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Jayanta, Ser celestial

 

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Jayanta, Ser celestial

El sabio Kakabhusundi dice a Garuda:
[...] En una ocasión Sri Rama recogió las más bellas flores, y con sus propias manos hizo algunos ornamentos con los que orgullosamente adornó a Sita, y después se sentó con ella en una preciosa roca de cristal.

El estúpido hijo de Indra, el señor de los habitantes del cielo, tomó forma de un cuervo, ya que quería probar el poder de Sri Rama, el señor de los Raghus, actuando así como la más necia de las hormigas queriendo sondear las profundidades del océano.

El estúpido, que había tomado la forma de un cuervo con un siniestro motivo, mordió con su pico a Sita en un pie y salió volando.
El Señor de los Raghus se percató de ello tan sólo cuando vio correr la sangre de su pie, entonces ajustó una flecha en su arco.
El Señor de los Raghus es extremadamente compasivo y siempre siente cariño por los humildes. Y aun así, este malévolo necio quiso jugar tan estúpido truco. La flecha presidida por Brama fue disparada, volando con hechizo y el cuervo, horrorizado, emprendió el vuelo.

Entonces el hijo de Indra asumió su propia forma y se dirigió a su padre. Pero éste, al saber que era un enemigo de Sri Rama, rehusó darle refugio. Perdiendo toda esperanza de encontrar protección, se sintió profundamente alarmado, al igual que el sabio Durvasa que tenía miedo del Señor del Disco.
Desamparado y afectado por el miedo y el dolor, probó en la morada de Brahma, en el reino del Señor Shiva y en todas las demás regiones. Pero ninguno de ellos lo invito ni siquiera a tomar asiento.

¿Quién se atrevería a proporcionar refugio a un enemigo de Sri Rama?

Escucha, Garuda, una madre se vuelve tan terrible como la muerte y un padre asume el papel de Yama, el dios de la muerte, la ambrosia se convierte en veneno, y un amigo se vuelve tan hostil como una centena de enemigos, el río celestial Ganges se convierte en el Vaitarani, y no sólo eso, sino que para aquel que es enemigo de Sri Rama el mundo entero se vuelve más ardiente que el fuego.

El sabio Narada vio a Jayanta, el hijo de Indra, totalmente angustiado y se compadeció de él; ya que los santos siempre son tiernos de corazón.
El sabio lo envió inmediatamente a Sri Rama y Jayanta gritó:
"¡Sálvame, oh amigo de los Suplicantes!"

Aturdido y aterrorizado fue y se abrazó a sus pies y dijo:
"Misericordia! ¡Misericordia! Oh gracioso Señor de los Raghus.
Necio de mí no podía percibir tu incomparable poder e inigualable gloria.
He recogido los frutos provenientes de mis propias acciones y ahora busco refugio en Ti. ¡Protégeme, Mi señor!
"

Cuando el Señor todo misericordioso escuchó su piadoso ruego le dejó ir con la pérdida de un ojo, oh Parvati.
A pesar de que en su estupidez Jayanta se puso en contra del Señor y por ello se hizo merecedor de la muerte, Sri Rama se compadeció de él y le dejó ir.

¿Quién puede ser tan misericordioso como el Héroe de la estirpe de los Raghus? [...]