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Reina Sumitra

 

Vínculos de familia

Cónyuges/Hijos(as)::
1. Rey Dasaratha

Reina Sumitra

  • Consorte (1): Rey Dasaratha

  Descripción:

Tercera esposa del rey Dasaratha y madre de Lakshmana y Satrughna.

El rey Dasaratha hace un sacrificio para tener hijos:
[...] Un día, el rey se sentía triste porque no tenía hijo varón.
Se apresuró al hogar de su maestro, y cayendo a sus pies, le suplicó una y otra vez.
Contó al Guru todas sus alegrías y penas; el sabio Vasistha le consoló y le dijo:

"Sé valiente y espera; tendrás cuatro hijos, que serán conocidos en los tres mundos y librarán a los devotos de sus temores".

Luego, Vasistha llamó al sabio Srngi y le hizo ofrecer un sacrificio por el nacimiento de un hijo del rey.
Cuando el sabio ofreció las oblaciones al fuego sagrado, apareció el dios fuego con una ofrenda de arroz hervido en leche en su mano. Y el dios fuego dijo:

"Todo lo que Vasistha te ha dicho, ya se ha cumplido. Recibe esta oblación, oh rey, y divídela en las partes que creas convenientes"

Entonces el dios fuego desapareció después de explicar a todos los reunidos lo que debían hacer. El rey se sintió arrebatado en éxtasis y no podía contenerse de gozo. Al instante, el rey envió a llamar a sus amadas esposas.

Cuando Kausalya y las otras reinas llegaron, dio la mitad de la ofrenda a Kausalya y dividió el resto en dos mitades, una de las cuales dio a Kaikeyi.
El resto fue nuevamente dividido en dos partes que colocó en las manos de Kausalya y Kaikeyi, y después de recibir sus aprobaciones, las entregó a Sumitra.
De este modo todas las reinas quedaron embarazadas.

Todas estaban muy contentas, y se sentían muy afortunadas.
Desde el momento en que Sri Hari penetró en el vientre, la alegría y la prosperidad reinaron en todos los mundos.
En el palacio brillaban las reinas que eran minas de belleza, virtud y gloria.
Así felizmente un tiempo, hasta que llegó el día en que el Señor debía revelarse. [...]
Lakshmana convence a Sri Rama para acompañarlo al exilio:
[...] "Ve y pide permiso a tu madre, luego vuelve y acompáñame al bosque."
Lakshmana se regocijó al oír estas palabras; grande era ahora su ganancia. Y como el ciego que ha recobrado la vista, fue a su madre corriendo.
Acercándose a ella, se postró a sus pies, mientras que su corazón descansaba en Sri Rama, deleite de la raza Raghu, y en la Hija de Janaka.

Al verle deprimido, la madre le preguntó la razón, y Lakshmana le relató lo ocurrido.
Sumitra quedó alarmada como la liebre que se encuentra en medio de un fuego salvaje.
Lakshmana temía que las cosas se volvieran contra él y que su madre se opusiera a su deseo por el amor que le tenía.
Por ello se sentía nervioso y no se atrevía a pedirle permiso para ir, pues pensaba: "¿Me dejará acompañar a Sri Rama o no?"

Acordándose de la belleza, bondad y buenos sentimientos de Sri Rama y Sita, y considerando el afecto del rey por Ellos, Sumitra se golpeaba la cabeza al darse cuenta de que era la malvada reina Kaikeyi la que le había hecho obrar así.
Y viendo que aquellos tiempos no les eran favorables, se calmó y dueña como era de un buen corazón, habló dulcemente:
"Querido hijo, la hija de Videha es tu madre, y Rama, que te ama sin límites, es tu padre.
Ayodhya es el lugar donde vive Rama; sólo ahí luce la luz del sol.
Si Sita y Rama se van al bosque, tú no tienes nada que hacer en Ayodhya.
Tu maestro, padres, hermanos, dioses y preceptores deben ser tan preciosos para ti como tu vida.
Pero Rama es más precioso que la propia vida, el alma de nuestra alma, y el amigo desinteresado de todos.
Sólo aquellos seres relacionados con Rama merecen nuestra adoración y nuestro amor.
Así pues, acompáñale hijo mío y disfruta de tu existencia en el mundo.

Es una suerte para ti y para mí que tu mente se haya refugiado a los pies de Rama.
Sólo la mujer que da a luz un devoto de Rama puede considerarse fértil. De otro modo es preferible permanecer estéril. Debido a tu buena suerte, Rama va a ir a los bosques; no hay otra razón para que Él haga esto.
La recompensa más grande de todas las obras buenas es ésta: tener un amor espontáneo por los pies de Sita y Rama.
Nunca dejes que entre en ti la pasión, la ira, los celos o la arrogancia. Deja a un lado los malos sentimientos y sírveles en pensamiento, palabra y obra.
Siempre serás feliz en el bosque pues tendrás contigo a tus padres: Rama y Sita.
Cuida, hijo mío, de que Rama no tenga problemas en los bosques. Este es el consejo que te doy.

Tú eres el responsable de que Rama y Sita sean felices en el bosque mediante tus servicios y que se olviden de su padre y madre, parientes y queridos, y de las comodidades de la ciudad
".

Después de hablar así, Sumitra dio permiso a Lakshmana de acompañar a Sri Rama y luego le bendijo así:
"Que tu devoción por Sita y el Héroe de la raza Raghu sea constante, inmaculada y siempre nueva".

Inclinando la cabeza a los pies de su madre, Lakshmana se fue, temiendo que sucediera algo que le impidiera realizar sus planes; parecía como un ciervo que hubiera logrado escapar a salvo de una trampa. [...]
Con la idea de coronar a Sri Rama en los bosques, Bharata y su comitiva se encuentran con la comitiva del rey Janaka:
[...] Habiéndose enterado de que las suegras de Sita se hallaban desocupadas, las damas del gineceo del Rey Janaka las fueron a llamar.
La Reina Kausalya, la madre de Sri Rama, las recibió con el debido honor y cortesía y les ofreció los asientos que las circunstancias permitían. La amabilidad y el cariño de todas en ambas partes era tal que hubiera hecho desvanecer el rayo más fuerte con sólo verlas u oírlas.
Con su cuerpo tembloroso y vencidas por la emoción y con los ojos llenos de lágrimas, comenzaron a entristecerse y a arañar el suelo con las uñas de los pies.
Eran verdaderas encarnaciones de amor por Sita y Sri Rama: parecía como si Pathos misma llorara en tantas formas diferentes.

Dijo la madre de Sita: "El intelecto de la Providencia es tan maravilloso que ha deseado cortar la espuma de la leche con un cincel de diamante!
Oímos hablar del néctar, pero sólo vemos veneno: todos Sus actos son crueles.
Por todas partes pueden verse cuervos, lechuzas y garzas, pero los cisnes sólo se hallan en el lago Manasa."

Escuchando estas palabras la Reina Sumitra, madre de Lakshmana, observó con pesar:
"Los caminos de la Providencia son los más perversos y extraños: Dios crea, mantiene y luego destruye.
Sus designios son tan disparatados como un juego de niños
".

Kausalya dijo: "No es culpa de nadie; penas y alegrías, pérdidas y ganancias están determinadas por nuestras acciones pasadas.
Los caminos inexorables de la Providencia tan sólo son conocidos por Dios, que otorga toda clase de frutos, tanto buenos como malos.
Los mandatos de Dios prevalecen sobre todo, incluso sobre los procesos de creación, conservación y disolución y sobre el veneno y el néctar que destruye y restablece la vida, respectivamente.

Oh buena dama, no sirve de nada el lamentarse con desesperación.
Los hechos de la Providencia son, como he dicho antes, inmutables y eternos.
Si nos lamentamos por el contraste existente entre la vida del rey y su pérdida, amiga mía, es porque vemos que nuestros intereses han sido perjudicados a causa de su fallecimiento".

La madre de Sita respondió: "Vuestras nobles palabras son verdaderas, siendo como sois esposa del señor de Ayodhya, la mayor alma virtuosa de las conocidas por la historia". [...]

Sumitra + Rey Dasaratha, hijo de Rey Aja y Desconocido. (Rey Dasaratha nació en Ayodhya.)