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Manthara

 

Vínculos de familia

Manthara

  Descripción:

Doncella de la reina Kaikeyi.
Al haber sido influenciada por la Diosa Sarada, instó a la reina a exigir al rey Dasaratha la entronización de su hijo Bharata y el exilio de Sri Rama.
Se la describe como malvada, torpe y con una joroba en su espalda.

A pedido de los dioses, la diosa Sarada pervierte a la doncella Manthara para que influya sobre la reina Kaikeyi haciéndola reclamar a Dasaratha los dos dones que aquél le había prometido tiempo atrás:
[...] Todos en la ciudad oraban por el regreso de Bharata, y se decían: "Ojalá Bharata llegase pronto con la expedición y pueda ser testigo de lo que va a suceder".
En todas las calles, casas, caminos y lugares de recreo, los hombres y mujeres hablaban entre sí diciendo: "¿Cuándo llegará el día bendito en que Dios cumplirá nuestro deseo, el día en que, con Sita a Su lado, Sri Rama tomará asiento en el trono de oro?"
Y todos decían: "¿Cuándo llegará el día de mañana?", y mientras, los dioses malvados rogaban que entretanto sucediera alguna desgracia.
El regocijo que había en Ayodhya no era de su agrado, por la misma razón que el ladrón desprecia la noche de luna llena.
Invocando a Sarada, los dioses le suplicaban, y agarrando sus pies, se postraban una y otra vez.
"Ya que eres consciente de la situación calamitosa en la que estamos, oh Madre, haz que los hechos se desarrollen de tal forma que Sri Rama se retire al bosque, abandonando Su trono y todos nuestros deseos se hagan realidad."

Al oír esta oración de las divinidades, la diosa Sarada se quedó inmóvil y se apenó al pensar que iban a jugar el mismo papel con la gente de Ayodhya que la noche con respecto a los lotos. Viéndola deprimida, los dioses le hablaron de nuevo en tono suplicante: "Madre, tú no serás culpada de nada, pues el señor de los Raghus está por encima del dolor y la alegría.
Y en cuanto a la gente, toda alma encarnada está sujeta al placer y al dolor según su destino.
Por tanto, debes ir a Ayodhya por el bien de los seres celestiales".

Agarrándose con fuerza a sus pies, insistieron una y otra vez hasta que ella se rindió y partió, considerando a los dioses como seres mezquinos.
Y Sarada pensaba para sí: "Aunque tienen la morada en lo alto, sus actos son malvados, pues no soportan la felicidad de los demás". Y pensando una vez más en el papel que estaba destinada a realizar en el futuro, se dirigió a la capital de Dasaratha como la influencia maligna de un planeta.

Kaikeyi tenía una doncella muy torpe llamada Manthara; después de pervertir su razón y convertirla en el blanco de la mala reputación, la diosa de la palabra regresó a su reino.

Manthara vio la ciudad decorada y oyó la música gozosa, y preguntó a la gente: "¿A qué viene toda esa alegría?"
Cuando supo que Sri Rama iba a ser entronizado, sintió que su corazón se rompía.
Esta mujer de mente corrompida y bajo linaje se preguntaba cómo en el intervalo de una noche se había originado tanto mal, igual que la mujer astuta que ve un panal de miel piensa en cómo apoderarse de la miel.
Con la cara seria, Manthara se acercó a la madre de Bharata.
La reina le preguntó: "¿Qué te hace estar tan seria?"

Ella no respondió; sólo suspiró y, adoptando la actitud típica de las mujeres, echó unas lágrimas de cocodrilo.
La reina dijo riendo: "Eres una muchacha muy descarada, y sospecho que Lakshmana te ha enseñado una lección".
La perversa doncella siguió sin hablar y sólo silbó como una cabra.
Temerosa del mal, la reina le dijo:
"¿Por qué no hablas? Espero que Rama y su padre real, Lakshmana, Bharata y Ripudamana se encuentren bien".

La jibosa mujer
sentía dolor al oír estas palabras.
"¿Por qué iban a enseñarme una lección? ¿Por qué me llamas descarada?
¿Quién es feliz hoy a excepción de Rama a quien el rey va a investir con los poderes reales?
La Providencia ha favorecido a Kausalya, y ella no puede contener su orgullo.
¿Por qué no vas y ves por ti misma el esplendor cuya visión ha perturbado mi mente?
Tu hijo está lejos, y tú te complaces creyendo que tienes controlado a tu señor.
Te gusta demasiado dormir sobre colchones de plumas y eres incapaz de percibir la perversidad y el engaño del rey
".

Al oír estas palabras afectuosas, conociendo sin embargo su maldad, la reina dijo irritada:
"Cállate inmediatamente. Si vuelves a hablar así, experta como eres en sembrar la discordia en una familia, haré que te corten la lengua.
Las personas tuertas, los cojos y los jorobados son perversos y malvados, especialmente si pertenecen al sexo bello y sobre todo si provienen de la clase servil", dijo sonriendo la madre de Bharata.
Oh muchacha de dulce lengua, te he dicho todo esto como un consejo, pues sabes que ni en sueños me enfadaría contigo.
Sólo estará lleno de felicidad ese día del que tú me has hablado, el día en que todo esto se haga realidad.
El hermano mayor debe ser el señor, y los menores, sus siervos; ésta es la santa costumbre que ha reinado siempre en la raza solar.
Si la entronización de Sri Rama tiene lugar mañana, pídeme lo que desees y te será concedido.
Por su naturaleza bondadosa Rama ama a todas sus madres tanto como a Kausalya.
Y a mí me tiene un cariño especial; en ocasiones lo ha manifestado.
Si Dios, por Su misericordia, me diera un nacimiento humano de nuevo, desearía que Rama y Sita fueran un hijo y nuera respectivamente.
Amo a Rama más que a mi vida; ¿cómo es que tú te has molestado al saber estas noticias?
Te ordeno en nombre de Bharata que me digas la verdad, dejando todo engaño y reserva.
Dime por qué te sientes triste en un tan día tan gozoso."

"Todas mis bendiciones se han cumplido al hablar una sola vez; ahora volveré a hablar con otra lengua.
Mi miserable cabeza merece sin duda ser aplastada ya que tú te has sentido ofendida a pesar de que mi intención era buena.
Los que hablan con palabras oscuras, sin tener en cuenta lo que es verdadero y lo que es falso, son tus favoritos, mientras que yo no soy de tu agrado.
De hoy en adelante sólo pronunciaré lo que agrade a mi señora o me mantendré muda las veinticuatro horas del día.
Dios me ha dado un cuerpo deforme y me ha hecho depender de otros, siempre se cosecha lo que se siembra, y se recibe lo que se da.
No importa quién sea el rey, yo no perderé nada, pues no dejaré de ser doncella para convertirme en reina.
Mi mal está en que no puedo ver cómo te dañan a ti.
Por eso hablé de ello, pero veo que hice mal; así pues, perdóname, oh venerable señora.
"

Al oír estas palabras tan agradables como mentirosas, la reina, mujer de mente poco firme y dominada por la Maya, depositó su fe en un enemigo, tomándole por amigo.
La reina preguntaba una y otra vez a Manthara, pues estaba hipnotizada por sus palabras astutas como una liebre fascinada por los artilugios de una bruja.
Su mente cambió y la doncella se vio satisfecha al ver que su plan tenía éxito. Y respondió:
"A pesar de que sigues preguntándome, temo despegar los labios, pues me has puesto el nombre de alguien que es malvado".

Ganándose así la fe de la reina y manipulándola según sus deseos, Manthara, que significaba el desastre de Ayodhya como la influencia maligna que ejerce Saturno durante siete años y medio, habló así:
"Acabas de decir, oh reina, que Sita y Rama son muy queridos por ti y que tú te has entregado a Rama; esto que afirmas es verdad, pero pertenece al pasado.
Cuando la marea cambia, hasta los amigos se vuelven enemigos.
El Sol alimenta a los lotos, pero cuando no hay agua los convierte en cenizas.
Tu compañera Kausalya desea eliminarte del país: protégete de algún modo,
Por el amor de tu marido estás libre de preocupaciones, y crees que le tienes dominado.
Pero el rey tiene una mente perversa, aunque su lengua es dulce; sin embargo, tú eres de una naturaleza inocente.
La madre de Rama es inteligente y profunda, y ha encontrado una buena ocasión para demostrarlo.
Debes saber que a petición suya el rey ha enviado a Bharata a casa de su abuelo materno.
Kausalya pensaba: Todas las esposas de Dasaratha me sirven con agrado, pero la madre de Bharata, que eres tú, es orgullosa'.
Por ello, oh madre, irritas el corazón de Kausalya.
El rey te tiene un cariño muy especial, pero por los celos a que está generalmente una esposa sujeta, Kausalya no puede tolerarlo. Por ello ha maquinado un plan y ha conseguido poner al rey de su parte para instalar a Rama en el trono.
La entronización de Rama está de acuerdo con las tradiciones de la familia; es del agrado de todos, y yo también lo deseo.
Sin embargo, tiemblo al pensar en las consecuencias; así que ruego al cielo que el mal recaiga sobre su propia cabeza.
"

Induciéndole a pensar mal, Manthara se apoderó de la mente de la reina y le contó cientos de historias de las otras esposas para fomentar sus celos.
La reina estaba segura de la fidelidad de Manthara; y una vez más le pidió que fuese sincera por el bien de su propia vida.
Y Manthara respondió:
"¿Qué estás diciendo? ¡Me extraña que sigas sin comprender nada!
Hasta los animales saben lo que es bueno para ellos.
Se han hecho preparativos durante los últimos quince días y tú no te has enterado sino por mí hoy.
Tú me das comida y ropa, por ello no se me puede culpar si digo la verdad.
Si digo una mentira como si fuera verdad, Dios no dejará de castigarme.
Si la entronización de Rama se realiza mañana, Dios habrá sembrado tu desgracia.
Te juro, oh señora, que has sido apartada como una mosca de un vaso de leche.
Sólo si tú y tu hijo aceptáis el papel de siervos, se os permitirá quedaros en la casa; no de otra forma.
Así como Kadru persiguió a su co-esposa Vinata, tú también serás tiranizada por Kausalya.
Bharata se pudrirá en una prisión y Lakshmana será el lugarteniente de Rama.
"

Al oír estas palabras tan desagradables, la hija de Kekaya (Kaikeyi) se estremecía de miedo y no podía decir nada.
Sudaba y se agitaba como el tallo del platanero.
Luego la jibosa se mordió la lengua (por temor a que las perspectivas tan negras que le había presentado rompieran el corazón de Kaikeyi). Contándole muchas historias de engaños, Manthara consolaba a la reina y le pedía que no perdiese su alegría.

Por fin Kaikeyi se transformó y en ella nació la tendencia al mal; así se puso a aplaudir a una garza tomándola por un cisne.
"Escucha, Manthara, lo que dices es muy cierto.
Mi ojo derecho siempre está tembloroso, y todas las noches tengo pesadillas, pero no quise decírtelo.
Yo no puedo evitarlo; soy tan inocente que no distingo al amigo del enemigo.
Hasta hoy nunca he causado mal a nadie.
Me pregunto qué ofensa habré hecho para que la Providencia me traiga tanto sufrimiento al mismo tiempo.
Desearía pasar el resto de mis días en casa de mi padre pero no me gustaría seguir siendo co-esposa hasta que muera.
Para aquél a quien el cielo le concede vivir dependiendo de un enemigo, la muerte es mejor que la vida".

Las palabras de la reina estaban llenas de desaliento, y entonces la jibosa recurría a las astucias propias de la mujer mala, y decía:
"¿Por qué hablas en ese tono, despreciándote a ti misma?
Tu felicidad y buena suerte serán cada vez mayores. Quien haya concebido tanto mal para ti recogerá su fruto un día u otro.
Desde que oí hablar de esta maquinación, señora, no siento apetito durante el día, y de noche no puedo pegar el ojo.
Consulté a los astrólogos y declararon con toda seguridad: 'Bharata será rey'.
Si actúas correctamente, oh señora, te sugeriré algo: el rey está en deuda contigo
".

"Ante tu sugerencia podría arrojarme a un pozo y llegar a abandonar a mi hijo y a mi marido. Cuando me dices que haga algo para evitar una tristeza pienso que debo consentir, por mi propio interés."

Ganándose la confianza de Kaikeyi y tratándola como ofrenda de sacrificio, la jibosa afilaba el cuchillo de la mentira en la piedra de su corazón.
Pero la reina, como una víctima que comía la hierba verde, no preveía la calamidad que se avecinaba.
Sus palabras eran agradables al oído, pero de consecuencias dolorosas; parecía que estuviese dando miel mezclada con veneno.

La doncella dijo:
"¿Acaso no recuerdas aquel incidente que una vez me contaste, señora?
El rey te debe un par de favores que una vez te prometió.
Pídeselos hoy y tranquiliza así tu corazón.
Concede a tu hijo la soberanía, y a Rama dale un refugio en el bosque, y así quitarás la alegría a tus co-esposas.
Pide los favores cuando el rey jure por Rama para que no pueda retractarse y dejar de cumplir su palabra.
Si dejas pasar esta noche, el plan fallará; considera mis palabras tan valiosas como la vida
".

Después la miserable dijo: "Retírate a tu habitación. Actúa con discreción y no estés dispuesta a perder".

Creyendo que la jibosa quería su bien, la reina aplaudía su increíble astucia una y otra vez.
"En todo el mundo tengo otro amigo como tú", le dijo.
"Me has servido de balsa en el río en el que me estaba ahogando.
Si Dios cumple deseo mañana, te querré como a la niña de mi ojo".

Llenándola de palabras cariñosas, Kaikeyi se retiró a su dormitorio.
La semilla sembrada era la discordia, y la sirvienta Manthara era la estación lluviosa, y la mente malvada de Kaikeyi servía de tierra esponjosa. Alimentada por el agua de la astucia, la raíz de la semilla tomó fuerza y brotó con aquellos dos deseos como si fueran sus hojas, y algún día llegaría a dar el fruto de la desgracia. [...]
Kaikeyi consigue que el rey Dasaratha acepte entronizar a Bharata y enviar al exilio a Sri Rama, tras lo cual muere de tristeza. Tras recibir el mensaje de su maestro, Bharata regresa a Ayodhya:
[...] Un día los mensajeros llegaron. Y al oír las órdenes del Guru, Bharata se dispuso a partir invocando al Señor Ganesha.
Guiando los caballos a más velocidad que el viento, siguió su viaje cruzando ríos muy difíciles, montañas y bosques.
Había tal intranquilidad en su corazón que nada le agradaba. Y pensaba: "Me gustaría poder volar a casa".

Cada instante se le hacía largo como un año. Así Bharata se acercó a la ciudad. Y mientras entraba vio signos de fatalidad.
Los cuervos graznaban de forma repugnante en lugares indeseables.
Burros y chacales proferían gritos que atravesaban el corazón de Bharata. Lagos y ríos, arboledas y jardines habían perdido su encanto, y la ciudad tenía un aspecto tenebroso. Pájaros y ciervos, caballos y elefantes tenían una apariencia miserable.

Parecía que todos los ciudadanos hubieran perdido todo lo que poseían. La gente le recibió, pero no le dijo nada. Se inclinaban ante él y pasaban de largo. Bharata tampoco podía preguntarles nada, pues su mente estaba demasiado temerosa y apenada.

Los bazares y calles repelían la vista como si un ejército salvaje hubiera irrumpido en toda la ciudad.

Kaikeyi, que era para la raza solar lo que la Luna es para los lotos, se regocijo al enterarse de la llegada de su hijo.
Encendiendo velas para moverlas a su alrededor, se levantó de un salto y corrió hacia él, y encontrándole en la puerta, le condujo a sus aposentos.

Bharata vio con asombro que mientras toda la familia tenía un aspecto miserable como los lotos dañados por la escarcha, Kaikeyi estaba tan feliz como una bruja que hubiera hecho arder un bosque.
Viendo a su hijo melancólico y deprimido, le preguntó:
"Está todo bien en casa de mi madre?".

Bharata le aseguró que todo estaba bien y luego preguntó por la riqueza y salud de su familia:
"Dime, ¿dónde está mi padre y mis madres, y donde están Sita y mis amados hermanos, Sri Rama y Lakshmana?"

Al oír las palabras cariñosas de su hijo, la pecadora mujer, hizo que aparecieran en sus ojos lágrimas de cocodrilo y dijo cosas que atravesaron sus oídos y su alma como flechas.
"Yo he tratado de hacer todo para ti, hijo mío, y la pobre Manthara me ha ayudado mucho.
Pero Dios ha estropeado nuestros planes antes de que se realizaran, el rey ha partido al Paraíso de Indra."

Al oír esto, Bharata quedo inundado de dolor como el elefante que se horroriza con el rugido del león, Y gritando: "¡Padre, Padre!" cayó al suelo lleno de convulsiones. "No te pude ver antes de que te fueras, ni tampoco me confiaste al cuidado de Sri Rama."

Luego, reponiéndose, se levantó y dijo: "Dime, madre, la causa por la cual se ha ido mi padre".

Al oír a su Hijo, Kaikeyi respondió como si le amputara un órgano vital y le insertara veneno en él.
Con el corazón alegre, la malvada mujer le contó desde el principio todo lo que había hecho.
Al enterarse del exilio de Sri Rama, Bharata olvido la muerte de su padre, y dándose cuenta de que ahí estaba la raíz del mal, se quedó mudo y estupefacto.

Al observar el malestar de su hijo, Kaikeyi le consolaba como si echara sal a un fuego.
"Hijo mío, no debemos lamentar la suerte del rey.
No sólo recogió una gran cosecha de méritos y gran renombre sino que también disfrutó de la vida.
Durante su vida obtuvo todos los bienes de la existencia humana, y al final ascendió a la morada de Indra, señor de los inmortales. Piensa esto y cesa de sufrir.
Gobierna el reino con todos sus miembros: el ejército, los ministros, el tesoro, etcétera."

El príncipe no salía de su asombro al oír estas palabras que parecían un carbón al rojo vivo tocando su herida.
Luego suspiró profundamente y dijo:
"Oh malvada mujer, has arruinado totalmente nuestra familia.
Si tú encerrabas tan arraigada maldad, ¿por qué no me mataste nada más nacer?
Al cortar el árbol, has regado una hoja y has desecado el pozo, dejando a los peces sin agua.

Descendiendo del dios Sol, con el rey Dasaratha por padre y Rama y Lakshmana por hermanos, te he tenido a ti por madre.
Uno no puede hacer nada contra la Providencia.

Maliciosa mujer, ¿cómo es que tu corazón no se resquebrajó al concebir tal plan en tu mente?
Cuando pediste aquellos dones, ¿no sentiste las punzadas de tu conciencia?
¿No se cayó tu lengua ni se pudrió tu boca? ¿Cómo confió en ti el rey?

Seguro que Dios le quitó los sentidos en vísperas de su muerte.
Ni siquiera el Creador ha podido conocer el corazón de esta mujer, fuente de engaño, pecado y vicio.
Simple, amable y piadoso como era el rey. ¿cómo iba a conocer la naturaleza de una mujer?
¿Qué criatura hay en el mundo que no ame al Señor de los Raghus como a su propia vida?

Sin embargo, para ti Rama era un gran enemigo. Así pues, dime la verdad, ¿a qué especie perteneces?
Seas lo que seas, sería mejor que te pintaras la cara de negro y te fueras de mi presencia.
Dios me ha creado de un corazón que es enemigo de Rama.
¿Puede haber alguien más pecador que yo? Veo que mis reproches son en vano."

Cuando Satrughna se enteró de la maldad de Kaikeyi, se encendió de ira; pero no podía hacer nada.
Entonces entró la jibosa Manthara, ataviada con ricos vestidos y muy adornada.
Viendo a esa mujer, el hermano menor de Lakshmana se llenó de ira como si se derramara mantequilla pura en el fuego.
Dando un paso adelante le golpeó en la joroba con tanta fuerza que se cayó de cabeza y comenzó a gritar.
Tenía la joroba aplastada, la cabeza partida, los dientes rotos y la boca llena de sangre.

"Ah, Dios mío, ¿qué mal he hecho yo? Mis servicios no merecen esta recompensa."

Al ver la crueldad que encerraba de los pies a la cabeza, Satrughna, destructor de los enemigos, la agarró del pelo y comenzó a arrastrarla hasta que el misericordioso Bharata la rescató. [...]