba lleno de gozo y habló así: "Escucha, Sita, mi infalible bendición: el deseo de Tu corazón se cumplirá.
    Las palabras de Narada son siempre verdaderas; el pretendiente en quien se ha fijado Tu corazón será ciertamente Tuyo.
    El pretendiente de tez morena y hermoso rostro de quien estás enamorada será ciertamente Tuyo.
    El gracioso y omnisciente Señor es consciente de Tu fidelidad y amor."


    Sita y Sus doncellas estaban muy dichosas al oír esta bendición de labios de Gauri.
    Adorando a la Diosa Bhavani una y otra vez, Sita regresó a Su hogar, con el corazón desbordante de gozo.
    Al ver que Gauri estaba complacida con Ella, Sita sentía una alegría indescriptible.
    Sus miembros izquierdos se pusieron a temblar, indicando Su buena suerte.

    Alabando interiormente la belleza de Sita, los dos hermanos regresaron a su Guru.
    Sri Rama relató todo lo sucedido a Kausika, pues era inocente de corazón y libre de maldad.
    Después de coger las flores, el sabio realizó sus prácticas devocionales y luego bendijo a los dos hermanos, diciendo:
    "Que todos los deseos de vuestro corazón se cumplan".
    Rama y Lakshmana estaban contentos de oír aquella bendición.

    Después de comer, el gran iluminado Vishwamitra, comenzó a recitar viejas leyendas.
    El día transcurrió así, y con el permiso del Guru, los hermanos se dirigieron a decir sus oraciones de la noche.
    Mientras tanto, la hermosa Luna se elevó en el horizonte; y al ver que su órbita se parecía a la cara de Sita, Sri Rama se sintió feliz pero luego el Señor pensó: "La reina de la noche no se asemeja a Sita.
    Nacida del océano, con el veneno por hermano, pálida y oscura durante el día y con un punto negro en su órbita, ¿cómo puede la miserable Luna compararse con el rostro de Sita?
    Además, la Luna crece y decrece; es la maldición de las doncellas enfermas de amor, y es devorada por Rahu cuando cruza su Órbita.
    Ella causa la angustia de Chakravaka y marchita el loto. Oh Luna, tú tienes muchos defectos.
    Debería sentirme culpable por haberte comparado con el rostro de la hija de Videha."


    Encontrando en la Luna un pretexto para alabar la belleza del rostro de Sita, y viendo que la noche había avanzado mucho, Sri Rama regresó a Su Guru; y postrándose a los pies de loto del sabio y recibiendo su permiso, se retiró a descansar.
    Al final de la noche, el Señor de los Raghus se despertó, y mirando a Su hermano, comenzó a hablar así':
    "Oh, hermano, el día ha amanecido para deleite del loto, del Chakravaka y del mundo entero".
    Uniendo sus manos, Lakshmana habló dulcemente, mostrando la gloria del Señor:
    "Después que ha amanecido el día, el lirio se ha marchitado y el brillo de las estrellas ha palidecido, igual que al enterarse de Tu llegada, todos los príncipes aquí reunidos se han desmayado.
    Aunque brillan como las estrellas, todos los príncipes juntos son incapaces de disipar la oscuridad profunda personificada en el arco.
    Y del mismo modo que los lotos, abejas, el Chakravaka y muchas otras aves se regocijan cuando pasa la noche, todos Tus devotos se alegrarán cuando el arco se quiebre.
    Mira, el Sol se ha levantado y la oscuridad ha desaparecido al instante. Las estrellas se han desvanecido, y la luz ilumina al mundo.
    Con la excusa de que se elevaba, oh señor de los Raghus, el Sol ha demostrado a todos los príncipes la gloria de mi señor.
    Para revelar el poder de Tus brazos se ha puesto en marcha el proceso para quebrar el arco."

    El Señor sonrió ante estos comentarios de Su hermano. Y luego, el que es puro por naturaleza realizó los actos diarios de purificación y se bañó, y al acabar la rutina diaria de la oración, fue a ver a Su Guru, y los dos hermanos inclinaron sus graciosas cabezas a sus pies de loto.

    Entretanto, el rey Janaka convocó a su maestro Satananda y le envió al sabio Kausika.
    Satananda comunicó a Vishwamitra la humilde sumisión de Janaka y Vishwamitra mandó buscar a los dos hermanos.
    Adorando los pies de Satananda, el Señor se sentó junto a Su Guru.
    Y entonces el sabio dijo: "Ven, hijo mío. Janaka nos ha llamado.
    Vayamos y veamos cómo Sita elige a su esposo. Todavía debemos ver a quién quiere honrar la Providencia."

    Y Lakshmana dijo: "Sólo merece gloria, mi señor, aquel que disfruta de tu favor".

    Todos los ermitaños se regocijaron al oír estas sabias palabras y con el corazón jubiloso le dieron su bendición.
    Acompañado por la multitud de ermitaños, el gracioso Señor se dirigió a visitar el terreno consagrado al sacrificio del arco.
    Los habitantes de la ciudad, al enterarse de que los hermanos habían llegado al lugar, se lanzaron a la calle, abandonando sus hogares y deberes-hombres y mujeres, jóvenes y ancianos, e incluso niños.
    Cuando Janaka vio que se había congregado tan gran muchedumbre, mandó llamar a sus siervos de confianza y dijo: "Id y conducid a la gente a sus asientos correspondientes.
    Con amabilidad y dulzura, los sirvientes sentaban a todos los ciudadanos, hombres y mujeres, en sus lugares, ya fueran nobles o medianos, humildes o bajos.

    Enseguida llegaron los dos príncipes, moradas de belleza, océanos de bondad, correctos en sus actos y galantes en su heroicidad, de formas cautivadoras, el uno moreno y el otro rubio.
    Brillando entre todos los príncipes, parecían dos lunas llenas en un círculo de estrellas.
    Todos miraban al Señor según el concepto que tenían de Él. Los que eran muy valientes en la lucha lo contemplaban como si fuera la heroicidad en persona.
    Los reyes malvados temblaban ante el Señor como si tuviera el aspecto más terrible.
    Los demonios, astutamente disfrazados de príncipes, veían al Señor como la Muerte en forma visible; y los ciudadanos miraban a los hermanos como ornamentos de la humanidad y deleite de sus ojos.

    Con alegría en sus corazones, las mujeres Le veían según la actitud mental de cada una, como si el sentimiento erótico mismo se hubiera manifestado en una forma totalmente única.
    Los sabios miraban al Señor en Su forma cósmica, con muchas caras, manos, pies, ojos y cabezas.
    ¿Y, qué aspecto tenía para los familiares de Janaka? El aspecto de un pariente amado.
    La reina y el rey Le miraban con el amor total que se tiene a un hijo querido.
    Para los Yoguis brillaba como la verdad suprema, complacido, inmaculado, y resplandeciente por naturaleza.
    Los devotos de Sri Hari contemplaban a los dos hermanos como sus amadas divinidades, fuente de todo gozo.
    El amor y la alegría con que Sita miraba a Sri Rama eran inefables.
    Sentía la emoción en Su pecho, pero no podía expresarlo, ¿cómo, entonces, va a poder describirla un poeta?

    Así pues, todas miraban al Señor de Ayodhya según su propia actitud mental hacia Él.
    Los dos bellos príncipes de Ayodhya brillaban así entre los reyes atrayendo las miradas de todo el universo.
    Ambos eran encarnaciones de una gracia natural, y ni millones de Cupidos podrían competir con ellos.
    Sus caras hacían avergonzarse a la luna otoñal, y sus ojos de loto cautivaban el alma.
    Sus miradas arrebataban el corazón del mismo Cupido, tan indescriptiblemente atractivas eran.

    De mejillas hermosas, orejas adornadas con pendientes, unos labios y barbilla encantadores, y dulce voz, su sonrisa hacía palidecer los rayos de la luna.
    Con arqueados párpados y una nariz perfecta, la señal sagrada brillaba en sus amplias frentes, y sus rizos parecían enjambre de abejas.
    Gorros amarillos de forma rectangular, adornados con dibujos de capullos, adornaban sus cabezas.
    Sus cuellos eran de forma espiral y tenían una línea triple que parecía una filigrana que representaba la belleza en los tres mundos.

    Su pecho iba adornado con collares de perlas, tornados de la frente de elefantes y guirnaldas de hojas de Tulasi.
    De hombros parecidos a la espalda de un toro, se asemejaban a los leones, y tenían unos brazos largos y fuertes.
    A su espalda llevaban una aljaba atada con un trapo amarillo ceñido a la cintura, y sostenían una flecha en la mano derecha, mientras que del hombro izquierdo colgaba un arco y una bonita cuerda sagrada, también de color amarillo.
    En resumen, los dos príncipes eran hermosos de los pies a la cabeza.

    Todos los que los veían se sentían dichosos, la gente los contemplaba sin pestañear, y sus pupilas tampoco se movían.
    El mismo rey Janaka se regocijaba al verlos, en este momento él se dirigía a los pies de loto del sabio.
    Tomando sus pies, y presentándole sus bendiciones, le relató su historia y le enseñó todo el terreno.
    Dondequiera que se hallaran los elegantes príncipes, todos les miraban maravillados.
    Todo hombre veía que Sri Rama le miraba a él, pero nadie podía comprender este gran misterio.
    El sabio dijo al rey que los preparativos eran espléndidos y el rey se sintió muy complacido y satisfecho.

    Entre todos los círculos de asientos había uno más hermoso, brillante y amplio; el rey sentó allí a los dos hermanos y al sabio.
    Los reyes se desvanecieron al ver al Señor, igual que las estrellas palidecen cuando aparece la luna llena.
    Pues interiormente todos estaban seguros de que Rama rompería el arco, y que, aunque el enorme arco de Shiva fuera demasiado fuerte para él, Sita no dudaría en colocar la guirnalda de la victoria en Su cuello.
    Y se decían unos a otros: "Hermanos, teniendo esto en cuenta, regresemos a casa, olvidándonos de toda gloria, fama, fuerza y orgullo".
    Otros príncipes, cegados por la ignorancia y el orgullo, se reían de ellos y decían: "La unión con la princesa es algo muy difícil para Rama, aunque consiga romper el arco y, además, ¿cómo va a casarse con ella si no lo rompe?
    Si la Muerte misma se pusiera en contra nuestra, la conquistaríamos por el bien de Sita".

    Al oír esto, otros príncipes piadosos, sensatos y devotos de Sri Hari, sonreían y decían:
    "Rama se casará con Sita para el infortunio de estos príncipes arrogantes pues, ¿quién puede vencer a los valientes hijos de Dasaratha?
    No seáis tan fanfarrones y malgastéis así vuestras vidas; el hambre no se sacia con dulces imaginarios.
    Escuchad mi consejo: estad seguros de que Sita es la Madre del universo. Y, reconociendo al Señor de los Raghus como padre del universo, deleitad vuestros ojos llenándolos con Su belleza.
    Fuentes de gozo y de virtud, estos hermanos moran en el corazón de Sambhu.
    Abandonando el océano de néctar, que está tan cercano, ¿por qué corréis persiguiendo el espejismo y la muerte?
    Si no, haced lo que queráis, nosotros, por nuestra parte, hemos cosechado hoy el fruto de nuestro nacimiento."

    Diciendo esto, los buenos reyes volvieron a observar con afecto la imagen de incomparable belleza, mientras que en el cielo los dioses contemplaban el espectáculo desde sus carros aéreos y, haciendo caer flores, entonaban dulces melodías.

    Viendo que había llegado el momento, Janaka hizo llamar a Sita; y Sus doncellas, todas hermosas y justas, La acompañaron con el honor debido.
    La belleza de Sita está más allá de toda descripción, pues Ella es la Madre del universo y la encarnación del encanto y la pureza.

    Todas las comparaciones me parecen pobres, pues se refieren a los miembros de las mujeres mortales.
    ¿Si describo a Sita con la ayuda de esas comparaciones, acaso tendré fama de ser un poeta indigno y de mala reputación?
    Si quisiéramos comparar a Sita con cualquier mujer de esta creación material, ¿en qué lugar podríamos encontrar una dama tan encantadora?
    La diosa del lenguaje, por ejemplo, es una charlatana; y Bhavani tiene sólo medio cuerpo (el otro medio es el de su Señor, Shiva). Y Rati, la esposa del Amor, está muy preocupada pensando que su esposo no tiene forma.
    Y está claro que no podemos comparar a la Hija de Videha con Rama, que tiene por hermanos al veneno y el licor espiritual.

    Suponiendo que hubiera un océano de néctar en forma de belleza, y la tortuga que sirviera para cruzarlo fuera una encarnación de la belleza suprema, y si el esplendor mismo tomara la forma de una cuerda, y el sentimiento amoroso cristalizara y tomara la forma del Monte Mandara y el dios del amor revolviera este océano con sus propias manos, y si al revolverlo naciera Lakshmi, fuente de toda belleza y felicidad, el poeta no podría ni siquiera por un momento compararlo con Sita.

    Las compañeras de Sita la escoltaron hasta el lugar, cantando con voz melodiosa.
    Un hermoso Sari adornaba Su cuerpo joven; la Madre del universo era incomparable en Su exquisita belleza.
    Se habían colocado adornos de todas clases en el lugar adecuado, y cada parte del cuerpo había sido engalanado por las doncellas con gran esmero.

    Cuando Sita llegó, tanto hombres como mujeres quedaron fascinados por Sus encantos.
    Los dioses hicieron sonar alegremente sus cimbales, mientras que damas celestiales hacían llover flores y cantaban sin cesar.
    En sus manos de loto resplandecía la corona de la victoria, mientras lanzaban una veloz mirada a todos los príncipes.

    Cuando Sita buscaba a Sri Rama con ansiedad, los príncipes se encontraban dominados por la infatuación.
    Al fin, Sita descubrió a los dos hermanos al lado del sabio, y Sus ojos se posaron en ellos como en un tesoro hacía tiempo perdido.
    Por la timidez natural que sentía en presencia de los mayores, y a la vista de tan grande asamblea, Sita se estremeció, y recibiendo al Héroe de los Raghus en Su corazón, volvió la mirada a Sus compañeras.

    Contemplando la belleza de Sri Rama y el encanto de Sita, hombres y mujeres se olvidaban de cerrar los párpados.
    Todos se sentían emocionados pero no podían hablar; e interiormente rezaban al Creador:
    "Oh Creador, haz que desaparezca pronto la estupidez de Janaka y dale comprensión como a nosotros, para que sin el menor escrúpulo abandone su voto y deje que Sita se case con Rama.
    Así el mundo hablará bien de él y la idea será del agrado de todos.
    Y si, por otro lado, sigue empeñado en su locura, al final se arrepentirá.
    Todos sienten que el joven de tez morena es un buen pretendiente para la hija de Janaka".

    Janaka convocó a los heraldos, y todos vinieron alabando su linaje. Y el rey dijo: "Id por todas partes y proclamad mi voto".
    Y ellos comenzaron a cumplir su misión, con no poca alegría en su corazón.
    Y los mensajeros pronunciaban estas palabras:
    "Escuchad, príncipes, con los brazos en alto os anunciamos el voto del Videha:
    'La fuerza de los príncipes es como la Luna y el arco de Shiva es el planeta Rahu; es inmenso e indomable, como todos sabéis.
    Hasta los grandes guerreros Ravana y Banasura se alejaron sigilosamente al ver Su arco.
    Quien en esta asamblea real rompa hoy el arco inflexible de Shiva se desposará sin duda con la hija de Videha y triunfará en los tres mundos'."

    Al escuchar este voto, los príncipes sintieron crecer su anhelo, mientras los orgullosos de su valor se encontraban indignados.
    Aprestándose para la lucha se levantaban con impaciencia y, postrándose a su deidad elegida, comenzaban a guerrear.
    Lanzaban una mirada de ira al arco de Shiva, luchaban con él firmemente y ejercían toda su fuerza; pero el arco no se levantaba.
    Sin embargo, los príncipes que tenían algo de sentido común, ni siquiera se acercaban al arco.
    Los reyes locos luchaban con indignación contra el arco, y se retiraban confundidos cuando éste rehusaba moverse, y parecía que se hacía cada vez más poderoso a medida que absorbía la fuerza del brazo de cada guerrero.
    Entonces, diez mil reyes se decidieron a levantarlo a la vez, pero todos los intentos resultaban vanos.
    El arco de Sambhu no se inmutaba, de la misma forma que la mente de una doncella virtuosa no se rinde a las palabras de un hombre galante.
    Los príncipes eran objeto de burla. Regresaban habiendo perdido irremediablemente su fama, gloria y valor ante el arco.
    Confusos y descorazonados, los reyes volvían y se sentaban entre los suyos.
    Viendo a los reyes tan frustrados, el rey Janaka se impaciento y lleno de ira dijo:
    "Al oír mi voto, muchos reyes han acudido de diversas partes del globo; dioses y demonios en forma humana y muchos otros héroes, valientes en la lucha, se han reunido.
    El premio es una esposa encantadora, un gran triunfo y un prestigio espléndido, pero parece que Brahma todavía no ha creado al hombre que pueda romper el arco y ganar esa recompensa...
    Decidme, ¿quién no desearía ese premio? Sin embargo, nadie ha podido quebrar el arco.
    No hablemos de quebrarlo o romperlo, ninguno de vosotros ha podido moverlo ni siquiera una pulgada de su sitio.
    Pero nadie que se enorgullezca de su valor debe sentirse ofendido, pues a mí me parece que no queda ni un héroe sobre la Tierra. Abandonad toda esperanza y regresad a vuestros hogares. La Providencia no desea que Sita se case.
    Mis méritos religiosos desaparecerán si dejo mi voto. La princesa debe seguir soltera, ¿qué puedo hacer yo?
    Si hubiese sabido, hermanos, que ya no hay héroes en el mundo, no me hubiera arriesgado a tomar ese voto."

    Todos los que oyeron las palabras de Janaka, tanto hombres como mujeres, se sentían apenados al ver a Janaki.
    Sin embargo, Lakshmana se indignó: su ceño se frunció, sus labios temblaban y de sus ojos salía fuego.
    Por temor a Sri Rama no podía hablar, aunque las palabras de Janaka habían atravesado su corazón como una flecha; pero al final, postrando su cabeza a los pies de loto de Sri Rama, habló palabras llenas de verdad:
    "En una asamblea donde se halle presente alguien de la raza Raghu, nadie se atrevería a pronunciar las palabras de Janaka, siendo además consciente de la presencia de Sri Rama, Joya de la raza Raghu."
    Y volviéndose a su hermano, añadió: "Escuchad, oh Deleite de la raza solar, Te digo sinceramente, sin ninguna presunción o vanidad: si tuviera Tu permiso, levantaría el mundo como si fuera una pelota y lo rompería como una jarra de arcilla mal cocida, y por la gloria de Tu majestad, oh bendito Señor, sé que puedo romper el Monte Meru como si fuera un rábano.
    ¿Qué es entonces este miserable y viejo arco?
    Siendo así, Señor, dame Tu orden y ve las maravillas que puedo hacer.
    Quebraré el arco como si fuera un tallo de loto y correré con él no menos de ochocientas millas.

    Por el poder de Tu gloria, oh Señor, lo destruiré como si fuera el tallo de una seta.
    Y si fallo, juro por Tus pies que nunca tocaré un arco ni volveré a agitarlo."

    Mientras Lakshmana hablaba así, la tierra tembló, y los elefantes que sostenían el mundo se tambalearon.
    Toda la asamblea quedó paralizada de terror; Sita se sintió muy complacida, y Janaka se sonrojó.
    El maestro Vishwamitra, el Señor de los Raghus y todos los ermitaños estaban jubilosos y se estremecían de gozo.

    Con una señal, Sri Rama llamó a Lakshmana y le hizo sentarse a Su lado.
    Viendo que el momento era propicio, Vishwamitra dijo con palabras cariñosas:
    "Levántate, Rama, rompe el arco de Shiva y libera a Janaka de su angustia".

    Al oír las palabras del Guru, Sri Rama postró la cabeza a sus pies; en Su corazón no había alegría ni tristeza.
    Se levantó con toda su gracia natural, ridiculizando a los leones con Su elegante presencia.
    Cuando el Rey de los Raghus se levantó como el sol de la mañana cuando aparece en oriente, los santos se sintieron dichosos como lotos y sus ojos se alegraron como las abejas cuando nace el día.
    Las esperanzas de los reyes enemigos se desvanecieron como la noche, y sus alardes murieron como las estrellas.
    Los príncipes arrogantes se marchitaban como los lirios y los falsos reyes se sobrecogían como búhos.
    Sabios y dioses, como el pájaro Chakravaka, quedaban libres de su dolor y tiraban flores en señal de alabanza.

    Adorando con amor los pies del Guru, Sri Rama pidió permiso de los santos padres.
    El Señor de toda la creación se puso a caminar con Su gracia natural, con el paso de un noble y hermoso elefante en celo.
    Mientras Sri Rama iba hacia delante, los hombres y mujeres de la ciudad se regocijaban y se estremecían.
    Invocando a los manes y dioses, y recordando los actos buenos del pasado, rezaban:
    "Si nuestros méritos son de algún valor, oh señor Ganesha, haz que Rama rompa el arco de Shiva como si fuera el tallo de un loto".

    Contemplando con amor a Sri Rama, y diciendo a Sus compañeras que se acercaran, la madre de Sita habló palabras de dolor por el cariño que sentía: "Quienes se hacen llamar nuestros amigos, son sólo espectadores; nadie dice al maestro Vishwamitra que los dos príncipes son todavía niños y que su insistencia es una locura.
    Sabiendo que Ravana y Banasura ni siquiera tocaron el arco y que los otros reyes fueron burlados a pesar de todos sus alardes, es extraño que él pusiera el mismo arco en manos de este joven príncipe.
    ¿Pueden los cisnes llegar a levantar el Monte Mandara?
    El buen sentido ha abandonado al rey, y nadie sabe lo que nos traerá la Providencia, queridos amigos."

    Una de sus agudas compañeras contestó gentilmente: "Los gloriosos no deben ser mirados con ligereza, reina. ¿Qué comparación hay entre el sabio Agastya, que nació de un jarro, y el vasto océano?
    Sin embargo, el sabio lo dejó seco, y su buena fama se ha extendido en todo el mundo.
    Cuando miras la órbita del Sol, te parece pequeña, pero en el momento que se eleva, la oscuridad de los tres mundos desaparece.

    Ciertamente una formula sagrada es muy pequeña aunque tiene bajo su poder a Brahma, Hari, Hara y a todos los dioses.
    Un pequeño aguijón subyuga al más fuerte y furioso de los elefantes.

    Armado con un arco y flechas de flores, Cupido ha conseguido dominar a todo el universo.
    Así pues, hermosa doncella, no tengas ninguna duda. Te aseguro, oh reina, que Rama romperá el arco."

    La reina se sintió tranquila con estas palabras de su compañera.
    Su desaliento desapareció y su amor por Sri Rama creció.
    Entonces, mirando a Sri Rama, la hija de Videha imploro ansiosamente a todos los dioses por separado.
    Y rezó interiormente con la mente apenada:
    "Tened piedad de mí, oh gran Señor Shiva y Bhavani, y por amor a mí, y los servicios que os he prestado, aligerad el arco.
    Oh dios Ganesha, jefe de los ayudantes de Shiva, dador de favores, siempre te he adorado por este día.
    Escucha mi súplica y haz que el peso del arco disminuya lo más posible
    "

    Contemplando largamente a Sri Rama, y reuniendo valor, Sita rezó a los dioses.
    Sus ojos se llenaban de lágrimas de amor y el vello de Su cuerpo se erizaba.
    Y se deleitaba llenándose con la belleza de Sri Rama; pero al pensar en el voto de Su padre, Su mente se inquietaba, Y se decía:
    "Mi padre ha tomado una decisión terrible, al no tener en cuenta las consecuencias que se pueden producir.
    Los ministros tienen miedo; por tanto, ninguno le da buenos consejos.
    Se hace todavía más penoso tratándose de una asamblea de hombres sabios.
    Mientras que a un lado se levanta el arco, más duro que el diamante, al otro lado vemos a ese príncipe moreno de cuerpo delicado y tierna edad.
    ¿Cómo, entonces, voy a mantener mi mente ecuánime?
    ¿Acaso el diamante es atravesado con el tallo puntiagudo de una flor Sirisa?
    La sabiduría de la asamblea se ha trastornado; por ello mi única esperanza está en ti, oh arco de Sambhu.
    Reparte tu peso entre la asamblea y aligérate al contemplar la grandeza de Sri Rama
    ".

    Sita sentía su corazón muy agitado; un instante se le hacía tan largo como cien Eras.
    Contemplando ora al Señor, ora al suelo, Sus inquietos ojos brillaban como si los peces de Cupido se divirtieran en la órbita de la Luna.
    Cautivas en Su boca de loto, Sus palabras no querían salir por miedo a la noche de la modestia.
    Las lágrimas permanecían encerradas en sus ojos, igual que el oro de un hombre avaro se queda enterrado en un escondrijo de la casa.
    Sita se sintió avergonzada al darse cuenta de lo confusa que estaba Su mente; reuniendo valor en Su corazón, Se dijo con confianza: "Si soy sincera con mi voto en pensamiento, palabra y obra, y si mi mente está realmente unida a los pies de loto de Sri Rama, estoy segura de que Dios, que yace en todos los corazones, me hará la esclava de Sri Rama; pues sin duda todo ser quiere ser una con aquel que ama verdaderamente".

    Mirando de nuevo al Señor, Ella decidió que le amaría incluso a costa de Su vida.
    Sri Rama, encarnación de la compasión, lo comprendió todo, mirando a Sita, observó el arco como Garuda, rey de los pájaros y enemigo de las serpientes, observa a una serpiente recién nacida.
    Lakshmana, al ver que la Joya de la raza Raghu había echado una ojeada al arco de Hara, sintió que todo su cuerpo se estremecía y pronunció estas palabras, pisando con firmeza la corteza de la tierra:
    "Oh elefantes que guardáis los puntos cardinales, oh tortugas divina, oh rey serpiente, oh divino jabalí, sujetad firmemente la Tierra para que no se estremezca.
    Sri Rama va a quebrar el arco de Sankara; por tanto, escuchad mi mandato y estad listos."

    Cuando Rama se acercó al arco, los hombres y mujeres presentes invocaban de Su parte la ayuda de los dioses y de sus buenas acciones pasadas.
    Las dudas e ignorancia de todos los reunidos, la arrogancia de los reyes locos, las orgullosas pretensiones de Parasurama, Rey de la raza Bhrgu, la aprensión de dioses y grandes sabios, la tristeza de Sita, el remordimiento del rey Janaka y el fuego del terrible sufrimiento de la reina, todas estas cosas se reunieron en la gran corteza del arco de Sambhu, con cuya ayuda, deseaban cruzar el océano ilimitado de la fuerza de Sri Rama; pero no había timonel que guiara el barco.

    Rama miró primero a la muchedumbre reunida y les vio como figuras inmóviles de un dibujo.
    Luego el gracioso Señor dirigió la mirada a Sita y vio que estaba muy apenada.
    Cada instante que transcurría pesaba sobre Ella como toda una vida del universo.
    Si un hombre muere de sed, ¿de qué le sirve un lago de néctar después de muerto?
    ¿De qué sirve una lluvia cuando toda la cosecha se ha secado?
    ¿De qué vale arrepentirse de una oportunidad perdida?

    Pensando así, el Señor miró a la Hija de Janaka y se estremeció al ver su incomparable devoción.
    Interiormente se postró a Su maestro Vishwamitra, y tomó el arco con gran destreza.
    Al cogerlo en Su mano, el arco brillaba como un relámpago. Y luego parecía un círculo en el cielo.
    Nadie se dio cuenta de cuándo lo tomó en Sus manos, tocó sus fibras y lo enderezó; sólo vieron cuando ya estaba de pie con el arco tensado.
    Y en un instante Rama partió el arco en dos mitades, y un ruido ensordecedor resonó en todas las esferas.
    El estruendo llegó a todas las esferas; los caballos del dios Sol se desviaron de su curso; los elefantes de los puntos cardinales tocaron la trompeta, la tierra tembló; el rey-serpiente, el jabalí divino y la tortuga divina se estremecieron.
    Dioses, demonios y sabios se taparon los oídos, y todos comenzaron a pensar en la causa del ruido, pero cuando supieron, dice Tulsidas, que Sri Rama había quebrado el arco, lanzaban gritos de júbilo.

    El arco de Sankara era la corteza, y la fuerza de Rama era el océano que debía cruzarse con su ayuda.
    Todos los mencionados anteriormente que habían embarcado en ese árbol por ignorancia, se ahogaron con él.
    El Señor arrojó al suelo los dos trozos del arco, y todos se regocijaron al verlo.
    Vishwamitra aparecía como el santo en el océano, lleno de la dulce e insondable agua del amor.
    Al contemplar la belleza de Sri Rama, parecida a la luna llena, el sabio sintió crecer en él un estremecimiento de gozo, comparable a la marea cuando sube en el océano.
    En los cielos sonaban con gran fuerza los cimbales; damas celestiales cantaban y bailaban.
    Brahma y los otros Siddhas y grandes sabios alababan al Señor y le bendecían lloviendo sobre Él guirnaldas y flores de muchos colores; los Kinnaras entonaban dulces melodías.
    Los gritos de victoria producían un eco en todo el universo; el estruendo que siguió al romper el arco cesó.
    Todos repetían con alegría que Rama había roto el inmenso arco de Sambhu.
    Bardos juglares y panegíricos cantaban alabanzas y todos daban sus caballos, elefantes, riquezas, joyas y vestidos para invocar las bendiciones de Dios sobre el joven héroe.
    Se oía el sonido de cimbales y tambores, conchas y clarinetes, y dulces timbales, grandes y pequeños, además de muchos otros instrumentos.
    En todas partes jóvenes doncellas cantaban melodías auspiciosas.

    La reina estaba muy complacida como si una cosecha marchita de trigo se hubiera renovado con la lluvia.
    El rey Janaka se sentía despreocupado, y sentía mucha gratitud como si fuera un nadador cansado que llega a la orilla.
    El rostro del rey cayó al romperse el arco, igual que la lámpara palidece al amanecer.
    El gozo de Sita sólo se podía comparar al de un pájaro hembra Chataka al recibir una gota de lluvia cuando el Sol está en la misma longitud que la constelación Swati.
    Lakshmana fijaba sus ojos en Rama como el joven pájaro Chakora contempla la Luna.

    Entonces Satananda dio el consentimiento, y Sita avanzó hacia Rama.
    Acompañada por Sus hermosas doncellas, que cantaban himnos de gloria, Sita caminaba como un cisne, y Sus miembros poseían un encanto infinito.
    En medio de Sus compañeras Sita brillaba como la personificación de la belleza suprema entre otras encarnaciones de la belleza.
    En una de Sus manos de loto llevaba la guirnalda de la victoria, resplandeciente con la gloria del triunfo sobre todo el Universo.
    Mientras que Su cuerpo se encogía de modestia, Su corazón estaba lleno de éxtasis; Su amor, oculto, no podía ser percibido por los demás.
    Sita se acercaba y contemplaba la belleza de Sri Rama, y en un momento se quedó inmóvil como una estatua.
    Una de Sus compañeras, viéndola en ese estado, la animó diciéndole: "Coloca al novio la hermosa guirnalda de la victoria".

    Entonces Ella levantó la guirnalda con sus dos manos, pero su emoción era demasiado grande para poder ponérsela.
    En ese momento sus manos alzadas brillaban como si un par de lotos con sus tallos estuvieran invistiendo tímidamente a la Luna con una corona de victoria.
    Ante escena tan encantadora, Sus compañeras estallaron en una canción, mientras Sita colocaba la guirnalda de la victoria en el cuello de Sri Rama para adornar Su pecho.
    Al ver la guirnalda en el pecho de Sri Rama, los dioses arrojaban flores desde el cielo, y los reyes se estremecían en su confusión, como lirios a la salida del Sol.
    Había música en la ciudad y en los cielos; mientras los malvados estaban abatidos, los virtuosos irradiaban felicidad.
    Dioses, Kinnaras, hombres, Nagas y grandes sabios pronunciaban bendiciones con gritos de victoria.
    Damas celestiales bailaban y cantaban, y puñados de flores caían sin cesar.
    Por todos lados los brahmanes recitaban los Vedas, y los panegíricos cantaban alabanzas.
    Las buenas noticias de que Sri Rama había roto el arco y había ganado la mano de Sita se extendieron por toda la Tierra, las regiones subterráneas y los cielos.
    La gente de la ciudad movía antorchas alrededor de la pareja para dispersar el mal; y sin tener en cuenta sus posesiones, repartían regalos en abundancia para invocar las bendiciones divinas sobre ellos.

    La pareja de Sri Rama y Sita brillaba como si la belleza y el sentimiento amoroso se hubieran encontrado en forma humana.
    Y Sus compañeras le decían: "Sita, agarra los pies de tu Señor".
    Pero Sita tenía demasiado miedo de tocar Sus pies.
    Acordándose del destino de la esposa del sabio Gautama, Ahalya, no quería tocar Sus pies con las manos; la Joya de la raza Raghu sonreía en su interior al ver Su absoluto amor.

    Mientras miraban a Sita, algunos príncipes se llenaban de anhelo hacia Ella, y los seres perversos y degenerados se indignaban cada vez más.
    Levantándose de sus asientos y poniéndose su armadura, los miserables empezaban a retirarse.
    Alguien dijo: "Lleva tú a Sita a la fuerza y capturemos a los dos hermanos como rehenes.
    El simple hecho de romper el arco no servirá de nada, pues, ¿quién se casará con la princesa si nosotros seguimos vivos?
    Y si Janaka viniera a ayudarles, derrotadle junto a los dos hermanos".

    Cuando los reyes buenos oyeron esto, dijeron: "La vergüenza misma siente temor al acercarse a esta asamblea de príncipes.
    Vuestro poder, gloria, valor, fama y honor se han visto amenazados por el arco ¿es ese mismo valor del que ahora os enorgullecéis o habéis adquirido otro nuevo desde entonces?
    Dios ha oscurecido vuestros rostros con vuestra mente perversa.
    Dejando a un lado los celos, la arrogancia y la ira, deleitad vuestra mirada en Rama; y sabiendo que la ira de Lakshmana es como un fuego ardiente, no le obliguéis a que os con suma como a una polilla.

    Como el cuervo busca la ofrenda dedicada a Garuda, y el conejo codicia la presa del león, como el hombre enojado sin razón espera la felicidad, como un enemigo de Shiva desea toda clase de riquezas, como un hombre avaro y codicioso anhela la fama, y como el galante aspira a liberarse del escándalo, y como aquel que no ama los pies de Sri Hari suspira por el destino más alto, vuestro anhelo por Sita, oh príncipes, es de la misma categoría."

    Cuando Sita oyó el tumulto, sintió miedo y Sus doncellas La llevaron a la reina; mientras tanto, Sri Rama se acercaba a Su Guru, con la mente tranquila y alabando Su amor en Su interior.
    Las reinas, al igual que Sita, estaban llenas de ansiedad y se preguntaban qué les guardaría la Providencia para el futuro.

    Al oír a los príncipes, Lakshmana miró a su alrededor; pero, por temor a Rama, no podía hablar.
    Con los ojos encendidos y el ceño fruncido, lanzó una mirada de ira a los reyes, como si a la vista de un rebaño de elefantes salvajes, un cachorro de león estuviera ansioso de saltar sobre ellos. [...]
    Durante la boda entre Sri Rama y Sita:
    [...] Después de adornar a Sita y formando un círculo en torno a ellas las llevaron alegremente al pabellón.
    Cada una de las doncellas era hermosa y, adornadas de las dieciséis formas establecidas, se movían con la gracia de un elefante en celo. Al sonido de las melodías, los sabios se veían obligados a dejar su meditación, y hasta los cucos del Amor se sentían avergonzados.
    Sita, en su innata belleza brillaba entre el grupo de doncellas como la personificación de la Belleza en medio de las Gracias.
    La elegancia del cuerpo de Sita hacía enmudecer a todos; mi ingenio es muy pobre, y Su encanto, ilimitado.
    Cuando los familiares del novio vieron acercarse a Sita, verdadera fuente de belleza e inmaculada en todo su ser, la saludaron desde el fondo de sus corazones.

    Al ver a Janaki, Rama sintió que el deseo de su corazón se había cumplido. Dasaratha y sus hijos se sentían muy dichosos.
    Los dioses expresaban su obediencia y arrojaban flores.
    Los sabios pronunciaban bendiciones; las canciones de las doncellas unidas al sonido de los timbales producían una sinfonía majestuosa; hombres y mujeres se perdían entre el amor y el júbilo reinantes.

    Así fue como Sita entró en el pabellón, mientras que los sabios recitaban textos propiciatorios.
    Los dos maestros, Vasistha y Satananda, realizaron los ritos religiosos según las costumbres familiares.
    Después los Gurús instaron a los brahmanes a que adoraran a la Diosa Gauri y a Su hijo Ganesha; los dioses aceptaron el homenaje y dieron su bendición.
    Cualquier sustancia auspiciosa que desearan mentalmente los sabios en cualquier momento, como por ejemplo una mezcla de miel era servida al instante por los ayudantes que traían bandejas y cántaros de oro llenos de esa sustancia.

    Después de invitar a Sita a que adorase a los dioses, los sabios le asignaron un trono magnífico.
    El amor con que se miraban Sita y Rama no podía ser percibido por nadie más.
    Estaba fuera del alcance de las mentes más desarrolladas o de las palabras más hermosas: ¿cómo entonces, lo podría expresar el poeta?
    Mientras se ofrecían oblaciones al fuego sagrado, el dios fuego en persona las aceptaba lleno de complacencia; y los Vedas disfrazados de brahmanes dirigían la ceremonia nupcial.
    ¿Qué palabras pueden describir a la esposa de Janaka y madre de Sita?

    El Creador se había quedado exhausto de tanta gloria, virtud, alegría y belleza que había derramado sobre ella.

    Llegado el momento, los sabios la llamaron, y en respuesta a su llamada, mujeres casadas la trajeron con el honor debido.
    La reina Sunayana brillaba a la izquierda de Janaka como Mena al lado de Himavan.
    El rey y la reina traían y colocaban con sus propias manos ante Sri Rama, jarros de oro y hermosas bandejas de joyas llenas de agua santa, perfumada y auspiciosa.
    Los sabios recitaban los Vedas y de vez en cuando caían flores del cielo.
    La pareja real estaba extasiada al ver al Novio, y comenzaron a lavar Sus Santos pies.
    Al hacerlo, sus cuerpos se estremecían de emoción.

    Los pies de loto que brillan eternamente en la morada del lago de Shiva, por cuyo pensamiento la mente se limpia y todas las impurezas de Kali se disipan, los pies por cuyo contacto la esposa del sabio Gotama, llena de pecado, alcanzó la salvación, y cuyo néctar en forma del río Ganges adorna la cabeza de Sambhu, y es considerado por los dioses como lo más santo de este mundo, esos pies a quienes acuden los sabios y místicos alcanzando placer supremo, son los mismos pies que el afortunado Janaka lavaba entre gritos de victoria procedentes de todos los rincones.

    Juntando las manos de la Novia y el Novio, los dos sacerdotes de las familias recitaron sus genealogías respectivas; y, al ver que el Novio había aceptado la mano de la Novia, Brahma y las otras divinidades, hombres y sabios se llenaron de gozo.
    Y tras realizar todos los ritos prescritos por los Vedas y el uso familiar, el glorioso rey Janaka dio Su Hija al Novio.
    Igual que Himavan dio a Girija al gran Señor Shiva, y el dios de los mares concedió Sri a Hari, Janaka dio Sita a Rama y con ello ganó una fama nunca alcanzada antes por nadie.

    El rey Videha era incapaz de suplicar, pues aquel príncipe de cuerpo moreno había dado cumplimiento a su nombre (Videha) haciéndole perder conciencia de su propio cuerpo.

    Ofrecidas las oblaciones al fuego sagrado, las puntas de los vestidos de la Novia y el Novio se entrelazaron como señal de su unión indisoluble y la pareja comenzó a andar alrededor del fuego, para mostrar que los dos habían sido unidos en presencia del dios fuego como testigo.
    El Novio y la Novia caminaban con paso elegante, y todos los presentes se deleitaban contemplando la escena.
    La hermosa pareja era indescriptible, toda comparación quedaría corta. Sus cuerpos se reflejaban en las columnas de joyas y brillaban como si el Amor y su esposa Rati fueran testigos de la boda inigualable de Sri Rama y aparecieran en diferentes cuerpos.
    Su curiosidad y desconcierto eran igualmente gran des; por eso se revelaban y desaparecían de la vista una y otra vez.

    Gozosamente los sabios pedían a la Novia y el Novio que caminaran alrededor del fuego y cumplieran con todos los ritos, incluyendo los regalos de ceremonia.
    Sri Rama puso bermellón en la frente de Sita.
    Parecía como si con un loto sobrecargado de polen rojizo, una serpiente sedienta de néctar adornase la Luna.
    Luego Vasistha dio la señal, y la Novia y el Novio se sentaron en el mismo lugar.

    Al contemplar a Sri Rama y Janaki juntos, la alegría corría por las venas del rey Dasaratha al ver cómo el árbol de sus buenas obras daba nuevos frutos.
    El júbilo reinaba en todo el universo, todos proclamaban que ya se había realizado la boda de Sri Rama.
    ¿Cómo se podría describir la alegría ilimitada que había en todas partes?
    Luego por orden de Vasistha, Janaka llamó a las otras tres princesas, Mandavi, Srutakirti y Urmila, todas vestidas de novias.

    Dio en matrimonio a la hija mayor de su hermano menor Kusaketu, encarnación de la bondad, virtud, alegría y belleza, a Bharata después de realizar con amor todos los ritos y con todo honor, dio a Lakshmana la hermana menor de Janaki, Urmila, joya entre las muchachas hermosas.
    Luego el rey dio a Ripusudana la princesa Srutakirti, mina de todas las virtudes, y bien conocida por su belleza y amabilidad.
    Cuando cada pareja de novio y novia vio que estaban unidos al ser apropiado para cada uno se sintieron tímidos, pero se regocijaban en su corazón; todos aplaudían la belleza de cada pareja, y los dioses tiraban flores sin cesar.

    Las hermosas novias y los atractivos novios brillaban en el mismo pabellón como si los cuatro estados de conciencia con el alma reinando sobre todos ellos, brillaban al mismo tiempo en el corazón de las personas.
    El rey de Ayodhya se sentía dichoso de ver a sus cuatro hijos con sus novias, como si esa joya de los monarcas hubiera realizado los cuatro fines de su vida con los cuatro procesos de su realización. [...]
    Cumpliendo el deseo de Kaikeyi, el rey Dasaratha envía a Sri Rama al exilio por catorce años:
    [...] En ese momento Sita se enteró de lo ocurrido y se levantó muy preocupada.
    Se acercó a Su suegra y se sentó, postrándose ante ella. Kausalya la bendijo y se sintió apenada al ver Su delicado ser.
    Con la cabeza gacha, Sita, que era la belleza personificada y profesaba un amor inmaculado a Su Señor, pensaba:
    "El Señor de mi vida va a partir al bosque; todavía no se sabe quién será el afortunado que pueda acompañarle, mi cuerpo mi alma juntas, o sólo mi alma.
    Lo que Dios desea hacer no y se puede saber
    ".

    Mientras rascaba el suelo con las hermosas uñas de Sus pies, los cascabeles de sus tobillos producían un sonido musical, como si suplicaran que los pies de Sita no les abandonasen.
    Viéndola derramar lágrimas, la madre de Sri Rama rompió el silencio así:
    "Escucha, querido hijo; Sita es extremadamente delicada, alegría de su suegro y suegras, y de toda la familia.
    Tiene por padre a Janaka, joya de los príncipes, y su suegro es el sol de la raza solar; y su señor es la misma luna de los hijos del dios Sol, fuente de bondad y belleza.
    Yo he encontrado en ella una preciosa hija, amable y correcta, y llena de belleza.
    La he tratado siempre como la niña de mi ojo y la he amado todavía más; toda mi vida está enfocada en Janaki.
    La he cuidado como si fuera una enredadera celestial y la he alimentado con el agua de mi amor.
    Cuando la enredadera estaba a punto de florecer y dar fruto, Dios se volvió contra mí y no sé qué pasará ahora.
    Como siempre ha estado sobre cama, silla, columpio o sobre mi regazo, Sita nunca ha puesto su pie en el duro suelo.
    Yo la he atendido como una hierba dadora de vida y ni siquiera le he pedido nunca que mueva la mecha de una lámpara.
    Sita desea ir contigo al bosque, y ahora espera tus órdenes, oh Señor de los Raghus.
    Cómo puede la hembra del pájaro Chakora que bebe el néctar de los rayos de la Luna, fijar su mirada en el Sol?

    Manadas de elefantes salvajes, leones, demonios y otras criaturas rondan por el bosque.
    ¿Puede una hermosa hierba dadora de vida encontrarse a gusto en un bosque de veneno, hijo mío?
    Para vivir en el bosque Dios ha creado a Kola y Kirata, muchachas que no conocen los placeres sensuales.
    Duras por naturaleza como el insecto que vive bajo la roca, nunca sufren en el bosque.
    Otras mujeres que se adaptan a esa vida son las ermitañas, que han renunciado a todos los placeres y hacen penitencia.
    Pero, ¿cómo va a vivir Sita en el bosque, que se atemoriza con sólo ver el dibujo de un mono?
    Acaso la hembra del cisne, que se pasea por el lago Manasa, puede soportar vivir en un charco de barro?
    Piensa en esto primero; y luego, según lo que ordenes, prepararé a la hija de Janaka.
    Si se queda en casa, será un gran consuelo para mí."

    Cuando Sri Rama, Héroe de la raza Raghu, oyó a Su madre, la consoló con palabras dulces y sabias; y luego se dirigió a Janaki, hablándole de las ventajas y desventajas de la vida salvaje.

    Aunque le costaba hablarle en presencia de Su madre, Sri Rama vio que la situación lo requería y dijo:
    "Escucha mi consejo, oh princesa, y no lo tomes a mal. Si deseas el bien para mí y para ti; acepta mi sugerencia y quédate en casa.
    Así obedecerás mi orden y servirás a mi madre. Y todo saldrá bien.
    Para una mujer no hay deber más sagrado que adorar los pies de los padres de su esposo.
    Cuando mi madre piense en mí y se sienta desconsolada y desequilibrada, confórtala, amor mío, narrándole viejas leyendas.
    Te digo sinceramente que sólo por el bien de mi madre te dejo aquí.

    Permaneciendo aquí según mi deseo, obtendrás la recompensa de la virtud de la que hablan los antepasados y los Vedas, acuérdate del sabio Galava y del rey Nahusa que, por seguir su obstinación, sufrieron grandes pruebas.

    Y en cuanto a mí, volveré en cuanto cumpla la orden de mi padre.
    Los días pasarán rápidamente, así que sigue mi consejo, hermosa doncella.
    Si, a pesar de todo, sigues deseando acompañarme, llegarás a arrepentirte de ello.
    El bosque es un lugar salvaje y terrible; hace mucho calor y mucho frío, hay lluvias y vendavales.
    Los caminos están hechos de hierba punzante, espinas y piedras y tendrás que andar sin ninguna protección en los pies.
    Tus pies de loto son delicados y hermosos, y los caminos son muy difíciles, y están cortados por grandes montañas, cuevas, arroyos, ríos que son infranqueables, insondables y de aspecto terrible.
    Osos y tigres, lobos, leones y elefantes lanzan unos gritos que paralizan la mente.

    La tierra será tu lecho, y la corteza de los árboles tu vestido; por comida tendrás bulbos, frutas y raíces, e incluso estas cosas no estarán a tu alcance en cualquier estación del año.
    Demonios que devoran a los hombres andan siempre por el bosque y se disfrazan de mil maneras.
    El agua de las colinas es muy poco saludable; las penalidades de la selva son indescriptibles.
    Hay serpientes terribles y salvajes y fieros pájaros, y multitud de demonios que se llevan a hombres y mujeres.
    Los más valientes tiemblan al pensar en el bosque; y tú, doncella de ojos de ciervo, eres tímida por naturaleza.
    No estás preparada para vivir allí, oh hermosa doncella, el mundo me insultará cuando sepa que te llevo conmigo al bosque.
    ¿Puede un cisne que se ha criado en el néctar del lago Manasa vivir en el agua salada del océano?
    Puede un cuco que siempre ha vivido feliz en una arboleda de mangos vivir entre la maleza de los arbustos Karila?
    Piénsalo y quédate en casa, señora de ojos de luna; las penalidades del bosque son muy grandes.

    El que no sigue el consejo de un amigo desinteresado o de su maestro tiene que arrepentirse y se perjudica a sí mismo."


    Al oír estas palabras de Su amado Señor, los ojos de Sita se llenaron de lágrimas.
    Su consejo era para ella tan doloroso como la noche otoñal de luna llena es para el pájaro Chakravaka.
    La hija de Videha no podía responder. Se llenaba de pena al pensar que Su piadoso y amante Señor la abandonaría.
    Controlando sus lágrimas la Hija de la Tierra reunió valor y, tirándose a los pies de su suegra, le habló con las manos unidas:

    "Perdona, venerable señora, mi gran insolencia.
    El señor de mi vida me ha dado un consejo que sólo me puede beneficiar.
    Sin embargo, lo he pensado y siento que no hay mayor calamidad en el mundo que estar separada de mi amado señor.

    Oh señor de mi vida, morada de misericordia, bello, genial y sabio, luna para los lirios del linaje Raghu, sin ti el cielo sería tan odioso como el infierno.

    Padre y madre, hermanas y hermanos queridos, parientes y amigos, suegro y suegra, maestro y familiares, aliados e incluso hijos, por más hermosos y dóciles que sean, para una mujer alejada de su señor son más atormentadores que el Sol abrasador.
    Vida, riquezas, casa, tierras, ciudad y reino, todo esto no es sino motivos de dolor para la mujer separada de su señor.
    El lujo para ella es odioso como una enfermedad, y los adornos un peso, mientras que el mundo parece un infierno.
    Sin ti, oh señor de mi vida, nada en este mundo tiene brillo.
    Como el cuerpo sin alma y el río sin agua, está una mujer sin su marido.
    En tu compañía, mi señor, seré feliz mientras pueda contemplar tu rostro, que es como la limpia faz de la luna otoñal.

    Pájaros y bestias serán mi familia; el bosque mi ciudad, y la corteza de los árboles mis puros vestidos.
    Y una cabaña de hojas en compañía de mi señor será tan cómoda como el reino de los dioses.

    Los generosos dioses y diosas silvestres me cuidarán como mis propios padres.
    Un hermoso lecho de hierbas y tiernas hojas en compañía de mi señor será mejor que el propio cojín de Cupido.
    Los bulbos, raíces y frutas serán como ambrosia, y las montañas tan bellas como cien mansiones reales de Ayodhya.
    Contemplando los pies de loto de mi señor constantemente, estaré tan dichosa como la hembra del pájaro Chakravaka durante el día.
    Me has hablado de muchas pruebas y peligros, dolores y aflicciones de la vida en la selva; pero todos juntos no pueden compararse al dolor de la sepa ración de mi señor, oh fuente de misericordia.

    Así pues, joya de los sabios, llévame contigo. Te ruego que no me dejes aquí.
    No puedo someterme, señor, pues sé que eres todo misericordioso y llegas a los corazones de todos.

    Si me dejas en Ayodhya hasta el fin de su exilio, estate seguro de que no sobreviviré, oh amigo de los afligidos, hermoso y compasivo señor, fuente de bondad y amor!

    Cuando vaya caminando no me fatigaré, pues no dejaré de contemplar tus pies de loto.
    Serviré en todo lo que pueda a mi amado señor y le aliviaré de todo el cansancio del viaje.
    Lavando tus pies y descansando a la sombra de un árbol, te abanicaré con toda alegría.
    Viendo tu cuerpo moreno rociado de sudor y mirando al señor de mi vida, no puedo entristecerme nunca.
    Esparciendo hierbas y hojas en una zona llana, esta doncella tuya te acariciará los pies toda la noche.
    Y cuando te contemple, no sentiré soplar los cálidos vientos.
    ¿Quién se atreverá a mirarme si estoy al lado de mi señor, más de lo que un chacal o una liebre mirarían a una leona?
    ¡Qué verdad es que mi cuerpo es débil mientras que mi señor es capaz de soportar las penalidades del bosque y que a ti te corresponde pasar penitencias, mientras yo estaré rodeada de lujos!

    Si mi corazón rehúsa separarse a pesar de oír cosas tan terribles, estoy segura de que mi miserable ser vivirá para soportar el sufrimiento de la separación de mi señor.
    "

    Sita no podía ni oír hablar de separarse de Su señor. Al ver su tristeza el Señor de los Raghus estaba seguro en su corazón de que si La dejaba contra Su voluntad, no podría sobrevivir.
    Así pues, El señor todo misericordioso de la raza solar dijo:
    "Deja de lamentarte y ven conmigo al bosque. Hoy el dolor no tiene sentido. Prepárate ahora mismo para el viaje". [...]
    Sumido en la desesperación por lo que había hecho, el rey Dasaratha envía a Sumantra a traer de regreso a Sri Rama o, en su defecto, a Sita
    [...] Y Sumantra le comunicó el mensaje del rey:
    " 'Sita no podrá soportar las penalidades del bosque; así que debéis tratar de que Sita regrese a Ayodhya.
    Pero, dijo el rey, si me dejáis abandonado, no sobreviviré; seré como pez sin agua.
    En casa de sus padres goza de todas las comodidades, y también en casa de los padres de su esposo, por lo tanto Sita puede vivir donde lo desee hasta que termine esta situación adversa.'
    La piedad y el cariño que expresaba la súplica del rey no se puede explicar con palabras."

    Al oír el consejo de Su padre, el Señor todo misericordioso intentaba convencer a Sita por todos los medios.
    Y le decía:
    "Si vuelves, la aflicción de tu suegra y de tu suegro, de tu maestro y de todos tus seres queridos, desaparecerá".

    En respuesta al consejo de Su señor, la Hija del rey Videha dijo:
    "Escucha, amoroso señor de mi vida, compasivo y supremamente sabio maestro, ¿puede una sombra separarse de su esencia? La luz del sol no puede existir separada del Sol, ni el brillo de la luna alejarse de ella".

    Después de presentar Su súplica al Señor, dirigió estas hermosas palabras al ministro:
    "Tú eres para mí tan bueno como mi propio padre, así que no puedo pedirte que me respondas nada.
    "Debido al dolor que siento, me resulta difícil hablarte. No te ofendas por ello, mi señor.
    Si no tengo los pies de loto de mi señor, todos los lazos de parentesco carecen de importancia.
    Yo he visto la gloria de la fortuna de mi padre: su trono es besado por las coronas de los más grandes monarcas.
    Lejos de mi Señor, el hogar de mis padres, que es una morada de dicha, no es atrayente para mí. Mi suegro no es inferior al rey Kosala, señor soberano de la Tierra, cuya gloria se manifiesta en las catorce esferas del universo.
    Incluso Indra, señor de los cielos, acude a recibirle y le sienta a su lado en su mismo trono. Así es mi suegro; Ayodhya es mi morada, mi familia es muy hermosa, y mis suegras me aman como mi propia madre.
    Pero sin el polvo de los pies de loto de mi esposo, Señor de los Raghus, nada me puede proporcionar placer.
    Sin embargo, los caminos impracticables, lagos y ríos que no se pueden cruzar, tribus salvajes, ciervos y pájaros, todo me es agradable en compañía de mi amado señor.
    Postrándote a los pies de mi suegro y de mi suegra, pídeles de mi parte que no se entristezcan por mí, pues yo me siento muy feliz en los bosques.
    Tengo a mi lado al Señor de la vida y a su hermano menor, héroe entre los héroes; ambos llevan un arco y un carcaj lleno de flechas.
    Mi mente no siente el cansancio del viaje, y en mí no hay dolor alguno. Así pues, no os apenéis por mí, ni siquiera inconscientemente."


    Al oír estas palabras tan tranquilizantes de labios de Sita, Sumantra se sintió inquieto como una serpiente al perder su gema. [...]
    [...] Bajándose del bote, Sita y Rama se quedaron en las arenas del Ganges con Guha y Lakshmana.
    El barquero se bajó también y se postró ante el Señor, que se sentía molesto al pensar que no le había dado nada al barquero.
    Pero Sita, que leía la mente de Su amado señor, sacó Su anillo y se lo dio con toda la alegría de Su corazón.
    Y el gracioso Señor dijo: "Aquí está tu recompensa".

    El barquero agarró Sus pies muy consternado y dijo:
    "¿Qué no me has dado ya, mi Señor?
    Hoy se ha apagado el fuego de mis errores, de mis penas y mi indigencia.
    Trabajé mucho tiempo para ganarme la vida, y sólo hoy me ha dado Dios una hermosa recompensa.
    Por tu gracia, compasivo Señor, ahora ya no deseo nada.
    Y mientras viva, todo lo que me des, lo aceptaré con agradecimiento".

    El Señor, Lakshmana y Sita hicieron cuanto pudieron por gratificarle, pero el barquero no aceptaba nada.
    El todo misericordioso le dijo, pues, que se fuera, después de concederle el inmenso regalo de la devoción pura.
    Entonces el Señor de la raza Raghu se bañó en el Ganges y, después de adorar una imagen de Shiva recién hecha de arcilla, se postró a la Divinidad.
    Con las manos unidas, Sita se dirigió al río celestial, Ganges: "Madre, realiza mi deseo de que regrese con mi marido y su hermano y te pueda adorar".
    En respuesta a la plegaria de Sita, impregnada del néctar del amor, el santo río pronunció estas felices palabras:
    "Escucha, oh Vaidehi, Hija de Videha, amada Esposa de Sri Rama, Jefe del linaje Raghu: ¿Quién en este mundo no conoce Tu gloria?
    Los hombres se convierten en maestros de los cielos cuando Tú les miras y todos los poderes sobrenaturales Te esperan con las manos unidas.
    Dirigiendo esa humilde oración a mí, me has hecho un favor y me has exaltado.
    Sin embargo, venerable señora, debo bendecirte, para dar cumplimiento a mis palabras.
    Con Tu amado Señor y su hermano menor volverás a salvo a Ayodhya.
    Todos los deseos de Tu corazón se cumplirán y Tu brillante gloria se extenderá por todo el mundo."
    Sita se llenó de júbilo al oír estas palabras de las diosas del Ganges. [...]
    [...] Cuando Sita, Lakshmana y Rama pasaban por alguna aldea, los que se enteraban de Su venida, jóvenes y ancianos, hombres y mujeres, salían rápidamente, olvidando todas sus ocupaciones.
    Y al ver Su belleza, se sentían recompensados totalmente.
    Llamaban a sus vecinos y les decían: "Haced dichosos a vuestros ojos en este mismo instante".
    Algunos se quedaban extasiados al ver a Rama y se iban con Él, contemplándole sin quitar la vista de Él.
    Otros guardaban Su imagen en Sus corazones y quedaban paralizados sin poder moverse, pensar o hablar.

    Al ver la sombra fresca de un árbol banyan, algunos esparcían hierba y hojas bajo éste y decían: "Por favor, descansa un poco; puedes partir luego, o, si lo prefieres, mañana por la mañana".
    Otros traían un jarro lleno de agua y decían: "Mi Señor, refresca tu boca".

    Al oír sus dulces palabras y ver su amor tan grande, Sri Rama se daba cuenta de que Sita estaba cansada, y se quedaban a descansar un rato a la sombra del árbol.
    Los hombres y mujeres se quedaban de pie en un círculo contemplando el rostro de Sri Ramachandra, y brillaban como un grupo de pájaros Chakora alrededor de la Luna.
    El Señor, que poseía un cuerpo de color parecido al de un joven árbol Tamala, fascinaba con Sus miradas la mente de un millón de Cupidos.
    Igualmente, Lakshmana atraía todas las mentes con su hermosura. Con los muslos abiertos por la corteza de los árboles y un carcaj atado a la cintura, los dos hermanos llevaban un arco y una flecha en sus manos de loto.

    Sus cabellos enmarañados se rizaban formando una hermosa corona; su pecho era amplio, sus brazos largos, y sus ojos grandes. Sus caras parecidas a la luna llena de otoño resplandecían con gotas de sudor.
    Sedientos de amor, los aldeanos permanecían inamovibles como los ciervos cuando son cegados por la luz.

    Las mujeres se acercaban a Sita; deseaban hacerle preguntas, pero no se atrevían.
    Una y otra vez se postraban a Sus pies y le hablaban con palabras inocentes que salían directamente del corazón, y decían "Princesa, tenemos una pregunta que hacerte, pero por nuestra modestia de mujeres, tenemos miedo a decir tela.
    Señora, perdona nuestro atrevimiento y no te ofendas, pues después de todo, sólo somos mujeres de aldea.
    Los dos príncipes son muy bellos. De ellos han tomado la esmeralda y el oro sus colores verde y amarillo.
    El uno es moreno y rubio el otro, ambos son jóvenes y llenos de belleza y atractivos; sus rostros se asemejan a la luna otoñal, y sus ojos al loto.
    Y con tanta hermosura ponen en ridículo a un millón de Cupidos. Dinos pues, oh hermosa señora, que tienen que ver contigo?"

    Al oír sus amorosas palabras, Sita se sintió muy tímida y sonrió dentro a la Tierra, y con una voz dulce como las notas de un cuco, la princesa de ojos de ciervo respondió:
    "El de gestos inocentes y cuerpo gracioso se llama Lakshmana y es mi cuñado más joven".
    Luego, cubriendo su cara de luna con el borde de Su sari, miró a Su amado Señor y, bajando los párpados y lanzando luego una larga mirada a su alrededor, parecida a la del pájaro Khañjana en sus rápidos movimientos, les indicó por señas que era su esposo.

    Las mujeres se sentían tan dichosas como si fueran pobres a las que se hubiera dado libre acceso a montones de riquezas.
    Cayendo a los pies de Sita, invocaban para Ella toda clase de bendiciones, y decían:
    "Que disfrutes siempre de un feliz matrimonio mientras la Tierra descanse sobre la cabeza del dios serpiente Sesa.
    Ama a tu Señor como Parvati amó a Shiva, y no dejes de ser bondadosa con nosotras.
    Te pedimos con todo nuestro corazón que, si regresas por este mismo camino, nos permitas verte y nos recuerdes como tus doncellas."

    Sita las consoló con palabras tranquilizadoras y quedaron como los lirios refrescados por la luz de la luna. [...]
    [...] Una vez que Lakshmana había ido al bosque a recoger raíces, frutas y semillas, Sri Rama, la verdadera encarnación de la compasión y de la alegría, habló con una sonrisa a la hija de Janaka.
    "Escucha, querida mía, tú que has respetado voto de fidelidad y que eres tan virtuosa, voy a actuar como un ser humano.
    Permanece en el fuego hasta que termine de destruir a los demonios."


    Tan pronto como Sri Rama le contó detalladamente su plan, ella grabó la imagen de los pies de loto del Señor en su corazón y entró en el fuego dejándole tan sólo una sombra suya, aunque con la misma apariencia y la misma actitud amable y gentil.
    Ni siquiera Lakshmana supo el secreto de lo que el Señor había hecho. [...]
    El secuestro de Sita:
    [...] Cuando Ravana, el de las diez cabezas, se acercó al bosque donde habitaba Sri Rama, Maricha asumió la falsa apariencia de un ciervo tan maravilloso que describirlo resulta imposible; su cuerpo de oro estaba artísticamente salpicado de piedras preciosas.

    Cuando Sita vio la exquisita criatura, preciosa en cada uno de sus miembros, dijo:
    "Escucha, mi gracioso Señor Sri Rama, Héroe de la estirpe de Raghu, este ciervo tiene la piel más adorable que nunca vi.
    Te ruego, mi Señor, que fiel a tu palabra, mates a ese animal y me traigas su piel
    ."

    Por ello, el Señor de los Raghus, aun consciente de cuanto estaba sucediendo, lo que había empujado a Maricha a asumir la apariencia de un ciervo, se dispuso con alegría, a cumplir el objetivo de los dioses.
    Echando una mirada al ciervo, cogió Su arco y colocó una flecha.
    El Señor previno a Lakshmana: "Hermano, un ejército de demonios está rondando por los bosques.
    Cuida a Sita teniendo en cuenta tu fuerza y las circunstancias y usa tu inteligencia y discreción".


    El ciervo escapó a la vista del Señor y Sri Rama corrió tras él, tensando la cuerda de Su arco.
    ¡Cuán extraño es que aquel que es descrito en los Vedas con términos negativos como "eso no" y a quien Shiva no puede alcanzar ni siquiera en meditación, corra persiguiendo a un falso ciervo!

    Tan pronto estaba al alcance de su mano, como al siguiente momento se alejaba; unas veces se hacía visible y otras era imposible distinguirlo.
    Así, mostrándose y ocultándose, y practicando todo tipo de trucos, llevó al Señor muy lejos.
    De pronto, Sri Rama se detuvo y lanzó la flecha fatal, el animal cayó al suelo con un grito de terror, llamando a Lakshmana, pero invocando a Sri Rama mentalmente.
    Mientras entregaba su espíritu manifestó su forma real y amorosamente recordó a Sri Rama.
    El omnisciente Señor, que podía ver el amor en su corazón, le concedió un estado que difícilmente puede ser alcanzado por los sabios.

    Los dioses derramaron una lluvia de flores y cantaron las glorias del Señor:
    "El Señor de los Raghus ama tanto a los humildes que otorga Su propio estado de divinidad a un demonio".
    Tan pronto como acabó con el infeliz, el Héroe de la estirpe de los Raghus se dispuso a regresar junto a Sita y Lakshmana
    con el arco en la mano y el carcaj a la cintura.

    Cuando Sita escuchó el grito de dolor, se vio invadida por el miedo y le dijo a Lakshmana: "Vete rápido, tu hermano está en un gran peligro".

    Lakshmana replicó con una sonrisa: "Escucha, madre: en un simple abrir y cerrar de los ojos de Sri Rama toda la Creación puede ser destruida: ¿cómo podría entonces verse en peligro ni siquiera en sueños?"

    Pero Sita insistió de tal manera que hizo que Lakshmana vacilase en su rápida resolución; tal era el deseo de Sri Rama.
    Lakshmana confió el cuidado de Sita a los dioses del bosque y a las deidades que presiden las regiones y se dispuso a salir hacia el lugar donde estaba Rama.

    Aprovechando la oportunidad de que Sita estaba sola, Ravana, el de las diez cabezas, se acercó a Su cabaña disfrazado de mendigo.

    Ese mismo Ravana, por el que tanto dioses como demonios tiemblan de miedo, hasta el punto de que no pueden dormir durante la noche, ni comer durante el día, se dispuso a llevar a cabo el rapto, mirando a un lado y a otro como un canalla.

    En el momento en que un hombre pone su pie en el camino del vicio, oh Garuda, rey de los pájaros, su cuerpo se agita, la razón y la fuerza desaparecen por completo.
    Inventando tentadoras historias de todo tipo, no sólo le mostró la conducta dictada por la sabiduría política, sino que también usó trucos y le habló de amor.

    Ella dijo, "Escucha, oh santo padre: has hablado como un villano".

    Entonces Ravana le reveló su verdadera forma: Sita estaba aterrorizada cuando él mencionó su nombre.
    Echando mano de todo su coraje le dijo:
    "Ten cuidado, oh desdichado; mi Señor ha venido.
    Al igual que una pequeña liebre al casarse con un león, tú al enamorarte de mí has cortejado a tu propia destrucción, oh rey de los demonios
    ".

    Al escuchar estas palabras, Ravana, el de las diez cabezas, se encendió de ira, a pesar de que su corazón sólo anhelaba adorar Sus pies.
    Ravana, completamente enfurecido, la sentó en su carro y la condujo por el aire con gran agitación: tenía tanto miedo que apenas podía conducir.

    "¡Oh! Señor de los Raghus, inigualable campeón del mundo, disipador del dolor y deleite de los suplicantes, ¡Oh! sol que agrada a la raza de loto de los Raghu, ¿qué falta he cometido que te has vuelto tan duro de corazón en contra de tu naturaleza?
    ¡Oh! Lakshmana no es tu culpa; he recogido los frutos que yo misma he sembrado.
    "

    Múltiples fueron las lamentaciones de la Hija de Videha.
    "Aun a pesar de que su misericordia no tiene límite, mi amado señor está lejos.
    ¿Quién contará al Señor mi desgracia? Una bestia se comería La ofrenda del sacrificio.
    "

    Al oír los gemidos de Sita todos los seres animados e inanimados cayeron en una profunda tristeza.

    Jatayu, el rey de los buitres, escuchó el angustioso llanto y por su voz la reconoció como la esposa de Sri Rama, la Gloria de la raza de los Raghu, que había sido raptada por el malvado demonio, al igual que una vaca cayendo en las manos de algún bárbaro.
    "Sita, hija mía, no temas; yo mataré a este demonio."

    El pájaro emprendió el vuelo con la misma furia que un rayo chocando contra una montaña.
    "¿Por qué no te detienes, oh villano? Tu proceder está lleno de osadía, ¿es que acaso no me has reconocido todavía?"

    Cuando vio al buitre acercándose a él como la Muerte, el monstruo de diez cabezas se volvió y dijo:
    "¿Es el monte Mainaka o Garuda, el rey de los pájaros?
    ¡Este último conoce mi fuerza, y también su Señor, Bhagavan Vishnu!"

    Cuando el pájaro se acercó, le reconoció y dijo, "No es otro que el anciano Jatayu, que ha venido a arrojar su cuerpo en el santuario de mis manos".
    Ante esto, el buitre, con la excitación de la ira, exclamo:
    "Escucha, Ravana, mi consejo y regresa sano y salvo a tu hogar, dejando sola a la Hija de Janaka.
    De otra forma, aun a pesar de tus muchos brazos, esto es lo que va a sucederte.
    Toda tu casa será consumida como una polilla ante el terrible fuego de la ira de Sri Rama".

    Sin embargo, el belicoso Ravana no contestó. El buitre Jatayu se abalanzó contra él y agarrando al demonio por su pelo lo sacó de su carro y lo arrojó contra el suelo.
    Una vez que colocó a Sita en un lugar seguro, el buitre regresó una vez más donde estaba Ravana y golpeándole con su pico rasgó su cuerpo.
    Durante casi media hora Ravana permaneció inconsciente. Al recobrarse, el demonio estaba muy enojado y con su espada más terrible cortó las alas de Jatayu.
    Invocando a Sri Rama y habiendo llevado a cabo increíbles hazañas, el pájaro cayó al suelo, Ravana colocó de nuevo a Sita en su carro y terriblemente alarmado se apresuró a partir.

    Sita fue transportada por el aire lamentándose como una liebre asustada que ha caído en la trampa de un cazador.
    Percatándose de que había algunos monos encaramados en una colina, arrojó algunas telas pronunciando el nombre de Sri Hari.
    Así fue como Ravana raptó a Sita y la mantuvo en el jardín de Asoka.

    El desdichado trató todo tipo de trucos y caricias, pero fracaso miserablemente.
    Al final la depositó bajo un árbol de Asoka celosamente vigilada.
    Con la bellísima imagen de Sri Rama impresa en Su corazón, tal como aparecía mientras corría persiguiendo al falso ciervo, Sita repetía incesantemente el Nombre de Sri Hari.

    Cuando el Señor de los Raghus vio venir a Su hermano menor se sintió muy sorprendido.
    "Eh! Has dejado sola a la Hija de Janaka en contra de mis instrucciones. Ejércitos de demonios andan deambulando por los bosques; por tanto, sospecho que Sita no estará ya en la ermita."

    Lakshmana abrazó los pies de loto de Sri Rama y replicó con las manos juntas: "Señor, no es mi culpa".
    Acompañado por Su hermano menor, el Señor regresó a Su ermita por la ribera del Godavari.
    Cuando vio que la Hija de Janaka no estaba en la ermita, se sintió tan perturbado y afligido como cualquier hombre común.
    "¡Ay de mí! ¡Sita, la Hija de Janaka, auténtica fuente de virtudes, de intachable belleza, carácter, austeridad y devoción!".

    Lakshmana trató de consolarle por todos los medios.
    Sri Rama preguntó a todas las enredaderas y árboles que salían a Su paso mientras iba de un lado a otro en busca de Sita:
    "Oh pájaros y ciervos, oh colmena de abejas, ¿habéis visto a Sita la de los ojos de cervatillo?
    Ahora el aguzanieves, el loro, la paloma, el ciervo, el pez, los enjambres de abejas, el inteligente cuco, los capullos de jazmín, la granada, el relámpago, el loto, la luna otoñal, la escurridiza serpiente, el lazo de Varuna, el dios del agua, el arco de Cupido, el asno, el elefante y el león se guardarán para ellos las alabanzas.
    El fruto de Bilva y el plátano de oro están contentos y no sienten en absoluto miedo o timidez.
    Escucha, Hija de Janaka: Hoy que tú estás ausente todos están alegres como si hubiesen alcanzado un reino.
    ¿Cómo puedes provocar tanta rivalidad? ¿Por qué no apareces ya, amada mía?"


    El Señor buscaba y se lamentaba como un ansioso marido, herido por la pena de la separación.
    Sri Rama, que es la Dicha personificada y que todos Sus deseos están ya realizados y que es inmortal y sin nacimiento, estaba ahora actuando como un mortal.
    A lo lejos, vio tendido al rey de los buitres, con sus pensamientos fijos en los pies de Sri Rama, con las marcas características en Sus plantas.

    El Héroe de la estirpe de los Raghus, el océano de misericordia, acarició la cabeza de Jatayu con sus manos de loto.
    Tan pronto como el pájaro vislumbró el rostro de Sri Rama todo su dolor desapareció.
    El buitre, recobrándose, hablo así:
    "Escucha Rama, disipador del miedo a la transmigración: fue Ravana, el de las diez cabezas, el que me puso en este estado; el mismo desdichado que raptó a la Hija de Janaka.
    Fue él quien se la llevó, santo Señor, hacia el sur mientras ella gritaba tan fuerte como un águila.
    Mi Señor, he supervivido tan sólo para poder contemplarte: ahora mi vida está a punto de apagarse, oh fuente de misericordia".

    Sri Rama dijo: "Vive todavía un poco más".
    Sin embargo, él replicó con una sonrisa en su cara:
    "Aquél cuyo solo nombre, así lo declaran los Vedas, redime al hombre más depravado tan sólo con que éste lo tenga presente en los labios en el momento de su muerte, está presente ante mí en forma visible!
    ¿Quién queda todavía para que conserve mi cuerpo por más tiempo?"

    Con Sus ojos llenos de lágrimas el Señor de los Raghus replicó:
    "Querido padre, en virtud a tus nobles acciones has obtenido un envidiable estado.
    Para aquellos que se preocupan por los demás, no hay nada en este mundo difícil de obtener.
    Una vez que abandones tu cuerpo, te dirigirás a Mi divina morada.
    ¿Qué puedo darte, si ya has realizado todos tus deseos?
    Pero cuando llegues allí, señor, no hables a mi padre sobre el rapto de Sita.
    Si yo no soy otro que Rama, si soy quién soy, Ravana el de las diez cabezas y toda su casa irán y le contarán todo."


    Entonces el buitre abandonó su cuerpo y asumió la forma de Sri Hari, adornado con numerosas joyas y ataviado con vestiduras amarillas de gran esplendor, poseyendo una tez Oscura y con cuatro largos brazos; y con sus ojos llenos de lágrimas estalló en alabanzas a su Señor. [...]
    Luego de establecerse un pacto de amistad entre Sri Rama y Sugriva, el ejercito de los monos localiza la ubicación de Sita, por lo que Sri Rama envía a Hanuman con un mensaje para ella:
    [...] Adquiriendo la misma forma diminuta que había tomado anteriormente, Hanuman se encaminó al bosque de Asoka donde vivía Sita.
    Mentalmente se inclinó ante Ella tan pronto como La vio.
    Obviamente había estado despierta durante las horas de la noche.
    Aparecía enflaquecida y en su cabeza llevaba una trenza hecha con el pelo enredado y repetía para sí misma las excelencias de Sri Rama.
    Tenía los ojos fijos en Sus propios pies, mientras que Su mente estaba absorta en el pensamiento de los pies de loto de Sri Rama.

    El hijo del dios del viento se sintió sumamente miserable al ver triste a la Hija de Janaka.
    Ocultándose entre las hojas de un árbol meditó dentro de sí, "Ven, señor, ¿qué debería hacer?"

    En ese mismo momento llegó Ravana, alegremente adornado y acompañado por una tropa de mujeres.
    El infeliz trató de persuadirla de muchas formas mediante consejos amistosos, tentaciones, y amenazas de separación.

    Dijo Ravana, "Escucha, oh hermosa y sabia señora: Haré a Mandodari y todas las otras reinas tus criadas; lo juro, con la condición de que pongas tu mirada en mí por una sola vez".

    Interponiendo una brizna de hierba entre Ella y Ravana y fijando sus pensamientos en su más querido Señor, la Hija del Rey de Ayodhya, Videha, replicó:
    "Escucha, oh monstruo de diez cabezas: ¿puede una flor de loto ser abierta por el calor del fuego de un insecto?
    Reflexiona sobre esto en tu corazón.
    Quizá no tienes ni idea de cómo son las flechas de Sri Rama, oh desdichado.
    Me arrebataste en un momento en que no había nadie a mi lado; sin embargo, no te sientes avergonzado, oh vil y descarado bellaco
    ".

    Al oír que era comparado a un insecto luminoso y a Sri Rama con el Sol, y exasperado por sus severas palabras, el monstruo sacó su espada y dijo:

    "Sita, me has insultado; por consiguiente te cortaré la cabeza con mi implacable espada.
    U obedeces mi mandato de una vez, o perderás tu vida, oh hermosa señora."

    "Oh monstruo de diez cabezas, el brazo de mi señor es hermoso como una hilera de lotos azules y largo y bien formado como el tronco de un elefante.
    Ni ese brazo ni tu espantosa espada tendrán mi cuello: oye éste mi solemne voto, oh loco.
    "

    Y volviéndose a la reluciente cimitarra de Ravana, dijo:
    "Quita, oh Chandrahasa, la ardiente agonía de mi corazón causada por el fuego de la separación del Señor de los Raghus. Posees una fría, afilada y buena hoja; así que alíviame del peso de mi dolor", concluyó Sita.

    Oyendo estas palabras se adelantó para matarla; Y fue la Reina Mandodari, hija de Maya, quien intervino y le apaciguó con palabras de buen consejero. Y nombrando a todos los demonios que allí estaban, Ravana les dijo:
    "Id y molestad a Sita en cualquier forma que podáis.
    Si no acepta mi consejo en el período de un mes, sacaré mi espada y la decapitaré".

    Después de dar estas instrucciones, Ravana volvió a su palacio, mientras que la hueste de demonios, tomando toda clase de horrorosas formas, incordiaban a Sita en el bosque Asoka.

    Una de estas demonios, llamada Trijata, era devota de los pies de Sri Rama y perfecta en sabiduría espiritual.
    Convocó a todas sus compañeras, les contó su sueño y las exhortó a servir a Sita y en esa forma bendecirse a sí mismas.
    "En mi sueño un mono quemó Lanka y toda la hueste de demonios fue exterminada.
    En cuanto a Ravana, el de diez cabezas, lo vi desnudo montado en un burro, con sus cabezas cortadas y sus veinte brazos arrancados.
    De esta forma iba encaminado hacia el Sur; y parecía como que Lanka hubiera pasado a manos de Vibhisana.
    La victoria de Sri Rama fue proclamada en toda la ciudad con toques de tambores; fue entonces cuando el Señor Rama envió a buscar a Sita.
    Proclamo en voz alta este sueño, que se hará realidad de aquí a varios días."

    Todas se espantaron al oír sus palabras y cayeron a los pies de la Hija de Janaka.
    Dispersáronse todas en varias direcciones y Sita con desasosiego pensó para sí: "Al final de un largo mes este vil monstruo me matará."

    Con las manos juntas dijo a Trijata:
    "Madre, eres mi única compañera en la adversidad.
    Así que rápidamente inventa algún medio por el cual pueda abandonar este cuerpo; pues esta desolación, que es tan difícil de soportar, no puede ser por más tiempo sufrida.
    Trae un poco de madera y levanta una pira; y después, madre mía, préndele fuego.
    Prueba así la autenticidad de mi amor por el Señor, oh sabia señora.
    ¿Quién puede soportar las palabras de Ravana, que atraviesan el oído como una flecha?
    "

    Al oír estas palabras, Trijata se abrazó a los pies de Sita y la conforto contándole la majestad, fuerza y gloria de Su Señor.
    "Escucha, oh delicada señora: Por la noche no puede encenderse fuego."
    Diciendo esto partió hacia su residencia.

    Sita se dijo: "El mismo cielo se ha vuelto hostil conmigo; no hay fuego que pueda encenderse, y de ninguna otra forma puedo ser curada de mi agonía.
    Chispas de fuego son visibles en los cielos; pero ni una sola estrella cae a la Tierra.
    La Luna, aunque toda fuego, rehúsa llover su fuego, como si fuera consciente de mi desdicha.
    Oye mi oración, oh árbol de Asoka: llévate mi dolor y defiende tu nombre.
    Tus frescas y tiernas hojas tienen el color de las llamas; provéeme, pues, con fuego y no lleves más allá de los límites mi agonía
    ".

    Este momento le pareció a Hanuman como una eternidad mientras contemplaba a Sita verdaderamente apenada por la separación de Su señor.

    Entonces, concentrándose en su interior, Hanuman, jefe de los monos, en respuesta a Su plegaria tiró el anillo sellado, como si Asoka el árbol hubiera soltado una chispa.
    Ella lo recogió con gozo y lo colocó en Su mano.
    Después de esto, vio el fascinante anillo bellamente grabado con el nombre de Sri Rama.
    Reconociendo el anillo lo miró profundamente.

    "Quien puede. conquistar al invencible Señor de los Raghus y tan divino anillo no puede provenir de Maya."

    De este modo Sita se sumergió en imaginaciones de este tipo, por lo que Hanuman habló con acento meloso y empezó a cantar las glorias de Sri Ramachandra.
    En el momento en que sus palabras llegaron a oídos de Sita, Su pena se disipó.
    Escuchó con toda su alma y oídos mientras Hanuman narró toda la historia desde su comienzo.
    "Por qué aquélla voz que ha contado este cuento, que es como néctar para mis oídos, no se muestra a sí misma?"

    Por consiguiente Hanuman, lleno de admiración, se acercó a ella, mientras Sita estaba sentada de espaldas a él.
    "Soy el mensajero de Sri Rama, madre Janaki: solemnemente juro por el Señor todo- misericordioso, que este anillo ha sido traído por mí, oh madre; Sri Rama me lo dio como una prueba para ti."

    "Cuéntame cómo fue que nació esta asociación entre hombre y mono."
    Enseguida Hanuman explicó las circunstancias en las que se produjo tal unión entre hombre y mono.
    Al oír las afectuosas palabras del mono, Su alma confió en él y le reconoció como sirviente, en pensamiento, palabra y acción, del Señor todomisericordioso,
    Viéndole como un devoto de Sri Han creció en ella un gran afecto por él.
    Sus ojos se llenaron de lágrimas y la emoción hizo estremecer mi cuerpo.

    "Para mí, que estaba ahogándome en el océano de la desolación, querido Hanuman, has venido como un verdadero barco. Ahora háblame, te ruego, del bienestar del todo dichoso Sri Rama, matador de Khara y de su hermano más pequeño Lakshmana.
    ¿Por qué el Señor de los Raghus, tan compasivo y bueno, se ha vuelto tan duro de corazón?
    ¿Me recuerda alguna vez el Jefe de los Raghus, Aquel que por disposición natural es fuente de deleite para sus sirvientes?
    ¿Volverán a alegrarse mis ojos viendo sus delicados y firmes miembros?
    "

    Las palabras la desanimaron y sus ojos se llenaron de lágrimas. "¡Ah, mi señor, Me has olvidado por completo!"

    Viendo a Sita dolorosamente disgustada debido a la separación de Su Señor, Hanuman se dirigió a ella con tono suave y cortés:
    "El Señor y su hermano más pequeño Lakshmana están bien, madre, excepto por el hecho de que el Todomisericordioso está lleno de dolor a causa de tu tristeza.
    No te sientas abatida, madre; Sri Rama te ama dos veces más que tú a Él.
    Madre, ahora apacíguate y oye el mensaje de Sri Rama."

    Al pronunciar estas palabras, la voz del mono se ahogó por la emoción y sus ojos se llenaron de lágrimas.

    "Sri Rama dijo: 'Desde que he sido separado de ti, Sita, todo se ha trastornado.
    Las tiernas y frescas hojas de los árboles parecen lenguas de fuego; las noches son tan tenebrosas como la noche de la disolución final y la Luna abrasa como el Sol.
    Camas de lotos son como lanzas plantadas en el suelo, mientras que las nubes derraman aceite hirviendo como hacían antes. Aquellos que se sentían en paz ahora se sienten atormentados; el fresco, suave y fragante aliento es ahora como el aliento de una serpiente.
    La agonía de uno es aliviada hasta cierto punto cuando se habla de ella; pero, ¿a quién puedo hablar de ella?
    Pues no hay nadie que pueda comprender. La cuerda de amor que nos une a ti y a mí, querida, sólo es conocida por mi alma; y mi alma siempre está contigo.
    Esta es la esencia de mi amor'."

    En el momento en que la Hija de Videha oyó el mensaje del Señor quedó tan absorta en amor que perdió toda conciencia de Su cuerpo.
    Dijo el mono, "Madre, recógete y fija Tus pensamientos en Sri Rama, el deleite de Sus sirvientes.
    Reflexiona en la gloria del Señor de los Raghus y olvida todo miedo causado por mis palabras.
    Las huestes de demonios son como polillas, mientras que las flechas del Señor de los Raghus son como llamas.
    Ten ánimo en tu corazón, madre, y considera a los demonios como consumidos.
    El héroe de la estirpe de Raghu tuvo noticias tuyas, el señor de los Raghus no se retrasará.
    En el momento en que las flechas de Sri Rama aparezcan como el Sol, la hueste de demonios se dispersará como las sombras de la noche.
    Madre, te llevaría a El en este mismo momento; pero, juro por Rama, que no tengo tales órdenes del Señor.
    Por lo tanto, espera pacientemente algunos días más, hasta que el Héroe de la estirpe Raghu llegue con las tropas de monos. Matando los demonios te llevará de aquí, mientras que Narada y las otras sagas le glorificarán en las tres esferas de la creación."

    "Pero, hijo mío, todos los monos deben ser pigmeos como tú, mientras que los demonios son fuertes y grandes luchadores. Tengo dudas en mi corazón por esto."

    Al oír esto, el mono reveló Su forma natural, colosal como una montaña de oro, terrible en batalla, lleno de fuerza y valor.
    Después de esto el corazón de Sita se alivió, así que el hijo del dios viento volvió a tomar su apariencia diminuta.
    "Escucha, Madre: los monos ni poseen gran fuerza ni tienen una gran inteligencia; pero por la fuerza del Señor, la más pequeña serpiente puede tragar a Garuda, rey de los pájaros y la montaña de Bhagavan Vishnu."

    Sita se sintió profundamente agradecida después de oír las palabras del mono llenas de devoción y reveladoras de la majestad, gloria y fuerza de Sri Rama. Reconociéndole como el amado de Sri Rama, le dio sus bendiciones diciendo:
    "Que te llenes de fuerza y virtud, querido niño.
    Que siempre permanezcas inmune a la vejez y a la muerte y puedas ser fuente de buenas cualidades, hijo mío; y que el Señor de los Raghus derrame su Gracia abundante sobre ti
    ".

    En el momento que las palabras "que el Señor te dé su gracia" alcanzaron sus oídos, Hanuman quedó completamente abrumado por la emoción.
    Una y otra vez el mono inclinó su cabeza ante Sus pies y con las manos juntas se dirigió a ella de esta forma:
    "Después de esto, madre, he alcanzado todo lo que tenía que alcanzar; pues tu bendición, todos lo saben, es inagotable.
    Escucha, madre: me siento terriblemente hambriento viendo estos árboles cargados con deliciosas frutas".
    "Te digo, hijo, este bosque está guardado por los más valientes y poderosos demonios."
    "Madre, si tengo tu sincera aprobación, no hay motivo para tener miedo de ellos."

    Viendo al mono perfecto en fuerza y entendimiento, la Hija de Janaka dijo, "Ve, hijo mío, y disfruta del sabroso fruto con tu corazón fijo en los pies de Sri Rama".

    Inclinando su cabeza se adelantó y entró en el bosque; y después de comer la fruta empezó a destrozar los árboles.
    Cierto número de luchadores habían sido puestos allí como guardianes, y algunos resultaron muertos, mientras que el resto escaparon pidiendo ayuda a gritos, "Oh, Señor, un enorme mono ha aparecido y está destrozando el bosque de Asoka. Ha comido frutas, arrancando árboles y, después de golpear a los vigilantes, los ha dejado derribados en el suelo". [...][...]
    Luego de incendiar Lanka, Hanuman vuelve al lado de Sita:
    [...] Después de apagar su cola y mitigar su fatiga recuperó su forma diminuta y permaneció delante de la Hija de Janaka con las manos juntas.
    "Complácete, Madre, de darme algún objeto auspicioso, como el Señor de los Raghus me dio."
    Por consiguiente ella se desabrochó la joya que llevaba en la cabeza y se la dio al Hijo del dios viento, quien alegremente la recibió.
    "Comunícale mi obediencia a Él, querido hijo, con estas palabras: 'Sé que Mi Señor es autosuficiente; pero aun así recuerda tu voto de bondad con el afligido y alíviarne, oh señor, de mi penoso desastre'.
    Repítele, hijo mío, el incidente del Hijo de Indra, Jayanta, y recuérdale al Señor el poder de sus flechas.
    Si el Señor no llega aquí dentro de un mes, no me encontrará viva.
    Dime, Hanuman, ¿cómo puedo ahora continuar viviendo si tú, asimismo, hijo mío, hablas de marcharte?
    Tu presencia ha traído alivio a mi pesado corazón, y ahora de nuevo me esperan días tristes y noches tediosas"
    .
    Hanuman tranquilizó a la Hija de Janaka, y la consoló de muchas formas e inclinando su cabeza ante Sus pies de loto, partió hacia el encuentro de Sri Rama. [...]
    El ejercito de monos regresa con noticias de Sita:
    [...] El todo misericordioso se sintió profundamente contento al oírlas y en su gozo estrechó contra su pecho a Hanuman.
    "Cuéntame, querido Hanuman; ¿cómo pasa sus días y se mantiene viva la hija de Janaka?"

    "Tu nombre la cuida día y noche, mientras ella continua pensando en tus actos como un par de puertas cerradas.
    Tiene sus ojos fijos en sus propios pies; su vida así no encuentra salida por donde escapar.
    Cuando me iba me dio esta joya de su cabeza."

    El Señor de los Raghus la tomó y la estrechó contra su pecho.
    "Mi Señor, con lágrimas en los ojos la Hija de Janaka profirió las siguientes palabras:

    'Abraza los pies de Mi Señor y de Su hermano más pequeño, gritando: Oh protector de los desgraciados, alíviame de la agonía de la súplica, estoy dedicada a tus pies en pensamiento, palabra y obra; sin embargo, debido a qué ofensa, mi Señor, ¿me has abandonado?
    Admito mi culpa, pues mi vida no se terminó en el momento en que fui separada de ti.
    Esa, sin embargo, mi Señor, es la culpa de mis ojos, que a la fuerza han impedido que me evada de vivir.
    La agonía de la separación de ti es como fuego, que mis suspiros avivan como ráfaga de viento y en medio permanece mi cuerpo como una pila de algodón, que hubiera sido consumida en un instante.
    Pero mis ojos por su propio interés de poder regocijarse en Tu belleza derraman lágrimas en abundancia; y por eso mi cuerpo no acierta a encenderse con el fuego de la desolación'.

    Tan abrumadoramente grande es la pena de Sita, y Tú eres tan compasivo con el afligido que lo mejor es no describirla.
    Cada momento, oh fuente de misericordia, es como una eternidad para ella.
    Así que, marcha rápidamente, mi señor, y derrota a la malévola banda con tan poderoso brazo, y recupérala."

    Cuando el Señor bienaventurado conoció la agonía de Sita, lágrimas se desprendieron de Sus ojos de loto.
    "Crees que alguien que depende de mí en pensamiento, palabra y obra puede soñar con la adversidad?"
    Hanuman dijo:
    "No hay otra desdicha que la de dejar de adorarte y recordarte. ¿Qué son los demonios para Ti?
    Derrotando al enemigo traerás sin duda a la Hija de Janaka". [...]
    [...] Los dioses rezaban al Señor diciendo: "Este individuo, Ravana, nos ha causado un terrible sufrimiento.
    No juegues más con él, Rama; la hija de Videha, Sita, se siente muy desconsolada".
    El Señor sonrió al oír el ruego de los dioses; el Héroe de los Raghus se levantó y dispuso sus flechas.
    Sus oscuros rizos recogidos en la cabeza estaban entrelazados con flores.
    Sus ojos eran rojizos y su cuerpo oscuro como una nube de lluvia. De esta forma embelesaba los ojos de todos.
    Ajustó su carcaj a un pedazo de tela ceñida alrededor de la cintura y tomó Su formidable arco Sarnga. [...]
    Sri Rama se enfrenta a Ravana, pero cada cabeza y brazo que le corta vuele a crecer:
    [...] Esa misma noche la demonio Trijata llamó a Sita y le contó toda la historia.
    Cuando Sita se enteró del crecimiento incesante de las cabezas y brazos del enemigo, se sintió profundamente preocupada.
    Su rostro era un reflejo de dolor, y su mente estaba llena de ansiedad. Entonces, Sita dijo a Trijata:
    "¿Por qué no me dices, madre, lo que va a pasar?
    ¿Cómo puede destruirse esta plaga? Ravana no muere aunque las flechas de Sri Rama corten sus cabezas.
    El cielo está gobernándonos sin piedad.
    Mi mala suerte hace que él siga vivo, la misma mala suerte que me separó de los pies de loto de Sri Hari.
    El destino que creó el fantasma de un ficticio ciervo de oro sigue mirándome con malos ojos.
    La misma providencia que me hizo sufrir terribles calamidades y me incitó a hablar ásperamente a Lakshmana, que me atraviesa una y otra vez con las poderosas y venenosas lanzas de la separación del Señor de los Raghus, y me mantiene viva bajo tan penosas circunstancias, esa providencia es Él, y sólo Él es quien mantiene vivo a Ravana
    ".

    La hija de Janaka se lamentaba, recordando al Todopoderoso.
    Trijata le respondió: "Escucha, oh Princesa, el enemigo de los dioses morirá si una flecha le atraviesa el pecho.
    Pero el Señor trata de no darle ahí, pues sabe que la hija de Videha, tú, habita en su corazón.
    Él no puede actuar con el pensamiento de que la hija de Janaka mora en el corazón de Ravana".

    La explicación de Trijata llenó la mente de Sita de alegría y pena al mismo tiempo.
    Dándose cuenta de esto, Trijata le habló de nuevo diciendo:
    "Ahora escucha, hermosa Señora, cómo tu enemigo se encontrará con la muerte, y libérate del gran temor que te sigue obsesionando.
    Ravana se desconcertará cuando le corten sus cabezas, y tú podrás escapar de su mente.
    En ese instante el omnisciente Sri Rama le dará en el corazón".

    Trijata logró reconfortar a Sita con estas palabras y después volvió a su residencia.
    Al recordar la bondad de Sri Rama, la hija de Videha sentía angustia por estar separada de Él, y reprochaba a la noche y la Luna, diciendo:
    "La noche se ha convertido en una Era y parece que no tiene fin".

    Desconsolada por la separación de Sri Rama, la hija de Janaka se lamentaba tristemente en su corazón.
    A medida que su agonía crecía, Su ojo y brazo izquierdo comenzaron a temblar.
    Esto se consideraba como un buen presagio, y ella pensó para sí:
    "Sin duda, el bondadoso Héroe de los Raghus me encontrará". [...]
    Tras la muerte de Ravana:
    [...] Entonces el Señor llamó a Hanuman, y le dijo: "Ve a Lanka y dile a la hija de Janaka todo lo que ha ocurrido; luego regresa contándome cómo está".
    Así pues, Hanuman entró en la ciudad y, al enterarse su llegada, los demonios y demonias corrieron a su encuentro.
    Le rindieron todo tipo de homenaje y luego le condujeron a la presencia de la hija de Janaka.
    Hanuman se inclinó ante ella desde una distancia considerable, y la Hija de Janaka le reconoció como el mensajero de Sri Rama.
    Sita dijo a Hanuman:
    "Dime, querido hijo, si mi gracioso Señor está bien con su hermano menor y las huestes de los monos".

    Hanuman contestó: "El Señor de Kosala está muy bien. Madre, el monstruo de diez cabezas ha sido derrotado en la batalla, mientras que Vibhisana ha alcanzado el dominio duradero del reino".

    Su corazón se llenó de alegría al oír las palabras del mono.
    Su alma se regocijó, Su cuerpo se estremeció de alegría, y con los ojos llenos de lágrimas, Sita repetía una y otra vez:
    "¿Qué puedo darte? No hay nada en los tres mundos que pueda re. compensar esta valiosa información".

    Hanuman replicó: "Creo, Madre, que hoy sin duda he alcanzado la soberanía de la creación entera al encontrar a Sri Rama sano salvo con Su hermano después de conquistar al enemigo en el campo de batalla".

    Sita dijo entonces a Hanuman: "Escucha, hijo mío: Que todas las más altas virtudes residan en tu corazón y que el Señor de Kosala junto con Ananta y Lakshmana, sea siempre propicio a ti.
    Ahora, querido hijo, piensa en algún modo por el que pueda contemplar con mis propios ojos el tierno cuerpo moreno de mi Señor
    ".

    Entonces Hanuman regresó a Sri Rama y le informó del bienestar de Sita.
    Al oír las noticias, el Rey de la Raza Solar llamó al príncipe Angada y a Vibhisana. Y les dijo:
    "Vosotros dos acompañad al hijo del dios del viento y con todo respeto escoltad a la Hija de Janaka hasta aquí".

    Al instante se dirigieron todos al lugar donde estaba Sita y encontraron un grupo de demonias a Su alrededor sirviéndola con toda humildad.
    Vibhisana dio órdenes a las demonias, que lavaron el cuerpo de Sita de todas las maneras posibles.
    También la embellecieron con adornos de todas clases, y luego trajeron un hermoso palanquín debidamente equipado.
    La Hija de Videha montó alegremente en él con la mente fija en el Todo Dichoso Rama, Su amado Señor.
    Los guardias marchaban a los cuatro lados del palanquín, llevando espadas en la mano; todos estaban supremamente gozosos.
    Los osos y monos se acercaban a mirarla, pero los guardias los despachaban llenos de furia.

    El héroe de los Raghus dijo: "Sigue mi consejo, Vibhisana, y trae a Sita a pie".
    Y el Señor Todopoderoso añadió sonriendo: "Deja que los monos la contemplen como si se tratara de su propia madre". Los osos y monos se llenaron de júbilo al oír las palabras del Señor, mientras que en el cielo los dioses hacían llover flores en abundancia.

    Sita, como se recuerda, había sido antes alojada en el fuego; Sri Rama, testigo interior de todo, deseaba ahora traerla de vuelta a la luz.
    Por esta razón, el Todomisericordioso le dirigió algunas palabras de reproche.
    Al oírlas, las mujeres demonios que la acompañaban comenzaron a lamentarse.

    Sita, sin embargo, se inclinó ante el mandato del Señor, pura en pensamiento, palabra y obra, y dijo:
    "Lakshmana, ayúdame a realizar este rito sagrado y enciéndeme rápidamente un fuego".

    Los ojos de Lakshmana se llenaron de lágrimas, y unió sus manos en oración al oír las palabras de Sita, llenas de angustia causada por la separación de Su Señor e impregnadas de agudeza, piedad y prudencia; pero él tampoco podía replicar nada al Señor.
    Leyendo la aprobación del Señor en Su mirada, Lakshmana corrió y, después de encender un fuego, trajo montones de leña.
    La Hija de Videha se regocijo al contemplar el fuego ardiente y no vacilo ni un instante.

    Sita entonces dijo: "Si en pensamiento, palabra y obra nunca he puesto mi corazón en nadie más que el Héroe de los Raghus, que este fuego, que conoce el funcionamiento de todas las mentes, se vuelva frío sobre mi piel como la pasta del sándalo".

    Con la mente puesta en el Señor, la Princesa de Mithila entró en las llamas que para ella eran tan frías como la pasta de sándalo, gritando:
    "¡Gloria al Señor de Kosala, cuyos pies son adorados por el gran Señor Shiva con la más pura devoción!"

    La forma de su sombra, así como la mancha social ocasionada por Su forzada estancia con Ravana, fueron consumidas por el fuego ardiente; pero nadie podía saber el secreto de los actos del Señor.
    Los dioses, Siddhas y sabios, permanecieron atónitos contemplando la escena.
    El fuego tomó una forma corpórea y, tomando de la mano a la verdadera Sita, alabada tanto en los Vedas como en el mundo, los dioses la escoltaron y la presentaron ante Sri Rama igual que el océano de la leche presentó a la Diosa Indira, Lakshmi, ante el Señor Vishnu.
    A la izquierda de Sri Rama, Sita brillaba resplandeciente con Su exquisita belleza como el capullo de un lirio dorado junto a un loto azul.
    Los dioses, llenos de gozo, tiraban flores y hacían resonar sus timbales en el aire.
    Los Kinnaras cantaban sus melodías y las ninfas celestiales danzaban, montadas todas en sus carros aéreos.
    La belleza del Señor unido de nuevo a Sita estaba más allá de toda medida y límite. [...]
    El Señor Shiva relata a Uma el regreso triunfal de Sri Rama a Ayodhya:
    [...] Sita siempre hacía aquello que deleitaba al Todopoderoso.
    Desprovista de conceptos o de odio, siempre se inclinaba a los deseos de Kausalya y de todas sus otras suegras.

    Uma -continuaba el Señor Shiva-, Sita no era otra sino la diosa Rama, Lakshmi, la Madre del Universo, adorada incluso por Brahma y otros dioses y constantemente perfecta.
    Ella era la misma Lakshmi, cuya benigna mirada es codiciada inútilmente por los dioses, que amaba constantemente los pies de loto de Sri Rama, olvidándose de su propia majestuosidad natural.
    Los hermanos menores del Señor le servían con gran fidelidad, ya que su amor por Sri Rama no tenía límites.
    Siempre estaban atentos a sus pies de loto, con la esperanza de que en cualquier momento, el bondadoso Señor les diese alguna orden.
    Sri Rama amaba también a sus hermanos menores y les enseñaba sabiduría.
    Los habitantes de la ciudad llevaban una vida feliz, disfrutando de todo tipo de placeres, placeres que ni los dioses podían conseguir.

    Día y noche rezaban a Dios y suspiraban por la gracia de obtener devoción a los pies de Sri Rama.

    Sita dio a luz dos niños preciosos, llamados Lava y Kusa, que figuran en los Vedas y Puranas.
    Ambos eran victoriosos en la batalla, modestos, hábiles y atractivos, auténticas imágenes de Sri Hari.
    Los hermanos de Sri Rama tuvieron también dos hijos cada uno, dotados con la gracia de la forma, el mérito y la virtud.
    [...]

    Sita + Sri Rama, hijo de Rey Dasaratha y Reina Kausalya. (Sri Rama nació en Ayodhya.)