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Reina Sunayana

 

Vínculos de familia

Cónyuges/Hijos(as)::
1. Rey Janaka

Reina Sunayana

  • Consorte (1): Rey Janaka

  Descripción:

También conocida como: Reina de Mithila

Durante la boda entre Sri Rama y Sita:
[...] Y cuando se supo que se acercaba la procesión, comenzó a sonar la música, y la Reina Sunayana llamó a las mujeres casadas cuyos maridos vivían y con su ayuda preparó materiales auspiciosos para la ceremonia en que debían mover las antorchas alrededor del novio.
///
La alegría que sentía en su corazón la madre de Sita al ver a Sri Rama vestido de novio era más de lo que podrían contar mil Saradas y Sesas en cien Kalpas.
Conteniendo las lágrimas en consideración a la ocasión de gozo, la Reina Sunayana realizó la ceremonia de las antorchas con el corazón jubiloso, y ejecutó debidamente todos los ritos prescritos por los Vedas y por la costumbre familiar.
Se tocaban las cinco clases de música, acompañadas por cinco variedades de otros sonidos y canciones festivas; y en el camino se desplegaban todo tipo de alfombras. Después de ondear las antorchas, la reina ofreció agua a Sri Rama para lavarse las manos y luego éste se fue al pabellón. Dasaratha brillaba en toda su gloria con sus seguidores: su magnificencia avergonzaba a los guardianes de los distintos mundos.
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Mientras se ofrecían oblaciones al fuego sagrado, el dios fuego en persona las aceptaba lleno de complacencia; y los Vedas disfrazados de brahmanes dirigían la ceremonia nupcial.

¿Qué palabras pueden describir a la esposa de Janaka y madre de Sita
?
El Creador se había quedado exhausto de tanta gloria, virtud, alegría y belleza que había derramado sobre ella.

Llegado el momento, los sabios la llamaron, y en respuesta a su llamada, mujeres casadas la trajeron con el honor debido.
La reina Sunayana brillaba a la izquierda de Janaka como Mena al lado de Himavan.
El rey y la reina traían y colocaban con sus propias manos ante Sri Rama, jarros de oro y hermosas bandejas de joyas llenas de agua santa, perfumada y auspiciosa.
Los sabios recitaban los Vedas y de vez en cuando caían flores del cielo.
La pareja real estaba extasiada al ver al Novio, y comenzaron a lavar Sus Santos pies.
///
Con toda humildad la Reina Sunayana entregó Sita a Rama y, con las manos unidas, suplicaba sin cesar:
"Me ofrezco en sacrificio a ti, mi querido y omnisciente hijo; Tú sabes todo lo que hay en nuestra mente. Quiero que sepas que Sita es para toda la familia tan querida como la vida; y si lo es para toda la ciudad, cuánto más para mí y su padre real. Así pues, teniendo en cuenta su mansedumbre y afecto, oh señor de Tulasi, trátala como Tu doncella y sierva.
"Tus deseos siempre se cumplen; Eres la joya suprema de los sabios; y sólo el Amor te atrae. Tú solo percibes las virtudes de tus devotos, rompes con sus debilidades y eres fuente de misericordia, Rama."

Diciendo esto, la reina permanecía agarrada a Sus pies; parecía que sus palabras se hubieran perdido en las arenas movedizas del amor.
Al oír a Su suegra, Sri Rama la honró de muchas formas. Pidiéndole permiso con las manos unidas, le ofrecía Su fidelidad una y otra vez.
Después de recibir sus bendiciones, el Señor de los Raghus se postró una vez más y partió con Sus hermanos.[...]
Estando en los bosques, Sri Rama y Sita reciben la visita de sus familiares:
[...] La Reina Kausalya, la madre de Sri Rama, las recibió con el debido honor y cortesía y les ofreció los asientos que las circunstancias permitían. La amabilidad y el cariño de todas en ambas partes era tal que hubiera hecho desvanecer el rayo más fuerte con sólo verlas u oírlas. Con su cuerpo tembloroso y vencidas por la emoción y con los ojos llenos de lágrimas, comenzaron a entristecerse y a arañar el suelo con las uñas de los pies.
Eran verdaderas encarnaciones de amor por Sita y Sri Rama: parecía como si Pathos misma llorara en tantas formas diferentes.
Dijo la madre de Sita:
"El intelecto de la Providencia es tan maravilloso que ha deseado cortar la espuma de la leche con un cincel de diamante!
Oímos hablar del néctar, pero sólo vemos veneno: todos Sus actos son crueles.
Por todas partes pueden verse cuervos, lechuzas y garzas, pero los cisnes sólo se hallan en el lago Manasa."
Escuchando estas palabras la Reina Sumitra, la madre de Lakshmana, observó con pesar:
"Los caminos de la Providencia son los más perversos y extraños: Dios crea, mantiene y luego destruye. Sus designios son tan disparatados como un juego de niños".
Kausalya dijo: "No es culpa de nadie; penas y alegrías, pérdidas y ganancias están determinadas por nuestras acciones pasadas.
Los caminos inexorables de la Providencia tan sólo son conocidos por Dios, que otorga toda clase de frutos, tanto buenos como malos. Los mandatos de Dios prevalecen sobre todo, incluso sobre los procesos de creación, conservación y disolución y sobre el veneno y el néctar que destruye y restablece la vida, respectivamente.
Oh buena dama, no sirve de nada el lamentarse con desesperación. Los hechos de la Providencia son, como he dicho antes, inmutables y eternos.
Si nos lamentamos por el contraste existente entre la vida del rey y su pérdida, amiga mía, es porque vemos que nuestros intereses han sido perjudicados a causa de su fallecimiento".

La madre de Sita respondió:
"Vuestras nobles palabras son verdaderas, siendo como sois esposa del señor de Ayodhya, la mayor alma virtuosa de las conocidas por la historia.
Si Lakshmana, Rama y Sita permanecen en el bosque, el final será bueno, no malo."
Pero, Kausalya, con el corazón lleno de emoción, dijo:
"Estoy preocupada por Bharata.
Por la gracia de Dios y mediante vuestras bendiciones, mis hijos y sus esposas son tan puros como el agua del río celestial, el Ganges.
Aunque nunca he jurado por Rama, juro ahora por Él y os digo sinceramente, amiga mía, que para exaltar la amabilidad de Bharata, su bondad, modestia, carácter sublime, cariño fraternal, devoción, fe y nobleza, hasta el ingenio de la misma Sarada, la diosa del habla, tartamudeó.
¿Acaso puede el océano ser vaciado con una concha?
Siempre he visto a Bharata ser la gloria de su casa y el rey así me lo confirmó en repetidas ocasiones. El oro es probado frotándolo con la piedra de toque y una piedra preciosa al llegar a las manos de un experto joyero, mientras que los hombres son probados en las ocasiones de emergencia por su innata disposición.
No ha sido correcto de mi parte el haber hablado así, pero el sentimiento y el cariño sirven como excusa."

Al escuchar estas palabras, tan puras como el agua del río celestial, todas las reinas quedaron abrumadas por la emoción.
Kausalya se sobrepuso y continuó:
"Escucha, oh venerable reina de Mithila: ¿quién puede aconsejarte a ti, la consorte del Rey Janaka, que es un océano de sabiduría?
Sin embargo, si encuentras el momento adecuado, oh reina, deberías hablar con el rey, y haciéndole creer que se trata de tu propia iniciativa, rogarle que detenga a Lakshmana y permita a Bharata acompañar a Sri Rama al bosque.
Esta propuesta debería alcanzar el favor del rey, déjale que después de la debida deliberación, decida lo que sea más conveniente. Me siento muy preocupada por Bharata, ya que el amor que abriga en su corazón es tan profundo que si se queda en casa tengo miedo de que le pueda suceder algo malo."

Percibiendo el puro amor de Kausalya y escuchando su sincera y elocuente súplica, todas las reinas se sintieron abrumadas por el patético sentimiento. Del cielo caía una lluvia de flores acompañada por gritos de ovación. Santos realizados, Yoguis y eremitas estaban sobrecogidos por la emoción. Todas las damas del gineceo enmudecieron al ver esto.

Entonces, Sumitra, recobrándose, intervino, "¡Señora! ha pasado casi una hora de la noche".
Escuchando esto, la madre de Sri Rama, Kausalya, se levantó cortésmente y dijo, sin emoción:
"Rogad que podáis regresar rápidamente a vuestro campamento.
Nuestro único refugio ahora es Dios y el único que puede ayudarnos es el señor de Mithila".

Viendo su emoción y escuchando sus amables palabras, la reina amada de Janaka, Sunayana, abrazó los santos pies de Kausalya.

"Tanta modestia, oh venerable dama, es excesiva viniendo de ti, que eres la esposa del rey Dasaratha y la madre de Sri Rama. Los grandes hombres tratan con honor incluso al más humilde de sus sirvientes: el fuego es coronado con humo, mientras que el gran Señor Shiva y Su Consorte Bhavani son tus constantes protectores.
¿Quién en esta Tierra es merecedor de servir como ayudante tuyo?
¿Podría una luz ordinaria pretender ser un sirviente del Sol?
Después de cumplir el tiempo de su exilio en los bosques y llevando a cabo el propósito de los dioses, Sri Rama reinará sin ser perturbado en Ayodhya; y protegidos por la fuerza de los brazos de Sri Rama, dioses, Nagas y seres humanos habitarán pacíficamente en sus moradas. Todo esto ha sido predecido por el sabio Yajñavalkya y la profecía de un sabio, señora, nunca es en vano."

Diciendo esto, cayó a los pies de Kausalya con sumo cariño, suplicando le fuese permitido llevarse a Sita.
Una vez que recibió el amable permiso de Kausalya, la madre de Sita partió con su hija hacia su campamento. [...]

Sunayana + Rey Janaka, hijo de Rey Nimi y Desconocido. (Rey Janaka nació en Videha.)