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Rey Nimi
Rey Janaka

 

Vínculos de familia

Cónyuges/Hijos(as)::
1. Reina Sunayana

Rey Janaka

  • Nació: Videha
  • Consorte (1): Reina Sunayana

  Descripción:

También conocido como: Rey de Mithila, Señor de los Nimis y Rey de Videha

Tulsidas dice:
[...] Presento mi fidelidad al rey Janaka y a su familia, que conservaron su amor por los pies de Sri Rama. Y aunque Janaka le había ocultado bajo el ascetismo y el lujo, apareció en cuanto vio a Sri Rama. [...]
Sri Rama, Lakshmana y Vishwamitra llegan a Mithila:
[...] Todos estaban muy complacidos de ver a los dos hermanos; las lágrimas acudieron a sus ojos y su vello se erizaba de alegría.
Al contemplar la forma tan encantadora y atractiva de Sri Rama, el rey Videha (Janaka) desbordaba de gozo.

Al ver que su corazón no podía contener tanto amor, el rey se sobrepuso siguiendo su razón y postrando la cabeza a los pies del sabio Vishwamitra, habló estas palabras con voz ahogada por la emoción:
"Dime, mi señor: ¿son estos dos hermosos niños ornamento de la familia de un sabio, o acaso los herederos de una dinastía real? o, ¿es que Brahma (el absoluto) a quien los Vedas describen en términos negativos 'no es eso' (Neti), se ha manifestado en una forma dual?

Mi mente, que acostumbra a ser el desapego mismo, está extasiada al verlos, igual que el pájaro Chakora se hincha de gozo al ver la Luna.
Por tanto, señor, te ruego que me digas la verdad; no me escondas nada.
Apegada profundamente a ellos, mi mente ha renunciado a la dicha de contemplar a Brahma.
"

El sabio, sonriendo, respondió:
"Has hablado bien, oh rey; tus palabras no pueden ser falsas.
Todos los seres vivos de este mundo aman a estos niños".

Al oír estas palabras, Sri Rama sonrió dentro de sí.
"Son los hijos del rey Dasaratha. Joya de la raza Raghu: el rey los ha enviado por mi bien.
Estos nobles hermanos, Rama y Lakshmana, son las encarnaciones de la belleza, la virtud y la fuerza.
El mundo entero sabe que vencieron a los demonios y protegieron mi sacrificio de todo mal."

"Oh sabio, cuando contemplo tus pies -añadió el rey- no puedo imaginar qué grandes méritos he ganado en el pasado.
Estos dos hermanos, uno de piel oscura y el otro rubio, son la delicia de las delicias.
Su amor mutuo e inocente no se puede describir, tan agradable y cautivador es.
"

"Escúchame, mi señor -continuó jubiloso el rey Videha-, ellos se tienen una simpatía natural como la que existe entre Brahma y Jiva."

El rey miraba al Señor una y otra vez. Su cuerpo se estremecía y su corazón desbordaba de alegría.
Alabando al sabio y postrando su cabeza a sus pies, el rey le condujo a su capital y le alojó en un hermoso palacio.
Luego, después de rendirle homenaje y ofrecerle todos sus servicios, el rey se despidió del sabio y regresó a su propio palacio. [...]
Sita elige esposo:
[...] Viendo que había llegado el momento, Janaka hizo llamar a Sita; y Sus doncellas, todas hermosas y justas, La acompañaron con el honor debido.

///

Contemplando la belleza de Sri Rama y el encanto de Sita, hombres y mujeres se olvidaban de cerrar los párpados.
Todos se sentían emocionados pero no podían hablar; e interiormente rezaban al Creador: "Oh Creador, haz que desaparezca pronto la estupidez de Janaka y dale comprensión como a nosotros, para que sin el menor escrúpulo abandone su voto y deje que Sita se case con Rama.
Así el mundo hablará bien de él y la idea será del agrado de todos.
Y si, por otro lado, sigue empeñado en su locura, al final se arrepentirá.
Todos sienten que el joven de tez morena es un buen pretendiente para la hija de Janaka".

Janaka convocó a los heraldos, y todos vinieron alabando su linaje.
Y el rey dijo: "Id por todas partes y proclamad mi voto".
Y ellos comenzaron a cumplir su misión, con no poca alegría en su corazón.

Y los mensajeros pronunciaban estas palabras:
"Escuchad, príncipes, con los brazos en alto os anunciamos el voto del Videha:
"La fuerza de los príncipes es como la Luna y el arco de Shiva es el planeta Rahu; es inmenso e indomable, como todos sabéis. Hasta los grandes guerreros Ravana y Banasura se alejaron sigilosamente al ver Su arco. Quien en esta asamblea real rompa hoy el arco inflexible de Shiva se desposará sin duda con la hija de Videha y triunfará en los tres mundos."

Al escuchar este voto, los príncipes sintieron crecer su anhelo, mientras los orgullosos de su valor se encontraban indignados.
Aprestándose para la lucha se levantaban con impaciencia y, postrándose a su deidad elegida, comenzaban a guerrear.
Lanzaban una mirada de ira al arco de Shiva, luchaban con él firmemente y ejercían toda su fuerza; pero el arco no se levantaba.
Sin embargo, los príncipes que tenían algo de sentido común, ni siquiera se acercaban al arco.

Los reyes locos luchaban con indignación contra el arco, y se retiraban confundidos cuando éste rehusaba moverse, y parecía que se hacía cada vez más poderoso a medida que absorbía la fuerza del brazo de cada guerrero.
Entonces, diez mil reyes se decidieron a levantarlo a la vez, pero todos los intentos resultaban vanos.
El arco de Sambhu no se inmutaba, de la misma forma que la mente de una doncella virtuosa no se rinde a las palabras de un hombre galante.
Los príncipes eran objeto de burla. Regresaban habiendo perdido irremediablemente su fama, gloria y valor ante el arco.
Confusos y descorazonados, los reyes volvían y se sentaban entre los suyos.

Viendo a los reyes tan frustrados, el rey Janaka se impaciento y lleno de ira dijo:
"Al oír mi voto, muchos reyes han acudido de diversas partes del globo; dioses y demonios en forma humana y muchos otros héroes, valientes en la lucha, se han reunido.

El premio es una esposa encantadora, un gran triunfo y un prestigio espléndido, pero parece que Brahma todavía no ha creado al hombre que pueda romper el arco y ganar esa recompensa...

Decidme, ¿quién no desearía ese premio?
Sin embargo, nadie ha podido quebrar el arco.
No hablemos de quebrarlo o romperlo, ninguno de vosotros ha podido moverlo ni siquiera una pulgada de su sitio.
Pero nadie que se enorgullezca de su valor debe sentirse ofendido, pues a mí me parece que no queda ni un héroe sobre la Tierra.

Abandonad toda esperanza y regresad a vuestros hogares.
La Providencia no desea que Sita se case. Mis méritos religiosos desaparecerán si dejo mi voto.
La princesa debe seguir soltera, ¿qué puedo hacer yo?
Si hubiese sabido, hermanos, que ya no hay héroes en el mundo, no me hubiera arriesgado a tomar ese voto.
"

Todos los que oyeron las palabras de Janaka, tanto hombres como mujeres, se sentían apenados al ver a Janaki.
Sin embargo, Lakshmana se indignó: su ceño se frunció, sus labios temblaban y de sus ojos salía fuego.

Por temor a Sri Rama no podía hablar, aunque las palabras de Janaka habían atravesado su corazón como una flecha; pero al final, postrando su cabeza a los pies de loto de Sri Rama, habló palabras llenas de verdad:
"En una asamblea donde se halle presente alguien de la raza Raghu, nadie se atrevería a pronunciar las palabras de Janaka, siendo además consciente de la presencia de Sri Rama, Joya de la raza Raghu."

Y volviéndose a su hermano, añadió: "Escuchad, oh Deleite de la raza solar, Te digo sinceramente, sin ninguna presunción o vanidad: si tuviera Tu permiso, levantaría el mundo como si fuera una pelota y lo rompería como una jarra de arcilla mal cocida, y por la gloria de Tu majestad, oh bendito Señor, sé que puedo romper el Monte Meru como si fuera un rábano.
¿Qué es entonces este miserable y viejo arco?
Siendo así, Señor, dame Tu orden y ve las maravillas que puedo hacer.
Quebraré el arco como si fuera un tallo de loto y correré con él no menos de ochocientas millas.

Por el poder de Tu gloria, oh Señor, lo destruiré como si fuera el tallo de una seta.
Y si fallo, juro por Tus pies que nunca tocaré un arco ni volveré a agitarlo."

Mientras Lakshmana hablaba así, la tierra tembló, y los elefantes que sostenían el mundo se tambalearon.
Toda la asamblea quedó paralizada de terror; Sita se sintió muy complacida, y Janaka se sonrojó.

El maestro Vishwamitra, el Señor de los Raghus y todos los ermitaños estaban jubilosos y se estremecían de gozo.
Con una señal, Sri Rama llamó a Lakshmana y le hizo sentarse a Su lado.

Viendo que el momento era propicio, Vishwamitra dijo con palabras cariñosas:
"Levántate, Rama, rompe el arco de Shiva y libera a Janaka de su angustia".

Al oír las palabras del Guru, Sri Rama postró la cabeza a sus pies; en Su corazón no había alegría ni tristeza.
Se levantó con toda su gracia natural, ridiculizando a los leones con Su elegante presencia.

///

Cuando Rama se acercó al arco, los hombres y mujeres presentes invocaban de Su parte la ayuda de los dioses y de sus buenas acciones pasadas.
Las dudas e ignorancia de todos los reunidos, la arrogancia de los reyes locos, las orgullosas pretensiones de Parasurama, Rey de la raza Bhrgu, la aprensión de dioses y grandes sabios, la tristeza de Sita, el remordimiento del rey Janaka y el fuego del terrible sufrimiento de la reina, todas estas cosas se reunieron en la gran corteza del arco de Sambhu, con cuya ayuda, deseaban cruzar el océano ilimitado de la fuerza de Sri Rama; pero no había timonel que guiara el barco.

Rama miró primero a la muchedumbre reunida y les vio como figuras inmóviles de un dibujo.
Luego el gracioso Señor dirigió la mirada a Sita y vio que estaba muy apenada.
Cada instante que transcurría pesaba sobre Ella como toda una vida del universo.

Si un hombre muere de sed, ¿de qué le sirve un lago de néctar después de muerto?
¿De qué sirve una lluvia cuando toda la cosecha se ha secado?
¿De qué vale arrepentirse de una oportunidad perdida?

Pensando así, el Señor miró a la Hija de Janaka y se estremeció al ver su incomparable devoción.
Interiormente se postró a Su maestro Vishwamitra, y tomó el arco con gran destreza.
Al cogerlo en Su mano, el arco brillaba como un relámpago.
Y luego parecía un círculo en el cielo.

Nadie se dio cuenta de cuándo lo tomó en Sus manos, tocó sus fibras y lo enderezó; sólo vieron cuando ya estaba de pie con el arco tensado.
Y en un instante Rama partió el arco en dos mitades, y un ruido ensordecedor resonó en todas las esferas.
El estruendo llegó a todas las esferas; los caballos del dios Sol se desviaron de su curso; los elefantes de los puntos cardinales tocaron la trompeta, la tierra tembló; el rey-serpiente, el jabalí divino y la tortuga divina se estremecieron. Dioses, demonios y sabios se taparon los oídos, y todos comenzaron a pensar en la causa del ruido, pero cuando supieron, dice Tulsidas, que Sri Rama había quebrado el arco, lanzaban gritos de júbilo.

///

En medio de Sus compañeras Sita brillaba como la personificación de la belleza suprema entre otras encarnaciones de la belleza.
En una de Sus manos de loto llevaba la guirnalda de la victoria, resplandeciente con la gloria del triunfo sobre todo el Universo. Mientras que Su cuerpo se encogía de modestia, Su corazón estaba lleno de éxtasis; Su amor, oculto, no podía ser percibido por los demás.

Sita se acercaba y contemplaba la belleza de Sri Rama, y en un momento se quedó inmóvil como una estatua.
Una de Sus compañeras, viéndola en ese estado, la animó diciéndole: "Coloca al novio la hermosa guirnalda de la victoria".
Entonces Ella levantó la guirnalda con sus dos manos, pero su emoción era demasiado grande para poder ponérsela.
En ese momento sus manos alzadas brillaban como si un par de lotos con sus tallos estuvieran invistiendo tímidamente a la Luna con una corona de victoria.
Ante escena tan encantadora, Sus compañeras estallaron en una canción, mientras Sita colocaba la guirnalda de la victoria en el cuello de Sri Rama para adornar Su pecho. [...]
Tras el arribo de los padres de Sri Rama, se realiza la boda:
[...] Juntando las manos de la Novia y el Novio, los dos sacerdotes de las familias recitaron sus genealogías respectivas; y, al ver que el Novio había aceptado la mano de la Novia, Brahma y las otras divinidades, hombres y sabios se llenaron de gozo.

Y tras realizar todos los ritos prescritos por los Vedas y el uso familiar, el glorioso rey Janaka dio Su Hija al Novio.
Igual que Himavan dio a Girija al gran Señor Shiva, y el dios de los mares concedió Sri a Hari, Janaka dio Sita a Rama y con ello ganó una fama nunca alcanzada antes por nadie.

El rey Videha era incapaz de suplicar, pues aquel príncipe de cuerpo moreno había dado cumplimiento a su nombre haciéndole perder conciencia de su propio cuerpo.
Ofrecidas las oblaciones al fuego sagrado, las puntas de los vestidos de la Novia y el Novio se entrelazaron como señal de su unión indisoluble y la pareja comenzó a andar alrededor del fuego, para mostrar que los dos habían sido unidos en presencia del dios fuego como testigo.

El Novio y la Novia caminaban con paso elegante, y todos los presentes se deleitaban contemplando la escena.
La hermosa pareja era indescriptible, toda comparación quedaría corta.
Sus cuerpos se reflejaban en las columnas de joyas y brillaban como si el Amor y su esposa Rati fueran testigos de la boda inigualable de Sri Rama y aparecieran en diferentes cuerpos.
Su curiosidad y desconcierto eran igualmente gran des; por eso se revelaban y desaparecían de la vista una y otra vez.
Gozosamente los sabios pedían a la Novia y el Novio que caminaran alrededor del fuego y cumplieran con todos los ritos, incluyendo los regalos de ceremonia.

Sri Rama puso bermellón en la frente de Sita.
Parecía como si con un loto sobrecargado de polen rojizo, una serpiente sedienta de néctar adornase la Luna.
Luego Vasistha dio la señal, y la Novia y el Novio se sentaron en el mismo lugar.

Al contemplar a Sri Rama y Janaki juntos, la alegría corría por las venas del rey Dasaratha al ver cómo el árbol de sus buenas obras daba nuevos frutos.
El júbilo reinaba en todo el universo, todos proclamaban que ya se había realizado la boda de Sri Rama.
¿Cómo se podría describir la alegría ilimitada que había en todas partes?

Luego por orden de Vasistha, Janaka llamó a las otras tres princesas, Mandavi, Srutakirti y Urmila, todas vestidas de novias.
Dio en matrimonio a la hija mayor de su hermano menor Kusaketu, encarnación de la bondad, virtud, alegría y belleza, a Bharata después de realizar con amor todos los ritos y con todo honor, dio a Lakshmana la hermana menor de Janaki, Urmila, joya entre las muchachas hermosas.
Luego el rey dio a Ripusudana la princesa Srutakirti, mina de todas las virtudes, y bien conocida por su belleza y amabilidad.

///

Luego uniendo las manos, Janaka honró a la familia del novio y les habló dulcemente.
Luego rindió homenaje a los grandes sabios, concediendo les su atención y amor.
Inclinando la cabeza e invocando a los dioses, se dirigió a ellos con las manos juntas diciendo:
"Los dioses y hombres santos buscan sólo un amor.
¿Puede el océano complacerse ofreciéndole el agua que se puede coger en una mano?
"

De nuevo, juntando las manos, Janaka y su hermano menor Kusaketu se sometieron al rey de Kosala con palabras llenas de afecto, cortesía y sinceridad:
"Por nuestra conexión a ti, oh rey, hemos sido exaltados; junto con este reino y todo lo que poseemos, te pedimos que nos consideres como tus esclavos y no tengas ninguna consideración para con nosotros.
Toma estas muchachas como tus doncellas y aliméntalas con tu bondad incansable.
Perdona mi ofensa; fui demasiado presuntuoso al llamarte aquí
".

El adorno de la raza solar, Dasaratha, a su vez, regó al padre de la novia con todos los honores posibles.
La amabilidad con que se trataban sobrepasaba toda explicación, pues sus corazones desbordaban amor. [...]

El regreso a Ayodhya:
[...] El rey Janaka acudió con su hermano menor Kusadhwaja.
Aunque tenía fama de ser un hombre muy desapegado, su mente quedó sin fuerzas en cuanto puso su mirada en Sita.
El rey estrechaba a Sita contra su pecho, y toda su sabiduría quedaba destrozada.
Sus sabios consejeros le reprendían y, viendo al fin que no era momento de lamentarse, el rey se serenó.

La familia entera rebosaba de emoción pero, dándose cuenta de que había llegado el momento, el rey invocó al señor Ganesha y a Su compañera Siddhi, y ayudó a las princesas a montar en los palanquines.

El rey Janaka dio muchos consejos a sus hijas y las instruyó en los deberes de la mujer y en las costumbres familiares.
Concedió a Sita muchos siervos y siervas que habían sido sus ayudantes favoritos y de más confianza.
A medida que Sita avanzaba en Su viaje, los ciudadanos se sentían apenados; y al mismo tiempo aparecían señales de buen augurio, fuentes de bendiciones.

Acompañado de multitud de brahmanes y consejeros, el rey mismo siguió a sus hijas para escoltarlas.
Al ver que había llegado el momento de partir, la música comenzó a sonar y el cortejo del novio preparó sus carros, elefantes y caballos.
El rey puso en su frente el polvo de los pies de loto de los brahmanes, y recibió sus bendiciones.

Los dioses hacían llover flores y las ninfas celestiales cantaban mientras que el señor de Ayodhya partía hacia su capital entre el estruendo de los timbales.
El señor de Ayodhya llamaba al rey Janaka una y otra vez, pero por amor a su hija, éste no se volvía.

Una vez más el rey Dasaratha se dirigió a él diciéndole: "Oh rey, te pido que vuelvas; ya has venido demasiado lejos".
Al final, el rey Dasaratha se bajó de su carro y permaneció de pie, mientras que sus ojos desbordaban torrentes de amor.
Luego, el rey Videha habló con las manos unidas y con palabras impregnadas del néctar del amor:
"Con qué palabras podría suplicarte? Me has concedido un honor tan grande, oh rey".

El rey de Kosala mostró todo su respeto al padre de la novia y pariente suyo, Janaka.
El abrazo que se dieron fue prueba de absoluta humildad, y su corazón no podía contener el amor que sentían.

El rey Janaka se postró ante los sabios y recibió sus bendiciones.
Luego abrazó a sus yernos, los cuatro hermanos, y juntando sus graciosas manos de loto, habló palabras llenas de amor:
"¡Cómo puedo alabarte, oh Rama, paseándote como lo haces en el corazón de los sabios y del gran señor Shiva como un cisne en el lago Manasarovar.
Aquel por el cual los Yoguis practican el Yoga, renunciando a la ira, vanidad, egoísmo y orgullo, el Brahma que todo lo penetra, imperceptible e imperecedero, encarnación de conciencia y dicha, suma y negación de todas las cualidades, que están más allá de las palabras y el pensamiento y que siempre permanece inmutable.
¡Esta raíz de todo gozo ha aparecido ante mis ojos!
Un ser vivo puede alcanzarlo todo en este mundo cuando Dios está de su parte.

Tú me has honrado al aceptarme como Tu siervo.
Si hubiera diez mil Saradas y Sesas, y si narraran durante millones de edades la historia de mi buena fortuna, en verdad te digo que las alabanzas de Tus virtudes nunca se acabarían, oh Señor de los Raghus.
Me atrevo a decir, porque estoy convencido de ello, que Tú te complaces con la devoción, por pequeña que sea.
Te suplico que mi mente nunca se aparte de Tus pies.
"

Al oír estas palabras nacidas del amor, Sri Rama se sintió muy complacido.
Con la mayor cortesía veneró a Su suegro tratándole como a su propio padre, Kausika o Vasistha.

Luego el rey se acercó humildemente a Bharata y abrazándole le dio sus bendiciones.
Luego abrazo y bendijo a Lakshmana y Ripusudana.
Después el señor de los Raghus partió con Sus tres hermanos.

Janaka se acercó a Kausika, se agarró a Sus pies y se puso el polvo que en ellos había en la cabeza y los ojos. Y dijo:
"Escucha, oh señor de los sabios: para aquel que ha sido bendecido con la visión de tu ser, nada es imposible de conseguir, de esto estoy seguro.
El gozo y el brillo que los señores del universo anhelan tener, sin atreverse a esperar, ese gozo y gloria ha sido puesto a mi alcance; y todo porque te he visto a ti
".

Con estas palabras el rey Janaka ofreció su fidelidad a Vishwamitra.
El cortejo del novio comenzó su camino de vuelta con el sonido de los timbales; todos se sentían transportados de gozo. [...]
Tras el exilio de Sri Rama y la muerte del rey Dasaratha:
[...] En aquel preciso momento llegaron unos mensajeros del rey Janaka.
Cuando el sabio Vasistha se enteró de ello mandó a por ellos inmediatamente.
Tras rendir cortesía miraron a Sri Rama y se afligieron mucho al ver su atuendo que recordaba al de un anacoreta.
El jefe de los sabios, Vasistha, inquirió de los mensajeros: "Decidme si todo va bien para el Rey Videha, Janaka".
Los nobles mensajeros se sintieron avergonzados al escuchar esto.
Postraron su frente en el suelo y con las manos juntas contestaron:
"Oh señor, tu sola pregunta, tan llena de amor, ha sido provechosa para nuestro bien, santo padre.
Pues nuestra felicidad, oh señor, se desvaneció con el rey de Kosala, cuya muerte ha dejado al mundo entero, particularmente a Mithila y a Ayodhya sin gobernantes.

Al enterarse del fallecimiento del Rey Dasaratha, el señor de Ayodhya, la gente de Janakpur enloqueció de pena.
Ninguno de los que vieron al Rey Videha en esos momentos podrían afirmar que hubiese ningún rey detrás de este nombre, Videha.
Cuando el rey se enteró de la perfidia de la Reina Kaikeyi, se quedó tan perplejo como una serpiente sin su gema.
El Príncipe Bharata coronado rey y el jefe de los Raghus, Sri Rama, exiliado a los bosques!
Las noticias causaron una profunda agonía en el corazón del señor de Mithila.

El rey hizo reunir consejo de hombres sabios y ministros y dijo:
'Decidme tras cuidadosa deliberación lo que debe hacerse ahora'.
Pero dándose cuenta de la situación en Ayodhya y de las dificultades, en cualquier caso, nadie pronunció ninguna opinión definida sobre si debía ir o quedarse en casa.
Entonces el rey se sobrepuso y tras una nueva reflexión despachó cuatro hábiles espías a Ayodhya con las siguientes instrucciones: 'Averiguad si Bharata se siente conforme o no y volved inmediatamente sin ser reconocidos'.

Los espías fueron a Ayodhya, y habiéndose cerciorado de los sentimientos de Bharata y visto su proceder se encaminaron de regreso a Tirhut, Mithila, al tiempo que el último partía hacia Chitrakuta.

A su llegada a la corte de Janaka, los espías explicaron la actuación de Bharata lo mejor que pudieron.
El Guru, el sabio Satananda, los miembros de la familia real, los ministros y el rey mismo se sintieron abrumados de pena y afecto al oír su informe.
Enseguida, sobreponiéndose a los sentimientos y glorificando a Bharata, el rey llamó a sus mejores guerreros y jinetes y, emplazando centinelas en los palacios, la ciudad y el reino, preparó varios caballos, elefantes, carros y otros vehículos.
Averiguando el momento más favorable en el espacio de una hora partió sin demora y no ha hecho ningún alto en el camino.
Se ha bañado en el Prayaga esta misma mañana, ya ha abandonado el lugar y cuando toda la comitiva empezó a cruzar el Yamuna nos mandaron destacados en cabeza para obtener noticias, santo señor".

Diciendo esto postraron sus cabezas al suelo.
El gran sabio Vasistha despidió a los mensajeros sin pérdida de tiempo, enviando con ellos una escolta de seis o siete Kiratas.

Toda la gente de Ayodhya, estaba encantada con la llegada de Janaka.
Sri Rama, el Deleitador de los Raghus, se sintió muy incómodo; por su parte, Indra, el rey de los cielos, estaba particularmente abrumado por la ansiedad.

///

Luego, sabiendo que se acercaba el Rey Janaka, señor de Mithila, Sri Rama, que era un auténtico sol para los lotos de la raza solar, y con toda la asamblea se pusieron de pie apresuradamente para recibirle.

El Señor de los Raghus iba en cabeza, acompañado de Sus hermanos menores, el ministro Sumantra, el Guru Vasistha y los ciudadanos.
En cuanto percibió la gran montaña de Kamadanatha, el señor de los Janakas hizo una reverencia y descendió de su carroza.

Embargados como estaban por el anhelo de ver a Sri Rama, nadie en la comitiva sentía el más mínimo cansancio ni la dureza de la jornada.
Su mente estaba con el jefe de los Raghus y Vaidehi, la Hija de Janaka, y cuando la mente está en otra parte, ¿quién siente el dolor o el placer del cuerpo?

De esta forma, Janaka fue avanzando junto con la comitiva, con su mente intoxicada de amor.
Ambas expediciones se fueron acercando y al verse unos a otros explotaron de amor y, con el debido respeto, empezaron a intercambiar salutaciones.
El Rey Janaka procedió a venerar los pies de los anacoretas que procedían de Ayodhya al tiempo que Sri Rama, el Deleite de los Raghus, mostró sus respetos a los sabios que habían acompañado a Janaka.
A continuación, Sri Rama y Sus hermanos menores saludaron al rey, su suegro, y le acompañaron con toda la comitiva a su ermita.

///

Cuando el Rey Janaka vio a Sita con las vestiduras de una ermitaña se sintió sobrecogido por el amor y muy complacido.
"Hija mía, has traído santidad a las dos casas, mi casa y la de tu esposo; todos reconocen que tu buen nombre ha iluminado el mundo entero.
El río de tu fama ha superado en brillo a la corriente celestial Ganges en la cual han entrado, no sólo un sistema solar, sino millones de universos.
Mientras que el Ganges en su curso solamente ha dado fama a tres lugares, el río de tu fama ha hecho crecer la gloria de numerosas congregaciones de santos.
"

A pesar de que estas afirmaciones eran ciertas y basadas en el afecto que su padre sentía por ella, Sita se sentía ahogada en un mar de timidez.
Sus padres la abrazaron una vez más dándole buenos y saludables consejos y sus bendiciones.
Sita no hablaba, pero en su mente se sentía inquieta, pensando que no estaba bien permanecer con sus padres durante la noche.

Leyendo su mente, la reina Sunayana se lo hizo saber al rey, su esposo, y ambos admiraron profundamente Su modestia y noble disposición.
Abrazando a Sita una y otra vez, amablemente le permitieron partir.

Aprovechando esta oportunidad, la inteligente reina habló elocuentemente al rey sobre la situación de Bharata.
Cuando el rey escuchó acerca de la conducta de Bharata, tan rara como la combinación de oro con perfume, o como néctar extraído de la Luna, el rey cerró los ojos llenos de lágrimas y un estremecimiento corrió por todo su cuerpo mientras rompía en estáticas alabanzas de su brillante gloria.
"Escucha atentamente, oh dama de bello rostro y brillantes ojos: la historia de Bharata va más allá de los límites de la existencia mundana.
La religión, la política y los estudios sobre Brahma son un terreno al que tengo acceso de acuerdo a mis pobres luces.
Pero a pesar de conocer estas materias, mi entendimiento no puede rozar la sombra de la gloria de Bharata, ni siquiera por engaño, y mucho menos describirla.

Para Brahma, el Señor Ganapati, Ganesha, Sesa, el rey de las serpientes, el Señor Shiva, Sarada, la diosa del aprendizaje, profetas, sabios, hombres de talento y todos aquellos que son inteligentes en cuanto al juicio, la historia, fama, hechos, piedad, amabilidad, bondad y la intachable gloria de Bharata son un deleite al escucharlos y apreciarlos.
Sobrepasan a la corriente celestial en pureza e incluso al néctar en gusto.

Posee infinitas virtudes y está más allá de cualquier comparación: Bharata sólo puede ser comparado a Bharata.
¿Acaso puede el Monte Sumeru ser comparado a un seer?
De aquí que el ingenio de la raza de los poetas estuviese confuso tratando de encontrar una comparación para él.

La grandeza de Bharata, oh bella dama, desconcierta a todo aquel que intenta describirla, así como un pez no puede deslizarse por la tierra seca.
Escucha, oh amada reina: la inestimable gloria de Bharata tan sólo es conocida por Sri Rama: pero Él tampoco puede describirla."

Habiendo descrito en esta encantadora forma la gloria de Bharata, el rey, que conocía la mente de la reina, continuo,
"Si Lakshmana regresa a Ayodhya y Bharata acompaña a Sri Rama a los bosques, estaría bien para todos y esto es lo que todos quieren.
Pero el mutuo afecto y confidencia, oh bondadosa dama, entre Bharata y Sri Rama, el jefe de los Raghus, están más allá de la imaginación.
Al igual que Sri Rama es el más alto ejemplo de la constante disposición, Bharata es la perfección del amor y la devoción.

Bharata nunca adoro a nadie por interés espiritual o mundano, o para su satisfacción personal.
La devoción a los pies de Sri Rama es a la vez el destino y el fin; en mi opinión esto es una muestra de la fe de Bharata,

Bharata nunca pensaría en menospreciar las órdenes de Sri Rama, ni siquiera inconscientemente.
No precisamos por ello, en nuestra emoción, dejar paso a la ansiedad
", dijo el rey con ahogado acento.

El rey y la reina, Janaka y Sunayana, estaban tan embebidos hablando con orgullo de las virtudes de Sri Rama y Bharata que la noche pasó en un instante.
Al romper el día, los dos campamentos reales despertaron y, una vez terminadas sus abluciones, procedieron a adorar a los dioses.

Mientras llevaba a cabo sus abluciones, el Señor de los Raghus llamó a Su Guru y después de adorar sus pies y recibir su tácito permiso dijo:
"Santo señor: Bharata, los ciudadanos y mis madres, están todos desconsolados e incómodos por tener que permanecer en los bosques.
También el rey de Mithila y sus súbditos han estado sufriendo penalidades desde hace muchos días.
Por ello, mi señor, haz lo que sea oportuno en estas circunstancias. La salud de todos descansa en tus manos".


Diciendo esto, Sri Rama se sintió muy turbado.
Y el sabio estaba estremecido de gozo cuando vio Su amabilidad y cortés disposición.
"Sin Ti, Rama, en los dos campamentos reales los placeres de la vida son como el infierno.

Rama! Tú eres la vida de la vida, el alma del alma y la alegría de la alegría.
Aquellos que gustan de estar en sus casas lejos de Ti, mi niño, están bajo la influencia de un destino adverso.

Que perezcan la felicidad, rituales y piedades si en ellos no hay devoción a Tus pies de loto, oh Rama.
Ese Yoga es un Yoga abominable y esa sabiduría en la que el amor por Ti, Rama, no es supremo, es ignorante.
Quien es infeliz, lo es por no poseerte, al igual que quien es feliz lo es a través de Ti.
Tú sabes lo que existe en la mente de un individuo en particular.
Tu mandato mantiene dominados a todos y Tu preciosa persona conoce por completo todos los caminos.
Ahora deberías regresar a Tu ermita".

El señor de los sabios estaba abrumado por la emoción.
Entonces Sri Rama hizo una reverencia y partió; el sabio, recobrándose, fue a visitar al Rey Janaka.

El preceptor repitió ante el rey las graciosas y naturales palabras de Sri Rama, llenas de amabilidad y cariño; y añadió:
"Oh gran monarca, ahora haz aquello que sea bueno para todos sin perjuicio alguno para la religión.

¡Oh rey! tú eres una fuente inagotable de sabiduría, inteligente, piadoso y firme defensor de la virtud.
¿Quién excepto tú, es capaz en este momento de encontrar salida a este atolladero?"

Janaka estaba abrumado por la emoción al escuchar las palabras del sabio.
Su sabiduría y calma le abandonaron por completo.

Desvanecido de amor, Janaka razonaba consigo mismo, "No he obrado bien viniendo a este lugar, el Rey Dasaratha sin duda dijo a Sri Rama que se fuese a los bosques, pero al mismo tiempo ha demostrado el amor que siente hacia su amado hijo.
Por nuestra parte, ahora debemos enviarle de este bosque a otro y regresar en forma triunfal sin escuchar a nuestro sentido común!
"

Viendo y escuchando todo esto, los ascetas, ermitaños y los brahmanes estaban abrumados por la emoción.
Considerando la situación el rey se animó y marchó, junto con sus súbditos, a ver a Bharata; éste se adelantó para recibirlo y darle el mejor asiento de acuerdo a las circunstancias.

"Querido Bharata -dijo el rey de Tirhut-, tú conoces la disposición de Sri Rama, el Héroe de la estirpe de Raghus

Sri Rama es fiel a su promesa y devoto de su deber, respeta los sentimientos y el afecto de todos.
Y es a cuenta de esta consideración que tiene por los sentimientos de los demás que ha de sufrir tanto.
Ahora dame tu última palabra para que le pueda ser comunicada.
"

Cuando Bharata escuchó estas palabras, un estremecimiento sacudió su cuerpo y sus ojos se llenaron de lágrimas.
Haciendo un gran esfuerzo para sobreponerse, dijo:
"Mi señor, para mí, tú eres tan querido y merecedor de respeto como mi propio padre; y en lo que respecta al preceptor de mi familia, el sabio Vasistha, ni mis propios padres son tan benevolentes conmigo.
Aquí hay una asamblea de sabios como Kausika, Vishwamitra, y de ministros; y hoy también tú, que eres un océano de sabiduría, estás presente entre nosotros.
Maestro, ten presente que sólo soy un niño y un sirviente obediente y dame las instrucciones convenientes.
¡Pensar que tú pudieras solicitar mi consejo en esta asamblea y en este santo lugar!
Sin embargo, si me mantengo callado podría ser considerado como perverso; y si hablo en esta ocasión será una gran locura por mi parte.
De todas formas tengo la imprudencia de decir algo.
Por ello, padre, sabiendo que la Providencia está en contra mía, te ruego me perdones.
Está ampliamente reconocido en los Tantras, Vedas y Puranas y en todos los conocimientos del mundo, que el deber de un sirviente es verdaderamente duro.
El deber para con el maestro es incompatible con el egoísmo. El odio es ciego y el amor indiscreto.

Por ello, reconociéndome como subordinado, y con la debida deferencia por los deseos de Sri Rama, y conforme a su deber y sagrada promesa, mi deseo es hacer aquello que todos aprueben y sea bueno para todos, ya que conozco el amor que todo el mundo siente por Él."

Al escuchar las palabras de Bharata y observando su disposición, el Rey Janaka y sus seguidores le aplaudieron.
Fácilmente inteligible y sin embargo incomprensible, suave y dulce, pero duro al mismo tiempo, encubierto de un vasto significado, pero conciso a la vez, su misteriosa charla era tan desconcertante como el reflejo del rostro de una persona en un espejo, el cual no puede ser atrapado ni aun cuando esa persona tenga el espejo sujeto con sus manos.

El Rey Janaka, Bharata, el sabio Vasistha y la asamblea en pleno invocaron a Sri Rama, Aquel que trae deleite a los dioses al igual que la Luna trae alegría a las lilas.

///

Cuando el Rey Janaka fue a ver al Señor de los Raghus, la Gloria de la raza solar los recibió a todos con honor.
Entonces el sacerdote de la estirpe de los Raghus habló con palabras adecuadas a la ocasión y a la asamblea a la que iban dirigidas, y llenas de justicia.
Reprodujo la conversación que había tenido lugar entre el Rey Janaka y Bharata e incluso repitió el amoroso discurso de Bharata.
"Querido Rama -dijo- cualquier orden dada por Ti será obedecida por todos: ésta es mi propuesta."

Escuchando estas palabras, el Señor de los Raghus, con las manos juntas y delicado acento, pronunció estas palabras llenas de verdad y sinceridad:
"En tu presencia y en la del señor de Mithila sería totalmente impropio de mi parte el decir nada.
Cualquier orden que pueda ser dada por ti y por el rey de Mithila, juro por tu propio nombre, que será acatada por todos".


Al escuchar el juramento de Sri Rama, el sabio Vasistha y el Rey Janaka, así como toda la asamblea, se sintieron turbados.
Todos pusieron sus ojos en Bharata, ya que ninguno se sentía capaz de responder. [...]
Tras el discurso de Bharata, Sri Rama responde:
[...] "Hermano, es nuestro preceptor y el Rey Janaka quienes piensan por ti y por mí, así como por toda nuestra gente, ya estemos en casa o en el bosque.
Mientras nuestro preceptor, el sabio Vishwamitra, y el señor de Mithila sean nuestros guardianes, ni tu ni yo podemos ni siquiera soñar con problemas.

Para los dos, tanto para ti como para mí, el mayor logro de nuestra vida humana, y más aún, de nuestras ganancias materiales, nuestra gloria, nuestra virtud, y de nuestras más altas conquistas espirituales consiste en que ambos debemos obedecer las órdenes de nuestro padre.
Es defendiendo la reputación del rey, nuestro padre, y cumpliendo su palabra, donde, a los ojos del mundo y según la estimación de los Vedas, descansa nuestro bien.
Aquellos que siguen los consejos de su preceptor, padre, madre y maestro. nunca tropiezan, ni aun eligiendo el camino equivocado.

Considerando esto y desechando toda ansiedad, ve y gobierna sobre Ayodhya hasta el período señalado.
La responsabilidad de la protección de nuestro país, tesoros, parientes y nuestra propia gente descansa en el polvo de los pies de nuestro preceptor.
En lo que a ti concierne, debes proteger la Tierra, tus súbditos y tu capital de acuerdo al consejo de tu preceptor, el sabio Vasistha, de tus madres y del ministro Sumantra."
[...]

Janaka + Reina Sunayana, hija de Desconocido y Desconocido.