OmShantiOm
Inicio Novedades Enseñanzas Estudios Glosario Links relacionados Contacto Buscar
Rey Aja
Rey Dasaratha
Reina Sumitra
Príncipe Lakshmana

 

Vínculos de familia

Cónyuges/Hijos(as)::
1. Princesa Urmila

Príncipe Lakshmana

  • Consorte (1): Princesa Urmila

  Descripción:

Dinastía: Iksuaku Raghu
Hermano gemelo mayor de Starughna, y medio hermano de Sri Rama y Bharata.
También conocido como: Laksmana

  Observaciones y comentarios:

  • Lakshama es considerado un Avatar de Sesa (Ananta).
  • Tulsidas dice:
    [...] Me rindo a los pies de loto de Lakshmana, frescos, hermosos, fuente de gozo para el devoto, cuya fama sirvió de asta para la bandera inmaculada de la gloria de Sri Rama.
    Él no es otro que el dios-serpiente de mil cabezas, Sesa, sostén del universo, que bajó para disipar el temor de la Tierra.
    Que el hijo de Sumitra, océano de benevolencia y mina de virtudes, me sea siempre favorable. [...]
    El Señor Shiva relata a Uma el nacimiento de los hijos del rey Dasaratha:
    [...] Sabiendo que había llegado el momento de dar un nombre a los niños, el rey mandó llamar al iluminado sabio Vasistha.
    Después de rendirle homenaje, el rey le habló así:
    "Santo señor, asígnale los nombres que tu mente haya establecido".

    "Sus nombres son muchos y únicos; sin embargo, oh rey, los pronunciaré como mejor pueda.
    Tu hijo mayor, océano de felicidad y encarnación de la alegría, cuya más pequeña partícula llena de gozo los tres mundos, tiene por nombre 'Rama', hogar de la dicha y consolador de todos los mundos.
    Tu segundo hijo, que sostiene y alimenta el universo se llamará 'Bharata', mientras que aquél cuyo pensamiento destruye a nuestros enemigos es glorificado en los Vedas con el nombre de 'Satrughna'.

    El que encierra rasgos nobles, amado de Sri Rama y Sostén del universo entero, recibió del Guru Vasistha el maravilloso nombre del Lakshmana.

    El maestro asignó estos nombres tras considerarlos debidamente y luego dijo:
    "Tus cuatro hijos, oh rey, son la esencia misma de los Vedas.
    De ellos, Sri Rama es el tesoro de los sabios, el todo del devoto y la vida misma de Shiva, en estos momentos disfruta con los juegos infantiles".

    Desde sus primeros días Lakshmana consideró a Sri Rama como su bienhechor y maestro, y en él nació la devoción a Sus pies. [...]
    Previo a la ceremonia en la que Sita eligiría esposo:
    [...] Al final de la noche, el Señor de los Raghus se despertó, y mirando a Su hermano, comenzó a hablar así:
    "Oh, hermano, el día ha amanecido para deleite del loto, del Chakravaka y del mundo entero".

    Uniendo sus manos, Lakshmana habló dulcemente, mostrando la gloria del Señor:
    "Después que ha amanecido el día, el lirio se ha marchitado y el brillo de las estrellas ha palidecido, igual que al enterarse de Tu llegada, todos los príncipes aquí reunidos se han desmayado.
    Aunque brillan como las estrellas, todos los príncipes juntos son incapaces de disipar la oscuridad profunda personificada en el arco.
    Y del mismo modo que los lotos, abejas, el Chakravaka y muchas otras aves se regocijan cuando pasa la noche, todos Tus devotos se alegrarán cuando el arco se quiebre.
    Mira, el Sol se ha levantado y la oscuridad ha desaparecido al instante.
    Las estrellas se han desvanecido, y la luz ilumina al mundo.
    Con la excusa de que se elevaba, oh señor de los Raghus, el Sol ha demostrado a todos los príncipes la gloria de mi señor (Tú mismo).
    Para revelar el poder de Tus brazos se ha puesto en marcha el proceso para quebrar el arco
    ". [...]
    El rey Janaka, padre de Sita, se lamenta por no encontrar quien despose a Sita:
    [...] "Al oír mi voto, muchos reyes han acudido de diversas partes del globo; dioses y demonios en forma humana y muchos otros héroes, valientes en la lucha, se han reunido.
    El premio es una esposa encantadora, un gran triunfo y un prestigio espléndido, pero parece que Brahma todavía no ha creado al hombre que pueda romper el arco y ganar esa recompensa...
    Decidme, ¿quién no desearía ese premio?
    Sin embargo, nadie ha podido quebrar el arco.
    No hablemos de quebrarlo o romperlo, ninguno de vosotros ha podido moverlo ni siquiera una pulgada de su sitio.
    Pero nadie que se enorgullezca de su valor debe sentirse ofendido, pues a mí me parece que no queda ni un héroe sobre la Tierra.

    Abandonad toda esperanza y regresad a vuestros hogares.
    La Providencia no desea que Sita se case. Mis méritos religiosos desaparecerán si dejo mi voto.
    La princesa debe seguir soltera, ¿qué puedo hacer yo?
    Si hubiese sabido, hermanos, que ya no hay héroes en el mundo, no me hubiera arriesgado a tomar ese voto."

    Todos los que oyeron las palabras de Janaka, tanto hombres como mujeres, se sentían apenados al ver a Janaki.
    Sin embargo, Lakshmana se indignó: su ceño se frunció, sus labios temblaban y de sus ojos salía fuego.

    Por temor a Sri Rama no podía hablar, aunque las palabras de Janaka habían atravesado su corazón como una flecha; pero al final, postrando su cabeza a los pies de loto de Sri Rama, habló palabras llenas de verdad:

    "En una asamblea donde se halle presente alguien de la raza Raghu, nadie se atrevería a pronunciar las palabras de Janaka, siendo además consciente de la presencia de Sri Rama, Joya de la raza Raghu."
    Y volviéndose a su hermano, añadió:
    "Escuchad, oh Deleite de la raza solar, Te digo sinceramente, sin ninguna presunción o vanidad: si tuviera Tu permiso, levantaría el mundo como si fuera una pelota y lo rompería como una jarra de arcilla mal cocida, y por la gloria de Tu majestad, oh bendito Señor, sé que puedo romper el Monte Meru como si fuera un rábano.
    ¿Qué es entonces este miserable y viejo arco?
    Siendo así, Señor, dame Tu orden y ve las maravillas que puedo hacer.
    Quebraré el arco como si fuera un tallo de loto y correré con él no menos de ochocientas millas.

    Por el poder de Tu gloria, oh Señor, lo destruiré como si fuera el tallo de una seta.
    Y si fallo, juro por Tus pies que nunca tocaré un arco ni volveré a agitarlo.
    "

    Mientras Lakshmana hablaba así, la tierra tembló, y los elefantes que sostenían el mundo se tambalearon.
    Toda la asamblea quedó paralizada de terror; Sita se sintió muy complacida, y Janaka se sonrojó.
    El maestro Vishwamitra, el Señor de los Raghus y todos los ermitaños estaban jubilosos y se estremecían de gozo.

    Con una señal, Sri Rama llamó a Lakshmana y le hizo sentarse a Su lado.
    Viendo que el momento era propicio, Vishwamitra dijo con palabras cariñosas:
    "Levántate, Rama, rompe el arco de Shiva y libera a Janaka de su angustia".

    Al oír las palabras del Guru, Sri Rama postró la cabeza a sus pies; en Su corazón no había alegría ni tristeza.
    Se levantó con toda su gracia natural, ridiculizando a los leones con Su elegante presencia.

    ///

    Lakshmana, al ver que la Joya de la raza Raghu había echado una ojeada al arco de Hara, sintió que todo su cuerpo se estremecía y pronunció estas palabras, pisando con firmeza la corteza de la tierra:
    "Oh elefantes que guardáis los puntos cardinales, oh tortugas divinas, oh rey serpiente, oh divino jabalí, sujetad firmemente la Tierra para que no se estremezca.
    Sri Rama va a quebrar el arco de Sankara; por tanto, escuchad mi mandato y estad listos.
    " [...]
    Tras la rotura del arco por parte de Sri Rama:
    [...] Entonces llegó el sabio Parasurama, el sol de la raza de loto de los Bhrgu, enterado de que el arco había sido quebrado.
    Al verle, los reyes se encogieron como se encogería una codorniz bajo las garras del halcón.

    Una capa de cenizas embellecía su cuerpo, ya hermoso, su ancha frente estaba adornada con un Tripundra.
    Con rizos enmarañados en la cabeza, su hermosa cara de luna estaba un poco sonrojada de ira, con el ceño fruncido y los ojos encendidos por la pasión, su mirada daba la impresión de que estaba enfurecido.
    Tenía unos hombros robustos como los de un toro, un pecho grande y brazos largos; se adornaba con una guirnalda sagrada, un rosario y una piel de ciervo.
    Con un trapo de anacoreta en los lomos y un par de aljabas a los lados, llevaba un arco y flechas en las manos y un hacha sobre su hermoso hombro.
    Aunque vestido de santo, sus obras pasadas habían sido crueles; por ello su carácter era indescriptible.
    Parecía que el heroísmo hubiera tomado forma de ermitaño y hubiera llegado a donde estaban los reyes.

    Al contemplar el terrible aspecto de Parasurama, los reyes se levantaron consternados, y mencionando su nombre y el de su padre, caían postrados ante él.
    Incluso aquél a quien Parasurama miraba amistosamente creía que su vida había concluido.
    Entonces llegó Janaka y postró su cabeza; y llamando a Sita, La hizo rendir homenaje al sabio.
    Sus doncellas se regocijaron cuando él le concedió sus bendiciones, y se La llevó donde se encontraban las otras damas.

    Luego vino Vishwamitra que colocó a los dos hermanos a sus pies de loto, diciendo que eran los hijos del rey Dasaratha, llamados Rama y Lakshmana; y viendo a la pareja, los bendijo.
    Su vista estaba clavada en la incomparable belleza de Sri Rama, que humillaría el orgullo de Cupido mismo.
    Luego miró a su alrededor, y aunque lo sabía todo, preguntó a Videha, como un ignorante:
    "Dime, ¿qué ha reunido aquí a esta multitud?" y al hablar así, la ira se apoderó de todo su ser.

    Janaka le narró toda la historia, diciéndole lo que había llevado allí a todos los reyes; y al oír su respuesta, Parasurama se volvió, y mirando en la otra dirección, vio los fragmentos de arco en el suelo.
    Y sintiéndose enfurecido, habló severamente:
    "Dime, estúpido Janaka quien ha roto el arco?
    Muéstramelo inmediatamente o ahora mismo destruiré toda esta tierra sobre la que se extiende tu dominio".

    Lleno de temor, el rey no respondía; y los reyes malvados estaban muy contentos.
    Dioses, sabios, Nagas, y la gente de la ciudad estaban llenos de ansiedad; y sus corazones estaban estremecidos.
    La madre de Sita se lamentaba diciendo: "Dios ha deshecho un acto consumado".
    Cuando Sita se enteró del carácter de Parasurama, la mitad de un instante se le hacía como toda una vida del universo.
    Cuando el Héroe de la raza Raghu vio que todos eran presa del pánico y percibió la inquietud de Janaka, intervino; en Su corazón no había alegría ni pena.
    "Mi señor, debe haber sido uno de tus siervos el que ha roto el arco de Shiva. ¿Cuál es tu orden? ¿Por qué no me lo dices?"

    Entonces el furioso sabio se irrito todavía más y dijo:
    "Siervo es aquel que hace servicio, habiendo jugado el papel de enemigo, uno debería guerrear.
    Escucha, Rama. Quien haya roto el arco de Shiva es un enemigo igual que Kartavirya, el de mil brazos.
    Que se aparte y deje esta asamblea, o si no todos estos reyes serán aniquilados".

    Al oír al sabio, Lakshmana sonrió y dijo insultando a Parasurama:
    "Yo he roto muchos arcos pequeños en mi niñez, pero tú nunca te enojaste tanto, mi señor.
    Por qué te interesa tanto este arco en particular?
    "

    Entonces el Rey de la raza Bhrgu estalló en palabras de cólera:
    "Oh joven príncipe, estando en las garras de la muerte, no tienes control sobre tus palabras.
    ¿Comparas un arco pequeño al poderoso arco de Shiva, conocido en todo el mundo?"

    Lakshmana dijo sonriendo:
    "Escucha, santo señor, para mí todos los arcos son iguales.
    ¿Qué ganancia o pérdida hay en romper un arco gastado?
    Sri Rama lo confundió con uno nuevo, y simplemente con tocarlo, lo rompió en dos; el Señor de los Raghus, por tanto, no puede ser culpado.
    ¿Por qué entonces estar enfadado, señor, si no hay motivo?
    "

    Mirando su hacha, Parasurama contestó:
    "Oh estúpido niño, ¿no conoces mi carácter?
    No quiero matarte, porque eres sólo un niño, pero no me tomes por un simple anacoreta.
    He sido siempre soltero, pero muy irascible, y soy conocido en todo el mundo como enemigo declarado de la raza Ksatriya.
    Con la fuerza de mi brazo dejé a la Tierra sin reyes y se la doné una y otra vez a los brahmanes.
    Mira este hacha, que cortó los brazos de Sahasrabahu, oh joven príncipe.
    No causes dolor a tus padres, oh muchacho, pues Mi cruel hacha ha exterminado incluso a seres en el vientre de la madre."

    Lakshmana sonriente replicó con palabras suaves:
    "¡Oh! El gran sabio se considera un extraordinario guerrero.
    Me muestra con ostentación su hacha como si hiciera volar una montaña de un solo soplo.
    No existe ninguna semilla de calabaza que se marchite tan pronto como un dedo que se alce contra ella.
    Cuando te vi armado con un hacha, y el arco y las flechas, hablé con orgullo.
    Ahora que sé que desciendes de Bhrgu y veo que ostentas una guirnalda sagrada, olvido mi ira y soporto todo lo que digas.

    En nuestra familia, nunca se demuestra el valor contra los dioses, brahmanes, devotos de Sri Hari y las vacas; pues al matar a alguno de ellos, estamos pecando, mientras que una derrota a manos de ellos nos traerá desprestigio. Debemos arrojarnos a tus pies, aunque nos golpees.
    Cada una de tus palabras es tan poderosa como millones de truenos; el arco, las flechas y el hacha son, por lo tanto, un peso innecesario para ti.
    Perdóname, grande e iluminado ermitaño, si he dicho algo inconveniente al ver tus armas
    ".

    Al oír esto, la joya de la raza Bhrgu respondió con voz profunda y furiosa:
    "Escucha, oh Vishwamitra: este muchacho es estúpido y perverso.
    Está en las garras de la muerte misma y causará la destrucción de toda su familia.
    Él es un punto negro en la raza solar; es totalmente injusto, falto de sentido e inquieto.
    Dentro de un momento, se encontrará en las fauces de la muerte; lo proclamo abiertamente y nadie debería culparme por ello.
    Paradle, si queréis salvarle, y habladle de mi gloria, poder e ira."

    Y Lakshmana dijo:
    "Santo señor, mientras tú vivas, ¿quién más podrá alabar tu brillante gloria?
    Con tus propios labios has contado tus hazañas, más de una vez.
    Si todavía no estás satisfecho, dinos algo más. No sufras por reprimir tu ira.

    Has asumido el papel de un héroe, y eres decidido e imperturbable; es impropio de ti lanzar injurias.
    Los héroes realizan obras valerosas en las luchas, pero no se dedican a anunciar su propio valor.
    Al encontrar un enemigo en la batalla sólo los cobardes se vanaglorian de su propia gloria.
    Parece que tienes a la Muerte a tu disposición y la llamas y la convocas una y otra vez por mi bien!
    ".

    Al oír las duras palabras de Lakshmana, Parasurama cerró el puño en su terrible hacha:
    "Después de esto, que nadie me culpe, este niño de lengua atrevida merece la muerte.
    He tenido paciencia con él porque era niño; pero ahora va a morir".

    Y Vishwamitra dijo:
    "Perdona su ofensa; los hombres santos no tienen en cuenta las virtudes y los defectos de un niño".

    "Mi hacha es muy afilada, y yo no tengo piedad, sino furia; ante mí hay un ofensor y un enemigo de mi Guru.
    Aunque vuelva a insultarme, le perdono la vida sólo por consideración a ti, oh Vishwamitra.
    Si no, destrozándole en pedazos con esta hacha, hubiera pagado la deuda que he contraído con mi Guru."

    El hijo de Gadhi, Vishwamitra, dijo sonriendo entre sí:
    Todo le parece verde al sabio Parasurama; sin embargo, con lo que se está enfrentando es con la espada de acero y no con azúcar extraída de una caña, que podría tragar fácilmente.
    Es una pena que no comprenda y siga ofuscado por su ignorancia".

    Lakshmana dijo:
    "¡Hay alguien, oh buen sabio, que no sea consciente de tu bondad, tan conocida en todo el mundo?
    Has pagado completamente la deuda que debías a tus padres: ahora sólo te queda por pagar la deuda a nuestra cuenta; y como ha pasado ya mucho tiempo, se ha acumulado un interés muy alto.
    Ahora tienes aquí al acreedor, y yo le pagaré ahora mismo de mi propio bolsillo
    ".

    Al oír estos comentarios sarcásticos, Parasurama tomó su hacha y toda la asamblea gritó: "¡Alack! Alack!"

    "Oh rey de los Bhrgus, sigues amenazándome con tu hacha, pero lo soporto sólo porque te tengo por un brahmán, o enemigo de los príncipes.
    Nunca has conocido grandes guerreros. Te has hecho importante en tu propia casita, oh santo brahmán
    ".

    Y todos exclamaron: "Esto no se puede admitir".
    Entonces el Señor de los Raghus le dijo a Lakshmana que parase.
    Al ver las llamas de pasión de Parasurama crecer con las oblaciones de la réplica de Lakshmana, el Sol de la raza Raghu habló palabras que fueron como el agua.
    "Mi Señor, ten compasión del niño, y no derrames tu ira en este joven inocente.
    Si conociera tu poder, ¿cómo iba a ser tan loco de enfrentarse a ti?
    Cuando los niños hacen alguna travesura, sus maestros y padres se sienten embelesados, por ello, ten piedad de él ya que es sólo un niño y tu siervo.
    Pues tu mente es justa, y tu temperamento bueno, iluminado anacoreta."


    Al oír a Sri Rama, Parasurama se tranquilizó un poco pero Lakshmana, diciendo algo, volvió a sonreír.
    Y al verle sonreír, Parasurama enrojeció de rabia y dijo:
    "Rama, tu hermano es un malvado. Aunque su piel es blanca, su corazón es negro: y en sus labios lleva veneno mortal, no leche materna.
    Perverso por naturaleza, no cuida de ti, ni me considera a mí como la imagen misma de la Muerte".

    Y Lakshmana, sonriente, dijo:
    "Escucha, santo señor, la pasión es la raíz del pecado.
    Llevados por ella, los hombres cometen acciones malvadas y llevan a cabo actividades misántropas.
    Yo soy tu siervo, oh Rey de los sabios, abandona tu ira y muéstrate misericordioso conmigo.
    La ira no arreglará el arco una vez roto.
    Siéntate: tus piernas deben estar cansadas.
    Si tienes mucho interés por ese arco, vamos a pensar en alguna forma de arreglarlo llamando a algún experto.
    "

    Janaka tenía miedo de las palabras de Lakshmana y dijo:
    "Te ruego que te tranquilices: no es bueno sobrepasar los límites de lo correcto".
    La gente de la ciudad temblaba como hojas de álamo; y se decían: "El príncipe más joven es realmente malo".

    Cuando el jefe de los Bhrgus oyó las palabras de Lakshmana, su cuerpo se encendió de ira y su fuerza disminuyó.
    Y de una manera condescendiente dijo a Rama:
    "No hago nada al niño porque sé que es tu hermano menor.
    Tan bello por fuera y tan loco por dentro, parece un jarro de oro lleno de veneno".

    Entonces Lakshmana rio de nuevo, pero Sri Rama le miró enfadado.
    Por tanto, dejando atrás sus palabras petulantes, se dirigió con sumisión a su Guru.

    Juntando Sus manos y hablando humilde y gentilmente, Sri Rama dijo:
    "Te ruego, mi señor, que siendo sabio como eres, no prestes atención a las palabras de un niño.
    Una avispa y un niño tienen una actitud similar; los santos nunca les culpan de nada.
    Además, el niño no te ha hecho ningún mal; soy yo, mi señor, quien te ha ofendido.
    Así pues, considérame tu siervo y haz de mí lo que quieras, ya sea un favor o un ceño fruncido, la muerte o la cautividad.
    Dime la forma, oh jefe de los sabios, de apaciguar tu ira; haré lo que tú digas".


    El sabio dijo:
    "¿Cómo puede calmarse mi pasión, oh Rama, cuando tu hermano menor todavía mi mira con maldad?
    Mientras no corte su garganta con mi hacha, mi ira no servirá de nada.
    Al enterarse de los hechos crueles de mi hacha, las esposas de los reyes abortan.
    Pensar de mi hacha, la misma hacha a mi servicio, debo ver a este principucho todavía vivo!

    Mi mano no se mueve, aunque la pasión consume mi pecho: y esta hacha que ha matado a innumerables reyes se ha quedado despuntada.
    El destino se ha vuelto contra mí, por eso veo que mi naturaleza ha cambiado.
    De otra manera, mi corazón no conoce la compasión. La ternura me ha impuesto una dura prueba."

    Al oír esto, el hijo de Sumitra postró su cabeza sonriendo.
    "La brisa de tu benevolencia corresponde a tu figura, tus palabras parecen capullos que caen de un árbol.
    Oh reverendo señor, cuando la compasión enciende tu ser, Dios te ayuda en tu ira.
    "

    "Mira, Janaka. Este niño estúpido y perverso parece que desea ir a la región de la Muerte.
    ¿Por qué no apartarlo de mi vista? Aunque todavía es pequeño, el principucho es muy malvado."

    Y Lakshmana, sonriendo, dijo para sí: "Cierra los ojos y el mundo entero desaparecerá de tu vista".

    Entonces Parasurama habló a Rama, con el corazón ardiente de furor:
    "Después de romper el arco de Sambhu, miserable, ¿quieres enseñarme a mí ahora?
    Tu hermano me habla así sólo porque tú se lo permites, mientras que tú profieres falsas súplicas con las manos unidas.
    O me satisfaces con un combate, o renuncia a tu nombre de "Rama".
    Dame batalla, enemigo de Shiva, sin recurrir a ninguna treta, o si no os destruiré a ti y a tu hermano."

    Mientras el jefe de los Bhrgus rabiaba así con la mano alzada, Sri Rama sonreía dentro de Sí, inclinándose ante el sabio:
    "La culpa es de Lakshmana, pero la ira del sabio está contra mí. A veces la mansedumbre también atrae el mal.
    El hombre torcido es respetado por todos; la luna creciente no es devorada por el demonio Rahu".


    Rama dijo:
    "Deja tu ira, señor de los sabios, el hacha está en tu mano y mi cabeza está ante ti.
    Haz, mi señor, lo que calme tu enfado; y considérame como tu siervo.

    ¿Cómo puede haber un duelo entre maestro y servidor?
    Olvida tu enfado, oh gran brahmán; sólo porque te vio vestido de guerrero, el niño te dijo algo y no puede ser culpado por ello.

    Al verte equipado con un hacha, las flechas y el arco, el niño te tomó por un héroe y se excito.
    Aunque sabía tu nombre, no te reconoció y te respondió de acuerdo a su linaje.
    Si hubieras venido como un sabio, el niño, oh santo señor, hubiera puesto el polvo de tus pies sobre su cabeza.
    Perdona el error de alguien que no te conoció; un brahmán debería tener mucha misericordia en su corazón.
    Qué comparación, mi señor, puede haber entre tú y yo?

    Dime si hay afinidad entre la cabeza y los pies. Mi nombre es corto, y consiste en una sola palabra: "Rama', y el tuyo es largo, y tiene la palabra "Parasu' antes de Rama.
    Mientras que mi arco sólo tiene una cuerda, el tuyo lleva nueve cuerdas sagradas.
    Soy inferior a ti en todo; así pues, santo señor, perdona mis errores."


    Una y otra vez Rama se dirigía a su adversario llamándole sabio y gran brahmán, hasta que el jefe de los Bhrgus exclamó furioso:
    "¡Eres tan perverso como tu hermano!
    Crees que sólo soy un brahmán, te diré qué clase de brahmán soy.
    Mi arco es mi cazo para los sacrificios, las flechas son mi oblación y mi ira el fuego ardiente; las cuatro fuerzas brillantes, el caballo, el elefante, los carros y los soldados de a pie, son la energía, poderosos príncipes me han servido de víctimas, y les he destrozado con esta hacha, ofreciéndoles como sacrificio.
    Así he realizado millones de sacrificios en conflictos armados, ayudándome de fórmulas sagradas y gritos de guerra.
    Tú no conoces mi gloria; por eso te diriges a mí con palabras de desprecio, confundiéndome con un simple brahmán.
    Como has roto el arco tu arrogancia sobrepasa todo límite; de la manera en que te sobreestimas, parece que hubieras conquistado el mundo entero."

    Rama dijo:
    "Oh, sabio, piensa antes de hablar, tu ira sobrepasa a mi error, que es insignificante.
    Gastado como estaba, el arco se rompió con sólo tocarlo.
    ¿Qué razón tengo yo para ser orgulloso?
    Oye la verdad, señor de los Bhrgus, si, como dices, te trato con poco respeto porque eres un brahmán, ¿quién es el guerrero en este mundo a quien debo postrarme lleno de temor?

    Un dios, un demonio, un rey o una tropa de guerreros, ya sean iguales a mí o más poderosos, si alguno de ellos me desafiara a luchar combatiría alegremente con él, aunque fuera la Muerte misma.
    Pues aquel que nace como Ksatriya y tiene miedo de luchar es un verdadero miserable e insulta a su linaje.
    Te digo por mí mismo, y no como tributo a mi raza: los descendientes de Raghu no tiemblan al luchar con la misma Muerte.
    Tal es la gloria de la raza brahmánica, que los que deberían temerte están libres de todo temor."


    Al oír estas palabras suaves y profundas de Sri Rama, la mente de Parasurama se desilusionó.
    "Oh Rama, toma este arco del Señor Rama y empúñalo para que mis dudas se vayan."

    Cuando Parasurama ofreció su arco, éste pasó por sí solo a manos de Rama y Parasurama quedó asombrado.
    Entonces reconoció el poder de Sri Rama y su cuerpo se estremeció de gozo, y su cabello se erizó.
    Uniendo sus manos habló a Rama, con el corazón desbordante de emoción:

    "Gloria a Sri Rama, que deleita a la raza Raghu como el Sol deleita a un grupo de lotos!
    ¡Gloria al Fuego que consume el bosque de la raza de los demonios!
    ¡Gloria al bienhechor de los dioses, brahmanes y vacas!
    ¡Gloria al que se lleva el orgullo, la ignorancia, la pasión y bondad, y maestro en el arte de la palabra!
    ¡Gloria al Deleitador de Sus siervos, y al que es hermoso y bello como millones de Cupidos!

    ¿Cómo voy a alabarte con una sola lengua?
    ¡Gloria a Aquel que juega en la mente del gran Señor Shiva como un cisne en el lago Manasarovar!
    En mi ignorancia, he dicho muchas cosas falsas; por ello, perdonadme, hermanos, ya que sois moradas de perdón.
    ¡Gloria, glorias, toda la gloria al Rey de la raza Raghu!"
    Diciendo esto, el señor de los Bhrgus se retiró al bosque a hacer penitencia. [...]
    Durante la boda entre Sri Rama y Sita:
    [...] Al contemplar a Sri Rama y Janaki juntos, la alegría corría por las venas del rey Dasaratha al ver cómo el árbol de sus buenas obras daba nuevos frutos.
    El júbilo reinaba en todo el universo, todos proclamaban que ya se había realizado la boda de Sri Rama. ¿Cómo se podría describir la alegría ilimitada que había en todas partes?
    Luego por orden de Vasistha, Janaka llamó a las otras tres princesas, Mandavi, Srutakirti y Urmila, todas vestidas de novias.

    Dio en matrimonio a la hija mayor de su hermano menor Kusaketu, encarnación de la bondad, virtud, alegría y belleza, a Bharata; después de realizar con amor todos los ritos y
    con todo honor, dio a Lakshmana la hermana menor de Janaki, Urmila, joya entre las muchachas hermosas.
    Luego el rey dio a Ripusudana la princesa Srutakirti, mina de todas las virtudes, y bien conocida por su belleza y amabilidad. [...]
    Ante el exilio de Sri Rama:
    [...] Cuando Lakshmana se enteró de todo, entró en una gran confusión y empezó a correr con el rostro desencajado.
    Con el cuerpo tembloroso, el vello erizado y los ojos llenos de la grimas, agarraba los pies de Sri Rama con mucha agitación.
    No podía hablar, y se quedaba con la mirada perdida como un pez sacado del agua.
    Y pensaba: "Qué va a suceder, Dios mío? Toda mi alegría ha terminado.
    Qué me ordenará el Señor de los Raghus? Me dejará en casa o me llevará con él?"

    Cuando Sri Rama vio a Su hermano tan agitado, se dirigió a él con las siguientes palabras llenas de bondad, amor, inocencia y alegría:
    "No pierdas la serenidad por amor a mí, querido hermano, y está seguro en tu corazón que todo esto tendrá un final feliz.
    Los que siguen sin condiciones el consejo de su padre y madre y de su maestro, han recogido el fruto de su nacimiento, porque de otra forma, su venida al mundo no sirve de nada.

    Hermano, escucha mi consejo y espera a los pies de nuestro padre y madre.
    Bharata y Ripusudana no están en casa, y el rey es anciano y está triste por mí.
    Si me voy al bosque y te llevo conmigo, Ayodhya se quedará sin maestro, y el preceptor, los padres, la familia y toda la gente quedarán sumidos en un sufrimiento terrible.
    Quédate para consolarles; si no, hermano, cometeremos una gran falta.
    El rey cuyo reino trae sufrimiento al pueblo merece un lugar en el infierno. Por ello, querido hermano, quédate en casa."


    Al oír esto, Lakshmana palideció como el loto tocado por la escarcha,
    No podía responder y, lleno de angustia, tomó los pies de Su hermano y dijo:
    "Mi señor, soy tu esclavo, y tú eres mi dueño; si me abandonas, ¿qué haré?

    Mi señor, me has dado un buen consejo, pero me siento incapaz de seguirlo.
    Sólo los hombres nobles que tienen dominio sobre sí mismos y son ejemplos de virtud están listos para aprender el mensaje de los Vedas y la moral.
    Yo no soy más que un niño que crece con tu amoroso cuidado; ¿puede el cisne levantar el Monte Mandara o Meru?
    Yo no conozco maestro ni padre ni madre; créeme, mi señor.
    Todos los lazos de afecto, amor y confianza de este mundo están para mí centrados sólo en ti, mi señor.

    Oh amigo de los afligidos, conocedor del corazón más escondido!
    La piedad y las buenas costumbres se deben enseñar al que ama la gloria, la fortuna y los nobles destinos.
    Pero, acaso se puede abandonar a aquel que está entregado a tus pies en pensamiento, palabra y obra, oh océano de gracia?
    "

    Al ver a su noble hermano, el Señor, cuya compasión era ilimitada, le acercó a su corazón y le consoló, al ver que había perdido la calma por el amor que sentía.

    "Ve y pide permiso a tu madre, luego vuelve y acompáñame al bosque."

    Lakshmana se regocijó al oír estas palabras; grande era ahora su ganancia. Y como el ciego que ha recobrado la vista, fue a su madre corriendo.
    Acercándose a ella, se postró a sus pies, mientras que su corazón descansaba en Sri Rama, deleite de la raza Raghu, y en la Hija de Janaka.
    Al verle deprimido, la madre le preguntó la razón, y Lakshmana le relató lo ocurrido.
    Sumitra quedó alarmada como la liebre que se encuentra en medio de un fuego salvaje.
    Lakshmana temía que las cosas se volvieran contra él y que su madre se opusiera a su deseo por el amor que le tenía.
    Por ello se sentía nervioso y no se atrevía a pedirle permiso para ir, pues pensaba: "¿Me dejará acompañar a Sri Rama o no?"

    Acordándose de la belleza, bondad y buenos sentimientos de Sri Rama y Sita, y considerando el afecto del rey por Ellos, Sumitra se golpeaba la cabeza al darse cuenta de
    que era la malvada reina Kaikeyi la que le había hecho obrar así.
    Y viendo que aquellos tiempos no les eran favorables, se calmó y dueña como era de un buen corazón, habló dulcemente:
    "Querido hijo, la hija de Videha es tu madre, y Rama, que te ama sin límites, es tu padre.
    Ayodhya es el lugar donde vive Rama; sólo ahí luce la luz del sol.
    Si Sita y Rama se van al bosque, tú no tienes nada que hacer en Ayodhya.
    Tu maestro, padres, hermanos, dioses y preceptores deben ser tan preciosos para ti como tu vida.
    Pero Rama es más precioso que la propia vida, el alma de nuestra alma, y el amigo desinteresado de todos.
    Sólo aquellos seres relacionados con Rama merecen nuestra adoración y nuestro amor.
    Así pues, acompáñale hijo mío y disfruta de tu existencia en el mundo.

    Es una suerte para ti y para mí que tu mente se haya refugiado a los pies de Rama.
    Sólo la mujer que da a luz un devoto de Rama puede considerarse fértil. De otro modo es preferible permanecer estéril.
    Debido a tu buena suerte, Rama va a ir a los bosques; no hay otra razón para que Él haga esto.
    La recompensa más grande de todas las obras buenas es ésta: tener un amor espontáneo por los pies de Sita y Rama.
    Nunca dejes que entre en ti la pasión, la ira, los celos o la arrogancia.
    Deja a un lado los malos sentimientos y sírveles en pensamiento, palabra y obra.
    Siempre serás feliz en el bosque pues tendrás contigo a tus padres: Rama y Sita.
    Cuida, hijo mío, de que Rama no tenga problemas en los bosques. Este es el consejo que te doy.

    Tú eres el responsable de que Rama y Sita sean felices en el bosque mediante tus servicios y que se olviden de su padre y madre, parientes y queridos, y de las comodidades de la ciudad".

    Después de hablar así, Sumitra dio permiso a Lakshmana de acompañar a Sri Rama y luego le bendijo así:
    "Que tu devoción por Sita y el Héroe de la raza Raghu sea constante, inmaculada y siempre nueva".

    Inclinando la cabeza a los pies de su madre, Lakshmana se fue, temiendo que sucediera algo que le impidiera realizar sus planes; parecía como un ciervo que hubiera logrado escapar a salvo de una trampa. [...]
    Ya en los bosques, Lakshmana tranquiliza a Guha:
    [...] El jefe Nisada estaba muy triste de ver a Rama y a Sita en el suelo.
    Lakshmana se dirigió a él con sabiduría, desapego y devoción diciendo:
    "Nadie es causa de deleite o dolor para otro; todos cosechamos el fruto de nuestras propias acciones, hermano.
    La unión y la separación, las experiencias placenteras y penosas, amigos y enemigos, todo no es más que la ilusión.
    Igualmente, el nacimiento y la muerte, la prosperidad y la adversidad, el destino, el tiempo y toda la ilusión del mundo; los países, las casas, las riquezas, la ciudad y la
    familia, cielo e infierno, y todos los fenómenos del mundo; todo lo que se ve, se oye o se piensa con la mente nace de la ignorancia, y en la realidad nada de eso existe.

    Suponte que en un sueño un mendigo es coronado rey o que el señor del paraíso se convierte en un pobre; al despertar, ni el uno gana ni el otro pierde. Así debes ver el mundo.

    Por lo tanto, no estés enfadado ni culpes a nadie en vano.
    Todos están soñando en la noche de la ilusión, y mientras uno está dormido, tiene diferentes sueños.
    En esta noche de la existencia mundana sólo los Yoguis permanecen despiertos, aquellos que buscan la verdad suprema y se mantienen alejados del mundo.
    Sólo despierta el alma de la noche del mundo cuando comienza a despreciar los goces del mundo de los sentidos.
    Sólo cuando llega la verdadera comprensión desaparece el error de la ilusión y uno empieza a amar los pies de Sri Rama, Señor de los Raghus.

    Oh amigo, ésta es la meta espiritual más alta: estar entregado a los pies de Sri Rama en pensamiento, palabra y obra.
    Sri Rama es Brahma, la realidad suprema, desconocida, imperceptible, sin principio, incomparable, libre de todo cambio y por encima de la diversidad.
    Los Vedas siempre hablan de Él definiéndolo en términos negativos, diciendo: 'no es esto, ni esto tampoco'.

    Por el bien de Sus devotos, de la Tierra, los brahmanes, vacas y dioses, el gracioso Señor toma forma humana y realiza tales acciones que, al ser escuchadas, destruyen las trampas del mundo.

    Así pues, oh amigo, libérate de tu ilusión y entrégate a los pies de Sita y el Héroe de la raza Raghu
    ". [...]
    El sabio Valmiki dice a Sri Rama:
    [...] "Tienes mucha razón, Oh Gloria del linaje Raghu, siempre dedicado a mantener las leyes dispuestas por los Vedas.

    Tú custodias las leyes védicas y eres el Señor del universo, Sita, Hija de Janaka, es Tu Maya que crea, preserva y destruye el universo al recibir Tu aprobación.
    En cuanto a Lakshmana, él es el Sesa de las mil cabezas, el señor de las serpientes, sostenedor del globo y señor de la creación entera.
    Habiendo tomado forma de rey por el bien de los dioses, ahora sales a aplastar a la multitud de malvados demonios. [...]
    En referencia a Lakshmana, Bharata dice:
    [...] "Y mi hermano menor, Lakshmana, es tan bello y digno; nunca hubo, hay ni habrá hermano así.
    Amado por el pueblo y por sus padres, Sita y el Héroe de los Raghus lo quieren como a su vida.
    Su cuerpo es delicado y su actitud tierna, y nunca ha sido expuesto a los vientos tropicales; sin embargo, está soportando todo tipo de penalidades en los bosques. [...]
    En referencia a sus hermanos Bharata y Satrughna, Lakshmana dice a Sri Rama:
    [...] Lakshmana vio que el Señor estaba preocupado y le habló con prudencia:
    "Me atrevo, señor, a hablar sin que se me pida, pero el siervo deja de ser impertinente cuando su impertinencia no es inoportuna.
    Tú, maestro mío, eres la joya de todos los sabios. Sin embargo, yo, siervo tuyo, me atrevo a expresarte lo que pienso.

    Tú, maestro mío, eres amoroso y puro de corazón, y una mina de amabilidad y afecto.
    Tú amas y confías en todos y sabes que todos son igual que tú mismo.

    Los tontos entregados a los placeres de los sentidos se aferran a la obsesión de alcanzar el poder y revelan su verdadera naturaleza.
    Bharata era justo, bueno y sabio y su devoción a los pies del Señor es conocida por todo el mundo.
    Pero ahora que él ha alcanzado la posición de Sri Rama (Tú), como el gobernante de Ayodhya, e incluso él ha transgredido los límites de la justicia.
    Encontrando una situación adversa y sabiendo que estás solo en el bosque, este astuto y malvado hermano ha tramado un malvado propósito y después de hacer los preparativos necesarios ha venido a asegurar su soberanía.

    Planeando todo tipo de estrategias malvadas los dos hermanos han reunido un ejército y marchado aquí.
    Si no tenían ninguna intención astuta y pícara en el corazón, ¿quién querría traer carros, caballos y elefantes?
    Pero ¿por qué alguien debería culpar a Bharata de nada cuando sabemos que cualquiera en el mundo se volvería loco al alcanzar la soberanía?

    El dios-Luna cometió adulterio con la esposa de su Guru, el sabio Brhaspati, mientras que Nahusa montó un palanquín llevado en hombros por brahmanes; y no hubo nadie más vil que el Rey Vena, un enemigo de las buenas costumbres así como de los mandatos Védicos
    El Rey Sahasrabahu, Indra y el Rey Trisanku, ¿cuál de ellos no fue llevado al descrédito por la intoxicación del poder real?

    Bharata ha recurrido a un conveniente derecho; porque uno no debe dejar rastro de su enemigo o deuda en cualquier caso.
    Pero él ha cometido un error al haber despreciado a Sri Rama (tu mismo) abandonándolo.
    Y ciertamente se dará cuenta de su error hoy cuando contemple la cara indignada de Sri Rama en el campo de batalla.

    Mientras decía esto, olvidó su amor por la propiedad y el árbol de su espíritu belicoso estalló en flores en forma horripilante.
    Adorando los pies del Señor y colocando su polvo sobre su cabeza habló, revelando su propio poder real y natural:
    "Ruego que no te ofendas, mi señor, si te digo que Bharata me ha provocado bastante.
    Después de todo, ¿cuánto tiempo voy a soportar esto y refrenar mi pasión cuando mi Señor (tú) está a mi lado y yo con el arco en mi mano?
    "

    Cuando se levantó y pidió permiso para ir al encuentro de Bharata, parecía como si el heroísmo en persona hubiera despertado del sueño.
    Estirándose los rizos enmarañados de su cabeza y ciñéndose el carcaj a la cintura, enderezó el arco y tomó una flecha en su mano.
    Y Lakshmana dijo:
    "Deja que me distinga hoy como siervo de Sri Rama y le enseñe una lección a Bharata.
    Haz que los dos hermanos, Bharata y Satrughna, mueran en el campo de batalla, cosechando así el fruto de su desprecio a Sri Rama.
    Está bien que se hayan reunido todos en un lugar, así me vengaré de mi ira pasada.
    Igual que un león, rey de los animales, despedaza un rebaño de elefantes, igual haré yo a Bharata, a su hermano Satrughna y a todo su ejército.
    Y aunque el Señor Sankara venga en su ayuda, juro por Sri Rama que le mataré
    ".

    Viendo a Lakshmana hablar con tal vehemencia y furia, y oyendo su solemne juramento, todas las esferas temblaron de temor, y todos sus gobernadores estaban deseosos de correr sobrecogidos por el pánico.
    El mundo fue presa de terror, y se oyó una voz en el aire, alabando la enorme fuerza de Lakshmana:
    "¿Quién puede conocer o contar, querido niño, tu poder y tu gloria?
    Mas antes de hacer nada se debe pensar si está bien o mal, y así todos pueden aprobarlo.
    Aquellos que actúan impulsivamente y se arrepienten después son todo menos sabios, así lo declaran los Vedas y los santos".


    Al oír esta voz del cielo, Lakshmana se sintió avergonzado; pero Sri Rama y Sita le hablaron con bondad y dulzura, diciendo:
    "Lo que has dicho, querido Lakshmana, es pura sabiduría, lo peor que un rey puede hacer es quedar cegado por su poder.
    Pero sólo pierden el juicio aquellos gobernantes que han probado el sabor del poder y nunca han asistido a una reunión de hombres santos.
    En cuanto a Bharata, te digo, Lakshmana, que en toda la Creación de Dios nunca he visto ni he oído hablar de nadie tan bueno como él.

    Bharata nunca quedaría cegado por el poder real, aunque alcanzara la posición misma de Brahma, Vishnu o Shiva.
    ¿Acaso unas gotitas de Kanji pueden estropear unas gotitas de leche?

    La oscuridad puede cubrir el sol del mediodía, y los cielos pueden quedar metidos en una nube, y hasta el sabio Agastya, del cual se afirma que bebió el océano de una sola vez, puede ahogarse en el agua que cabe en la huella que deja una pisada de vaca; la Tierra puede dejar de producir conforme a su naturaleza, y el Monte Meru puede ser arrasado por una pequeña corriente de viento que sale de la boca de un mosquito, pero Bharata nunca se dejará cegar por el poder real, oh hermano.

    Lakshmana, juro por ti y por nuestro padre, que no hay hermano tan bueno e inocente como Bharata.
    Dios, querido hermano, crea el mundo mezclando la leche de la bondad con el agua del mal; así pues, Bharata es un cisne, nacido en el lago de la raza solar que ha separado el bien del mal.
    Eligiendo la miel del bien y descartando el agua del mal, él ha iluminado al mundo con su gloria."


    A medida que el Señor de los Raghus alababa las virtudes de Bharata, se sentía invadido por un océano de amor.

    Al oír las palabras de Sri Rama y al ver Su afecto hacia Bharata, los dioses aplaudieron y dijeron:
    "¿Puede haber señor tan lleno de gracia como Sri Rama?
    Si Bharata no hubiera nacido en este mundo, ¿quién en la Tierra habría podido hacer triunfar la causa de la virtud tan gloriosamente?
    ¿Quién sino tú, oh Señor de los Raghus, puede conocer las buenas cualidades de Bharata, inaccesibles incluso a la raza de los bardos?"

    Al oír a los dioses, Lakshmana, Sri Rama y Sita se sintieron más deleitados de lo que puedan decir las palabras. [...]
    Sri Rama explica a Lakshmana acerca de la devoción, y las diferencias entre Dios y el alma individual
    [...] Una vez, mientras el Señor estaba sentado descansando, Lakshmana se dirigió a Él con sinceras palabras:
    "Oh Señor de los dioses, seres humanos, sabios y de toda la creación, animada e inanimada!
    Me dirijo a Ti como a mi maestro. Mi Señor, enséñame cómo podría adorar el polvo de Tus pies y excluir cualquier otra cosa.
    Háblame de la sabiduría espiritual y de la serenidad, así como de la Maya; háblame también sobre Bhakti, la cual siempre es para Ti una oportunidad de mostrar Tu gracia.

    Explícame también todas las diferencias entre Dios y el alma individual, para que así pueda ser devoto de Tus pies, y mi tristeza, apasionamiento e ilusión pueden desaparecer.
    "

    "Te explicaré todo en pocas palabras; escúchame, querido hermano, con tu mente, intelecto y razón totalmente concentrados.
    El sentimiento de 'Yo' y 'mío' y de 'tú' y 'tuyo' es Maya, ilusión, que tiene influencia sobre todos los seres humanos.
    Cualquier cosa que puede ser percibida por los sentidos y que está al alcance de la mente, es conocida como Maya.

    Escucha también acerca de estas divisiones: son dos, conocimiento e ignorancia.

    La ignorancia es mala y extremadamente dolorosa y arroja al ego al pecado de la existencia mundana.
    El Conocimiento trae consigo la creación e influye sobre las tres Gunas: Sattva, Rajas y Tamas, es dirigido por el Señor y no tiene fuerza por él mismo.

    Sabiduría espiritual es aquella que está libre de toda mancha en forma del orgullo, etcétera, y que ve al Espíritu Supremo exactamente igual en cada cosa.
    Sólo aquel, querido hermano, que ha despreciado todos los poderes sobrenaturales, así como las tres Gunas, de las que está compuesto el universo, como si no tuviesen más importancia que un manojo de hierba, puede ser llamado un hombre de suprema serenidad.

    Sólo aquel que no conoce la Maya, ni a Dios, ni al propio Ser, merece ser llamado Jiva, alma individual.
    Y Shiva, Dios, es Aquel que otorga esclavitud y liberación, de acuerdo a los propios méritos, que todo lo trasciende y que es el controlador de la Maya.

    La serenidad viene de la práctica de la virtud, mientras que la sabiduría espiritual viene de la práctica del Yoga; y la sabiduría otorga la liberación: así se declara en los Vedas.

    Y lo que rápidamente ablanda Mi corazón, querido hermano, es la Devoción, la que es el deleite de Mis devotos.
    Se mantiene por sí sola y no requiere otro apoyo: mientras que Jñana, Conocimiento de Dios en su aspecto absoluto, sin forma, y Vijñana, Conocimiento del aspecto limitado de Dios, con y sin forma, son dependientes.

    Querido hermano, la Devoción es incomparable y es la auténtica raíz de la dicha; y sólo puede ser adquirida por la gracia del Señor. Hay algunas formas de adquirir Devoción, un camino fácil por el cual el hombre puede alcanzarme.

    En primer lugar, un hombre debe cultivar extrema devoción a los pies de los brahmanes y segundo, debe permanecer ocupado en sus propias obligaciones siguiendo las líneas descritas por los Vedas.
    Esto trae consigo aversión por los placeres de los sentidos y serenidad y, a su vez, amor por Mi Culto, el Culto de la Devoción.
    Esto dará constancia a las nueve formas de Devoción como son, Sravana, etcétera, y hará que la mente desarrolle afición por Mis Juegos.

    De nuevo, un hombre debe ser extremadamente devoto a los pies de loto de los santos y ser persistente en la práctica de la adoración a través de su mente, palabra y acción.
    Debe reconocerme como su preceptor, padre, madre, pariente, señor, dios y como todo, y debe servirme constantemente.
    Cuando un devoto canta Mis glorias su cuerpo se estremece; su voz se entrecorta y sus ojos se llenan de lágrimas; está libre de la lujuria y otros vicios, orgullo e hipocresía. Yo siempre estoy atento a la llamada de un devoto tal.

    Además, yo siempre reposo en el corazón de loto de aquellos que dependen de Mí en pensamiento, palabra y obra y que me adoran de forma desinteresada."


    Lakshmana, totalmente ensimismado después de escuchar este discurso sobre la disciplina de Bhakti, inclinó su cabeza a los pies del Señor. Así pasaron varios días hablando de la serenidad, sabiduría espiritual, benevolencia y moralidad. [...]
    [...] Ravana, el famoso demonio, rey de Lanka, tenía una hermana llamada Shurpanakha, perversa y cruel como una serpiente.

    Una vez, Shurpanakha fue a Pañchavati y al ver a los dos príncipes se sintió enamorada.
    A la vista de un hombre guapo, ya sea su propio hermano, padre o hijo, oh Garuda, una mujer lasciva se siente excitada y no puede reprimir su pasión, al igual que una tormenta emite fuego cuando está enfrente del Sol.

    Adoptando una encantadora forma, se acercó al Señor y con una sonrisa le dirigió estas palabras:
    "No hay otro hombre como tú, ni otra mujer como yo.
    Dios creó esta pareja deliberadamente. He buscado en las tres esferas, pero no he podido encontrar un hombre adecuado para mí.
    Es tan sólo por esta razón que he permanecido virgen hasta ahora; sólo después de verte mi mente se ha podido sentir un poco descansada".

    El Señor dirigió una rápida mirada a Sita y dijo: "Mi hermano menor está soltero".

    Ella se dirigió entonces a Lakshmana, pero éste que la reconoció como la hermana de su enemigo, miró a su Señor y habló en tonos sumamente delicados:
    "Escucha, bella dama: Yo soy Su sirviente y dependo totalmente de Él; por ello, conmigo no podrías tener ningún tipo de comodidad.
    Mi Señor es todopoderoso y el rey soberano de Kosalapura, Ayodhya; cualquier cosa que Él haga sólo será provechosa para Él.
    Un siervo que aspira a ser feliz, un mendigo que espera honores, una persona adicta a algún vicio que quiere riquezas, un pervertido que busca un estado bendecido después de la muerte, un hombre avaricioso que ambiciona fama y un hombre orgulloso que espera los cuatro premios de la vida, todos esos hombres esperan obtener leche ordeñando los cielos
    ".

    Ella se dirigió de nuevo a Sri Rama; pero el Señor la envió de nuevo a Lakshmana.
    Lakshmana se dirigió a ella diciendo:
    "Sólo se casaría contigo aquel que deliberadamente arrojase al aire su reputación".

    Entonces, ella se dirigió a Sri Rama totalmente enojada y le reveló su aterrorizante forma demoníaca.
    El Señor de los Raghus vio que Sita estaba aterrada e hizo una señal a Su hermano menor, Lakshmana.
    Con gran agilidad, Lakshmana le arrancó la nariz y las orejas, invitando así a Ravana a duelo. [...]
    Ravana rapta a Sita:
    [...] Cuando Ravana, el de las diez cabezas, se acercó al bosque donde habitaba Sri Rama, Maricha asumió la falsa apariencia de un ciervo tan maravilloso que describirlo resulta imposible; su cuerpo de oro estaba artísticamente salpicado de piedras preciosas.

    Cuando Sita vio la exquisita criatura, preciosa en cada uno de sus miembros, dijo:
    "Escucha, mi gracioso Señor Sri Rama, Héroe de la estirpe de Raghu, este ciervo tiene la piel más adorable que nunca vi.
    Te ruego, mi Señor, que fiel a tu palabra, mates a ese animal y me traigas su piel."

    Por ello, el Señor de los Raghus, aun consciente de cuanto estaba sucediendo, lo que había empujado a Maricha a asumir la apariencia de un ciervo, se dispuso con alegría, a cumplir el objetivo de los dioses.
    Echando una mirada al ciervo, cogió Su arco y colocó una flecha.
    El Señor previno a Lakshmana:
    "Hermano, un ejército de demonios está rondando por los bosques. Cuida a Sita teniendo en cuenta tu fuerza y las circunstancias y usa tu inteligencia y discreción".

    El ciervo escapó a la vista del Señor y Sri Rama corrió tras él, tensando la cuerda de Su arco.
    ¡Cuán extraño es que aquel que es descrito en los Vedas con términos negativos como "eso no" y a quien Shiva no puede alcanzar ni siquiera en meditación, corra persiguiendo a un falso ciervo!

    Tan pronto estaba al alcance de su mano, como al siguiente momento se alejaba; unas veces se hacía visible y otras era imposible distinguirlo.
    Así, mostrándose y ocultándose, y practicando todo tipo de trucos, llevó al Señor muy lejos.
    De pronto, Sri Rama se detuvo y lanzó la flecha fatal, el animal cayó al suelo con un grito de terror, llamando a Lakshmana, pero invocando a Sri Rama mentalmente.
    Mientras entregaba su espíritu manifestó su forma real y amorosamente recordó a Sri Rama.
    El omnisciente Señor, que podía ver el amor en su corazón, le concedió un estado que difícilmente puede ser alcanzado por los sabios.

    Los dioses derramaron una lluvia de flores y cantaron las glorias del Señor:
    "El Señor de los Raghus ama tanto a los humildes que otorga Su propio estado de divinidad a un demonio".

    Tan pronto como acabó con el infeliz, el Héroe de la estirpe de los Raghus se dispuso a regresar junto a Sita y Lakshmana con el arco en la mano y el carcaj a la cintura.
    Cuando Sita escuchó el grito de dolor, se vio invadida por el miedo y le dijo a Lakshmana:
    "Vete rápido, tu hermano está en un gran peligro".

    Lakshmana replicó con una sonrisa:
    "Escucha, madre: en un simple abrir y cerrar de los ojos de Sri Rama toda la Creación puede ser destruida: ¿cómo podría entonces verse en peligro ni siquiera en sueños?"

    Pero Sita insistió de tal manera que hizo que Lakshmana vacilase en su rápida resolución; tal era el deseo de Sri Rama.
    Lakshmana confió el cuidado de Sita a los dioses del bosque y a las deidades que presiden las regiones y se dispuso a salir hacia el lugar donde estaba Rama.

    Aprovechando la oportunidad de que Sita estaba sola, Ravana, el de las diez cabezas, se acercó a Su cabaña disfrazado de mendigo.
    Ese mismo Ravana, por el que tanto dioses como demonios tiemblan de miedo, hasta el punto de que no pueden dormir durante la noche, ni comer durante el día, se dispuso a llevar a cabo el rapto, mirando a un lado y a otro como un canalla.

    En el momento en que un hombre pone su pie en el camino del vicio, oh Garuda, rey de los pájaros, su cuerpo se agita, la razón y la fuerza desaparecen por completo. Inventando tentadoras historias de todo tipo, no sólo le mostró la conducta dictada por la sabiduría política, sino que también usó trucos y le habló de amor.

    Ella dijo, "Escucha, oh santo padre: has hablado como un villano".
    Entonces Ravana le reveló su verdadera forma: Sita estaba aterrorizada cuando él mencionó su nombre.
    Echando mano de todo su coraje le dijo:

    "Ten cuidado, oh desdichado; mi Señor ha venido.
    Al igual que una pequeña liebre al casarse con un león, tú al enamorarte de mí has cortejado a tu propia destrucción, oh rey de los demonios".

    Al escuchar estas palabras, Ravana, el de las diez cabezas, se encendió de ira, a pesar de que su corazón sólo anhelaba adorar Sus pies.
    Ravana, completamente enfurecido, la sentó en su carro y la condujo por el aire con gran agitación: tenía tanto miedo que apenas podía conducir.

    "¡Oh! Señor de los Raghus, inigualable campeón del mundo, disipador del dolor y deleite de los suplicantes, ¡Oh! sol que agrada a la raza de loto de los Raghu, ¿qué falta he cometido que te has vuelto tan duro de corazón en contra de tu naturaleza?
    ¡Oh! Lakshmana no es tu culpa; he recogido los frutos que yo misma he sembrado."

    ///

    Cuando el Señor de los Raghus vio venir a Su hermano menor se sintió muy sorprendido.
    "Eh! Has dejado sola a la Hija de Janaka en contra de mis instrucciones.
    Ejércitos de demonios andan deambulando por los bosques; por tanto, sospecho que Sita no estará ya en la ermita."


    Lakshmana abrazó los pies de loto de Sri Rama y replicó con las manos juntas: "Señor, no es mi culpa".

    Acompañado por Su hermano menor, el Señor regresó a Su ermita por la ribera del Godavari.
    Cuando vio que la Hija de Janaka no estaba en la ermita, se sintió tan perturbado y afligido como cualquier hombre común.
    "¡Ay de mí! ¡Sita, la Hija de Janaka, auténtica fuente de virtudes, de intachable belleza, carácter, austeridad y devoción!". Lakshmana trató de consolarle por todos los medios. [...]
    Atormentado por su hermano Ravana, el demonio Vibhisana busca protección en Sri Rama:
    [...] Así el Señor de los Raghus salvó a Vibhisana de ser consumido por el fuego de la ira de Ravana, abanicado por las palabras y aliento de Vibhisana hasta llegar a la furia, y le concedió la soberanía indiscutible.
    Le otorgó la misma fortuna que Shiva había otorgado a Ravana después de que éste le había ofrecido sus diez cabezas en sacrificio.

    Aquellos que adoran a cualquiera, abandonando a tan bondadoso Señor, son meras bestias sin rabo y un par de cuernos. Reconociendo a Vibhisana como Suyo, el Señor le aceptó para servirle; su docilidad alegró el corazón de todos los monos.
    Entonces el Señor omnisciente, que mora en todos los corazones y se manifiesta en todas las formas, aunque desprovisto y despreocupado de todo y que había tomado forma humana por un motivo determinado además de para exterminar a la raza de los demonios, habló siguiendo estrictamente las normas del decoro:
    "Escuchad, oh señor de los monos y oh valiente soberano de Lanka, ¿cómo vamos a cruzar el profundo océano lleno de lagartos, serpientes y peces, totalmente insondable y tan difícil de atravesar?"

    "Escucha, Señor de los Raghus -contestó el rey de Lanka-, aunque tu flecha misma puede secar innumerables océanos, es conveniente que te acerques al océano y le pidas a la divinidad que gobierna sobre él, que te haga paso.
    Mi Señor, la divinidad del océano es un antepasado tuyo: por tanto, pensará en ello y te sugerirá algún medio de cruzar el océano.
    Así todos los osos y monos podrán cruzar el océano sin ningún esfuerzo."

    "Amigo, tu sugerencia es excelente; probémosla y veamos si la Providencia nos ayuda."

    Sin embargo, este consejo no agradó a Lakshmana que se sintió muy apenado al oír a Sri Rama.
    "No se puede poner ninguna confianza en los caprichos de la fortuna. Llena tu mente de ira y seca el océano.
    El destino es una muleta sólo para la mente de los cobardes; sólo los indolentes tienen fe en el destino.
    "

    Al oír esto el Héroe de los Raghus rio y dijo: "Así lo haremos; te ruego que te tranquilices".

    Calmando a su hermano Lakshmana, el Señor de los Raghus se fue a la orilla del mar.
    Primero inclinó la cabeza y saludó al océano y luego, extendiendo hierba Kusa en la playa, se sentó allí.

    Mientras, Ravana había mandado espías tras Vibhisana, tan pronto como éste se había dirigido hacia el Señor.
    Tomando el aspecto falso de monos fueron testigos de todos los actos de Sri Rama y alabaron las virtudes del Señor, y Su cariño hacia aquellos que buscan protección en Él.
    Comenzaron a aplaudir con entusiasmo la bondad de Sri Rama y con la intensidad de su emoción olvidaron su disfraz.
    Los monos los reconocieron ahora como espías enemigos. Les ataron a todos y los llevaron a presencia de Sugriva, señor de los monos.
    Sugriva dijo: "Escuchad, monos: mutilad a los demonios y echadlos de aquí".
    A la orden de Sugriva, los monos corrieron y les pasaron revista por todo el campo.
    Luego, empezaron a apalearlos por todos lados; los demonios pidieron ayuda a gritos, pero los monos no los soltaban. "Os pedimos por Sri Rama que no nos cortéis la nariz y los oídos."
    Cuando Lakshmana oyó esto, llamó a su lado a los monos y lleno de compasión, rio e inmediatamente hizo que los soltaran.
    "Dad esta nota a Ravana y decidle: lee, destructor de tu raza, lo que dice Lakshmana.
    Comunicadle a ese loco mi bondadoso mensaje: entrega a Sita y cesa la lucha porque si no, tu hora ha llegado.
    "
    Inclinándose ante Lakshmana, los espías partieron contando las virtudes de Sri Rama.

    ///

    El espía se enfureció al oír al malvado monarca y considerando que era un momento oportuno sacó la carta de Lakshmana.
    "El hermano menor de Sri Rama me dio esta nota; léela, mi señor y tranquiliza tu corazón."

    Ravana rio al tomar la carta y llamando a su ministro, el loco de él pidió que se la leyera.
    "Engañando a tu mente con palabras lisonjeras, oh loco. no conduzcas a tu raza a la ruina total.
    Si creas enemistad hacia Sri Rama no te salvarás aunque busques la protección de Vishnu, Brahma o Shiva.
    Así pues, deja tu orgullo como tu hermano menor y busca los pies de loto del Señor como una abeja, o si no, consúmete con tu familia como una polilla en el fuego de las flechas de Sri Rama, oh miserable.
    "

    El corazón de Ravana se encogió al oír el mensaje, pero lo disimuló con una sonrisa falsa y habló alto para que todos le oyeran:
    "La grandilocuencia del ermitaño más joven, Lakshmana, es como un hombre echado en el suelo intentando agarrar con sus manos la bóveda del cielo". [...]
    El Señor Shiva relata a Uma uno de los enfrentamientos entre los ejércitos de Sri Rama y Ravana:
    [...] Los dos héroes, Lakshmana y Meghanada, se amarraban uno a otro, montados en cólera. Ninguno podía destruir lo mejor del otro.
    El demonio sin embargo recurría a astutos trucos e injustas artimañas.
    Lakshmana, quien no era otro que Ananta, el dios serpiente, Sesa, causante de la destrucción del universo, vio enardecida su furia y en el tercer intento aplastó el carro y destrozó a su conductor en pedazos.
    Sesa, Lakshmana, le golpeaba de tantas formas que el demonio Meghanada casi estaba muerto.

    El hijo de Ravana se dio cuenta de que estaba en una situación muy crítica y de que el enemigo seguramente acabaría con su vida. Entonces lanzó una jabalina, muy eficaz para matar soldados, y de un golpe atravesó el pecho de Lakshmana.
    El impacto fue tan certero que el príncipe desfalleció. Meghanada se acercó a él con gran temor.
    Un gran número de héroes tan poderosos como Meghanada, se esforzaban por levantarle pero, ¿cómo podía Sesa, preservador de toda la esfera, ser incorporado de este modo?
    Por ello regresaron afligidos y avergonzados.

    Escucha, Parvati, continuó el Señor Sankara, Nadie puede conquistarle en la batalla; el fuego de su cólera consume rápidamente las catorce esferas.
    En la época de la disolución universal, hombres y dioses, todos los seres animados e inanimados, le adoran. Sólo él puede comprender este misterio, pues sobre él desciende la gracia de Sri Rama.


    Por la tarde, ambos ejércitos se retiraron y los jefes de las diferentes unidades empezaron a contar sus soldados.
    El todo misericordioso e invencible Señor del Universo, espíritu supremo que está en todas partes, preguntó:
    "¿Dónde está Lakshmana?" Hanuman se lo trajo de inmediato; viendo a su hermano más joven desfallecido, el Señor sintió una dolorosa presión.
    Jambavan dijo: "Susena, el doctor, vive en Lanka; alguien debe ir a buscarle".
    Hanuman apenas había transcurrido un minuto, fue y, con su casa y todo, le trajo rápidamente.
    Susena llegó y postró su cabeza a los pies de loto de Sri Rama.
    Le indicó el nombre de una hierba curativa, así como la montaña donde podía conseguirse, y dijo: "Adelante, oh hijo del dios del viento, tráela".

    ///

    Mirando a Lakshmana, Sri Rama hablaba con palabras de un ser humano:
    "¡Ya pasó la media noche y Hanuman no ha regresado todavía!"

    Sri Rama levantó a su hermano menor y le tomó en sus brazos.
    "Hermano, nunca soportaste verme con dolor: tu actitud hacia mí ha sido siempre muy cariñosa.
    Por mí dejaste padre y madre, y te expusiste al frío, al calor y los vientos del bosque.
    ¿Dónde está ese antiguo amor ahora, hermano, que rehúsas levantarte aun oyendo mi lamento?
    Si hubiera sabido que perdería a mi hermano en el bosque, nunca habría obedecido las órdenes de mi padre.
    Hijos, riquezas, mujeres, casas y parientes, vienen y se van una y otra vez; pero un verdadero hermano no es fácil de recobrar. Considera esto y levántate, amado hermano.
    Igual que el pájaro es completamente desgraciado sin alas, una serpiente sin su cascabel, y un noble elefante sin su trompa, así será mi vida sin ti, hermano, en el caso de que este estúpido destino me obligue a vivir.
    ¿Con qué cara regresaré a Ayodhya después de sacrificar a mi amado hermano por causa de mi esposa?
    Yo no sentiría deshonor en el mundo por mi falta de capacidad para recobrar a mi esposa; porque, después de todo, la pérdida de una esposa no es una pérdida seria.
    Ahora, sin embargo, mi inmutable e insensible corazón habrá de soportar tanto la deshonra como la profunda angustia de tu pérdida, hijo mío.
    Eres el único hijo de tu madre, y el único apoyo de su vida, y sin embargo te tomó de la mano y te confió a mí, sabiendo que yo te haría feliz en todas partes y que soy quien mejor te quiere.
    ¿Qué le diré a ella cuando regrese? ¿Por qué no te levantas y me aconsejas, hermano?
    De este modo mis lamentos y penas se disiparán."


    Lágrimas semejantes a los pétalos de un loto brotaban de sus ojos.
    Uma, el Señor de los Raghus, es uno, fuera del tiempo, e indivisible.
    Él toma forma humana sólo por compasión a sus devotos.

    Las huestes de monos que rodeaban al Señor se afligían al oír sus furiosos gemidos.
    En ese momento apareció Hanuman como muestra de heroísmo en medio de la tragedia.
    En un arrebato de alegría Sri Rama abrazó a Hanuman, porque el Señor es sumamente agradecido por naturaleza y supremamente sabio.
    El doctor Susena aplicó la cura inmediatamente y Lakshmana se despertó alegremente y se incorporó.
    El Señor estrechó a su hermano contra su corazón, y todas las huestes de osos y monos se regocijaron.
    Hanuman llevó al doctor de vuelta a Lanka, de la misma forma que lo había traído la noche anterior.
    [...]
    Lakshmana aniquila a Meghananda:
    [...] Cuando Meghanada se recobró, se sintió muy avergonzado al ver a su padre frente a él.
    Rápidamente se trasladó a una cueva de la montaña y decidió hacer un sacrificio que le volviera invencible.
    Vibhisana se acercó al Señor y le dijo:
    "Escucha, mi Señor de incomparable poder y generosidad: El perverso Meghanada, experto en crear ilusión y plagas que vienen del cielo, está haciendo un sacrificio profano. Si se le permite consumar el sacrificio no será conquistado fácilmente".

    El Señor de los Raghus se sintió agradado al oír esto y convocó a Angada y a muchos otros monos.
    "Id con Lakshmana, hermanos, y destruid el sacrificio. Eres tú, Lakshmana, quien debe matarle.
    Siento una gran pena al ver a los dioses tan atemorizados.
    Debes terminar con él por el poder de tu agudeza y fuerza; de una u otra forma, hermano, debemos acabar con el demonio. Jambavan, Sugriva y Vibhisana, manteneos a su lado con vuestro regimiento."


    Cuando el héroe de los Raghus terminó de dar sus órdenes, Lakshmana se ciñó el carcaj a un lado y tensó su arco; recordando la gloria del Señor en su corazón, habló con una voz tan profunda como la del trueno, diciendo:
    "Si regreso hoy sin haber matado a Meghanada, no me volváis a llamar siervo de Sri Rama, Señor de los Raghus.
    Y, es más, aunque vengan a ayudarle cien Shivas, le mataré en nombre de Rama, héroe del ejército de los Raghus
    ".

    Inclinando la cabeza a los pies de Sri Rama, Lakshmana, que era en realidad el Señor Ananta o Sesa, partió inmediatamente acompañado por héroes como Angada, Nila, Mainda, Nala y Hanuman.
    Al llegar donde estaba Meghanada, los monos le encontraron agachado ofreciendo sacrificios cruentos y búfalos vivos al fuego del sacrificio.
    Los monos estropearon todo el sacrificio; pero, cuando el demonio se negó a moverse, comenzaron a aplaudirle irónicamente.
    Ni siquiera entonces se movió de su sitio: entonces los monos fueron y le agarraron del pelo y, dándole patadas uno detrás de otro, se marcharon.

    Meghanada se lanzó con el tridente en la mano, mientras los monos huían delante de él, dirigiéndose al hermano menor de Sri Rama, Lakshmana, que iba a la cabeza del ejército.
    Impulsado por una furia salvaje, Meghanada vino detrás lanzando terribles rugidos que no cesaban.
    El hijo del dios del viento y Angada aceleraron el paso llenos de indignación; pero él les golpeó en el pecho con el tridente y los tiró al suelo.

    Entonces lanzó su feroz tridente a Lakshmana, pero Ananta lo detuvo con su flecha y lo partió en dos.
    Mientras tanto, el hijo del dios del viento y el Príncipe Angada se pusieron en pie de nuevo y le golpearon furiosamente, pero el demonio no recibió ningún daño.
    Cuando los héroes se dieron la vuelta pensando que no podrían matar al enemigo a pesar de sus esfuerzos, éste se abalanzó sobre ellos con un terrible alarido.
    Cuando Lakshmana le vio venir furioso como la misma muerte, disparó sus terribles flechas.
    El desgraciado, sin embargo, desapareció en el momento que vio venir la flecha hacia él.
    Se defendía luchando de formas distintas, manifestándose unas veces y otras desapareciendo.
    Los monos estaban llenos de espanto creyendo que el enemigo no podía ser vencido.

    Entonces Lakshmana, señor de las serpientes, montó en una colera violenta.
    Se hizo el firme propósito de deshacerse del demonio y pensó para sí:
    "Ya basta de jugar con este miserable".

    Recordando el poder de Sri Rama, Lakshmana, en actitud desafiante, ajustó una flecha en el arco y la disparó tan derecha que alcanzó a Meghanada de lleno en el pecho y el demonio abandonó todas las falsas apariencias en el momento de su muerte.
    Dejó su cuerpo con las palabras:
    "Dónde está el hermano menor de Rama, Lakshmana?" "¿Dónde está Rama?" en los labios.

    "Bendita en verdad es tu madre!" exclamaron al oírle Angada y Hanuman.

    Hanuman lo levantó sin ningún esfuerzo y, después de dejarlo en la puerta principal de Lanka, regresó. [...]
    Lakshmana se enfrenta con Ravana:
    [...] Al ver la aflicción de sus tropas, Lakshmana, ciñéndose el carcaj a la cintura y cogiendo el arco, postró su cabeza a los pies de Sri Rama y se puso en marcha lleno de ira.
    "Estás haciendo de los osos y monos tu blanco, vil diablo; mírame, yo soy tu muerte."

    "Es a ti a quien he estado buscando, asesino de mi hijo. Hoy calmaré mi corazón matándote."

    Diciendo esto, Ravana lanzó una descarga de fieras flechas, pero Lakshmana las rompió en cien pedazos cada una.
    Entonces, Ravana arrojó sobre él millares de otras armas, pero Lakshmana las paró reduciéndolas a partículas tan pequeñas como las semillas de sésamo.
    De nuevo Lakshmana le atacó con sus flechas, golpeando su carro y matando al que lo conducía.
    Y traspaso con cien flechas cada una de sus diez cabezas.
    Con cien flechas más le dio en el pecho; entonces Ravana cayó sin sentido al suelo y, recobrando el conocimiento, el demonio se levantó otra vez y le arrojó una lanza que le había dado Brahma, el Creador.

    Esa fiera lanza, regalo de Brahma, golpeó al Señor Ananta, Lakshmana, en el pecho y el héroe cayó al suelo agonizando; el monstruo de diez cabezas trató de levantar al príncipe y retirarlo, pero la incomparable fuerza del demonio demostró ser ineficaz.

    Qué necedad por parte de Ravana tratar de levantar le sobre una de sus cabezas, en la cual se apoyan todas las esferas del universo considerándola como un pequeño grano de arena.
    Ravana no sabía que Lakshmana era el Señor de las tres esferas.

    El hijo del dios del viento, al enterarse de esto, se abalanzó sobre él profiriendo insultos en su contra.
    Pero cuando el mono se acercaba, el monstruo le asestó un terrible golpe.
    Hanuman cayó de rodillas pero no se desplomó.
    Recobrando las fuerzas se levantó encolerizado y asestó un puñetazo a Ravana; el demonio se sintió como una montaña resquebrajada por un rayo.
    Cuando se recuperó de su desmayo y recobró el sentido, empezó a admirar la enorme fuerza del mono.

    "Me avergonzaré de mi valor y de mí mismo si sigues con vida, enemigo de los dioses!"
    Diciendo esto, Hanuman llevó a Lakshmana a Sri Rama; el monstruo de diez cabezas estaba asombrado de su poder.
    El héroe de los Raghus dijo entonces:
    "Ten presente, hermano, que eres el destructor de la muerte y el salvador de los dioses".
    En cuanto oyó estas palabras, el bondadoso príncipe Lakshmana se incorporó y abrió los ojos, mientras la fiera lanza se desvaneció en el cielo.
    Tomando de nuevo su arco y flechas, se precipitó con rapidez frente al enemigo.
    En un instante Lakshmana destrozó el carro de Ravana y derribó al conductor, que cayó retorciéndose de dolor.
    Ravana, a quien atravesó el corazón con cien flechas, cayó al suelo agonizante.
    Otro cochero vino y colocó en su carro e inmediatamente se lo llevó a Lanka, mientras que Lakshmana, el hermano glorioso de Sri Rama, se dirigió de nuevo a postrarse a los pies del Señor. [...]

    Lakshmana + Princesa Urmila, hija de Rey Janaka y Reina Sunayana.