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Sumantra, ministro consejero

 

Vínculos de familia

Sumantra, ministro consejero

  Descripción:

Auriga (conductor) y consejero del rey Dasaratha

El rey Dasaratha se alista para asistir a la boda de su hijo Sri Rama:
[...] Sumantra preparó un par de carrozas y las unió a corceles que aventajaba a los caballos del mismo dios Sol y los llevó en todo su esplendor al rey: su belleza era más de lo que podía describir la diosa Sarada.
Uno de ellos iba provisto de unos arreos reales y el otro era un conjunto esplendoroso y brillante. [...]
tras la partida a los bosques de Sri Rama, Sita y Lakshmana.
[...] Cuando el rey recobró el conocimiento llamo a Sumantra y le dijo:
"Rama se ha ido a los bosques, pero mi vida no quiere acabarse. Me pregunto qué gozo espera permaneciendo atada este cuerpo.
¿Puede haber sufrimiento mayor que éste que arranque el aliento de mi cuerpo?
Luego, serenándose, el rey dijo:
"Síguele amigo, en tu carro. Los príncipes son demasiado jóvenes, y la hija de Janaka, de delicada constitución.
Recógeles en tu carro, enséñales el bosque y regresa después de tres a cuatro días.
Si los dos hermanos rehúsan volver, suplica al Señor de los Raghus: 'Mi señor, envía de vuelta a la hija de Mithila'.
Cuando Sita se asuste al ver la selva aprovecha la oportunidad y repítele mi consejo así: 'Los padres de tu esposo te envían este mensaje: Por favor, vuelve a casa, hija mía en el bosque la vida es difícil. Puedes quedarte con tus padres o con los de tu esposo, donde quieras'.
Si vuelve, ella será el sostén de mi vida. Si no, todo esto terminará en mi muerte; nada puede impedir que se produzca el destino adverso".

Entonces el rey cayó inconsciente al suelo exclamando: "¡Trae a Rama, a Lakshmana y a Sita y ponlos ante mí!".

Recibiendo la orden del rey, Sumantra se postró ante él y después de preparar un carro muy veloz, fue a las afueras de la ciudad, donde estaban Sita y los dos príncipes.
Sumantra les comunicó el mensaje del rey y humildemente persuadió a Rama para que montara en su carro.
Después de subir al carro, Sita y los dos hermanos comenzaron el viaje inclinándose mentalmente a Ayodhya.
Viendo que Ayodhya había quedado sin maestro con la partida de Sri Rama, todos los reunidos allí les siguieron con la mente agitada.

///

En mitad de la noche, Sri Rama dijo al ministro: "Padre, conduce el carro de tal forma que no se vean las huellas: no podremos irnos de otro modo".

Postrándose a los pies del Señor Sambhu, Shiva, Sri Rama, Lakshmana y Sita montaron en el carro; y el ministro condujo el carro en todas las direcciones, quedando así todas las pistas mezcladas.

Al amanecer la gente se despertó, y exclamaron: "El Señor de los Raghus se ha ido!"
No podían encontrar las huellas del carro y corrían en todas direcciones gritando: "Rama! Rama!"
Parecía como si hubiera naufragado una barca y los mercaderes que la ocupaban no supieran cómo salvarse.

///

Acompañados por Sita y el ministro, los hermanos llegaron a Srngaverapura.
Contemplando el celestial Ganges, Sri Rama bajó del carro y cayó postrado con alegría.
Lakshmana, Sita y el ministro hicieron lo mismo, y todos se regocijaron.

Fuente de gozos y bendiciones, el Ganges trae alegría y se lleva el dolor. Narrando muchas anécdotas referentes a él, Sri Rama contemplaba las olas del Ganges, y les hablaba de la trascendente gloria del arroyo celestial.
Se bañaron en el río, y el cansancio del viaje desapareció, y sus corazones se llenaron de júbilo al beber su santa agua.
El hecho de que ese mismo Ser que destruye el dolor de la transmigración se sintiese cansado muestra que seguía en todo la naturaleza humana.
La Gloria de la raza Raghu, fuente de pura existencia, conocimiento y dicha, realizaba acciones similares a las de los seres humanos, que constituyen el puente para cruzar el océano de la existencia mundana.

Cuando Guha, el Nisada, se enteró de la venida de Rama, llamó a todos alegremente y llevando como regalos frutos y raíces, fue al encuentro del Señor con infinito gozo en su corazón.
Postrándose y colocando los regalos ante el Señor, Le contemplaba lleno de amor.
El Señor de los Raghus, que se siente atraído por el amor puro, lo sentó a Su lado y quiso saber cómo se encontraba.
"Ver tus pies de loto, mi Señor, es fuente de todo bien; ahora puedo considerarme un hombre afortunado.
Mi tierra, casa y fortuna son tuyas, santo señor, mi familia y yo mismo somos tus humildes servidores.
Hazme el favor de visitar mi ciudad. Que todos envidien mi suerte."
"Todo lo que has dicho es verdad, sabio amigo, pero mi padre me ha ordenado otra cosa.
Durante catorce años mi hogar será el bosque y mi forma de vida, vestido y comida serán los de un ermitaño.
Así que no sería aconsejable que me quedase en un pueblo."
Guha quedó muy triste al oír esto.

///

Después de compartir los bulbos, raíces y frutas con Sita, Sumantra y Lakshmana, la Joya de la raza Raghu se echó a dormir, mientras que Su hermano le masajeaba los pies.
Cuando Lakshmana vio que su Señor se había dormido, se levantó y pidió permiso al ministro para retirarse.

///

Mientras Lakshmana hablaba de las virtudes de Sri Rama, llegó el amanecer y la Alegría y Deleite del mundo se despertó.
Después de realizar actos de purificación, Sri Rama, siendo totalmente puro y sabio, realizó Sus abluciones y fue a buscar leche del árbol banyan.
Luego Él y su hermano se rizaron el cabello, y al verlo Sumantra comenzó a llorar y se dirigió a ellos con voz llena de dolor:
"Mi señor, el rey de Kosala me ha encargado esto: Toma mi carro y acompaña a Rama. Enséñale el bosque y el Ganges, y luego vuelve rápidamente con los dos hermanos. Calmando todas sus dudas y escrúpulos, trae a casa otra vez a Lakshmana, Rama y Sita'.
El rey me ha ordenado esto; y te aseguro que lo haré
".
Después de decir esto, Sumantra cayó a los pies del Señor y lloró como un niño.
"Ten compasión y haz que Ayodhya no se quede sin maestro."

Sri Rama levantó al ministro y lo consoló. "Querido padre, has estudiado todas las verdades de la religión.
Sibi, Dadhichi y el rey Harischandra sufrieron grandes pruebas por salvar su virtud. Los sabios reyes Rantideva y Bali mantuvieron intacta su virtud a través de muchas penalidades.
No hay virtud como la sinceridad: así lo dicen los Agamas, Vedas y Puranas. Yo he encontrado esa virtud por un camino fácil.
Si lo abandono, se me odiará en los tres mundos.
Para un hombre muy bien considerado, la infamia es tan dolorosa como un millón de muertes. Padre, ¿qué más puedo decirte?
Si te digo algo como contestación, no haré bien.
Póstrate a los pies de mi padre, preséntale mi obediencia y dile con las manos unidas: 'No sufras de ningún modo por mí, querido padre'.

Tú eres tan bueno conmigo como mi propio padre. Por eso te ruego, señor, que hagas todo lo posible para que mi padre no se sienta miserable por nuestra ausencia."


Al oír esta conversación entre el Señor de los Raghus y Sumantra, el jefe Nisada y su pueblo se sintieron muy tristes.
Y Lakshmana pronunció algunas palabras duras, pero el Señor le paró, ya que podría causar daño.
Sri Rama pidió a Sumantra que no repitiese las palabras de Lakshmana.
Y Sumantra le comunicó el mensaje del rey: "'Sita no podrá soportar las penalidades del bosque; así que debéis tratar de que Sita regrese a Ayodhya. Pero dijo el rey, si me dejáis abandonado, no sobreviviré; seré como pez sin agua.
En casa de sus padres goza de todas las comodidades, y también en casa de los padres de su esposo, por lo tanto Sita puede vivir donde lo desee hasta que termine esta situación adversa.' La piedad y el cariño que expresaba la súplica del rey no se puede explicar con palabras.
"

Al oír el consejo de Su padre, el Señor todo misericordioso intentaba convencer a Sita por todos los medios. Y le decía:
"Si vuelves, la aflicción de tu suegra y de tu suegro, de tu maestro y de todos tus seres queridos, desaparecerá".
En respuesta al consejo de Su señor, la Hija del rey Videha dijo:
"Escucha, amoroso señor de mi vida, compasivo y supremamente sabio maestro, ¿puede una sombra separarse de su esencia? La luz del sol no puede existir separada del Sol, ni el brillo de la luna alejarse de ella".


Después de presentar Su súplica al Señor, dirigió estas hermosas palabras al ministro:
"Tú eres para mí tan bueno como mi propio padre, así que no puedo pedirte que me respondas nada.
"Debido al dolor que siento, me resulta difícil hablarte. No te ofendas por ello, mi señor.
Si no tengo los pies de loto de mi señor, todos los lazos de parentesco carecen de importancia.
Yo he visto la gloria de la fortuna de mi padre: su trono es besado por las coronas de los más grandes monarcas.
Lejos de mi Señor, el hogar de mis padres, que es una morada de dicha, no es atrayente para mí. Mi suegro no es inferior al rey Kosala, señor soberano de la Tierra, cuya gloria se manifiesta en las catorce esferas del universo.
Incluso Indra, señor de los cielos, acude a recibirle y le sienta a su lado en su mismo trono. Así es mi suegro; Ayodhya es mi morada, mi familia es muy hermosa, y mis suegras me aman como mi propia madre.
Pero sin el polvo de los pies de loto de mi esposo, Señor de los Raghus, nada me puede proporcionar placer.
Sin embargo, los caminos impracticables, lagos y ríos que no se pueden cruzar, tribus salvajes, ciervos y pájaros, todo me es agradable en compañía de mi amado señor.
Postrándote a los pies de mi suegro y de mi suegra, pídeles de mi parte que no se entristezcan por mí, pues yo me siento muy feliz en los bosques.
Tengo a mi lado al Señor de la vida y a su hermano menor, héroe entre los héroes; ambos llevan un arco y un carcaj lleno de flechas.
Mi mente no siente el cansancio del viaje, y en mí no hay dolor alguno. Así pues, no os apenéis por mí, ni siquiera inconscientemente."


Al oír estas palabras tan tranquilizantes de labios de Sita, Sumantra se sintió inquieto como una serpiente al perder su gema.
Sus ojos no veían y sus oídos no oían, y estaba demasiado afectado para hablar. Sri Rama le consolaba como podía, pero su corazón no podía calmarse. Hacía muchos esfuerzos para acompañar al Señor, pero el Deleite de los Raghus trataba de disuadirle.
La orden de Sri Rama no podía ser ignorada. El giro que había tomado el Destino era muy cruel. No había ayuda por ningún lado.
Postrándose a los pies de Sri Rama, Lakshmana y Sita, se volvió como un mercader que ha perdido su ciudad.
Mientras el carro aéreo se iba, los caballos volvían los ojos hacia Sri Rama y relinchaban. Llenos de dolor al ver esto, los Nisadas se golpeaban la cabeza y se lamentaban.
Cuando hasta las mismas bestias se sentían desgraciadas al separarse de Él, ¿cómo podrían Sus súbditos y Sus padres vivir sin Él? Sri Rama despachó a Sumantra contra su voluntad y Él mismo llegó a la orilla del río celestial, Ganges. [...]
El regreso de Sumantra a Ayodhya:
[...] Cuando el jefe de los Nisadas regresó tras escoltar al Señor, vio al ministro Sumantra con el carro.
El ministro se apenó al ver al jefe Nisada, y su sufrimiento era indescriptible.
Gritando: "¡Rama, Rama, Sita, Lakshmana!", Sumantra cayó al suelo; mientras, los caballos seguían mirando hacia el sur y relinchando, tan agitados como pájaros despojados de sus alas.
No comían hierba ni bebían agua, y sus ojos derramaban lágrimas sin parar. Todos los Nisadas estaban tristes al ver los caballos de Sri Rama.
Luego, el jefe se sereno y dijo:
"Sumantra, deja de lamentarte. Eres hombre de sabiduría y conoces la más alta verdad; así pues, cálmate y date cuenta de que el Destino no te es propicio".

Contándole dulces historias, lo llevó y lo sentó en el carro. Pero, vencido por el dolor, no podía conducir el carro.
El dolor de estar separado de Rama era muy intenso. Los caballos no querían andar el camino, y se movían como si fueran animales salvajes. Se caían y luego miraban hacia atrás.
Si alguien mencionaba el nombre de Rama, Lakshmana o Sita comenzaban a relinchar y a mirar a esa persona con amor.

El jefe Nisada estaba muy abatido al ver al ministro y sus caballos. Llamó a cuatro siervos de confianza y los mandó con Sumantra.
Tras despedir a Sumantra, Guha regresó. La separación era demasiado dolorosa para ser descrita.
Los Nisadas se dirigían a Ayodhya, sumidos en el dolor. Y Sumantra se lamentaba:
"La vida es maldición sin el Héroe de los Raghus, este miserable cuerpo no vivirá así por mucho tiempo, y qué pena es que no alcanzara gloria muriendo en el momento en que se separaba del Héroe de la raza Raghu.
Esta vida se ha convertido en un pozo de infamia y pecado, me pregunto qué me hace seguir vivo.
Esta alma ruin ha perdido su oportunidad.
¡Y ahora mi corazón ni siquiera se parte en dos!
"

Frotándose las manos y golpeándose la cabeza, se lamentaba como un pobre que ha perdido todas sus riquezas.
Parecía como si, después de representar el papel de gran héroe, el espíritu guerrero hubiera desaparecido de él.
El ministro sentía en su corazón un sufrimiento tan terrible como el de una virtuosa doncella de noble cuna que está entregada a su señor en pensamiento, palabra y obra y se ve obligada por el destino a vivir lejos de su esposo.
Sus ojos estaban llenos de lágrimas y no podía ver nada, sus oídos quedaron sordos y su mente agitada y confundida. Sus labios se estaban secando y su lengua estaba pegada al paladar; sin embargo, su aliento no le abandonaba, pues el término del exilio le impedía morir por completo.
Había palidecido y repelía a la vista como si hubiera asesinado a su padre y madre. Parecía un pecador llorando de camino a la Muerte.
Las palabras no acudían a él y se lamentaba dentro de sí:
"¿Qué veré al llegar a Ayodhya? Quienes vean que llego sin Rama conmigo se lanzarán contra mí.
Cuando los ciudadanos, preocupados, corran a hacerme preguntas, les tendré que contestar con un gran peso en mi corazón.
Cuando las madres, afligidas, me pregunten por Él, Dios mío, ¿qué les diré?
Cuando la madre de Lakshmana venga a mí, ¿qué buenas noticias podré darle?
Y cuando madre de Rama corra hacia mí como una vaca que acaba de parir un ternero y tiene la mente fija en él, lo único que podré decir es: 'Rama, Lakshmana y Sita se han ido al bosque'.
Al llegar a Ayodhya deberé responder todas las preguntas.
Y cuando el rey, oprimido por el dolor y cuya vida depende de Rama, me haga preguntas, ¿con qué cara le responderé que después de escoltar a los príncipes he regresado?
En cuanto sepa el paradero de Lakshmana, Sita y Rama, su cuerpo se desmayará como una paja.
La tierra pantanosa de mi corazón no se ha agrietado, a pesar de que la humedad que le daba mi amado Rama ha desaparecido. Por ello creo que Dios me ha dado un cuerpo capaz de soportar las torturas del infierno.
"

Mientras Sumantra seguía lamentándose así, su carro llegó a la orilla del río Tamasa.
Con amabilidad despidió a los Nisadas que cayeron a sus pies y se marcharon llenos de dolor.
El ministro no se decidía a entrar en la ciudad como si hubiera asesinado a su propio preceptor o hubiera matado a un brahmán o una vaca.
Pasó el día bajo un árbol y al oscurecer se dirigió a la ciudad.
Entró en Ayodhya en la oscuridad y penetró en el palacio, dejando el carro a la puerta.
Los que oían las noticias se agolpaban a la entrada del palacio real para ver la carroza. Cuando reconocían el vehículo y veían a los caballos agitados con el cuerpo desgastado como granizo al Sol, los ciudadanos se veían perdidos como el pez sin agua.
Al oír la llegada del ministro, todo el gineceo estaba intranquilo.

Las reinas le preguntaban llenas de dolor, pero él no contestaba, pues no tenía voz para hablar.
Sus oídos no escuchaban y sus ojos no veían; y preguntaba a todos: "Decidme, ¿dónde está el rey?"
Al ver su confusión, las doncellas le condujeron a los aposentos de Kausalya.
Al llegar allí, Sumantra encontró al rey tan pálido y falto de brillo como la Luna sin néctar.
Sin asiento, lecho ni ornamentos, yacía en el suelo en un estado deplorable.
Suspirando se lamentaba igual que Yayati después de caer de la morada de los dioses.
Con el corazón cargado de tristeza parecía Sampati que había caído de los cielos por habérsele cortado las alas.
Y siendo gran amante de Rama, gritaba: "¡Rama, Rama!", y luego "Rama, Lakshmana, Sita!"

El ministro al ver al rey, exclamo: "¡Que la victoria te acompañe siempre y tengas larga vida!", y se postró ante él.
Al oírle, el rey se levantó sobresaltado y dijo: "Dime, Sumantra, ¿dónde está Rama?"

El rey abrazaba a Sumantra como si se estuviera ahogando y necesitara ayuda.
Sentándole a su lado y llorando sin parar, el rey le preguntó:
"Dime cómo está Rama, oh amigo querido, ¿dónde están Rama, Lakshmana y Sita?
¿Han venido contigo o se han quedado en el bosque?"

Al oír esto, las lágrimas acudieron a los ojos del ministro.
Y el rey le volvía a decir: "Dime lo que sepas de Sita, Rama y Lakshmana".

Recordando la belleza, virtudes y amabilidad de Sri Rama, el rey se apenaba más y más y pensaba : "Después de proclamar mi intención de entronizarle, le exilié a los bosques, pero esto no alegró ni entristeció a su alma. Sin embargo, mi vida no me dejó aunque tuve que separarme de mi hijo. ¿Puede haber un pecador mayor que yo?
"Llévame donde están Rama, Sita y Lakshmana. Si no lo haces, te digo sinceramente que pronto moriré."

Y el rey repetía al ministro una y otra vez: "Haz algo para traer ante mis ojos a Rama, Lakshmana y Sita".
Recobrando el ánimo, el ministro replicó:
"Vuestra Majestad es fuente de sabiduría. Eres el jefe de los hombres valientes, mi señor, y siempre has asistido a las asambleas de los santos.
Nacimiento y muerte, todas las experiencias dolorosas y placenteras, pérdida y ganancia, la unión y separación de los amigos, todas estas cosas, mi señor, se suceden según las leyes inalterables del tiempo y el destino, igual que la sucesión del día y la noche.
Los ignorantes se regocijan en la prosperidad y se lamentan en la adversidad, pero para los sabios todo es igual.
Por tanto, sigue tu sabio juicio, anímate y cesa de sufrir, oh amigo de todos.

Hicieron su primera parada a orillas del Tamasa, y la siguiente en la ribera del río celestial Ganges. Después de bañarse y beber agua, Sita y los dos hermanos ayunaron ese día.
Los Nisadas fueron muy hospitalarios, y pasaron aquella noche en el pueblo de Singraur.
Al amanecer fueron a buscar leche del árbol banyan y los dos hermanos se peinaron el cabello en forma de corona.
Luego el amigo de Rama, Guha, trajo un bote y Rama, después de ayudar a embarcar a Sita, se despidió de todos.
Lakshmana colocó los dos arcos y aljabas en el bote y luego subió él por orden del Señor.

Al ver mi tristeza, el Héroe de los Raghus reunió valor y me dijo con dulzura:
'Presenta mi obediencia a mi querido padre, y coge sus pies de loto en tus manos. Luego postrándote, comunícale esto: 'Padre, no estés preocupado por mí. Por tu gracia y bondad, y como recompensa a tus actos meritorios, mi viaje y estancia en el bosque serán dichosos y llenos de bendiciones. Por tu gracia, tendré toda clase de comodidades y después de obedecer tus órdenes volveré sano y salvo para contemplar tus pies de loto de nuevo'.
Consuela también a mis madres y cae a sus pies repetidas veces. Y con súplicas y todo tu esfuerzo haz que el señor de Ayodhya, mi padre, viva felizmente.

Tomando los pies de loto de mi preceptor, dale mi mensaje: 'Te ruego que confortes al señor de Ayodhya para que no siga sufriendo por mí'.
Acércate humildemente a todo mi pueblo, y comunícale mis palabras: 'Sólo es mi amigo siempre aquel que procura la felicidad del rey'.
Y cuando llegue Bharata dale mi mensaje: 'No abandones el camino de la rectitud al tomar el cargo de Regente. Cuida de tus súbditos en pensamiento, palabra y obra, y sirve a tus madres, tratándolas a todas por igual.
Muestra tu amor de hermano hasta el último día sirviendo a nuestros padres y familiares.
Y por último cuida del rey de tal forma que nunca esté triste por mí'.

Entonces Lakshmana intervino con unas palabras muy severas, pero Rama me suplicó que no mencionara a su querido padre las ocurrencias infantiles de Lakshmana.

Mandando saludos, Sita abrió los labios para decir algo, pero estaba demasiado emocionada.

Entonces en respuesta a la señal del Rey de los Raghus, el barquero comenzó a remar hacia la otra orilla.
Y yo me quedé mirando a Rama con un gran peso en el corazón.
¿Cómo puedo describir la angustia que siento por haber vuelto vivo trayendo el mensaje de Rama?
"

En ese momento Sumantra ya no podía hablar, abatido por el dolor de la separación de Sri Rama.

En cuanto el rey oyó las palabras del carrocero, cayó al suelo, con el corazón ardiente de dolor. Y se agitaba como un pez embriagado por chupar la espuma del agua de las primeras lluvias que intoxica a los peces.
Todas las reinas se lamentaban y lloraban, ¿cómo se podría describir su gran desgracia?
Ayodhya se hallaba en gran tumulto con el sonido de los lloros que salían del gineceo real; parecía que un trueno hubiera caído de noche en una guarida de pájaros.
El aliento del rey se había paralizado en su garganta. Todos sus sentidos se nublaron como un grupo de lotos que se hubieran quedado sin agua.
Cuando Kausalya vio al rey en tan lamentable estado, pensó que el sol de la raza solar estaba a punto de desaparecer. Y reuniendo todo su valor, la madre de Sri Rama le dirigió estas palabras, muy apropiadas para esa ocasión:
"Calma tu corazón, mi señor, y piensa que la separación de Rama es como un vasto océano.
Tú eres el barquero, y Ayodhya el bote en el que navegamos todos tus familiares y seres queridos.
Sólo si tienes paciencia llegaremos a la otra orilla. Si no, toda la familia se ahogará.
Si tienes en cuenta esta súplica mía, amado señor, podremos ver a Rama, Lakshmana y Sita de nuevo".

Al oír a su amada reina, el rey abrió los ojos y miró hacia arriba como un pez moribundo que hubiera sido rociado con agua fría.
Recobrándose, el rey se levantó del suelo y se sentó, y dijo:
"Dime, Sumantra, ¿dónde está mi gracioso Rama?
¿Dónde están Lakshmana y mi amado Rama? ¿Dónde está mi amada hija Videha?"

El monarca se lamentaba sin cesar; la noche le parecía como toda una era interminable. Recordó la maldición del ermitaño ciego y le contó la historia a Kausalya.
Mientras le narraba las circunstancias sufría indeciblemente.
"No puedo esperar sobrevivir sin Rama.
¿Qué ganaré con mantener vivo este cuerpo que no ha sabido mantener mi promesa de amor?
Oh, deleite de los Raghus, querido para mí como la vida, ya he vivido demasiado tiempo sin ti.
Oh, Rey de los Raghus, que alegrabas el corazón de tu padre como una nube de lluvia deleita al pájaro chataka".

Gritando una y otra vez: "¡Rama, Rama!", el rey se despojó de su cuerpo en medio de aquella agonía que sentía por estar separado del Rey de los Raghus, y de este modo ascendió a la morada los dioses. [...]