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Kusika
Rey Gadhi

Sabio Vishwamitra

 

Vínculos de familia

Sabio Vishwamitra

   Otros nombres para Vishwamitra fueron Kaushika, Sabio, Kausika, Sabio y Viswamitra, Sabio.

  Descripción:

También conocido como: Viswamitra, Hijo de Gadhi, Sabio Kausika o Kaushika (descendiente de Kusika).

  Observaciones y comentarios:

  • Vishwamitra es nieto de 'Kusika', por lo tanto se lo suele llamar 'Kausika': descendiente del rey Kusika
  • Según el Rig-veda, Vishwamitra no es nieto de Kusika sino su hijo.
  • En referencia al Nombre de Sri Rama, Tulsidas dice:
    [...] Por el bien del sabio Vishwamitra, Sri Rama trajo la destrucción a la hija de Suketu, Tadaka, junto a la de su ejército y de su hijo Subahu, mientras que Su Nombre pone fin a las vanas esperanzas del devoto y a todos sus errores y penas, igual que el Sol termina con la noche. [...]

    [...] El iluminado ermitaño Vishwamitra vivía en un bosque que él consideraba como lugar sagrado.
    Allí practicaba Japa y Yoga y ofrecía sacrificios; pero tenía mucho miedo de los demonios Maricha y Subahu. Pues en cuanto veían un sacrificio, se apresuraban a profanarlo, causando así el dolor del sabio, que se sentía frustrado y pensaba que el malvado Raksasas no se rendiría sin la ayuda de Sri Hari.

    Entonces el gran sabio se dijo: "El Señor se ha encarnado para aliviar a la Tierra de su peso.
    Voy a hacer de la maldad de los demonios una excusa para ver Sus pies, y después de suplicarle, hacer que vengan aquí los dos hermanos. Deleitaré mis ojos con la vista de Aquél que es morada del Conocimiento, el desapego y todas las virtudes
    "

    Teniendo todo tipo de expectativas, el sabio se puso en camino hacia su destino. Y bañándose en el arroyo del Sarayu, siguió al palacio real.
    Cuando el rey se enteró de la visita del sabio, salió a su encuentro con un grupo de brahmanes.
    Postrándose en el suelo, el rey le hizo pasar y lo sentó en su propio trono.
    Luego, lavándole los pies, dijo: "Hoy no hay nadie tan agraciado como yo".
    Luego el rey lo entretuvo con varias clases de comida, y el gran sabio estaba muy complacido.
    Después colocó a sus cuatro hijos a sus pies. Y al ver a Sri Rama, el sabio se olvidó totalmente de sí mismo.

    Al contemplar la belleza de Su rostro fue arrebatado, igual que el pájaro Chakora se enamora de la luna llena.
    Contento en su corazón, el rey le dirigió entonces estas palabras:
    "Venerado señor, nunca antes te has mostrado tan bueno conmigo.
    Dime qué te trae aquí; haré que se cumpla tu orden al instante".

    "Ejércitos de demonios me molestan, oh rey; por eso he venido a pedirte algo.
    Deja que venga conmigo el Señor de los Raghus, Sri Rama, con su hermano menor, si los demonios son exterminados, me sentiré seguro.
    Confíales a mí, oh rey, con el corazón alegre. No dejes que la vanidad o la ignorancia se interpongan en este momento.
    Así ganarás méritos religiosos y buen renombre, y tus hijos serán supremamente bendecidos.
    "

    Al oír una petición tan molesta, el corazón del rey se puso a temblar, y el brillo de su rostro se desvaneció.
    Y dijo: "Mi vejez ha sido bendecida con estos cuatro hijos. Por lo tanto, santo señor, has hecho un ruego sin la debida consideración.
    Pídeme tierra, ganado, mercancías y tesoros, y te daré todo lo que tengo sin demora.
    Nada es tan querido como el cuerpo y la vida propios, y hasta éstos te los daría en un momento.
    Todos mis hijos me son tan queridos como la vida, pero de ninguna manera puedo separarme de Rama, mi señor.
    Mis queridos hijos, que son todavía tan jóvenes, no pueden competir con los demonios más terribles y despiadados".

    El iluminado ermitaño Vishwamitra se sintió muy complacido al escuchar la respuesta del rey, ya que estaba bañada en el néctar del amor.
    Luego Vasistha suplicó al rey de muchas formas y todas sus dudas se fueron.

    Amablemente mandó llamar a los dos niños y abrazándolos les daba múltiples consejos.
    Y volviéndose al sabio, dijo:
    "Mi señor, estos dos niños son mi propia vida. Ahora, santo señor, tú eres su único padre; nadie más los puede cuidar".

    Dando sus bendiciones a los niños, el rey los encomendó al cuidado del sabio; después fueron a los aposentos de la madre, y postrando su cabeza a sus pies, partieron.
    Los dos héroes, leones entre hombres, océanos de compasión, de voluntad firme, y causa absoluta de todo el universo, se dirigieron alegremente a librar al sabio de su temor.

    El Señor tenía ojos rojizos, un gran pecho y brazos largos; Su cuerpo era oscuro como el loto azul o el árbol Tamala.
    Con una hermosa aljaba ceñida a la espalda con una tela amarilla que rodeaba su cintura, llevaba en Sus manos un arco y una flecha.
    En los dos hermosos niños, uno moreno y otro rubio, Vishwamitra había encontrado un gran tesoro.
    Y se decía: "Ahora me he dado cuenta de que el Señor es partidario de los brahmanes, pues por mi bien ha abandonado a Su propio padre".

    Mientras caminaban, el sabio les hizo ver al demonio Tadaka, que al oírles huyó velozmente.
    Con una sola flecha el Señor le quitó la vida, y viendo que merecía compasión, le concedió Su propio estado.

    Luego Vishwamitra, aunque reconocía a su Señor como la fuente de todo Conocimiento, Le impartió una fórmula sagrada que Le protegía del hambre y la sed y Le daba una fuerza física incomparable, y un vigor fresco en todo el cuerpo.
    Proveyéndole con toda clase de armas, el sabio llevó al Señor a su refugio, y con devoción le daba a comer bulbos, raíces y frutas, viendo en Él a su mejor amigo.

    Al amanecer el Señor de los Raghus dijo al sabio: "Ahora puedes ir y ofrecer tu sacrificio sin ningún temor de que te molesten".

    Entonces los sabios ofrecieron oblaciones al fuego sagrado, mientras Sri Rama mismo guardaba el sacrificio.
    Al enterarse, el furioso demonio Maricha, gran enemigo de los ermitaños, acudió con su ejército.
    Sri Rama le arrojó una flecha sin cabeza y cayó a una distancia de ochocientas millas más allá de la costa.

    Luego el Señor se libró de Subahu con una flecha de fuego, mientras que su hermano menor, Lakshmana, exterminaba al ejército de demonios.
    Después de matar a los demonios, el Señor liberó a los brahmanes de sus miedos, y todos los dioses y sabios Le alababan.

    El Señor de los Raghus permaneció allí unos días y mostró Su gracia a los brahmanes. Y aunque el Señor sabía todo, los brahmanes movidos por su devoción, Le contaban muchas leyendas de los Puranas.

    Luego el sabio Le rogó amablemente: "Mi señor, haznos presenciar uno de tus actos".

    Al saber que había un sacrificio, el Señor de los Raghus acompañó al sabio con alegría.
    En el camino vieron una ermita sin ningún pájaro, animal o ser vivo.
    Al ver una losa en el suelo, el Señor preguntó al sabio qué era, y éste le contó toda la historia que aquello encerraba.

    "La esposa de Gautama, después de tomar forma de piedra bajo una maldición, busca sin cesar el polvo de Tus pies de Loto; sé misericordioso con ella, oh héroe de la raza Raghu."

    Con el simple roce de Sus santos pies, que disipan el dolor, apareció Ahalya, encarnación de la austeridad.
    Contemplando al Señor de los Raghus, gozo de Sus siervos, ella se quedó ante Él con las manos juntas.
    Su corazón desbordaba de amor, el vello de su cuerpo se había levantado, y era incapaz de decir nada.
    La bendita Ahalya se agarraba a Sus pies, y lágrimas caían de sus ojos.
    Serenándose luego, reconoció al Señor y por la gracia de Sri Rama, obtuvo devoción a Sus pies.
    Con palabras inocentes, comenzó a alabar al Señor:

    "Gloria al Señor de los Raghus, que es accesible mediante el Conocimiento espiritual.
    Yo soy una mujer impura, y el Señor puede santificar a todo el mundo, siendo deleite de Sus siervos.
    Oh enemigo de Ravana. Tú liberas a Tus devotos del temor del nacimiento; por eso busqué refugio en Ti. Por favor sálvame, sálvame.
    Mi esposo hizo bien en maldecirme, y yo le he dado las gracias por ello.
    He deleitado mis ojos en Sri Hari (Tú mismo), que está libre de la atadura de la existencia mundana.
    El Señor Sankara dice que verte es la Única bendición que existe.

    Señor, mi corazón es muy inocente; sólo quiero pedir una cosa.
    No quiero otro favor de Ti, maestro; sólo anhelo que mi mente continúe disfrutando siempre del amor por el polvo de Tus pies, como la abeja absorbe la miel del loto.
    El Señor misericordioso Sri Hari puso en mi cabeza los mismos pies de loto de los que salió el santo Ganges que Shiva lleva en Su cabeza y que son adorados por Brama".

    Habiendo alabado así a Sri Hari, y postrándose una y otra vez a Sus pies, la esposa de Gautama se despidió del Señor, y con el fervor que tanto deseaba concedido, se dirigió llena de alegría al hogar de su esposo.

    El Señor, Sri Hari, es un gran amigo del humilde y más compasivo de lo que uno merece.
    Adórale, oh loco Tulsidas, dejando atrás toda falsedad e intriga.

    Sri Rama y Lakshmana acompañaron al sabio y llegaron a la orilla del Ganges, cuyas aguas purifican a todo el universo.
    El hijo de Gadhi, Vishwamitra, contó toda la leyenda de cómo el río celestial había bajado a la Tierra.
    Luego el Señor realizó Sus abluciones con todos los sabios, y los brahmanes recibieron numerosos regalos.
    Acompañado por un grupo de ermitaños, el Señor siguió adelante y llegó cerca de la capital de los Videhas, Mithila.
    Cuando Sri Rama contempló la belleza de la ciudad, El y su hermano quedaron maravillados.

    ///

    Al ver una hermosa arboleda de mangos, fresca y agradable a la vista, el sabio Kausika dijo:
    "Oh sabio héroe de la raza Raghu, este huerto me agrada; quedémonos aquí".

    "Muy bien maestro", respondió el hermoso Señor, y acamparon allí con el resto de los ermitaños.
    Cuando el rey de Mithila se enteró de que había llegado el gran sabio Vishwamitra, tomó consigo a sus ministros más fieles, varios guerreros, nobles brahmanes, al maestro de su familia, y el jefe de sus parientes, y acudió jubiloso a recibir al príncipe de los sabios.

    Colocando su cabeza a los pies del sabio, el rey le ofreció su obediencia, mientras que el señor de los sabios, Vishwamitra, le daba su bendición.
    El rey saludó respetuosamente a los brahmanes y se alegró de su buena suerte al poder recibirles.
    Interesándose una y otra vez por su bienestar, Vishwamitra condujo al rey a un asiento.
    En ese momento llegaron los dos hermanos, que habían ido a ver el jardín.
    Uno moreno y el otro rubio, los dos hermanos eran todavía muy jóvenes.
    Sin embargo, eran el deleite de todas olas miradas, y arrebataban el corazón de todo el mundo.
    Cuando llegó el Señor de los Raghus, todos los allí presentes se levantaron; y Vishwamitra Le sentó a su lado.

    Todos estaban muy complacidos de ver a los dos hermanos; las lágrimas acudieron a sus ojos y su vello se erizaba de alegría.
    Al contemplar la forma tan encantadora y atractiva de Sri Rama, el rey Videha desbordaba de gozo.

    Al ver que su corazón no podía contener tanto amor, el rey se sobrepuso siguiendo su razón y postrando la cabeza a los pies del sabio, habló estas palabras con voz ahogada por la emoción:

    "Dime, mi señor: ¿son estos dos hermosos niños ornamento de la familia de un sabio, o acaso los herederos de una dinastía real? o, ¿es que Brama a quien los Vedas describen en términos negativos 'no es eso', se ha manifestado en una forma dual?
    Mi mente, que acostumbra a ser el desapego mismo, está extasiada al verlos, igual que el pájaro Chakora se hincha de gozo al ver la Luna.
    Por tanto, señor, te ruego que me digas la verdad; no me escondas nada.
    Apegada profundamente a ellos, mi mente ha renunciado a la dicha de contemplar a Brama."

    El sabio, sonriendo, respondió:
    "Has hablado bien, oh rey; tus palabras no pueden ser falsas. Todos los seres vivos de este mundo aman a estos niños".
    Al oír estas palabras, Sri Rama sonrió dentro de sí.
    "Son los hijos del rey Dasaratha. Joya de la raza Raghu: el rey los ha enviado por mi bien.
    Estos nobles hermanos, Rama y Lakshmana, son las encarnaciones de la belleza, la virtud y la fuerza.
    El mundo entero sabe que vencieron a los demonios y protegieron mi sacrificio de todo mal."

    "Oh sabio, cuando contemplo tus pies -añadió el rey- no puedo imaginar qué grandes méritos he ganado en el pasado.
    Estos dos hermanos, uno de piel oscura y el otro rubio, son la delicia de las delicias.
    Su amor mutuo e inocente no se puede describir, tan agradable y cautivador es."
    Escúchame, mi señor -continuó jubiloso el rey Videha-, ellos se tienen una simpatía natural como la que existe entre Brama y Jiva."

    El rey miraba al Señor una y otra vez. Su cuerpo se estremecía y su corazón desbordaba de alegría.
    Alabando al sabio y postrando su cabeza a sus pies, el rey le condujo a su capital y le alojó en un hermoso palacio.
    Luego, después de rendirle homenaje y ofrecerle todos sus servicios, el rey se despidió del sabio y regresó a su propio palacio.

    Después de comer con los sabios y descansar un rato, el Señor Rama, Joya de la raza Raghu, se sentó al lado de Su hermano; todavía quedaba una cuarta parte del día.
    Lakshmana sintió en su corazón un gran anhelo por ir a ver la capital de Janaka.
    Sin embargo, tenía miedo del Señor, y se quedó por temor al sabio; y sin declarar su anhelo abiertamente, sonreía para sí.
    Sri Rama comprendió lo que ocurría en la mente de Su hermano menor; y Su corazón rebosaba de bondad hacia Su devoto. Despidiéndose de Su maestro, Rama le habló sonriendo con las palabras más dulces:
    "Mi señor, Lakshmana anhela ver la ciudad, pero por temor y respeto a ti no te lo dice.
    Si me das tu permiso, le llevaré por la ciudad y le volveré a traer enseguida"
    .

    Al oír esto, el sabio de los sabios, Vishwamitra, contestó con cariño:
    "Es sabido, Rama, que Tú debes respetar las normas de conducta, Tú eres el defensor de la moral, hijo mío, y por amor a Tus siervos, les das alegría.
    Id dichosos hermanos, y después de ver la ciudad, regresad. Bendecid todos los ojos al mostrar vuestros cautivadores rostros.
    "

    Saludando los pies de loto del sabio, los dos hermanos, deleite de todas las miradas, partieron. [...]
    Tras la desesperación del rey Janaka al ver que nadie podía romper el arco de Shiva y así casarse con su hija, Sita:
    [...] Viendo que el momento era propicio, Vishwamitra dijo con palabras cariñosas:
    "Levántate, Rama, rompe el arco de Shiva y libera a Janaka de su angustia".

    Al oír las palabras del Guru, Sri Rama postró la cabeza a sus pies; en Su corazón no había alegría ni tristeza.
    Se levantó con toda su gracia natural, ridiculizando a los leones con Su elegante presencia.

    ///

    Rama miró primero a la muchedumbre reunida y les vio como figuras inmóviles de un dibujo.
    Luego el gracioso Señor dirigió la mirada a Sita y vio que estaba muy apenada.
    Cada instante que transcurría pesaba sobre Ella como toda una vida del universo.
    Si un hombre muere de sed, ¿de qué le sirve un lago de néctar después de muerto?
    ¿De qué sirve una lluvia cuando toda la cosecha se ha secado?
    ¿De qué vale arrepentirse de una oportunidad perdida?

    Pensando así, el Señor miró a la Hija de Janaka y se estremeció al ver su incomparable devoción.
    Interiormente se postró a Su maestro Vishwamitra, y tomó el arco con gran destreza.
    Al cogerlo en Su mano, el arco brillaba como un relámpago. Y luego parecía un círculo en el cielo.
    Nadie se dio cuenta de cuándo lo tomó en Sus manos, tocó sus fibras y lo enderezó; sólo vieron cuando ya estaba de pie con el arco tensado.
    Y en un instante Rama partió el arco en dos mitades, y un ruido ensordecedor resonó en todas las esferas. [...]
    El sabio Parasurama se siente insultado por Lakshmana:
    [...] "Escucha, oh Vishwamitra: este muchacho es estúpido y perverso.
    Está en las garras de la muerte misma y causará la destrucción de toda su familia.
    Él es un punto negro en la raza solar; es totalmente injusto, falto de sentido e inquieto.
    Dentro de un momento, se encontrará en las fauces de la muerte; lo proclamo abiertamente y nadie debería culparme por ello.
    Paradle, si queréis salvarle, y habladle de mi gloria, poder e ira."

    Y Lakshmana dijo: "Santo señor, mientras tú vivas, ¿quién más podrá alabar tu brillante gloria?
    Con tus propios labios has contado tus hazañas, más de una vez. Si todavía no estás satisfecho, dinos algo más.
    No sufras por reprimir tu ira. Has asumido el papel de un héroe, y eres decidido e imperturbable; es impropio de ti lanzar injurias.
    Los héroes realizan obras valerosas en las luchas, pero no se dedican a anunciar su propio valor.
    Al encontrar un enemigo en la batalla sólo los cobardes se vanaglorian de su propia gloria.
    Parece que tienes a la Muerte a tu disposición y la llamas y la convocas una y otra vez por mi bien!"

    Al oír las duras palabras de Lakshmana, Parasurama cerró el puño en su terrible hacha:
    "Después de esto, que nadie me culpe, este niño de lengua atrevida merece la muerte.
    He tenido paciencia con él porque era niño; pero ahora va a morir".

    Y Vishwamitra dijo: "Perdona su ofensa; los hombres santos no tienen en cuenta las virtudes y los defectos de un niño".

    "Mi hacha es muy afilada, y yo no tengo piedad, sino furia; ante mí hay un ofensor y un enemigo de mi Guru.
    Aunque vuelva a insultarme, le perdono la vida sólo por consideración a ti, oh Vishwamitra.
    Si no, destrozándole en pedazos con esta hacha, hubiera pagado la deuda que he contraído con mi Guru."

    El hijo de Gadhi dijo sonriendo entre sí:
    "Todo le parece verde al sabio Parasurama; sin embargo, con lo que se está enfrentando es con la espada de acero y no con azúcar extraída de una caña, que podría tragar fácilmente.
    Es una pena que no comprenda y siga ofuscado por su ignorancia
    ". [...]
    El rey Janaka, padre de Sita, ofrece su fidelidad al sabio Vishwamitra:
    [...] Janaka se acercó a Kausika, se agarró a Sus pies y se puso el polvo que en ellos había en la cabeza y los ojos. Y dijo:
    "Escucha, oh señor de los sabios: para aquel que ha sido bendecido con la visión de tu ser, nada es imposible de conseguir, de esto estoy seguro.
    El gozo y el brillo que los señores del universo anhelan tener, sin atreverse a esperar, ese gozo y gloria ha sido puesto a mi alcance; y todo porque te he visto a ti".

    Con estas palabras el rey Janaka ofreció su fidelidad a Vishwamitra. [...]
    Tras los casamientos de Sri Rama y sus hermanos, todos regresan a Ayodhya y son recibidos por el rey Dasaratha:
    [...] El rey, al verles, los estrechó y ellos se sentaron junto a él.
    Toda la corte se vio complacida al poder ver a Rama y bendecir así sus ojos.
    Luego vinieron los sabios Vasistha y Vishwamitra y tomaron espléndidos asientos.
    El sabio Vasistha narró leyendas sagradas y el rey y las doncellas del gineceo le escuchaban.

    En su narración, el sabio refirió las obras del Vishwamitra que sobrepasaban toda imaginación.
    Vamadeva dijo que todo lo que Vasistha contaba era cierto y que el buen renombre de Vishwamitra había impregnado las tres esferas del universo.
    Todos se alegraron al oír eso, y Sri Rama y Lakshmana se llenaron de dicha interior.
    Había felicidad constante, alegría y regocijo y los días transcurrían así. La ciudad de Ayodhya se inundaba de una ola de placer que se hacía cada vez más y más alta.

    Después de fijar un día favorable, las cuerdas sagradas, atadas en las muñecas de las novias y novios antes de la boda para alejar los malos espíritus, se desataron con toda felicidad en los corazones de todos.
    Los dioses se llenaban de envidia al ver nacer cada día un nuevo regocijo y suplicaban al Creador que nacieran algún día en Ayodhya.

    Vishwamitra cada día tenía intención de partir, pero le retenían los ruegos de Sri Rama.
    Viendo que la devoción del rey hacia él crecía y crecía cada día más, el sabio Vishwamitra comenzó a alabarle.
    Y finalmente, cuando pidió permiso para irse, el rey se sintió muy conmovido y con sus hijos se presentó ante él y le dijo:

    "Mi señor, todo lo que tengo es tuyo: mis hijos, mis esposas y yo somos tus siervos. Sé siempre bondadoso con estos muchachos y concédeme de vez en cuando la bendición de verte".

    Diciendo esto, el rey, sus hijos y las reinas, cayeron postrados a sus pies.
    El brahmán Vishwamitra invocó toda clase de bendiciones para él y partió en medio de una escena de amor indescriptible.
    Sri Rama y Sus hermanos le escoltaron y regresaron cuando se les ordenó.

    El deleite de la raza Gadhi se fue alegremente alabando en su interior la belleza de Sri Rama, la piedad del rey Dasaratha, la boda de Sri Rama y Sita y las festividades y regocijos celebrados.

    Vamadeva y el sabio maestro Vasistha narraron una vez más la historia de Vishwamitra, hijo de Gadhi.
    Al oír la brillante gloria del sabio, el rey alababa el valor de sus méritos, que habían llevado al sabio a su casa y le habían ganado su favor. [...]