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Guha

 

Vínculos de familia

Guha

  Descripción:

También conocido como: el Nisada o Jefe de los Nisadas

Durante el viaje de Sri Rama a su exilio en los bosques:
[...] Cuando Guha, el Nisada, se enteró de la venida de Rama, llamó a todos alegremente y llevando como regalos frutos y raíces, fue al encuentro del Señor con infinito gozo en su corazón.
Postrándose y colocando los regalos ante el Señor, Le contemplaba lleno de amor.
El Señor de los Raghus, que se siente atraído por el amor puro, lo sentó a Su lado y quiso saber cómo se encontraba.

"Ver tus pies de loto, mi Señor, es fuente de todo bien; ahora puedo considerarme un hombre afortunado. Mi tierra, casa y fortuna son tuyas, santo señor, mi familia y yo mismo somos tus humildes servidores. Hazme el favor de visitar mi ciudad. Que todos envidien mi suerte."

"Todo lo que has dicho es verdad, sabio amigo, pero mi padre me ha ordenado otra cosa.
Durante catorce años mi hogar será el bosque y mi forma de vida, vestido y comida serán los de un ermitaño.
Así que no sería aconsejable que me quedase en un pueblo."

Guha quedó muy triste al oír esto.
Contemplando la belleza de Sri Rama, Lakshmana y Sita, los hombres y mujeres de aquel pueblo decían:
"¿Qué clase de padres pueden haber enviado a estos niños al bosque?.
Otros decían: "El rey ha obrado bien, pues así Dios ha deleitado nuestra mirada al verles".

El Jefe de los Nisada se quedó pensativo y de repente vio un hermoso árbol Asoka.
Llevó al Señor de los Raghus hasta él y Se lo mostró. Sri Rama dijo que el lugar era de una belleza incomparable.
Luego las gentes regresaron a sus hogares, después de presentarle sus respetos, y el Rey de los Raghus se retiró para realizar Sus prácticas devocionales de la noche.
Mientras tanto Guha preparó una suave y bella cama de hierba Kusa y hojas tiernas y la esparció por el suelo.
También colocó con sus propias manos copas de hojas llenas de frutas y raíces que sabía que eran puras, deliciosas y suaves.

Después de compartir los bulbos, raíces y frutas con Sita, Sumantra y Lakshmana, la Joya de la raza Raghu se echó a dormir, mientras que Su hermano le masajeaba los pies.
Cuando Lakshmana vio que su Señor se había dormido, se levantó y pidió permiso al ministro para retirarse.
En cuanto al ministro, preparó su arco y flechas y sentado a cierta distancia vigilaba el lugar.

Guha reunió a sus guardias de con fianza y los colocó en diferentes puntos, mientras que él se sentó junto a Lakshmana con el carcaj ceñido a la cintura y una flecha preparada en el arco.
El jefe de los Nisada, al ver a su Señor durmiendo en aquella cama de hierba y hojas se sintió triste por tanto amor que sentía; el vello de su cuerpo se erizaba, las lágrimas no paraban de fluir y fluir de sus ojos, comenzó a hablar así a Lakshmana:

"El palacio del rey es de y una belleza exquisita; ni siquiera el hogar de Indra puede compararse a él.
Sus hermosos áticos están hechos de preciosas gemas y parece que el mismo dios del amor los hubiera construido.
Libres de impurezas, de sueño maravilloso y lujo exquisito, y perfumados con la fragancia de las flores, están provistos de camas muy confortables e iluminadas con innumerables gemas.
Tienen colchas y sábanas, almohadas y cojines de todas clases, suaves y blancas como la espuma de la leche. En esos áticos dormían por la noche Sita y Rama, y con su belleza humillaban el orgullo de Rati y de su compañero, el dios del amor. Y los mismos Sita y Rama, duermen ahora en un jergón, al descubierto y cansados, y es muy duro verles así.

El Señor Rama en persona, a quien su padre y madre, familia, compañeros y siervos, amaban como a su propia vida, duermen en el suelo. Y Sita, cuyo padre Janaka es conocido en todo el mundo, cuyo suegro es el rey Dasaratha, jefe de los Raghus y aliado de Indra, señor de los inmortales, y que tiene por esposo a Ramachandra, está echada en el suelo.
El destino adverso no perdona a nadie ¿merecen Sita y el Héroe de los Raghus ser exiliados a los bosques?
Con razón se dice que: 'El destino tiene siempre la palabra'.

La insensata hija de Kekaya ha dañado a Sita y al Deleite de la raza Raghu en un momento en que todo era alegría.
Esa malvada mujer ha cortado el árbol de la raza solar y ha sumido al universo entero en el dolor"
.

El jefe Nisada estaba muy triste de ver a Rama y a Sita en el suelo.
Lakshmana se dirigió a él con sabiduría, desapego y devoción diciendo:

"Nadie es causa de deleite o dolor para otro; todos cosechamos el fruto de nuestras propias acciones, hermano.
La unión y la separación, las experiencias placenteras y penosas, amigos y enemigos, todo no es más que la ilusión.
Igualmente, el nacimiento y la muerte, la prosperidad y la adversidad, el destino, el tiempo y toda la ilusión del mundo; los países, las casas, las riquezas, la ciudad y la familia, cielo e infierno, y todos los fenómenos del mundo; todo lo que se ve, se oye o se piensa con la mente nace de la ignorancia, y en la realidad nada de eso existe.

Suponte que en un sueño un mendigo es coronado rey o que el señor del paraíso se convierte en un pobre; al despertar, ni el uno gana ni el otro pierde. Así debes ver el mundo.
Por lo tanto, no estés enfadado ni culpes a nadie en vano.
Todos están soñando en la noche de la ilusión, y mientras uno está dormido, tiene diferentes sueños.
En esta noche de la existencia mundana sólo los Yoguis permanecen despiertos, aquellos que buscan la verdad suprema y se mantienen alejados del mundo.
Sólo despierta el alma de la noche del mundo cuando comienza a despreciar los goces del mundo de los sentidos.
Sólo cuando llega la verdadera comprensión desaparece el error de la ilusión y uno empieza a amar los pies de Sri Rama, Señor de los Raghus.

Oh amigo, ésta es la meta espiritual más alta: estar entregado a los pies de Sri Rama en pensamiento, palabra y obra.
Sri Rama es Brama, la realidad suprema, desconocida, imperceptible, sin principio, incomparable, libre de todo cambio y por encima de la diversidad.
Los Vedas siempre hablan de Él definiéndolo en términos negativos, diciendo: 'no es esto, ni esto tampoco'.

Por el bien de Sus devotos, de la Tierra, los brahmanes, vacas y dioses, el gracioso Señor toma forma humana y realiza tales acciones que, al ser escuchadas, destruyen las trampas del mundo.

Así pues, oh amigo, libérate de tu ilusión y entrégate a los pies de Sita y el Héroe de la raza Raghu". [...]
Al despedirse, el jefe de los Nisadas pide acompañar a Sri Rama:
[...] Luego el Señor dijo a Guha: "Vete a tu casa".
En cuanto oyó esto, su cara palideció y su corazón se llenó de agonía.
Con las manos unidas, Guha habló al Señor de forma patética:

"Escucha mi oración Joya del linaje de Raghu; deja que me quede contigo, señor, y te muestro el camino; y después de servirte unos días, construiré una hermosa cabaña de hojas para ti en cualquier bosque al que vayas y habites, oh Señor de los Raghus. Y juro que haré cuanto me ordenes".

Al ver su amor puro, Sri Rama le llevó con Él y Guha se sintió muy contento.
Entonces Guha reunió a todos sus parientes y después de regalarles cosas, les envió a otros lugares.
Luego, el Señor invocó a los dioses Ganesha y Shiva, y postrándose ante el río celestial Ganges, se dirigió al bosque con Su amigo Guha, Su hermano menor Lakshmana y Sita.

Ese día se detuvo bajo un árbol; Lakshmana y Su amigo Guha le servían en todas Sus necesidades.
Al amanecer el Señor realizó Sus prácticas devocionales y luego fue a visitar Prayaga, rey de los lugares santos. [...]
[...] Cuando el jefe de los Nisadas regresó tras escoltar al Señor, vio al ministro Sumantra con el carro.
El ministro se apenó al ver al jefe Nisada, y su sufrimiento era indescriptible.
Gritando: "¡Rama, Rama, Sita, Lakshmana!", Sumantra cayó al suelo; mientras, los caballos seguían mirando hacia el sur y relinchando, tan agitados como pájaros despojados de sus alas.
No comían hierba ni bebían agua, y sus ojos derramaban lágrimas sin parar.

Todos los Nisadas estaban tristes al ver los caballos de Sri Rama.
Luego, el jefe se sereno y dijo:

"Sumantra, deja de lamentarte.
Eres hombre de sabiduría y conoces la más alta verdad; así pues, cálmate y date cuenta de que el Destino no te es propicio
".

Contándole dulces historias, lo llevó y lo sentó en el carro. Pero, vencido por el dolor, no podía conducir el carro.
El dolor de estar separado de Rama era muy intenso. Los caballos no querían andar el camino, y se movían como si fueran animales salvajes. Se caían y luego miraban hacia atrás. Si alguien mencionaba el nombre de Rama, Lakshmana o Sita comenzaban a relinchar y a mirar a esa persona con amor. [...]
Bharata y su comitiva salen en busca de Sri Rama, Sita y Lakshmana:
[...] Cuando el jefe Nisada oyó toda la historia, pensó:
"Qué motivo puede tener Bharata para viajar al bosque? Debe hacer concebido algún plan maléfico. Si no tuviera malas intenciones, ¿para qué ha traído un ejército? Debe haber pensado que, después de matar a Rama y Lakshmana, podrá reinar con paz y felicidad. Pero Bharata no ha tenido en cuenta las máximas del sentido común. La última vez se debió encontrar con algunos problemas, pero ahora se enfrentará con una muerte segura. Aunque todos los guerreros entre los dioses y demonios se unan en contra de Sri Rama, no podrán vencerle en la batalla. Pero, qué maravilla que Bharata se comporte como lo está haciendo, pues, después de todo, las plantas venenosas no pueden dar frutos tan dulces!"

Reflexionando así, Guha dijo a los suyos:
"Estad alerta; reunid los botes y hundidlos, y bloquead los peldaños que llevan a orillas del río.
Preparaos para la muerte. Voy a encontrarme con Bharata a cuerpo abierto y mientras yo esté vivo, él no cruzará el Ganges.
¡Morir en la batalla, y además a orillas del Ganges; y por si fuera poco, ofrecer este cuerpo a Sri Rama!
Bharata es hermano de Sri Rama, y además, rey, mientras que yo soy un humilde servidor.
Sólo por muy buena suerte se puede tener una muerte como ésta.

Por la causa de mi maestro lucharé en el campo de batalla e iluminaré las catorce esferas con mi gloria.
Voy a entregar mi vida por el bien de Sri Rama, y recogeré hermosos frutos.
Si gano la batalla, habré hecho servicio a mi maestro, y si muero, alcanzaré la morada eterna del Señor y su constante servicio.

El que no se halla entre los virtuosos ni entre los devotos de Sri Rama, vive en vano en este mundo; es un peso para la Tierra y un hacha para la juventud de su madre.
"

El jefe Nisada, con el corazón muy turbado, animó a todos, y fijando su mente en Sri Rama, pidió que le dieran su carcaj, arco y malla.

"Apresuráos, hermanos, y preparadlo todo; que nadie se asuste al oír mi orden."

"Muy bien, señor", respondieron todos alegremente, y así se animaban unos a otros. Luego, los Nisadas se fueron; eran todos valerosos y les gustaba la lucha. Invocando los pies de loto de Sri Rama, tensaron sus arcos.
Se colocaron el casco en la cabeza, y prepararon el hacha y la lanza.
Algunos saltaban con tanta agilidad que parecían moverse por el aire.
Y Guha les amonestó una vez más diciendo:

"Ofreced vuestra vida, hermanos; hoy tenéis una gran oportunidad".
Y los guerreros exclamaron a una: "¡Ten paciencia, gran jefe! Por la majestad de Sri Rama, y por tu poder, no dejaremos a ningún guerrero ni caballo vivo en las filas enemigas. Y mientras vivamos no retrocederemos."

El jefe Nisada entonces gritó: "Golpead los tambores marciales!"
Y mientras decía esto, alguien estornudó a su izquierda. Y los aplacadores dijeron:
"El estornudo proviene de un lugar favorable. El resultado de la batalla será bueno".
Un anciano pensó en el significado de ese signo y exclamó: "Vayamos al encuentro de Bharata, no habrá lucha.
Bharata viene para convencer a Rama de que regrese. El signo nos dice que no habrá discordia".

Al oír esto, Guha dijo: "El anciano dice bien. Los locos actúan precipitadamente y se arrepienten.
Si luchamos sin conocer las intenciones de Bharata, nos perjudicaremos a nosotros mismos.

Juntaos y bloquead el camino hasta que vea a Bharata y sepa qué desea hacer.
Cuando esté seguro de su actitud actuaré de acuerdo a eso.
Probaré su amor y su amistad; pues el odio y el amor no se pueden disfrazar, aunque uno lo intente."

Entonces comenzó a reunir objetos para hacer un regalo, y mandó recoger bulbos, raíces, frutas, aves y ciervos.
También trajeron cargas de peces gordos y maduros de la especie Pathina.
Lleno de regalos, se dirigió a encontrarse con Bharata. En cuanto vio al jefe de los sabios, Vasistha, se postró ante él desde lejos.

El sabio, que sabía que era amigo de Sri Rama, le dio sus bendiciones.
Y le habló de él a Bharata. Al ver que era amigo de Sri Rama, Bharata se bajó del carro y avanzó hacia él con el corazón desbordante de amor.
A su vez, Guha mencionó su ciudad, casta y nombre, y le saludó, poniendo su cabeza en el suelo.
Entonces Bharata le levantó y le abrazó. Sentía que se había encontrado con Lakshmana, y no podía contener la emoción de su corazón.
Bharata le abrazo con gran cariño. Elevando al cielo un grito jubiloso los dioses le alababan y le arrojaban flores. "Este hombre vale tan poco a los ojos del mundo y de los Vedas que uno debe bañarse después de cruzarse con su sombra. Sin embargo, el hermano menor de Sri Rama, Bharata, le ha recibido con un fuerte abrazo, temblando de alegría. Todos los pecados desaparecen de aquel que pronuncia el nombre de Rama, aunque sea bostezando. Este hombre fue abrazado por el mismo Sri Rama, que derramó sobre él y su familia el poder de santificar al mundo entero. Decidme, ¡quién no se colocaría en ese lugar donde el agua del Karmanasa se une con el río celestial Ganges! Todo el mundo sabe que Valmiki se volvió como Brama, Dios mismo, repitiendo el nombre Rama al contrario: Mara.
Hasta un paria, un Sabara, un Khasi o un bárbaro se santifican y se glorifican en todas las esferas pronunciando el nombre de Rama.
Esto no es nada nuevo. Ha sido así siempre. ¿Quién no ha sido elevado al estar en contacto con el Héroe de los Raghus?"

Los dioses glorificaban así el nombre de Sri Rama y el pueblo de Ayodhya se regocijaba al oír las alabanzas.
Después de encontrarse con el amigo de Sri Rama, Guha, Bharata le preguntó con cariño por su salud, bienestar y felicidad.
Al ver la amabilidad y afecto de Bharata, el Nisada se olvidó completamente de sí mismo.
En su alma creció la timidez, el amor y el gozo, y se quedó contemplando a Bharata sin pestañear.
Recobrándose, se postró una y otra vez a los pies de Bharata, y con las manos unidas le dijo:

"Ahora que he contemplado tus pies de loto, que son la fuente de la felicidad, me considero supremamente afortunado por todo el tiempo que he vivido. Y ahora, mi señor, por tu suprema gracia mi salvación queda asegurada por millones de generaciones.
Al acordarme de mis actos y mi descendencia, por un lado, y ver la grandeza del Señor por el otro, puedo decir que aquel que no se dedica a los pies de Sri Rama queda engañado en este mundo.

Siendo tan falso, cobarde, malvado y de tan baja cuna como soy, despojo de la sociedad y rechazado por los Vedas, me he convertido en el ornamento de este mundo desde el momento en que Sri Rama me tomó para sí.
"

Viendo su afecto y oyendo su humilde sumisión, el hermano menor de Bharata, Satrughna, le abrazó.
El jefe Nisada saludo a todas las reinas en términos respetuosos, dirigiéndose a cada una por separado.
Y ellas, tratándole igual que a Lakshmana, le bendijeron diciendo: "Que vivas feliz millones de años".
Los hombres y mujeres de la ciudad se alegraban al ver al jefe Nisada como si vieran a Lakshmana, y decían: "Con toda seguridad ha cumplido el propósito de su existencia cuando nuestro amado Rama le tomó en sus brazos".

Al oírles alabar su buena suerte, el jefe Nisada les condujo con el corazón alegre.
Al recibir una señal de él y conociendo la voluntad de su maestro, todos los presentes se dispersaron; y al llegar a sus viviendas, al pie de los árboles, estanques, huertos y arboledas, hacían espacio para que se alojaran los huéspedes.

Cuando Bharata contempló la ciudad de Srngaverapura, todos sus miembros quedaron sobrecogidos por la emoción.
Apoyándose en el jefe Nisada, tenía un aspecto bellísimo; parecía que la mansedumbre y el amor hubieran tomado forma viva.
De este modo Bharata fue con todo su ejército y vio el río Ganges, que purifica al mundo entero. Se postró ante el lugar donde Sri Rama se había bañado y dijo Sus oraciones; y su alma quedó tan extasiada como si hubiera visto a Sri Rama en persona.
Los hombres y mujeres de la ciudad se postraban y se alegraban al ver el río divino. Sumergiéndose en el río suplicaban con las manos unidas ser favorecidos con el amor por los pies de Sri Ramachandra.

Bharata exclamó: "¡Madre Ganges! tus arenas son deliciosas para todos, llenas de abundancia para tus devotos. Por tanto, te pido una sola cosa: que me des amor por los pies de Sita y Sri Rama".
Después de bañarse en el Ganges y recibir las órdenes de su Guru, Bharata levantó las tiendas.

La gente se alojó en diferentes lugares y Bharata se preocupó por todos. Después de adorar a los dioses y despedirse de ellos, los dos hermanos, Bharata y Satrughna, se acercaron a la madre de Sri Rama, Kausalya.
Bharata presentó sus respetos a todas las madres acariciándoles los pies y hablando a cada una con dulzura.
Luego confió a su hermano el servicio de cuidarlas, llamó al jefe Nisada y fue de la mano con él, desbordando amor.
Le pidió a su amigo que le mostrase el lugar, para calmar de alguna manera la agonía de sus ojos y su alma, donde Sita, Sri Rama y Lakshmana habían dormido por la noche. Mientras hablaban sus ojos se llenaban de lágrimas.
El jefe Nisada se entristeció al oír a Bharata y enseguida le llevó al lugar donde el Rey de los Raghus había descansado bajo un árbol Asoka. Y con gran amor y reverencia, Bharata se postró allí.

Al ver un hermoso montoncito de hierba Kusa, lo rodeó en dirección de las agujas del reloj. Colocó el polvo de las huellas de Sri Rama en sus ojos con un amor tan puro que no se podría describir con palabras. Y vio unas pocas lentejuelas de oro que colocó sobre su cabeza, tratándolas como a Sita.
Con lágrimas en los ojos y el corazón lleno de aflicción, le habló dulcemente a su amigo:

"Estas lentejuelas han perdido su encanto y su brillo por estar separadas de Sita, igual que el pueblo de Ayodhya está sumido en la amargura. ¿Con quién comparare a su padre, Janaka, maestro del ascetismo y la alegría en este mundo?
Y ella tenía por suegro al rey Dasaratha, sol de la raza solar, envidia del mismo señor del paraíso, Indra. Y su amado señor es el Señor Sri Rama, por cuya gloria todos obtienen grandeza.
Al contemplar el lecho de Sita, joya entre las mujeres virtuosas entregadas a su señor, mi corazón no se rompe de dolor; Dios mío, es más duro que el diamante.

Y mi hermano menor, Lakshmana, es tan bello y digno; nunca hubo, hay ni habrá hermano así. Amado por el pueblo y por sus padres, Sita y el Héroe de los Raghus lo quieren como a su vida. Su cuerpo es delicado y su actitud tierna, y nunca ha sido expuesto a los vientos tropicales; sin embargo, está soportando todo tipo de penalidades en los bosques.

En cuanto a Sri Rama, ha iluminado al mundo al nacer en él; Él es un océano inmenso de belleza, bondad y gozo.
Las acciones de Sri Rama son el deleite del pueblo de Ayodhya y de su propia familia, y sobre todo de su preceptor y sus padres. Incluso sus enemigos le alaban, pues él roba el corazón con sus agradables palabras y gestos y con la modestia de su comportamiento. Millones de Saradas y cientos de millones de Sesas son incapaces de describir las virtudes del Señor.

Esa joya del linaje Raghu, personificación de la dicha y mina de alegría y bendiciones, duerme en el suelo sobre la hierba Kusa. Realmente los caminos de la Providencia son inexorables.
Sri Rama nunca había oído hablar del sufrimiento: el rey, nuestro padre, le cuidaba como al árbol de la vida. Todas las madres le mimaban día y noche igual que los párpados protegen los ojos o la serpiente guarda la gema en su cabeza.
Ese mismo Rama vaga ahora por el bosque a pie, alimentándose de bulbos, raíces, frutos y flores.

Maldita esa Kaikeyi, mi madre, raíz del mal, que se volvió hostil a aquel que era lo más precioso de su vida, su propio esposo.
Y dos veces maldito sea mi miserable ser, océano de pecado y ocasión de todo mal. Dios me creó para ser la mancha de la familia y mi malvada madre me ha hecho enemigo de mi maestro."

Al oír esto el jefe Nisada le consoló amorosamente diciendo:
"Por qué te lamentas en vano?
Sri Rama es muy querido por ti, y tú eres querido por Él: esto es indudable; y la causa del mal se encuentra en la adversidad del destino. Crueles son sin duda los resultados de un destino adverso que llevaron a Kaikeyi a la locura.

El Señor te alabó aquella noche sin cesar. Tulsidas dice que no hay otro tan supremamente querido por Rama como tú; yo puedo jurarlo. Por tanto, estate seguro de que todo estará bien al final, y reanima tu corazón.

Sri Rama conoce todos los corazones; Él es encarnación de ternura, afecto y compasión.
Considerando esto y recobrando tu valor, ve y descansa.
"

Bharata se consoló con las palabras de su amigo y se dirigió hacia su aposento con la mente concentrada en el Héroe de los Raghus.[...]
Bharata y su comitiva se acercan a Chitrakuta
[...] Contemplando la belleza de la colina de Sri Rama, Chitrakuta, el corazón de Bharata desbordaba de amor como si fuera un asceta que ha recogido el fruto de su penitencia y se regocija con el cumplimiento de su promesa.

Mientras tanto, el jefe Nisada corrió y trepó a un montículo, y alzando el brazo, exclamó a Bharata:

"Mi señor, mira a esos enormes y nobles árboles de Pakar, Jambu, mango y Tamala, en medio de los que se alza un hermoso y firme banyan, tan precioso a la vista, con su follaje oscuro y denso, el fruto rojo y la sombra perpetua, agradable durante todo el año, como si Dios hubiera juntado todo lo que posee una belleza exquisita y le hubiera dado la forma de una masa oscura y rosada. Estos árboles, mi señor, se hallan cerca del río donde el Rey de los Raghus ha levantado su cabaña de hojas.
Frente a ellas verás gran variedad de plantas de albahaca que han plantado Sita y Lakshmana. Y a la sombra del árbol banyan hay un bonito altar que Sita ha alzado con Sus propias manos de loto, donde los omniscientes Sita y Rama escuchan cada día, en medio de una multitud de ermitaños, toda clase de historias y leyendas de los Agamas-Tantras, Vedas y Puranas
".

Cuando Bharata oyó las palabras de su amigo Guha y vio los árboles, las lágrimas acudieron a sus ojos.
Los dos hermanos; Bharata y Satrughna, se postraban sin parar, y hasta Sarada, diosa del lenguaje, se veía incapaz de describir su amor hacia Sri Rama.
Estaban tan felices de ver las huellas de los pies de Sri Rama como un pobre que ha tropezado con la piedra filosofal. Llenándose la cabeza y los ojos del polvo del camino, experimentaban la misma alegría que si hubieran visto al mismo Rey de los Raghus.
Al ver el estado de Bharata, totalmente indescriptible, animales, aves y hasta criaturas inanimadas, como árboles, se llenaban de emoción.
Cegado por el amor, el amigo de Bharata, Guha, se perdió, pero los dioses le volvieron a mostrar el camino y hacían caer flores sobre él. [...]