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Pratipa

 

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1. Desconocido

Pratipa

  • Consorte (1): Desconocido



PRATIPA era un rey bondadoso, siempre dedicado al bienestar de todos los seres. Durante muchos años se entregó a realizar austeridades ascéticas en las sagradas fuentes del río
Ganges. Un día, mientras estaba sentado cerca de la orilla diciendo sus plegarias, el río tomó la forma de una hermosa y seductora mujer, que no era otra que la encarnación de Ganga, la diosa del Ganges. Esta dama celestial, de una belleza sublime, se acercó al rey y se sentó en su muslo derecho, que era fuerte como el tronco de un árbol. Entonces, ante aquella interrupción de sus oraciones, el rey le dijo: < ¿Qué deseas de mí, hermosa dama? >, a lo que la mujer contestó: \emdash Te deseo a ti, rey y señor de los Kurus. Tómame y hazme tuya, pues los sabios no aprueban
el que una mujer que se entrega voluntariamente sea rechazada. Pratipa le contestó: \emdash¡Oh hermosa mujer!, no puedo hacerlo, pues he hecho el voto de nunca tomar la esposa de
otro hombre ni mujer alguna que no sea la mía. La mujer insistió: \emdash¿Acaso soy fea o impura?. A mí puedes tomarme sin romper tu voto, pues soy una virgen
celestial. Tómame como esposa y goza conmigo: ámame como yo te amo a ti. Pratipa respondió: \emdash Lo siento, hermosa mujer, no puedo aceptar tu ofrecimiento, pues si lo aceptase sería
destruido al instante. Realmente eres preciosa, pero fíjate, te has sentado en mi muslo derecho, que es el lugar para las hijas y las nueras, mientras que el lugar de la esposa o la amante es el muslo izquierdo, que tú has evitado. Por tanto no puedo verte con ojos de deseo, sino con los que se mira a una hija. Sé mi nuera: sería feliz de aceptarte para mi hijo. Entonces la mujer dijo: \emdash En verdad eres un hombre virtuoso. Que sea como dices. Por el respeto que te tengo seré
una esposa de la dinastía de los Bharatas cuyas virtudes sería incapaz de contar ni en cien años. Pero tu hijo jamás debe saber mi origen celestial ni juzgar mis actos, sea lo que sea lo que yo haga. Entonces le haré feliz y por los hijos que le daré y por sus propios méritos alcanzará los cielos. \emdash Y diciendo esto desapareció en el río. Desde aquél día el rey conservó siempre en su memoria la promesa que había hecho, mientras
esperaba la llegada de un hijo. Pasó el tiempo y como ya iban llegando a una edad avanzada, Pratipa y su esposa practicaron austeridades y penitencias hasta que por fin tuvieron un hijo. Este hijo no era otro que la encarnación de Mahabhisha; y, como era hijo de un hombre que por sus austeridades había alcanzado la serenidad, le llamaron Santanu. Santanu creció entregado a la virtud, convencido de que sólo mediante los buenos actos se
alcanza el cielo. Cuando llegó a la mocedad, su padre le dijo: \emdash Hace mucho tiempo tuve un encuentro con una dama celestial a la que prometí que sería tu
esposa. Si te encuentras secretamente con aquella hermosa mujer de piel clara y te pide que le des hijos, acéptala y no juzgues sus actos ni le preguntes quién es ni de dónde viene. Después de esto, Pratipa nombró rey a Santanu y poniendo todo su reino en sus manos, se retiró a los bosques para entregarse a sus prácticas religiosas.

La diosa Ganga le dice a su esposo, el rey Santanu:
[...] Por otro lado tú en tu nacimiento anterior, eras el gran rey Vihsak.
Una vez estabas en la corte de hidra y al llegar yo me miraste con ojos de deseo y quisiste que fuera tuya.
A los moradores de los cielos no les gustó esto y te enviaron a la tierra para nacer como el rey Santanu, el hijo de Pratipa.
De este modo nuestro amor se ha hecho posible y hemos sido felices.
[...]

Pratipa +.