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Diosa Sati

 

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1. Señor Shiva

Diosa Sati

  • Consorte (1): Señor Shiva

   Otro nombre para Sati fue Diosa Dakshayani.

  Descripción:

Sati es la encarnación de Devi.
Tras inmolarse en el sacrificio del fuego realizado por su padre, volvió a encarnar como Parvati.

El Sabio Yajñavalkya dice al Sabio Bharadwaja:
[...] Una vez, en la edad de Treta, el Señor Shiva llamó al sabio Agastya, nacido de un jarro. Le acompañaba su compañera, la Diosa Sati, Madre del universo. El sabio le adoró reconociéndole como su señor universal.
El gran sabio refirió la historia completa de Rama y el Señor Mahesa le escuchó lleno de gozo.
Luego el sabio pidió a Sambhu que le hablara de la Devoción a Hari y Sambhu la describió, encontrando en el sabio un hermoso recipiente. Narrando y escuchando así la historia de las virtudes de Sri Rama, el Señor de Kailasa pasó unos días allí.
Finalmente, tras despedirse del sabio, el Asesino del demonio Tripura, Sankara, se dirigió a Su hogar con la hija de Daksha (Sati).

En aquellos mismos días, queriendo aliviar el sufrimiento de la Tierra, Sri Hari se había encarnado como Rey Raghu.
Renunciando a Su derecho al trono por las palabras de su padre, el inmortal Señor vagaba por el bosque Dandaka vestido de asceta.
El Señor Hara seguía pensando: "¿Cómo podré verle? El Señor se ha encarnado en secreto, y si yo le visito, todos sabrán quién es".

En el corazón de Sankara había un gran pesar; sin embargo, Sati no sospechaba nada de este secreto.
La mente de Sankara, dice Tulsidas, se daba cuenta de que no debía descubrir su secreto, mientras que la tentación de ver al Señor hacía que Sus ojos estuvieran tristes y ansiosos.[...]
[...] En aquella ocasión Sambhu vio a Sri Rama, y en Su corazón nació una alegría inmensa.
Bañó Sus ojos en ese océano de Belleza, pero no le descubrió Su identidad pues sabía que no era una ocasión apropiada.
El Destructor de Cupido, Shiva, comenzó a exclamar:
" Gloria al Redentor del universo, que es todo verdad, Conciencia y Dicha!"

Cuando Sati vio a Sambhu en este estado, surgió una gran duda en Su mente:
"Sankara es el Señor mismo del universo y es digno de adoración universal; los dioses, los hombres y los sabios inclinan su cabeza ante Él.
Sin embargo, presentó su obediencia a este príncipe, describiéndole como el Ser Supremo que es todo verdad, Conciencia y Dicha.
Se quedó absorto contemplando su Belleza y sintió una ola de emoción en Su corazón, que no pudo controlar."
[...]
El Señor Shiva dice:
[...] "Estate tranquila, Sati, tu naturaleza es fuerte; nunca deberías tener esa duda en tu mente.
Él es el mismo Rama, el Héroe de la raza Raghu, mi amado Dios, cuya historia cantó el santo Agastya que nació de un jarro.
La fe en Él es de lo que yo hablé a Agastya; Él es a quien todos los sabios siempre esperan."
[...]
[...] Aunque el Señor Shiva repitió esto una vez tras otra, sus palabras no aliviaron el corazón de Sati.
Entonces el gran Señor Shiva, sonriendo y sintiendo en Su corazón el poder de la Maya creado por Sri Hari, le dijo:
"Si tienes esa gran duda en tu mente, ¿por qué no vas y lo ves por ti misma?
Yo te esperaré a la sombra de este árbol banyan hasta que vuelvas a Mi.
Usando tu capacidad de juicio llegarás a una conclusión mediante la que se borrará el grave error que nace de tu ignorancia."


De este modo, Sati emprendió la marcha con el permiso de Shiva. Se atormentaba la mente queriendo saber hacia dónde dirigir sus pasos.
Entonces Shiva se dio cuenta de que un gran mal le esperaba a la hija de Daksha."Cuando su duda no se rindió ni siquiera con mis palabras", y se dijo: "Parece que las estrellas no le son favorables y que terminará mal.
Después de todo, lo que Sri Rama ha dispuesto, es algo que ocurrirá, ¿para qué complicarlo más metiéndonos en especulaciones?"


Diciendo esto, el Señor Shiva comenzó a pronunciar el nombre de Sri Hari, mientras que Sati se dirigía al lugar donde se hallaba el Señor de la dicha (Sri Rama).

Después de muchos pensamientos y preocupaciones, Sati tomó la forma de Sita y siguió su camino por el mismo sendero por el que pasaba el Señor de los hombres (Sri Rama).

Cuando Lakshmana vio a Uma así disfrazada, se quedó sorprendido y desconcertado.
La boca se le paralizó y adquirió una expresión grave; el sagaz hermano del Señor conocía Su gloria.

Percibiendo y controlando todo, el señor de los dioses, Sri Rama, no tardó en descubrir el falso aspecto de Sati.

Rama era el Señor omnisciente cuyo pensamiento disipa la ignorancia.
Sati pretendía engañarle incluso a Él: fijaos cuán obstinada es la naturaleza de una mujer.

Cantando en Su corazón al poder de Su Maya, Sri Rama sonriente se dirigió a ella con dulce voz.
Primero juntó sus manos y le presentó su obediencia, diciéndole Su nombre y el de Su padre.
Luego le preguntó el paradero del Señor Shiva, pensando que le había hecho vagar sola por el bosque.

Sati
se sintió muy molesta al oír las palabras de Rama, que eran suaves pero muy significativas.
Regresó al gran Señor Shiva con un sentimiento de dolor y muy abatida en su corazón.

"Yo no presté atención a las palabras de Sankara y quise imponer a Rama mi propia ignorancia.
¿Qué respuesta daré ahora a mi señor?"


El sufrimiento de Su corazón era terrible. Sri Rama vio que Sati estaba muy afligida y quiso revelarle parte de Su gloria.
Mientras caminaba, Sati contempló un extraño fenómeno.

Rama iba delante de Ella con Su compañera Sita y Su hermano menor Lakshmana.
Miró atrás y vio también al Señor con Su hermano y Sita con ropas muy hermosas.
Y dondequiera que miraba veía al Señor en su trono en compañía de los siddhas y sabios que le servían.
Sati vio más de una imagen de Shiva, Brahma y Vishnu, cada una con una gloria infinitamente mayor que la anterior.
También contempló todo un ejército de dioses postrándose a los pies del Señor y esperándole vestidos de formas diversas.
Luego vio innumerables Satis, Saraswatis y Lakshmis, todas de incomparable belleza. Sus vestidos iban de acuerdo con la forma de Brahma y los otros dioses.

Cada visión de Rama incluía todo un ejército de dioses con sus correspondientes compañeras, así como toda la creación animada e inanimada en todas sus especies.
Pero mientras que los dioses que adoraban al Señor aparecían con atavíos diversos, el aspecto de Sri Rama era siempre el mismo.
Y aunque Sati vio a muchos Ramas con sus Sitas, su aspecto no cambiaba.

Al ver siempre al mismo Rama, el mismo Lakshmana y la misma Sita, Sati se sintió llena de temor. Su corazón tembló y perdió toda conciencia de su cuerpo.
Y cerrando los ojos se sentó al lado del camino.
Cuando abrió los ojos y miró, la hija de Daksha no vio nada más allí.
Y postrando la cabeza repetidas veces a los pies de Sri Rama, se dirigió al lugar donde estaba el Señor de Kailasa.

Cuando se acercaba, el Señor Shiva le sonrió y le preguntó si estaba bien, y luego dijo:
"Ahora dime toda la verdad, ¿cómo probaste a Sri Rama?"

Habiendo comprendido la grandeza del Héroe de la raza Raghu, Sati sentía temor y no reveló la verdad a Shiva.
"No lo probé, mi señor; le presenté mi obediencia igual que Tú.
Lo que Tú dijiste no puede ser falso; mi corazón está completamente seguro".


Entonces el Señor Sankara miró en su interior y vio todo lo que Sati había hecho.
Una vez más, se postró ante el poder ilusorio de Sri Rama que había hecho que Sati mintiera.

"Lo que la voluntad de Sri Hari ha predispuesto debe realizarse", pensó para sí el sabio Sambhu.

Sati había tomado la forma de Sita: esto apenó mucho el corazón de Shiva.
"Si sigo amando a Sati como hasta ahora, desaparecerá el culto de la Devoción y esto no estaría bien.
Sati es demasiado casta para que la abandone, y seguir amándola como esposa es un gran pecado."


El gran Señor Shiva no pronunció palabra alguna, aunque Su corazón estaba lleno de dolor.

Entonces Sankara se postró a los pies del Señor, y en cuanto invocó a Sri Rama se dio cuenta de que mientras Sati siguiera en ese cuerpo, no debía relacionarse con ella.
Según esto, Shiva tomó una decisión y después el Señor Sankara (cuya mente es estable) se dirigió a Su hogar (Monte Kailasa) con Su mente fija en el Héroe de la raza Raghu.
Y mientras caminaba salió del cielo una hermosa voz diciendo:
"Gloria al gran Señor Shiva que se ha mantenido tan fielmente ligado por su Devoción.
¿Quién sino Tú puede hacer una promesa así?
Tú eres devoto de Sri Rama y del Señor todopoderoso al mismo tiempo".


Sati
se sintió muy preocupada al oír esta voz del cielo, y se dirigió a Shiva con voz trémula diciendo:
"Dime, oh Señor misericordioso, la promesa que has hecho.
Tú eres encarnación de la Verdad y compasivo con los pobres".


Y aunque Sati lo preguntó de muchas maneras, el Asesino del demonio Tripura, Sankara, no le respondió.

Sati
comprendió que el Señor omnisciente había descubierto todo y se sintió triste por haber tratado de engañar a Sambhu.
Se dio cuenta de que la mujer es ignorante y estúpida por naturaleza.
El agua mezclada con leche puede venderse como leche: he aquí el proceso unificador del amor.
Sin embargo, en cuanto cae una gota de ácido, es decir, una mentira, en esa leche, el agua queda separada y el sabor de la leche se estropea.

Sati
se afligió mucho pensando lo que había hecho; y el grado de su angustia no se podía medir ni describir.
Había visto que el Señor Shiva es un océano sin fondo de misericordia, pues no había puesto al descubierto su culpa.
Sin embargo, por la actitud de Sankara dedujo que el Señor la había abandonado, y Su corazón se vio desamparado.
Siendo consciente de su culpa, no podía protestar en modo alguno, pero su corazón ardía como una hoguera.

Al percibir la mirada triste de Sati, Shiva le contó historias muy bellas para distraer Su mente.
Relatando diversas leyendas en el camino, el Señor del universo, Shiva, llegó a Kailasa.

Entonces, acordándose de su promesa, Sambhu se sentó bajo un árbol banyan en la postura yóguica de Padmasana.
Sankara se unió a Su propio Ser y entró en un Samadhi ininterrumpido e indefinido.

Sat
i vivía en Kailasa, y Su mente estaba siempre apenada.
Nadie sabía lo que estaba ocurriendo en Su interior, pero a ella los días se le hacían tan pesados como Yugas o edades enteras.

"Ofendí al Señor de los Raghus y luego tomé por falsas las palabras de mi esposo. La voluntad divina me ha dado lo que merezco por mis pecados.
Ahora, oh Dios, no tienes ninguna obligación de hacerme seguir viva aunque me hayas separado de Sankara."


La angustia de su corazón era indescriptible. Sati invocó la presencia de Rama en Su corazón y se dirigió a Él así:

"Si todos dicen que eres compasivo con los pobres, y si los Vedas te alaban como disipador del sufrimiento, te suplico con las manos unidas, oh Señor, que me liberes sin tardanza de este cuerpo mío.
Si tengo devoción a los pies de Shiva, y si soy fiel a mi promesa en pensamiento, palabra y obra, oh Señor omnisciente, escúchame y haz algo rápidamente para que pueda morir y me libere así de esta desgracia insoportable sin mucho esfuerzo".


Así pues, la hija de Daksha, Sati, se sentía muy desgraciada. Su sufrimiento era profundo más allá de las palabras.

Al cabo de ochenta y siete mil años, el inmortal Sambhu salió de su éxtasis.
Shiva comenzó a repetir el nombre de Rama; entonces Sati se enteró de que el Señor del universo había despertado, y fue y se postró a los pies de Sambhu.

Sankara le ofreció un lugar frente a Él, y comenzó a narrar las bellas historias de Sri Hari.

Entretanto Daksha había llegado a ser el señor de los seres creados.
Después de considerarlo debidamente, el Creador encontró a Daksha apropiado y le nombró supremo señor de los seres creados.
Cuando Daksha alcanzó esta posición tan alta, el orgullo creció y creció en su corazón, pues en este mundo nunca ha existido una criatura a la que el poder no le intoxicara.
Daksha reunió a todos los sabios, y comenzaron a realizar un gran sacrificio.
Se invitó a todos los dioses que toman parte en las oblaciones ofrecidas en los sacrificios.
Los quinaras, Nagas, Siddhas y Gandharvas y todo el ejército de los dioses, acompañados de sus esposas se dirigieron al lugar del sacrificio.
Todos los dioses, a excepción de Vishnu, Viranchi y el gran Señor Shiva, salieron en sus carros aéreos.
Sati contemplaba estos hermosos carros de varias formas cruzando los aires.
Doncellas celestiales cantaban dulces melodías que se introducían en los oídos de los ascetas y rompían su meditación.

Cuando Sati preguntó a Shiva qué era todo aquel movimiento por el aire, éste se lo explicó todo.
Ella se sintió feliz al enterarse del sacrificio dispuesto por Su padre y pensó que sería una buena excusa para estar unos días con Él en caso de que el gran Señor Shiva diera su consentimiento.
El ser repudiada por Su Señor atormentaba mucho Su corazón, pero siendo consciente de su culpa, no decía nada.

Al fin, Sati habló con voz suave, teñida de temor, duda y cariño:
"Hay una gran fiesta en casa de mi padre, oh Señor. Si me das tu permiso, me gustaría ir y verla, oh fuente de compasión."

El Señor Shiva respondió:
"Tu idea es buena y a mí también me gustaría ir. Pero el problema es que tu padre no nos ha invitado.
Daksha ha invitado a todas sus otras hijas pero, por el rencor que nos tiene, a ti te ha ignorado.
Una vez criticó nuestro comportamiento ante Brahma; por eso ahora sigue insultándonos.
Si vas allí sin que te inviten, Bhavani, todo decoro, afecto y honor desaparecerá de ti.
Sin duda es cierto que uno debería visitar a su amigo, maestro o padre sin esperar una invitación formal; sin embargo, no conseguirás nada bueno yendo donde hay rencor contra ti".


Sambhu se lo explicó a Sati de muchas formas; pero el destino había dispuesto que ella no actuara con sabiduría.
El Señor le repitió una vez más que si Ella iba a la Casa de Su padre sin ser invitada, las consecuencias serían muy malas.
Después de razonar con Ella una y otra vez, Hara finalmente se dio cuenta de que la hija de Daksha no iba a quedarse, le ofreció algunos de sus ayudantes como escolta y la despidió.

Cuando Bhavani llegó a la casa de Su padre, nadie la recibió por temor a disgustar a Daksha.
Su madre fue la única persona que la acogió cariñosamente. Sus hermanas la recibieron con grandes sonrisas, pero Daksha no quiso preguntar ni siquiera por Su salud; el mero hecho de verla encendía su ira.

Sati fue a mirar el sacrificio, pero no vio en ningún sitio oblaciones dedicadas a Sambhu.
Entonces se dio cuenta de la verdad del aviso de Sankara; Su corazón se inflamaba al pensar en el insulto a Su señor.

La pena anterior de ser repudiada por Su señor no la atormentaba tanto como el gran sufrimiento de ahora por el insulto a Su marido.
Aunque hay muchas clases de grandes sufrimientos en el mundo, el insulto a las personas queridas es el más doloroso de todos.
Este pensamiento irritaba a Sati. Y Su madre trataba de calmarla por todos los medios.

La ofensa a Shiva era algo insoportable. Por eso su corazón no podía apaciguarse.
Entonces, reprochando con dureza a todos los reunidos, les habló enojada:

"Escuchad, ancianos de la asamblea y todos los grandes sabios!
Todos los que habéis injuriado a Sankara. o habéis oído hablar mal de Él, debéis recoger el fruto de vuestro pecado; y Mi padre también se arrepentirá.
Cuando oigáis maldecir a un santo, a Sambhu o a Vishnu, si podéis debéis arrancar la lengua del que así habla o alejaros tapando vuestros oídos.
El que mató a Tripura, el gran Señor Shiva, es el Espíritu universal; es el padre del universo y hace el bien a todos.
Él es a quien mi padre estúpido injuria, y está cuerpo Mío ha salido de los lomos de Daksha.
Por lo tanto, teniendo presente en mi corazón al Señor Shiva, que lleva la Luna en su frente y un toro como emblema, dejaré ahora mismo este cuerpo."


Hablando así, Sati consumió Su cuerpo con el fuego del Yoga. Un grito de dolor se levantó de toda la asamblea.

Al enterarse de la muerte de Sati, los siervos de Sambhu comenzaron a destruir el sacrificio. Al ver que destruían el sacrificio, el gran sabio Bhrgu quiso protegerlo.

Sankara fue informado de todo y lleno de ira envió a Virabhadra.
Este, al llegar, destruyó el sacrificio y castigó a los dioses según lo merecido.

Como es sabido, Daksha recibió el castigo que todo enemigo de Sambhu debe afrontar. La historia es conocida en todo el mundo; por eso la he contado brevemente.

Cuando moría, Sati pidió a Sri Hari el favor de seguir entregándose a los pies de Shiva en todas las encarnaciones siguientes.
Por ello volvió a nacer como Parvati en casa de Himachala.
Desde que Uma nació en la casa de Himalaya, la montaña se convirtió en morada de bendiciones y prosperidad. [...]
[...] Desde que Sati abandonó su cuerpo, la mente de Shiva se apartó de todo. Repetía el nombre del Señor de los Raghus y oía hablar de la gloria de Sri Rama con frecuencia. [...]
[...] El Creador les encontró en un estado muy miserable. Y les consoló diciendo:
"El demonio sólo morirá cuando nazca un hijo de los lomos de Sambhu, pues solamente él podrá vencerle.
Actuad de acuerdo a lo que os digo. Dios os ayudará y su plan tendrá éxito.
Sati, que dejó su cuerpo en el sacrificio realizado por Daksha, ha vuelto a nacer en casa de Himachala.
Ha sufrido penitencia para ganar la mano de Sambhu; y Shiva ha renunciado a todo y ha quedado absorbido en la contemplación.
Aunque no parezca adecuada, escuchad mi proposición.
Id a Cupido y enviadlo a Shiva; dejad que rompa la serenidad de su mente.
Luego iremos y postrándonos a los pies de Shiva le convenceremos para que se case, aunque sea en contra de su voluntad.
[...]
El Sabio Narada dice a Himachala:
[...] Primero nació en la casa de Daksha. Su nombre era Sati y Su forma bella. En esa encarnación Sati también se casó con Sankara.
La historia es bien conocida en todo el mundo.
Un día, cuando regresaba a casa con Shiva, vio a Sri Rama que es como el Sol para la raza de loto de los Raghus.
Maravillada por Su mirada, no escuchó los consejos de Shiva y se engañó al querer disfrazarse de Sita.[...]
El Sabio Yajñavalkya dice al Sabio Bharadwaja:
[...] El amor puro por los pies de Shiva es la señal más clara de la devoción a Rama.
¿Quién es tan fiel al Señor de los Raghus como Shiva, que renunció a una esposa inmaculada como Sati y manifestó una devoción suprema a Rama con Su promesa de inquebrantable fidelidad?.
Hermano, ¿quién puede ser tan querido para Rama como lo es Shiva? [...]
El Señor Shiva dice a Uma:
[...] El Señor al que viste vagar por el bosque con Su hermano vestidos ambos de ermitaños, y cuyas acciones te volvieron loca, siendo tú Sati, hasta tal punto que la sombra de esa locura te ha perseguido hasta hoy, escucha las hazañas de tal Señor, que sirven de medicina para la enfermedad de la ilusión. [...]

[...] Uma. Escucha, encantadora doncella de ojos brillantes, las circunstancias en las que oí esta historia que libera del ciclo de nacimientos y muertes.
Primero naciste en casa de Daksha y tu nombre era Sati. En el sacrificio de Daksha debías sufrir contumelia y, llena de indignación, dejaste la vida.
Mis siervos impidieron el sacrificio, y ya conoces todo lo demás.
Entonces yo me sentí muy apenado, pues al perderte no encontraba consuelo.
Vagué por bosques hermosos, por montañas y ríos, pero no encontré belleza por ningún lugar.
[...]

Sati + Señor Shiva.