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Susena

 

Vínculos de familia

Susena

  Descripción:

Médico que residía en Lanka y que, tras aplicar la hierba medicinal traída por Hanuman, logra sanar a Lakshmana.

[...] Por la tarde, ambos ejércitos se retiraron y los jefes de las diferentes unidades empezaron a contar sus soldados.

El todo misericordioso e invencible Señor del Universo, espíritu supremo que está en todas partes, preguntó: "¿Dónde está Lakshmana?"

Hanuman se lo trajo de inmediato; viendo a su hermano más joven desfallecido, el Señor sintió una dolorosa presión.

Jambavan dijo: "Susena, el doctor, vive en Lanka; alguien debe ir a buscarle". Hanuman apenas había transcurrido un minuto, fue y, con su casa y todo, le trajo rápidamente.

Susena llegó y postró su cabeza a los pies de loto de Sri Rama. Le indicó el nombre de una hierba curativa así como la montaña donde podía conseguirse, y dijo: "Adelante, oh hijo del dios del viento, tráela".

Susena guardó en su corazón, como una reliquia, los pies de loto de Sri Rama. Y confiando en su propio poder, el hijo del dios del viento partió.

Al otro lado, un espía reveló el secreto a Ravana, quien fue en busca de Kalanemi, un demonio aliado de Ravana. El monstruo de diez cabezas le dijo todo lo que tenía que decirle. Y al oírle, Kalanemi se golpeaba la cabeza una y otra vez. "Nadie puede oponerse a quien quemó tu capital ante tus propios ojos. Por lo tanto, y por tu propio interés, adora al Señor de los Raghus y desiste, mi Señor, de todo falso orgullo. Retén en tu corazón esa hermosa forma, oscura como un loto azul, placer de todas las miradas. Destruye tu necia idea de 'Yo' y 'tú', 'mío' y 'tuyo', y despierta del pesado sueño de las pasiones. ¿Puede alguien atreverse a soñar con conquistar en una batalla a quien devora hasta a la serpiente del tiempo, quien a su vez devora a la creación entera?"

Al oír esto, el monstruo de diez cabezas se llenó de cólera.
Y viéndole Kalanemi, pensó para sí: "Preferiría morir en manos de un sirviente de Sri Rama, porque éste desgraciado se regocija de su carga de pecados".

Así que partió y recurriendo a su magia negra, hizo aparecer al lado del camino un lago, un templo y un hermoso jardín.
El hijo del dios del viento, viendo al buen ermitaño, pensó para sí: "Pediré permiso a este ermitaño para beber agua, pues quizás alivie un poco mi fatiga". El demonio, Kalanemi, que estaba en una ventajosa situación disfrazado de ermitaño, trató de engañar incluso al mensajero del Señor de la Maya. El hijo del dios del viento fue y postró su cabeza ante él; mientras, el demonio comenzó a recitar las glorias de Sri Rama. "Hay una feroz guerra entre Sri Rama y Ravana, de la cual Rama sin duda surgirá victorioso. Yo contemplo desde aquí todas las cosas, hermano mío, porque mi gran fuerza yace en mi intuición."

Al pedirle el agua, el demonio ofreció a Hanuman de su propio recipiente; pero el jefe de los monos dijo: "Mi sed no se saciará con sólo un poco de agua". "Ve entonces a zambullirte en el lago y regresa rápidamente. Después de eso, te iniciaré para que obtengas el conocimiento espiritual."

Tan pronto como Hanuman entró en el lago, un caimán le agarró por el pie. Después de ser muerto por Hanuman, el caimán tomó una forma celestial y, montando en un carro aéreo, se elevó hacia el cielo.

"Solamente por tu presencia, querido mono, he sido absuelto de todos los pecados y de la maldición del gran sabio, lo cual explica mi nacimiento en la matriz de un caimán. Ese individuo, oh jefe de los monos, es un demonio terrible y no un ermitaño. Cree en lo que te digo."

Tras decir esto, la ninfa celestial partió a su morada en el cielo y Hanuman regresó de nuevo junto al demonio.

Dijo el mono: "¡oh Señor!, recibe primero tu gratificación como mi maestro espiritual y revélame después la fórmula sagrada".

Entonces Hanuman enroscó su Cola alrededor de la cabeza del ermitaño y lo derribó, recobrando éste su auténtica forma demoníaca en el momento de su muerte, y murmurando "Rama, Rama", entregó su alma.

Al oír este nombre, Hanuman se regocijó en su corazón y prosiguió su viaje.
Encontró la montaña pero no conseguía dar con la hierba prescrita por Susena, por lo cual, sin perder más tiempo, arrancó la montaña.
Cargándola en sus brazos, Hanuman se alzó en el aire; era todavía de noche cuando pasaba sobre la ciudad de Ayodhya.

Bharata, quien vigilaba siempre por las noches desde que regresó de Chitrakuta, divisó una figura colosal cruzando el viento, y creyendo que era un demonio, se llevó el arco hasta la oreja y le dio con una flecha en la cabeza.
Herido por la flecha, Hanuman cayó al suelo sin sentido, gritando: "Rama, Rama, oh Señor de los Raghus".

En el momento que Bharata oyó estas palabras tan placenteras, se precipitó junto al mono. Viéndole desmayado, el príncipe le tomó en su regazo y trató de despertarle de todas las formas, pero fue en vano.
Con tristeza en el rostro, el corazón dolorido y los ojos llenos de lágrimas, habló de esta manera:

"La misma providencia que me alejó de Sri Rama me ha impuesto este terrible sufrimiento. Si en pensamiento, palabra, obra y acción yo sinceramente deseo devoción a los pies de loto de Sri Rama, y si el Señor de los Raghus es benévolo conmigo, quizás este mono pueda ser aliviado de su, agotamiento y dolor".

Al oír estas palabras, el jefe de los monos se levantó y sentándose, lloraba diciendo:

¡Gloria, toda la gloria al Señor de Kosala!'

Al ser tomado en brazos por Bharata, un estremecimiento de alegría recorrió su cuerpo y las lágrimas comenzaron a caer de sus ojos. Su corazón se desbordaba de amor con el pensamiento de Sri Rama, gloria de la raza de los Raghus.

"Dime, amado amigo, si Sri Rama, fuente de la alegría, se encuentra bien, así como su hermano menor Lakshmana, y mi madre Janaki, hija de Janaka."

El jefe de los monos le resumió todo lo que había pasado y Bharata al oírlo sintió un gran dolor y su corazón se llenó de remordimiento.

"Ah, santo cielo, ¿por qué nacería yo en este mundo si no puedo servir al Señor?"

Pero al conocer las circunstancias adversas, el intrépido y poderoso príncipe se reanimó y se dirigió de nuevo a Hanuman, diciendo: "Te habrás retrasado en tu viaje y una vez que amanezca será demasiado tarde. Súbete en mi flecha, con montaña y todo, y yo te enviaré derecho a la presencia del Señor Todomisericordioso".

Hanuman se sintió halagado cuando oyó estas palabras. "Cómo podrá volar la flecha con mi peso?", pensó; Y recordando otra vez la gloria de Sri Rama, se postró a los pies de Bharata y le habló así con las manos juntas: "Protegido por el pensamiento de la majestad de mi Señor, llegaré a salvo", Entonces, con el permiso de Bharata, Hanuman se postró a sus pies y salió despedido.

Durante el viaje, el hijo del dios del viento celebró una y otra vez la fuerza del brazo de Bharata, su bondad y amabilidad, así como su ilimitada devoción por los pies del Señor.

Mirando a Lakshmana, Sri Rama hablaba con palabras de un ser humano: "¡Ya pasó la media noche y Hanuman no ha regresado todavía!" Sri Rama levantó a su hermano menor y le tomó en sus brazos.

"Hermano, nunca soportaste verme con dolor; tu actitud hacia mí ha sido siempre muy cariñosa.
Por mí dejaste padre y madre, y te expusiste al frío, al calor y los vientos del bosque.
¿Dónde está ese antiguo amor ahora, hermano, que rehúsas levantarte aun oyendo mi lamento?
Si hubiera sabido que perdería a mi hermano en el bosque, nunca habría obedecido las órdenes de mi padre.
Hijos, riquezas, mujeres, casas y parientes, vienen y se van una y otra vez; pero un verdadero hermano no es fácil de recobrar.
Considera esto y levántate, amado hermano.
Igual que el pájaro es completamente desgraciado sin alas, una serpiente sin su cascabel, y un noble elefante sin su trompa, así será mi vida sin ti, hermano, en el caso de que este estúpido destino me obligue a vivir.
¿Con qué cara regresaré a Ayodhya después de sacrificar a mi amado hermano por causa de mi esposa?
Yo no sentiría deshonor en el mundo por mi falta de capacidad para recobrar a mi esposa; porque, después de todo, la pérdida de una esposa no es una pérdida seria.
Ahora, sin embargo, mi inmutable e insensible corazón habrá de soportar tanto la deshonra como la profunda angustia de tu pérdida, hijo mío.
Eres el único hijo de tu madre, y el único apoyo de su vida, y sin embargo te tomó de la mano y te confió a mí, sabiendo que yo te haría feliz en todas partes y que soy quien mejor te quiere.
¿Qué le diré a ella cuando regrese?
¿Por qué no te levantas y me aconsejas, hermano?
De este modo mis lamentos y penas se disiparán."


Lágrimas semejantes a los pétalos de un loto brotaban de sus ojos. Uma, el Señor de los Raghus, es uno, fuera del tiempo, e indivisible.
El toma forma humana sólo por compasión a sus devotos.
Las huestes de monos que rodeaban al Señor se afligían al oír sus furiosos gemidos.

En ese momento apareció Hanuman como muestra de heroísmo en medio de la tragedia.
En un arrebato de alegría Sri Rama abrazó a Hanuman, porque el Señor es sumamente agradecido por naturaleza y supremamente sabio.

El doctor Susena aplicó la cura inmediatamente y Lakshmana se despertó alegremente y se incorporó.
El Señor estrechó a su hermano contra su corazón, y todas las huestes de osos y monos se regocijaron.

Hanuman llevó al doctor de vuelta a Lanka, de la misma forma que lo había traído la noche anterior. [...]