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Reina Kausalya

 

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Cónyuges/Hijos(as)::
1. Rey Dasaratha

Reina Kausalya

  • Consorte (1): Rey Dasaratha

  Descripción:

Es la mayor de las tres reinas del rey Dasaratha.
También conocida como: Kaushalya

  Observaciones y comentarios:

  • Kausalya es una reencarnación de Aditi, esposa del sabio Kashyapa
  • Tulsidas dice:
    [...] Saludo a Kausalya cuya gloria está difundida por todo el mundo.
    Ella es el horizonte de Oriente del que surgió la hermosa Luna en la persona del Señor de los Raghus, que trae gozo al universo entero y es dañino en la persona de los malvados, como la escarcha para con los lotos.
    Reconociendo al rey Dasaratha y a todas sus compañeras como encarnaciones del mérito y las bendiciones, les presento mi obediencia en pensamiento, palabra y obra. Y sabiendo que soy siervo de vuestro hijo, sed bondadosos conmigo.
    El padre y las madres de Sri Rama son la perfección misma de la gloria, y al crearlos, incluso Brahma ha sido exaltado. [...]
    Lord Vishnu dice:
    [...] "No temáis, oh sabios, Siddhas e Indra; por vuestro bien tomaré la forma de un ser humano.
    Naceré en el glorioso linaje solar como ser humano, acompañado de mis otras manifestaciones.
    El sabio Kashyapa y su esposa, Aditi, hicieron grandes penitencias; a ellos ya les he concedido un favor.
    Han aparecido en la ciudad de Ayodhya para gobernar a los hombres en la forma de Dasaratha y Kausalya.
    Yo naceré en su casa, tomando la forma de cuatro hermanos, como es costumbre en el linaje Raghu.
    Cumpliré todo lo que dijo Narada, y descenderé con Mi Energía Suprema.
    Así liberaré a la Tierra de todo su peso; no temáis, oh dioses."
    [...]
    El rey Dasaratha hace un sacrificio para tener hijos:
    [...] Un día, el rey se sentía triste porque no tenía hijo varón.
    Se apresuró al hogar de su maestro, y cayendo a sus pies, le suplicó una y otra vez.
    Contó al Guru todas sus alegrías y penas; el sabio Vasistha le consoló y le dijo:

    "Sé valiente y espera; tendrás cuatro hijos, que serán conocidos en los tres mundos y librarán a los devotos de sus temores".

    Luego, Vasistha llamó al sabio Srngi y le hizo ofrecer un sacrificio por el nacimiento de un hijo del rey.
    Cuando el sabio ofreció las oblaciones al fuego sagrado, apareció el dios fuego con una ofrenda de arroz hervido en leche en su mano. Y el dios fuego dijo:

    "Todo lo que Vasistha te ha dicho, ya se ha cumplido. Recibe esta oblación, oh rey, y divídela en las partes que creas convenientes"

    Entonces el dios fuego desapareció después de explicar a todos los reunidos lo que debían hacer. El rey se sintió arrebatado en éxtasis y no podía contenerse de gozo. Al instante, el rey envió a llamar a sus amadas esposas.

    Cuando Kausalya y las otras reinas llegaron, dio la mitad de la ofrenda a Kausalya y dividió el resto en dos mitades, una de las cuales dio a Kaikeyi.
    El resto fue nuevamente dividido en dos partes que colocó en las manos de Kausalya y Kaikeyi, y después de recibir su aprobación, entregó las dos partes a Sumitra.
    De este modo todas las reinas quedaron embarazadas.

    Todas estaban muy contentas, y se sentían muy afortunadas.
    Desde el momento en que Sri Hari penetró en el vientre, la alegría y la prosperidad reinaron en todos los mundos.
    En el palacio brillaban las reinas que eran minas de belleza, virtud y gloria.
    Así felizmente un tiempo, hasta que llegó el día en que el Señor debía revelarse. [...]
    [...] Y entonces el Señor, refugio del universo y amparo de toda la creación, se manifestó.

    El hermoso Señor, que es compasivo con los humildes y bienhechor de Kausalya, apareció.
    El pensamiento de Su maravillosa forma, que arrebataba el corazón de los sabios, llenó a la madre de gozo.
    Su cuerpo era oscuro como la nube, y el deleite de toda mirada; en Sus cuatro brazos llevaba Sus emblemas característicos: una concha, un disco, un garrote y un loto. Adornado con joyas y una guirnalda de flores silvestres, y dotado de grandes ojos, el Destructor del demonio Khara era un océano de belleza.

    Uniendo sus manos, la madre dijo:
    "Oh Señor infinito, ¿cómo puedo alabarte? Los Vedas y los Puranas dicen que trasciendes la Maya, que traspasas todo atributo, conocimiento y medida.
    El que es glorificado por los Vedas y los santos como un océano de misericordia y dicha, y fuente de virtudes, ese mismo Señor de Lakshmi, amante de Sus devotos, Se ha revelado por mi bien.
    Los Vedas proclaman que cada poro de Tu cuerpo contiene multitud de universos manifestados a través de Maya.
    Que un Señor tan grande haya estado en mi vientre es un hecho tan disparatado que hace tambalear hasta las mentes más sabias".

    Cuando esta revelación llegó a la madre, el Señor sonrió y comenzó a hacer muchos gestos hermosos.
    Luego le habló de la bella historia de su encarnación anterior para que Le amara como a su propio hijo.
    Entonces el ánimo de la madre cambió, y habló de nuevo:
    "Abandona esta forma sobrehumana y recréate en los juegos infantiles, tan queridos para el corazón de una madre; la alegría que nace de esos juegos no se puede igualar de ninguna forma".
    Al oír estas palabras, el omnisciente Señor de los inmortales se volvió niño y comenzó a llorar. [...]
    Lord Shiva dice a Uma:
    [...] El dichoso Señor, que está por encima de la ilusión y trasciende todo Conocimiento, lenguaje y percepción sensual, jugaba como un niño inocente, entregándose al amor supremo de la pareja real.

    Así pues, Sri Rama, el padre y la madre del universo, deleitaba a la gente de Ayodhya.
    Bhavani, esto demuestra cómo aquellos que tienen devoción a los pies del Señor de los Raghus son recompensados por Él.
    Por otro lado, nadie que rechace al Señor de los Raghus puede liberarse de la atadura de la existencia mundana, por mucho que se esfuerce.
    Incluso la Maya que contiene bajo su poder a todos los seres vivos, animales e inanimados, tiembla ante el Señor, que la hace bailar con el simple movimiento de sus párpados.
    Dime entonces, ¿a qué otro señor vamos a adorar?
    El Señor de los Raghus tendrá compasión con los que se entreguen a Él en pensamiento, palabra y obra, renunciando a toda su inteligencia.

    De esta forma el Señor jugaba como un niño para deleite de toda la gente de la ciudad.
    La madre unas veces lo tomaba en sus brazos, y otras veces Lo echaba en la cuna y Lo mecía.

    Kausalya
    estaba ensimismada por el amor que los días y las noches pasaban inadvertidos.
    Por amor a su niño, entonaba canciones que hablaban de Su niñez.

    Un día, la madre Kausalya lavó y vistió al niño y Lo puso a dormir en la cuna.
    Luego se bañó ella para adorar a la deidad protectora de su familia. Y después de adorarla, le ofreció comida y regresó a la cocina.
    Cuando volvió al lugar de adoración vio a su niño tomando la comida ofrecida al Señor.
    Asustada, la madre se acercó al niño y le encontró dormido en su habitación. Pero al regresar de nuevo al templo, todavía seguía viéndolo allí.
    Ahora ella temblaba de temor y su mente estaba intranquila, pues veía a dos niños, uno en el templo, y otro en la habitación.
    Y se decía:
    ¿Es acaso una ilusión de mi mente o un fenómeno extraordinario?"
    Y Sri Rama, al ver a su madre perpleja, sonreía dulcemente.

    Entonces el Señor reveló a Su madre Su maravillosa e infinita forma, y le mostró que cada poro de Su piel contenía millones de universos.
    Luego Kausalya vio innumerables soles y lunas, Shivas y Brahmas de cuatro caras, y cantidad de montañas, ríos, océanos, valles y bosques, así como el espíritu del tiempo, el principio de la acción, las clases de Prakrti, el espíritu del Conocimiento y Naturaleza, y muchas más cosas de las que ella nunca había oído hablar.
    Luego ella percibió la Maya, que es realmente poderosa, y quedó paralizada de terror, de pie y con las manos juntas.
    La madre contempló también el alma encarnada, que bailaba por el poder de Maya, y también el espíritu de la devoción, que libera el alma. El vello de su cuerpo se erizaba y quedaba muda.
    Cerrando los ojos, postró su cabeza a los pies del Señor.

    Viendo que la madre estaba maravillada, el Destructor de Khara volvió a tomar forma de niño.
    Ella era incapaz de pronunciar alabanzas y temblaba al pensar que había observado al Padre del universo como su hijo.

    Sri Hari consoló a Su madre y le dijo: "Escucha madre: no reveles a nadie lo que has visto".

    Juntando las manos, Kausalya suplicaba una y otra vez:
    "Haz Señor que Tu Maya no siga teniendo poder sobre mí".

    Hari se dedicaba a muchos juegos infantiles para el gozo de Sus siervos. Después de un tiempo, alegrando a los habitantes de la casa vino el maestro y realizó la ceremonia de la tonsura; y los brahmanes que oficiaron en la misma recibieron preciosos regalos. Los cuatro nobles príncipes iban de un lado a otro realizando los más diversos actos que a todos agradaban.
    El Señor, que no puede ser comprendido con la mente, la palabra o la acción jugaba en el patio de Dasaratha. Cuando el rey, mientras cenaba, le llamaba, Él no acudía, tanto le pesaba dejar a sus compañeros de juegos. Cuando Kausalya iba a llamarle el Señor se escapaba tambaleándose.
    Aquél a quien los Vedas tienen que describir con términos negativos, diciendo "no es esto, ni esto" y que incluso Shiva podía encontrar, tenía que ser llevado a la fuerza por Su madre.
    Con el cuerpo manchado de polvo, venía y el rey sonriendo Lo tomaba en sus brazos. [...]
    Una doncella dice a Sita
    [...] Escucha querida, lo que me han dicho.
    Estos dos muchachos, hermosa pareja de cisnes, son hijos del rey Dasaratha; son los protectores del sacrificio de Kausika y han matado a los demonios en el campo de batalla.
    El de cuerpo moreno y ojos como el loto, que ha dominado el orgullo de Maricha y Subahu, y lleva en Sus manos un arco y una flecha, es el hijo de Kausalya, y se llama Rama, fuente de dicha.
    El joven rubio que sigue de cerca a Sri Rama, con un arco y una flecha en la mano, es su hermano menor, y se llama Lakshmana. Sumitra es su madre.
    Al enterarse de que Sri Rama iba a ser entronizado, la malvada doncella Manthara dice a la reina Kaikeyi:
    [...] ¿Por qué me llamas descarada? ¿Quién es feliz hoy a excepción de Rama a quien el rey va a investir con los poderes reales?
    La Providencia ha favorecido a Kausalya, y ella no puede contener su orgullo.
    ¿Por qué no vas y ves por ti misma el esplendor cuya visión ha perturbado mi mente?
    Tu hijo está lejos, y tú te complaces creyendo que tienes controlado a tu señor.
    Te gusta demasiado dormir sobre colchones de plumas y eres incapaz de percibir la perversidad y el engaño del rey".

    Al oír estas palabras afectuosas, conociendo sin embargo su maldad, la reina dijo irritada:
    "Cállate inmediatamente. Si vuelves a hablar así, experta como eres en sembrar la discordia en una familia, haré que te corten la lengua. ///

    Por su naturaleza bondadosa Rama ama a todas sus madres tanto como a Kausalya. Y a mí me tiene un cariño especial; en ocasiones lo ha manifestado.
    Si Dios, por Su misericordia, me diera un nacimiento humano de nuevo, desearía que Rama y Sita fueran un hijo y nuera respectivamente.
    Amo a Rama más que a mi vida; ¿cómo es que tú te has molestado al saber estas noticias? ///

    "Acabas de decir, oh reina, que Sita y Rama son muy queridos por ti y que tú te has entregado a Rama; esto que afirmas es verdad, pero pertenece al pasado.
    Cuando la marea cambia, hasta los amigos se vuelven enemigos.
    El Sol alimenta a los lotos, pero cuando no hay agua los convierte en cenizas.
    Tu compañera Kausalya desea eliminarte del país: protégete de algún modo.
    Por el amor de tu marido estás libre de preocupaciones, y crees que le tienes dominado.
    Pero el rey tiene una mente perversa, aunque su lengua es dulce; sin embargo, tú eres de una naturaleza inocente.
    La madre de Rama es inteligente y profunda, y ha encontrado una buena ocasión para demostrarlo.
    Debes saber que a petición suya el rey ha enviado a Bharata a casa de su abuelo materno.
    Kausalya se dice a sí misma: 'Todas las esposas de Dasaratha me sirven con agrado, pero la madre de Bharata es orgullosa'.
    Por ello, oh madre, irritas el corazón de Kausalya.
    El rey te tiene un cariño muy especial, pero por los celos a que está generalmente una esposa sujeta, Kausalya no puede tolerarlo. Por ello ha maquinado un plan y ha con seguido poner al rey de su parte para instalar a Rama en el trono.
    La entronización de Rama está de acuerdo con las tradiciones de la familia; es del agrado de todos, y yo también lo deseo.
    Sin embargo, tiemblo al pensar en las consecuencias; así que ruego al cielo que el mal recaiga sobre su propia cabeza."

    Induciéndole a pensar mal, Manthara se apoderó de la mente de la reina y le contó cientos de historias de las otras esposas para fomentar sus celos.[...]
    Tras el pedido de su padre de exiliarse por 14 años en los bosques, Sri Rama va a despedirse de su madre
    [...] Mientras tanto, Sri Rama fue a visitar a su madre Kausalya. Su aspecto era alegre y en su corazón no había sino gozo; ya no tenía nada a menos que el rey le retuviera a su lado.

    La mente de Sri Rama parecía un joven elefante que tuviera por cadena la regencia.
    Cuando se enteró de la propuesta de exiliarle al bosque se vio liberado de su cadena y sintió en su corazón un gozo desbordante.
    La corona de la raza Raghu, Sri Rama, unió Sus manos y se postró a los pies de Su madre.

    Ella Le bendijo y Le estrechó contra su pecho, esparciendo joyas y ornamentos a Su alrededor para protegerle del mal.
    La madre besó Sus labios una y otra vez con lágrimas en los ojos y su cuerpo estremecido de emoción.
    Sentándole en su regazo le abrazaba una vez más contra su corazón, y la leche manaba de sus hermosos pechos por tanto amor que sentía.

    Su amor y su alegría eran inefables; parecía un pobre que hubiera alcanzado el rango de Kubera.
    Contemplando extasiada Su hermoso rostro, la madre Le habló así:
    "Dime, querido hijo, te lo ruego, ¿cuándo llegará esa hora feliz, culminación hermosa de la piedad, virtud y alegría y suprema recompensa de la existencia humana, que es anhelada por todos los hombres y mujeres como los pájaros Chataka anhelan la lluvia otoñal cuando el Sol está en la misma longitud que la constelación Swati?
    Te aconsejo, querido mío, que te bañes aprisa y comas algo dulce. Después, ve a ver a tu padre, pues ya es muy tarde."
    Incluso al oír estas palabras tan agradables de su madre, capullos del árbol celestial del amor, cargado con la miel del amor y fuentes de bien para el mundo, la mente de Sri Rama no podía quedarse atrapada en su encanto.

    Ejemplo de justicia que era, discernía claramente el camino del deber y habló a Su madre así:
    "Mi padre me ha ofrecido el reino del bosque, donde tendré grandes oportunidades. Así pues, concédeme tu permiso y no estés triste para que mi viaje al bosque vaya acompañado de gozo y bendiciones. No te obsesiones con falsos temores, querida madre; por tu amor, siempre seré feliz.
    Después de pasar catorce años en el bosque y de obedecer las órdenes de mi padre, volveré a contemplar tus pies; no dejes que tu corazón esté triste."


    Las dulces palabras de Sri Rama se clavaron en el corazón de Su madre y se alojaron allí.
    Alarmada al oírle hablar con tal serenidad, palideció igual que la planta Yavasaka es marchitada por el viento monzón.
    La agonía de su corazón era como la de la liebre al oír el rugido del león.
    Sus ojos se empaparon de lágrimas y su cuerpo temblaba con violencia como el pez que ha quedado embriagado al absorber el olor levantado por la primera lluvia del monzón.
    Serenándose y mirando a su hijo a la cara, la madre habló vacilante:
    "Niño mío, tú eres para tu madre tan querido como la vida, para él es un deleite constante contemplar tus actos día a día. Ya había fijado la fecha para nombrarte príncipe regente.
    ¿Qué ofensa has cometido para que te pida que te vayas a los bosques?
    Dime la razón, querido: ¿quién es el que ha servido de fuego para consumir así a la raza solar?"

    Leyendo en los ojos de Sri Rama su consentimiento, el hijo de Sumantra (que había acompañado al Príncipe) explicó la razón.
    Y la madre quedó anonadada al escucharle; el estado de su mente no se podía describir con palabras.

    No podía retener a su Hijo ni decirle que se fuera; y en cualquier caso, sentía un sufrimiento indecible.
    Y se decía a si misma:
    "Parece como si alguien hubiera ido a escribir 'Luna' y hubiera escrito 'Rahu' por un desliz de la pluma".
    Y terminó pensando:
    "Las obras del Creador son inefastas para todos".

    El juicio de Kausalya se columpiaba entre su sentido del deber y su cariño.
    Se encontraba en medio de un dilema como la serpiente que ha atrapado una rata almizclera.
    "Si retengo a mi hijo, violaré el código moral y se crearán enemistades entre los humanos. Y si le permito ir a los bosques, será una gran pérdida para mí."

    Así la reina se encontraba en una situación muy embarazosa y estaba llena de pena.
    Pero, recordando el deber de la mujer y teniendo en cuenta que tanto Rama como Bharata eran sus hijos, la prudente Kausalya, madre de Sri Rama, pudo reunir valor y habló de este modo:
    "Has hecho bien, hijo mío; la orden de un padre es la obligación más sagrada.
    El que tu padre te haya prometido el reino de Ayodhya y ahora haya decidido exiliarte al bosque, no me entristece en absoluto. Pero tu ausencia de entre nosotros será una prueba terrible para Bharata, para el rey y para el pueblo.
    De todas formas, si es sólo orden de tu padre, no vayas, pues recuerda que el deseo de la madre está siempre por encima.
    Pero si el padre y la madre te pidieran que fueras al bosque, ese bosque será como cien Ayodhyas, y tendrás a los dioses silvestres por padre, y a las diosas como madre, y a los pájaros y animales a tus pies de loto.
    Para un rey está bien vivir en el bosque cuando llega a la vejez, pero a tu tierna edad me llena de tristeza el corazón.
    Qué bendito es el bosque y qué desafortunada Ayodhya, oh corona del linaje Raghu!
    Si te pido que me lleves contigo, no sabrás qué hacer.
    Tú eres querido por todos, hijo mío; eres la vida de nuestra vida, la fuerza de nuestra alma.
    Cuando dices: 'Madre, me voy al bosque', yo me lleno de tristeza. Pero no te exijo nada ni finjo un amor falso y exagerado.
    Sólo te ruego que me recuerdes como tu madre y no dejes que me aparte de tu mente.
    Que todos los dioses y manes te protejan, Señor de la Tierra, como los párpados protegen a los ojos.
    El término del exilio es como el agua, y tus seres queridos son como peces que viven en ella; tú eres una fuente de misericordia y ejemplo de virtud.
    Acuérdate de esto y haz que vuelvas a tiempo para encontrarnos a todos vivos.
    Te ruego que vayas alegre a los bosques, aunque dejes a tus siervos, tu familia y toda la ciudad.
    El fruto de las obras buenas ha llegado hoy a su fin y la marea de la fortuna se ha vuelto contra nosotros y nos es hostil."
    Lamentándose así la madre Kausalya se agarró a los pies de Sri Rama, considerándose la mujer más desgraciada.
    Sri Rama levantó a su madre y la abrazo, consolándola con palabras de alivio.

    En ese momento Sita se enteró de lo ocurrido y se levantó muy preocupada. Se acercó a Su suegra y se sentó, postrándose ante ella. Kausalya la bendijo y se sintió apenada al ver Su delicado ser.
    Con la cabeza gacha, Sita, que era la belleza personificada y profesaba un amor inmaculado a Su Señor, pensaba:
    "El Señor de mi vida va a partir al bosque; todavía no se sabe quién será el afortunado que pueda acompañarle, mi cuerpo mi alma juntas, o sólo mi alma. Lo que Dios desea hacer no y se puede saber".

    Mientras rascaba el suelo con las hermosas uñas de Sus pies, los cascabeles de sus tobillos producían un sonido musical, como si suplicaran que los pies de Sita no les abandonasen.
    Viéndola derramar lágrimas, la madre de Sri Rama rompió el silencio así:
    "Escucha, querido hijo; Sita es extremadamente delicada, alegría de su suegro y suegras, y de toda la familia.
    Tiene por padre a Janaka, joya de los príncipes, y su suegro es el sol de la raza solar; y su señor es la misma luna de los hijos del dios Sol, fuente de bondad y belleza.
    Yo he encontrado en ella una preciosa hija, amable y correcta, y llena de belleza.
    La he tratado siempre como la niña de mi ojo y la he amado todavía más; toda mi vida está enfocada en Janaki.
    La he cuidado como si fuera una enredadera celestial y la he alimentado con el agua de mi amor.
    Cuando la enredadera estaba a punto de florecer y dar fruto, Dios se volvió contra mí y no sé qué pasará ahora.
    Como siempre ha estado sobre cama, silla, columpio o sobre mi regazo, Sita nunca ha puesto su pie en el duro suelo.
    Yo la he atendido como una hierba dadora de vida y ni siquiera le he pedido nunca que mueva la mecha de una lámpara.
    Sita desea ir contigo al bosque, y ahora espera tus órdenes, oh Señor de los Raghus.
    Cómo puede la hembra del pájaro Chakora que bebe el néctar de los rayos de la Luna, fijar su mirada en el Sol?
    Manadas de elefantes salvajes, leones, demonios y otras criaturas rondan por el bosque.
    ¿Puede una hermosa hierba dadora de vida encontrarse a gusto en un bosque de veneno, hijo mío?
    Para vivir en el bosque Dios ha creado a Kola y Kirata, muchachas que no conocen los placeres sensuales.
    Duras por naturaleza como el insecto que vive bajo la roca, nunca sufren en el bosque. Otras mujeres que se adaptan a esa vida son las ermitañas, que han renunciado a todos los placeres y hacen penitencia.
    Pero, ¿cómo va a vivir Sita en el bosque, que se atemoriza con sólo ver el dibujo de un mono?
    Acaso la hembra del cisne, que se pasea por el lago Manasa, puede soportar vivir en un charco de barro?
    Piensa en esto primero; y luego, según lo que ordenes, prepararé a la hija de Janaka.
    Si se queda en casa, será un gran consuelo para mí."

    Cuando Sri Rama, Héroe de la raza Raghu, oyó a Su madre, la consoló con palabras dulces y sabias; y luego se dirigió a Janaki, hablándole de las ventajas y desventajas de la vida salvaje. [...]
    Tras su partida, el rey Dasaratha recibe noticias de Sri Rama:
    [...] El aliento del rey se había paralizado en su garganta.
    Todos sus sentidos se nublaron como un grupo de lotos que se hubieran quedado sin agua.
    Cuando Kausalya vio al rey en tan lamentable estado, pensó que el sol de la raza solar estaba a punto de desaparecer.
    Y reuniendo todo su valor, la madre de Sri Rama le dirigió estas palabras, muy apropiadas para esa ocasión:
    "Calma tu corazón, mi señor, y piensa que la separación de Rama es como un vasto océano.
    Tú eres el barquero, y Ayodhya el bote en el que navegamos todos tus familiares y seres queridos.
    Sólo si tienes paciencia llegaremos a la otra orilla.
    Si no, toda la familia se ahogará. Si tienes en cuenta esta súplica mía, amado señor, podremos ver a Rama, Lakshmana y Sita de nuevo".

    Al oír a su amada reina, el rey abrió los ojos y miró hacia arriba como un pez moribundo que hubiera sido rociado con agua fría. [...]
    Tras el deceso del rey Dasaratha, Bharata y Satrughna van a ver a Kausalya:
    [...] Cuando Kausalya vio a Bharata, se levantó y corrió hacia él, pero se cayó inconsciente al suelo.
    Bharata se emocionó mucho y se arrojó a sus pies olvidando el estado de su propio cuerpo.

    "Madre, enséñame a mi padre.
    ¿Dónde están Sita, Rama y Lakshmana?
    ¿Por qué nació en este mundo Kaikeyi? Y si nació, ¿por qué no fue estéril en lugar de darme a luz a mí, mancha de mi familia, pozo de infamia, enemigo de mis familiares y seres queridos?
    ¿Quién en las tres esferas es tan miserable como yo, por cuya culpa, madre, te has visto reducida a tal estado?
    Mi padre está en el cielo y Sri Rama en los bosques. Yo soy el responsable de todo.
    Que el mal se cierna sobre mí, que he demostrado ser para mi familia como el fuego para los bambúes, además de ser víctima de terrible agonía, sufrimiento y culpabilidad."

    Al oír las tiernas palabras de Bharata, Kausalya se levantó con renovado esfuerzo y levantándole, le estrechó con fuerza. Y las lágrimas se agolpaban en sus mejillas.

    Inocente por naturaleza, Kausalya le abrazaba con un cariño inmenso como si hubiera vuelto el mismo Sri Rama.
    Luego abrazó al hermano menor de Lakshmana, Satrughna.
    Todos los que veían su amor decían: "Siendo madre de Rama, no es de extrañar que tenga tanto amor".

    La madre sentó a Bharata en sus rodillas y enjugando su llanto, le dijo:
    "Te aconsejo que te calmes, hijo mío; piensa que son tiempos difíciles y no te entristezcas.
    No tomes en serio la pérdida que hemos sufrido y no sientas remordimiento por ello, ya que el curso del tiempo y el destino son inalterables.
    No culpes a nadie, hijo mío; es la Providencia la que se me ha mostrado hostil. Y cuando Él hace que siga viva a pesar de estas circunstancias, ¿quién sabe qué deseará para mí incluso ahora?
    Por orden de su padre, el héroe de los Raghus se despojó de sus vestiduras reales y se vistió de ermitaño con cortezas de árbol, sin dolor ni alegría.
    Con el rostro alegre, sin ira ni contento, consoló a todos y se dirigió al bosque.
    Al enterarse, Sita le siguió pues no que ría quedarse aquí. Y Lakshmana también fue con ellos.
    No quería que le dejaran, aunque el Señor hizo todo lo posible para disuadirle.
    El Señor de los Raghus se inclinó ante todos y partió con Sita y Lakshmana. Y yo ni les acompañé ni les perseguí con mi alma, dejando aquí mi cuerpo.
    Todo esto ocurrió ante mis propios ojos, y a pesar de ello esta mísera alma no se despidió del cuerpo.
    No tengo vergüenza de mi amor; ¡Pensar que un hijo como Rama tiene una madre como yo!
    El rey supo vivir y morir, pero mi corazón es cien veces más duro que el diamante."

    Al oír a Kausalya, Bharata y el gineceo entero comenzaron a lamentarse; el palacio del rey parecía la morada misma del dolor.

    Kausalya trató de consolar a Bharata con palabras de sabiduría.
    Bharata a su vez consoló a todas sus madres, narrándoles leyendas de los Puranas y Vedas.
    Uniendo sus manos, se dirigió a ellas con palabras inocentes y simples diciendo:

    "Los pecados del asesinato de una madre, padre o hijo, o del acto de incendiar un rebaño de vacas o un pueblo de brahmanes, o de envenenar a un amigo monarca, todos los pecados graves y leves de pensamiento, palabra u obra enumerados por los sabios, que todos sean atribuidos a mí si este suceso ha ocurrido por mi culpa.
    Que la Providencia disponga para mí la misma suerte de aquellos que, abandonando los pies de Sri Hari y Shiva, adoran espíritus terribles, si yo, madre, soy cómplice en este suceso.
    Madre, si esto contara con mi aprobación, yo debería tener el mismo destino terrible de aquellos que venden los Vedas, explotan la piedad, hablan de los pecados de los de mis y son mentirosos, malvados e irascibles, enemigos del mundo, avariciosos como las aves rapaces, y ponen los ojos en las riquezas de los demás, codiciando la esposa del otro Si yo hubiera sabido esto, que Shiva disponga para mí el destino de aquellos miserables que no aman la compañía de los virtuosos, que abandonan el sendero que lleva a la realización de Dios, que no adoran a Sri Hari aunque tienen un cuerpo humano, y no se deleitan en la gloria de Sri Hari y Shiva, que son impostores y engañan al mundo tomando falsas apariencias."

    Al oír las palabras tan sinceras e inocentes de Bharata, Kausalya dijo:
    "Tú, querido hijo, siempre has amado a Rama en pensamiento, palabra y obra.
    Amas más a Rama que a tu propia vida, igualmente, para el Señor de los Raghus eres más querido que su vida. La Luna puede desprender veneno a través de sus rayos, y la nieve, fuego: una criatura acuática puede despreciar el agua y la iluminación espiritual puede fallar en hacer desaparecer la ignorancia, pero tú nunca te volveréis contra Rama. Aquellos que piensan que fuiste cómplice en este plan nunca alcanzarán la felicidad ni la salvación".
    Kausalya abrazaba a Bharata de sus pechos manaba leche, y de sus ojos, lágrimas. De esta forma siguieron lamentándose toda la noche.

    Luego vinieron los sabios Vamadeva y Vasistha y reunieron los ministros y la elite de la ciudad.
    Vasistha aconsejó a Bharata y le hablo con palabras de sabiduría:
    "Querido hijo, ten valor, y haz lo que requiere la ocasión." Al oír a su preceptor, Bharata se levantó y pidió que lo dispusieran todo. [...]
    La reina Sunayana, madre de Sita, se reune con la reina Kausalya:
    [...] La Reina Kausalya, la madre de Sri Rama, las recibió con el debido honor y cortesía y les ofreció los asientos que las circunstancias permitían.
    La amabilidad y el cariño de todas en ambas partes era tal que hubiera hecho desvanecer el rayo más fuerte con sólo verlas u oírlas. Con su cuerpo tembloroso y vencidas por la emoción y con los ojos llenos de lágrimas, comenzaron a entristecerse y a arañar el suelo con las uñas de los pies.
    Eran verdaderas encarnaciones de amor por Sita y Sri Rama; parecía como si Pathos misma llorara en tantas formas diferentes.

    Dijo la madre de Sita:
    "El intelecto de la Providencia es tan maravilloso que ha deseado cortar la espuma de la leche con un cincel de diamante!
    Oímos hablar del néctar, pero sólo vemos veneno: todos Sus actos son crueles. Por todas partes pueden verse cuervos, lechuzas y garzas, pero los cisnes sólo se hallan en el lago Manasa."

    Escuchando estas palabras de la Reina Sumitra, la madre de Lakshmana, observó con pesar:
    "Los caminos de la Providencia son los más perversos y extraños: Dios crea, mantiene y luego destruye. Sus designios son tan disparatados como un juego de niños".

    Kausalya dijo:
    "No es culpa de nadie; penas y alegrías, pérdidas y ganancias están determinadas por nuestras acciones pasadas.
    Los caminos inexorables de la Providencia tan sólo son conocidos por Dios, que otorga toda clase de frutos, tanto buenos como malos.
    Los mandatos de Dios prevalecen sobre todo, incluso sobre los procesos de creación, conservación y disolución y sobre el veneno y el néctar que destruye y restablece la vida, respectivamente.
    Oh buena dama, no sirve de nada el lamentarse con desesperación.
    Los hechos de la Providencia son, como he dicho antes, inmutables y eternos.
    Si nos lamentamos por el contraste existente entre la vida del rey y su pérdida, amiga mía, es porque vemos que nuestros intereses han sido perjudicados a causa de su fallecimiento".

    La madre de Sita respondió:
    "Vuestras nobles palabras son verdaderas, siendo como sois esposa del señor de Ayodhya, la mayor alma virtuosa de las conocidas por la historia.
    Si Lakshmana, Rama y Sita permanecen en el bosque, el final será bueno, no malo."

    Pero, Kausalya, con el corazón lleno de emoción, dijo:
    "Estoy preocupada por Bharata.
    Por la gracia de Dios y mediante vuestras bendiciones, mis hijos y sus esposas son tan puros como el agua del río celestial, el Ganges.
    Aunque nunca he jurado por Rama, juro ahora por Él y os digo sinceramente, amiga mía, que para exaltar la amabilidad de Bharata, su bondad, modestia, carácter sublime, cariño fraternal, devoción, fe y nobleza, hasta el ingenio de la misma Sarada, la diosa del habla, tartamudeó.
    ¿Acaso puede el océano ser vaciado con una concha?
    Siempre he visto a Bharata ser la gloria de su casa y el rey así me lo confirmó en repetidas ocasiones.
    El oro es probado frotándolo con la piedra de toque y una piedra preciosa al llegar a las manos de un experto joyero, mientras que los hombres son probados en las ocasiones de emergencia por su innata disposición.
    No ha sido correcto de mi parte el haber hablado así, pero el sentimiento y el cariño sirven como excusa."

    Al escuchar estas palabras, tan puras como el agua del río celestial, todas las reinas quedaron abrumadas por la emoción.

    Kausalya se sobrepuso y continuó:
    "Escucha, oh venerable reina de Mithila: ¿quién puede aconsejarte a ti, la consorte del Rey Janaka, que es un océano de sabiduría?
    Sin embargo, si encuentras el momento adecuado, oh reina, deberías hablar con el rey, y haciéndole creer que se trata de tu propia iniciativa, rogarle que detenga a Lakshmana y permita a Bharata acompañar a Sri Rama al bosque.
    Esta propuesta debería alcanzar el favor del rey, déjale que después de la debida deliberación, decida lo que sea más conveniente. Me siento muy preocupada por Bharata, ya que el amor que abriga en su corazón es tan profundo que si se queda en casa tengo miedo de que le pueda suceder algo malo."

    Percibiendo el puro amor de Kausalya y escuchando su sincera y elocuente súplica, todas las reinas se sintieron abrumadas por el patético sentimiento.
    Del cielo caía una lluvia de flores acompañada por gritos de ovación.
    Santos realizados, Yoguis y eremitas estaban sobrecogidos por la emoción.
    Todas las damas del gineceo enmudecieron al ver esto.

    Entonces, Sumitra, recobrándose, intervino, "¡Señora! ha pasado casi una hora de la noche".

    Escuchando esto, la madre de Sri Rama, Kausalya, se levantó cortésmente y dijo, sin emoción:
    "Rogad que podáis regresar rápidamente a vuestro campamento.
    Nuestro único refugio ahora es Dios y el único que puede ayudarnos es el señor de Mithila".

    Viendo su emoción y escuchando sus amables palabras, la reina amada de Janaka, Sunayana, abrazó los santos pies de Kausalya.

    "Tanta modestia, oh venerable dama, es excesiva viniendo de ti, que eres la esposa del rey Dasaratha y la madre de Sri Rama.
    Los grandes hombres tratan con honor incluso al más humilde de sus sirvientes: el fuego es coronado con humo, mientras que el gran Señor Shiva y Su Consorte Bhavani son tus constantes protectores.
    ¿Quién en esta Tierra es merecedor de servir como ayudante tuyo?
    ¿Podría una luz ordinaria pretender ser un sirviente del Sol?
    Después de cumplir el tiempo de su exilio en los bosques y llevando a cabo el propósito de los dioses, Sri Rama reinará sin ser perturbado en Ayodhya; y protegidos por la fuerza de los brazos de Sri Rama, dioses, Nagas y seres humanos habitarán pacíficamente en sus moradas.
    Todo esto ha sido predecido por el sabio Yajñavalkya y la profecía de un sabio, señora, nunca es en vano." [...]
    Tras los 14 años de exilio, Sri Rama, Sita y Lakshmana regresan a Ayodhya:
    [...] Una y otra vez Kausalya contemplaba al Héroe de la estirpe de Raghu, océano de compasión e irresistible guerrero, y se preguntaba a sí misma:
    "¿Cómo habrá podido matar al señor de Lanka?
    Mis dos muchachos tienen un cuerpo muy delicado, mientras que los demonios eran unos guerreros de extraordinario poder".

    Mientras la madre Kausalya miraba al Señor junto a Lakshmana y Sita, su alma se sobrecogía y el cabello de su cuerpo se erizaba.

    Vibhisana, rey de Lanka, Sugriva, señor de los monos, Nala, Nila, Jambavan, Angada, Hanuman y los otros héroes monos, todos de carácter virtuoso, habían adoptado encantadoras formas humanas.
    Con gran reverencia y amor alabaron el afecto, amabilidad, austeridad y disciplina de Bharata.
    Cuando vieron la forma de vida de los ciudadanos, todos se alegraron de su devoción a los pies del Señor.
    Entonces el Señor de los Raghus convocó a todos Sus compañeros y les dijo:
    "Abrazad los pies de Mi Guru, el sabio Vasistha, que es digno de la adoración de toda nuestra raza.
    Por su gracia todos los demonios cayeron en la batalla".


    Y volviéndose al sabio, Rama dijo:
    "Escucha, santo señor: éstos son mis compañeros, ellos han sido las barcas que me llevaron a través del océano de la batalla.
    Todos arriesgaron su vida por mi causa, y son más queridos para mí, que el mismo Bharata".


    Al escuchar las palabras del Señor estaban todos extasiados; cada momento daba paso a una nueva alegría.
    Entonces todos se postraron a los pies de Kausalya, la cual se sintió complacida al poder darles sus bendiciones, y añadió:
    "Vosotros sois tan queridos para mí como el Señor de los Raghus". [...]

    Kausalya + Rey Dasaratha, hijo de Rey Aja y Desconocido. (Rey Dasaratha nació en Ayodhya.)