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Príncipe regente Bharata

 

Vínculos de familia

Cónyuges/Hijos(as)::
1. Princesa Mandavi

Príncipe regente Bharata

  • Consorte (1): Princesa Mandavi

  Descripción:

Medio hermano de Sri Rama, Lakshmana y Satrughna
Dinastía: Iksuaku / Raghu

Tulsidas dice:
[...] De entre los hermanos de Sri Rama, me postro en primer lugar a los pies de Bharata, cuya disciplina y austeridad es imposible describir y cuya mente tiene sed de los pies de loto de Sri Rama como si fuera una abeja y nunca los abandona. [...]
El sabio Vasistha da nombres a los hijos del rey Dasaratha:
[...] Así transcurrieron unas cuantas jornadas; los días y las noches pasaban inadvertidos.
Sabiendo que había llegado el momento de dar un nombre a los niños, el rey mandó llamar al iluminado sabio Vasistha.
Después de rendirle homenaje, el rey le habló así:
"Santo señor, asígnale los nombres que tu mente haya establecido".

"Sus nombres son muchos y únicos; sin embargo, oh rey, los pronunciaré como mejor pueda.
Tu hijo mayor, océano de felicidad y encarnación de la alegría, cuya más pequeña partícula llena de gozo los tres mundos, tiene por nombre 'Rama', hogar de la dicha y consolador de todos los mundos.
Tu segundo hijo, que sostiene y alimenta el universo se llamará 'Bharata', mientras que aquél cuyo pensamiento destruye a nuestros enemigos es glorificado en los Vedas con el nombre de 'Satrughna".
El que encierra rasgos nobles, amado de Sri Rama y Sostén del universo entero, recibió del Guru Vasistha el maravilloso nombre del 'Lakshmana'. [...]
Durante la boda entre Sri Rama y Sita:
[...] Al contemplar a Sri Rama y Janaki juntos, la alegría corría por las venas del rey Dasaratha al ver cómo el árbol de sus buenas obras daba nuevos frutos.
El júbilo reinaba en todo el universo, todos proclamaban que ya se había realizado la boda de Sri Rama.
¿Cómo se podría describir la alegría ilimitada que había en todas partes?

Luego por orden de Vasistha, Janaka llamó a las otras tres princesas, Mandavi, Srutakirti y Urmila, todas vestidas de novias.
Dio en matrimonio a la hija mayor de su hermano menor Kusaketu, encarnación de la bondad, virtud, alegría y belleza, a Bharata después de realizar con amor todos los ritos y con todo honor, dio a Lakshmana la hermana menor de Janaki, Urmila, joya entre las muchachas hermosas.
Luego el rey dio a Ripusudana la princesa Srutakirti, mina de todas las virtudes, y bien conocida por su belleza y amabilidad. [...]
El rey Dasaratha decide coronar rey a su hijo Sri Rama:
[...] En cuanto la gente se enteró que Sri Rama iba a ser entronizado, todo Ayodhya se inundó de música.
Las señales de buen augurio se personificaban en Sri Rama y Sita: Sus graciosos cuerpos comenzaban a temblar.
Y sintiendo un estremecimiento de gozo se decían:
"Las señales pronostican el regreso de Bharata. Han pasado muchos días y nuestro corazón anhela verle.
Los augurios nos dicen que vamos a encontrarnos con un amigo muy querido, y no hay nadie tan querido para nosotros como Bharata: por tanto, los augurios sólo pueden significar una cosa".

Sri Rama recordaba sin cesar a Su hermano Bharata igual que la tortuga se fija día y noche en sus huevos. [...]
Tras satisfacer los deseos de la reina Kaikeyi para que Bharata sea nombrado príncipe regente y Sri Rama enviado al exilio por catorce años, el rey Dasaratha muere de tristeza:
[...] Un día los mensajeros llegaron. Y al oír las órdenes del Guru, Bharata se dispuso a partir invocando al Señor Ganesha.
Guiando los caballos a más velocidad que el viento, siguió su viaje cruzando ríos muy difíciles, montañas y bosques.
Había tal intranquilidad en su corazón que nada le agradaba.
Y pensaba: "Me gustaría poder volar a casa".
Cada instante se le hacía largo como un año. Así Bharata se acercó a la ciudad. Y mientras entraba vio signos de fatalidad.

Los cuervos graznaban de forma repugnante en lugares indeseables Burros y chacales proferían gritos que atravesaban el corazón de Bharata.
Lagos y ríos, arboledas y jardines habían perdido su encanto, y la ciudad tenía un aspecto tenebroso.
Pájaros y ciervos, caballos y elefantes tenían una apariencia miserable.
Parecía que todos los ciudadanos hubieran perdido todo lo que poseían. La gente le recibió, pero no le dijo nada.
Se inclinaban ante él y pasaban de largo. Bharata tampoco podía preguntarles nada, pues su mente estaba demasiado temerosa y apenada.
Los bazares y calles repelían la vista como si un ejército salvaje hubiera irrumpido en toda la ciudad. Kaikeyi, que era para la raza solar lo que la Luna es para los lotos, se regocijo al enterarse de la llegada de su hijo.

Encendiendo velas para moverlas a su alrededor, se levantó de un salto y corrió hacia él, y encontrándole en la puerta, le condujo a sus aposentos.
Bharata vio con asombro que mientras toda la familia tenía un aspecto miserable como los lotos dañados por la escarcha, Kaikeyi estaba tan feliz como una bruja que hubiera hecho arder un bosque.

Viendo a su hijo melancólico y deprimido, le preguntó:
"Está todo bien en casa de mi madre?".
Bharata le aseguró que todo estaba bien y luego preguntó por la riqueza y salud de su familia:
"Dime, ¿dónde está mi padre y mis madres, y donde están Sita y mis amados hermanos, Sri Rama y Lakshmana?"

Al oír las palabras cariñosas de su hijo, la pecadora mujer, hizo que aparecieran en sus ojos lágrimas de cocodrilo y dijo cosas que atravesaron sus oídos y su alma como flechas.
"Yo he tratado de hacer todo para ti, hijo mío, y la pobre Manthara me ha ayudado mucho.
Pero Dios ha estropeado nuestros planes antes de que se realizaran, el rey ha partido al Paraíso de Indra."

Al oír esto, Bharata quedo inundado de dolor como el elefante que se horroriza con el rugido del león, Y gritando: "Padre, ¡padre!" cayó al suelo lleno de convulsiones.
"No te pude ver antes de que te fueras, ni tampoco me confiaste al cuidado de Sri Rama."
Lugo, reponiéndose, se levantó y dijo:
"Dime, madre, la causa por la cual se ha ido mi padre".

Al oír a su Hijo, Kaikeyi respondió como si le amputara un órgano vital y le insertara veneno en él.
Con el corazón alegre, la malvada mujer le contó desde el principio todo lo que había hecho.
Al enterarse del exilio de Sri Rama, Bharata olvido la muerte de su padre, y dándose cuenta de que ahí estaba la raíz del mal, se quedó mudo y estupefacto.
Al observar el malestar de su hijo, ella le consolaba como si echara sal a un fuego.
"Hijo mío, no debemos lamentar la suerte del rey.
No sólo recogió una gran cosecha de méritos y gran renombre sino que también disfrutó de la vida.
Durante su vida obtuvo todos los bienes de la existencia humana, y al final ascendió a la morada de Indra, señor de los inmortales.
Piensa esto y cesa de sufrir. Gobierna el reino con todos sus miembros: el ejército, los ministros, el tesoro, etcétera."

El príncipe no salía de su asombro al oír estas palabras que parecían un carbón al rojo vivo tocando su herida.
Luego suspiro profundamente y dijo:
"Oh malvada mujer, has arruinado totalmente nuestra familia.
Si tú encerrabas tan arraigada maldad, ¿por qué no me mataste nada más nacer?
Al cortar el árbol, has regado una hoja y has desecado el pozo, dejando a los peces sin agua.

Descendiendo del dios Sol, con el rey Dasaratha por padre y Rama y Lakshmana por hermanos, te he tenido a ti por madre. Uno no puede hacer nada contra la Providencia.

Maliciosa mujer, ¿cómo es que tu corazón no se resquebrajó al concebir tal plan en tu mente?
Cuando pediste aquellos dones, ¿no sentiste las punzadas de tu conciencia?
¿No se cayó tu lengua ni se pudrió tu boca? ¿Cómo confió en ti el rey?
Seguro que Dios le quitó los sentidos en vísperas de su muerte.
Ni siquiera el Creador ha podido conocer el corazón de esta mujer, fuente de engaño, pecado y vicio.
Simple, amable y piadoso como era el rey. ¿cómo iba a conocer la naturaleza de una mujer?

¿Qué criatura hay en el mundo que no ame al Señor de los Raghus como a su propia vida?
Sin embargo, para ti Rama era un gran enemigo. Así pues, dime la verdad, ¿a qué especie perteneces?
Seas lo que seas, sería mejor que te pintaras la cara de negro y te fueras de mi presencia.

Dios me ha creado de un corazón que es enemigo de Rama. ¿Puede haber alguien más pecador que yo?
Veo que mis reproches son en vano.
"

Cuando Satrughna se enteró de la maldad de Kaikeyi, se encendió de ira; pero no podía hacer nada.
Entonces entró la jibosa Manthara, ataviada con ricos vestidos y muy adornada.
Viendo a esa mujer, el hermano menor de Lakshmana se llenó de ira como si se derramara mantequilla pura en el fuego.
Dando un paso adelante le golpeó en la joroba con tanta fuerza que se cayó de cabeza y comenzó a gritar.
Tenía la joroba aplastada, la cabeza partida, los dientes rotos y la boca llena de sangre.
"Ah, Dios mío, ¿qué mal he hecho yo? Mis servicios no merecen esta recompensa."
Al ver la crueldad que encerraba de los pies a la cabeza, Satrughna, destructor de los enemigos, la agarró del pelo y comenzó a arrastrarla hasta que el misericordioso Bharata la rescató.
Luego los dos hermanos fueron a ver a la madre Kausalya.
Con vestidos oscuros, pálida, nerviosa, oprimida por el dolor y con el rostro cansado, parecía una hermosa enredadera celestial de oro dañada por la escarcha del bosque.

Cuando Kausalya vio a Bharata, se levantó y corrió hacia él, pero se cayó inconsciente al suelo.
Bharata se emocionó mucho y se arrojó a sus pies olvidando el estado de su propio cuerpo.
"Madre, enséñame a mi padre. ¿Dónde están Sita, Rama y Lakshmana?
¿Por qué nació en este mundo Kaikeyi?
Y si nació, ¿por qué no fue estéril en lugar de darme a luz a mí, mancha de mi familia, pozo de infamia, enemigo de mis familiares y seres queridos?
¿Quién en las tres esferas es tan miserable como yo, por cuya culpa, madre, te has visto reducida a tal estado?
Mi padre está en el cielo y Sri Rama en los bosques. Yo soy el responsable de todo.
Que el mal se cierna sobre mí, que he demostrado ser para mi familia como el fuego para los bambúes, además de ser víctima de terrible agonía, sufrimiento y culpabilidad.
"

Al oír las tiernas palabras de Bharata, Kausalya se levantó con renovado esfuerzo y levantándole, le estrechó con fuerza.
Y las lágrimas se agolpaban en sus mejillas. Inocente por naturaleza, Kausalya le abrazaba con un cariño inmenso como si hubiera vuelto el mismo Sri Rama.
Luego abrazó al hermano menor de Lakshmana, Satrughna.
Todos los que veían su amor decían:
"Siendo madre de Rama, no es de extrañar que tenga tanto amor".

La madre sentó a Bharata en sus rodillas y enjugando su llanto, le dijo:
"Te aconsejo que te calmes, hijo mío; piensa que son tiempos difíciles y no te entristezcas.
No tomes en serio la pérdida que hemos sufrido y no sientas remordimiento por ello, ya que el curso del tiempo y el destino son inalterables.
No culpes a nadie, hijo mío; es la Providencia la que se me ha mostrado hostil.
Y cuando Él hace que siga viva a pesar de estas circunstancias, ¿quién sabe qué deseará para mí incluso ahora?

Por orden de su padre, el héroe de los Raghus se despojó de sus vestiduras reales y se vistió de ermitaño con cortezas de árbol, sin dolor ni alegría.

Con el rostro alegre, sin ira ni contento, consoló a todos y se dirigió al bosque.
Al enterarse, Sita le siguió pues no que ría quedarse aquí. Y Lakshmana también fue con ellos.
No quería que le dejaran, aunque el Señor hizo todo lo posible para disuadirle.
El Señor de los Raghus se inclinó ante todos y partió con Sita y Lakshmana.
Y yo ni les acompañé ni les perseguí con mi alma, dejando aquí mi cuerpo.
Todo esto ocurrió ante mis propios ojos, y a pesar de ello esta mísera alma no se despidió del cuerpo.
No tengo vergüenza de mi amor; ¡Pensar que un hijo como Rama tiene una madre como yo!
El rey supo vivir y morir, pero mi corazón es cien veces más duro que el diamante."

Al oír a Kausalya, Bharata y el gineceo entero comenzaron a lamentarse; el palacio del rey parecía la morada misma del dolor.
Kausalya trató de consolar a Bharata con palabras de sabiduría.
Bharata a su vez consoló a todas sus madres, narrándoles leyendas de los Puranas y Vedas.
Uniendo sus manos, se dirigió a ellas con palabras inocentes y simples diciendo:
"Los pecados del asesinato de una madre, padre o hijo, o del acto de incendiar un rebaño de vacas o un pueblo de brahmanes, o de envenenar a un amigo monarca, todos los pecados graves y leves de pensamiento, palabra u obra enumerados por los sabios, que todos sean atribuidos a mí si este suceso ha ocurrido por mi culpa.

Que la Providencia disponga para mí la misma suerte de aquellos que, abandonando los pies de Sri Hari y Shiva, adoran espíritus terribles, si yo, madre, soy cómplice en este suceso.
Madre, si esto contara con mi aprobación, yo debería tener el mismo destino terrible de aquellos que venden los Vedas, que explotan la piedad, que hablan de los pecados de los demás y son mentirosos, malvados e irascibles, que insultan a los Vedas, enemigos del mundo, avariciosos como las aves rapaces, y que ponen los ojos en las riquezas de los demás, codiciando la esposa del otro.

Si yo hubiera sabido esto, que Shiva disponga para mí el destino de aquellos miserables que no aman la compañía de los virtuosos, que abandonan el sendero que lleva a la realización de Dios, que no adoran a Sri Hari aunque tienen un cuerpo humano, y no se deleitan en la gloria de Sri Hari y Shiva, que son impostores y engañan al mundo tomando falsas apariencias.
"

Al oír las palabras tan sinceras e inocentes de Bharata Kausalya dijo:
"Tú, querido hijo, siempre has amado a Rama en pensamiento, palabra y obra.
Amas más a Rama que a tu propia vida, igualmente, para el Señor de los Raghus eres más querido que su vida.
La Luna puede desprender veneno a través de sus rayos, y la nieve, fuego: una criatura acuática puede despreciar el agua y la iluminación espiritual puede fallar en hacer desaparecer la ignorancia, pero tú nunca te volveréis contra Rama.
Aquellos que piensan que fuiste cómplice en este plan nunca alcanzarán la felicidad ni la salvación."

Kausalya abrazaba a Bharata de sus pechos manaba leche, y de sus ojos, lágrimas.
De esta forma siguieron lamentándose toda la noche.
Luego vinieron los sabios Vamadeva y Vasistha y reunieron los ministros y la elite de la ciudad.

Vasistha aconsejó a Bharata y le hablo con palabras de sabiduría:
"Querido hijo, ten valor, y haz lo que requiere la ocasión."

Al oír a su preceptor, Bharata se levantó y pidió que lo dispusieran todo.
Hizo que se lavara el cuerpo del rey según los ritos védicos y le preparó un funeral espléndido.
Tomando los pies de sus madres, Bharata les pidió que se abstuvieran de ascender a la pila funeraria; todos se quedaron con la esperanza de ver a Sri Rama.

Llegaron muchos cargamentos de madera de sándalo, aceites y diversas y excelentes hierbas aromáticas.
La pira se erigió artísticamente a orillas del río Sarayu, y parecía una hermosa escalera que llevara al cielo.
Así se realizaron los ritos de la cremación, y luego los asistentes al funeral se bañaron y ofrecieron al alma que había partido agua y un puñado de semillas de sésamo. Luego realizaron la ceremonia de Dasagatra. Todas las órdenes que daba el gran sabio Vasistha eran obedecidas con toda exactitud por Bharata.
Concedió toda clase de regalos para alcanzar la pureza. Y dio vacas, caballos, elefantes, tronos, ornamentos, trates, granos, tierras, dinero y casas.
Y los dioses de los brahmanes, al recibirlos, quedaron satisfechos.
Los ritos que realizó Bharata en beneficio de su padre eran más de los que pudieran contar cien mil lenguas.

Luego vino el gran sabio Vasistha y reunió a todos los ministros y la élite de la ciudad.
Se dirigieron todos a la sala del consejo y se sentaron allí. También fueron llamados los dos hermanos, Bharata y Satrughna.
Vasistha sentó a Bharata a su lado y le habló sabia y piadosamente.
Primero, el gran sabio repitió la historia de la crueldad de Kaikeyi y pagó tributo a la promesa de piedad y sinceridad del rey Dasaratha, que permaneció fiel a su amor a pesar de costarle la vida.
Y mientras el gran ermitaño hablaba de las virtudes de Sri Rama, los ojos se le llenaron de lágrimas, y un estremecimiento corría por su cuerpo.
Y cuando hablo del amor de Lakshmana y Sita hacia Rama, el iluminado sabio desbordaba de dolor y emoción.
"¡Escucha, Bharata: el destino es incomprensible! -exclamó con amargura el señor de los sabios - .
Pérdida y ganancia, vida y muerte, gloria e infamia, todo está en manos de la Providencia.
Por lo tanto, ¿a quién vamos a culpar? y, ¿con quién vamos a enfadarnos sin motivo?.
Considera, hijo mío, que no merece la pena llorar al rey Dasaratha.

Despreciable es el brahmán que ignora los Vedas, abandona sus deberes y queda atrapado en los placeres sensuales; es despreciable el rey que no tiene conocimiento de la política y que no ama a su pueblo como a su propia vida; despreciable es el Vaisya que es tacaño, y que no es hospitalario ni tiene devoción al Señor Shiva; despreciable es el Sudra que no respeta a los brahmanes, se siente orgulloso de su conocimiento y ama ser alabado.
Despreciable es la mujer que engaña a su propio marido, es retorcida y sigue su propio deseo; despreciable es el estudiante religioso que rompe su promesa y no obedece las órdenes de su preceptor.

Despreciable es el padre o madre que por ignorancia descuida su deber, y despreciable es el recluso que está apegado al mundo y carece de discreción y desapego.

Despreciable es el anacoreta que deja de hacer penitencia y desarrolla el gusto por los lujos; despreciable es el murmurador que se enfada sin razón y es enemigo de sus padres, preceptor y hermanos.
Totalmente despreciable es aquel que hace daño a los demás, cuida sólo de si y no tiene corazón.
E igualmente despreciable es aquel que no está entregado sinceramente a Sri Hari. Pues su gloria está manifestada en las catorce esferas.

Nunca hubo, ni hay, ni habrá, un monarca como tu padre, Bharata.
Brahma, Vishnu, Shiva, Indra y los vigilantes de los cuatro rincones del globo, todos cantan la gloria del rey Dasaratha.

Dime, querido niño, ¿quién puede glorificar a aquel que engendró hijos tan piadosos como Rama, Lakshmana, Satrughna y tú mismo?
El rey fue bendecido en todos los aspectos; no es necesario lamentarse por él.
Así pues, no te apenes más y obedece fielmente la orden del rey.
El rey te ha dado la soberanía; por tanto, te corresponde hacer realidad las palabras de tu padre, que abandonó a Rama para cumplir su promesa y dejo su cuerpo por la angustia de la separación de Rama.
El rey amaba su palabra más que su propia vida, por tanto, hijo, cumple la palabra de tu padre.
Obedece su orden; esto te hará mucho bien.
Parasurama ejecutó la orden de su padre, y mató a su propia madre todo el mundo fue testigo de esto.
El hijo de Yayati, Puru, cambió su propia juventud por la vejez de su padre y no incurrió en ningún pecado ni culpa, pues lo hizo por obedecer la orden de su padre.

Aquellos que cuidan la palabra de su padre, sin que les importe si es razonable o no, alcanzan la felicidad y el buen renombre y habitan en la morada de Indra, Señor de los inmortales.

Así pues, cuida de sus súbditos y no sufras más.
Así el rey que está en el cielo, se tranquilizará y tú ganarás méritos, sin ser culpable de nada.
Es bien sabido en los Vedas que la corona va a aquel a quien el padre la concede.
Por tanto, gobierna el reino, no sientas remordimiento y acepta mi consejo.
Rama y Sita se complacerán al saberlo, y ningún hombre sabio te criticara.
Kausalya y todas las madres también se alegrarán al ver feliz a la gente.
Y el que conozca la unión suprema que existe entre tú y Rama será bondadoso contigo.
Cuando Rama vuelva, podrás ofrecerle el reino y servirle con todo tu amor."

Reuniendo valor, Kausalya dijo:
"Buena y saludable, hijo mío, es la orden de tu Guru; debe ser respetada y obedecida, pues te llevará al bien.
Cesa ya de lamentarte. El Señor de los Raghus está en el bosque y el rey con los dioses en el cielo, mientras que tú, hijo, dejas paso al abatimiento.
Eres el único apoyo de tu familia, súbditos, ministros y de tus madres. Te aconsejo que tengas valor, considerando que todo es debido a la adversidad del destino.
Obedece a tu Guru y alivia a tu familia del dolor".

Bharata escuchó las palabras de su preceptor que calmaron su corazón como pasta de sándalo.
Luego escucho a la madre, llena de bondad, afecto e inocencia.
Sus ojos derramaban lágrimas que regaban los frescos brotes de desolación de su corazón.
Todos los que le veían así se olvidaban de su propia existencia. Todos le alababan como la perfección del amor puro.

Juntando sus manos de loto, Bharata, poseedor de la mente más firme, reunió valor y comenzó a contestar apropiadamente a todos con palabras impregnadas de néctar.
"Mi preceptor me ha dado un consejo excelente, reafirmado por mis súbditos, ministros y todos.
Estos consejos deben ponerse en práctica pues nos llevan a nuestro propio bien.
Si nos paramos a pensar si está bien o mal, abandonamos nuestro deber e incurrimos en el pecado.
Y aunque me doy perfecta cuenta de que vuestro consejo es sincero, mi corazón no está satisfecho.

Ahora oíd mi petición y aconsejadme debidamente.
Perdonad mi presunción al responderos, pues la gente buena no considera las virtudes o faltas de aquellos que sufren.

Mi padre está en el cielo, y Sita y Rama en los bosques; y vosotros me pedís que gobierne el reino.
¿Creéis que será bueno para mí o esperáis alguna ganancia de este arreglo?

Mi bien está en servir a Rama, aunque la crueldad de mi madre me ha quitado ese privilegio.
Me he dado cuenta de que sólo ahí está mi felicidad.
¿De qué sirve este reino, morada de dolor, si ya no podemos ver los pies de Lakshmana, Rama y Sita?
Si no tienes ropa, de nada te sirven todas las joyas del mundo; de nada sirve interesarte por Brahma si en ti no hay desapego; un cuerpo enfermo no puede disfrutar de ningún placer; las oraciones y el Yoga sirven de poco sin devoción a Sri Hari.

Un cuerpo hermoso sin vida no sirve para nada, y todo lo que yo tengo no es nada sin el Señor de los Raghus.
Dadme permiso para ir donde está Rama; mi bien sólo está ahí.
Y si buscáis vuestro propio bien haciéndome rey sólo lo hacéis por la ignorancia nacida de vuestro afecto.
No os engañéis, esperando felicidad de un miserable como yo, hijo de Kaikeyi, de inteligencia pervertida, hostil hacia Rama y perdido en la vergüenza.

Escuchad, pues voy a deciros la verdad.
Sólo un hombre virtuoso debe ser coronado rey.
En cuanto me instaléis en el trono, la Tierra se hundirá en las profundidades más abismales.
¿Puede haber mayor pecador que yo, por cuya causa Sita y Rama han sido exiliados al bosque?

El rey envió a Rama al exilio, y luego él mismo ascendió al cielo.
Sin embargo, mi miserable ser, raíz de todo mal, está sentado tranquilamente y escucha todo impasible.
Aunque he encontrado el palacio sin Rama, he sobrevivido, objeto sagrado de amor, mi alma es como un ave rapaz y está hambrienta de tierras y diversiones.
No tengo palabras para describir la crueldad de mi corazón que se ha hecho famoso por sobrepasar la dureza del diamante.

El efecto es por lo general más duro que la causa, y yo no puedo ser culpado.
El trueno es más terrible y duro que el hueso de donde se origina, y el hierro más que la piedra.

Atada a este cuerpo nacido de Kaikeyi, mi vida miserable es muy desafortunada.
Si sigo amando la vida, a pesar de estar separado de mi amado hermano, todavía me queda mucho por ver y oír.
Kaikeyi ha mandado a Lakshmana, Rama y Sita al exilio y le ha hecho un favor a su esposo, enviándole a la morada de los inmortales.
Ella misma ha causado su viudedad e infamia, y ha llenado a todos de dolor y aflicción; a mí me ha reservado felicidad, buena reputación y un reino hermoso, y así ha servido a los intereses de todos.

Ya no puedo esperar más; por si fuera poco, vosotros queréis proclamarme rey.
Ya que he venido a este mundo a través del vientre de Kaikeyi, no es del todo inapropiado para mí.
Dios mismo lo ha hecho todo por mí; ¿por qué, entonces, os empeñáis todos en ayudarme?

Si un hombre está poseído por un mal espíritu, tiene delirios ha sido picado por un escorpión, y se le da una copa de vino, ¿qué clase de remedio es ése?

Dios en su sabiduría me ha dado en este mundo todo lo que merezco siendo hijo de Kaikeyi.
Pero también me ha dado el honor de ser hijo del rey Dasaratha y hermano menor de Sri Rama.
Todos me pedís que acepte el trono y me decís que la orden del rey es buena para todos.
¿Cómo voy a responder a todos individualmente?

Que cada uno diga lo que le plazca. Pero decidme, ¿quién puede decir que lo hecho está bien?
Hay algún ser en esta creación, aparte de mí mismo, ¿que no ame a Sita y Rama como a su propia vida?
Lo más vano de todo os parece el mayor tesoro; esta es mi desgracia y no culpo a nadie por ello.
Estáis atrapados en la duda, bondad y afecto, y todo lo que decía está bien.

La madre de Sri Rama, Kausalya, es inocente de corazón y me ama en un grado supremo.
Al verme apenado, ha dicho todas esas cosas impulsada por un cariño natural.

Mi Guru Vasistha, como todo el mundo sabe, es un océano de sabiduría; el universo es como una ciruela en la palma de su mano.
Incluso él está haciendo preparativos para mi coronación cuando el Destino es adverso, todos se vuelven hostiles.
Excepto Sri Rama y Sita, nadie en este mundo dirá que este plan no contó con mi aprobación.
Debo escuchar y soportar todo esto con ecuanimidad, pues dondequiera que hay agua, también debe haber barro.
No tiemblo al pensar que el mundo me llamará ruin, y el otro mundo tampoco me preocupa mucho.
Sólo hay una angustia terrible que aqueja mi corazón: que Sita y Rama pasen penalidades por mi culpa.
Lakshmana ha recogido el premio de su existencia, pues olvidándose de todo, ha fijado su mente en los pies de Sri Rama.
Y en cuanto a mí, nací para desterrar a Sri Rama; y me lamento en vano, pues soy un miserable.

Me inclino ante todos vosotros y os confieso mi terrible amargura.
A menos que contemple los pies de Sri Rama, la agonía de mi alma no desaparecerá.

No encuentro otro remedio. ¿Quién sino el Rey de los Raghus sabe lo que pasa en mi corazón?
Sólo hay una decisión en mi corazón: al amanecer iré a ver al Señor.
Aunque soy un vil ofensor y estoy en la raíz de todos los males, cuando el Señor me encuentre en actitud suplicante, perdonará todas mis faltas y derramará su preciosa gracia sobre mí.
El Señor de los Raghus es la encarnación de la bondad, mansedumbre, extrema inocencia, compasión y amor.
Sri Rama nunca insulta, ni siquiera a sus enemigos, así que a mí tampoco me despreciará, pues sólo soy un niño, un siervo, aunque le sea hostil.
Así pues, permitid que me vaya y bendecidme sabiendo que será por mi bien, ya que al escuchar mi súplica y reconocerme como su siervo, Sri Rama podrá volver a su capital.

Aunque he nacido de una madre cruel, y yo mismo soy culpable y orgulloso, tengo confianza en Sri Rama y sé que nunca me abandonará, pues sabe que soy suyo."

Las palabras de Bharata agradaron a todos, llenas como estaban de néctar de la devoción a Sri Rama.
Los que habían bebido el veneno mortal de la separación de Sri Rama se estremecieron al oír este encanto contra el veneno.
Todos estaban emocionados. Alababan a Bharata una y otra vez diciendo:
"Tu cuerpo es la personificación misma del amor a Sri Rama. No es extraño que hables así ya que Rama te ama como a su propia vida.
El hombre ignorante que te odia por la perversidad de tu madre, morará en el infierno durante cien Kalpas con millones de sus generaciones pasadas.
La gema de la cabeza de una serpiente no se ve afectada por los pecados y faltas de la serpiente, sino que contrarresta el pecado, la pena y la indigencia.

Bharata, has concebido un buen plan; vayamos al bosque donde está Rama.
Nos has tendido una mano cuando nos estábamos ahogando en un océano de dolor."

Todos sentían tanta alegría como cuando los pájaros Chataka y los pavos reales oyen el trueno.
Cuando la gente se enteró de que Bharata había decidido salir a la mañana siguiente, comenzaron a amarle como a sus propias vidas.
Después de reverenciar al sabio y postrarse ante Bharata, se despidieron, dirigiéndose a sus respectivos hogares alabando camino su bondad, y exclamando:
"Bendita sea la vida de Bharata en este mundo!"
Y se decían unos a otros: "Algo grande se ha cumplido".
Todos hacían preparativos para el por viaje.
Quienes se quedaban atrás diciendo: "Debéis quedaros para guardar la casa", sentían que eran golpeados en el cuello.
Alguien dijo: "Nadie debe ser obligado a quedarse. ¿Quién no quiere alcanzar el objeto de su existencia?
Que perezca toda propiedad, casa, felicidad, amigo, padre, madre o hermano que no nos ayude a dirigirnos a los pies de Sri Rama!"
Preparaban toda clase de vehículos, y su alma se regocijaba al pensar en salir a la mañana siguiente.

Al llegar a sus aposentos, Bharata pensó:
"La ciudad, caballos, elefantes, casas y tesoros, todo le pertenece al señor de los Raghus.
Si lo abandono sin protección, el resultado no será bueno para mí, pues la falta de lealtad hacia el maestro es el mayor pecado.
El siervo es aquel que sirve a los intereses de su maestro, aunque alguien le atribuya millones de errores
".

Pensando así, reunió fieles siervos que nunca habían soñado en abandonar su deber.
Confiándoles todos los secretos, les enseñó su principal deber y les encargó el trabajo por el que debían permanecer allí.
Luego Bharata fue a ver a la madre de Sri Rama, Kausalya.
Sabiendo que las madres estaban afligidas, Bharata, que comprendía sus sentimientos de amor, ordenó que se preparasen palanquines y se equiparan sillas de manos.
Afligidos como los pájaros Chakrawaka, los hombres y mujeres esperaban con ansiedad el amanecer.
Permanecieron despiertos toda la noche hasta la salida del Sol; entonces Bharata reunió a sus sabios consejeros y les dijo:
"Coged todo lo necesario para la ceremonia de la entronización: el sabio Vasistha coronará a Sri Rama, aunque sea en el bosque. Hacedlo todo rápidamente".

Al oír esto, los ministros le saludaron e inmediatamente equiparon los caballos, carros y elefantes.
Llevando consigo a su esposa Arundhati y todo lo necesario para las oblaciones del fuego sagrado, Vasistha fue el primero en subir a la carroza a la cabeza de todos.
Numerosos brahmanes seguían en vehículos de diversas clases.
Luego se guía la gente de la ciudad. Y todos se dirigieron a Chitrakuta.
Las reinas viajaban en palanquines preciosos.

Dejando la ciudad al cargo de leales siervos y enviando a toda la comitiva por delante, los dos hermanos, Bharata y Satrughna, partieron en último término, pensando en los pies de Rama y Sita.

Anhelantes de ver a Rama, todos corrían con el mismo deseo que tienen los elefantes cuando persiguen el agua.
Dándose cuenta en sus corazones de que Sita y Rama estaban en el bosque, la gente se emocionaba y desmontaban, dejando caballos, elefantes carrozas.
Acercándose a Bharata, la madre de Sri Rama paró su palanquín a su lado y le habló diciendo:
"Te pido por mi vida que montes en el carro, querido hijo; si no, todos nuestros seres queridos tendrán problemas.
Sí tú vas a pie, todos los demás te seguirán, y sabes que están muy desgastados por el dolor y a duras penas podrán caminar".

Obedeciendo su orden e inclinándose ante ella, los dos hermanos montaron en su carroza y siguieron el viaje.
Pararon el primer día a orillas del Tamasa y el siguiente a orillas del Gomati.
Algunos se alimentaban de leche y otros de frutas; otros comían por la noche.
Renunciando a ornamentos y lujos, hacían promesas y ayunos por amor a Sri Rama.
Después de parar a orillas del río Sai, reanudaron el viaje al amanecer y se acercaron a Srngaverapura.

Cuando el jefe Nisada oyó toda la historia, pensó:
"Qué motivo puede tener Bharata para viajar al bosque?
Debe hacer concebido algún plan maléfico. Si no tuviera malas intenciones, ¿para qué ha traído un ejército?
Debe haber pensado que, después de matar a Rama y Lakshmana, podrá reinar con paz y felicidad.
Pero Bharata no ha tenido en cuenta las máximas del sentido común.
La última vez se debió encontrar con algunos problemas, pero ahora se enfrentará con una muerte segura.
Aunque todos los guerreros entre los dioses y demonios se unan en contra de Sri Rama, no podrán vencerle en la batalla.
Pero, qué maravilla que Bharata se comporte como lo está haciendo, pues, después de todo, las plantas venenosas no pueden dar frutos tan dulces!"

Reflexionando así, Guha dijo a los suyos: "Estad alerta; reunid los botes y hundidlos, y bloquead los peldaños que llevan a orillas del río.
Preparaos para la muerte. Voy a encontrarme con Bharata a cuerpo abierto y mientras yo esté vivo, él no cruzará el Ganges.
¡Morir en la batalla, y además a orillas del Ganges; y por si fuera poco, ofrecer este cuerpo a Sri Rama!
Bharata es hermano de Sri Rama, y además, rey, mientras que yo soy un humilde servidor.
Sólo por muy buena suerte se puede tener una muerte como ésta.
Por la causa de mi maestro lucharé en el campo de batalla e iluminaré las catorce esferas con mi gloria.
Voy a entregar mi vida por el bien de Sri Rama, y recogeré hermosos frutos.
Si gano la batalla, habré hecho servicio a mi maestro, y si muero, alcanzaré la morada eterna del Señor y su constante servicio.
El que no se halla entre los virtuosos ni entre los devotos de Sri Rama, vive en vano en este mundo; es un peso para la Tierra y un hacha para la juventud de su madre."

El jefe Nisada, con el corazón muy turbado, animó a todos, y fijando su mente en Sri Rama, pidió que le dieran su carcaj, arco y malla.

"Apresuráos, hermanos, y preparadlo todo; que nadie se asuste al oír mi orden."

"Muy bien, señor", respondieron todos alegremente, y así se animaban unos a otros. Luego, los Nisadas se fueron; eran todos valerosos y les gustaba la lucha.
Invocando los pies de loto de Sri Rama, tensaron sus arcos, se colocaron el casco en la cabeza, y prepararon el hacha y la lanza.
Algunos saltaban con tanta agilidad que parecían moverse por el aire.
Y Guha les amonestó una vez más diciendo: "Ofreced vuestra vida, hermanos; hoy tenéis una gran oportunidad".
Y los guerreros exclamaron a una: "¡Ten paciencia, gran jefe! Por la majestad de Sri Rama, y por tu poder, no dejaremos a ningún guerrero ni caballo vivo en las filas enemigas. Y mientras vivamos no retrocederemos."

El jefe Nisada entonces gritó: "Golpead los tambores marciales!" Y mientras decía esto, alguien estornudó a su izquierda.
Y los aplacadores dijeron: "El estornudo proviene de un lugar favorable. El resultado de la batalla será bueno".
Un anciano pensó en el significado de ese signo y exclamó:
"Vayamos al encuentro de Bharata, no habrá lucha. Bharata viene para convencer a Rama de que regrese.
El signo nos dice que no habrá discordia".

Al oír esto, Guha dijo: "El anciano dice bien. Los locos actúan precipitadamente y se arrepienten.
Si luchamos sin conocer las intenciones de Bharata, nos perjudicaremos a nosotros mismos.
Juntaos y bloquead el camino hasta que vea a Bharata y sepa qué desea hacer.
Cuando esté seguro de su actitud actuaré de acuerdo a eso.
Probaré su amor y su amistad; pues el odio y el amor no se pueden disfrazar, aunque uno lo intente."

Entonces comenzó a reunir objetos para hacer un regalo, y mandó recoger bulbos, raíces, frutas, aves y ciervos.
También trajeron cargas de peces gordos y maduros de la especie Pathina.
Lleno de regalos, se dirigió a encontrarse con Bharata.

En cuanto vio al jefe de los sabios, Vasistha, se postró ante él desde lejos.
El sabio, que sabía que era amigo de Sri Rama, le dio sus bendiciones. Y le habló de él a Bharata.
Al ver que era amigo de Sri Rama, Bharata se bajó del carro y avanzó hacia él con el corazón desbordante de amor.
A su vez, Guha mencionó su ciudad, casta y nombre, y le saludó, poniendo su cabeza en el suelo.

Entonces Bharata le levantó y le abrazó. Sentía que se había encontrado con Lakshmana, y no podía contener la emoción de su corazón.
Bharata le abrazo con gran cariño. Elevando al cielo un grito jubiloso los dioses le alababan y le arrojaban flores.
"Este hombre vale tan poco a los ojos del mundo y de los Vedas que uno debe bañarse después de cruzarse con su sombra. Sin embargo, el hermano menor de Sri Rama, Bharata, le ha recibido con un fuerte abrazo, temblando de alegría.
Todos los pecados desaparecen de aquel que pronuncia el nombre de Rama, aunque sea bostezando.
Este hombre fue abrazado por el mismo Sri Rama, que derramó sobre él y su familia el poder de santificar al mundo entero.
Decidme, ¡quién no se colocaría en ese lugar donde el agua del Karmanasa se une con el río celestial Ganges!
Todo el mundo sabe que Valmiki se volvió como Brahma, Dios mismo, repitiendo el nombre Rama al contrario: Mara.
Hasta un paria, un Sabara, un Khasi o un bárbaro se santifican y se glorifican en todas las esferas pronunciando el nombre de Rama.
Esto no es nada nuevo. Ha sido así siempre. ¿Quién no ha sido elevado al estar en contacto con el Héroe de los Raghus?"

Los dioses glorificaban así el nombre de Sri Rama y el pueblo de Ayodhya se regocijaba al oír las alabanzas.
Después de encontrarse con el amigo de Sri Rama, Guha, Bharata le preguntó con cariño por su salud, bienestar y felicidad.
Al ver la amabilidad y afecto de Bharata, el Nisada se olvidó completamente de sí mismo.
En su alma creció la timidez, el amor y el gozo, y se quedó contemplando a Bharata sin pestañear.
Recobrándose, se postró una y otra vez a los pies de Bharata, y con las manos unidas le dijo:
"Ahora que he contemplado tus pies de loto, que son la fuente de la felicidad, me considero supremamente afortunado por todo el tiempo que he vivido.
Y ahora, mi señor, por tu suprema gracia mi salvación queda asegurada por millones de generaciones.
Al acordarme de mis actos y mi descendencia, por un lado, y ver la grandeza del Señor por el otro, puedo decir que aquel que no se dedica a los pies de Sri Rama queda engañado en este mundo.

Siendo tan falso, cobarde, malvado y de tan baja cuna como soy, despojo de la sociedad y rechazado por los Vedas, me he convertido en el ornamento de este mundo desde el momento en que Sri Rama me tomó para sí."

Viendo su afecto y oyendo su humilde sumisión, el hermano menor de Bharata, Satrughna, le abrazó.
El jefe Nisada saludo a todas las reinas en términos respetuosos, dirigiéndose a cada una por separado.
Y ellas, tratándole igual que a Lakshmana, le bendijeron diciendo: "Que vivas feliz millones de años".
Los hombres y mujeres de la ciudad se alegraban al ver al jefe Nisada como si vieran a Lakshmana, y decían: "Con toda seguridad ha cumplido el propósito de su existencia cuando nuestro amado Rama le tomó en sus brazos".

Al oírles alabar su buena suerte, el jefe Nisada les condujo con el corazón alegre.
Al recibir una señal de él y conociendo la voluntad de su maestro, todos los presentes se dispersaron; y al llegar a sus viviendas, al pie de los árboles, estanques, huertos y arboledas, hacían espacio para que se alojaran los huéspedes.

Cuando Bharata contempló la ciudad de Srngaverapura, todos sus miembros quedaron sobrecogidos por la emoción.
Apoyándose en el jefe Nisada, tenía un aspecto bellísimo; parecía que la mansedumbre y el amor hubieran tomado forma viva.
De este modo Bharata fue con todo su ejército y vio el río Ganges, que purifica al mundo entero.
Se postró ante el lugar donde Sri Rama se había bañado y dijo Sus oraciones; y su alma quedó tan extasiada como si hubiera visto a Sri Rama en persona.
Los hombres y mujeres de la ciudad se postraban y se alegraban al ver el río divino.
Sumergiéndose en el río suplicaban con las manos unidas ser favorecidos con el amor por los pies de Sri Ramachandra.

Bharata exclamó:
"¡Madre Ganges! tus arenas son deliciosas para todos, llenas de abundancia para tus devotos.
Por tanto, te pido una sola cosa: que me des amor por los pies de Sita y Sri Rama
".

Después de bañarse en el Ganges y recibir las órdenes de su Guru, Bharata levantó las tiendas.
La gente se alojó en diferentes lugares y Bharata se preocupó por todos.
Después de adorar a los dioses y despedirse de ellos, los dos hermanos, Bharata y Satrughna, se acercaron a la madre de Sri Rama, Kausalya.
Bharata presentó sus respetos a todas las madres acariciándoles los pies y hablando a cada una con dulzura.
Luego confió a su hermano el servicio de cuidarlas, llamó al jefe Nisada y fue de la mano con él, desbordando amor.
Le pidió a su amigo que le mostrase el lugar, para calmar de alguna manera la agonía de sus ojos y su alma, donde Sita, Sri Rama y Lakshmana habían dormido por la noche.
Mientras hablaban sus ojos se llenaban de lágrimas.
El jefe Nisada se entristeció al oír a Bharata y enseguida le llevó al lugar donde el Rey de los Raghus había descansado bajo un árbol Asoka. Y con gran amor y reverencia, Bharata se postró allí.

Al ver un hermoso montoncito de hierba Kusa, lo rodeó en dirección de las agujas del reloj.
Colocó el polvo de las huellas de Sri Rama en sus ojos con un amor tan puro que no se podría describir con palabras.
Y vio unas pocas lentejuelas de oro que colocó sobre su cabeza, tratándolas como a Sita.

Con lágrimas en los ojos y el corazón lleno de aflicción, le habló dulcemente a su amigo:
"Estas lentejuelas han perdido su encanto y su brillo por estar separadas de Sita, igual que el pueblo de Ayodhya está sumido en la amargura.
¿Con quién comparare a su padre, Janaka, maestro del ascetismo y la alegría en este mundo?
Y ella tenía por suegro al rey Dasaratha, sol de la raza solar, envidia del mismo señor del paraíso, Indra.
Y su amado señor es el Señor Sri Rama, por cuya gloria todos obtienen grandeza.

Al contemplar el lecho de Sita, joya entre las mujeres virtuosas entregadas a su señor, mi corazón no se rompe de dolor; Dios mío, es más duro que el diamante.

Y mi hermano menor, Lakshmana, es tan bello y digno; nunca hubo, hay ni habrá hermano así.
Amado por el pueblo y por sus padres, Sita y el Héroe de los Raghus lo quieren como a su vida.
Su cuerpo es delicado y su actitud tierna, y nunca ha sido expuesto a los vientos tropicales; sin embargo, está soportando todo tipo de penalidades en los bosques.

En cuanto a Sri Rama, ha iluminado al mundo al nacer en él; Él es un océano inmenso de belleza, bondad y gozo.
Las acciones de Sri Rama son el deleite del pueblo de Ayodhya y de su propia familia, y sobre todo de su preceptor y sus padres.
Incluso sus enemigos le alaban, pues él roba el corazón con sus agradables palabras y gestos y con la modestia de su comportamiento.
Millones de Saradas y cientos de millones de Sesas son incapaces de describir las virtudes del Señor.

Esa joya del linaje Raghu, personificación de la dicha y mina de alegría y bendiciones, duerme en el suelo sobre la hierba Kusa.
Realmente los caminos de la Providencia son inexorables.
Sri Rama nunca había oído hablar del sufrimiento: el rey, nuestro padre, le cuidaba como al árbol de la vida.
Todas las madres le mimaban día y noche igual que los párpados protegen los ojos o la serpiente guarda la gema en su cabeza.
Ese mismo Rama vaga ahora por el bosque a pie, alimentándose de bulbos, raíces, frutos y flores.

Maldita esa Kaikeyi, mi madre, raíz del mal, que se volvió hostil a aquel que era lo más precioso de su vida, su propio esposo.
Y dos veces maldito sea mi miserable ser, océano de pecado y ocasión de todo mal.
Dios me creó para ser la mancha de la familia y mi malvada madre me ha hecho enemigo de mi maestro.
"

Al oír esto el jefe Nisada le consoló amorosamente diciendo:
"Por qué te lamentas en vano?
Sri Rama es muy querido por ti, y tú eres querido por Él: esto es indudable; y la causa del mal se encuentra en la adversidad del destino.

Crueles son sin duda los resultados de un destino adverso que llevaron a Kaikeyi a la locura.
El Señor te alabó aquella noche sin cesar. Tulsidas dice que no hay otro tan supremamente querido por Rama como tú; yo puedo jurarlo.
Por tanto, estate seguro de que todo estará bien al final, y reanima tu corazón.

Sri Rama conoce todos los corazones; Él es encarnación de ternura, afecto y compasión.
Considerando esto y recobrando tu valor, ve y descansa."

Bharata se consoló con las palabras de su amigo y se dirigió hacia su aposento con la mente concentrada en el Héroe de los Raghus.
Al recibir las noticias, los hombres y mujeres de la ciudad salían a ver el lugar donde Sri Rama había dormido una noche, muy apenados en su corazón.
Caminando alrededor del lugar, se postraban y culpaban a Kaikeyi.
Las lágrimas corrían por sus mejillas y reprochaban al destino cruel.
Algunos alababan el amor de Bharata, y otros decían que el rey se merecía su afecto.
Se lamentaban de ellos mismos y alababan al jefe Nisada; ¿quién podría describir su confusión y su dolor?
Así pasaron toda la noche en vigilia y al amanecer comenzaron a cruzar el río.
El Guru subió a un hermoso bote, y todas las madres a otro.
En hora y media todos habían pasado. Cuando Bharata bajó, se aseguró de que todos habían llegado.

Después de realizar sus prácticas matutinas, Bharata adoró los pies de sus madres, se postró a su preceptor, y enviando por delante a un grupo de Nisadas, toda la comitiva se puso en marcha.
Puso al jefe Nisada al frente de la caravana, luego seguían los palanquines que llevaban a las reinas-madre, y llamando a su hermano menor, Satrughna, le dijo que les escoltara. Luego siguió el Guru con los otros brahmanes.
Entonces Bharata presentó su obediencia al río celestial, invocó a Sita, Rama y Lakshmana, y partió a pie, mientras que a su lado iban caballos llevados por las bridas.
Una y otra vez sus leales siervos decían: "Te rogamos, señor, que montes tu caballo".

"Sri Rama ha ido a pie, y vosotros me dais carros, elefantes y caballos.
Lo que en realidad tendría que hacer es andar con la cabeza en el suelo, pues el deber del siervo es más duro que cualquier otro.
"

Al ver su comportamiento y al oír sus sabias palabras, sus siervos se encogían con un sentimiento de denigración
Bharata cruzó la frontera de Prayaga por la tarde; y, rebosante de amor, gritaba: "¡Rama, Sita! ¡Rama, Sita!"

Las ampollas de las suelas de sus pies brillaban como gotas de rocío sobre un capullo de loto.
Todo la comitiva estaba apenada al oír que Bharata había caminado todo el día a pie.
Después de realizar sus abluciones, se dirigió a la confluencia del Ganges, el Yamuna y Saraswati, y se rindió ante aquel lugar.
Se bañó en las aguas multicolores con toda ceremonia, y veneró a los brahmanes concediéndoles regalos.

Al ver aproximarse las olas negras y blancas, Bharata sintió un estremecimiento de gozo y oró así con las manos unidas:
"Tú eres el dador de todos los objetos deseados, oh rey de los lugares sagrados; tu gloria es conocida en los Vedas y se manifiesta por todo el mundo.
Abandonando la conducta que como Ksatriya yo debo seguir, te pido limosna.
¿Qué acto vil hay ante el cual un alma afligida sea ignorada?
Considerando esto en su supremo corazón, los sabios y generosos dadores responden a la plegaria del que suplica.

Yo no persigo la riqueza ni el mérito religioso. No deseo los placeres sensuales ni el estado de paz perfecta y perpetua.
Vida tras vida déjame tener devoción por los pies de Sri Rama. Esto es lo único que te pido y nada más.

Que Sri Rama me tome por malvado, y que la gente me considere enemigo de mi preceptor y maestro.
Pero haz que por tu gracia mi devoción por los pies de Sri Rama y Sita crezca día tras día.
La nube puede negar al pájaro Chataka toda su vida, y al pedirle agua puede que le descargue truenos y granizo.
Pero si el pájaro cesa de llamar a la nube perderá la estima de todos. Solamente ganará si aumenta su amor por esa nube.

Igual que el oro se vuelve más brillante al ponerse en el fuego, el amante brilla siendo fiel al lazo de devoción que le ata a los pies de su amadísimo señor.
"

En respuesta al ruego de Bharata, salieron del río estas palabras dulces y bienhechoras:
"Querido Bharata, tú eres piadoso y tu amor por los pies de Sri Rama es ilimitado.
En vano elaboras pensamientos negativos en tu mente, para Rama no hay nadie tan amado como tú".

Un estremecimiento corrió por el cuerpo de Bharata y su alma se regocijó al oír las agradables palabras de la divinidad del río. Exclamando "¡Bharata es digno de alabanzas, gloria a el!", los dioses hacían caer flores del cielo.

Los habitantes de Prayaga, rey entre los lugares sagrados, incluyendo anacoretas, estudiantes religiosos, padres de familia y reclusos, eran arrebatados de gozo.
Y reunidos en grupos de cinco a diez se decían: "El afecto y bondad de Bharata es inocente y auténtico".
Al oír hablar de las encantadoras virtudes de Sri Rama, Bharata llegó hasta el gran sabio Bharadwaja.
El sabio le vio postrado ante él y le miró como la personificación de su buena suerte.
Corriendo y levantándole el sabio le abrazó y le bendijo.
Bharata se sentó al lado del sabio con la cabeza baja, como si fuera a correr y esconder la cara lleno de vergüenza.
Se sentía muy preocupado al pensar que el sabio le podía hacer alguna pregunta.
Viendo su bondad y confusión, el sabio le dijo:
"Escucha, ¡Bharata! Ya lo sé todo; pero nosotros no podemos controlar el curso del Destino.
No estés triste por lo que ha hecho tu madre. No es culpa de Kaikeyi, hijo querido.
Fue la diosa del lenguaje la que confundió su mente.

Nadie lo aprobaría, aunque yo lo dijera, pues los sabios reconocen la opinión del mundo y el juicio de los Vedas.
Sin embargo, al cantar tu gloria inmaculada, tanto el mundo como los Vedas serán exaltados.
Todo el mundo dice que de entre los hijos de mi rey, consigue el trono aquél a quien su padre se lo concede.
El rey, que por encima de todo era fiel a su promesa, te hubiera llamado y te hubiera concedido el trono, y esto le hubiera dado alegría, méritos y gloria.
Pero la raíz de todos los males fue el exilio de Rama al bosque, y el universo entero sufrió al saberlo.
Sin embargo, fue deseo del destino, y la malvada reina Kaikeyi se arrepiente ahora de lo que hizo.
Pero el que te atribuya la menor culpa a ti es vil, ignorante y malvado.
Aunque aceptaras la soberanía no tendrías culpa alguna y hasta Rama se alegraría de ello.

Pero lo que has hecho ahora es excelente, tu postura es justa, pues la devoción a los pies de Sri Rama es la raíz de todos los bienes de este mundo.

Y ésa es tu riqueza y tu vida, tu aliento vital.
¿Quién, entonces, es más agraciado que tú?
Sin embargo, en tu caso no es extraño que así sea, ya que eres hijo del rey Dasaratha y amado hermano de Rama.

Te digo, Bharata, para el Rey de los Raghus no hay nadie tan querido como tú.
Lakshmana, Rama y Sita te alaban y te recuerdan toda la noche.
Llegué a descubrir ese secreto cuando se bañaban en Prayaga; se sentían desbordantes de amor por ti.
El Rey de los Raghus tiene por ti el mismo amor que el loco tiene por la vida mundana y disoluta.
Esto no es extraño en el Héroe de los Raghus que todo aquel que suplica.

En cuanto a ti, Bharata, yo creo que tú eres la encarnación del amor a Rama.
Lo que para tu mente es un error tuyo, para nosotros es una gran lección.
Y esta ocasión ha sido muy apropiada para que aumente nuestra devoción a Sri Rama.

Tu gloria es como una luna inmaculada, y los devotos de Rama son como lirios de agua que sólo se abren por la noche, y pájaros Chakora, amantes igualmente de la Luna.
Tu gloria siempre permanecerá por encima del horizonte y nunca se desvanecerá y siempre brillará en los cielos de este mundo.
El pájaro Chakrawaka, que representa a los tres mundos, tendrá un gran amor al sol de tu gloria, y la gloria del Señor nunca le robará su propio esplendor.
Deleitará a todos de día de noche, y el demonio Rahu y los actos de Kaikeyi nunca la eclipsarán.
Está llena de néctar y amor hacia Rama y no puede ser tocada por ninguna mancha que provenga de una acción contra el Guru.
Que los devotos de Rama gusten ahora ese néctar ya que tú se lo has hecho tan fácil y accesible.
De tu antepasado, el rey Bhagiratha, bajó el río celestial, que pensando en él se llega a la fuente de todos los bienes.
En cuanto a las virtudes de Dasaratha, son tantas que no se pueden describir.
¿Qué más puedo decir de él? No había nadie como él en el mundo.

Atraído por su afecto y mansedumbre, Sri Rama mismo apareció en la Tierra -Rama a quien ni siquiera Shiva ha visto con Sus ojos mentales para dicha de Su corazón.

Tú has creado la luna sin par de tu gloria, que lleva la figura de un ciervo, el amor a Rama.
Querido hijo, tu corazón se siente apenado sin razón, temes la pobreza después de haber encontrado la piedra filosofal.
Escucha, Bharata -no te digo mentiras, soy un asceta que vive en el bosque y no tengo ningún interés en este mundo-, y te digo que obtuve la magnífica recompensa de todas las prácticas espirituales cuando vi a Lakshmana, Rama y Sita.
Y la recompensa de esa misma recompensa es verte a ti, por lo cual, no sólo yo, sino todo Prayaga debe felicitarse.
Bharata, mereces todas las alabanzas, pues con tu gloria has conquistado el mundo entero."

Al terminar su discurso, el sabio rebosaba de amor.
Los allí reunidos se regocijaban al oír sus palabras, los dioses aclamaban a Bharata y hacían caer flores sobre él.
Bharata, al oír los vítores en los cielos y en Prayaga se llenó de emoción.

Sintiendo un estremecimiento de gozo en todo su cuerpo, con el corazón lleno de Sita y Rama, y sus ojos de loto llenos de lágrimas, se postró ante los sabios y les dijo con la voz ahogada por la emoción:
"Aquí hay una asamblea de sabios, y estamos en un lugar conocido como rey de los lugares sagrados.
Muy dañado saldrá el hombre que afirme un hecho con juramento en un lugar así.
Y si alguien miente, no habrá pecado mayor que ése.

Hablo la verdad pues sé que sois sabios, y el Señor de los Raghus tiene acceso a los rincones más alejados del corazón.
No siento ningún dolor por lo que mi madre ha hecho ni me preocupa el pensar que el mundo me considerará despreciable.
No temo arruinar mi vida futura ni me aflige la muerte de mi padre, cuyas buenas obras y renombre brillan por todo el universo, que tuvo por hijos a Lakshmana y Sri Rama, y que abandonó su frágil cuerpo por estar separado de Sri Rama.
No puedo lamentarme por él. Lo que me duele es que, vestidos de ermitaños, Sri Rama, Lakshmana y Sita, vagan por el bosque con los pies desnudos.

Vestidos con pieles de ciervo, alimentándose de frutas, descansando en lechos de hierba Kusa y hojas, y parando bajo los árboles, están expuestos al frío y el sol, la lluvia y la tormenta.
Es esta agonía ardiente la que consume mi pecho; por ello no tengo hambre durante el día ni duermo por la noche.
No hay remedio para esta enfermedad; ya lo he buscado mentalmente en todo el mundo.
El consejo maléfico de mi madre fue como un carpintero lleno de pecado que usó mis intereses como sierra, y de una madera deplorable construyó un objeto destructivo, y pronunciando el maleficio terrible del exilio de Sri Rama durante catorce años, lo envió a la tierra de Ayodhya.
Sólo por mi bien puso ella en práctica ese infame plan y causó la ruina del mundo entero.
Esta calamidad terminará sólo cuando Rama regrese; si no, Ayodhya no volverá a vivir.
"

El sabio Bharadwaja se sintió complacido al oír a Bharata y todos le aplaudieron.
"No te entristezcas tanto, querido hijo; todas tus penas desaparecerán en el momento en que contemples los pies de Sri Rama."

Después de consolarle así, el jefe de los sabios, Bharadwaja dijo:
"Sé mi amado huésped y dígnate aceptar los bulbos, raíces, frutas y flores que te ofrezcamos".

Al oír al sabio, Bharata se sintió turbado, pues se veía frente a una situación muy difícil.
Luego, comprendiendo la autoridad de la orden de un anciano, adoró los pies del sabio y contestó con las manos unidas:
"Tus órdenes deben ser obedecidas a la perfección: éste es mi deber, señor".

///

Bharata y su cortejo se bañaron en el Triveni, lugar sumamente sagrado, y se inclinaron ante el sabio Bharadwaja. Bharata recibió con reverencia sus órdenes y bendiciones y le suplicó de muchas formas.

Acompañado de guías expertos y llevándose todas las huestes con él, siguió su viaje con la mente puesta en Chitrakuta.
Cogido de la mano del amigo de Sri Rama, Guha, caminaba como si fuera la encarnación del amor.
No llevaba zapatos ni sombrilla que le protegiera, y su amor, disciplina, austeridad y piedad eran inigualables.
Pidió a su amigo Guha que le informase de las andanzas de Lakshmana, Sri Rama y Sita, y Guha se lo narraba con dulzura.
Al ver los rincones donde había descansado Sri Rama y los árboles donde había parado, no pudo contener la emoción.
Los dioses que observaban su estado hacían llover flores; la tierra y el camino se volvían más agradables.

Las nubes les daban sombra y una brisa deliciosa seguía soplando.
El viaje no fue para Rama tan agradable como resultó ser para Bharata.

Los innumerables seres, animados e inanimados que veían al Señor o eran vistos por Él, habían sido llevados al estado más alto; y ahora, al ver a Bharata, se vieron libres del mal de la reencarnación.
Esto no era nada extraordinario para Bharata, amado siempre por Rama.

"Sólo con pronunciar el nombre de Rama una vez, los seres de este mundo, no sólo llegan a la otra Orilla ellos, sino que pueden llevar a otros. En cuanto a Bharata, él es profundamente amado por Rama, y es Su hermano menor.
Así que no es extraño que el viaje le sea agradable", decían los Siddhas, santos y sabios, regocijándose al ver a Bharata.

Indra, jefe de los dioses, se llenó de preocupación al ver el poder de Bharata.
El mundo es bueno para los buenos y malo para los malos.

Dijo a su maestro, el sabio Brhaspati:
"Mi señor, debemos hacer algo para impedir el encuentro entre Rama y Bharata.
Sri Rama es delicado por naturaleza y se siente atraído por el amor, y Bharata es un océano de cariño.
Lo que hemos conseguido ahora puede ser destruido; así pues, debemos encontrar algún plan como medida preventiva."

Al oír sus palabras, el preceptor de los dioses sonrió y se dio cuenta de que, aunque poseía mil ojos, en realidad Indra estaba ciego, carecía de poder de discernimiento.
Y dijo: "Si alguien engaña a un devoto de Sri Rama, es víctima de las consecuencias del engaño, oh rey de los dioses.
La última vez actuamos sabiendo que contábamos con la aprobación de Sri Rama, pero si esta vez recurrimos a algún medio injusto, seguro que nos ocurrirá algún desastre.
Escucha, oh Señor de los dioses: por naturaleza, Sri Rama no se enfada cuando se le ofende.
Pero el que peca contra Sus devotos se consume en el fuego de Su ira.
Hay una historia bien conocida tanto en el mundo como en los Vedas: el sabio Durvasa conoce esta cualidad tan preciosa del carácter de Sri Rama.

¿Ha amado alguien a Rama tanto como Bharata, cuyo nombre está siempre en los labios de Rama, mientras que el nombre de Rama es repetido por el mundo entero?

Oh señor de los inmortales, nunca albergues en tu mente ni siquiera el pensamiento de hacer fracasar el propósito de un devoto de Sri Rama, pues eso te traerá odio en este mundo, sufrimiento en el próximo y toda serie de penas en tu vida diaria.

Escucha nuestro consejo, rey de los dioses. Un devoto es supremamente querido por Sri Rama.
Él se complace con el servicio de Sus devotos y es enemigo de aquellos que les persiguen.
Y aunque el Señor es igual para con todos sin tener un amor o una ira especial hacia ninguno, y sin ser afectado por el pecado ni la virtud, y aunque Él ha hecho que el destino dirija este mundo para que todos recojamos lo que sembramos, depende de que tú poseas un corazón de devoto o de escéptico para que Él se muestre imparcial u hostil en Sus actos.

Aunque carece de atributos y está desapegado, libre de orgullo e inalterable, Sri Rama ha tomado una forma con atributos empujado por el amor de Sus devotos.
Sri Rama siempre ha respetado los deseos de Sus devotos. Los Vedas, Puranas, santos y dioses, pueden dar testimonio de ello.
Así que considerando esto, olvida tu perversidad y haz crecer tu amor a los pies de Bharata.

Los devotos de Sri Rama siempre están ocupados en hacer el bien a los demás, comparten las penas de los otros y son compasivos por naturaleza.
Y Bharata es una joya entre todos los devotos, así que no le temas, señor de los dioses.

El Señor es fiel a Su palabra y es amigo de los dioses, y Bharata obedece siempre sus Órdenes.
Tú te sientes molesto sólo porque te domina tu interés egoísta.
Bharata no es culpable de nada, tu ignorancia es la responsable de tu malestar."

Indra, jefe de los dioses, se sintió muy dichoso al oír estas preciosas palabras del preceptor celestial y la depresión de su espíritu desapareció.
Entonces, el señor de los cielos, Indra, hizo llover flores y comenzó a alabar a Bharata.

Mientras, Bharata seguía su camino, y los sabios y Siddhas se llenaban de envidia al ver su situación.
Y siempre que suspiraba pronunciando el nombre de Rama, parecía que el amor desbordaba por todos lados.
Hasta el diamante y las piedras se derretían con sus palabras; el amor de los ciudadanos era indescriptible.

Parando en un lugar el cortejo llegó a la orilla del Yamuna y los ojos de Bharata se llenaron de lágrimas al contemplar las aguas oscuras que le recordaban el cuerpo moreno de Sri Rama.
Al mirar el hermoso rio, Bharata y los suyos quedaron sumergidos en un océano de dolor debido a la separación de Sri Rama y se salvaron de ahogarse por acogerse al refugio de la discreción.

Ese día permanecieron a orillas del Yamuna; todos estaban rodeados de todo tipo de comodidades.
Durante la noche se acercaban innumerables barcos de todas variedades.
Al amanecer todo el cortejo cruzó el río de una sola vez. Todos quedaron complacidos con la hospitalidad del jefe Nisada.

Después de realizar las abluciones y de postrarse ante el Yamuna, los dos hermanos, Bharata y Satrughna, reanudaron su viaje con el señor de los Nisadas.
Al frente de la caravana y en vehículos especiales viajaban los grandes sabios: Vamadeva, Vasistha y otros, seguidos por las huestes reales.
Luego seguían los dos hermanos reales, ambos a pie; sus adornos y vestidos eran sumamente sencillos.
Iban acompañados de sus siervos, amigos y el hijo del ministro, y tenían la mente puesta en Lakshmana, Sita y Rama.
Saludaban con amor cada lugar donde Rama había acampado o descansado un rato.

Al enterarse de su venida, los hombres y mujeres que vivían a los lados del camino, dejaban sus labores y corrían tras los reales viajeros, y viendo su belleza y amor se regocijaban, seguros de haber alcanzado la recompensa de su vida.

Una mujer le dijo a otra:
"Amiga, ¿son Rama y Lakshmana o no?
Su edad, fuerza, aspecto y belleza son iguales, su amabilidad y afecto también, y su alegría se parece igualmente a la de Rama y Lakshmana.
Pero sus trajes no son iguales, y no van acompañados de Sita.
Llevan un ejército completo al frente de caballos, hombres a pie, elefantes y carros.
Además, sus rostros no reflejan felicidad y sus corazones están cargados de pena.
Esto, amiga, me hace dudar de que sean Rama y Lakshmana".

Su conversación atrajo al resto de las mujeres, que decían: "No hay nadie tan inteligente como ella".
Aplaudiéndola y admirando la exactitud de sus argumentos, otra mujer habló dulcemente, narrando todo lo referente a cómo se habían anulado las festividades de la entronización de Sri Rama.
Luego empezó a alabar la bondad, afecto, apertura y buena suerte de Bharata.

"Viajando a pie, alimentándose de frutas y abandonando la soberanía dada por su padre, Bharata se dirige a convencer a Rama para que vuelva. ¿Quién puede igualar a Bharata?

"Su amor fraternal, su devoción y conducta disipan las penas y males de aquellos que hablan y oyen hablar de ellos.
Todo lo que se pueda decir de ellos, querida amiga, será inadecuado; no es extraño que un hermano de Rama sea así.
Todas las que hemos visto a Bharata y a su hermano menor somos dignas de alabanza entre las mujeres."

Oyendo hablar de sus virtudes y viendo su lamentable estado, decían: "Seguro no es el hijo más apropiado para una madre tan cruel como Kaikeyi".
Alguien dijo:
"La reina madre Kaikeyi no tiene ninguna culpa; todo esto lo ha hecho Dios, que siempre actúa por nuestro bien.
¿Qué méritos hemos hecho nosotras, mujeres ordinarias, excluidas de los ritos védicos y civiles, impuras de nacimiento y actos, que viven en una tierra maldita y en un pueblo miserable para haber sido testigos de semejante acontecimiento que ha llenado de valor nuestra vida?"

En todos los pueblos había un regocijo similar: parecía como si en medio del desierto hubiera surgido un árbol celestial.
Al ver a Bharata se manifestaba la buena fortuna de la gente como si por voluntad de la Providencia Prayaga hubiera quedado al alcance de la gente de Simhala.

Bharata prosiguió su camino pensando en Sri Rama.
Siempre que veía aguas santas se bañaba en ellas, y cuando veía una ermita o un templo se postraba ante él pidiendo un solo don en su corazón: devoción a los pies de loto de Sita y Rama.
A todo aquel que encontraba, ya fuera un Kol o cualquier otro extranjero, o incluso un anacoreta, estudiante religioso, o un ermitaño, le saludaba y le preguntaba en qué parte del bosque se hallaba Lakshmana, Rama y la hija de Videha, Sita.

Le contaron muchos incidentes relacionados con el Señor y ellos, al ver a Bharata obtenían la recompensa de sus vidas.
Los que decían que habían visto al Señor y que se encontraba bien, le eran tan queridos como Rama y Lakshmana mismos.
Con amabilidad les preguntaba a todos y oía la historia de la vida de Sri Rama en el bosque.
Igual que Bharata, todos los que le acompañaban anhelaban ver a Sri Rama.

A todos les ocurrieron sucesos favorables. Bharata y todo su cortejo se regocijaban al pensar que podrían ver a Sri Rama y que la espada de su dolor dejaría de atormentarles.
Cada uno disfrutaba de su propia fantasía y todos quedaban embriagados por el vino del amor; perdían control sobre sus miembros, y sus piernas temblaban mientras hablaban de una manera incoherente, debido a la emoción.

El amigo de Sri Rama, Guha, señaló a Bharata la joya de las montañas Kamadagiri, hermosa por naturaleza y al lado de la cual a orillas del Payaswini vivían los dos hermanos: Rama y Lakshmana, junto a Sita.
Al percibir la montaña, todos cayeron postrados al suelo, gritando: " Gloria a Sri Rama, vida de la hija de Janaka! "

El cortejo real estaba tan desbordante de emoción que parecía que el Rey de los Raghus hubiera regresado hacia Ayodhya.

En aquel momento el amor de Bharata era mayor de lo que Sesa podría describir.
Para el poeta era algo tan inaccesible como la dicha de estar absorto en Brahma es para aquellos llenos de egoísmo y mezquindad.

Dominados por el amor que sentían hacia el Rey del linaje Raghu, habían caminado sólo cuatro millas para cuando el Sol se puso. Descubriendo un lugar adecuado con agua cerca, se detuvieron y al terminar la noche el amado de Rama reanudó su viaje.

Sri Rama se despertó durante la noche.
Aquella misma noche Sita vio en un sueño que Bharata venía con su séquito y que su cuerpo estaba atormentado por el dolor que causaba estar separado de su señor.
Todos sus acompañantes tenían el corazón apenado, mientras que le pareció que el aspecto de las madres de Rama ya no era el mismo.

Al oír el sueño de Sita los ojos de Sri Rama se llenaron de lágrimas y aquel que libera a los demás de sus penas, se llenó de aflicción. Y dijo:
"Este sueño, Lakshmana, no encierra nada bueno; alguien nos va a traer muy malas noticias".

Después se bañó con Su hermano y adorando a Shiva, Enemigo de Tripura, presentó Sus respetos a los santos.
Tras adorar a los dioses y reverenciar a los ermitaños, se sentó mirando hacia el Norte.
En el aire había polvo y muchas aves y otros animales habían echado a volar llenas de pánico, dirigiéndose hacia la ermita del Señor.

Tulsidas dice: Él se puso de pie al ver esto y Se preguntó cuál podía ser la razón.
Enseguida llegaron los Kols y Kiratas y le refirieron todo.
Al oír aquellas deliciosas palabras, se sintió desbordante de gozo.
Su cuerpo se estremeció de emoción y Sus ojos que parecían lotos de otoño, dice Tulsidas, se llenaron de lágrimas de amor.

El Señor de Sita se sentía ansioso: "¿Por qué razón vendrá Bharata?"
Entonces vino alguien y le habló así: "Bharata consigo un gran ejército de hombres a pie, a caballo, elefantes y carros".

Al oír esto, Sri Rama se sintió muy preocupado.
Por un lado tenía presente la orden de Su padre, y por otro Su consideración hacia Su hermano menor Bharata.
Al comprender en Su corazón la actitud de Bharata, el Señor no sabía a qué atenerse.
Luego se consoló pensando que Bharata era obediente, bueno y razonable.

Lakshmana vio que el Señor estaba preocupado y le habló con prudencia:
"Me atrevo, señor, a hablar sin que se me pida, pero el siervo deja de ser impertinente cuando su impertinencia no es inoportuna.
Tú, maestro mío, eres la joya de todos los sabios. Sin embargo, yo, siervo tuyo, me atrevo a expresarte lo que pienso.

Tú, maestro mío, eres amoroso y puro de corazón, y una mina de amabilidad y afecto.
Tú amas y confías en todos y sabes que todos son igual que tú mismo.

Los tontos entregados a los placeres de los sentidos se aferran a la obsesión de alcanzar el poder y revelan su verdadera naturaleza.
Bharata era justo, bueno y sabio y su devoción a los pies del Señor es conocida por todo el mundo.
Pero ahora que él ha alcanzado la posición de Sri Rama (Tú) incluso él ha transgredido los límites de la justicia.

Encontrando una situación adversa y sabiendo que estás solo en el bosque, este astuto y malvado hermano ha tramado un malvado propósito y después de hacer los preparativos necesarios ha venido a asegurar su soberanía.
Planeando todo tipo de estrategias malvadas los dos hermanos han reunido un ejército y marchado aquí.

Si no tenían ninguna intención astuta y pícara en el corazón, ¿quién querría traer carros, caballos y elefantes?
Pero ¿por qué alguien debería culpar a Bharata de nada cuando sabemos que cualquiera en el mundo se volvería loco al alcanzar la soberanía?

El dios-Luna cometió adulterio con la esposa de su Guru, el sabio Brhaspati, mientras que Nahusa montó un palanquín llevado en hombros por brahmanes; y no hubo nadie más vil que el Rey Vena, un enemigo de las buenas costumbres así como de los mandatos Védicos.

El Rey Sahasrabahu, Indra y el Rey Trisanku, ¿cuál de ellos no fue llevado al descrédito por la intoxicación del poder real?

Bharata ha recurrido a un conveniente derecho; porque uno no debe dejar rastro de su enemigo o deuda en cualquier caso.
Pero él ha cometido un error al haber despreciado a Sri Rama (tú mismo) abandonándolo.
Y ciertamente se dará cuenta de su error hoy cuando contemple la cara indignada de Sri Rama en el campo de batalla."

Mientras decía esto, olvidó su amor por la propiedad y el árbol de su espíritu belicoso estalló en flores en forma horripilante.
Adorando los pies del Señor y colocando su polvo sobre su cabeza habló, revelando su propio poder real y natural:
"Ruego que no te ofendas, mi señor, si te digo que Bharata me ha provocado bastante.
Después de todo, ¿cuánto tiempo voy a soportar esto y refrenar mi pasión cuando mi Señor (tú) está a mi lado y yo con el arco en mi mano?"

Cuando se levantó y pidió permiso para ir al encuentro de Bharata, parecía como si el heroísmo en persona hubiera despertado del sueño.
Estirándose los rizos enmarañados de su cabeza y ciñéndose el carcaj a la cintura, enderezó el arco y tomó una flecha en su mano.
Y Lakshmana dijo:
"Deja que me distinga hoy como siervo de Sri Rama y le enseñe una lección a Bharata.
Haz que los dos hermanos, Bharata y Satrughna, mueran en el campo de batalla, cosechando así el fruto de su desprecio a Sri Rama.
Está bien que se hayan reunido todos en un lugar, así me vengaré de mi ira pasada.
Igual que un león, rey de los animales, despedaza un rebaño de elefantes, igual haré yo a Bharata, a su hermano Satrughna y a todo su ejército.
Y aunque el Señor Sankara venga en su ayuda, juro por Sri Rama que le mataré".

Viendo a Lakshmana hablar con tal vehemencia y furia, y oyendo su solemne juramento, todas las esferas temblaron de temor, y todos sus gobernadores estaban deseosos de correr sobrecogidos por el pánico.
El mundo fue presa de terror, y se oyó una voz en el aire, alabando la enorme fuerza de Lakshmana:
"¿Quién puede conocer o contar, querido niño, tu poder y tu gloria?
Mas antes de hacer nada se debe pensar si está bien o mal, y así todos pueden aprobarlo.
Aquellos que actúan impulsivamente y se arrepienten después son todo menos sabios, así lo declaran los Vedas y los santos".


Al oír esta voz del cielo, Lakshmana se sintió avergonzado; pero Sri Rama y Sita le hablaron con bondad y dulzura, diciendo:
"Lo que has dicho, querido Lakshmana, es pura sabiduría, lo peor que un rey puede hacer es quedar cegado por su poder.
Pero sólo pierden el juicio aquellos gobernantes que han probado el sabor del poder y nunca han asistido a una reunión de hombres santos.
En cuanto a Bharata, te digo, Lakshmana, que en toda la Creación de Dios nunca he visto ni he oído hablar de nadie tan bueno como él.

Bharata nunca quedaría cegado por el poder real, aunque alcanzara la posición misma de Brahma, Vishnu o Shiva.
¿Acaso unas gotitas de Kanji pueden estropear unas gotitas de leche?

La oscuridad puede cubrir el sol del mediodía, y los cielos pueden quedar metidos en una nube, y hasta el sabio Agastya, del cual se afirma que bebió el océano de una sola vez, puede ahogarse en el agua que cabe en la huella que deja una pisada de vaca; la Tierra puede dejar de producir conforme a su naturaleza, y el Monte Meru puede ser arrasado por una pequeña corriente de viento que sale de la boca de un mosquito, pero Bharata nunca se dejará cegar por el poder real, oh hermano.

Lakshmana, juro por ti y por nuestro padre, que no hay hermano tan bueno e inocente como Bharata.
Dios, querido hermano, crea el mundo mezclando la leche de la bondad con el agua del mal; así pues, Bharata es un cisne, nacido en el lago de la raza solar que ha separado el bien del mal.
Eligiendo la miel del bien y descartando el agua del mal, él ha iluminado al mundo con su gloria."


A medida que el Señor de los Raghus alababa las virtudes de Bharata, se sentía invadido por un océano de amor.
Al oír las palabras de Sri Rama y al ver Su afecto hacia Bharata, los dioses aplaudieron y dijeron:
"¿Puede haber señor tan lleno de gracia como Sri Rama?
Si Bharata no hubiera nacido en este mundo, ¿quién en la Tierra habría podido hacer triunfar la causa de la virtud tan gloriosamente?
¿Quién sino tú, oh Señor de los Raghus, puede conocer las buenas cualidades de Bharata, inaccesibles incluso a la raza de los bardos?"

Al oír a los dioses, Lakshmana, Sri Rama y Sita se sintieron más deleitados de lo que puedan decir las palabras.

Allí, Bharata y todo su cortejo se bañaron en el sagrado Mandakini.
Luego, dejando a toda la gente a la orilla del río y recibiendo el permiso de sus madres, su preceptor, el sabio Vasistha y el ministro Sumantra, se dirigió al lugar donde se hallaban Sita y Sri Rama, llevando con él al jefe Nisada y a su hermano menor Satrughna.

Pensando en lo que su madre había hecho, comenzó a cavilar en su mente así:
"Al oír mi nombre, Sri Rama, Lakshmana y Sita se irán de aquí a otro lugar.
Considerándome cómplice de mi madre, ningún castigo sería suficiente.
Pero estoy seguro de que, si se mira a sí mismo, me perdonará y me acogerá con bondad.

No importa que me rechace por poseer un corazón oscuro o me dé la bienvenida y me haga su siervo, mi único refugio son los pies de Sri Rama; él es verdaderamente un maestro noble, y toda la culpa reside en su siervo (yo).
Los únicos seres del mundo que son dignos de buena fama son el pájaro Chataka y el pez, que siempre se esfuerzan en mantener fresco su voto de fidelidad y amor.
"

Perturbado con estos pensamientos, siguió su camino, con el cuerpo desvalido por la duda y el amor que sentía.
El pecado de su madre Kaikeyi parecía llevarle hacia atrás, mientras que la fuerza de su devoción le empujaba hacia delante, totalmente resuelto en su propósito.
En cuanto pensaba en la bondad de Sri Rama, sus pies aceleraban el paso.
En ese momento la alegría de Bharata se parecía a los movimientos del pez cuando es arrastrado por la corriente del río.

Al ver la ansiedad y el amor de Bharata, el jefe Nisada se olvidaba completamente a sí mismo.
Ocurrieron algunas señales de buen augurio, y el jefe de los Nisadas, después de reflexionar sobre ellas, dijo:
"La preocupación desaparece y dará paso al gozo, pero al final habrá dolor".

Bharata sabía que cada palabra de su siervo Guha era verdad, y siguiendo adelante, se acercó a la ermita.
Cuando vio el bosque y la montaña, se alegró como si fuera un hombre hambriento que consigue manjares deliciosos.

Bharata también tenía otros sentimientos, parecidos a los de la gente atormentada por el temor de calamidades, y afligida por múltiples males, así como por la mala influencia de los astros, que se sienten felices al emigrar a otro país próspero y bien gobernado.
La riqueza natural del bosque había crecido en el tiempo que Rama había vivido allí, igual que cuando la gente se regocija para poder servir a un buen rey.
El bosque era un lugar sagrado, la Discreción era su rey, y el Desapego su consejero.

Así mismo, los cinco Yamas y los cinco Niyamas eran los campeones del lugar, el Monte Chitrakuta era su capital, y la Paz y la Buena Comprensión eran como reinas virtuosas.
De esta forma el buen rey quedaba completo, poseyendo todos los miembros de un buen estado, y dependiendo como estaba de los pies de Sri Rama, su corazón estaba lleno de gozo.
Tras vencer al Rey Engaño y a todo su ejército, el Rey Discreción ejerció una soberanía indisputable en su capital, y la alegría, la prosperidad y la abundancia reinaban en todas partes.

Las moradas de los ermitaños del bosque parecían las innumerables ciudades, pueblos y aldeas del dominio real.
Las aves multicolores y las variedades de animales eran como sus incontables súbditos.
Los elefantes, leones, tigres, jabalíes, búfalos y toros ofrecían un aspecto que despertaban la admiración.
Emanando sus cualidades naturales, paseaban juntos como si fueran un ejército completo.
Fluían surtidores de agua y algunos elefantes enloquecidos lanzaban gritos; el ruido que hacían parecía el sonido de timbales. Chakrawakas, Chakoras, Chatakas, loros, cucús y cisnes creaban en conjunto un concierto alegre y agradable.
Enjambres de abejas zumbaban y los pavos reales danzaban, lo cual mostraba que en ese próspero reino todo era júbilo.
Enredaderas, árboles y briznas de hierba florecían y daban fruto, así toda la comunidad presentaba un aspecto festivo y jubiloso.

Contemplando la belleza de la colina de Sri Rama, Chitrakuta, el corazón de Bharata desbordaba de amor como si fuera un asceta que ha recogido el fruto de su penitencia y se regocija con el cumplimiento de su promesa.

Mientras tanto, el jefe Nisada corrió y trepó a un montículo, y alzando el brazo, exclamó a Bharata:
"Mi señor, mira a esos enormes y nobles árboles de Pakar, Jambu, mango y Tamala, en medio de los que se alza un hermoso y firme banyan, tan precioso a la vista, con su follaje oscuro y denso, el fruto rojo y la sombra perpetua, agradable durante todo el año, como si Dios hubiera juntado todo lo que posee una belleza exquisita y le hubiera dado la forma de una masa oscura y rosada.
Estos árboles, mi señor, se hallan cerca del río donde el Rey de los Raghus ha levantado su cabaña de hojas.
Frente a ellas verás gran variedad de plantas de albahaca que han plantado Sita y Lakshmana.
Y a la sombra del árbol banyan hay un bonito altar que Sita ha alzado con Sus propias manos de loto, donde los omniscientes Sita y Rama escuchan cada día, en medio de una multitud de ermitaños, toda clase de historias y leyendas de los Agamas-Tantras, Vedas y Puranas".

Cuando Bharata oyó las palabras de su amigo Guha y vio los árboles, las lágrimas acudieron a sus ojos.
Los dos hermanos: Bharata y Satrughna, se postraban sin parar, y hasta Sarada, diosa del lenguaje, se veía incapaz de describir su amor hacia Sri Rama.
Estaban tan felices de ver las huellas de los pies de Sri Rama como un pobre que ha tropezado con la piedra filosofal.
Llenándose la cabeza y los ojos del polvo del camino, experimentaban la misma alegría que si hubieran visto al mismo Rey de los Raghus.
Al ver el estado de Bharata, totalmente indescriptible, animales, aves y hasta criaturas inanimadas, como árboles, se llenaban de emoción.

Cegado por el amor, el amigo de Bharata, Guha, se perdió, pero los dioses le volvieron a mostrar el camino y hacían caer flores sobre él.
Santos realizados y almas en lucha se llenaban de amor al verle y comenzaron a alabar su afecto.
Si Bharata no y hubiera nacido, o si la Tierra no hubiera sido testigo de su amor, no habría sido posible convertir seres inanimados en animados viceversa.
Por el amor de los dioses en la forma de santos, el Héroe todo compasivo de la estirpe de los Raghus extrajo este néctar de amor agitando las profundidades sin fondo del alma de Bharata; y la separación de Él estaba representada por el Monte Mandara, que servía de utensilio para agitar ese océano de amor.

Los dos encantadores hermanos y su amigo Guha no podían ser vistos por Lakshmana, ya que estaban resguardados por densos matorrales.
No obstante, Bharata vio la hermosa y santa ermita de su señor, la cual era morada de todas las hermosas bendiciones.
Tan pronto como entró en ella sus penas y aflicciones desaparecieron; parecía como si un Yogui hubiese realizado la suprema verdad.

Bharata vio a Lakshmana de pie delante del Señor y contestando Sus preguntas afectivamente.
Llevaba una mata de pelo en la cabeza y tenía un manto de ermitaño ceñido en la cintura.
A su lado tenía un carcaj sujeto a la cintura y portaba una flecha en la mano y un arco que vibraba a través de sus hombros.
En el altar, en medio de una asamblea de ermitaños y santos, resplandecía Sita y el Señor de los Raghus, quien estaba ataviado con la corteza de los árboles, con una mata de pelo en la cabeza y tez morena parecía como si Rati y el dios del amor hubiesen aparecido allí en la atmósfera de la ermita.
El hacía girar Su arco y flecha entre Sus manos de loto y hubiera disipado, tan sólo con el gesto de una sonrisa, la angustia del alma de cualquiera.
En medio de un encantador círculo de ermitaños, Sita y la Luna de la raza de los Raghus brillaban como la Devoción y el Espíritu Supremo, que es la combinación de Verdad, Conciencia y Dicha, que estaban encarnados en un círculo de sabiduría.

Bharata, así como su hermano menor, Satrughna, y su amigo Guha, estaban tan embelesados que toda su alegría y tristeza, placer y dolor, estaban olvidados.

Pronunciando las palabras: "Protégeme, mi señor, sálvame, mi maestro" cayó tumbado al suelo como un tronco, Lakshmana reconoció sus amorosas palabras y en su mente llegó a la conclusión de que era Bharata que mostraba su sumisión.

Por un lado estaba el amor de un hermano mayor, Bharata, mientras que por otro, había una intensa súplica por servir a su maestro. Por ello, no podía ni mirar a su hermano Bharata ni ignorarle; tan sólo un buen poeta podría describir el estado de la mente de Lakshmana.
Puso toda su fuerza en el servicio y permaneció donde estaba, en la misma forma que un volador de cometas hubiera tirado hacia abajo una cometa que ha ascendido muy alto en el aire.
Inclinando su cabeza hacia el suelo, Lakshmana amorosamente dijo:
"Bharata se está sometiendo a ti, oh Señor de los Raghus".

Sobrecogido por la emoción, Sri Rama tan pronto como escuchó esto se puso en pie.
Su túnica voló en una dirección, y Su carcaj, arco y flechas en otra.

El Señor todo compasivo alzó a Bharata con fuerza y le abrazó en Su seno.
Cualquiera que hubiera presenciado el encuentro de Bharata y Sri Rama habría perdido totalmente la conciencia de sí mismo.
¿Cómo podría ser descrito el cariñoso encuentro?

Es igualmente inalcanzable para el poeta, en pensamiento, palabra y acto.
Los dos hermanos estaban inundados de supremo afecto; su mente, razón, intelecto y ego habían desaparecido.
Dime, ¿quién puede reflejar un amor tan noble? ¿Con qué símbolo la mente del poeta intentaría llegar a describirlo?
El firme esfuerzo del poeta se basa en el tema a tratar y en la expresión que utiliza; un bailarín regula sus movimientos en relación a la cadencia de la música que le acompaña.
Inalcanzable es el cariño de Bharata y del Jefe de la estirpe de Raghu, el cual está más allá de la comprensión de Brahma, el Creador, y Hari, el Destructor del universo.
¿Cómo pues, yo voy a poder describirlo, tan corto de inteligencia como soy?
¿Puede un instrumento templado con una cuerda hecha de especies de hierba conocidas por el nombre de gander producir buena música?

Cuando los dioses presenciaron el encuentro de Bharata y el Jefe de la estirpe Raghu se alarmaron y su corazón empezó a palpitar.
Sus seres estúpidos estaban decepcionados sólo cuando su preceptor, el sabio Brhaspati, les amonestaba, pero ahora derramaban flores y lanzaban gritos de alabanza.

Después de abrazar a Ripusudana, Sri Rama se acercó al jefe Nisada.
Con un amor sobrehumano Bharata abrazo a Lakshmana, y éste le saludo.
Igualmente, Lakshmana recibió con ansiedad a su hermano menor Satrughna, y luego estrechó contra su pecho al jefe Nisada.
Luego, los dos hermanos, Bharata y Satrughna, saludaron a los ermitaños y se complacieron en recibir sus bendiciones.

Raptados por el amor, Bharata y Satrughna se ponían en la cabeza el polvo de los pies de loto de Sita y se postraban ante Ella una y otra vez; Ella cada vez les alzaba del suelo y acariciándoles la cabeza con Su mano de loto les hacía sentar se.
Sita les bendijo dentro de Su corazón. Estaba tan desbordante de amor que perdió toda conciencia de Su cuerpo.
Cuando vieron que Sita estaba tan contenta con ellos, se vieron libres de su preocupación y los temores imaginarios de su corazón desaparecieron.
Nadie decía ni preguntaba nada; la mente estaba tan llena de amor que había cesado su actividad.

El jefe Nisada se sereno, e inclinando la cabeza sumisa mente, dijo:
"Llenos de dolor por estar separados de ti, mi señor, tus madres, las gentes de la ciudad, siervos, generales y ministros han venido con el supremo sabio Vasistha".

Cuando Sri Rama, océano de bondad, se enteró de que había venido Su preceptor, dejó a Ripusudana al lado de Sita y el todo misericordioso se dirigió hacia él, lleno de virtud y autodominio.
Al ver al Guru, el Señor y Lakshmana se sintieron arrasados de amor y se postraron en la tierra.
El jefe de los sabios corrió y los estrechó contra su pecho.
Estremecido de emoción y mencionando su nombre, el jefe Nisada también cayó postrado a cierta distancia y el sabio le abrazó como amigo de Sri Rama; parecía como si así hubiera recogido el amor esparcido por el suelo.

"Devoción al Señor de los Raghus es la raíz de las mejores bendiciones."
Con estas palabras de alabanza, los dioses arrojaban flores desde el cielo.
En este mundo no hay nadie tan vil como este hombre, sin embargo, hay alguien tan grande como Vasistha?
Al verle, el rey de todos los sabios le abrazó con mayor alegría que a Lakshmana.
Esta es la gloria que resulta de adorar al Señor de Sita.

Sri Rama, el Señor todo misericordioso y omnisciente, les encontró a todos llenos de gran inquietud, por ello, y viendo los deseos y conociendo los sentimientos que albergaban en sus corazones, Él y Su hermano menor se reunieron con todos ellos al mismo tiempo, liberándose así de su aflicción y de su terrible agonía.
Esto no fue una gran hazaña para Sri Rama: también el Sol proyectaría su reflejo en millones de jarras llenas de agua simultáneamente.
Todos los ciudadanos recibieron al jefe de los Nisadas con un corazón rebosante de amor y exaltaron su buena suerte.

Sri Rama encontró a todas Sus madres tan afligidas por el pesar como si fuesen una hilera de tiernas enredaderas que hubieran sido abatidas por las heladas.
En primer lugar saludó a Kaikeyi, y ablandó su mente con Su devoción y sincera disposición.
Se postró ante sus pies y a continuación le sorprendió atribuyéndole la culpa a la rueda del tiempo, al destino y a la Providencia.
El jefe de la estirpe de los Raghus saludó después a todas sus madres y las consoló dirigiéndose a ellas con estas palabras:
"Madre, el mundo está controlado por la voluntad de Dios; nadie debería por tanto ser culpado".

Entonces los dos hermanos, Sri Rama y Lakshmana, adoraron los pies de la esposa de su preceptor, Arundhati, así como los de todas las esposas de los brahmanes que la habían acompañado, rindiendo a todas ellas los mismos honores debidos al Ganges santo y a la diosa Gauri, Consorte de Shiva, a la par que las damas les bendecían llenas de júbilo con suaves palabras.
Tras acariciar los pies de Sumitra, buscaron su regazo al igual que un vil mendigo abrazaría a un tesoro.
Luego los dos hermanos cayeron a los pies de la madre Kausalya con todos sus sentidos inundados de amor.
La madre, con la mayor ternura, los estrechó en su regazo y los bañó en lágrimas de amor.

¿Como podría el poeta describir la alegría y el sentimiento de tal ocasión, mejor de lo que un mudo describiría el sabor de lo que ha comido?

Tras reunirse con su madre, el Señor de los Raghus y su hermano menor pidieron a su Guru que les acompañara.
Y los ciudadanos, obedeciendo las órdenes del sabio, acamparon tan pronto como vieron un lugar adecuado.
Tomando consigo unos pocos escogidos, los brahmanes, los ministros, las reinas madres y el preceptor, Bharata, Lakshmana y el Señor de los Raghus se dirigieron hacia el lugar santo.
Al llegar, Sita se arrojó a los pies de Vasistha, el mayor de los sabios y recibió las bendiciones que su mente estaba pidiendo.
No se pueden describir los cariñosos modales con los que saludó a la esposa del Guru, Arundhati, y a las esposas de los eremitas. Postrándose sucesivamente a los pies de todas ellas, Sita recibió bendiciones muy gratas para su corazón.
Cuando Sita vio a las madres de su esposo, la tierna muchacha cerró los ojos desmayándose.
Por su aspecto le recordaban a unos cisnes que hubieran caído en manos de algún cazador.

"¿Qué es lo que la malvada Providencia ha hecho?" se dijo a sí misma.
También ellas se sintieron fuertemente afligidas cuando miraron a Sita.
"Debemos soportar todo cuanto el destino nos imponga", pensaron.

Entonces la hija de Janaka sacando fuerzas de su flaqueza y con sus oscuros ojos de loto llenos de lágrimas, se acercó a las madres y las abrazó. En esos instantes, la Tierra quedó envuelta en patetismo.
Arrojándose a los pies de cada una de ellas, Sita las saludo con gran amor.
Sobrecogidas por la emoción la bendijeron en sus corazones: "¡Que sigas disfrutando de tu matrimonio!"

Al ver a Sita y a todas las reinas madres conmovidas por la emoción, el sabio Guru las invitó a sentarse.
Declarando que la naturaleza del mundo es ilusoria, el señor de los sabios pronunció unas palabras sobre temas espirituales.
Anunció después que el rey había subido al cielo y el Señor de los Raghus quedó profundamente apenado al oírlo.
Al pensar que el rey había muerto por amor hacia Él, el más firme de los firmes se sintió muy conmovido.
Al oír las desagradables noticias, crueles como el rayo, Lakshmana, Sita y todas las reinas estallaron en lamentos.
Más aún, toda la asamblea quedó sumida en el dolor, como si el rey hubiera muerto aquel mismo día.

El mayor de los sabios confortó entonces a Sri Rama, quien con todos los allí presentes se bañó en la corriente celestial.
El Señor ayunó ese día, absteniéndose incluso de tomar agua, y los demás tampoco tomaron ni una sola gota de agua a pesar de los consejos del sabio.
Al amanecer, el Señor, Deleite de los Raghus, hizo reverente y devotamente todo cuanto el sabio le pidió que hiciera.
Tras celebrar las exequias de su padre tal y como se describe en los Vedas, el Señor que era como el Sol para la oscuridad de los pecados, quedó puro de nuevo.
El Señor, cuyo verdadero Nombre es como fuego para el algodón de los pecados y cuyos pensamientos son la raíz de las mejores bendiciones, se purificó al igual que la corriente celestial se consagra al atraer hacia sí misma a otras aguas sagradas: tal es el veredicto de los santos.

Transcurridos dos días desde la purificación, Sri Rama dijo afectuosamente al Guru:
"Mi Señor, todos se encuentran en una penosa escasez, teniendo que alimentarse tan sólo de bulbos, raíces, frutas y agua. Viendo a Bharata y a su hermano menor, Satrughna, a los ministros y a todas mis madres, cada minuto que pasa se me hace como un siglo.
Os ruego por tanto que regreséis con todos a la ciudad; porque si vos estáis aquí, y el rey mi padre en el cielo, no hay nadie que cuide de la ciudad.
Ya he hablado demasiado y esto supone una grosera presunción por mi parte, ahora, Señor, haced lo que sea correcto".


"No es extraño, Rama, que hables así, siendo como eres un baluarte de virtud y una fuente de compasión.
Pero con lo apenada que está la gente, dejémosles que se consuelen disfrutando de tu presencia durante un par de días más."

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Bharata no dormía de noche ni comía de día, perturbado como estaba por una devota ansiedad, de forma semejante a como un pez en una ciénaga poco profunda se angustia por la escasez de agua.
"Fue el destino disfrazado de mi madre el que tramó esta desgracia, semejante a una cosecha de algodón ya madura, hasta para ser recolectada y que se ve acechada por alguna peste.
¿Cómo podrá llevarse a cabo la coronación de Rama?
No puedo encontrar ningún plan para asegurarme de que suceda.
A buen seguro que regresaría por obediencia a las órdenes del Guru, pero el sabio sólo pediría a Sri Rama que regresara si supiera que a Él le agradaría hacerlo.

¿El Señor de los Raghus regresaría incluso ante el ruego de su madre, pero acaso ésta se lo pedirá?
En cuanto a mí soy tan sólo su vasallo y como tal no cuento para nada.
Por si fuera poco, he caído en desgracia y la Providencia está en contra mía.
Seguir mi propia voluntad sería un gran pecado, pues el deber de un sirviente es más arduo que levantar el monte Kailasa, la morada misma de Shiva
".

Bharata no podía decidirse por ningún plan y se pasó toda la noche sumido en especulaciones.
Al romper el día se bañó, inclinó su cabeza ante el Señor e iba a sentarse a su lado cuando vinieron a buscarle de parte del sabio Vasistha.
Postrándose a los pies de loto de su preceptor y recibiendo la autorización de éste, Bharata se sentó y al rato, los brahmanes, la élite de la ciudad, los ministros y demás consejeros fueron llegando y se reunieron allí.

El mayor de los sabios, Vasistha, habló en términos adecuados a la ocasión:
"Escuchad oh consejeros, y tú, sabio Bharata: El sol de la raza solar, el rey Rama, poseedor de todas las virtudes, que no depende de nadie más que de sí mismo, es el todopoderoso.
Sri Rama es fiel a su palabra y mantiene el nivel de moralidad prescrito en los Vedas; su venida es ya por sí sola fuente de bendiciones para el mundo.
Obediente a las órdenes de su preceptor y de sus padres, arrasa los ejércitos de los perversos y es amigo de los dioses.
Nadie mejor que Rama conoce los cánones de conducta, el amor, la meta suprema de la vida, los intereses mundanos.
Brahma, el Creador, Hari el Preservador, y Hara, el Destructor del Universo, el dios de la Luna, el dios del Sol y los guardianes de las diversas tierras, Maya, el poder ilusorio de Dios, Jiva, el alma individual, las distintas formas del Karma, el residuo de las acciones, y el Tiempo Espíritu, Sesa, el señor de las serpientes, los dirigentes de la Tierra y cualquier otro poder que exista, incluyendo la realización del Yoga que se exalta en los Vedas y en otras escrituras, medítalo en tu corazón y tenlo bien en cuenta, quedan supeditados a las órdenes de Sri Rama.

Llevar a cabo las órdenes de Sri Rama y respetar sus deseos, nos beneficiará a todos.
Considerad esto, oh hombres sabios y haced aquello que unánimemente decidáis.

La coronación de Sri Rama será un gran placer para nosotros; éste es el único camino que conduce a la felicidad y la alegría.
¿Cómo podemos persuadir al Señor de los Raghus para que regrese a Ayodhya?
Pensad sobre esto y contestadme para que podamos tomar la misma resolución"

Todos escucharon con reverencia las palabras del sabio, tan llenas de prudencia y sabiduría espiritual y útiles en la misma forma desde el punto de vista mundano.
Pero no aparecía respuesta alguna: la gente se había quedado sin habla.

Entonces Bharata inclinó su cabeza y juntando palmas de las manos empezó a hablar de esta manera:
"La raza solar ha producido muchos reyes, cada uno de ellos muy superior a los demás.
Del nacimiento de todos son responsables el padre y la madre, en tanto que es Dios el que otorga el buen o mal fruto de sus acciones.
Tu bendición, como todo el mundo conoce, borra la tristeza y confiere toda clase de bendiciones.
Al igual que tú sólo, mi señor, alteras el curso de la Providencia, nadie puede cambiar lo que tú has decidido.
¡Y sin embargo me pedís consejo en momento tan crítico! Esta es mi desventura
".

El corazón del Guru desbordo de amor al escuchar estas palabras tan llenas de amor.
"Lo que acabas de decir es cierto sin duda alguna, hijo mío, pero todo se debe a la gracia de Sri Rama.
Aquel que es hostil a Rama nunca puede soñar con el éxito.
Dudo en decir te esto: el sabio desiste de una mitad cuando halla el todo en peligro.
Tú y tu hermano Satrughna retiraos a los bosques, hasta que Lakshmana, Sita y el Señor de los Raghus puedan regresar."

Los dos hermanos, Bharata y Satrughna, se regocijaron al escuchar estas agradables palabras; todo su ser se llenó de dicha.
Sus corazones estaban llenos y su cuerpo irradiaba resplandor como si el Rey Dasaratha hubiera vuelto a la vida de nuevo y Rama hubiese sido coronado rey.
La gente pensó que saldrían ganando mucho y que su pérdida seria, comparada con esto, pequeña.
Las reinas-madre, sin embargo, lloraban porque su pena igualaba su alegría.
"Obedeciendo las órdenes del Guru -observó Bharata-, uno obtiene el fruto de favorecer a todas las criaturas del mundo. Permaneceré toda mi vida en el bosque; no concibo mayor felicidad que ésta.

Rama y Sita tienen acceso a todos los corazones y tú eres omnisciente y sabio.
Si lo que dices es verdad, cumple entonces con tu palabra, mi señor.
"

Al escuchar las palabras de Bharata y viendo su amor, el sabio y toda la asamblea quedaron extasiados.
La gloria de Bharata semejaba un océano y el entendimiento del sabio permanecía en su orilla como una mujer desvalida que anhelaba cruzarlo y buscaba el modo de hacerlo, pero que era incapaz de encontrar ningún barco, nave o bote.
¿Quién entonces, puede glorificar a Bharata? ¿Acaso puede el océano ser contenido entre las paredes de una pequeña balsa?

El sabio estaba complacido con Bharata en lo más profundo de su corazón; y de esta forma, y acompañado de toda la asamblea, se acercó a Sri Rama.
El Señor le hizo reverencia y le ofreció un asiento de honor; con la venia del sabio, todos se sentaron.
Entonces el gran sabio se expresó con frases bien consideradas y apropiadas al momento, lugar y circunstancias:
"Rama, eres omnisciente y sabio, y fuente inagotable de piedad, prudencia, virtud y conocimiento.
Tú moras en el corazón de todos y conoces nuestras intenciones buenas y malas.
En consecuencia, dinos la forma en que los ciudadanos, tus madres y también Bharata puedan ser beneficiados.
Los afligidos nunca hablan con premeditación. Un tramposo descubre su propio juego".

Al escuchar las palabras del sabio, el Señor de los Raghus replicó:
"Mi señor, la solución se encuentra en tus propias manos.
Todos resultarán beneficiados conociendo tus deseos, llevando a la práctica tus requerimientos y acatándolos de buen grado.
En primer lugar, llevaré a cabo reverentemente todas las órdenes e instrucciones que me sean dadas.
Y luego, mi señor, todo el que reciba alguna orden tuya va a dedicarse por entero a tu servicio".


Dijo el sabio:
"Lo que has dicho es cierto, Rama, pero el amor de Bharata me ha desarmado.
Es por eso que lo repito una y otra vez, mi discernimiento ha sido capturado por la devoción de Bharata.
A mi entender, pongo a Shiva por testigo, todo lo que hagas con la debida deferencia a los deseos de Bharata, será para bien.

Escucha con atención la humilde sumisión de Bharata y después piensa sobre ello.
De nuevo, considerando el punto de vista mundano y las conclusiones de los santos, así como las de la ciencia política y los Vedas, haz lo que ellos te ordenen".

Sri Rama quedó profundamente complacido al ver afecto del Guru por Bharata.
Sabiendo que Bharata era una fuente de virtudes y Su servidor en pensamiento, palabra y obra, Él pronunció palabras que fueron dulces, blandas y agradables, así como en armonía con las órdenes del Guru:
"Mi Señor, juro ante ti y ante los pies de mi padre que en todo el mundo no ha existido un hermano como Bharata.
Aquellos que son devotos de los pies de loto de su preceptor reciben las más altas bendiciones, tanto desde el punto de vista del mundo como de los Vedas.
Quién puede ensalzar la buena suerte de Bharata, por quien albergas tanto amor!
Sabiendo que es un hermano menor, mi mente se rebela cuando pronuncio estas alabanzas en su presencia.
Desde luego que hacer lo que él, sugiera será beneficioso para nosotros".


Una vez pronunciadas estas palabras, Sri Rama guardó silencio.
Entonces el sabio dijo a Bharata:
"Abandona todo escrúpulo, mi querido hijo.
Manifiesta a tu amado hermano, que es un océano de bondad, lo que alberga tu corazón".

Al escuchar las palabras del sabio y descubrir lo que había en la mente de Sri Rama, Bharata quedó satisfecho de que su preceptor y maestro le fueran tan sumamente favorables.
Al mismo tiempo se dio cuenta de que toda la responsabilidad había sido depositada sobre sus hombros.
Debido a ello no podía pronunciar una sola palabra y se quedó pensativo.
Temblando de pies a cabeza se levantó ante la asamblea y lágrimas de amor brotaron de sus ojos de loto.

"El señor de los sabios ya ha dicho cuanto yo tengo que decir. No tengo nada que pueda añadir.
Conozco el carácter de mi maestro, que nunca se enoja, ni siquiera con el ofensor.
Conmigo ha sido especialmente bueno y cariñoso; ni siquiera bromeando le he visto poner mala cara.
Desde mi infancia nunca he dejado su compañía y en ningún momento hizo que se enfriaran mis ánimos.
He realizado en mi corazón el benévolo comportamiento de mi señor, quien me haría ganar un juego a pesar de que ya lo hubiese perdido.
Turbado por amor y modestia nunca mencioné ante él palabra alguna.
Y mis ojos, que han estado amorosamente sedientos por contemplarle, todavía hoy no han sido saciados.

Pero el destino no pudo soportar el verme tratado con afecto.
Con la desgracia de mi indigna madre, Dios creó una separación entre nosotros.
Hoy no me corresponde ni tan siquiera decir esto, pues quién ha llegado a ser reconocido como bueno e inocente en base a su propia estimación?
Abrigar el pensamiento de que mi madre es perversa mientras que yo soy virtuoso y recto equivale en sí mismo a un millón de malas prácticas.
Acaso una espiga de la planta de Kodo puede producir buen arroz y una oscura concha bivalva puede producir una perla?
Ni siquiera en sueños se atribuya a nadie ni una chispa de culpa. Mi mala suerte es tan insondable como el océano.

En vano atormente a mi madre vituperándola, sin estimar las consecuencias de mis propios pecados.
He recorrido mentalmente todas las vías posibles, pero me siento frustrado.
Sólo hay una esperanza para mi salvación: Vuestra santidad es mi preceptor, y Sita y Rama son mis maestros.
Esto es lo que me hace presumir que todo estará bien al final.

Aquí, en la compañía de los santos, en la presencia de mi preceptor y maestro y en este santo lugar hablo con buena fe.
Si hay amor en mi corazón o por el contrario es todo hipocresía y si lo que estoy diciendo es verdad o mentira, es bien conocido, tanto por el sabio como por el Señor de los Raghus.

Todo el mundo dará testimonio, por un lado, de que el rey ha muerto como resultado de su amor incondicional y por otro lado, por el intento maligno de mi madre.
Las reinas madre se hallan en tal estado de tristeza que no puedo soportar el mirarlas, mientras que los hombres y mujeres de la ciudad se están quemando en una profunda agonía.
He escuchado decir, y me he dado cuenta de que soy la raíz de toda esta pesadumbre y en consecuencia he sobrellevado todo el sufrimiento.
Para colmo de males, cuando oí que cubierto con ropas de ermitaño y acompañado de Lakshmana y Sita, el Señor de los Raghus se había encaminado a los bosques a pie y descalzo, el Dios Sankara es mi testigo de que sobreviví hasta a ese golpe.

Por si ello fuera poco, cuando presencié el amor de los Nisadas, mi corazón, que es más duro que el diamante, no quiso romperse.
Y ahora lo he visto todo con mis propios ojos y por tanto tiempo como viva, mi estúpida alma me va a someter a toda clase de sufrimientos.
Qué puedo decir yo de Rama, Lakshmana y Sita, ante cuya presencia hasta las serpientes y escorpiones del camino se olvidan de su virulento veneno y de su indomable sana!

Así que, a quién debería la Providencia infligir un severo dolor sino al hijo de Kaikeyi, que consideró a Rama, Lakshmana y Sita como sus enemigos?"


Al escuchar el excelente y completamente desapasionado discurso de Bharata, que estaba lleno de agonía y amor, de humildad y prudencia, todos quedaron inmersos en gran pesar y la asamblea se entristeció como si un lecho de lotos hubiera sido asolado por una helada.
El iluminado sabio confortó a Bharata con la narración de antiguas leyendas de diversos tipos y el Deleitador de los Raghus, que era una verdadera luna para las azucenas de la raza solar, pronunció palabras que fueron convenientes y apropiadas:
"Te siento humillado en espíritu sin razón alguna, querido hermano; debes saber que el destino de las almas yace en las manos de Dios.
Para mi mente, hombres de santa reputación en las tres esferas de la creación pertenecientes al pasado, presente y futuro son pigmeos ante ti, querido mío.
Quien te atribuya malevolencia, siquiera en su corazón, se arruinará en este mundo así como en el otro.
Así como a la madre Kaikeyi sólo la culpan quienes no han servido al Guru ni a la asamblea de santos, con la simple invocación de tu nombre serán destruidos todos los pecados y errores y toda la multitud de males; y no sólo eso, sino que traerá como acompañamiento una reputación intachable en este mundo y felicidad en el otro.

Con el Señor Shiva como testigo, diré la verdad con buena fe, Bharata: la tierra está siendo sostenida por ti.
Te ruego que por ningún motivo consientas hipótesis falsas sobre ti mismo, amado mío, el odio y el amor no pueden confundirse aunque se trate de disimularlos.
Los pájaros y animales se acercan a los ermitaños, mientras que escapan ante la presencia de un cazador que les atormenta.
Hasta los animales y los pájaros pueden distinguir entre un amigo y un enemigo: qué puede decirse del cuerpo humano, que es un tesoro de virtud y conocimiento.
Te conozco perfectamente bien, querido hermano; pero, ¿qué debo hacer?
Hay una gran perplejidad en mi mente.

El rey, como sabes, mantuvo su palabra y me abandonó; no sólo eso, sino que entregó su vida para mantener su voto de amor.
Me siento mentalmente perturbado si procedo a violar su palabra y mis escrúpulos son aún mayores en lo que a ti respecta.
Además, mi preceptor me ha comunicado sus órdenes. En cualquier caso estoy preparado para hacer lo que tú sugieras.

Con un corazón gozoso y abandonando todo escrúpulo dime lo que debo hacer y lo llevaré a cabo hoy mismo".


La asamblea se alegró al escuchar estas palabras de Sri Rama, el jefe de la estirpe de los Raghus, que era siempre fiel a su palabra.

Indra, el rey de los cielos, y multitud de otros dioses temblaron atemorizados, sintiéndose perturbados por el pensamiento de que todos sus designios iban a malograrse.
Estaban completamente anonadados. Finalmente, se acercaron mentalmente a Sri Rama en busca de protección.
Por otra parte, deliberaban unos con otros y decían que el Señor de los Raghus estaba bajo el hechizo de la devoción de Sus devotos.
Recordando la historia de Ambarisa y Durvasa, los dioses, junto con su señor Indra, quedaron sumidos en la desesperación.
En el pasado también los dioses habían sufrido durante mucho tiempo hasta que finalmente fue Prahlada quien descubrió al Señor Nrsimha.
Golpeándose la cabeza se decían al oído unos a los otros:
"Los intereses de los dioses se hallan ahora en las manos de Bharata.
No vemos ninguna otra solución, oh dioses; nuestra única esperanza es que Sri Rama reconozca los servicios rendidos a Sus nobles servidores.
Así pues, invocad todos a Bharata con un corazón lleno de amor, pues él ha conquistado a Sri Rama por su bondad y amabilidad".

Cuando el preceptor de los dioses, el sabio Brhaspati, se enteró de la intención de los dioses, dijo:
"¡Dios mío! Grande es vuestra fortuna. La Devoción a los pies de Bharata es la raíz de las mejores bendiciones de este mundo.

El servicio de un devoto del señor de Sita es tan bueno como cien vacas fértiles. Satisface todos los deseos de aquél.
Ahora que la devoción a Bharata se ha despertado, ya no tenéis que preocuparos de nada; pues Dios ha llevado a cabo vuestro propósito.
Ved la grandeza de Bharata, oh rey de los dioses: El Señor de los Raghus se encuentra de hecho completamente bajo su influencia.

Sabiendo que Bharata es la sombra de Sri Rama, tranquilizad vuestras mentes, oh dioses; no hay causa para el temor".

El Señor, que tiene acceso a todos los corazones, se sintió incómodo cuando se enteró de la conferencia entre los dioses y su preceptor, el sabio Brhaspati, y de la ansiedad de los primeros.

Bharata sentía ahora en su corazón que toda la responsabilidad recaía en sus espaldas; en consecuencia, albergaba en su mente proposiciones de muy diversas clases.
Tras largas deliberaciones llegó a la conclusión de que su felicidad consistía en obedecer a Sri Rama.
"Él ha mantenido mi voto, renunciando al suyo propio y con ello ha mostrado una bondad y un amor muy grandes.
El Señor de Sita me ha favorecido grandemente y sin límites en todos los sentidos.
"

A continuación, inclinando su cabeza y juntando sus manos de loto, Bharata dijo:
"¿Qué puedo decir o poner en otras bocas, mi Señor, siendo como eres un océano de compasión y el conocedor de todos los corazones?
Ahora que mi Guru se encuentra complacido y mi maestro, Tú mismo, está de mi parte, el tormento, que era creación de mi loca mente, ha desaparecido.
Estaba obsesionado por miedos imaginarios y mi ansiedad no tenía en absoluto fundamento.
No es la culpa del Sol si alguien confunde los cuartos de la Luna.
Mi mala suerte, la perversidad de mi madre, los extraños senderos de la Providencia y la crueldad del destino, todos conspiraron con el declarado propósito de arruinarme, más Tú viniste a rescatarme redimiendo tu voto de proteger a Tus devotos, siendo como eres protector del que suplica.
Aunque esta forma de proceder no constituye nada nuevo en Ti; es algo bien conocido para el mundo así como para los Vedas y es un secreto abierto.
Si el mundo entero es hostil y tan sólo Tú estás amablemente dispuesto, mi Señor, dime cómo otra bondad que no sea la tuya puede provocar mi bien?

Mi Señor, Tú eres de la misma naturaleza que el árbol del paraíso, que no está a favor ni en contra de nadie.

A todo aquel que se acerca al árbol del paraíso reconociéndolo como tal, la simple sombra de éste le libera de toda ansiedad.
Cualquier ser de este mundo obtiene el objeto deseado sólo con pedirlo, ya sea príncipe o mendigo, bueno o malo.

Desde que he visto a mi Guru y a ti, mi maestro, tan encariñados conmigo, mi agitación ha desaparecido y ya no queda duda en mi mente.
Ahora, ¡Oh tesoro de compasión!, da los pasos necesarios para que no te sientas perturbado a causa de tu sirviente.
El sirviente que busca su propio beneficio poniendo a su maestro en una condición embarazosa posee una mente mezquina.
Un sirviente sólo se beneficiará si sirve a su maestro renunciando a toda comodidad y orgullo personales.
Mi Señor, si vuelves a Ayodhya todos saldrán beneficiados. Y si obedeces Tus Órdenes seremos beneficiados en mil maneras.
Obedecerte a Ti constituye el beneficio más elevado tanto material como espiritualmente; y no sólo eso, sino que es la consumación de todos los actos meritorios y el adorno del buen destino.

Mi Señor, escucha esta petición y luego actúa como lo estimes conveniente.
He traído conmigo, debidamente preparados todos los requisitos para la ceremonia de la coronación.
Hagamos uso de ellos, mi Señor, si ello es de tu complacencia.

Envíame al exilio con mi hermano menor Satrughna, y permite que todo el mundo se sienta seguro bajo tu protección.
O de otro modo, envía de vuelta a los dos hermanos menores y permíteme a mí acompañarte, mi Señor.

O como tercera alternativa, los tres hermanos podemos permanecer en el bosque y Sita y Tú podéis regresar a Ayodhya.
Haz, mi Señor, lo que agrade a Tu corazón, oh océano de misericordia.
Has depositado toda la carga sobre mí, mi maestro, pero no poseo discernimiento ético ni idea alguna de religión.
Me motiva el interés propio en todo lo que digo; un hombre angustiado pierde sus sentidos.
Hasta la misma vergüenza se avergonzaría de mirar a un servidor que elude el cumplimiento de una orden dada por su maestro.
Aunque soy un océano insondable de faltas, Tú, mi maestro, por afecto hacia mí me alabas como a un alma noble.
Ahora, oh ser misericordioso, acataré aquella proposición que salve a mi Señor de una situación embarazosa.
Sinceramente te digo, y lo juro por los pies de mi maestro, que ésta es la única forma de asegurar la felicidad del mundo.

Todos nosotros cumpliremos reverentemente con las órdenes que el Señor se complazca en darnos, con un corazón alegre y sin reserva alguna; toda injusticia y embrollo terminarán.
"

Los dioses se regocijaron al escuchar las desinteresadas palabras de Bharata y aclamándole con la expresión: "¡Bien dicho!" hicieron llover flores.
La gente de Ayodhya se sintió muy desconcertada, en cambio los ascetas y la gente de los bosques estaban encantados.
El Señor de los Raghus, que era muy considerado por naturaleza, permanecía callado y viendo Su silencio toda la asamblea se sintió turbada.

En aquel preciso momento llegaron unos mensajeros del rey Janaka.
Cuando el sabio Vasistha se enteró de ello mandó a por ellos inmediatamente.
Tras rendir cortesía miraron a Sri Rama y se afligieron mucho al ver su atuendo que recordaba al de un anacoreta.
El jefe de los sabios, Vasistha, inquirió de los mensajeros:
"Decidme si todo va bien para el Rey Videha, Janaka".

Los nobles mensajeros se sintieron avergonzados al escuchar esto.
Postraron su frente en el suelo y con las manos juntas contestaron:
"Oh señor, tu sola pregunta, tan llena de amor, ha sido provechosa para nuestro bien, santo padre.
Pues nuestra felicidad, oh señor, se desvaneció con el rey de Kosala, cuya muerte ha dejado al mundo entero, particularmente a Mithila y a Ayodhya sin gobernantes.

Al enterarse del fallecimiento del Rey Dasaratha, el señor de Ayodhya, la gente de Janakpur enloqueció de pena.
Ninguno de los que vieron al Rey Videha en esos momentos podrían afirmar que hubiese ningún rey detrás de este nombre, Videha.
Cuando el rey se enteró de la perfidia de la Reina Kaikeyi, se quedó tan perplejo como una serpiente sin su gema.
El Príncipe Bharata coronado rey y el jefe de los Raghus, Sri Rama, exiliado a los bosques!
Las noticias causaron una profunda agonía en el corazón del señor de Mithila.
El rey hizo reunir consejo de hombres sabios y ministros y dijo: 'Decidme tras cuidadosa deliberación lo que debe hacerse ahora'.
Pero dándose cuenta de la situación en Ayodhya y de las dificultades, en cualquier caso, nadie pronunció ninguna opinión definida sobre si debía ir o quedarse en casa.
Entonces el rey se sobrepuso y tras una nueva reflexión despachó cuatro hábiles espías a Ayodhya con las siguientes instrucciones: 'Averiguad si Bharata se siente conforme o no y volved inmediatamente sin ser reconocidos'.

Los espías fueron a Ayodhya, y habiéndose cerciorado de los sentimientos de Bharata y visto su proceder se encaminaron de regreso a Tirhut, Mithila, al tiempo que el último partía hacia Chitrakuta.

A su llegada a la corte de Janaka, los espías explicaron la actuación de Bharata lo mejor que pudieron.
El Guru, el sabio Satananda, los miembros de la familia real, los ministros y el rey mismo se sintieron abrumados de pena y afecto al oír su informe.
Enseguida, sobreponiéndose a los sentimientos y glorificando a Bharata, el rey llamó a sus mejores guerreros y jinetes y, emplazando centinelas en los palacios, la ciudad y el reino, preparó varios caballos, elefantes, carros y otros vehículos.
Averiguando el momento más favorable en el espacio de una hora partió sin demora y no ha hecho ningún alto en el camino.
Se ha bañado en el Prayaga esta misma mañana, ya ha abandonado el lugar y cuando toda la comitiva empezó a cruzar el Yamuna nos mandaron destacados en cabeza para obtener noticias, santo señor".

Diciendo esto postraron sus cabezas al suelo.
El gran sabio Vasistha despidió a los mensajeros sin pérdida de tiempo, enviando con ellos una escolta de seis o siete Kiratas.

Toda la gente de Ayodhya, estaba encantada con la llegada de Janaka.
Sri Rama, el Deleitador de los Raghus, se sintió muy incómodo; por su parte, Indra, el rey de los cielos, estaba particularmente abrumado por la ansiedad.

A la malévola Kaikeyi le atormentaba el remordimiento. ¿A quién iba a poder expresar abiertamente sus pensamientos y a quién podría culpar?
La gente, por otro lado, se alegró al pensar que su estancia quedaba asegurada por algunos días más. De esta forma transcurrió aquel día. A la mañana siguiente todo el mundo procedió a bañarse.
Después de sus abluciones, hombres y mujeres adoraron al Señor Ganesha, a la Diosa Gauri, la consorte de Shiva, a Bhagavan Shiva, el Asesino del demonio Tripura, y al Dios Sol, Disipador de la oscuridad.
También reverenciaron los pies de Bhagavan Vishnu, el Señor de Lakshmi, y rezaron, los hombres alzando sus manos con las palmas unidas, las mujeres sosteniendo la falda de su vestido a la manera de los mendigos:
"Que con Sri Rama, nuestro rey, y Sita, la hija de Janaka, nuestra reina, sea nuestra capital, Ayodhya, gloriosamente repoblada con sus diversas comunidades y crezca para que sea la culminación misma de la alegría.
Y que Sri Rama proclame a Bharata como príncipe regente.
Bañándonos todos en el néctar de esta dicha, permítenos a todos, oh Señor, cosechar el fruto de su existencia en este mundo.

Reine Sri Rama sobre esta ciudad, asistido por su Guru, consejeros y hermanos.
Y que podamos todos morir en Ayodhya siendo Sri Rama todavía nuestro rey".

Esto era lo que todo el mundo pedía en sus oraciones. [...]
Kausalya, madre de Sri Rama pide a la reina Sunayana que hable con el rey Janaka:
[...] Kausalya, con el corazón lleno de emoción, dijo:
"Estoy preocupada por Bharata.
Por la gracia de Dios y mediante vuestras bendiciones, mis hijos y sus esposas son tan puros como el agua del río celestial, el Ganges.
Aunque nunca he jurado por Rama, juro ahora por Él y os digo sinceramente, amiga mía, que para exaltar la amabilidad de Bharata, su bondad, modestia, carácter sublime, cariño fraternal, devoción, fe y nobleza, hasta el ingenio de la misma Sarada, la diosa del habla, tartamudeó.
¿Acaso puede el océano ser vaciado con una concha?

Siempre he visto a Bharata ser la gloria de su casa y el rey así me lo confirmó en repetidas ocasiones.
El oro es probado frotándolo con la piedra de toque y una piedra preciosa al llegar a las manos de un experto joyero, mientras que los hombres son probados en las ocasiones de emergencia por su innata disposición.
No ha sido correcto de mi parte el haber hablado así, pero el sentimiento y el cariño sirven como excusa."

Al escuchar estas palabras, tan puras como el agua del río celestial, todas las reinas quedaron abrumadas por la emoción.
Kausalya se sobrepuso y continuó:
"Escucha, oh venerable reina de Mithila: ¿quién puede aconsejarte a ti, la consorte del Rey Janaka, que es un océano de sabiduría?
Sin embargo, si encuentras el momento adecuado, oh reina, deberías hablar con el rey, y haciéndole creer que se trata de tu propia iniciativa, rogarle que detenga a Lakshmana y permita a Bharata acompañar a Sri Rama al bosque.
Esta propuesta debería alcanzar el favor del rey, déjale que después de la debida deliberación, decida lo que sea más conveniente.
Me siento muy preocupada por Bharata, ya que el amor que abriga en su corazón es tan profundo que si se queda en casa tengo miedo de que le pueda suceder algo malo."

Percibiendo el puro amor de Kausalya y escuchando su sincera y elocuente súplica, todas las reinas se sintieron abrumadas por el patético sentimiento. Del cielo caía una lluvia de flores acompañada por gritos de ovación.
Santos realizados, Yoguis y eremitas estaban sobrecogidos por la emoción. Todas las damas del gineceo enmudecieron al ver esto.

Entonces, Sumitra, recobrándose, intervino, "¡Señora! ha pasado casi una hora de la noche".
Escuchando esto, la madre de Sri Rama, Kausalya, se levantó cortésmente y dijo, sin emoción:
"Rogad que podáis regresar rápidamente a vuestro campamento.
Nuestro único refugio ahora es Dios y el único que puede ayudarnos es el señor de Mithila".

Viendo su emoción y escuchando sus amables palabras, la reina amada de Janaka, Sunayana, abrazó los santos pies de Kausalya.
"Tanta modestia, oh venerable dama, es excesiva viniendo de ti, que eres la esposa del rey Dasaratha y la madre de Sri Rama.
Los grandes hombres tratan con honor incluso al más humilde de sus sirvientes: el fuego es coronado con humo, mientras que el gran Señor Shiva y Su Consorte Bhavani son tus constantes protectores.
¿Quién en esta Tierra es merecedor de servir como ayudante tuyo?
¿Podría una luz ordinaria pretender ser un sirviente del Sol?
Después de cumplir el tiempo de su exilio en los bosques y llevando a cabo el propósito de los dioses, Sri Rama reinará sin ser perturbado en Ayodhya; y protegidos por la fuerza de los brazos de Sri Rama, dioses, Nagas y seres humanos habitarán pacíficamente en sus moradas.
Todo esto ha sido predecido por el sabio Yajñavalkya y la profecía de un sabio, señora, nunca es en vano."

Diciendo esto, cayó a los pies de Kausalya con sumo cariño, suplicando le fuese permitido llevarse a Sita.
Una vez que recibió el amable permiso de Kausalya, la madre de Sita partió con su hija hacia su campamento.

///

Cuando el Rey Janaka vio a Sita con las vestiduras de una ermitaña se sintió sobrecogido por el amor y muy complacido.
"Hija mía, has traído santidad a las dos casas, mi casa y la de tu esposo; todos reconocen que tu buen nombre ha iluminado el mundo entero.
El río de tu fama ha superado en brillo a la corriente celestial Ganges en la cual han entrado, no sólo un sistema solar, sino millones de universos.
Mientras que el Ganges en su curso solamente ha dado fama a tres lugares, el río de tu fama ha hecho crecer la gloria de numerosas congregaciones de santos."

A pesar de que estas afirmaciones eran ciertas y basadas en el afecto que su padre sentía por ella, Sita se sentía ahogada en un mar de timidez.
Sus padres la abrazaron una vez más dándole buenos y saludables consejos y sus bendiciones.
Sita no hablaba, pero en su mente se sentía inquieta, pensando que no estaba bien permanecer con sus padres durante la noche.
Leyendo su mente, la reina Sunayana se lo hizo saber al rey, su esposo, y ambos admiraron profundamente Su modestia y noble disposición.
Abrazando a Sita una y otra vez, amablemente le permitieron partir.
Aprovechando esta oportunidad, la inteligente reina habló elocuentemente al rey sobre la situación de Bharata.

Cuando el rey escuchó acerca de la conducta de Bharata, tan rara como la combinación de oro con perfume, o como néctar extraído de la Luna, el rey cerró los ojos llenos de lágrimas y un estremecimiento corrió por todo su cuerpo mientras rompía en estáticas alabanzas de su brillante gloria.
"Escucha atentamente, oh dama de bello rostro y brillantes ojos: la historia de Bharata va más allá de los límites de la existencia mundana.
La religión, la política y los estudios sobre Brahma son un terreno al que tengo acceso de acuerdo a mis pobres luces.
Pero a pesar de conocer estas materias, mi entendimiento no puede rozar la sombra de la gloria de Bharata, ni siquiera por engaño, y mucho menos describirla.
Para Brahma, el Señor Ganapati, Ganesha, Sesa, el rey de las serpientes, el Señor Shiva, Sarada, la diosa del aprendizaje, profetas, sabios, hombres de talento y todos aquellos que son inteligentes en cuanto al juicio, la historia, fama, hechos, piedad, amabilidad, bondad y la intachable gloria de Bharata son un deleite al escucharlos y apreciarlos.
Sobrepasan a la corriente celestial en pureza e incluso al néctar en gusto.

Posee infinitas virtudes y está más allá de cualquier comparación: Bharata sólo puede ser comparado a Bharata.
¿Acaso puede el Monte Sumeru ser comparado a un seer?
De aquí que el ingenio de la raza de los poetas estuviese confuso tratando de encontrar una comparación para él.

La grandeza de Bharata, oh bella dama, desconcierta a todo aquel que intenta describirla, así como un pez no puede deslizarse por la tierra seca.
Escucha, oh amada reina: la inestimable gloria de Bharata tan sólo es conocida por Sri Rama: pero Él tampoco puede describirla."

Habiendo descrito en esta encantadora forma la gloria de Bharata, el rey, que conocía la mente de la reina, continuo,
"Si Lakshmana regresa a Ayodhya y Bharata acompaña a Sri Rama a los bosques, estaría bien para todos y esto es lo que todos quieren.
Pero el mutuo afecto y confidencia, oh bondadosa dama, entre Bharata y Sri Rama, el jefe de los Raghus, están más allá de la imaginación.
Al igual que Sri Rama es el más alto ejemplo de la constante disposición, Bharata es la perfección del amor y la devoción.

Bharata nunca adoro a nadie por interés espiritual o mundano, o para su satisfacción personal.
La devoción a los pies de Sri Rama es a la vez el destino y el fin; en mi opinión esto es una muestra de la fe de Bharata.

Bharata nunca pensaría en menospreciar las órdenes de Sri Rama, ni siquiera inconscientemente.
No precisamos por ello, en nuestra emoción, dejar paso a la ansiedad", dijo el rey con ahogado acento.

El rey y la reina, Janaka y Sunayana, estaban tan embebidos hablando con orgullo de las virtudes de Sri Rama y Bharata que la noche pasó en un instante.

Al romper el día, los dos campamentos reales despertaron y, una vez terminadas sus abluciones, procedieron a adorar a los dioses.

Mientras llevaba a cabo sus abluciones, el Señor de los Raghus llamó a Su Guru y después de adorar sus pies y recibir su tácito permiso dijo:
"Santo señor: Bharata, los ciudadanos y mis madres, están todos desconsolados e incómodos por tener que permanecer en los bosques.
También el rey de Mithila y sus súbditos han estado sufriendo penalidades desde hace muchos días.
Por ello, mi señor, haz lo que sea oportuno en estas circunstancias. La salud de todos descansa en tus manos".


Diciendo esto, Sri Rama se sintió muy turbado. Y el sabio estaba estremecido de gozo cuando vio Su amabilidad y cortés disposición. "Sin Ti, Rama, en los dos campamentos reales los placeres de la vida son como el infierno.

Rama! Tú eres la vida de la vida, el alma del alma y la alegría de la alegría.
Aquellos que gustan de estar en sus casas lejos de Ti, mi niño, están bajo la influencia de un destino adverso.

Que perezcan la felicidad, rituales y piedades si en ellos no hay devoción a Tus pies de loto, oh Rama.
Ese Yoga es un Yoga abominable y esa sabiduría en la que el amor por Ti, Rama, no es supremo, es ignorante.
Quien es infeliz, lo es por no poseerte, al igual que quien es feliz lo es a través de Ti.
Tú sabes lo que existe en la mente de un individuo en particular.
Tu mandato mantiene dominados a todos y Tu preciosa persona conoce por completo todos los caminos.
Ahora deberías regresar a Tu ermita".
El señor de los sabios estaba abrumado por la emoción.

Entonces Sri Rama hizo una reverencia y partió; el sabio, recobrándose, fue a visitar al Rey Janaka.
El preceptor repitió ante el rey las graciosas y naturales palabras de Sri Rama, llenas de amabilidad y cariño; y añadió:
"Oh gran monarca, ahora haz aquello que sea bueno para todos sin perjuicio alguno para la religión.
¡Oh rey! tú eres una fuente inagotable de sabiduría, inteligente, piadoso y firme defensor de la virtud.
¿Quién excepto tú, es capaz en este momento de encontrar salida a este atolladero?".

Janaka estaba abrumado por la emoción al escuchar las palabras del sabio.
Su sabiduría y calma le abandonaron por completo.
Desvanecido de amor, Janaka razonaba consigo mismo, "No he obrado bien viniendo a este lugar, el Rey Dasaratha sin duda dijo a Sri Rama que se fuese a los bosques, pero al mismo tiempo ha demostrado el amor que siente hacia su amado hijo.
Por nuestra parte, ahora debemos enviarle de este bosque a otro y regresar en forma triunfal sin escuchar a nuestro sentido común!"

Viendo y escuchando todo esto, los ascetas, ermitaños y los brahmanes estaban abrumados por la emoción.
Considerando la situación el rey se animó y marchó, junto con sus súbditos, a ver a Bharata; éste se adelantó para recibirlo y darle el mejor asiento de acuerdo a las circunstancias.

"Querido Bharata -dijo el rey de Tirhut-, tú conoces la disposición de Sri Rama, el Héroe de la estirpe de Raghus
Sri Rama es fiel a su promesa y devoto de su deber, respeta los sentimientos y el afecto de todos.
Y es a cuenta de esta consideración que tiene por los sentimientos de los demás que ha de sufrir tanto.
Ahora dame tu última palabra para que le pueda ser comunicada."

Cuando Bharata escuchó estas palabras, un estremecimiento sacudió su cuerpo y sus ojos se llenaron de lágrimas.
Haciendo un gran esfuerzo para sobreponerse, dijo:
"Mi señor, para mí, tú eres tan querido y merecedor de respeto como mi propio padre; y en lo que respecta al preceptor de mi familia, el sabio Vasistha, ni mis propios padres son tan benevolentes conmigo.
Aquí hay una asamblea de sabios como Kausika, Vishwamitra, y de ministros; y hoy también tú, que eres un océano de sabiduría, estás presente entre nosotros.
Maestro, ten presente que sólo soy un niño y un sirviente obediente y dame las instrucciones convenientes.
¡Pensar que tú pudieras solicitar mi consejo en esta asamblea y en este santo lugar!

Sin embargo, si me mantengo callado podría ser considerado como perverso; y si hablo en esta ocasión será una gran locura por mi parte.
De todas formas tengo la imprudencia de decir algo. Por ello, padre, sabiendo que la Providencia está en contra mía, te ruego me perdones.

Está ampliamente reconocido en los Tantras, Vedas y Puranas y en todos los conocimientos del mundo, que el deber de un sirviente es verdaderamente duro.
El deber para con el maestro es incompatible con el egoísmo. El odio es ciego y el amor indiscreto.

Por ello, reconociéndome como subordinado, y con la debida deferencia por los deseos de Sri Rama, y conforme a su deber y sagrada promesa, mi deseo es hacer aquello que todos aprueben y sea bueno para todos, ya que conozco el amor que todo el mundo siente por Él.
"

Al escuchar las palabras de Bharata y observando su disposición, el Rey Janaka y sus seguidores le aplaudieron.
Fácilmente inteligible y sin embargo incomprensible, suave y dulce, pero duro al mismo tiempo, encubierto de un vasto significado, pero conciso a la vez, su misteriosa charla era tan desconcertante como el reflejo del rostro de una persona en un espejo, el cual no puede ser atrapado ni aun cuando esa persona tenga el espejo sujeto con sus manos.

El Rey Janaka, Bharata, el sabio Vasistha y la asamblea en pleno invocaron a Sri Rama, Aquel que trae deleite a los dioses al igual que la Luna trae alegría a las lilas.
Escuchando estas nuevas todo el mundo estaba abrumado con la misma ansiedad que un pez por entrar en contacto con el agua de las primeras lluvias del monzón.
Los dioses observaron la disposición del preceptor de la familia, el sabio Vasistha, y después observaron la gran devoción del Rey Videha.
Entonces contemplaron a Bharata, la verdadera encarnación de la devoción a Sri Rama.

Viendo todo esto, los egoístas dioses se sintieron nerviosos y descorazonados.
Cuando vieron a todos llenos de amor por Sri Rama, los dioses se sintieron perturbados.
"Sri Rama está lleno de amor y consideración por los sentimientos de los demás -dijo Indra, el señor de los cielos, lleno de pena-.
Así es que reuníos e idead algún complot clandestino, de otra forma estamos perdidos."

Los dioses invocaron y ensalzaron a la diosa Sarada diciendo:
"Oh diosa, nosotros los habitantes del cielo hemos buscado refugio en ti; por favor, protégenos.
Cambia la mente de Bharata ejercitando tu Maya, y preserva de la ruina a la raza celestial llevándotelos bajo la refrescante sombra de algún truco ilusorio".

Cuando la inteligente diosa escuchó los ruegos de los dioses entendió que el egoísmo les había despojado de sus sentidos, y de acuerdo a ello, replicó dirigiéndose Indra en particular:
"Me pedís que altere la mente de Bharata!
Es una pena que no puedas ver el Monte Meru a pesar de poseer mil ojos.
Incluso la Maya de Brahma el Creador, Hari el Preservador y Hara el Destructor del universo extraordinariamente poderosa, no puede ni siquiera enfrentarse con la razón de Bharata.
Y sin embargo, tú me pides que la pervierta crees que la luz de la Luna puede desplazar al Sol?

El corazón de Bharata es la morada de Sita y Sri Rama, ¿es que acaso la oscuridad puede entrar allá donde el Sol brilla?.
Con estas palabras la diosa Sarada regresó al cielo de Brahma dejando a los dioses tan desconsolados como lo está el pájaro de Chakrawaka durante la noche.

Los dioses, que eran egoístas por naturaleza y profundamente maliciosos, desplegaron un malintencionado complot y tejiendo una poderosa red de engañosos artificios crearon una ola de miedo, confusión, tedio y disgusto sobre la gente de Ayodhya.

Comenzado el agravio, el señor de los habitantes del cielo pensó para sí mismo que el éxito y fracaso de sus planes estaba en manos de Bharata.

Cuando el Rey Janaka fue a ver al Señor de los Raghus, la Gloria de la raza solar los recibió a todos con honor.
Entonces el sacerdote de la estirpe de los Raghus habló con palabras adecuadas a la ocasión y a la asamblea a la que iban dirigidas, y llenas de justicia.
Reprodujo la conversación que había tenido lugar entre el Rey Janaka y Bharata e incluso repitió el amoroso discurso de Bharata. "Querido Rama -dijo- cualquier orden dada por Ti será obedecida por todos: ésta es mi propuesta."

Escuchando estas palabras, el Señor de los Raghus, con las manos juntas y delicado acento, pronunció estas palabras llenas de verdad y sinceridad:
"En tu presencia y en la del señor de Mithila sería totalmente impropio de mi parte el decir nada.
Cualquier orden que pueda ser dada por ti y por el rey de Mithila, juro por tu propio nombre, que será acatada por todos".


Al escuchar el juramento de Sri Rama, el sabio Vasistha y el Rey Janaka, así como toda la asamblea, se sintieron turbados.
Todos pusieron sus ojos en Bharata, ya que ninguno se sentía capaz de responder.

Cuando Bharata vio a la asamblea confundida y se dio cuenta de la desfavorable situación en la que se encontraba, el hermano de Sri Rama tuvo que hacer un gran esfuerzo de autocontrol y así dominar su emoción en la misma forma que el sabio Agastya detuvo el crecimiento de la extensión de Vindhya.
El demonio Hiranyaksha, en la forma de pena, arrebató la esfera que representa la razón de la asamblea, la cual, como un ejército de virtudes fue la fuente de toda la creación.
Entonces el gigantesco jabalí en la forma de la discreción de Bharata, la rescató en un instante.

Bharata, con sus manos juntas, inclinó su cabeza ante todos y se dirigió así a Sri Rama, al Rey Janaka, a su preceptor el sabio Vasistha y a otros santos allí presentes:
"Con mis juveniles labios voy a hacer una tosca proposición. Dignaos olvidar esta acción tan indigna que hoy estoy cometiendo".

Entonces Bharata invocó en su corazón a la encantadora diosa Sarada, la cual vino desde el lago Manasarovar de su mente hasta su boca de loto.
La charla de Bharata, llena de sabiduría, piedad y prudencia, asemejaba a la delicada cría del cisne, la cual posee la virtud de extraer bondad del mal.

Bharata vio con los ojos de su sabiduría que la asamblea estaba desmayándose de amor.
Por ello, inclinándose ante todos, e invocando a Sita y al Señor de los Raghus, habló así:
"Oh Señor, tú eres mi padre, madre, amigo, preceptor, maestro, objeto de mi adoración, mi mayor benefactor y mi controlador interno.
Y no sólo eso, además eres sincero y complaciente patrón, fuente inagotable de amabilidad, protector de los suplicantes, todo sabiduría, inteligente, todo poderoso, protector de aquellos que buscan refugio en ti, presto en apreciar el mérito y disipador del vicio y del pecado.
No hay maestro que pueda compararse a ti, mi Señor; mientras que yo soy único en deslealtad hacia mi maestro.

Poniendo en duda, en mi necedad, tus órdenes, mi Señor, y las de mi padre, he venido aquí acompañado por una multitud de hombres y mujeres.
En este mundo hay hombres buenos y malos, altos y bajos; néctar e inmortalidad en una mano y veneno y muerte en la otra. Pero en ningún lugar he visto o escuchado de nadie que se haya atrevido a violar las órdenes de Sri Rama, ni siquiera con el pensamiento.
Sin embargo, esto es lo que yo he estado haciendo no sólo en pensamiento, sino también en palabra y obra, y mi Señor ha convertido mi presunción en un acto de devoción y servicio.

Por su gracia y benevolencia, mi Señor, me ha transformado; mis defectos se han convertido en virtudes y mi buena y brillante fama se ha extendido por todas partes.

Tu conducta, noble disposición y grandeza son conocidas en todo el mundo y han sido glorificadas en los Vedas y otros libros sagrados.
Hasta el cruel, el perverso, el ruin, el mal intencionado y el criticador, y más aún, el despreciable, el imprudente, el infiel y el falto de escrúpulos han sido aceptados por ti tan pronto como los has escuchado dirigirse a ti buscando refugio y simplemente por haber inclinado una sola vez su cabeza ante ti.
Nunca has dado importancia a sus faltas, ni aun viéndolas con tus propios ojos; y por el contrario, has proclamado sus virtudes en la asamblea de hombres santos tan sólo por haber oído hablar de ellas.
¿Qué maestro es tan amable con su sirviente que él mismo le provee de todas sus necesidades y, lejos de pedir cuentas ni siquiera en sueños, por lo que ha hecho por su sirviente, se sentiría pro fundamente turbado por cualquier molestia que pudiese afectarle?
Sólo tú, mi Señor: con los brazos en alto declaro esto en juramento.

Una bestia puede danzar y un loro puede tener la capacidad de repetir lo que se le ha enseñado; pero la capacidad del pájaro y los rítmicos movimientos de la bestia dependen del profesor y del maestro de danza.

Es así, reformando a tus sirvientes y tratándoles con honor, como los has convertido en las joyas cumbre de los hombres santos.
¿Hay alguien, excepto tú, el Todomisericordioso, que pudiera, de una forma justa, mantener su alta reputación como un amable y generoso maestro?

Empujado por la pena, el amor o simplemente por niñería he venido aquí a despecho de tus órdenes; sin embargo, fiel a tu propia forma de ser, mi gracioso señor, has aceptado mi insolencia como si se tratase de una buena acción.
He visto tus bendecidos pies y he podido reconocer que mi maestro, tú, oh Rama, me es naturalmente propicio.
En esta augusta asamblea he visto mi buena fortuna, ya que sigo disfrutando del cariño de mi maestro a pesar de mi gran negligencia.
Oh Rama, mi Señor lleno de gracia, siempre has sido extremadamente amable y compasivo conmigo: esto es mucho más de lo que nunca pudiera merecer.
Por la gracia de tu amabilidad, noble disposición y benevolencia, mi Señor, siempre has sido indulgente conmigo.
Sin ninguna consideración por los sentimientos de mi maestro y de su asamblea he sido demasiado atrevido, hablando con cortesía o sin ella, según me pareciese; pero percibiendo mi gran sufrimiento, estoy seguro de que mi Señor me perdonará.

Es un gran error decir demasiado a un maestro amoroso, inteligente y bueno.
Por ello, dígnate, mi Señor, darme ordenes, ya que tú has llevado a cabo todos mis objetivos.

Jurando por el polvo de los pies de loto de mi señor, que es la gloriosa consumación de la verdad, virtud y felicidad, proclamo el deseo que en todo momento he abrigado en mi corazón, ya sea despierto, soñando o completamente dormido.
Este deseo es servir a mi maestro con sinceridad y espontaneidad olvidando mis propios intereses y abandonando las cuatro metas de la existencia humana.
Ya que el mayor servicio a un noble maestro es obedecer sus órdenes.
Permite a tu sirviente, mi señor, obtener este favor en forma de una orden.
"

Al decir esto estaba completamente abrumado por la emoción; un estremecimiento corrió por todo su cuerpo y las lágrimas se agolparon en sus ojos.
Con gran zozobra se abrazó a los pies de loto del Señor; la excitación del momento y la intensidad del amor no pueden ser descritas con palabras.
El Océano de Compasión le honró con amables palabras y cogiéndole de la mano lo sentó a Su lado.
Toda la asamblea, incluyendo al Señor de los Raghus, estaba abrumada por el amor después de escuchar la súplica de Bharata y contemplar su disposición.

El Señor de los Raghus, la congregación de santos, el sabio Vasistha y el señor de Mithila estaban desmayados de amor y admirando en su corazón la sorprendente gloria del fraternal amor y devoción de Bharata.
Los dioses aclamaron a Bharata y lanzaron sobre él una lluvia de flores, aun con todo el dolor de su corazón.
Escuchando esto, dice Tulsidas, todos se sintieron angustiados e incómodos al igual que los lotos se marchitan a la llegada de la noche.

Al ver a cada hombre y mujer de Ayodhya y Mithila afligidos y abatidos, Indra, que era verdaderamente malicioso, buscaba su propia felicidad matando a aquellos que ya estaban muertos.
Aun siendo el rey de los dioses, Indra es el peor espécimen de falsedad y maldad; se siente feliz con las desgracias ajenas y con las ganancias propias.
Las formas de actuar de Indra, el asesino del demonio Paka, son como las de un cuervo: astucia, malicia y desconfianza.
Indra ideó un plan demoníaco; en primer lugar tejió una red de engaños y arrojándola sobre la cabeza de cada uno de ellos, los convirtió a todos en víctimas del aburrimiento.
Entonces les cegó a todos ejercitando la fuerza engañosa de los dioses; pero no pudo privarles por completo del amor que sentían por Sri Rama.
Confundidos por el miedo y el aburrimiento, estaban aturdidos.
Tan pronto se sentían a gusto en el bosque como en el instante siguiente deseaban estar en sus hogares.
La gente estaba afligida por esta actitud vacilante de sus mentes, semejante al agua en la boca de un río, que es agitada hacia ambas orillas.
Ante la inconstancia de su mente, no podían encontrar consuelo en ningún lado, ni tampoco podían abrir sus corazones los unos a los otros.
Observando lo que pasaba, el Señor todo compasivo, sonrió para sus adentros y dijo:
"La raza canina, Indra y la atrevida juventud son semejantes por naturaleza".

Excepto en Bharata, el Rey Janaka, las huestes de sabios, los ministros y santos iluminados, la fuerza engañosa de los dioses prevaleció en todos de acuerdo a la susceptibilidad de cada uno.

El Océano de Compasión, Sri Rama, vio a la gente agitada, por un lado por el amor que sentían hacia Él y, por otro lado, por el poderoso truco llevado a cabo por Indra, el señor de los cielos.
La asamblea, el Rey Janaka, el preceptor, el sabio Vasistha, los otros brahmanes y los ministros tenían sus sentidos atrofiados por la devoción de Bharata a Sri Rama.
Como figuras dibujadas en una pintura, recordaban a Sri Rama y pronunciaban con diferentes palabras lo que les había sido enseñado para que lo repitiesen en la misma forma.
El amor de Bharata, su cortesía, modestia y nobleza son deliciosos al oído, pero difíciles de describir.
Viendo una minúscula partícula de su devoción, la asamblea de sabios y el Rey de Mithila estaban embebidos de amor; ¿cómo entonces yo, Tulsidas, puedo hablar de su gloria?

Su devoción y nobles sentimientos han inspirado sublimes pensamientos en la mente del poeta.
Cuando éste puede reconocer su pobreza y la magnitud de la gloria de Bharata, se recoge en sí mismo sin respeto alguno por las normas impuestas por la raza de los poetas.
Ya que, aun enamorado de sus virtudes, es incapaz de describirlas; la razón del poeta se reconoce tan inútil como el discurso de un niño.

La gloria sin mancha de Bharata es como la Luna sin su punto negro, mientras que la brillante razón del poeta es como la cría de un pájaro Chakora, que permanece con los ojos fijos, sin pestañear, cuando ve alzarse la Luna en los cielos del corazón de un devoto sincero.

Los nobles sentimientos de Bharata no son fácilmente comprensibles, ni siquiera por los Vedas; por ello, ¡oh poetas! perdonad por la frivolidad de mi pobre talento.
Hablando del genuino amor de Bharata, ¿quién no se convertirá en de voto de los pies de Sita y Sri Rama?
¿Existe alguien peor que el hombre que no se siente fácilmente inspirado al amor de Sri Rama simplemente pensando en Bharata?

Viendo la incómoda situación en la que todos se encontraban, y sabiendo lo que había en la mente de su devoto Bharata, y después de considerar ampliamente el lugar, tiempo y ocasión, y unir todo esto, el Todomisericordioso y todo sabiduría, Sri Rama, el Señor de los Raghus, campeón de virtudes, autocontrol y prudencia, y un océano de verdad, amor, amabilidad y alegría, y que además respeta las leyes de propiedad y tiene completa fe en Su amor, pronunció palabras que eran la auténtica esencia de la elocuencia y que, por lo tanto, eran para los oídos, dulces como el néctar:
"Querido Bharata, eres un defensor de la rectitud, buen conocedor de la cultura laica y un experto enamorado de los Vedas.

Puro en pensamiento, palabra y obra, no tienes competidor, querido hermano.
¿Como podría enumerar las virtudes de un hermano menor en esta asamblea de ancianos y en tan adversa circunstancia?

Querido hermano, eres un conocedor experto de las tradiciones de la raza solar, y conocedor de cuán sincero y amante de la fama era nuestro padre.
Eres incluso consciente de la gravedad de la ocasión, las circunstancias en las que nos encontramos y la consideración que deberíamos tener por los sentimientos de nuestros mayores y también conoces la mente de tus amigos, enemigos y neutrales.
Eres incluso consciente del deber de cada uno, así como de qué es lo mejor para ti y para mí y de lo que debemos hacer.
Tengo total confianza en ti; sin embargo, diré algo apropiado a la ocasión.
En ausencia de nuestro padre, querido hermano, todos nuestros intereses han sido conservados por la benevolencia del preceptor de nuestra familia; de otra forma, nuestros súbditos, nuestros parientes, nuestra propia gente y nosotros mismos, habríamos estado perdidos.
Si el Sol, el señor del día, se pusiera antes de tiempo, ¿dime quién en este mundo no estaría afectado por esta vicisitud?
La Providencia nos trajo una calamidad similar, pero el sabio Vasistha y el señor de Mithila nos salvaron de ella.

No sólo las razones de estado, sino también nuestro honor y buen nombre, nuestra virtud, tierras, riquezas y casas, todo será protegido por la gloria de nuestro Guru y al final todo saldrá bien.

Tanto en nuestra casa como en los bosques, sólo la benevolencia de nuestro preceptor nos protegerá a ambos, a ti y a mí, así como a aquellos que nos rodean.
La obediencia al propio padre y madre, preceptor y maestro es la base de todas las virtudes, hasta Sesa, el señor de las serpientes, soporta la esfera en su cabeza.
Por ello, querido hermano, obedece sus mandatos y ayúdame a hacer lo mismo, y ser el salvador de la raza solar.
Esta es una disciplina que otorga total éxito por encima de cualquier oposición, y es igual que la triple corriente del Ganges, Yamuna y Saraswati en Prayaga que combina fama, salvación y prosperidad.
Considera esto y aunque tengas que sufrir grandes penalidades haz felices a tus súbditos y a tu propia gente.
Mi dolor ha sido compartido por todos; pero tu destino durante todo el tiempo de mi exilio será el más duro.
Sé que eres tierno de corazón y, sin embargo, te estoy diciendo repugnantes palabras; pero todo está tan asociado que no será injustificable por mi parte.
En los tiempos difíciles sólo los buenos hermanos son útiles el uno al otro; tan sólo con el propio brazo se pueden parar todos los golpes, incluso el de un rayo.

Los sirvientes deberían ser como manos, pies y ojos: mientras que el maestro debería ser como una boca.
Escuchando hablar de esta forma ideal de amor entre un maestro y sus sirvientes los buenos poetas le ofrecen su tributo."


Escuchando el discurso de Sri Rama, el jefe de los Raghus, impregnado con el néctar extraído del océano de amor, toda la asamblea estaba perdida en un trance de afecto.
Incluso la diosa Sarada estaba asombrada de lo que veía.
Bharata emanaba suprema consolación; ahora que su maestro le era propicio, el dolor y el infortunio desaparecieron de él.
Su aspecto era encantador y la pesadez de su corazón se había ido; se asemejaba a un hombre mudo que ha sido favorecido por la diosa de la elocuencia.
Bharata hizo un gesto de amorosa obediencia y juntando sus manos de loto dijo:
"Mi señor, he podido disfrutar de haberte acompañado y también he obtenido el premio de haber nacido en este mundo. Ahora, mi gracioso señor, cualquiera que sea Tu mandato, me postraré ante él y lo llevaré adelante con reverencia.
Te ruego, buen Señor, que me concedas algún apoyo tangible para que sirviéndole pueda ser capaz de alcanzar el final del período de tu exilio.

Mi Señor, en obediencia al mandato de nuestro preceptor, he traído agua de todos los santos lugares para tu coronación, ¿cuáles son tus órdenes a este respecto?

Tengo un profundo anhelo; pero debido al miedo y a la timidez me siento incapaz de mencionarlo
".

"Dime, querido hermano, de qué se trata."

Recibiendo así el permiso del Señor, Bharata replicó con palabras endulzadas por el amor:
"Con tu permiso, iré y visitaré Chitrakuta con sus sagradas regiones, santos lugares y bosques, pájaros y bestias, lagos y
corrientes, manantiales y colinas y particularmente la tierra adornada con las huellas de los pies de mi señor
".

"Haz lo que el sabio Atri te pide que hagas, querido hermano, y anda por los bosques sin ningún miedo.
Son las bendiciones del sabio, querido hermano, lo que hace del bosque algo tan propicio, santo y exquisitamente hermoso.
Deposita el agua de los santos lugares dondequiera que Atri, el mayor de los sabios, lo desee."


Escuchando la respuesta de su señor, Bharata se alegró y con suma delicadeza fue e inclinó su cabeza ante los pies de loto del sabio Atri.
Cuando los egoístas dioses, escucharon esta conversación entre Bharata y Sri Rama, fuente de toda bendición, aplaudieron a la raza de Raghu e hicieron caer una lluvia de flores del árbol del paraíso.
"¡Alabado sea Bharata y gloria a nuestro señor, Sri Rama!" exclamaron los dioses con gran entusiasmo.

El sabio Vasistha, el señor de Mithila y el resto de la asamblea se sintieron llenos de gozo al escuchar las palabras de Bharata. Completamente conmovido por el gozo, el Rey Videha exaltó las muchas virtudes y el amor de ambos; Bharata y Sri Rama.
Los ministros y demás presentes en la asamblea estaban tan abrumados por el amor que empezaron a lanzar alabanzas, cada uno de acuerdo a sus mejores habilidades, la encantadora disposición de ambos, maestro y sirviente, su fidelidad y amor, lo más puro de la pureza.
En ambos campamentos apareció un sentimiento, mezcla de alegría y pena, que a medida que continuaban escuchando la conversación entre Sri Rama y Bharata, hacía palpitar el corazón de todos.
Con alegría y tristeza a la par, la madre de Sri Rama consolaba a las otras reinas madre; sus co-esposas, narrando las virtudes de Sri Rama.
Algunas glorificaban al Héroe de la estirpe de los Raghus, mientras que otras ensalzaban la bondad de Bharata.

Entonces Atri dijo a Bharata:
"Hay un hermoso pozo junto a la colina; el agua de los lugares sagrados, incomparable y tan santa y dulce como el néctar, debe ser depositada en él".

Tan pronto como recibió las órdenes de Atri, Bharata cargó sobre su cabeza todas las vasijas conteniendo el agua santa y junto a su hermano menor Satrughna y el sabio Atri y otros eremitas y santos, se encaminó hacia el pozo, insondable en su profundidad, y depositó el agua santa en este sagrado lugar.

Transportado por la alegría, el sabio Atri, amorosamente, habló así:
"Este lugar ha traído éxito a los guerreros desde tiempo inmemorial; pero al estar oculto desde hace tiempo nadie lo conoce.
Mis sirvientes señalaron este suelo como rico en subterráneos manantiales de agua y cavaron en él un gran pozo con vistas a asegurarse buena agua.
Por el decreto de la Providencia el mundo entero se ha beneficiado al arrojar en este pozo el agua de los lugares sagrados y la idea del mérito religioso que crece al bañarse en este pozo, difícilmente comprensible al intelecto ordinario, se ha convertido en algo fácilmente inteligible para todos.
Ahora la gente lo llamará por el nombre de Bharatakupa: pozo consagrado a la memoria de Bharata.
Su santidad ha sido acrecentada al haber sido mezclada agua de todos los santos lugares.
Aquellos que se sumerjan en él con devoción y con la debida ceremonia se volverán puros en pensamiento, palabra y obra".

Hablando entre ellos de la gloria del pozo todos regresaron a la ermita de Sri Rama, el Señor de los Raghus; y el sabio Atri explicó al Jefe de los Raghus el poder purificante de este lugar santo.
La noche iba pasando placenteramente mientras, llenos de amor, narraban sagradas leyendas.
Así permanecieron hasta que empezó a romper el alba.

Una vez terminadas sus rutinas de las primeras horas de la mañana y de recibir el permiso de Sri Rama, Atri y el preceptor, el sabio Vasistha, los dos hermanos, Bharata y Satrughna, comenzaron a caminar por el bosque, unidos al nombre de Sri Rama y acompañados de sus súbditos, todos ellos ataviados con simples vestiduras.
Sin poder evitar el sentirse incómoda al saber que los dos hermanos caminaban sin zapatos sobre sus delicados pies, la Tierra suavizó su superficie y escondió en su cuerpo todas las cosas desagradables, duras y difíciles de ver, como las puntiagudas briznas del espinoso césped de Kusa, piedras y grietas.
Así fue cómo la Tierra hizo los caminos suaves y deliciosos, mientras que la refrescante brisa soplaba fresca, suave y fragante.
Los dioses derramaron una lluvia de flores; las nubes les proporcionaban sombra; los árboles florecieron aportándoles sus frutos: la hierba suavizó la superficie de la tierra; los ciervos lanzaban sus encantadoras miradas; mientras que los pájaros susurraban sus dulces notas; de esta forma todos ofrecieron sus servicios a los dos príncipes, pues los habían reconocido como los amados hermanos de Sri Rama.

Mientras que todos los poderes sobrenaturales son fácilmente alcanzables para un individuo ordinario si éste pronuncia el nombre de "Rama", aunque sea bostezando, esto no es un gran honor para Bharata, tan querido por Rama como Su propia vida.

De esta forma Bharata vagaba por el bosque; hasta los eremitas se sentían avergonzados al ver su devoción y austeridad.
Las lagunas sagradas y los trozos de tierra, los pájaros y bestias, los árboles y hierbas, las colinas, bosques y huertas eran encantadores, maravillosos y preeminentemente santos.
Viéndolos a todos tan divinos, Bharata formuló preguntas acerca de ellos; y en respuesta a sus preguntas el sabio Atri le contó con corazón complacido el origen, nombre, atributos y virtudes purificantes de cada uno.
Sumergiéndose en un lugar, reverenciaban otro; aquí contemplaban visiones embriagadoras para el alma, allá se sentaban con el permiso del sabio y pensaban en Sita y en los dos hermanos: Sri Rama y Lakshmana.
Viendo la buena disposición de Bharata, su afecto y leales servicios, los dioses del bosque le dieron gustosos sus bendiciones.
Había pasado ya la mitad de la tercera vigilia del día cuando los dos hermanos regresaron a su campamento y contemplaron los pies de loto de su señor.

En cinco días Bharata visitó todos los lugares sagrados.
El último día se pasó mientras hablaban de la resplandeciente gloria de Hari, Bhagavan Vishnu, y Hara, el Señor Shiva.
Por la mañana, después de los baños, la asamblea en pleno se reunió de nuevo: Bharata, los brahmanes y el Rey de Tirhut, Mithila.

Aun sabiendo que el día era propicio para comenzar el viaje de vuelta a Ayodhya, Sri Rama, el tierno de corazón, dudó en decirlo.
Sri Rama miró a Su preceptor, el sabio Vasistha, al Rey Janaka y a la asamblea: pero al momento Se sintió nervioso y dirigió Sus ojos hacia el suelo.
Alabando su miramiento por los sentimientos ajenos, toda la asamblea pensó que en ninguna parte se podría encontrar a un maestro tan considerado como Sri Rama.

Bharata, que era suficientemente inteligente como para percibir los deseos de Sri Rama, se levantó e imponiéndose una gran moderación, se postró ante Sri Rama.
Entonces, juntando sus manos, dijo lleno de amor:
"Mi señor, has concedido todos mis deseos.
Por mi causa todos han sufrido muchos problemas e incluso tú te has tenido que ver en una incómoda posición.
Ahora, mi Señor, dame tu permiso para partir, para que así pueda regresar a Ayodhya y permanecer allí hasta tu regreso.

Amonéstame, oh precioso Señor de Kosala, y dime qué debe hacer tu sirviente durante el período de tu exilio para poder contemplar de nuevo los pies de su misericordioso maestro.

Mi señor, todos tus ciudadanos, parientes y súbditos están santificados y empapados de gozo por el amor que sienten por ti y su relación contigo.
Es preferible estar atormentado por la agonía del nacimiento y muerte por tu causa; ya que sin ti, mi señor, no tiene sentido alcanzar el estado supremo de beatitud.
Conociendo los corazones de todos, y hasta los deseos y anhelos de los corazones de tus sirvientes, así como su forma de vida, mi omnisciente señor, protector de los suplicantes, les protegerá a todos y les cuidará hasta el final.
Estoy totalmente seguro de esto; y cuando lo afirmo no estoy en absoluto perturbado por ello.
Es la mezcla de mi propia desgracia y la amabilidad de mi señor lo que me hace tan imprudente.
Corrige este gran pecado, mi señor, enseña a tu siervo sin reservas.
"

Todos aquellos que escucharon el ruego de Bharata le aplaudieron y dijeron, "Esta súplica de Bharata es como la cría de un cisne, que puede extraer leche del agua".

Cuando el todo sabiduría, Sri Rama, protector de los afligidos, escuchó el humilde y sincero discurso de Su hermano Bharata, replicó en términos adecuados al lugar, tiempo y ocasión:
"Hermano, son nuestro protector, el sabio Vasistha, y el Rey Janaka quienes piensan por ti y por mí, así como por toda nuestra gente, ya estemos en casa o en el bosque.
Mientras nuestro preceptor, el sabio Vishwamitra, y el señor de Mithila sean nuestros guardianes, ni tu ni yo podemos ni siquiera soñar con problemas.
Para los dos, tanto para ti como para mí, el mayor logro de nuestra vida humana, y más aún, de nuestras ganancias materiales, nuestra gloria, nuestra virtud, y de nuestras más altas conquistas espirituales consiste en que ambos debemos obedecer las órdenes de nuestro padre.
Es defendiendo la reputación del rey, nuestro padre, y cumpliendo su palabra, donde, a los ojos del mundo y según la estimación de los Vedas, descansa nuestro bien.
Aquellos que siguen los consejos de su preceptor, padre, madre y maestro. nunca tropiezan, ni aun eligiendo el camino equivocado.
Considerando esto y desechando toda ansiedad, ve y gobierna sobre Ayodhya hasta el período señalado.
La responsabilidad de la protección de nuestro país, tesoros, parientes y nuestra propia gente descansa en el polvo de los pies de nuestro preceptor.
En lo que a ti concierne, debes proteger la Tierra, tus súbditos y tu capital de acuerdo al consejo de tu preceptor, el sabio Vasistha, de tus madres y del ministro Sumantra."


Un jefe debe ser como la boca, que es la única que come y bebe, pero que mantiene y nutre a discreción al resto de los órganos, dice Tulsidas.
Esta es la esencia del deber de un rey, que permaneciendo escondida en los Sastras, al igual que un deseo, es alimentado en el corazón antes de ser expresado.

El Señor confortó a Su hermano Bharata de muchas formas diferentes: pero al no tener un apoyo, su mente no encontró consuelo ni descanso.
Su estima por Bharata por un lado y por el otro la presencia de ancianos y ministros, abrumo al Señor de los Raghus con un sentimiento, mezcla de turbación y afecto.
Al final, el Señor se compadeció de él y le dio Sus sandalias de madera; Bharata, reverentemente, las puso en su cabeza.
Las sandalias del Señor todo misericordioso eran como dos guardianes entregados al deber de proteger la vida de la gente, o podían ser comparadas a un par de cofres para guardar la joya del amor de Bharata, o a las dos sílabas que forman la palabra "Rama", destinadas para la práctica espiritual del alma humana.
O debían ser comparadas a un par de puertas para guardar la raza de Raghu; o a un par de manos para la realización de las buenas obras; o también a un par de ojos para poder ver el noble camino del servicio.

Bharata estaba muy complacido de obtener este apoyo; se sintió tan feliz como si Sita y Sri Rama hubiesen accedido a permanecer en Ayodhya.
Con una reverencia, rogó le fuese permitido partir, Sri Rama le abrazó contra Su pecho, mientras que el malévolo señor de los cielos, aprovechándose de esta adversa situación, hizo que todos se sintieran desamparados.
Este agravio, sin embargo, fue una gracia para todos, les ayudó a mantener su vida tan solo por la esperanza del regreso de Sri Rama a Ayodhya, al final del periodo de Su exilio.
De otra forma, todos hubieras sucumbido por la gran agonía de tener que separarse de Lakshmana, Sita y Rama: la confusión se resolvió y los dioses que tenían una disposición hostil hacia la gente de Ayodhya, ahora se convertían en esperanzadores aliados.

Sri Rama miró a Su hermano Bharata, mientras le abrazaba; el éxtasis de Su amor no puede ser descrito en palabras.
Su cuerpo, mente y habla estaban empapados de amor y el más firme de los firmes perdió toda firmeza.
Sus ojos de loto se llenaron de lágrimas; hasta la asamblea de dioses estaba apenada al ver al Señor en este estado.
La asamblea de sabios reunida allí, el preceptor, el sabio Vasistha, y un campeón de firmeza como era el Rey Janaka, de los cuales ha sido probada su riqueza de mente en el fuego de la sabiduría, y más aún, que fueron creados por Brahma libres de todo apego y que nacieron en este mundo al igual que el loto nace en el agua, y sin embargo, permanece siempre por encima de ella, hasta ellos se sintieron abrumados, en su mente, cuerpo y habla y perdieron toda razón y serenidad cuando vieron el afecto incomparable e ilimitado de Sri Rama, el Jefe de los Raghus, y de Bharata.

Sería una gran infamia llamar mundano el afecto entre Si Rama y Bharata que hacía perder la razón al Rey Janaka y al preceptor Vasistha.
La gente se percatará de la dureza del corazón del poeta si le escuchan describir la separación de Si Rama, el Jefe de los Raghus, y de Bharata.
El éxtasis que produce tanta delicadeza va más allá de las palabras; pensando en el amor que esta escena trae, hasta la elocuencia se encierra en sí misma.

Sri Rama, el Jefe de los Raghus, primero abrazó a Bharata y lo consoló y entonces, lleno de gozo, abrazó a Satrughna.
Leyendo la mente de Bharata, todos sus siervos y ministros se alejaron y prestaron atención a sus respectivas deberes.
En ambos campamentos, la gente se vio obligada a darse cuenta de que tenían que partir y, con aflicción, empezaron a prepararse para el viaje de regreso.

Los dos hermanos, Bharata y Satrughna, adoraron los pies de loto de Su señor y postrándose a las órdenes de Sri Rama comenzaron su viaje.
Ambos suplicaron a los sabios, ascetas y a los dioses de los bosques y los honraron una y otra vez.

Entonces, Bharata abrazo a Lakshmana mientras que Satrughna se postró ante él, y ambos colocaron el polvo de los pies de Sita en sus cabezas y, recibiendo Su amorosa bendición, raíz de todas las buenas bendiciones, partieron. [...]
El regreso de Bharata a Ayodhya:
[...] Bharata dio instrucciones a los ministros y a los fieles sirvientes, los cuales sin pérdida de tiempo comenzaron a llevar cabo sus respectivas obligaciones.
Entonces, mandó llamar a su hermano menor, Satrughna y, después de darle las debidas instrucciones, le encomendó el servicio de cuidar a todas sus madres.
Convocando a los brahmanes, se inclinó ante ellos y juntando sus palmas, les pidió, con la debida cortesía de acuerdo a su edad:
"Os ruego me encomendéis algún deber, alto o bajo, bueno o indiferente, y no dudéis en hacerlo".

También mandó llamar a sus parientes y a los ciudadanos y tranquilizando sus mentes, todos se establecieron pacíficamente. Entonces, acompañado por su hermano menor, Satrughna, llamó a su preceptor y, postrándose, se dirigió a él con sus manos juntas,
"Con tu permiso, a partir de ahora llevaré una vida de penitencia".

Estremeciéndose de amor, el sabio replicó: "Cualquier cosa que pienses, digas o hagas, será la esencia de la piedad en este mundo".

Después de escuchar su opinión y de recibir las bendiciones de su preceptor, Bharata llamó a los astrólogos y, fijando un día propicio y hora, instaló con suma felicidad las sandalias de madera del Señor en el trono de Ayodhya.

Inclinando su cabeza a los pies de la madre de Sri Rama, Kausalya, y de su preceptor, el sabio Vasistha, y recibiendo el permiso de las sandalias del Señor, Bharata, auténtico defensor de la rectitud, construyó una cabaña de hojas en Nandigrama y trasladó allí su morada.

Con una mata de enmarañados cabellos en su cabeza y vestido con ropas de ermitaño, escarbó profundamente la tierra y esparció allí una capa de hierba de Kusa.
En lo que se refiere a la comida, ropa, utensilios, ritos religiosos y austeridades, practicó devotamente el rígido voto de los ermitaños y públicamente descartó en pensamiento, palabra y obra, todo adorno del cuerpo, ropajes y los múltiples placeres de los sentidos.

La soberanía de Ayodhya era la envidia incluso de Indra, el señor de los celestiales, mientras que la simple relación de las riquezas poseídas por Dasaratha avergonzaba hasta a Kubera, el dios de las riquezas; sin embargo, para Bharata, vivir en esa ciudad era tan indiferente como puede ser para una abeja vivir en un jardín lleno de flores de Champaka.

Las almas bendecidas que son devotas de Sri Rama rechazan como si vomitaran el esplendor de Lakshmi: la riqueza y los placeres mundanos.
Así como la grandeza de Bharata se debe a ser el amado de Sri Rama y no a sus logros, el pájaro de Chataka es elogiado por su constancia y el cisne por su poder de discriminación (extrayendo leche del agua).

Adelgazaba día a día. Su gordura disminuyó, pero no por ello la fuerza de su cuerpo, y el encanto de su cara permaneció exactamente igual.
La llama de su amor por Sri Rama era más brillante y fuerte que nunca.
Su parcialidad por la virtud crecía progresivamente y su mente no estaba triste en absoluto, al igual que a la llegada del otoño el agua de los lagos, ríos, etcétera, desciende, pero los juncos crecen con vigor y los lotos florecen.
El control de la mente y los sentidos, la fuerza de voluntad, las costumbres religiosas y los ayunos brillaban como una multitud de estrellas en el cielo sin nubes del corazón de Bharata.
Su fe permaneció como la estrella polar; la perspectiva del regreso de Sri Rama al fin del período de su exilio representaba la luna llena de la noche, mientras que su pensamiento puesto en su señor brillaba como la Vía Láctea.
Y su afecto por Sri Rama era como una Luna fija y sin mancha que siempre resplandece entre una galaxia de estrellas.
Todos los grandes poetas tartamudean al describir la forma de vida, el credo, los hechos, la devoción, la serenidad, las intachables virtudes y el esplendor de Bharata; ante ellos, hasta la razón de Sesa, el señor de las serpientes, el de las mil cabezas, Ganesha, el dios de la sabiduría, y Saraswati, la diosa de la elocución, se sienten desconcertados.

Bharata adoraba diariamente las sandalias del Señor con su corazón desbordante de amor y constantemente se dirigía a ellas para resolver los múltiples asuntos de estado.
Mientras su lengua repetía el nombre de Sri Rama, su cuerpo se estremecía por completo por la emoción, y su corazón estaba lleno de Sita y Sri Rama, y las lágrimas se agolpaban en sus ojos.

Lakshmana, Sri Rama y Sita habitaban en el bosque, mientras que Bharata, a pesar de vivir en casa, mortificaba su carne con austeras penitencias.
Después de considerar ambas partes, todo el mundo estuvo de acuerdo en afirmar que Bharata era merecedor de todo elogio.
Los santos se sentían avergonzados al escuchar sus votos y ritos religiosos y su determinación avergonzaba a los más grandes sabios.

La santa historia de los hechos de Bharata es deliciosa y es una fuente de gozo y bendiciones.
Destruye los terribles pecados y aflicciones de la era de Kali: es un auténtico Sol que dispersa la noche de la gran ilusión que nos ha sido arrojada a este mundo, y es un león, el rey de las fieras, para triturar la manada de elefantes en la forma de pecados y alivia toda clase de sufrimientos.
Deleita a los devotos y descarga el peso de la transmigración y es la esencia de la Luna de la devoción a Sri Rama.

Si Bharata, que rebosaba del néctar de la devoción a Sita y Sri Rama, nunca hubiese nacido, ¿quién hubiera practicado el difícil voto de la auto-abnegación, austeridad y control de la mente y los sentidos que trascienden hasta la imaginación de los sabios?
¿Quién hubiese destruido el dolor, quemado la agonía, pobreza, hipocresía y otros pesares del mundo con su buena fama?
Y, ¿quién, en esta época de Kali, hubiera desviado con fuerza la mente de villanos como Tulsidas hacia Sri Rama?

Quienquiera que escuche con reverencia la historia de Bharata, dice Tulsidas, y con estricta regularidad, adquirirá sin duda devoción a los pies de Sita y Rama y perderá el gusto por los placeres de la vida. [...]
Durante la batalla entre Sri Rama y Ravana, Hanuman va en busca de la medicina para Lakshmana:
[...] Hanuman, encontró la montaña, pero no conseguía dar con la hierba prescrita por Susena, por lo cual, sin perder más tiempo, arrancó la montaña.
Cargándola en sus brazos, Hanuman se alzó en el aire; era todavía de noche cuando pasaba sobre la ciudad de Ayodhya.

Bharata, quien vigilaba siempre por las noches desde que regresó de Chitrakuta, divisó una figura colosal cruzando el viento, y creyendo que era un demonio, se llevó el arco hasta la oreja y le dio con una flecha en la cabeza.

Herido por la flecha, Hanuman cayó al suelo sin sentido, gritando: "Rama, Rama, oh Señor de los Raghus".
En el momento que Bharata oyó estas palabras tan placenteras, se precipitó junto al mono.
Viéndole desmayado, el príncipe le tomó en su regazo y trató de despertarle de todas las formas, pero fue en vano.

Con tristeza en el rostro, el corazón dolorido y los ojos llenos de lágrimas, habló de esta manera:
"La misma providencia que me alejó de Sri Rama me ha impuesto este terrible sufrimiento.
Si en pensamiento, palabra, obra acción yo sinceramente deseo devoción a los pies de loto de Sri Rama, y si el Señor de los Raghus es benévolo conmigo, quizás este mono pueda ser aliviado de su agotamiento y dolor
"

Al oír estas palabras, el jefe de los monos se levantó y sentándose, lloraba diciendo:
"¡Gloria, toda la gloria al Señor de Kosala!"

Al ser tomado en brazos por Bharata, un estremecimiento de alegría recorrió su cuerpo y las lágrimas comenzaron a caer de sus ojos.
Su corazón se desbordaba de amor con el pensamiento de Sri Rama, gloria de la raza de los Raghus.

"Dime, amado amigo, si Sri Rama, fuente de la alegría, se encuentra bien, así como su hermano menor Lakshmana, y mi madre Janaki, hija de Janaka."

El jefe de los monos le resumió todo lo que había pasado y Bharata al oírlo sintió un gran dolor y su corazón se llenó de remordimiento.
"Ah, santo cielo, ¿por qué nacería yo en este mundo si no puedo servir al Señor?"

Pero al conocer las circunstancias adversas, el intrépido y poderoso príncipe se reanimó y se dirigió de nuevo a Hanuman, diciendo: "Te habrás retrasado en tu viaje y una vez que amanezca será demasiado tarde.
Súbete en mi flecha, con montaña y todo, y yo te enviaré derecho a la presencia del Señor Todomisericordioso
".

Hanuman se sintió halagado cuando oyó estas palabras.
"Cómo podrá volar la flecha con mi peso?", pensó.
Y recordando otra vez la gloria de Sri Rama, se postró a los pies de Bharata y le habló así con las manos juntas:
"Protegido por el pensamiento de la majestad de mi Señor, llegaré a salvo".

Entonces, con el permiso de Bharata, Hanuman se postró a sus pies y salió despedido.
Durante el viaje, el hijo del dios del viento celebró una y otra vez la fuerza del brazo de Bharata, su bondad y amabilidad, así como su ilimitada devoción por los pies del Señor. [...]
Tras el triunfo sobre los demonios y la culminación de su exilio, Sri Rama emprende el regreso a Ayodhya:
[...] El período del exilio de Sri Rama terminaba en el espacio de un solo día, lo que hacía que la gente de la ciudad estuviese extremadamente ansiosa.
Desolados por la separación de Sri Rama, hombres y mujeres estaban sumergidos por igual en sus pensamientos.
Mientras tanto, aparecían favorables presagios de todo tipo y todo el mundo se sentía alegre.
La ciudad misma brillaba por todas partes, como si anunciase las buenas del Señor. Kausalya y las otras madres se sentían inmensamente felices, como si alguien estuviese a punto de comunicarles que el Señor había llegado junto con Sita y Lakshmana.

El ojo derecho de Bharata pestañeaba una y otra vez.
Reconociendo esto como un buen augurio, se sentía desbordante de felicidad; pero al instante siguiente se volvía a sentir preocupado.

El fin del exilio de Sri Rama, única esperanza de su vida, iba a tener lugar al cabo de un solo día; este pensamiento llenaba la mente de Bharata de indescriptible tristeza.
"¿Cómo es que el Señor no me ha dado ninguna noticia?
¿Es que acaso me ha castigado por mi maldad?
¡Ah! ¡Cuán bendecido y afortunado es Lakshmana, un verdadero devoto a los pies de loto de Sri Rama!
El Señor sabe que yo soy falso y perverso; por ello rehusó llevarme con Él.
Si el Señor tuviese en cuenta mis acciones no podría ser redimido ni siquiera tras innumerables ciclos.
Pero El Señor nunca toma en cuenta las faltas de Sus devotos, y es amigo del humilde y del manso de corazón.
Estoy profundamente convencido de que Sri Rama va a encontrarse conmigo, ya que las señales son muy propicias.
Pero si sobrevivo después de terminar el plazo de su exilio, no habrá nadie en este mundo tan despreciable como yo.
"

Mientras que la mente de Bharata se ahogaba en el océano de la separación de Sri Rama, el hijo del dios del viento, Hanuman, en forma de un Brahmán, llegó como un buque a rescatarlo.
Se encontró a Bharata sentado en una mata de hierba Kusa, con el cuerpo enflaquecido, el oscuro cabello enrollado a modo de corona, las palabras "Rama, Rama, Raghupati" en los labios, y un torrente de lágrimas en los ojos.

Ante esta escena, Hanuman quedó extasiado; cada pelo de su cuerpo se erizó y las lágrimas le brotaban sin cesar.
Se sintió profundamente agraciado y se dirigió a Bharata con palabras que eran como néctar para sus oídos:
"Aquel por cuya ausencia tú sufres día y noche, cuyas virtudes enumeras incesantemente, gloria de la estirpe de Raghu, deleite de los virtuosos y protector de sabios y dioses, ha llegado.
Tras con quistar a sus enemigos en la batalla, con los dioses cantando Sus glorias, el Señor viene hacia aquí con Sita y Lakshmana".

Tan pronto como Bharata escuchó estás palabras olvidó todas sus penas, al igual que un sediento que ha obtenido néctar.
"¿Quién eres, querido amigo, y de dónde vienes?
Me acabas de dar las noticias más placenteras.
"

"Escucha, oh fuente de misericordia: Soy el hijo del dios del viento, un mono; Hanuman es mi nombre.
Soy un humilde sirviente de Sri Rama, Señor de los Raghus y protector de los humildes."

Al oír esto, Bharata se alzó y le abrazó con reverencia.
El afecto con el que lo abrazo era demasiado grande para que lo pudiese con tener; sus ojos se llenaron de lágrimas y todos los pelos de su cuerpo se pusieron de punta.

"Sólo con verte, oh Hanuman, todos mis sufrimientos han desaparecido.
Al abrazarte a ti, he abrazado a mi amado Rama.
"

Una y otra vez le preguntaba por la salud de Sri Rama y al fin dijo:
"Escucha, hermano, ¿qué debo darte a cambio de tan felices noticias?
Después de pensar, he llegado a la conclusión de que no hay nada en este mundo que pueda pagar las nuevas que me has traído.
Por ello me siento incapaz de pagar la deuda que tengo contigo. Ahora, te pido que me relates las hazañas de mi Señor.
"

Entonces, Hanuman se postró a los pies de Bharata y le relató todas las hazañas de Sri Rama.

"Dime, Hanuman, ¿me recuerda alguna vez mi Gracioso Señor como a uno de sus sirvientes?
¿Me recuerda alguna vez la Joya de la estirpe de Raghu como su siervo fiel?
"

Hanuman se estremeció de alegría al escuchar tan modesta pregunta por parte de Bharata y cayendo a sus pies, se dijo:
"¿Qué otra cosa podría ser, sino humilde, el más santo de los santos y océano de nobles virtudes, de cuya gloria habla Sri Rama, señor de la creación, con sus propios labios?"

"Para Rama, mi Señor, eres tan querido como su propia vida; acepta mis palabras como verdad, querido hermano."

Al oír estas palabras, Bharata abrazo a Hanuman una y otra vez con una alegría incontenible.
Tras postrarse a los pies de Bharata, Hanuman regresó al lado de Sri Rama, y dirigiéndose a Él, le dijo que todo estaba bien.
Entonces el Señor se montó en su coche aéreo y alegremente se dispuso a partir hacia su destino.

Bharata
regresó a Ayodhya y contó las nuevas a su preceptor, el sabio Vasistha.
Luego hizo saber en el interior del palacio que el Señor de los Raghus se estaba acercando a Ayodhya sano y salvo.
Al escuchar las nuevas, las madres se levantaron y comenzaron a correr, pero Bharata las tranquilizó diciéndoles que el Señor se encontraba en buen estado de salud.
Cuando los ciudadanos se enteraron, hombres y mujeres salieron corriendo, llenos de alegría, al encuentro de su Señor.
Con platos de oro llenos de requesón, hierba de Durva, el sagrado pigmento amarillo conocido por el nombre de Gorochana, frutas, flores y hojas frescas de la planta sagrada de la albahaca, raíz de todos los bienes, las mujeres salían al encuentro del Señor, cantando y moviéndose con el majestuoso porte de un elefante.
Todos salían corriendo, tal como estaban, sin llevar con ellos ni a los niños ni a los ancianos.
Unos a otros se preguntaban: "Hermano, ¿has visto al gracioso Señor de los Raghus?"

Al enterarse de la llegada del Señor, la ciudad de Ayodhya se convirtió en una mina de belleza.
Soplaba una brisa deliciosa, suave, fresca y fragante. El Sarayu llevaba agua clara y cristalina.

Bharata, acompañado de su preceptor Vasistha, de sus parientes, su hermano menor Satrughna y los brahmanes, se dispuso a salir, con el corazón desbordante de alegría, a recibir al Todomisericordioso.
Muchas mujeres, que habían subido a los áticos, espiaban la llegada del señor mientras, en su gozo, cantaban canciones festivas en tonos melodiosos.
Al igual que el ver la luna llena trae alegría al océano y a las conchas, la ciudad de Ayodhya, también alegre, se precipitaba entre un ruido tumultuoso a encontrarse con el Señor de los Raghus.
Las mujeres de la ciudad se movían de un lado para otro como una multitud de olas.

Por otra parte, Sri Rama, deleite de la raza solar, como el Sol lo es para los lotos, estaba ocupado mostrando a los monos la hermosa ciudad.
"Escuchad, Sugriva, Angada y Vibhisana, santa es la ciudad y hermosa la tierra.
A pesar de que todos han exaltado Vaikuntha, Mi divina morada, conocida en los Vedas y Puranas y a través de todo el mundo, no es tan querida para Mí como la ciudad de Ayodhya; pocas son las almas que conocen este secreto.
Esta hermosa ciudad es el lugar donde nací; hacia el Norte fluye el santo Sarayu; cuando un hombre se baña en él consigue un lugar cerca de mí sin ninguna dificultad.
Sus habitantes son muy queridos por mí; la ciudad no sólo está llena de dicha en sí misma, sino que otorga la residencia en Mi divina Morada."


Los monos, ensimismados ante las palabras del Señor, dijeron:
"Bendecida en verdad es Ayodhya, que ha sido alabada por el mismo Sri Rama".
Cuando el Señor Todomisericordioso vio salir a toda la gente a Su encuentro, aceleró su carro aéreo hasta llegar cerca de la ciudad y aterrizó en ella.
Mientras descendía del coche, el Señor dijo al Puspaka: "Ahora regresa a Kubera".
Ante esta orden de Sri Rama, el coche aéreo partió, lleno de una mezcla de alegría y profunda agonía.

Junto a Bharata iba llegando el resto de la gente, enflaquecidos a causa de su separación del Héroe de la estirpe de Raghu.
Cuando el Señor vio a los grandes sabios Vamadeva, Vasistha y otros, emocionado arrojó al suelo Su arco y flechas y corrió con su hermano Lakshmana a abrazar los pies de loto de Su preceptor.

A su vez, Vasistha, el mayor de los sabios, los abrazó, interesándose por su bienestar.
Sri Rama replicó: "Nuestra salud solamente se apoya en tu gracia".
Entonces el Señor de la raza de Raghu, ejemplo de rectitud, se dirigió a los otros Brahmanes y se postró ante ellos.
Bharata se abrazó a los pies de loto del Señor, adorados siempre por dioses, sabios, Sankara y Brahma.
Bharata permaneció postrado en el suelo y no se hubiese levantado, pero el Todomisericordioso lo alzó y estrechó contra su pecho. Cada pelo de su cuerpo se erizó, y sus ojos se poblaron de lágrimas.

Sri Rama, soberano de las tres esferas, abrazo a Bharata contra su pecho con extraordinario afecto.
No encuentro palabras para expresar la belleza del encuentro del Señor con su hermano menor; era como si el sentimiento Erótico y el Afecto se entremezclasen en una exquisita forma humana.
El Todomisericordioso preguntó a Bharata por su salud; pero las palabras no acudían a sus labios.
La dicha que Bharata estaba disfrutando en ese momento estaba más allá del habla y de la mente; y tan sólo es conocida por aquel que la siente.
"Ahora todo está bien, pues el Todomisericordioso Señor de Kosala me ha bendecido con su presencia.
Al ver la agonía en que se encontraba su siervo, me cogió de la mano justo cuando me iba a hundir en el océano de la desolación.
"
Entonces el Señor se acercó con agrado a Satrughna y le estrechó contra Su pecho.
Después le tocó el turno a Lakshmana y Bharata, y los dos hermanos se abrazaron con amor.

Después, Lakshmana abrazó a Satrughna, hermano menor de Bharata, aliviándose así unos a otros de la terrible agonía de la separación.
Bharata y Satrughna se postraron a los pies de Sita y sintieron un supremo gozo.
Al ver al Señor, los ciudadanos se sintieron extasiados de dicha.
Todos los sufrimientos que habían comenzado a partir de la separación habían terminado ahora.
Viendo que la gente estaba impaciente por encontrarse con el Señor, el Todomisericordioso, Asesino de Khara, comenzó a realizar milagros y a manifestarse en múltiples formas a la vez, para que de este modo todos pudieran verle de una forma personal.

///

Luego, los tres hermanos, Bharata, Lakshmana y Satrughna, se postraron a los pies de Sri Rama pero, sin atreverse a interrogar al Señor, todos miraron al hijo del dios viento.
Deseaban escuchar de la misma boca del Señor algo que acabara con todas sus ideas erróneas.
Pero el Señor, que regula los sentimientos internos de todos, lo supo todo y preguntó:
"Dime, Hanuman, ¿qué ocurre?"

Hanuman contestó con las manos unidas:
"Escucha, Señor, ya que eres compasivo con los mansos.
Bharata desea preguntarse algo, pero es demasiado tímido para hacerlo".

"Hanuman, tú conoces mi corazón.
¿Ha habido alguna vez un secreto entre Bharata y yo?"


Al oír al Señor, Bharata tomó Sus pies y dijo:
"Escucha, mi Señor, aliviador de la agonía del que te suplica: Yo no tengo dudas ni jamás he soñado con el engaño o la vanidad.
Todo se debe a Tu gracia, oh Señor misericordioso y lleno de dicha.

Sin embargo, oh fuente de compasión, me atrevo a pedirte algo, siendo Tu siervo y Tú el de Tus devotos.
La gloria de los santos, oh Señor de los Raghus, ha sido cantada siempre en los Vedas y Puranas.
Tú también los has exaltado con Tu propia boca y sé que mi Señor les tiene un gran afecto.
Me gustaría oír, oh Señor, sus rasgos distintivos, oh océano de compasión, lleno de excelentes virtudes y sabiduría.
Oh protector del suplicante, dime claramente los rasgos que diferencian a los buenos de los malos.
"

"Escucha, hermano, las características de los santos, como dicen los Vedas y Puranas, son innumerables.
La conducta de los santos y los malvados es análoga a la madera del sándalo y al hacha.
El hacha corta el árbol del sándalo, mientras que éste perfuma al hacha dándole su fragancia.

Por esta razón la pasta de sándalo llega a morar en la cabeza de las estatuas de los dioses, y es amada tanto por el mundo.
Sin embargo, la punta de acero del hacha se calienta en el fuego y se golpea con un martillo como castigo.

Los santos por lo general no codician los placeres de los sentidos y son fuentes de bondad y otras virtudes.
Les duele ver a otro triste y se regocijan al verle contento. Su mente es ecuánime y no consideran a nadie como enemigo.
Libres de vanidad y pasión, vencen la avaricia, la ira, el gozo y el temor.
Tiernos de corazón y compasivos con los que sufren, me tienen una devoción pura en pensamiento, palabra y obra; atribuyendo mérito a todos, se mantienen siempre modestos.

Estas almas, Bharata, Me son tan amadas como la vida.
Sin actuar por interés propio, se entregan a Mi Nombre, y son templos de tranquilidad, desapego, humildad y buen humor.
Acuérdate siempre, querido hermano, que un auténtico santo es aquel cuyo corazón encierra todas las nobles cualidades de la placidez, la inocencia, la amistad y la devoción a los pies de los brahmanes, fuente de todas las virtudes.
Nunca se desvían del control de su mente y de sus sentidos, de las prácticas religiosas y el buen comportamiento, y jamás pronuncian una palabra dura.

Aquellos que consideran como iguales la crítica y la alabanza y que tienen como única posesión Mis pies de loto, estas almas santas son tan queridas por Mí como la vida, y son verdaderos templos de nobles cualidades y encarnaciones de dicha.

Ahora escucha las características de los impíos, cuya compañía debe ser escrupulosamente evitada, pues siempre trae desgracias, igual que una mala vaca destruye con su presencia a otra vaca de noble crianza.
El corazón del malvado sufre una agonía terrible, pues se quema al ver la prosperidad de los otros.
Siempre que oyen que otros son injuriados se sienten complacidos como si hubieran dado con un tesoro a borde del camino.

Dedicados a la sensualidad, la ira, la arrogancia y la avaricia, carecen de misericordia; son engañosos, retorcidos e impuros.
Son enemigos de todos sin ton ni son su comportamiento es agresivo incluso hacia aquellos que se muestran amables con ellos.

Son tramposos en sus tratos; la mentira es su comercio, la falsedad su alimento y todo lo que comen es para engañar a los otros.

Hablan palabras de miel igual que el gallo que tiene un corazón de piedra y devora a la serpiente más venenosa.

Malévolos por naturaleza, codician las esposas y las riquezas de los demás y se deleitan calumniándolos.
Estos hombres viles y pecadores son demonios disfrazados de seres humanos.

La avaricia es su ropa y su lecho; siempre se entregan al goce sexual y a la glotonería y no temen ser castigados en la morada de Yama, dios de la muerte.
Si oyen que alguien es alabado, lanzan un profundo suspiro como si tuvieran un ataque de asma.
Por otro lado, cuando ven a alguien en apuros, se regocijan como si hubieran conseguido la soberanía del mundo entero.
Entregados a sus propios intereses egoístas, luchan contra sus parientes, se dan a la sensualidad y a la avaricia y siempre son irascibles.
No reconocen padre ni madre, preceptor ni brahmanes, y se destruyen totalmente a sí mismos y a los demás.
Vencidos por la vanidad, desean el mal para todos, no aman la compañía de los santos ni las historias relacionadas con Sri Hari.

Océanos de vicio, de mente abotargada y lasciva, injurian a los Vedas y usurpan las riquezas de los demás.
Son especialmente enemigos de los brahmanes y están llenos de hipocresía y engaño, aunque externamente tengan aspecto de santos.

Estos hombres perversos están ausentes en las edades de Satya y Treta; unos poquitos de ellos aparecen en la edad de Dwapara, mientras que en la edad de Kali hay multitudes de hombres así.

Hermano, no hay virtud como la benevolencia, y no hay mezquindad como el oprimir a los demás.
Yo te he declarado, querido hermano, lo que afirman todos los Vedas y Puranas, y lo que los sabios también saben.

Los que dañan a otros, aun después de haber conseguido un cuerpo humano, tienen que sufrir los terribles males del nacimiento y la muerte.
Dominados por la vanidad y dedicados a sus intereses egoístas, los hombres cometen pecados y arruinan así su porvenir en el mundo venidero.
Cuando mueren yo les doy el fruto de sus acciones buenas y malas.
Como comprenden esto, aquellos que son inteligentes Me adoran, pues saben que el ciclo de nacimientos y muertes está lleno de dolor.
Renuncian a las acciones que producen buenos o malos resultados y se refugian en Mí, señor de dioses, hombres y sabios.

Así pues, te he dicho las características de los santos y de los perversos.
Aquellos que lo entienden hasta el fondo no están sujetos al proceso de la transmigración.

Escucha, querido hermano, todos los méritos y culpas son productos de la Maya.
El mayor mérito consiste en que para ti ya no existan todos esos méritos y deméritos, pues el percibirlos es pura ignorancia."


Los tres hermanos, Bharata, Lakshmana y Satrughna, se regocijaban al oír estas palabras de los benditos labios del Señor y sus corazones desbordaban de amor. [...]

Bharata + Princesa Mandavi, hija de Príncipe Kusaketu y Chandrabhaga.