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Sabio Parasurama

 

Vínculos de familia

Sabio Parasurama

  Descripción:

También conocido como: Señor de Bhrgu o de los Bhrgus

Luego de que Sri Rama rompiera el sagrado arco de Shiva:
[...] Entonces llegó el sabio Parasurama, el sol de la raza de loto de los Bhrgu, enterado de que el arco había sido quebrado. Al verle, los reyes se encogieron como se encogería una codorniz bajo las garras del halcón.

Una capa de cenizas embellecía su cuerpo, ya hermoso, su ancha frente estaba adornada con un Tripundra. Con rizos enmarañados en la cabeza, su hermosa cara de luna estaba un poco sonrojada de ira, con el ceño fruncido y los ojos encendidos por la pasión, su mirada daba la impresión de que estaba enfurecido.
Tenía unos hombros robustos como los de un toro, un pecho grande y brazos largos; se adornaba con una guirnalda sagrada, un rosario y una piel de ciervo.
Con un trapo de anacoreta en los lomos y un par de aljabas a los lados, llevaba un arco y flechas en las manos y un hacha sobre su hermoso hombro.
Aunque vestido de santo, sus obras pasadas habían sido crueles; por ello su carácter era indescriptible.
Parecía que el heroísmo hubiera tomado forma de ermitaño y hubiera llegado a donde estaban los reyes.

Al contemplar el terrible aspecto de Parasurama, los reyes se levantaron consternados, y mencionando su nombre y el de su padre, caían postrados ante él. Incluso aquél a quien Parasurama miraba amistosamente creía que su vida había concluido.

Entonces llegó Janaka y postró su cabeza; y llamando a Sita, La hizo rendir homenaje al sabio.
Sus doncellas se regocijaron cuando él le concedió sus bendiciones, y se La llevó donde se encontraban las otras damas.

Luego vino Viswamitra que colocó a los dos hermanos a sus pies de loto, diciendo que eran los hijos del rey Dasaratha, llamados Rama y Lakshmana; y viendo a la pareja, los bendijo.
Su vista estaba clavada en la incomparable belleza de Sri Rama, que humillaría el orgullo de Cupido mismo.

Luego miró a su alrededor, y aunque lo sabía todo, preguntó a Videha, como un ignorante:
"Dime, ¿qué ha reunido aquí a esta multitud?" y al hablar así, la ira se apoderó de todo su ser.

Janaka le narró toda la historia, diciéndole lo que había llevado allí a todos los reyes; y al oír su respuesta, Parasurama se volvió, y mirando en la otra dirección, vio los fragmentos de arco en el suelo. Y sintiéndose enfurecido, habló severamente:

"Dime, estúpido Janaka, quién ha roto el arco?
Muéstramelo inmediatamente o ahora mismo destruiré toda esta tierra sobre la que se extiende tu dominio".

Lleno de temor, el rey no respondía; y los reyes malvados estaban muy contentos.
Dioses, sabios, Nagas, y la gente de la ciudad estaban llenos de ansiedad; y sus corazones estaban estremecidos.
La madre de Sita se lamentaba diciendo: "Dios ha deshecho un acto consumado".

Cuando Sita se enteró del carácter de Parasurama, la mitad de un instante se le hacía como toda una vida del universo.

Cuando el Héroe de la raza Raghu vio que todos eran presa del pánico y percibió la inquietud de Janaka, intervino; en Su corazón no había alegría ni pena.

"Mi señor, debe haber sido uno de tus siervos el que ha roto el arco de Shiva. ¿Cuál es tu orden? ¿Por qué no me lo dices?"

Entonces el furioso sabio se irritó todavía más y dijo:

"Siervo es aquel que hace servicio, habiendo jugado el papel de enemigo, uno debería guerrear.
Escucha, Rama. Quien haya roto el arco de Shiva es un enemigo igual que Kartavirya, el de mil brazos.
Que se aparte y deje esta asamblea, o si no todos estos reyes serán aniquilados".

Al oír al sabio, Lakshmana sonrió y dijo insultando a Parasurama:
"Yo he roto muchos arcos pequeños en mi niñez, pero tú nunca te enojaste tanto, mi señor.
Por qué te interesa tanto este arco en particular?"

Entonces el Rey de la raza Bhrgu estalló en palabras de cólera:
"Oh joven príncipe, estando en las garras de la muerte, no tienes control sobre tus palabras. ¿Comparas un arco pequeño al poderoso arco de Shiva, conocido en todo el mundo?"

Lakshmana dijo sonriendo: "Escucha, santo señor, para mí todos los arcos son iguales.
¿Qué ganancia o pérdida hay en romper un arco gastado?
Sri Rama lo confundió con uno nuevo, y simplemente con tocarlo, lo rompió en dos; el Señor de los Raghus, por tanto, no puede ser culpado. ¿Por qué entonces estar enfadado, señor, si no hay motivo?"

Mirando su hacha, Parasurama contestó:
"Oh estúpido niño, ¿no conoces mi carácter? No quiero matarte, porque eres sólo un niño, pero no me tomes por un simple anacoreta.
He sido siempre soltero, pero muy irascible, y soy conocido en todo el mundo como enemigo declarado de la raza Ksatriya.
Con la fuerza de mi brazo dejé a la Tierra sin reyes y se la doné una y otra vez a los brahmanes.
Mira este hacha, que cortó los brazos de Sahasrabahu, oh joven príncipe.
No causes dolor a tus padres, oh muchacho, pues Mi cruel hacha ha exterminado incluso a seres en el vientre de la madre."

Lakshmana sonriente replicó con palabras suaves:
"¡Oh! El gran sabio se considera un extraordinario guerrero. Me muestra con ostentación su hacha como si hiciera volar una montaña de un solo soplo.
No existe ninguna semilla de calabaza que se marchite tan pronto como un dedo que se alce contra ella.
Cuando te vi armado con un hacha, y el arco y las flechas, hablé con orgullo.
Ahora que sé que desciendes de Bhrgu y veo que ostentas una guirnalda sagrada, olvido mi ira y soporto todo lo que digas.
En nuestra familia, nunca se demuestra el valor contra los dioses, brahmanes, devotos de Sri Hari y las vacas; pues al matar a alguno de ellos, estamos pecando, mientras que una derrota a manos de ellos nos traerá desprestigio.
Debemos arrojarnos a tus pies, aunque nos golpees. Cada una de tus palabras es tan poderosa como millones de truenos; el arco, las flechas y el hacha son, por lo tanto, un peso innecesario para ti.
Perdóname, grande e iluminado ermitaño, si he dicho algo inconveniente al ver tus armas".

Al oír esto, la joya de la raza Bhrgu respondió con voz profunda y furiosa:

"Escucha, oh Viswamitra: este muchacho es estúpido y perverso. Está en las garras de la muerte misma y causará la destrucción de toda su familia. Él es un punto negro en la raza solar; es totalmente injusto, falto de sentido e inquieto. Dentro de un momento, se encontrará en las fauces de la muerte; lo proclamo abiertamente y nadie debería culparme por ello. Paradle, si queréis salvarle, y habladle de mi gloria, poder e ira."

Y Lakshmana dijo: "Santo señor, mientras tú vivas, ¿quién más podrá alabar tu brillante gloria?
Con tus propios labios has contado tus hazañas, más de una vez. Si todavía no estás satisfecho, dinos algo más.
No sufras por reprimir tu ira. Has asumido el papel de un héroe, y eres decidido e imperturbable; es impropio de ti lanzar injurias.
Los héroes realizan obras valerosas en las luchas, pero no se dedican a anunciar su propio valor.
Al encontrar un enemigo en la batalla sólo los cobardes se vanaglorian de su propia gloria.
Parece que tienes a la Muerte a tu disposición y la llamas y la convocas una y otra vez por mi bien!"

Al oír las duras palabras de Lakshmana, Parasurama cerró el puño en su terrible hacha:

"Después de esto, que nadie me culpe, este niño de lengua atrevida merece la muerte. He tenido paciencia con él porque era niño; pero ahora va a morir".


Y Viswamitra dijo: "Perdona su ofensa; los hombres santos no tienen en cuenta las virtudes y los defectos de un niño".

"Mi hacha es muy afilada, y yo no tengo piedad, sino furia; ante mí hay un ofensor y un enemigo de mi Guru.
Aunque vuelva a insultarme, le perdono la vida sólo por consideración a ti, oh Viswamitra. Si no, destrozándole en pedazos con esta hacha, hubiera pagado la deuda que he contraído con mi Guru."

El hijo de Gadhi dijo sonriendo entre sí: Todo le parece verde al sabio Parasurama; sin embargo, con lo que se está enfrentando es con la espada de acero y no con azúcar extraída de una caña, que podría tragar fácilmente.
Es una pena que no comprenda y siga ofuscado por su ignorancia".

Lakshmana dijo: "¡Hay alguien, oh buen sabio, que no sea consciente de tu bondad, tan conocida en todo el mundo?
Has pagado completamente la deuda que debías a tus padres: ahora sólo te queda por pagar la deuda a nuestra cuenta; y como ha pasado ya mucho tiempo, se ha acumulado un interés muy alto.
Ahora tienes aquí al acreedor, y yo le pagaré ahora mismo de mi propio bolsillo".

Al oír estos comentarios sarcásticos, Parasurama tomó su hacha y toda la asamblea gritó: "¡Alack! Alack!"

"Oh rey de los Bhrgus, sigues amenazándome con tu hacha, pero lo soporto sólo porque te tengo por un brahmán, o enemigo de los príncipes.
Nunca has conocido grandes guerreros. Te has hecho importante en tu propia casita, oh santo brahmán".

Y todos exclamaron: "Esto no se puede admitir".

Entonces el Señor de los Raghus le dijo a Lakshmana que parase.
Al ver las llamas de pasión de Parasurama crecer con las oblaciones de la réplica de Lakshmana, el Sol de la raza Raghu habló palabras que fueron como el agua.

"Mi Señor, ten compasión del niño, y no derrames tu ira en este joven inocente.
Si conociera tu poder, ¿cómo iba a ser tan loco de enfrentarse a ti?
Cuando los niños hacen alguna travesura, sus maestros y padres se sienten embelesados, por ello, ten piedad de él ya que es sólo un niño y tu siervo.
Pues tu mente es justa, y tu temperamento bueno, iluminado anacoreta."


Al oír a Sri Rama, Parasurama se tranquilizó un poco pero Lakshmana, diciendo algo, volvió a sonreír.
Y al verle sonreír, Parasurama enrojeció de rabia y dijo:

"Rama, tu hermano es un malvado. Aunque su piel es blanca, su corazón es negro: y en sus labios lleva veneno mortal, no leche materna.
Perverso por naturaleza, no cuida de ti, ni me considera a mí como la imagen misma de la Muerte
".

Y Lakshmana, sonriente, dijo: "Escucha, santo señor, la pasión es la raíz del pecado. Llevados por ella, los hombres cometen acciones malvadas y llevan a cabo actividades misántropas.
Yo soy tu siervo, oh Rey de los sabios, abandona tu ira y muéstrate misericordioso conmigo.
La ira no arreglará el arco una vez roto.
Siéntate: tus piernas deben estar cansadas.
Si tienes mucho interés por ese arco, vamos a pensar en alguna forma de arreglarlo llamando a algún experto."

Janaka tenía miedo de las palabras de Lakshmana y dijo: "Te ruego que te tranquilices: no es bueno sobrepasar los límites de lo correcto".
La gente de la ciudad temblaba como hojas de álamo; y se decían: "El príncipe más joven es realmente malo".

Cuando el jefe de los Bhrgus oyó las palabras de Lakshmana, su cuerpo se encendió de ira y su fuerza disminuyó.
Y de una manera condescendiente dijo a Rama:

"No hago nada al niño porque sé que es tu hermano menor. Tan bello por fuera y tan loco por dentro, parece un jarro de oro lleno de veneno".

Entonces Lakshmana rio de nuevo, pero Sri Rama le miró enfadado.
Por tanto, dejando atrás sus palabras petulantes, se dirigió con sumisión a su Guru.
Juntando Sus manos y hablando humilde y gentilmente, Sri Rama dijo:

"Te ruego, mi señor, que siendo sabio como eres, no prestes atención a las palabras de un niño. Una avispa y un niño tienen una actitud similar; los santos nunca les culpan de nada.
Además, el niño no te ha hecho ningún mal; soy yo, mi señor, quien te ha ofendido. Así pues, considérame tu siervo y haz de mí lo que quieras, ya sea un favor o un ceño fruncido, la muerte o la cautividad.
Dime la forma, oh jefe de los sabios, de apaciguar tu ira; haré lo que tú digas".


El sabio dijo: "¿Cómo puede calmarse mi pasión, oh Rama, cuando tu hermano menor todavía mi mira con maldad?
Mientras no corte su garganta con mi hacha, mi ira no servirá de nada.
Al enterarse de los hechos crueles de mi hacha, las esposas de los reyes abortan.
Pensar de mi hacha, la misma hacha a mi servicio, debo ver a este principucho todavía vivo!
Mi mano no se mueve, aunque la pasión consume mi pecho: y esta hacha que ha matado a innumerables reyes se ha quedado despuntada.
El destino se ha vuelto contra mí, por eso veo que mi naturaleza ha cambiado.
De otra manera, mi corazón no conoce la compasión. La ternura me ha impuesto una dura prueba."

Al oír esto, el hijo de Sumitra postró su cabeza sonriendo. "La brisa de tu benevolencia corresponde a tu figura, tus palabras parecen capullos que caen de un árbol.
Oh reverendo señor, cuando la compasión enciende tu ser, Dios te ayuda en tu ira."

"Mira, Janaka. Este niño estúpido y perverso parece que desea ir a la región de la Muerte. ¿Por qué no apartarlo de mi vista?
Aunque todavía es pequeño, el principucho es muy malvado."

Y Lakshmana, sonriendo, dijo para sí: "Cierra los ojos y el mundo entero desaparecerá de tu vista".

Entonces Parasurama habló a Rama, con el corazón ardiente de furor:

"Después de romper el arco de Sambhu, miserable, ¿quieres enseñarme a mí ahora?
Tu hermano me habla así sólo porque tú se lo permites, mientras que tú profieres falsas súplicas con las manos unidas.
O me satisfaces con un combate, o renuncia a tu nombre de "Rama".
Dame batalla, enemigo de Shiva, sin recurrir a ninguna treta, o si no os destruiré a ti y a tu hermano."


Mientras el jefe de los Bhrgus rabiaba así con la mano alzada, Sri Rama sonreía dentro de Sí, inclinándose ante el sabio:
"La culpa es de Lakshmana, pero la ira del sabio está contra mí. A veces la mansedumbre también atrae el mal.
El hombre torcido es respetado por todos; la luna creciente no es devorada por el demonio Rahu".


Rama dijo: "Deja tu ira, señor de los sabios, el hacha está en tu mano y mi cabeza está ante ti.
Haz, mi señor, lo que calme tu enfado; y considérame como tu siervo.
¿Cómo puede haber un duelo entre maestro y servidor?
Olvida tu enfado, oh gran brahmán; sólo porque te vio vestido de guerrero, el niño te dijo algo y no puede ser culpado por ello.
Al verte equipado con un hacha, las flechas y el arco, el niño te tomó por un héroe y se excitó.
Aunque sabía tu nombre, no te reconoció y te respondió de acuerdo a su linaje.
Si hubieras venido como un sabio, el niño, oh santo señor, hubiera puesto el polvo de tus pies sobre su cabeza.
Perdona el error de alguien que no te conoció; un brahmán debería tener mucha misericordia en su corazón.
Qué comparación, mi señor, puede haber entre tú y yo?
Dime si hay afinidad entre la cabeza y los pies. Mi nombre es corto, y consiste en una sola palabra: "Rama', y el tuyo es largo, y tiene la palabra "Parasu' antes de Rama.
Mientras que mi arco sólo tiene una cuerda, el tuyo lleva nueve cuerdas sagradas.
Soy inferior a ti en todo; así pues, santo señor, perdona mis errores."


Una y otra vez Rama se dirigía a su adversario llamándole sabio y gran brahmán, hasta que el jefe de los Bhrgus exclamó furioso:

"¡Eres tan perverso como tu hermano!
Crees que sólo soy un brahmán, te diré qué clase de brahmán soy.
Mi arco es mi cazo para los sacrificios, las flechas son mi oblación y mi ira el fuego ardiente; las cuatro fuerzas brillantes son la energía, poderosos príncipes me han servido de víctimas, y les he destrozado con esta hacha, ofreciéndoles como sacrificio.
Así he realizado millones de sacrificios en conflictos armados, ayudándome de fórmulas sagradas y gritos de guerra.
Tú no conoces mi gloria; por eso te diriges a mí con palabras de desprecio, confundiéndome con un simple brahmán.
Como has roto el arco tu arrogancia sobrepasa todo límite; de la manera en que te sobreestimas, parece que hubieras conquistado el mundo entero."

Rama dijo: "Oh, sabio, piensa antes de hablar, tu ira sobrepasa a mi error, que es insignificante.
Gastado como estaba, el arco se rompió con sólo tocarlo. ¿Qué razón tengo yo para ser orgulloso?
Oye la verdad, señor de los Bhrgus, si, como dices, te trato con poco respeto porque eres un brahmán, ¿quién es el guerrero en este mundo a quien debo postrarme lleno de temor?
Un dios, un demonio, un rey o una tropa de guerreros, ya sean iguales a mí o más poderosos, si alguno de ellos me desafiara a luchar combatiría alegremente con él, aunque fuera la Muerte misma. Pues aquel que nace como Ksatriya y tiene miedo de luchar es un verdadero miserable e insulta a su linaje. Te digo por mí mismo, y no como tributo a mi raza: los descendientes de Raghu no tiemblan al luchar con la misma Muerte. Tal es la gloria de la raza brahmánica, que los que deberían temerte están libres de todo temor."


Al oír estas palabras suaves y profundas de Sri Rama, la mente de Parasurama se desilusionó.

"Oh Rama, toma este arco del Señor Rama y empúñalo para que mis dudas se vayan."

Cuando Parasurama ofreció su arco, éste pasó por sí solo a manos de Rama y Parasurama quedó asombrado.

Entonces reconoció el poder de Sri Rama y su cuerpo se estremeció de gozo, y su cabello se erizó.
Uniendo sus manos habló a Rama, con el corazón desbordante de emoción:

"Gloria a Sri Rama, que deleita a la raza Raghu como el Sol deleita a un grupo de lotos!
¡Gloria al Fuego que consume el bosque de la raza de los demonios!
¡Gloria al bienhechor de los dioses, brahmanes y vacas!
¡Gloria al que se lleva el orgullo, la ignorancia, la pasión y bondad, y maestro en el arte de la palabra!
¡Gloria al Deleitador de Sus siervos, y al que es hermoso y bello como millones de Cupidos!
¿Cómo voy a alabarte con una sola lengua?
¡Gloria a Aquel que juega en la mente del gran Señor Shiva como un cisne en el lago Manasarovar!
En mi ignorancia, he dicho muchas cosas falsas; por ello, perdonadme, hermanos, ya que sois moradas de perdón.
¡Gloria, glorias, toda la gloria al Rey de la raza Raghu!"

Diciendo esto, el señor de los Bhrgus se retiró al bosque a hacer penitencia. [...]
Tras la muerte de su padre y consternado por tener que asumir como rey en lugar de Sri Rama, el sabio Vasistha dice a Bharata:
[...] El rey fue bendecido en todos los aspectos; no es necesario lamentarse por él.
Así pues, no te apenes más y obedece fielmente la orden del rey.
El rey te ha dado la soberanía; por tanto, te corresponde hacer realidad las palabras de tu padre, que abandonó a Rama para cumplir su promesa y dejo su cuerpo por la angustia de la separación de Rama.
El rey amaba su palabra más que su propia vida, por tanto, hijo, cumple la palabra de tu padre. Obedece su orden; esto te hará mucho bien.
Parasurama ejecutó la orden de su padre, y mató a su propia madre todo el mundo fue testigo de esto. [...]
Tras escuchar menospreciar a Sri Rama, asimilándolo a un hombre mortal, Angada dice a Ravana:
[...] "Ten cuidado con lo que dices, vanaglorioso desdichado.
¿Cómo va a ser considerado un hombre, desdichado Ravana, Aquél cuya mirada funde el orgullo de Parasurama, el mismo Parasurama cuya hacha era como un fuego que consumía el ilimitado bosque de brazos del rey Sahasrabahu, o como el mar en cuya rápida corriente arrastró a innumerables reyes una y otra vez?" [...]