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Hanuman, deidad

 

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Hanuman, deidad

   Otro nombre para Hanuman, fue Maruti, deidad.

  Descripción:

Hijo del dios del viento.
Ministro de Sugriva que, heroicamente, participó al lado de Sri Rama para rescatar a Sita.
También conocido como: Maruti, Añjanaputra, Vayuputra, Kesariputra.

Tulsidas dice:
[...] Suplico a Hanuman, el gran héroe, cuya gloria ha sido cantada por el mismo Sri Rama. [...]

[...] Saludo a Hanuman, hijo del dios del viento, encarnación de sabiduría, fuego en el bosque de los malvados; en su corazón reside Sri Rama, armado con un arco y flechas. [...]
Lord Shiva dice a Uma:
[...] El Señor de los Raghus siguió avanzando y llegó al monte Rsyamuka.
Allí habitaba Sugriva con sus consejeros.
Cuando vio a los dos hermanos, las encarnaciones más altas de inmensurable fuerza, se sintió extremadamente alarmado y dijo a uno de sus ministros: "Escucha, Hanuman: esos dos hombres poseen una increíble fuerza y belleza. Tú eres un distinguido estudiante de Brahma, ve, obsérvalos y trata de averiguar sus intenciones; una vez que lo hayas hecho, infórmame al respecto por medio de signos.
Si han sido enviados por el malicioso Vali, tendré que dejar esta montaña inmediatamente."

Tomando la forma de un brahmán, el mono Hanuman se acercó a los dos hermanos e inclinando su cabeza, se dirigió a ellos de la siguiente forma:
"Quiénes sois, héroes -uno de tez oscura, el otro de tez clara-, que vagáis por los bosques disfrazados como Ksatriyas pisando el duro suelo con vuestros delicados pies? ¿Por qué vagáis por los bosques, maestros?
¿Cómo es que poseyendo delicados, encantadores y bellísimos miembros los exponéis al ardiente Sol y al tormentoso viento de estas salvajes regiones? ¿Sois parte de la Trinidad o sois los divinos sabios gemelos Nara y Narayana?
¿O sois la Causa Primordial del mundo y el Señor de todas las esferas manifestados en forma humana para construir el puente que cruce la existencia mundana y aliviar el peso de la tierra?"
[...]

[...] "Somos hijos del Rey Dasaratha, el señor de Kosala, y hemos venido al bosque obedeciendo el mandato de nuestro padre. Nuestros nombres son Rama y Lakshmana. Teníamos con nosotros a una bella y delicada joven, la hija del Rey Videha, que ha sido raptada por un demonio.
Es en su búsqueda que vamos vagando, oh santo brahmán. Hemos respondido a tu pregunta, ahora cuéntanos tu historia, oh buen brahmán."


Entonces Hanuman reconoció a su Señor y cayendo al suelo se abrazó a Sus pies.

Este gozo, Uma, no puede ser descrito. Un estremecimiento corrió por todo su cuerpo y no consiguió que palabra alguna viniese a sus labios, tal era el éxtasis que experimentaba tan sólo contemplando el encantador estilo de sus vestidos.
Entonces, recobrándose, cantó Sus glorias. Se sentía profundamente contento de haber encontrado a su maestro.

"Es bastante normal que yo te haya preguntado, mi Señor, pero ¿cómo es que Tú me preguntas como un mortal?
He estado vagando en la confusión bajo el hechizo de Tu Maya; por esta razón no pude reconocer a mi Señor.
En primer lugar soy estúpido y estoy engañado, soy débil de corazón e ignorante; y para colmo, mi maestro, que es un protector del humilde y que no es otro que el Mismo Señor todopoderoso, me había olvidado.
Mi Señor, aun a pesar de mis muchos defectos, no dejes que el sirviente caiga en el olvido del maestro.
El Jiva, oh Señor, es engañado por Tu Maya y tan sólo puede ser redimido por Tu gracia.
Además, juro por el Héroe de la estirpe de Raghu, que no conozco ni la adoración ni ningún otro medio de complacerte.
Un sirviente depende por completo de su maestro y un niño de su madre y ambos permanecen libres de la ansiedad, por ello un maestro tiene que cuidar a su sirviente."

Diciendo esto, cayó a los pies del Señor con mucha agitación; su corazón estaba sobrecogido por el amor y entonces se manifestó en su propia forma de mono.
El Señor de los Raghus lo levantó y abrazándole contra su pecho, le consoló mojándole con las lágrimas de Sus ojos.

"Escucha, Hanuman, no estés deprimido; tú eres para mí dos veces tan querido como Lakshmana.
Todo el mundo dice que Yo miro a todos con los mismos ojos; pero un devoto es particularmente querido para Mí, porque tan sólo depende de Mí.
Y tan sólo él, Hanuman, es exclusivamente devoto Mío, poseyendo una inalterable convicción de que él es el sirviente y de que el Señor manifestado en la forma de toda la creación, animada e inanimada, es su maestro."


Cuando Hanuman, el hijo del dios del viento, vio que su "maestro le era tan propicio se sintió verdaderamente feliz y da su agonía desapareció.

"Mi Señor, en la cima de esta montaña vive Sugriva, el jefe de los monos: él es Tu sirviente. Hazte amigo suyo, mi señor; conociendo su sufrimiento, líbrale de todo miedo. El encontrará a Sita enviando en su búsqueda a millones de monos, en todas las direcciones."

Después que Le hubo explicado todo esto, alzó a los dos hermanos sobre su espalda y los transportó al lugar donde estaba Sugriva. Cuando este último vio a Sri Rama considero bendecido su nacimiento. Sugriva avanzó reverentemente al encuentro de Sri Rama y se postro ante Sus pies, entonces el Señor de los Raghus y Su hermano menor le abrazaron.

El jefe de los monos se preguntaba para sí: "Querrán ser amigos míos?"
Entonces Hanuman relató todos los detalles a ambas partes, y una vez instalado el fuego sagrado como testigo, concluyó una firme alianza entre Sri Rama y Sugriva. [...]
[...] Allá, en Kiskindha, Hanuman, el hijo del dios del viento, pensó para sí: "Sugriva ha olvidado la tarea que Sri Rama le encomendó".
Por ello, acercándose a Sugriva, inclinó su cabeza a sus pies y trató de que éste se diera cuenta empleando los cuatro métodos de persuasión. [...]
[...] Despidiéndose de Sugriva e inclinando sus cabezas a sus pies partieron alegremente, con sus pensamientos fijos en el Señor de los Raghus.
El último en postrarse fue Hanuman, el hijo del dios del viento.
El Señor, sabiendo que era él quien iba a llevar a cabo Su empresa lo llamó a su lado.
Abrazando su cabeza con Sus manos de loto y reconociéndolo como Su devoto, le dio Su anillo.
"Trata de consolar a Sita y una vez que le hayas contado la agonía que está sufriendo mi corazón debido a nuestra separación, regresa rápidamente."

Hanuman sintió que había recogido la recompensa de su nacimiento y partió con la imagen del Todomisericordioso brillando en su corazón. [...]
Luego que el buitre Sampati indicara al ejército de Sugriva dónde encontrar a Sita, Jambavan alienta a Hanuman:
[...] Entonces el rey de los osos se volvió hacia Hanuman:
"Escucha, oh poderoso Hanuman, ¿cómo es que permaneces callado?
Hijo del rey del viento, eres tan poderoso como tu padre y fuente de inteligencia, discreción y sabiduría espiritual.
Querido niño, ¿qué hazaña en este mundo es demasiado difícil como para que tú no la puedas llevar a cabo?
Has venido a este mundo tan sólo para servir a Sri Rama".

Tan pronto como Hanuman escuchó estas palabras, creció hasta el tamaño de una montaña, con el cuerpo brillante como el oro y lleno de esplendor, ya que él era otro rey de montañas.
Rugiendo una y otra vez como un león, dijo:

"Yo puedo saltar fácilmente a través del salado océano y matar a Ravana con toda su armada, puedo arrancar las raíces de la colina de Trikuta y traerla aquí. Pero te pido, Jambavan, que amablemente me des el consejo adecuado".

"Todo cuanto tienes que hacer, hijo mío, es ir y ver a Sita y volver con sus nuevas.
Entonces Sri Rama, el de los ojos de loto, la rescatará por la fuerza de su brazo, llevando consigo un ejército de monos por simple diversión." [...]
[...] Hanuman estaba verdaderamente gozoso de oír la animadora charla de Jambavan.
Y dijo: "Esperadme, hermanos, soportando penurias y viviendo de tubérculos, raíces y frutas, hasta que vuelva a ver a Sita. Estoy seguro que nuestro propósito será cumplido pues me siento muy bien de ánimo"

Diciendo esto e inclinando después su cabeza a todos ellos se marchó lleno de gozo con la imagen de Sri Rama grabada en su corazón. Había una hermosa colina en la costa; Hanuman, sin esfuerzo, subió a su cima. E invocando una y otra vez al Héroe de la estirpe Raghu, el hijo del dios del viento saltó con toda su fuerza.
Inmediatamente la colina en la que se apoyó, se hundió hasta la región más baja.
Hanuman salió lanzado hacia adelante como si hubiera sido la infalible flecha de Sri Rama.

Sabiendo que era el emisario de Rama, la deidad que dirige el océano, habló así a la montaña Mainaka: "Alíviale de su fatiga, oh Mainaka, permitiéndole que descanse en ti''.

Hanuman tocó la montaña con su mano y luego se inclinó ante ella diciéndole:

"No puede haber descanso para mí hasta que haya realizado el trabajo de Sri Rama".

Los dioses vieron al hijo del dios del viento deslizándose; y para probar su extraordinaria fuerza e inteligencia enviaron a Surasa, madre de las serpientes, que se acercó a él y dijo: "Los dioses me han dado comida hoy".

Oyendo estas palabras el hijo del dios del viento le contestó:

"Déjame que vuelva después de haber cumplido el encargo de Sri Rama y haber informado a mi Señor sobre Sita.
Entonces me acercaré a ti y entraré en tu boca: te digo la verdad, Madre, sólo con que me permitas partir ahora".

Sin embargo, ella no le dejaba irse bajo ningún pretexto.
Y Hanuman dijo: "Entonces, ¿por qué no me devoras?"

Así que estiró su boca hasta una distancia de ocho millas, mientras el jefe de los monos crecía el doble de la medida de su boca.
Alargó su boca de nuevo hasta una distancia de ciento veintiocho millas, e inmediatamente el hijo del dios del viento adquirió una forma que cubría doscientas cincuenta y seis millas.
A pesar que Surasa expandió sus mandíbulas, el jefe de los monos se manifestó en una forma dos veces mayor que su boca. Cuando ella de nuevo extendió su boca ochocientas millas a lo ancho, el hijo del dios del viento asumió una forma muy diminuta, pudiendo entrar y salir de su boca; e inclinando su cabeza ante ella, le rogó que lo dejara continuar.

"He medido la extensión de tu ingenio y fuerza, motivo por el cual los dioses me enviaron.
Cumplirás el encargo de Sri Rama, fuente inagotable de fuerza e inteligencia".

Después de bendecir a Hanuman partió y asimismo Hanuman, lleno de gozo, reanudó su viaje por el aire. [...]
[...] Había un demonio que residía en el océano y utilizando tretas atrapaba a los pájaros en el aire.
Cuando veía en el agua el reflejo de la criatura que cursaba el aire la cazaba sin que ésta pudiera moverse.
De esta forma devoraba pájaros todos los días.

Con Hanuman empleó mismo truco, pero jefe de los monos descubrió su juego.
El valiente hijo del dios del viento acabó con ella y cruzó el océano, decidido de mente como era él.

Al alcanzar la otra orilla contempló la belleza del bosque, lleno de abejas zumbando en busca de miel. Árboles de diferentes especies lucían atrayentes con sus frutos y sus flores; y particularmente quedó verdaderamente encantado al ver los numerosos pájaros y bestias.
Después de divisar una gran montaña delante de él, corrió valientemente a su cima.

El jefe de los monos, Uma, no merece reconocimiento por esto: todo ha de ser atribuido a la gloria del Señor, que por sí mismo termina con la Muerte.

Subiendo la colina reconoció a Lanka, la más maravillosa fortaleza por encima de toda descripción.
Era muy alta y el océano la rodeaba por todos lados. Sus murallas de oro irradiaban un gran brillo por todo alrededor.
La ciudad encantada estaba rodeada de una fortificación de oro incrustada con piedras preciosas de varios tipos, y en ella había hermosas casas, cruces caminos, bazares, y agradables calles y senderos y estaba adornada de múltiples formas.
¿Quién podría contar las multitudes de elefantes, caballos y mulas, las muchedumbres de soldados a pie y en carrozas, y las tropas de demonios de todo tipo -formidable ejército, más allá de toda descripción-?

Bosquecillos y huertos, jardines y parques, lagos a la vez que pozos, tanto gran des como pequeños, parecía todo ello encantado; hijas de seres humanos, Nagas, dioses y Gandharvas cautivaban con su belleza hasta la mente de los ermitaños luchadores, y dotadas de formas como montañas rugían fuertemente.
Por las distintas callejuelas luchaban con toda variedad de formas unos con otros y se desafiaban a duelo.
Diez mil de los campeones de formas terroríficas guardaban la ciudad cuidadosamente por todos los sitios.
En otros lugares los infames demonios se daban grandes festines con los búfalos, seres humanos, vacas, monos y cabras.

Tulsidas ha narrado rápidamente su historia por la única razón de que renunciaron a sus cuerpos ante las flechas de Sri Rama y por lo tanto alcanzaron el estado supremo.

Viendo una hueste de guardias defendiendo la ciudad, el jefe de los monos pensó para sí:
"Permíteme adquirir una forma muy diminuta y entrar en la ciudad por la noche".

Hanuman se hizo tan pequeño como un mosquito e, invocando al Señor en apariencia humana, Bhagavan Sri Rama, se dirigió hacia Lanka.

En la entrada de Lanka vivía una demonia, llamada Lankini.
"A dónde crees que puedes ir sin mi permiso? -dijo-. ¿Loco, no has podido averiguar quién soy yo?
Todos los ladrones que pasan por aquí son mi comida."

El gran mono le dio tal puñetazo que la derribó haciéndole vomitar sangre.
Lankini se levantó, y juntando sus manos con desaliento, humildemente se dirigió a él diciendo:
"Cuando Brahma concedió a Ravana el favor que había pedido, el Creador, mientras se marchaba, me hizo la advertencia siguiente referente al exterminio de la raza de los demonios : 'Cuando seas derrotada por el puñetazo de un mono, te hago saber que todo habrá terminado para la raza de los demonios'.

He debido alcanzar un gran mérito, querido Hanuman, por haber sido bendecida viendo al propio mensajero de Sri Rama.
A un lado de la balanza, querido hijo, coloca los deleites del cielo y la dicha de la beatitud final; y todo ello perderá importancia ante el gozo de haber estado un momento en compañía de los santos.
Entra en la ciudad con el Señor de Ayodhya en tu corazón y cumple tu propósito.
El veneno es transformado en néctar, los enemigos se vuelven amigos, el océano se contrae al tamaño de la pisada de una vaca, el fuego se enfría, la Montaña Meru, oh Garuda, parece un grano de arena ante aquel en quien Sri Rama ha puesto Su benigna mirada."

Hanuman adquirió una forma muy diminuta e invocando a Sri Rama entró en la ciudad.
Exploró cada mansión y vio innumerables guerreros aquí y allá.
Luego se encaminó hacia el palacio de Ravana, maravilloso más allá de las palabras. Vio al jefe de los demonios profundamente dormido; pero no encontró allí a la hija de Videha.
Entonces divisó otro espléndido edificio que tenía al lado un templo sagrado a Sri Hari.
La mansión, con las armas, arcos y flechas, de Sri Rama pintadas en sus paredes, era hermosa más allá de toda descripción.
El jefe de los monos se regocijó de ver ramos de plantas jóvenes de Tulasi allí.

"Lanka es la morada de una cuadrilla de demonios; ¿cómo ha podido poner aquí su residencia un hombre piadoso?"

Mientras el jefe de los monos razonaba consigo mismo de esta manera, Vibhisana, el hermano más joven de Ravana, se despertó. Empezó a repetir el nombre de Sri Rama en oración y Hanuman quedó verdaderamente encantado de hallar un alma virtuosa.

"Podré conocer todos los sucesos a través de él; por ninguna causa sufriría en las manos de un buen hombre".
Después de decidir esto tomó la forma de un brahmán y se dirigió a Vibhisana, que tan pronto como oyó las palabras de Hanuman se levantó y se acercó donde éste estaba.
Inclinándose le preguntó al brahmán cómo se encontraba:
"Dime todo sobre ti, santo señor. ¿Eres uno de los sirvientes de Sri Hari como Narada y otros?
Mi corazón rebosa de amor ante tu presencia.
¿O eres tú mismo Sri Rama, afectuoso amigo de los pobres, que has venido a bendecirme con tu presencia?"

Así que Hanuman le contó todo sobre Sri Rama al mismo tiempo que descubrió su propia identidad.
En el momento en que Vibhisana oyó esto, un estremecimiento recorrió el cuerpo de ambos y fueron transportados con gozo al pensamiento de las innumerables virtudes de Sri Rama.

"Oye, oh hijo del dios del viento, como estoy viviendo aquí?; mi condición es similar a la de la pobre lengua, que vive en medio de los dientes.
Querido amigo, ¿me mostrará alguna vez su gracia el Señor de la raza solar, sabiendo que estoy sin maestro?
Dotado como estoy de una forma llena de pecado y demoníaca, estoy incapacitado para hacer cualquier Sadhana; y mi corazón no tiene amor por los pies de loto del señor.
Pero ahora tengo confianza, Hanuman, en que Sri Rama derramará su gracia sobre mí; porque nadie puede encontrarse un santo sin la gracia de Sri Hari.
Únicamente por que el héroe de la raza Raghu ha sido cariñoso conmigo, es por lo que me has bendecido con tu presencia insolicitada.

"Escucha, Vibhisana; el señor siempre es afectuoso con sus sirvientes, ésa es su costumbre. Dime qué nacimiento superior puedo pedir, siendo un mono vil y trivial, tanto que si alguien menciona nuestro nombre temprano por la mañana puede estar seguro de que no comerá en todo el día. "Escucha, mi amigo: ¡Aun siendo tan desgraciado, el héroe de la raza Raghu, me ha mostrado su gracia!"
Y sus ojos se llenaron de lágrimas, mientras recordaba las virtudes del señor.

"No es para admirarse que aquellos que a sabiendas olvidan tal señor y nadan a la deriva son infelices."
Narrando así las virtudes de Sri Rama, Hanuman le dio verdadero consuelo.

Luego Vibhisana le contó cómo la hija de Janaka había estado viviendo allí.
Así que Hanuman dijo, "Escucha, hermano: me gustaría ver a la Madre Sita".

Vibhisana le explicó detalladamente la forma de verla y el hijo del dios del viento abandonó a Vibhisana y prosiguió su viaje.

Adquiriendo la misma forma diminuta que había tomado anteriormente, se encaminó al bosque de Asoka donde vivía Sita.
Mentalmente se inclinó ante Ella tan pronto como La vio.
Obviamente había estado despierta durante las horas de la noche.
Aparecía enflaquecida, y en su cabeza llevaba una sola trenza hecha con el pelo enredado y repetía para sí misma las excelencias de Sri Rama.
Tenía los ojos fijos en Sus propios pies, mientras que Su mente estaba absorta en el pensamiento de los pies de loto e Sri Rama.
El hijo del dios del viento se sintió sumamente miserable al ver triste a la Hija de Janaka.

Ocultándose entre las hojas de un árbol meditó dentro de sí, "Ven, señor, que debería hacer?"

En ese mismo momento llegó Ravana, alegremente adornado y acompañado por una tropa de mujeres.
El infeliz trató de persuadirla de muchas formas mediante consejos amistosos, tentaciones, amenazas y distanciamiento.

Dijo Ravana, "Escucha, oh hermosa y sabia señora: Haré a Mandodari y todas las otras reinas tus criadas: lo juro, con la condición de que pongas tu mirada en mi por una sola vez".

Interponiendo una brizna de hierba entre Ella y Ravana y fijando sus pensamientos en su más querido Señor, la Hija del Rey de Ayodhya, Videha, replicó:

"Escucha, oh monstruo de diez cabezas: ¿puede una flor de loto ser abierta por el resplandor de una luciérnaga? Reflexiona sobre esto en tu corazón".
Y continuó la Hija de Janaka;
"Quizá no tienes ni idea de cómo son las flechas de Sri Rama, oh desdichado.
Me arrebataste en un momento en que no había nadie a mi lado; sin embargo, no te sientes avergonzado, oh vil y descarado bellaco".


Al oír que él era comparado a un insecto luminoso y que Sri Rama lo era con el Sol, y exasperado por sus severas palabras, el monstruo sacó su espada y dijo: "Sita, me has insultado, por consiguiente te cortaré la cabeza con mi implacable espada. U obedeces mi mandato de una vez, o perderás tu vida, oh hermosa señora."

"Oh monstruo de diez cabezas, el brazo de mi señor es hermoso como una hilera de lotos azules y largo y bien formado como el tronco de un elefante. Ni tu brazo ni tu espantosa espada tendrán mi cuello: oye éste mi solemne voto, oh loco."
Y volviéndose a la reluciente cimitarra de Ravana, dijo:
"Quita, oh Chandrahasa, la ardiente agonía de mi corazón causada por el fuego de la separación del Señor de los Raghus. Posees una fría, afilada y buena hoja; así que alíviame del peso de mi dolor",
concluyó Sita.

Oyendo estas palabras él se adelantó para matarla; y fue la Reina Mandodari, hija de Maya, quien intervino y le apaciguó con palabras de buen consejero.
Y nombrando a todas las demonios que allí estaban, Ravana les dijo: "Id y molestad a Sita en cualquier forma que podáis. Si no acepta mi consejo en el período de un mes, sacaré mi espada y la decapitaré".
Después de dar estas instrucciones, Ravana volvió a su palacio, mientras que la hueste de demonios, tomando toda clase de horrorosas formas, incordiaban a Sita en el bosque Asoka.

Una de estas demonios, llamada Trijata, era devota de los pies de Sri Rama y perfecta en sabiduría espiritual.
Convocó a todas sus compañeras, les contó su sueño y las exhortó a servir a Sita y en esa forma bendecirse a sí mismas.
"En mi sueño un mono quemó Lanka y toda la hueste de demonios fue exterminada.
En cuanto a Ravana, el de diez cabezas, lo vi desnudo montado en un burro, con sus cabezas cortadas y sus veinte brazos arrancados.
De esta forma iba encaminado hacia el Sur; y parecía como que Lanka hubiera pasado a manos de Vibhisana.
La victoria de Sri Rama fue proclamada en toda la ciudad con toques de tambores; fue entonces cuando el Señor Rama envió a buscar a Sita.
Proclamo en voz alta este sueño, que se hará realidad de aquí a varios días."

Todas se espantaron al oír sus palabras y cayeron a los pies de la Hija de Janaka.
Dispersáronse todas en varias direcciones y Sita con desasosiego pensó para sí:
"Al final de un largo mes este vil monstruo me matará.


Con las manos juntas dijo a Trijata:
"Madre, eres mi única compañera en la adversidad.
Así que rápidamente inventa algún medio por el cual pueda abandonar este cuerpo; pues esta desolación, que es tan difícil de soportar, no puede ser por más tiempo sufrida.
Trae un poco de madera y levanta una pira; y después, madre mía, préndele fuego.
Prueba así la autenticidad de mi amor por el Señor, oh sabia señora.
¿Quién puede soportar las palabras de Ravana, que atraviesan el oído como una flecha?"


Al oír estas palabras, Trijata se abrazó a los pies de Sita y la confortó contándole la majestad, fuerza y gloria de Su Señor.

"Escucha, oh delicada señora: Por la noche no puede encenderse fuego."
Diciendo esto partió hacia su residencia.

Sita se dijo:
"El mismo cielo se ha vuelto hostil conmigo; no hay fuego que pueda encenderse, y de ninguna otra forma puedo ser curada de mi agonía. Chispas de fuego son visibles en los cielos; pero ni una sola estrella cae a la Tierra.
La Luna, aunque toda fuego, rehúsa llover su fuego, como si fuera consciente de mi desdicha.
Oye mi oración, oh árbol de Asoka: llévate mi dolor y defiende tu nombre.
Tus frescas y tiernas hojas tienen el color de las llamas; provéeme, pues, con fuego y no lleves más allá de los límites mi agonía".


Este momento le pareció a Hanuman como una eternidad mientras contemplaba a Sita verdaderamente apenada por la separación de Su señor.
Entonces, concentrándose en su interior, Hanuman, jefe de los monos, en respuesta a Su plegaria tiró el anillo sellado, como si Asoka el árbol hubiera soltado una chispa. Ella lo recogió con gozo y lo colocó en Su mano.

Después de esto, vio el fascinante anillo bellamente grabado con el nombre de Sri Rama. Reconociendo el anillo lo miró profundamente.
"Quien puede conquistar al invencible Señor de los Raghus y tan divino anillo no puede provenir de Maya."

De este modo Sita se sumergió en imaginaciones de este tipo, por lo que Hanuman habló con acento meloso y empezó a cantar las glorias de Sri Ramachandra.

En el momento en que sus palabras llegaron a oídos de Sita, Su pena se disipó.
Escuchó con toda su alma y oídos mientras Hanuman narró toda la historia desde su comienzo.
"¿Por qué aquella voz quien ha contado este cuento, que es como néctar para mis oídos, no se muestra a sí misma?"

Por consiguiente, Hanuman, lleno de admiración, se acercó a ella, mientras Sita estaba sentada de espaldas a él.

"Soy el mensajero de Sri Rama, madre Janaki: solemnemente juro por el Señor todo misericordioso, que este anillo ha sido traído por mí, oh madre; Sri Rama me lo dio como una prueba para ti."

"Cuéntame cómo fue que nació esta asociación entre hombre y mono."


Enseguida Hanuman explicó las circunstancias en las que se produjo tal unión entre hombre y mono.
Al oír las afectuosas palabras del mono, Su alma confió en él y le reconoció como sirviente, en pensamiento, palabra y acción, del Señor Todomisericordioso.
Viéndole como un devoto de Sri Hari creció en ella un gran afecto por él. Sus ojos se llenaron de lágrimas y la emoción hizo estremecer mi cuerpo.

"Para mí, que estaba ahogándome en el océano de la desolación, querido Hanuman, has venido como un verdadero barco.
Ahora háblame, te ruego, del bienestar del todo dichoso Sri Rama, matador de Khara y de su hermano más pequeño Lakshmana.
¿Por qué el Señor de los Raghus, tan compasivo y bueno, se ha vuelto tan duro de corazón?
¿Me recuerda alguna vez el Jefe de los Raghus, Aquel que por disposición natural es fuente de deleite para sus sirvientes?
¿Volverán a alegrarse mis ojos viendo sus delicados y firmes miembros?"


Las palabras la desanimaron y sus ojos se llenaron de lágrimas.
"¡Ah, mi señor, Me has olvidado por completo!"


Viendo a Sita dolorosamente disgustada debido a la separación de Su Señor, Hanuman se dirigió a ella con tono suave y cortés:

"El Señor y su hermano más pequeño Lakshmana están bien, madre, excepto por el hecho de que el Todomisericordioso está lleno de dolor a causa de tu tristeza.
No te sientas abatida, madre; Sri Rama te ama dos veces más que tú a Él.
Madre, ahora apacíguate y oye el mensaje de Sri Rama."
Al pronunciar estas palabras, la voz del mono se ahogó por la emoción y sus ojos se llenaron de lágrimas.

"Sri Rama dijo: 'Desde que he sido separado de ti, Sita, todo se ha trastornado.
Las tiernas y frescas hojas de los árboles parecen lenguas de fuego; las noches son tan tenebrosas como la noche de la disolución final y la Luna abrasa como el Sol.
Camas de lotos son como lanzas plantadas en el suelo, mientras que las nubes derraman aceite hirviendo como hacían antes.
Aquellos que se sentían en paz ahora se sienten atormentados; el fresco, suave y fragante aliento es ahora como el aliento de una serpiente.
La agonía de uno es aliviada hasta cierto punto cuando se habla de ella; pero, ¿a quién puedo hablar de ella?
Pues no hay nadie que pueda comprender.
La cuerda de amor que nos une a ti y a mí, querida, sólo es conocida por mi alma; y mi alma siempre está contigo. Esta es la esencia de mi amor'
.

En el momento en que la Hija de Videha oyó el mensaje del Señor quedó tan absorta en amor que perdió toda conciencia de Su cuerpo.

Dijo el mono, "Madre, recógete y fija Tus pensamientos en Sri Rama, el deleite de Sus sirvientes. Reflexiona en la gloria del Señor de los Raghus y olvida todo miedo causado por mis palabras.
Las huestes de demonios son como polillas, mientras que las flechas del Señor de los Raghus son como llamas.
Ten ánimo en tu corazón, madre, y considera a los demonios como consumidos.
El héroe de la estirpe de Raghu tuvo noticias tuyas, el señor de los Raghus no se retrasará.
En el momento en que las flechas de Sri Rama aparezcan como el Sol, la hueste de demonios se dispersará como las sombras de la noche.
Madre, te llevaría a Él en este mismo momento; pero, juro por Rama, que no tengo tales órdenes del Señor.
Por lo tanto, espera pacientemente algunos días más, hasta que el Héroe de la estirpe Raghu llegue con las tropas de monos. Matando los demonios te llevará de aquí, mientras que Narada y las otras sagas le glorificarán en las tres esferas de la creación."

"Pero, hijo mío, todos los monos deben ser pigmeos como tú, mientras que los demonios son fuertes y grandes luchadores. Tengo dudas en mi corazón por esto."


Al oír esto, el mono reveló Su forma natural, colosal como una montaña de oro, terrible en batalla, lleno de fuerza y valor.
Después de esto el corazón de Sita se alivió, así que el hijo del dios viento volvió a tomar su apariencia diminuta.

"Escucha, Madre: los monos ni poseen gran fuerza ni tienen una gran inteligencia; pero por la fuerza del Señor, la más pequeña serpiente puede tragar a Garuda, rey de los pájaros y la montaña de Bhagavan Vishnu."

Sita se sintió profundamente agradecida después de oír las palabras del mono llenas de devoción y reveladoras de la majestad, gloria y fuerza de Sri Rama.
Reconociéndole como el amado de Sri Rama, le dio sus bendiciones diciendo:
"Que te llenes de fuerza y virtud, querido niño.
Que siempre permanezcas inmune a la vejez y a la muerte y puedas ser fuente de buenas cualidades, hijo mío: y que el Señor de los Raghus derrame su Gracia abundante sobre ti".


En el momento que las palabras "que el Señor te dé su gracia" alcanzaron sus oídos, Hanuman quedó completamente abrumado por la emoción. Una y otra vez el mono inclinó su cabeza ante Sus pies y con las manos juntas se dirigió a ella de esta forma:

"Después de esto, madre, he alcanzado todo lo que tenía que alcanzar; pues tu bendición, todos lo saben, es inagotable.
Escucha, madre: me siento terriblemente hambriento viendo estos árboles cargados con deliciosas frutas".

"Te digo, hijo, este bosque está guardado por los más valientes y poderosos demonios."


"Madre, si tengo tu sincera aprobación, no hay motivo para tener miedo de ellos."

Viendo al mono perfecto en fuerza y entendimiento, la Hija de Janaka dijo,
"Ve, hijo mío, y disfruta del sabroso fruto con tu corazón fijo en los pies de Sri Rama".


Inclinando su cabeza se adelantó y entró en el bosque; y después de comer la fruta empezó a destrozar los árboles.

Cierto número de luchadores habían sido puestos allí como guardianes, y algunos resultaron muertos, mientras que el resto escaparon pidiendo ayuda a gritos, "Oh, Señor, un enorme mono ha aparecido y está destrozando el bosque de Asoka. Ha comido frutas, arrancando árboles y, después de golpear a los vigilantes, los ha dejado derribados en el suelo".

Al oír esto, Ravana envió varios de sus campeones, Hanuman rugió al verlos y acabó con toda la hueste de demonios.
Unos pocos que habían sobrevivido, a pesar de estar casi muertos, escaparon gritando.
Ravana entonces envió al príncipe Aksa, que partió con un gran número de sus mejores guerreros.
Cuando los vio aproximarse Hanuman agarró un árbol y los amenazó, y después de haber derribado al príncipe para siempre, lanzó un profundo grito.
A algunos les quitó la vida, a otros los deformó y a otros los apresó y los enterró en la tierra.
Y algunos que escapaban gritaban: Oh Señor, el mono es demasiado fuerte para nosotros"

Por último, Meghanada puso en su arco la flecha conocida como Brahmastra, el arma dirigida por Brahma, al mismo tiempo que Hanuman pensaba para sí: "Si no me someto a la misma arma de Brahma, su gloria infinita será abatida por los vientos"

Meghanada lanzó la Brahmastra contra Hanuman, quien al caer aplastó a toda una hueste.
Cuando vio al mono desfallecido, le ató la cola con un nudo de serpientes y se lo llevó.

Ahora bien, Parvati, ¿se puede concebir que el enviado del Señor cuyo nombre permite al sabio romper los lazos de la existencia mundana pueda ser puesto en cautiverio? No, ha sido en servicio al Señor por lo que Hanuman se ha dejado atar

Tan pronto como los demonios oyeron que el mono había sido capturado y atado, corrieron todos hacia la corte para disfrutar del espectáculo.
El mono llegó y vio la corte de Ravana, su espléndida gloria sin descripción. Incluso hasta los dioses y gobernadores de las fortalezas permanecían sumisos con las manos juntas, observando todos con gran pavor los movimientos de sus cejas.
Y el alma del mono ante su poder se inquietó más de lo que se hubiera asustado Garuda, rey de los pájaros, en medio de un grupo de serpientes.

En cuanto el monstruo de diez cabezas vio al mono se rio de él y lo injurió. Sin embargo, pronto recordó la muerte de su hijo y se sintió profundamente triste.

Dijo el rey de Lanka,
"¿Quién eres, mono y bajo el poder de quién has destruido el bosque?
¿Es que nunca has oído mi nombre? Creo que eres un osado infeliz muy fuera de lo común.
¿Debido a qué ofensa mataste a los demonios?
Dime, loco, no tienes miedo de perder tu vida?"

"Escucha, Ravana: recuerda a Aquel por cuyo poder Maya produce innombrables universos; por cuyo poder, oh monstruo de diez cabezas, Brahma, Hari e Isa continúan desempeñando sus respectivas funciones en la creación, preservación y destrucción del universo, por cuya fuerza la serpiente de cabezas Sesa mantiene sobre su cabeza todo el globo montañas y bosques, aquel que cambia de forma tanto para proteger a los dioses como para enseñar una lección a infelices como tu: aquel que rompió el inflexible arco de Shiva y que aplastó con él el orgullo de una hueste de príncipes; aquel que mató a Khara, Dusana, Trisira y Vali, todos inigualables en fuerza.
A causa de una pizca de su fuerza fuiste capacitado para conquistar toda la creación, tanto la animada como la inanimada, y aquel cuya querida esposa ha sido robada por ti. Conóceme como su enviado.
Soy consciente de tu gloria; tuviste un combate con Sahasrabahu y ganaste distinción en tu combate con Vali".

Ravana oyó las palabras de Hanuman, pero las tomó a broma.

"Porque me sentía hambriento comí la fruta y rompí las ramas como acostumbran a hacer los monos.
El cuerpo de un, maestro, es supremamente querido para todos; y sin embargo esos malvados insisten en destruirme, así que no tuve ninguna alternativa más que devolverles sus golpes.
No obstante, tu hijo Meghanada me ató; pero aun así no me avergüenzo de haber sido atado, interesado como estoy en servir la causa de mi Señor.
Te imploro con las manos juntas, Ravana: abandona tu altanería y escucha mi consejo.
Piensa en tu linaje y mira las cosas desde esa perspectiva: desengáñate y adora a Aquel que disipa el miedo de sus devotos. Nunca te enfrentes a aquel que devora a todos los seres creados, animados e inanimados, tanto a los dioses como a los demonios. Y devuelve la hija de Janaka en respuesta a mi ruego.

El Señor Sri Rama, destructor de Khara, es protector del que suplica y océano de compasión.
Olvidando tus ofensas, te dará refugio si vuelves a Él buscando protección.
Graba la imagen de los pies de loto de Sri Rama en tu corazón y disfruta la ininterrumpida soberanía de Lanka.
La gloria de la Saga Pulastya de tu abuelo brilla como la Luna sin sus manchas; no seas una mota en esa luna.
El lenguaje no tiene encanto sin el nombre de Sri Rama.
Reflexiona y comprueba por ti mismo, dejando a un lado las arrogancias y la infatuación. Una bella señora sin vestidos, o enemigo los dioses, no se alaba a sí misma aunque esté adornada con toda clase de joyas. La fortuna y el poderío de un hombre que es hostil a Rama acaban por abandonarle aunque permanezca por un tiempo y si se vuelven a conseguir es igual que si no estuvieran.
Los ríos que no tienen una fuente perenne se secan por completo tan pronto como se termina la lluvia.

Escucha, oh Ravana, te digo bajo juramento que no hay nadie que pueda salvar a aquel que se opone a Sri Rama. Sankara, Vishnu y Brahma en sus miles de manifestaciones no están capacitados para protegerte, siendo enemigo de Sri Rama. Abandona el orgullo, que es Tamoguna, oscuridad, apoyada como está en la ignorancia y fuente como es de tanto dolor; y adora al Señor Sri Rama, jefe de los Raghus y océano de compasión."

Aunque Hanuman le dio un consejo extremadamente saludable, lleno de devoción, discreción, desinterés y sabiduría, el presuntuoso Ravana rio y dijo, "¡En este mono hemos encontrado al más sabio Guru!"

Y volviéndose hacia Hanuman continuó: "La muerte cuelga sobre tu cabeza, oh infeliz; por eso has comenzado a aconsejarme, oh vil mono".

"Lo contrario es exactamente lo que va a ocurrir -replicó Hanuman-. Claramente percibo que estás actuando bajo una ilusión mental."

Oyendo estas palabras de Hanuman, Ravana se irritó. "Por qué no matáis alguno de vosotros a este loco?"

Tan pronto como los demonios lo oyeron, se lanzaron hacia para matarlo.
En ese mismo momento vino Vibhisana, hermano menor de Ravana, con sus consejeros.
Inclinando su cabeza hizo una humilde petición: "Es contrario a todo arte de gobernar: no se debe matar a ningún enviado. Puede ser castigado en cualquier otra forma, mi señor".
Uno al otro se dijeron: "Esto suena a consejo, hermano".

Oyendo esto, Ravana, el de diez cabezas, rio y dijo: "De acuerdo, el mono puede ser enviado de vuelta mutilado.
Los monos le tienen mucho cariño a su cola: te cuento este secreto.
Por lo tanto, vendemos su cola envuelta en trapos mojados en aceite y prendámosle fuego después.
Cuando el mono regrese sin cola, el infeliz traerá a su maestro con él, y así tendré una oportunidad de ver su poder que tan prodigiosamente ha sido exaltado."

Hanuman sonrió para si al oír estas palabras. "Creo que la diosa Sarada ha probado serme útil."
Oyendo el mandato de Ravana los estúpidos demonios empezaron a hacer lo que se les había ordenado.
En la ciudad no quedó ni un trapo, ni una gota de ghee o aceite, pues la cola había crecido hasta tal longitud debido al fuego de Hanuman.

Los ciudadanos se apiñaron para contemplar el espectáculo, daban patadas a Hanuman y se burlaban grandemente de él.
Le paseaban por toda la ciudad mientras que tocaban los tambores y aplaudían prendiéndole fuego a la cola.

Cuando Hanuman vio el resplandor del fuego, inmediatamente adquirió un tamaño completamente diminuto, y escurriéndose de sus lazos saltó a los áticos del palacio de oro, ante el espanto de los demonios.

En ese momento, impulsados por Dios, empezaron a soplar los cuarenta y nueve vientos.
Hanuman rugió con una fuerte risa y se hinchó hasta alcanzar tal medida que parecía tocar el cielo.

Aunque colosal en forma, Hanuman aparecía con el más ligero cuerpo; y corría y saltaba de un palacio a otro.
La ciudad estaba ardiendo completamente y la gente no sabía qué hacer.
Terribles llamas crecían y se oían gritos lastimeros por todas partes: "¡Oh padre! oh, madre! Quién nos salvará de esta hora?
Como dije, no es un mono sino algún dios con forma de mono.
Tal es el resultado de despreciar a un alma noble: la ciudad está siendo consumida por el fuego como si no tuviera dueño".

En un instante Hanuman quemó toda la ciudad exceptuando la casa de Vibhisana.

Parvati, Hanuman se mantuvo sano y salvo porque era el mensajero de Aquel que ha creado el mismo fuego.
Quemó toda Lanka desde un extremo a otro saltando después dentro del océano.
Después de apagar su cola y mitigar su fatiga recuperó su forma diminuta y permaneció delante de la Hija de Janaka con las manos juntas.


"Complácete, Madre, de darme algún objeto auspicioso, como el Señor de los Raghus me dio."

Por consiguiente, ella se desabrochó la joya que llevaba en la cabeza y se la dio al Hijo del dios viento, quien alegremente la recibió.

"Comunícale mi obediencia a Él, querido hijo, con estas palabras: Sé que Mi Señor es autosuficiente; pero aun así recuerda tu voto de bondad con el afligido y alíviame, oh señor, de mi penoso desastre.
Repítele, hijo mío, el incidente del Hijo de Indra, Jayanta, y recuérdale al Señor el poder de sus flechas.
Si el Señor no llega aquí dentro de un mes, no me encontrará viva.
Dime, Hanuman, ¿cómo puedo ahora continuar viviendo si tú, asimismo, hijo mío, hablas de marcharte?
Tu presencia ha traído alivio a mi pesado corazón. Y ahora de nuevo me esperan días tristes y noches tediosas".


Hanuman
tranquilizó a la Hija de Janaka, y la consoló de muchas formas e, inclinando su cabeza ante Sus pies de loto, partió hacia el encuentro de Sri Rama.
Mientras partía rugió fuertemente con tal terrible ruido que las esposas de los demonios abortaron,

Dando un salto a través del océano, alcanzó la orilla opuesta y saludó a sus compañeros monos con un grito de gozo.
Todos estaban encantados de ver a Hanuman y se sintieron como si hubieran nacido de nuevo.
Tenía un semblante alegre y su cuerpo brillaba con tan brillante luz que no había duda en sus mentes de que había ejecutado el encargo de Sri Ramachandra.
Todos salieron a su encuentro y se sintieron tan deleitados como el que en su agonía por la falta de agua se sentiría al obtenerla.

Más tarde procedieron alegremente a ver al Señor de los Raghus, mientras se sucedían las preguntas y se relataban los últimos sucesos. En el camino todos entraron en el jardín de Sugriva llamado Madhuvana y con el consentimiento de Angada comenzaron a comer el suculento fruto. Cuando los guardias interfirieron, fueron golpeados hasta que huyeron.

Todos se acercaron a Sugriva y se quejaron de que el príncipe Heredero había devastado el jardín real.
Sugriva se regocijo al oír esto, pues concluyó que los monos debían haber regresado después de cumplir la misión del Señor.
"Si no hubieran podido conseguir noticias de Sita, no se hubieran atrevido jamás a comer el fruto de Madhuvana."

Mientras el rey estaba reflexionando de este modo, los jefes de los monos llegaron con sus bandos.
Acercándose, inclinaron todos sus cabezas ante sus pies, y el Señor de los monos los recibió a todos muy cordialmente y les preguntó por su bienestar.

"Nos encontramos bien, ahora que hemos visto tus pies. Por la Gracia de Rama la misión ha sido cumplida con bastante éxito.
Ha sido Hanuman, su Majestad, quien ha hecho todo y ha salvado la vida de toda la hueste de monos."

Oyendo esto, Sugriva lo abrazó de nuevo y luego procedió con todos los monos a ver al Señor de los Raghus.
Cuando Sri Rama vio a los monos acercarse con su encargo debidamente realizado, quedó profundamente encantado.
Los dos hermanos estaban sentados sobre una roca de cristal y todos los monos se acercaron y cayeron a Sus pies.
El todomisericordioso Señor de los Raghus los abrazó con afecto y se interesó por su bienestar.

"Todo nos va bien ahora que hemos visto tus Pies de loto."

Dijo Jambavan, "Escucha, oh Señor de los Raghus; aquel a quien otorgas tus bendiciones, siempre tiene la suerte por compañera, y es incesantemente feliz; dioses, seres humanos y sabios son todos agradables para él.
El solo es victorioso, modesto y un océano de virtudes; su legítima fama brilla radiantemente en las tres esferas de la creación.
Todo ha salido bien por la Gracia de mi Señor; ha sido únicamente hoy cuando nuestro nacimiento ha cumplido su objetivo.
La victoria de Hanuman, hijo del dios viento, no puede ser descrita ni con un millar de lenguas".

Entonces Jambavan contó al Señor de los Raghus las flamantes hazañas de Hanuman.
El todo misericordioso se sintió profundamente contento al oírlas y en su gozo estrechó contra su pecho a Hanuman.
"Cuéntarne, querido Hanuman; ¿cómo pasa sus días y se mantiene viva la hija de Janaka?"

"Tu nombre la cuida día y noche, mientras ella continúa pensando en tus actos como un par de puertas cerradas. Tiene sus ojos fijos en sus propios pies; su vida así no encuentra salida por donde escapar. Cuando me iba me dio esta joya de su cabeza."
El Señor de los Raghus la tomó y la estrechó contra su pecho.

"Mi Señor, con lágrimas en los ojos la Hija de Janaka profirió las siguientes palabras:
'Abraza los pies de Mi Señor y de Su hermano más pequeño, gritando: Oh protector de los desgraciados, alíviame de la agonía de la súplica, estoy dedicada a tus pies en pensamiento, palabra y obra; sin embargo, ¿debido a qué ofensa, mi Señor, me has abandonado?
Admito mi culpa, pues mi vida no se terminó en el momento en que fui separada de ti.
Esa, sin embargo, mi Señor, es la culpa de mis ojos, que a la fuerza han impedido que me evada de vivir. La agonía de la separación de ti es como fuego, que mis suspiros avivan como ráfaga de viento y en medio permanece mi cuerpo como una pila de algodón, que hubiera sido consumida en un instante.
Pero mis ojos por su propio interés de poder regocijarse en Tu belleza derraman lágrimas en abundancia; y por eso mi cuerpo no acierta a encenderse con el fuego de la desolación'.
Tan abrumadoramente grande es la pena de Sita, y Tú eres tan compasivo con el afligido que lo mejor es no describirla.
Cada momento, oh fuente de misericordia, es como una eternidad para ella. Así que, marcha rápidamente, mi señor, y derrota a la malévola banda con tan poderoso brazo, y recupérala."

Cuando el Señor bienaventurado conoció la agonía de Sita, lágrimas se desprendieron de Sus ojos de loto.
"Crees que alguien que depende de mí en pensamiento, palabra y obra puede soñar con la adversidad?"

Hanuman dijo: "No hay otra desdicha que la de dejar de adorarte y recordarte.
¿Qué son los demonios para Ti?
Derrotando al enemigo traerás sin duda a la Hija de Janaka".

"Nadie que ha sido dotado con un cuerpo, ni dios, ni ser humano, ni sabio, me ha impuesto tal obligación, Hanuman, como tú has hecho.
Incluso mi mente merma al encontrarse contigo: ¿cómo puedo corresponder a tu compromiso?
Escucha, hijo mío: He pensado sobre la cuestión y he concluido que la deuda que tengo contigo no puede ser pagada".


Una y otra vez siempre que el Protector de los dioses posaba su mirada en Hanuman, Sus ojos se llenaban de lágrimas y su cuerpo era dominado por la emoción.

Mientras que Hanuman escuchaba las palabras de Su señor y mantenía su mirada fija en Su semblante, se estremecía de gozo todo su cuerpo.
Entonces cayó a Sus pies, lleno de amor y gritando: "Sálvame, sálvame de los tentáculos del egoísmo, mi señor".

Una y otra vez el Señor le pedía que se levantara; él, sin embargo, estaba tan sumido en amor que no se levantaba. La mano de loto del Señor se posó sobre su cabeza.

El señor de Gauri, Shiva, se llenó de emoción cuando recordó la envidiable suerte de Hanuman.
Pero, serenándose, Shiva continuó el brillante relato.

El Señor levantó a Hanuman y lo estrechó contra su pecho; luego lo cogió de la mano y lo sentó muy cerca de El.
"Dime, Hanuman, ¿cómo pudiste quemar la fortaleza de Ravana, el bosque más impenetrable?"

Viendo Hanuman que el Señor estaba tan a gusto, le contestó con palabras completamente desprovistas de orgullo, diciendo:

"La fortaleza mayor de un mono se encuentra en su salto de una rama a otra.
Debido a eso he sido capaz de saltar sobre el océano, quemar la ciudad dorada, matar la hueste de demonios y devastar el bosque de Asoka, todo debido a tu fuerza; ningún mérito, mi Señor, merezco por eso.
Nada es inalcanzable, mi Señor, para aquel que disfruta de Tu gracia.
Por tu fuerza una simple tira de algodón puede sin duda producir un fuego bajo el agua y lo imposible puede ser posible.
Por lo tanto, complácete, mi señor, en concederme Devoción constante, fuente de suprema dicha."

Cuando el Señor, oh Parvati, oyó esta simple forma de hablar de Hanuman, dijo:

"¡Que así sea! Aquel que ha venido a conocer la verdadera naturaleza de Rama no puede gozar con otra cosa que Su adoración. Incluso aquel que siente este diálogo entre Sri Rama y Hanuman en su corazón, es bendecido con devoción por los pies de Sri Rama". [...]
Por pedido de Sri Rama, Angada, el hijo de Vali, habla con Ravana:
[...] ¡Qué! ¿Es Hanuman, oh estúpido, un mono ordinario, aquel que salió airoso después de pisar tu orgullo, así como el de tu ejército, devastando tu jardín, incendiando tu capital y matando a tu propio hijo?

Escucha, Ravana: dejando a un lado toda hipocresía, ¿por qué no adoras al Todomisericordioso Señor de los Raghus?
Oh desdichado, si tratas de pelear contra Rama ni los mismos Brahma y Rudra, podrán salvarte.
Necio, no alardeo en vano; si compites con Rama, tal será tu destino: todas tus cabezas derribadas por las flechas de Sri Rama caerán al suelo frente a los monos, y éstos y los osos jugarán con ellas como si fuesen balones.
Cuando en la batalla el Señor de los Raghus se enfurezca y lance sus múltiples y feroces flechas, ¿serás entonces capaz de alardear de esta forma? Comprende esto y adora a Sri Rama, el alma elevada". [...]
Hanuman entra en batalla con Meghananda:
[...] Tan pronto como Hanuman escuchó que sus tropas estaban siendo derrotadas, el poderoso guerrero mantuvo su posición al oeste de la muralla de Lanka, donde Meghanada dirigía la defensa.
No obstante, la muralla no cedía y Hanuman se encontraba con un fuerte impedimento.
La furia del hijo del dios del viento crecía enormemente y el guerrero, tan terrible como la misma muerte, lanzó un estruendoso rugido.
De un salto alcanzó la fortaleza de Lanka, y cogiendo una roca se abalanzó sobre Meghanada, destrozando su carro, derribando al cochero y golpeando al propio Meghanada en el pecho.
Un cochero que percibió el agudo sufrimiento del príncipe le subió a su propio carro y rápidamente le llevó a casa.

Cuando llegó a oídos de Angada que el hijo del dios del viento había marchado hacia la fortaleza completamente solo, el hijo de Vali, que era realmente valiente en la batalla, alcanzó la fortaleza de un simple salto, como lo haría un mono por pura diversión.

Los dos monos desataron su furia contra el enemigo en el campo de batalla.
Invocando en sus corazones el poder de Sri Rama, ambos ascendieron corriendo hacia el palacio del propio Ravana y, proclamando victorioso al señor de Kosala, agarraron el edificio con sus manos y lo derribaron por completo.

Al ver esto, el rey demonio se sintió perdido. Las mujeres se golpeaban el pecho gritando: "¡Esta vez han venido los dos monos malignos!"

Angada y Hanuman les atemorizaron con sus maliciosos juegos propios de monos y proclamaron las glorias de Sri Ramachandra. Entonces, cogiendo un pilar en sus manos, los dos héroes exclamaron: " Ahora dejadnos empezar nuestro devastador trabajo!"
En ese momento, rugieron y cayeron sobre las tropas enemigas, aplastándolas con la poderosa fuerza de sus brazos, golpeando a algunos con el pie, abofeteando a otros y gritando: "¡Pagad consecuencias de no adorar a Sri Rama!"

Los dos héroes apiñaron a sus adversarios unos contra los otros y, agarrando a las víctimas de la cabeza, los lanzaron con tal precisión, que cayeron enfrente de Ravana reventándose como un montón de vasos de barro llenos de requesón.
Cada vez que los dos jefes monos capturaban a algún gran general de las huestes de los demonios, los cogían por una pierna y los lanzaban volando a su señor Sri Rama.
Vibhisana decía sus nombres y Sri Rama a pesar de todo les asignaba un lugar en Su propia morada.
De esta forma los monstruos devoradores de hombres, que hacían banquetes con la carne de los Santos brahmanes, alcanzaban un destino deseado incluso por los Yogis, ascetas dedicados a la contemplación de Dios.

Uma, continuó el Señor Shiva, Sri Rama posee un corazón tan tierno y es tal fuente inagotable de compasión que concede el estado más alto, la beatitud final incluso a los demonios, recordando que ellos piensan en Él, aunque con ánimo de hostilidad.
¿Dime, Bhavani, existe alguien tan benigno como Él?
Aquellos hombres que aun habiendo oído hablar de un Señor como Él, no Le adoran, son los más estúpidos y los más desgraciados, pues se engañan a sí mismos con la ilusión.

"Evidentemente Angada y Hanuman han forzado su entrada en la fortaleza de Lanka" -dijo el Señor de Ayodhya-.
Dando saltos por Lanka, los dos monos parecían un par de Mandaras agitando el océano.
Habiendo aplastado y vencido a las tropas del enemigo con el poder de sus brazos y dándose cuenta de que el día ya llegaba a su fin, los dos héroes se retiraron sin ningún esfuerzo y fueron a donde estaba el Señor.

Angada y Hanuman inclinaron la cabeza a los pies de loto de su Maestro; el Señor de los Raghus estaba muy contento de ver a los valientes guerreros.

Sri Rama les saludó graciosamente, y en ese momento su fatiga desapareció y ambos se sentían extremadamente felices.

Viendo que Angada y Hanuman se habían marchado, los numerosos guerreros monos y osos se retiraron de la colina, mientras que los demonios, recobrando sus fuerzas al caer la noche, avanzaron aclamando a su señor de diez cabezas.
A la vista de las huestes de demonios, los monos se dieron la vuelta; y rechinando los dientes con furia, los campeones se enfrentaron a sus oponentes por todas partes.
Los dos ejércitos eran grandiosos; sus héroes se desafiaban unos a otros continuamente hasta llegar a una terrible lucha en la cual nadie se rendía.
Los demonios eran todos grandes guerreros de tez oscura, mientras que los monos eran sorprendentes en su tamaño y tenían diferentes colores.
Los dos ejércitos eran igualmente fuertes y los guerreros estaban equipados de una forma similar; exhibiendo su marcial valentía luchaban con furia asemejándose a una masa de lluviosas y otoñales nubes, que unas contra otras son conducidas por un fuerte viento.
Cuando los generales Akampana y Atikaya, hijos de Ravana, vieron que sus tropas perdían terreno, emplearon los trucos ilusorios de la Maya. En un instante todo se puso oscuro como la boca del lobo y empezó a caer un chaparrón de sangre, piedras y cenizas.

Ante la densa oscuridad que reinaba en todas partes, las huestes de monos estaban desconcertadas.
No podían verse los unos a los otros y el bullicio crecía por doquier.
El Señor de los Raghus comprendió de qué se trataba y convocó a Angada y Hanuman.
Les informó de todo cuanto estaba sucediendo y les dio las instrucciones necesarias.
Los dos jefes monos, tan pronto como escucharon las instrucciones, salieron llenos de furia.

Entonces el Todomisericordioso tensó Su arco sonriendo e, inmediatamente, dejó volar una flecha.
De pronto apareció luz por todas partes y no quedó señal de oscuridad por ningún lado; las dudas también desaparecieron ante el amanecer de la iluminación espiritual.

Los osos y monos al ver que de nuevo había luz se sintieron alivia dos de su fatiga, liberados de todo miedo, y llenos de regocijo. Hanuman y Angada aparecieron estruendosamente en el campo de batalla y los demonios huyeron ante tales amenazadores rugidos. [...]

[...] Cuando Meghanada se enteró de que los monos habían venido y sitiado de nuevo la fortaleza, el héroe salió de ella corriendo con el retumbar de los tambores a encontrarse con el enemigo cara a cara:

"¿Dónde están los dos hermanos, príncipes de Kosala, esos gloriosos arqueros que brillan del principio al fin de las esferas?
Dónde están los poderosos Nala, Nila, Dwivida y Sugriva, así como Angada y Hanuman?
¿Dónde está Vibhisana, traidor de su propio hermano?
Los mataré hoy, y a Vibhisana también lo mataré".

Y diciendo esto, colocó una flecha afilada en su arco y en un arrebato de furia se llevó la cuerda hasta la oreja. Al instante comenzó a lanzar montones de flechas que volaron como serpientes aladas.
Por todas partes se veían monos cayendo al suelo; en ese momento no había nadie que se atreviera a enfrentarse a él. Osos y monos huían en todas direcciones. Nadie quería continuar la lucha.
En todo el campo de batalla no quedaba ningún oso ni ningún mono a los que él hubiera dejado con algo más que su vida. A cada uno de sus contrincantes le lanzaba diez flechas y los monos guerreros caían al suelo.
Meghanada, que era tan poderoso como fiel en la lucha, rugía ahora como un león.

Cuando el hijo del dios del viento vio su armada en peligro, voló encolerizado y se precipitó hacia delante como si fuera la muerte personificada.
En el acto arrancó una gran roca y la arrojó con gran furia a Meghanada.
Cuando éste vio la roca venir hacia él, se desmontó en el aire, dejando su carro, carrero y caballo, perecer.

Una y otra vez Hanuman le retó a un duelo, pero el demonio no se atrevió a acercarse porque conocía la fuerza real del mono.
Entonces Meghanada se acercó a Sri Rama y le lanzó todo tipo de insultos.
Intentó alcanzarle con toda clase de armas y proyectiles, pero el Señor las despedazaba con gran facilidad antes de que llegaran hasta Él. El necio estaba desconcertado.
Cuando vio el poder del Señor, empezó a practicar todo tipo de ingenios ilusorios como si estuviera agarrado a una pobre y pequeña serpiente; así trataba de asustar a Garuda y jugar con él.

El perverso demonio ostentó sus poderes demoníacos delante de Rama, cuya poderosa Maya controla el movimiento de todas las cosas: lo grande, lo pequeño, e incluso a Shiva y a Viranchi, el Creador.

Alzándose en el aire hizo caer una lluvia de tizones, y de la tierra salían chorros de agua. Demonios de diversas formas bailaban y gritaban: "¡Desolación y muerte!"
Entonces hizo caer montones de pus, sangre, pelo y huesos, y lanzaba cargas de piedras. Descargando polvo por todos lados lo oscureció todo tanto que si uno extendía su mano no la podía ver.

Los monos se descontrolaron cuando vieron este fenómeno sobre natural. "En este caso estamos perdidos", pensaron.

Sri Rama sonrió cuando vio esta broma; al mismo tiempo comprendía que los monos estuvieran sobresaltados.
Con una sola flecha rompió la tela de la ilusión, y el Sol apartó el enorme velo de oscuridad.
El Señor echó una afable mirada a los monos y osos, que se sintieron demasiado fuertes para no continuar la lucha.
Pidiendo permiso a Sri Rama y acompañados por Angada y otros jefes como Lakshmana, marcharon valientemente hacia delante armados con arcos y flechas.
Con los ojos ensangrentados, amplio pecho y brazos largos, su forma blanca brillaba al igual que lo hace el Himalaya cubierto de nieve con una ligera mezcla de rojo.

Del otro lado el monstruo de diez cabezas envió a sus héroes, quienes se lanzaban equipados con misiles y todo tipo de armas.
Con montañas, garras y árboles como armas, los monos se apresuraron a enfrentarse con los demonios, gritando: "Victoria a Rama": todos se acercaban a la querella, igualmente ansiosos de vencer.
Los monos, quienes tenían ahora el control, golpeaban a los demonios con sus puños y pies y les mordían con los dientes.
Les golpeaban e insultaban, diciendo: "Mátale, mátale, detenedle, detenedle, detenedle, asesinadle, rompe le la cabeza, cógele el brazo y deshazlo".
Tantos eran los gritos que llenaban el aire en las nueve partes del globo. Cuerpos sin cabezas corrían furiosamente de un lado para otro.
Las huestes celestiales desde el cielo eran testigos del espectáculo, con alegría y consternación a un tiempo.
La sangre llenaba los huecos de la tierra y se secaba y las nubes de polvo colgaban como cenizas sobre montañas pequeñas de corazón ardiendo.
Los soldados heridos brillaban tanto como muchos árboles Kimsuka en flor.

Los dos héroes, Lakshmana y Meghanada, se amarraban uno a otro, montados en cólera. Ninguno podía destruir lo mejor del otro.
El demonio sin embargo recurría a astutos trucos e injustas artimañas.
Lakshmana, quien no era otro que Ananta, el dios serpiente, Sesa, causante de la destrucción del universo, vio enardecida su furia y en el tercer intento aplastó el carro y destrozó a su conductor en pedazos.

Sesa, Lakshmana, le golpeaba de tantas formas que el demonio Meghanada casi estaba muerto.
El hijo de Ravana se dio cuenta de que estaba en una situación muy crítica y de que el enemigo seguramente acabaría con su vida.
Entonces lanzó una jabalina, muy eficaz para matar soldados, y de un golpe atravesó el pecho de Lakshmana.
El impacto fue tan certero que el príncipe desfalleció. Meghanada se acercó a él con gran temor.
Un gran número de héroes tan poderosos como Meghanada, se esforzaban por levantarle pero, ¿cómo podía Sesa, preservador de toda la esfera, ser incorporado de este
modo?
Por ello regresaron afligidos y avergonzados.

Escucha, Parvati, continuó el Señor Sankara: Nadie puede conquistarle en la batalla; el fuego de su cólera consume rápidamente las catorce esferas.
En la época de la disolución universal, hombres y dioses, todos los seres animados e inanimados, le adoran.
Sólo él puede comprender este misterio, pues sobre él desciende la gracia de Sri Rama.

Por la tarde, ambos ejércitos se retiraron y los jefes de las diferentes unidades empezaron a contar sus soldados.
El todo misericordioso e invencible Señor del Universo, espíritu supremo que está en todas partes, preguntó: "¿Dónde está Lakshmana?"

Hanuman
se lo trajo de inmediato; viendo a su hermano más joven desfallecido, el Señor sintió una dolorosa presión.

Jambavan dijo: "Susena, el doctor, vive en Lanka: alguien debe ir a buscarle".

Hanuman
apenas había transcurrido un minuto, fue y, con su casa y todo, le trajo rápidamente.
Susena llegó y postró su cabeza a los pies de loto de Sri Rama.
Le indicó el nombre de una hierba curativa, así como la montaña donde podía conseguirse, y dijo: "Adelante, oh hijo del dios del viento, tráela".
Susena guardó en su corazón, como una reliquia, los pies de loto de Sri Rama: Y confiando en su propio poder, el hijo del dios del viento partió.

Al otro lado, un espía reveló el secreto a Ravana, quien fue en busca de Kalanemi, un demonio aliado de Ravana.
El monstruo de diez cabezas le dijo todo lo que tenía que decirle. Y al oírle, Kalanemi se golpeaba la cabeza una y otra vez.

"Nadie puede oponerse a quien quemó tu capital ante tus propios ojos.
Por lo tanto, y por tu propio interés, adora al Señor de los Raghus y desiste, mi Señor, de todo falso orgullo.
Retén en tu corazón esa hermosa forma, oscura como un loto azul, placer de todas las miradas.
Destruye tu necia idea de 'Yo' y 'tú', 'mío' y 'tuyo', y despierta del pesado sueño de las pasiones.
¿Puede alguien atreverse a soñar con conquistar en una batalla a quien devora hasta a la serpiente del tiempo, quien a su vez devora a la creación entera?"

Al oír esto, el monstruo de diez cabezas se llenó de cólera. Y viéndole Kalanemi, pensó para sí: "Preferiría morir en manos de un sirviente de Sri Rama, porque este desgraciado se regocija de su carga de pecados".

Así que partió y recurriendo a su magia negra, hizo aparecer al lado del camino un lago, un templo y un hermoso jardín.

El hijo del dios del viento, viendo al buen ermitaño, pensó para sí: "Pediré permiso a este ermitaño para beber agua, pues quizás alivie un poco mi fatiga".

El demonio, Kalanemi, que estaba en una ventajosa situación disfrazado de ermitaño, trató de engañar incluso al mensajero del Señor de la Maya.
El hijo del dios del viento fue y postró su cabeza ante él; mientras, el demonio comenzó a recitar las glorias de Sri Rama.

"Hay una feroz guerra entre Sri Rama y Ravana, de la cual Rama sin duda surgirá victorioso.
Yo contemplo desde aquí todas las cosas, hermano mío, porque mi gran fuerza yace en mi intuición."

Al pedirle el agua, el demonio ofreció a Hanuman de su propio recipiente; pero el jefe de los monos dijo: "Mi sed no se saciará con sólo un poco de agua".

"Ve entonces a zambullirte en el lago y regresa rápidamente. Después de eso, te iniciaré para que obtengas el conocimiento espiritual."

Tan pronto como Hanuman entró en el lago, un caimán le agarró por el pie.
Después de ser muerto por Hanuman, el caimán tomó una forma celestial y, montando en un carro aéreo, se elevó hacia el cielo.

"Solamente por tu presencia, querido mono, he sido absuelto de todos los pecados y de la maldición del gran sabio, lo cual explica mi nacimiento en la matriz de un caimán.
Ese individuo, oh jefe de los monos, es un demonio terrible y no un ermitaño. Cree en lo que te digo."

Tras decir esto, la ninfa celestial partió a su morada en el cielo y Hanuman regresó de nuevo junto al demonio.

Dijo el mono: "Oh Señor!, recibe primero tu gratificación como mi maestro espiritual y revélame después la fórmula sagrada".

Entonces Hanuman enroscó su cola alrededor de la cabeza del ermitaño y lo derribó, recobrando éste su auténtica forma demoníaca en el momento de su muerte, y murmurando "Rama, Rama", entregó su alma. Al oír este nombre, Hanuman se regocijó en su corazón y prosiguió su viaje.

Encontró la montaña, pero no conseguía dar con la hierba prescrita por Susena, por lo cual, sin perder más tiempo, arrancó la montaña. Cargándola en sus brazos, Hanuman se alzó en el aire; era todavía de noche cuando pasaba sobre la ciudad de Ayodhya.

Bharata, quien vigilaba siempre por las noches desde que regresó de Chitrakuta, divisó una figura colosal cruzando el viento, y creyendo que era un demonio, se llevó el arco hasta la oreja y le dio con una flecha en la cabeza.

Herido por la flecha, Hanuman cayó al suelo sin sentido, gritando: "Rama, Rama, oh Señor de los Raghus".

En el momento que Bharata oyó estas palabras tan placenteras, se precipitó junto al mono.
Viéndole desmayado, el príncipe le tomó en su regazo y trató de despertarle de todas las formas, pero fue en vano.
Con tristeza en el rostro, el corazón dolorido y los ojos llenos de lágrimas, habló de esta manera:

"La misma providencia que me alejó de Sri Rama me ha impuesto este terrible sufrimiento.
Si en pensamiento, palabra, obra acción yo sinceramente deseo devoción a los pies de loto de Sri Rama, y si el Señor de los Raghus es benévolo conmigo, quizás este mono pueda ser aliviado de su agotamiento y dolor"

Al oír estas palabras, el jefe de los monos se levantó y sentándose, lloraba diciendo: "¡Gloria, toda la gloria al Señor de Kosala!"

Al ser tomado en brazos por Bharata, un estremecimiento de alegría recorrió su cuerpo y las lágrimas comenzaron a caer de sus ojos.
Su corazón se desbordaba de amor con el pensamiento de Sri Rama, gloria de la raza de los Raghus.

"Dime, amado amigo, si Sri Rama, fuente de la alegría, se encuentra bien, así como su hermano menor Lakshmana, y mi madre Janaki, hija de Janaka."

El jefe de los monos le resumió todo lo que había pasado y Bharata al oírlo sintió un gran dolor y su corazón se llenó de remordimiento.

"Ah, santo cielo, ¿por qué nacería yo en este mundo si no puedo servir al Señor?"

Pero al conocer las circunstancias adversas, el intrépido y poderoso príncipe se reanimó y se dirigió de nuevo a Hanuman, diciendo:

"Te habrás retrasado en tu viaje y una vez que amanezca será demasiado tarde.
Súbete en mi flecha, con montaña y todo, y yo te enviaré derecho a la presencia del Señor Todomisericordioso".

Hanuman se sintió halagado cuando oyó estas palabras. "Cómo podrá volar la flecha con mi peso?", pensó.
Y recordando otra vez la gloria de Sri Rama, se postró a los pies de Bharata y le habló así con las manos juntas: "Protegido por el pensamiento de la majestad de mi Señor, llegaré a salvo".

Entonces, con el permiso de Bharata, Hanuman se postró a sus pies y salió despedido.
Durante el viaje, el hijo del dios del viento celebró una y otra vez la fuerza del brazo de Bharata, su bondad y amabilidad, así como su ilimitada devoción por los pies del Señor.

Mirando a Lakshmana, Sri Rama hablaba con palabras de un ser humano:
"¡Ya pasó la media noche y Hanuman no ha regresado todavía!"

Sri Rama levantó a su hermano menor y le tomó en sus brazos.

"Hermano, nunca soportaste verme con dolor: tu actitud hacia mí ha sido siempre muy cariñosa.
Por mí dejaste padre y madre, y te expusiste al frío, al calor y los vientos del bosque.
¿Dónde está ese antiguo amor ahora, hermano, que rehúsas levantarte aun oyendo mi lamento?
Si hubiera sabido que perdería a mi hermano en el bosque, nunca habría obedecido las órdenes de mi padre.

Hijos, riquezas, mujeres, casas y parientes, vienen y se van una y otra vez; pero un verdadero hermano no es fácil de recobrar.
Considera esto y levántate, amado hermano.

Igual que el pájaro es completamente desgraciado sin alas, una serpiente sin su cascabel, y un noble elefante sin su trompa, así será mi vida sin ti, hermano, en el caso de que este estúpido destino me obligue a vivir.

¿Con qué cara regresaré a Ayodhya después de sacrificar a mi amado hermano por causa de mi esposa?
Yo no sentiría deshonor en el mundo por mi falta de capacidad para recobrar a mi esposa; porque, después de todo, la pérdida de una esposa no es una pérdida seria.
Ahora, sin embargo, mi inmutable e insensible corazón habrá de soportar tanto la deshonra como la profunda angustia de tu pérdida, hijo mío.
Eres el único hijo de tu madre, y el único apoyo de su vida, y sin embargo te tomó de la mano y te confió a mí, sabiendo que yo te haría feliz en todas partes y que soy quien mejor te quiere.
¿Qué le diré a ella cuando regrese?

¿Por qué no te levantas y me aconsejas, hermano? De este modo mis lamentos y penas se disiparán."


Lágrimas semejantes a los pétalos de un loto brotaban de sus ojos. Uma, el Señor de los Raghus, es uno, fuera del tiempo, e indivisible. Él toma forma humana sólo por compasión a sus devotos.

Las huestes de monos que rodeaban al Señor se afligían al oír sus furiosos gemidos.
En ese momento apareció Hanuman como muestra de heroísmo en medio de la tragedia.
En un arrebato de alegría Sri Rama abrazó a Hanuman, porque el Señor es sumamente agradecido por naturaleza y supremamente sabio.
El doctor Susena aplicó la cura inmediatamente y Lakshmana se despertó alegremente y se incorporó.
El Señor estrechó a su hermano contra su corazón, y todas las huestes de osos y monos se regocijaron.

Hanuman llevó al doctor de vuelta a Lanka, de la misma forma que lo había traído la noche anterior.

Cuando el monstruo de diez cabezas oyó estas noticias, totalmente desesperado se golpeaba la cabeza una y otra vez.
Perplejo y resentido, llamó a Kumbhakarna, su hermano menor, a quien logró despertar usando todo tipo de recursos.

Una vez despierto e incorporado, parecía la muerte en persona.
Kumbhakarna preguntó: "Dime, hermano, ¿por qué estás tan preocupado?"

El arrogante Ravana le contó toda la historia, hasta cómo había arrebatado a Sita.

"Amado hermano, los monos han matado a todos los demonios y acabado con los más grandes guerreros.
Durmukha, Devantaka, enemigo de los dioses, Narantaka, devorador de los hombres, el poderoso campeón Atikaya, de enormes proporciones, y Akampana, quien nunca tiembla de miedo, y otros héroes como Mahodara, el barrigudo, tan fiel en la lucha; todos ellos han caído en el campo de batalla."

Al oír las palabras de su hermano, el monstruo de diez cabezas, Kumbhakarna se sintió muy afligido.

"Después de raptar a la madre del universo, necio, todavía esperas conseguir algo bueno.
No has actuado bien, rey de los demonios, y ahora, ¿por qué has venido y me has despertado?
Si abandonas tu orgullo y adoras a Sri Rama, aún podrás ser bendecido.
¿Puede el Señor de los Raghus, oh Ravana, ser un mortal teniendo mensajeros como Hanuman?
¡Ay! hermano, actuaste neciamente al no contarme antes esto.

Te has enfrentado en una guerra con la Divinidad que tiene como sirvientes dioses como Shiva y Viranchi, el Creador.
Te confiaré el secreto que una vez el sabio Narada me comunicó; pero el tiempo ha pasado.
Estréchame, hermano, con un fuerte abrazo, pues quizá mis ojos puedan ser bendecidos al ver al señor de tez morena y ojos de loto que siempre se acuerda de la agonía de sus devotos."

Al recordar la belleza de Sri Rama y sus virtudes, se olvidó de sí mismo por un momento.

Mientras tanto Ravana pidió que le trajesen millares de jarras llenas de vino y una manada de búfalos.
Después de comer los búfalos y beber el vino, Kumbhakarna bramaba como un trueno.
Muy borracho y lleno de un sentimiento belicoso, salió del fuerte sin ninguna tropa.

Cuando Vibhisana le vio, fue hacia él y cayó a sus pies pronunciando su nombre.
Kumbhakarna levantó a su hermano menor y le abrazó; estaba complacido al saber que su hermano era un devoto de Sri Rama, el Señor de los Raghus.

Vibhisana le dijo: "Amado hermano, Ravana me arrojó a patadas cuando le avisé diciéndole lo que pensaba.
Disgustado por semejante trato acudí a Sri Rama, y el corazón del Señor se abrió a mí cuando vio mi miseria."

"Escucha, hijo mío, Ravana está en las garras de la muerte y no escucharía ningún consejo en estos momentos.
Eres tres veces bendito, Vibhisana; has demostrado ser una joya de la raza de los demonios. Hermano, has traído la gloria a nuestra descendencia adorando a Sri Rama, océano de belleza y felicidad.
Adora a Sri Rama, fiel en la batalla en pensamiento, palabra y obra.
Ahora déjame, porque condenado como estoy a morir, no puedo distinguir entre amigo y enemigo."

Una vez oídas las palabras de su hermano Kumbhakarna, Vibhisana regresó junto a Sri Rama, joya de las tres esferas, y le dijo:
"Mi Señor, aquí viene Kumbhakarna, quien posee un cuerpo tan grande como una montaña y es valiente en la batalla".

Cuando los poderosos monos oyeron esto, avanzaron dando animados gritos.
Rechinando los dientes, arrancaban árboles y montañas, lanzándolas contra Kumbhakarna.

Osos y monos le arrojaban millares de picos de montañas incesantemente. Mas, como un elefante golpeado por las pipas de un girasol, no se sentía atemorizado, ni cedía en su posición, pese al esfuerzo de los monos por hacerle retroceder.
Tras lo cual, Hanuman le golpeó con sus puños y cayó al suelo dándose un golpe en la cabeza.
Levantándose de nuevo devolvió el golpe a Hanuman. Este último le volteó y cayó al suelo inmediatamente.
Después arrojó contra el suelo a Nala y Nila, y derribó a los soldados por todas partes.

Las huestes de los monos salieron en estampida, totalmente aterradas; nadie osaba enfrentarse a él.
Después de derribar a Angada y a los otros dirigentes monos, incluido Sugriva, Kumbhakarna, el de poder inmensurable, apretó al rey de los monos bajo su brazo y se fue.

Uma, continuó el Señor Shiva, el Señor de los Raghus actuó como un ser humano al igual que Garuda se divertiría con serpientes.
¿Cómo si no aquel que destruye con el mero hecho de fruncir su ceño podría comprometerse con esperanza alguna en un conflicto como éste?
De este modo Él extendería su fama, que no sólo santificaría a todo el mundo sino además llevaría a través del océano de la existencia mundana a la gente que lo contara.

Entonces Hanuman volvió en sí, se levantó e inmediatamente comenzó a buscar a Sugriva.
Entretanto Sugriva también se había recuperado de su desmayo y se había librado de la presión de Kumbhakarna, quien, tomándole por muerto, le había soltado.

Kumbhakarna descubrió su fuga cuando de repente Sugriva le arrancó la nariz y las orejas de un mordisco alzándose rugiendo por el aire.
El demonio agarró a Sugriva del pie arrojándole contra el suelo.
Sugriva se incorporó como pudo y con extraordinaria agilidad, golpeó de nuevo a su adversario.

El poderoso héroe regresó entonces ante la presencia del Señor clamando: "¡Gloria, toda la gloria del Señor todomisericordioso!"

Kumbhakarna se sintió desolado al ver que le habían quitado la nariz y orejas, y se enfureció mucho.
Las huestes de los monos se aterrorizaron al ver al monstruo, que, siendo ya temible por naturaleza, tenía un aspecto mucho más feroz al faltarle nariz y orejas.
Lanzando un grito de "¡Gloria, toda la gloria a la Joya de la raza de los Raghus!", los monos corrieron hacia él y todos a una le arrojaron una descarga de rocas y árboles.

Enloquecido por la derrota, Kumbhakarna se lanzó contra el enemigo como si fuera la muerte misma, furioso y lleno de rabia.
Capturaba y devoraba millares de monos, que parecían un enjambre de langostas entrando en la cueva de una montaña.
Capturaba muchos millones, los golpeaba contra su cuerpo, y los pulverizaba entre las manos mezclándolos con el polvo de la tierra; multitud de osos y monos huían de su boca, ventanas de la nariz y orejas.
Cegado por el frenesí de la batalla, el demonio se mantuvo en una actitud desafiante, como si el Creador hubiera puesto todo el universo a su disposición y él lo pudiera devorar.

Todos los grandes guerreros huían del campo de batalla y no regresaban por ningún motivo.
Ni siquiera podían ver con los ojos ni oír llamada alguna. Las huestes de demonios también avanzaban al enterarse de que Kumbhakarna había dispersado al ejército de los monos.

Sri Rama percibió toda clase de refuerzos enemigos que se acercaban.
"Escuchad: Sugriva, Vibhisana y Lakshmana; cuidad del ejército mientras yo pruebo la fuerza y el poder humanos de este infeliz."

Tomando su famoso arco, conocido con el nombre de Sarnga, y con el carcaj atado a la cintura, el Señor de los Raghus marchó hacia delante aniquilando las fuerzas del enemigo.
Primero, el Señor tensó el arco. El sonido era tan agudo que, al oírlo, las huestes enemigas ensordecían.
Entonces Sri Rama decidió lanzar cien mil flechas, rápidas como cobras aladas, que volaban en todas direcciones.

Fieros guerreros demoníacos comenzaron a ser destruidos.
Pies, pecho, cabezas y brazos les eran arrancados. Más de un héroe fue cortado en cien pedazos.
Los heridos caían al suelo dando vueltas. De entre ellos, los héroes se levantaron y recobraron ánimos para unirse de nuevo a la batalla.
Y seguían retumbando como truenos a pesar de que las flechas los habían atravesado.
En un instante las flechas del Señor destruyeron las terribles huestes demoníacas.
Luego, todas regresaron a su carcaj.

Cuando Kumbhakarna se enteró de que el ejército de demonios había sido eliminado en un instante, el formidable héroe, lleno de cólera, lanzó un rugido tan espantoso como el de un león.
En su furia arrancaba montañas de cuajo y las lanzaba sobre destacamentos de poderosos monos.

El Señor vio venir las enormes montañas y con sus flechas las convirtió en polvo.
Una vez más, el Señor de los Raghus tensó la cuerda de su arco e indignado arrojó una descarga de sus terribles flechas.
Estas entraban y atravesaban el cuerpo de Kumbhakarna como destellos de luz que desaparecieran en una nube.
De su negra figura salía sangre a borbotones y parecía una mancha de rojo ocre disparándose desde una montaña de hollín.

Osos y monos se lanzaban adelante; el monstruo se rio cuando los monos se le acercaron.
Irrumpió en un terrible rugido capturando millones y millones de monos, arrojándolos al suelo como un enorme elefante, y jurando por su hermano, el monstruo de diez cabezas.
Huestes de osos y monos huyeron como rebaños de ovejas al ver al lobo.

Monos y osos, oh Bhavani, regresaban con el rabo entre las piernas, y llorando decían con voz llena de dolor: "Como demonio hambriento nos amenaza con visitar esta tierra tomando la forma de huestes de monos. Por lo tanto, oh Rama, asesino de Khara, nube llena del agua de la compasión, aliviador de la agonía del que suplica, sálvanos, protégenos".

Cuando el Señor oyó estas conmovedoras palabras se adelantó para encontrarse con el demonio, poniendo a punto su arco y flechas y, preparando su ejército más poderoso en la retaguardia, marchaba hacia adelante lleno de indignación.
Tensando la cuerda del arco, ajustó cien flechas en él, las cuales volaron y desaparecieron en el cuerpo del demonio.

Aun atravesado por las flechas, el demonio corría encendido por la rabia; las montañas se tambaleaban y la tierra temblaba.
Arrancó una roca, pero la Gloria de la raza Raghu arrancó el brazo que la llevaba.
Entonces él siguió corriendo con la roca en la mano izquierda, pero el Señor se la arrancó también, arrojándola contra el suelo.
Así, desprovisto de brazos, desdichado parecía el Monte Mandara sin sus alas.
Lanzó una feroz mirada al Señor como si estuviera a punto de devorar las tres esferas.

Con el terrible alarido se abalanzó con la boca muy abierta. Siddhas y dioses en el cielo gritaban alarmados.
Al escuchar la alarma de los dioses, el Todomisericordioso tensó la cuerda de su arco llevándosela hasta las orejas y obstruyó la boca del demonio con flechas, pero al ser tan poderoso, no cayó al suelo, y con la boca llena de flechas se lanzó como si fuese el carcaj viviente de la Muerte.
El Señor, lleno de cólera, le arrancó la cabeza con una afilada flecha. Aquélla cayó frente a su hermano Ravana, quien al verla se llenó de angustia.
La tierra se hundía bajo el terrible peso del cuerpo sin cabeza que aún seguía moviéndose. Entonces el Señor lo cortó en dos.
Ambos pedazos cayeron al suelo como un par de montañas arrojadas de los cielos, aplastando al caer monos, osos y demonios.
Su alma entró en la boca del Señor en forma de una masa de luz, asombrando a dioses y sabios.
Los dioses tocaron los timbales con gran regocijo, alabaron al Señor y arrojaron sobre él flores en abundancia.
Tras lo cual, cada uno reanudó su camino. [...]

[...] Cuando el hijo del dios del viento vio su armada en peligro, voló encolerizado y se precipitó hacia delante como si fuera la muerte personificada.
En el acto arrancó una gran roca y la arrojó con gran furia a Meghanada.
Cuando éste vio la roca venir hacia él, se desmontó en el aire, dejando su carro, carrero y caballo, perecer.
Una y otra vez Hanuman le retó a un duelo, pero el demonio no se atrevió a acercarse porque conocía la fuerza real del mono. [...]
Lakshmana liquida a Meghananda:
[...] Entonces Lakshmana, señor de las serpientes, montó en una colera violenta.

Se hizo el firme propósito de deshacerse del demonio y pensó para sí: "Ya basta de jugar con este miserable".

Recordando el poder de Sri Rama, Lakshmana, en actitud desafiante, ajustó una flecha en el arco y la disparó tan derecha que alcanzó a Meghanada de lleno en el pecho y el demonio abandonó todas las falsas apariencias en el momento de su muerte.

Dejó su cuerpo con las palabras: "Dónde está el hermano menor de Rama, Lakshmana? ¿Dónde está Rama?" en los labios.

"Bendita en verdad es tu madre!" exclamaron al oírle Angada y Hanuman.

Hanuman lo levantó sin ningún esfuerzo y, después de dejarlo en la puerta principal de Lanka, regresó.

Al enterarse de su muerte, los dioses al igual que los Gandharvas, aparecieron en los cielos montados en sus carros aéreos.
Haciendo llover flores, tocaban sus tambores y cantaban la inmaculada gloria de Sri Rama, Señor de los Raghus, diciendo:
"¡Gloria al Señor Ananta! ¡Gloria al preservador del Universo! Tú, oh Señor, has liberado a los dioses".
Habiendo cantado así sus glorias, los dioses y los Siddhas prosiguieron su camino; mientras tanto Lakshmana llegó ante el Todomisericordioso.

En cuanto el monstruo de diez cabezas oyó la noticia de la muerte de su hijo, se cayó sin sentido al suelo.
Mandodari lanzaba dolorosas lamentaciones, golpeándose el pecho y llorando. [...]
Ravana ataca a Lakshmana:
[...] Al ver la aflicción de sus tropas, Lakshmana, ciñéndose el carcaj a la cintura y cogiendo el arco, postró su cabeza a los pies de Sri Rama y se puso en marcha lleno de ira.

"Estás haciendo de los osos y monos tu blanco, vil diablo; mírame, yo soy tu muerte."
"Es a ti a quien he estado buscando, asesino de mi hijo. Hoy calmaré mi corazón matándote."

Diciendo esto, Ravana lanzó una descarga de fieras flechas, pero Lakshmana las rompió en cien pedazos cada una. Entonces, Ravana arrojó sobre él millares de otras armas, pero Lakshmana las paró reduciéndolas a partículas tan pequeñas como las semillas de sésamo. De nuevo Lakshmana le atacó con sus flechas, golpeando su carro y matando al que lo conducía. Y traspasó con cien flechas cada una de sus diez cabezas. Con cien flechas más le dio en el pecho; entonces Ravana cayó sin sentido al suelo y, recobrando el conocimiento, el demonio se levantó otra vez y le arrojó una lanza que le había dado Brahma, el Creador.

Esa fiera lanza, regalo de Brahma, golpeó al Señor Ananta, Lakshmana, en el pecho y el héroe cayó al suelo agonizando; el monstruo de diez cabezas trató de levantar al príncipe y retirarlo, pero la incomparable fuerza del demonio demostró ser ineficaz.

Qué necedad por parte de Ravana tratar de levantar le sobre una de sus cabezas, en la cual se apoyan todas las esferas del universo considerándola como un pequeño grano de arena. Ravana no sabía que Lakshmana era el Señor de las tres esferas.

El hijo del dios del viento, al enterarse de esto, se abalanzó sobre él profiriendo insultos en su contra.
Pero cuando el mono se acercaba, el monstruo le asestó un terrible golpe.
Hanuman cayó de rodillas pero no se desplomó.
Recobrando las fuerzas se levantó encolerizado y asestó un puñetazo a Ravana; el demonio se sintió como una montaña resquebrajada por un rayo.
Cuando se recuperó de su desmayo y recobró el sentido, empezó a admirar la enorme fuerza del mono.

"Me avergonzaré de mi valor y de mí mismo si sigues con vida, enemigo de los dioses!"
Diciendo esto, Hanuman llevó a Lakshmana a Sri Rama; el monstruo de diez cabezas estaba asombrado de su poder.

El héroe de los Raghus dijo entonces: "Ten presente, hermano, que eres el destructor de la muerte y el salvador de los dioses".
En cuanto oyó estas palabras, el bondadoso príncipe Lakshmana se incorporó y abrió los ojos, mientras la fiera lanza se desvaneció en el cielo.
Tomando de nuevo su arco y flechas, se precipitó con rapidez frente al enemigo. [...]
Tras el ataque de Ravana a Sri Rama y Vibhisana:
[...] Al ver que Vibhisana estaba exhausto, Hanuman corrió hacia él con una roca en la mano; tras golpear su carro, caballos y conductor a una, le dio una patada en el pecho a Ravana. El demonio se mantuvo de pie como pudo, aunque temblaba violentamente.

Mientras tanto Vibhisana se dirigió a Sri Rama, protector de sus devotos. Y Ravana retó y arremetió contra Hanuman, quien ascendió por los aires extendiendo su cola. Entonces Ravana le agarró la cola, pero Hanuman salió volando, arrastrándole detrás.

Hanuman, lleno de fuerza, se dio la vuelta y se enfrentó a él. Los dos contrincantes lucharon en el aire, golpeándose el uno al otro con gran furia.
Poniendo a prueba todo su valor y estrategia por el aire, parecían como una montaña de hollín y el Monte Sumeru luchando entre sí.
Como el demonio no podía ser vencido por el ingenio o la fuerza física, el hijo del dios del viento invocó a Su Señor.

Así pues, teniendo presente la gloria de Sri Rama, y lleno de decisión, Hanuman retó y golpeó a Ravana.
Los dos cayeron al suelo y levantándose de nuevo, reanudaron la pelea. Los dioses gritaban: "Victoria a ambos".
Viendo a Hanuman en tal apuro, los monos y osos se lanzaron resueltamente en su ayuda, mientras que Ravana, cegado por su pasión guerrera, les aplastaba a todos con el tremendo poder de su brazo. Pero los feroces monos siguieron luchando animados por el héroe de los Raghus. Y viendo las abrumadoras huestes de monos, Ravana puso en funcionamiento su Maya, o magia negra. [...]
Luego de la muerte de Ravana:
[...] Entonces el Señor llamó a Hanuman, y le dijo: "Ve a Lanka y dile a la hija de Janaka todo lo que ha ocurrido; luego regresa contándome cómo está".

Así pues, Hanuman entró en la ciudad y, al enterarse de su llegada, los demonios y demonias corrieron a su encuentro.
Le rindieron todo tipo de homenaje y luego le condujeron a la presencia de la hija de Janaka.
Hanuman se inclinó ante ella desde una distancia considerable, y la Hija de Janaka le reconoció como el mensajero de Sri Rama.

Sita dijo a Hanuman:
"Dime, querido hijo, si mi gracioso Señor está bien con su hermano menor y las huestes de los monos".


Hanuman contestó: "El Señor de Kosala está muy bien. Madre, el monstruo de diez cabezas ha sido derrotado en la batalla, mientras que Vibhisana ha alcanzado el dominio duradero del reino".

Su corazón se llenó de alegría al oír las palabras del mono. Su alma se regocijó, Su cuerpo se estremeció de alegría, y con los ojos llenos de lágrimas, Sita repetía una y otra vez:
"Qué puedo darte? No hay nada en los tres mundos que pueda recompensar esta valiosa información".


Hanuman replicó: "Creo, Madre, que hoy sin duda he alcanzado la soberanía de la creación entera al encontrar a Sri Rama sano y salvo con Su hermano después de conquistar al enemigo en el campo de batalla".

Sita dijo entonces a Hanuman:
"Escucha, hijo mío: Que todas las más altas virtudes residan en tu corazón y que el Señor de Kosala junto con Ananta y Lakshmana, sea siempre propicio a ti.
[...]
[...] Mientras que la mente de Bharata se ahogaba en el océano de la separación de Sri Rama, el hijo del dios del viento, Hanuman, en forma de un Brahmán, llegó como un buque a rescatarlo.
Se encontró a Bharata sentado en una mata de hierba Kusa, con el cuerpo enflaquecido, el oscuro cabello enrollado a modo de corona, las palabras "Rama, Rama, Raghupati" en los labios, y un torrente de lágrimas en los ojos.
Ante esta escena, Hanuman quedó extasiado; cada pelo de su cuerpo se erizó y las lágrimas le brotaban sin cesar.
Se sintió profundamente agraciado y se dirigió a Bharata con palabras que eran como néctar para sus oídos:
"Aquel por cuya ausencia tú sufres día y noche, cuyas virtudes enumeras incesantemente, gloria de la estirpe de Raghu, deleite de los virtuosos y protector de sabios y dioses, ha llegado.
Tras conquistar a sus enemigos en la batalla, con los dioses cantando Sus glorias, el Señor viene hacia aquí con Sita y Lakshmana".


Tan pronto como Bharata escuchó estás palabras olvidó todas sus penas, al igual que un sediento que ha obtenido néctar.
"¿Quién eres, querido amigo, y de dónde vienes? Me acabas de dar las noticias más placenteras."

"Escucha, oh fuente de misericordia: Soy el hijo del dios del viento, un mono; Hanuman es mi nombre.
Soy un humilde sirviente de Sri Rama, Señor de los Raghus y protector de los humildes."


Al oír esto, Bharata se alzó y le abrazó con reverencia. El afecto con el que lo abrazo era demasiado grande para que lo pudiese con tener; sus ojos se llenaron de lágrimas y todos los pelos de su cuerpo se pusieron de punta.
"Sólo con verte, oh Hanuman, todos mis sufrimientos han desaparecido. Al abrazarte a ti, he abrazado a mi amado Rama."

Una y otra vez le preguntaba por la salud de Sri Rama y al fin dijo: "Escucha, hermano, ¿qué debo darte a cambio de tan felices noticias?
Después de pensar, he llegado a la conclusión de que no hay nada en este mundo que pueda pagar las nuevas que me has traído.
Por ello me siento incapaz de pagar la deuda que tengo contigo. Ahora, te pido que me relates las hazañas de mi Señor."

Entonces, Hanuman se postró a los pies de Bharata y le relató todas las hazañas de Sri Rama.
"Dime, Hanuman, ¿me recuerda alguna vez mi Gracioso Señor como a uno de sus sirvientes?
¿Me recuerda alguna vez la Joya de la estirpe de Raghu como su siervo fiel?"

Hanuman se estremeció de alegría al escuchar tan modesta pregunta por parte de Bharata y cayendo a sus pies, se dijo:
"¿Qué otra cosa podría ser, sino humilde, el más santo de los santos y océano de nobles virtudes, de cuya gloria habla Sri Rama, señor de la creación, con sus propios labios?
Para Rama, mi Señor, eres tan querido como su propia vida; acepta mis palabras como verdad, querido hermano."

Al oír estas palabras, Bharata abrazó a Hanuman una y otra vez con una alegría incontenible.
Tras postrarse a los pies de Bharata, Hanuman regresó al lado de Sri Rama, y dirigiéndose a Él, le dijo que todo estaba bien.
Entonces el Señor se montó en su coche aéreo y alegremente se dispuso a partir hacia su destino. [...]
[...] Entonces Hanuman, que evidentemente había acompañado a su maestro para despedirse de él, abrazó los pies de Sugriva y solicitó su favor:

"Después de pasar diez días más al servicio de Sri Rama, si lo deseas, volveré a ver tus pies de nuevo, maestro".

"Oh hijo del dios del viento, eres una fuente inagotable de méritos, ve, pues, y sirve al Todomisericordioso."

Con estas palabras, todos los monos partieron. Angada, sin embargo, se demoró para decirle:
"Escucha, Hanuman: Te suplico que lleves mis postraciones al Señor y le hables de mí de vez en cuando".
Entonces el hijo de Vali, Angada, partió; mientras tanto Hanuman regresó junto al Señor y le habló del amor de Angada, lo cual llenó a Rama de estático deleite. [...]
[...] Sri Rama, deleite de Sus siervos, tomó a Hanuman, Bharata, Lakshmana y Satrughna, salió de la ciudad y pidió que le trajesen inmediatamente elefantes, carrozas y caballos.
Mirándolos con bondad les alabó y los repartió entre la gente, dándole a cada uno lo que merecía y lo que deseaba tener.
El Señor, aliviador de toda fatiga, Se sintió cansado y se retiró a una fresca arboleda de mangos, donde Bharata extendió su propio turbante para que se sentara con Sus hermanos.
El hijo del dios viento comenzó a abanicarle; sentía un estremecimiento de gozo por todo el cuerpo y los ojos se le llenaban de lágrimas; dice Shiva: "No hay nadie tan bendito ni tan devoto de los pies de loto de Sri Rama como Hanuman, cuyo amor y servicio, oh hija del rey de la montaña, han sido frecuentemente alabados por el Señor con Su propia boca". [...]