OmShantiOm
Inicio Novedades Enseñanzas Sagrados Escituras Sagrados Nombres Estudios Glosario Links relacionados Contacto Buscar

Sabio Bharadwaja

 

Vínculos de familia

Sabio Bharadwaja

  • Nació: Prayaga

  Descripción:

Sabio al que Yajñavalkya cuenta la historia de Sri Rama, entre otras.
Su ermita se encuentra en Prayaga

  Observaciones y comentarios:

  • Bharadwaja le pregunta al sabio Yajñavalkya si el Rama cuya historia se relata en el Ramayana es el mismo Rama cuyo nombre es repetido sin cesar por el Señor Shiva. También le pide que le cuente la historia completa.
    Esto causa gracia a Yajñavalkya, quien se da cuenta que el propio Bharadwaja forma parte de la historia que le está por relatar.
  • En referencia al Sri Ramacharitamanasa, Tulsidas dice:
    [...] Esta encantadora historia fue concebida por Sambhu, quien gentilmente la transmitió a Su Consorte Uma.
    Shiva la impartió una vez más a Kakabhusundi, sabiendo que era un devoto de Sri Rama y calificado para escucharla.
    Y fue Yajñavalkya quien la recibió de este último y la narró a Bharadwaja.

    Tanto el recitador, Yajñavalkya, como el oyente, Bharadwaja, son igualmente virtuosos; ven todo por igual y están familiarizados con los pasatiempos de Sri Hari.
    ///
    Teniendo presentes en mi corazón los pies de loto del Señor de los Raghus y obteniendo Su Gracia, voy a comenzar a narrar la bella historia del encuentro de los dos grandes sabios.

    El sabio Bharadwaja vive en Prayaga; está totalmente dedicado a los pies de Sri Rama.
    Gran asceta, ejemplo de autodominio, mente recta y compasión, es un ser muy avanzado en el camino espiritual.
    En el mes de Magha, cuando el Sol entra en el signo de Capricornio, todo el mundo visita la principal ciudad santa, Prayaga.

    Ejércitos de dioses y demonios, Kinnaras y hombres, se bañan con devoción en el triple río del Ganges, Yamuna y Saraswati.
    Adoran los pies de loto del Dios Bindumadhava, y el contacto con el inmortal árbol del banyan produce un gran estremecimiento en sus miembros.

    La ermita de Bharadwaja es un lugar sumamente sagrado, muy bello y atrayente incluso para los grandes ermitaños y todos los sabios y videntes que se bañan en este santo lugar.
    Al amanecer todos hacen sus abluciones con gran fervor y luego hablan entre ellos sobre las virtudes de Sri Hari.
    Hablan de la naturaleza de Brahma, los preceptos religiosos y la clasificación de las principales entidades, y expresan su Devoción al Señor con claridad espiritual y desapego.
    Se bañan durante todo el mes de Magha y luego cada uno regresa a su ermita.

    Todos los años hay un gran regocijo, y tras haber realizado sus abluciones cuando el Sol está en Capricornio, todos los sabios se dispersan.
    Una vez, habiéndose bañado durante todo el período de Capricornio, cuando todos los sabios se habían ido a sus ermitas, Bharadwaja agarró de los pies y detuvo al supremamente sabio santo Yajñavalkya.
    Con mucho respeto lavó sus pies de loto y le ofreció un asiento sagrado. Y alabando su justa fama con fervor religioso, Bharadwaja habló con palabras dulces y reverentes:
    "Santo señor, una gran duda aflige mi mente.
    A ti te ha sido revelado todo el misterio de los Vedas.
    Tengo miedo y vergüenza de confesar la duda; y si me la guardo, pierdo una gran oportunidad.

    Los santos lo han afirmado, y también los Vedas, Puranas y los sabios han dicho claramente que la sabiduría no puede nacer en el corazón si uno esconde algo a su maestro espiritual.
    Acordándome de esto, voy a descubrir mi locura, Señor, disípala y ten piedad de este siervo.

    Los santos, los Puranas y Upanishads dicen también que el poder del Nombre de Rama es ilimitado.
    El inmortal Señor Shiva, fuente de alegría y mina de sabiduría y bondad, lo repite sin cesar.
    Hay cuatro grandes clases de seres vivos en el mundo; de ellos, los que mueren en la santa ciudad de Kasi alcanzan el estado más alto.
    Esto también realza la gloria del Nombre de Sri Rama, oh gran sabio, pues éste mismo Nombre es impartido por el Señor Shiva a las almas que mueren en Kasi.

    Te pregunto, señor, quién es ese Rama; te ruego que me lo expliques, oh fuente de compasión.

    Rama es el príncipe de Ayodhya, y sus hazañas son conocidas en todo el mundo.
    Su pena fue infinita al perder a su esposa; y lleno de furia, mató a Ravana en una batalla.

    ¿ Es este mismo Rama, señor, o acaso otro, aquél cuyo nombre repite Shiva sin cesar ?
    Tú encarnas la sabiduría y la verdad; por eso te pido que me des una respuesta.
    Maestro, cuéntame con detalle la historia para que así desaparezca mi gran confusión.
    "

    Yajñavalkya dijo sonriendo:
    "Tú ya conoces la gloria del Señor de los Raghus.
    Eres devoto de Rama de pensamiento, palabra y obra.
    He llegado a conocer tu ingeniosidad.

    Tú deseas escuchar la historia de las virtudes que encierra Rama; por eso me has preguntado como si fueras un ignorante.
    Escucha, pues, hijo mío, con atención, mientras te cuento la hermosa historia de Rama. [...]
    [...] Bharadwaja se alegró mucho al oír la dulce y hermosa historia de las obras de Sambhu.
    Su deseo de escuchar la historia creció y creció hasta la exageración; las lágrimas aparecían en sus ojos y el pelo de su cuerpo se encrespaba de gozo.
    Dominado por la emoción no podía pronunciar palabra.
    El sabio iluminado Yajñavalkya se sintió feliz al ver su estado.

    "Bendito en verdad es tu nacimiento, oh gran sabio; para ti el Señor de Gauri es tan querido cómo tu propia vida.
    Los que no aman los pies de loto de Shiva no pueden ni soñar en agradar a Rama.
    El amor puro por los pies de Shiva es la señal más clara de la devoción a Rama.
    ¿Quién es tan fiel al Señor de los Raghus como Shiva, que renunció a una esposa inmaculada como Sati y manifestó una devoción suprema a Rama con Su promesa de inquebrantable fidelidad?

    Hermano, ¿quién puede ser tan querido para Rama como lo es Shiva?
    Al contarte las obras de Shiva he descubierto tu secreto.

    Tú eres un siervo fiel de Rama, y estás libre de toda impureza." [...]
    Sri Rama, Sita, Lakshmana y Guha llegan a Prayaga:
    [...] Luego el Señor visitó a Bharadwaja; el sabio le abrazo y cayó postrado ante Él.
    La alegría que sentía en su corazón no se puede describir con palabras; parecía que había encontrado la dicha de la unidad con Brahma encarnado.

    El sabio de los sabios, Bharadwaja, invocó su bendición para el Señor.
    Sintió gran alegría en su corazón al ver que Dios había puesto ante él en forma visible la recompensa de todas sus virtudes.
    Después de preguntarles cómo se encontraban, el sabio les ofreció asientos y les llenó de su amor.
    Luego les dio bulbos, raíces, frutas y brotes, todos dulces como la ambrosía.
    Sri Rama, Sita, Lakshmana y Guha compartieron esas deliciosas raíces y frutas con mucho gusto.

    Aliviado de Su cansancio, Rama se sentía muy feliz y Bharadwaja le dijo:
    "Hoy mi penitencia, peregrinaje y renunciación, han sido recompensados.
    Hoy mi oración, meditación y desapego han dado su fruto; todas mis prácticas piadosas se han visto cumplidas al verte oh Rama.
    No hay ninguna otra ganancia ni ninguna otra alegría que no sea ésta.
    Al contemplarte, se han realizado todas mis esperanzas.
    Ahora te suplico que me concedas este don: un apego espontáneo a Tus pies de loto.
    Hasta que un hombre no se entrega sinceramente a Ti en pensamiento, palabra y obra, no puede soñar en ser feliz, haga lo que haga.
    "

    Sri Rama se sintió muy dichoso al oír al sabio, y quedó saciado con su amor y devoción.
    Luego el Rey de los Raghus le habló a todos del gran renombre del sabio:
    "Grande es realmente esa fuente de toda virtud a quien tú, oh sabio, deseas venerar".

    El sabio y el Señor experimentaban una alegría inefable al alabarse mutuamente.
    Al enterarse de ello, el pueblo de Prayaga, incluyendo a los estudiantes de la religión, ascetas, ermitaños, santos y penitentes, acudieron en masa a la vivienda de Bharadwaja para ver a los hermosos hijos del rey Dasaratha.
    Sri Rama les presentó a todos obediencia. Y ellos, con suprema alegría, le bendijeron, y regresaron alabando la belleza de los invitados reales.

    Sri Rama descansó aquella noche en la ermita.
    Al amanecer se bañó de nuevo y reemprendió Su viaje con Sita, Lakshmana y Su siervo Guha, después de inclinarse ante el sabio.

    Sri Rama preguntó al sabio: "Dime, mi señor, qué camino debemos tomar".

    Sonriendo en su interior el sabio contestó: "Todos los caminos son buenos para Ti".

    Luego el sabio llamó a sus discípulos para que acompañaran a Sri Rama; al oír la llamada, acudieron rápidamente unos cincuenta muchachos.
    Todos tenían un amor ilimitado a Sri Rama y cada uno decía que podía guiarles mejor.
    Luego el sabio les envió también a cuatro estudiantes religiosos que habían practicado todo tipo de virtudes en sus nacimientos anteriores.
    Cuando el Cortejo pasaba por alguna aldea, los hombres y mujeres acudían para verles.
    Se sentían satisfechos al haber alcanzado el fruto de sus vidas, y luego regresaban desconsolados, pues su corazón se había quedado para siempre con ellos.
    Con mucha dulzura, Sri Rama dijo a los estudiantes que se fueran, habiéndose cumplido ya el deseo de sus corazones. [...]
    Guiados por Guha, Bharata y Satrughna, en busca de su hermano Sri Rama, llegan a Prayaga:
    [...] Al oír hablar de las encantadoras virtudes de Sri Rama, Bharata llegó hasta el gran sabio Bharadwaja.

    El sabio le vio postrado ante él y le miró como la personificación de su buena suerte.
    Corriendo y levantándole el sabio le abrazó y le bendijo.
    Bharata se sentó al lado del sabio con la cabeza baja, como si fuera a correr y esconder la cara lleno de vergüenza.
    Se sentía muy preocupado al pensar que el sabio le podía hacer alguna pregunta.

    Viendo su bondad y confusión, el sabio le dijo:
    "Escucha, ¡Bharata! Ya lo sé todo; pero nosotros no podemos controlar el curso del Destino.
    No estés triste por lo que ha hecho tu madre. No es culpa de Kaikeyi, hijo querido.
    Fue la diosa del lenguaje la que confundió su mente.

    Nadie lo aprobaría, aunque yo lo dijera, pues los sabios reconocen la opinión del mundo y el juicio de los Vedas.
    Sin embargo, al cantar tu gloria inmaculada, tanto el mundo como los Vedas serán exaltados. Todo el mundo dice que de entre los hijos de mi rey, consigue el trono aquél a quien su padre se lo concede.
    El rey, que por encima de todo era fiel a su promesa, te hubiera llamado y te hubiera concedido el trono, y esto le hubiera dado alegría, méritos y gloria.
    Pero la raíz de todos los males fue el exilio de Rama al bosque, y el universo entero sufrió al saberlo.
    Sin embargo, fue deseo del destino, y la malvada reina Kaikeyi se arrepiente ahora de lo que hizo.

    Pero el que te atribuya la menor culpa a ti es vil, ignorante y malvado.
    Aunque aceptaras la soberanía no tendrías culpa alguna y hasta Rama se alegraría de ello.
    Pero lo que has hecho ahora es excelente, tu postura es justa, pues la devoción a los pies de Sri Rama es la raíz de todos los bienes de este mundo.

    Y ésa es tu riqueza y tu vida, tu aliento vital. ¿Quién, entonces, es más agraciado que tú?
    Sin embargo, en tu caso no es extraño que así sea, ya que eres hijo del rey Dasaratha y amado hermano de Rama.

    Te digo, Bharata, para el Rey de los Raghus no hay nadie tan querido como tú.
    Lakshmana, Rama y Sita te alaban y te recuerdan toda la noche.
    Llegué a descubrir ese secreto cuando se bañaban en Prayaga; se sentían desbordantes de amor por ti.
    El Rey de los Raghus tiene por ti el mismo amor que el loco tiene por la vida mundana y disoluta.
    Esto no es extraño en el Héroe de los Raghus que todo aquel que suplica.

    En cuanto a ti, Bharata, yo creo que tú eres la encarnación del amor a Rama.
    Lo que para tu mente es un error tuyo, para nosotros es una gran lección. Y esta ocasión ha sido muy apropiada para que aumente nuestra devoción a Sri Rama.

    Tu gloria es como una luna inmaculada, y los devotos de Rama son como lirios de agua que sólo se abren por la noche, y pájaros Chakora, amantes igualmente de la Luna.
    Tu gloria siempre permanecerá por encima del horizonte y nunca se desvanecerá y siempre brillará en los cielos de este mundo.
    El pájaro Chakrawaka, que representa a los tres mundos, tendrá un gran amor al sol de tu gloria, y la gloria del Señor nunca le robará su propio esplendor.
    Deleitará a todos de día de noche, y el demonio Rahu y los actos de Kaikeyi nunca la eclipsarán.
    Está llena de néctar y amor hacia Rama y no puede ser tocada por ninguna mancha que provenga de una acción contra el Guru.

    Que los devotos de Rama gusten ahora ese néctar ya que tú se lo has hecho tan fácil y accesible.
    De tu antepasado, el rey Bhagiratha, bajó el río celestial, que pensando en él se llega a la fuente de todos los bienes.
    En cuanto a las virtudes de Dasaratha, son tantas que no se pueden describir. ¿Qué más puedo decir de él?
    No había nadie como él en el mundo.

    Atraído por su afecto y mansedumbre, Sri Rama mismo apareció en la Tierra
    Rama, a quien ni siquiera Shiva ha visto con Sus ojos mentales para dicha de Su corazón.

    Tú has creado la luna sin par de tu gloria, que lleva la figura de un ciervo, el amor a Rama.

    Querido hijo, tu corazón se siente apenado sin razón, temes la pobreza después de haber encontrado la piedra filosofal.

    Escucha, Bharata -no te digo mentiras, soy un asceta que Vive en el bosque y no tengo ningún interés en este mundo-, y te digo que obtuve la magnífica recompensa de todas las prácticas espirituales cuando vi a Lakshmana, Rama y Sita.

    Y la recompensa de esa misma recompensa es verte a ti, por lo cual, no sólo yo, sino todo Prayaga debe felicitarse.
    Bharata, mereces todas las alabanzas, pues con tu gloria has conquistado el mundo entero.
    "

    Al terminar su discurso, el sabio rebosaba de amor.
    Los allí reunidos se regocijaban al oír sus palabras, los dioses aclamaban a Bharata y hacían caer flores sobre él.

    Bharata, al oír los vítores en los cielos y en Prayaga se llenó de emoción.

    Sintiendo un estremecimiento de gozo en todo su cuerpo, con el corazón lleno de Sita y Rama, y sus ojos de loto llenos de lágrimas, se postró ante los sabios y les dijo con la voz ahogada por la emoción:

    "Aquí hay una asamblea de sabios, y estamos en un lugar conocido como rey de los lugares sagrados.
    Muy dañado saldrá el hombre que afirme un hecho con juramento en un lugar así. Y si alguien miente, no habrá pecado mayor que ése.

    Hablo la verdad pues sé que sois sabios, y el Señor de los Raghus tiene acceso a los rincones más alejados del corazón.
    No siento ningún dolor por lo que mi madre ha hecho ni me preocupa el pensar que el mundo me considerará despreciable.
    No temo arruinar mi vida futura ni me aflige la muerte de mi padre, cuyas buenas obras y renombre brillan por todo el universo, que tuvo por hijos a Lakshmana y Sri Rama, y que abandonó su frágil cuerpo por estar separado de Sri Rama.
    No puedo lamentarme por él.

    Lo que me duele es que, vestidos de ermitaños, Sri Rama, Lakshmana y Sita, vagan por el bosque con los pies desnudos.

    Vestidos con pieles de ciervo, alimentándose de frutas, descansando en lechos de hierba Kusa y hojas, y parando bajo los árboles, están expuestos al frío y el sol, la lluvia y la tormenta.

    Es esta agonía ardiente la que consume mi pecho; por ello no tengo hambre durante el día ni duermo por la noche.
    No hay remedio para esta enfermedad; ya lo he buscado mentalmente en todo el mundo.
    El consejo maléfico de mi madre fue como un carpintero lleno de pecado que usó mis intereses como sierra, y de una madera deplorable construyó un objeto destructivo, y pronunciando el maleficio terrible del exilio de Sri Rama durante catorce años, lo envió a la tierra de Ayodhya.
    Sólo por mi bien puso ella en práctica ese infame plan y causó la ruina del mundo entero.
    Esta calamidad terminará sólo cuando Rama regrese; si no, Ayodhya no volverá a vivir."

    El sabio Bharadwaja se sintió complacido al oír a Bharata y todos le aplaudieron.
    "No te entristezcas tanto, querido hijo; todas tus penas desaparecerán en el momento en que contemples los pies de Sri Rama."

    Después de consolarle así, el jefe de los sabios, Bharadwaja dijo:
    "Sé mi amado huésped y dígnate aceptar los bulbos, raíces, frutas y flores que te ofrezcamos".

    Al oír al sabio, Bharata se sintió turbado, pues se veía frente a una situación muy difícil.
    Luego, comprendiendo la autoridad de la orden de un anciano, adoró los pies del sabio y contestó con las manos unidas:
    "Tus órdenes deben ser obedecidas a la perfección: éste es mi deber, señor".

    La respuesta de Bharata complació al gran sabio Bharadwaja que llamó a su lado a sus fieles siervos y discípulos y les dijo:
    "Debéis hacer que Bharata se sienta a gusto, así que id y traed bulbos, raíces y frutos".
    Y ellos se inclinaron diciendo: "¡Muy bien, señor!" y con toda alegría se dirigieron a realizar su deber.

    El sabio pensó que tenía un huésped muy distinguido y que toda divinidad debe ser adorada de acuerdo con su rango.
    Escuchando esto, Riddhis, riquezas de varios tipos y Siddhis, poderes sobrenaturales, como Anima, aparecieron en forma visible y dijeron: "Estamos listos para ejecutar tus deseos, señor".

    El gran sabio decía alegremente:
    "Bharata y su hermano menor Satrughna sufren por estar separados de Rama.
    Entretenedles y aliviadles de su fatiga
    ".

    Las riquezas, y poderes sobrenaturales, , encarnados se postraron ante la orden del gran sabio y se consideraron sumamente agraciados.
    Los Siddhis se decían: "El hermano menor de Sri Rama, Bharata, es un huésped sin igual. Hagamos lo que pueda complacerle".

    Y diciendo esto, levantaban preciosas moradas de muchas clases, que hacían palidecer a las carrozas aéreas de los dioses.
    Estaban repletas de lujo y esplendor, y eran codiciadas por los seres inmortales.
    Provistas de todo tipo de comodidades, siervos y doncellas permanecían alertas para complacer a los invitados.

    En un instante los Siddhis creaban todas las diversiones que no pueden ni soñarse en el cielo.
    Primero asignaron a cada invitado un lugar cómodo y agradable, adecuado al gusto de cada uno.
    El gran sabio creó tal riqueza que dejaba atónito al Creador mismo.

    Al contemplar el poder del sabio, a los ojos de Bharata las moradas de todos los que rigen las esferas del universo quedaban pequeñas.
    El lujo era indescriptible, al contemplarlo, los sabios olvidaban su desapego.
    Había asientos y lechos, tapices, toldos, bosques y jardines, pájaros y animales de distintas especies, flores de dulce fragancia y frutas que sabían a ambrosía, muchos lagos y estanques de aguas transparentes, comidas y bebidas de naturaleza pura, más deliciosas que el néctar y la ambrosía, y que los huéspedes, como fueran ascetas, dudaban en aceptar.

    Todas las casas tenían una vaca celestial (la vaca de la abundancia) y un árbol del paraíso; Indra, el rey de los dioses, y su compañera Sachi se volvían codiciosos al ver todo esto.
    Soplaba una brisa fresca, suave y fragante.
    Todos disfrutaban de los cuatro regalos de la vida: mérito religioso, riquezas mundanas, placer sensual y beatitud suprema, que eran fácilmente asequibles.
    Viendo el esplendor de las guirnaldas, el sándalo y las mujeres, los huéspedes se veían sobrecogidos por un sentimiento mezcla de alegría y dolor, alegría por la gran hospitalidad del sabio gracias a sus poderes yóguicos, y dolor porque en aquel tiempo, en que debían abstenerse de todo lujo, les era ofrecido de igual forma.

    La abundancia, como la hembra del pájaro Chakrawaka, y Bharata, como su compañero, permanecieron juntos aquella noche en la jaula del ermitaño por orden del sabio, que se puede comparar a un niño juguetón. Y se quedaron allí hasta el amanecer.

    Bharata y su cortejo se bañaron en el Triveni, lugar sumamente sagrado, y se inclinaron ante el sabio Bharadwaja.
    Bharata recibió con reverencia sus órdenes y bendiciones y le suplicó de muchas formas.
    Acompañado de guías expertos y llevándose todas las huestes con él, siguió su viaje con la mente puesta en Chitrakuta. [...]