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Hiranyaksha, demonio

 

Vínculos de familia

Hiranyaksha, demonio

  Descripción:

Primera encarnación de Vijaya, guardián de Lord Vishnu, en forma de demonio a causa de una maldición.
Hermano de Hiranyakashipu.
Fue aniquilado cuando el Señor Vishnu encarnó en forma de Jabalí.

También conocido como: Hiranyaksa.

  Observaciones y comentarios:

  • Según se narra en los capítulos 13, 18 y 19 del Libro III del Srimad Bhagavata, al principio de la Creación, cuando Manu y Shatarupa fueron creados por Brahma, la pareja pidió a su progenitor que les dijese lo que tenían que hacer.
    Brahma les pidió que procreasen para así extender la raza humana. No obstante, Manu vio que la esfera estaba sumergida bajo las aguas, no encontrando así tierra sólida donde pisar. A este respecto, expuso a Brahma sus quejas, el cual quedó pensativo y empezó a meditar.
    De pronto, un pequeño jabalí del tamaño del dedo gordo de una mano humana apareció por una de las ventanas de su nariz y en un abrir y cerrar de ojos, tomó las dimensiones de una enorme montaña. Al principio, Brahma y Sus hijos nacidos de su mente, Marichi y otros, se preguntaban quién era esa criatura; pero al final llegaron a la conclusión de que el mismo Señor había adoptado esa forma para disipar su ansiedad. En ese momento el divino Jabalí se sumergió en el océano, que en el tiempo de la última disolución se había tragado la Tierra, y emergió con la Tierra sujeta en Sus colmillos.
    El demonio Hiranyaksha, que ya se había dado cuenta de que el jabalí era el todopoderoso Señor Vishnu, se presentó ante el Señor con una maza en la mano y le retó a un duelo.
    El Señor puso la Tierra sobre el agua, apoyándola sobre Su propio poder sustentador y volviéndose hacia el demonio le mató después de una dura batalla.
  • Lord Shiva dice a Uma:
    [...] Sri Hari tiene dos guardianes favoritos, Jaya y Vijaya, conocidos por todos.
    Por la maldición de unos brahmanes estos hermanos nacieron en la maldita especie de los demonios.
    Uno de ellos se llamaba Hiranyakashipu, y el otro Hiranyaksha.
    Se hicieron famosos en todo el universo como apaciguadores del orgullo de Indra.
    Ambos eran héroes famosos que salían victoriosos de las batallas.

    El Señor tomó la forma de un Jabalí para matar a uno de los dos hermanos, y luego se encarnó en un Hombre-león para matar al otro, y propagó la justa fama de Su devoto Prahlada.

    Estos dos hermanos volvieron a nacer como los poderosos y valientes Raksasas: Ravana y Kumbhakarna, grandes guerreros que llegaron a vencer a los dioses.

    Aun habiendo sido matados por el Señor, los dos hermanos no alcanzaron la liberación, pues los brahmanes les habían condenado a tres nacimientos. [...]
    Tras la negativa de la Diosa Sarada al pedido de los dioses para que influya sobre Bharata:
    [...] Cuando la inteligente diosa escuchó los ruegos de los dioses entendió que el egoísmo les había despojado de sus sentidos, y de acuerdo a ello, replicó dirigiéndose Indra en particular:
    "Me pedís que altere la mente de Bharata!
    Es una pena que no puedas ver el Monte Meru a pesar de poseer mil ojos.
    Incluso la Maya de Brahma el Creador, Hari el Preservador y Hara el Destructor del universo extraordinariamente poderosa, no puede ni siquiera enfrentarse con la razón de Bharata.
    Y sin embargo, tú me pides que la pervierta crees que la luz de la Luna puede desplazar al Sol?
    El corazón de Bharata es la morada de Sita y Sri Rama, ¿es que acaso la oscuridad puede entrar allá donde el Sol brilla?."


    Con estas palabras la diosa Sarada regresó al cielo de Brahma dejando a los dioses tan desconsolados como lo está el pájaro de Chakrawaka durante la noche.
    Los dioses, que eran egoístas por naturaleza y profundamente maliciosos, desplegaron un malintencionado complot y tejiendo una poderosa red de engañosos artificios crearon una ola de miedo, confusión, tedio y disgusto sobre la gente de Ayodhya.
    Comenzado el agravio, el señor de los habitantes del cielo pensó para sí mismo que el éxito y fracaso de sus planes estaba en manos de Bharata.

    Cuando el Rey Janaka fue a ver al Señor de los Raghus, la Gloria de la raza solar los recibió a todos con honor.
    Entonces el sacerdote de la estirpe de los Raghus habló con palabras adecuadas a la ocasión y a la asamblea a la que iban dirigidas, y llenas de justicia.
    Reprodujo la conversación que había tenido lugar entre el Rey Janaka y Bharata e incluso repitió el amoroso discurso de Bharata.
    "Querido Rama -dijo- cualquier orden dada por Ti será obedecida por todos: ésta es mi propuesta."

    Escuchando estas palabras, el Señor de los Raghus, con las manos juntas y delicado acento, pronunció estas palabras llenas de verdad y sinceridad:
    "En tu presencia y en la del señor de Mithila sería totalmente impropio de mi parte el decir nada. Cualquier orden que pueda ser dada por ti y por el rey de Mithila, juro por tu propio nombre, que será acatada por todos".

    Al escuchar el juramento de Sri Rama, el sabio Vasistha y el Rey Janaka, así como toda la asamblea, se sintieron turbados.
    Todos pusieron sus ojos en Bharata, ya que ninguno se sentía capaz de responder.

    Cuando Bharata vio a la asamblea confundida y se dio cuenta de la desfavorable situación en la que se encontraba, el hermano de Sri Rama tuvo que hacer un gran esfuerzo de autocontrol y así dominar su emoción en la misma forma que el sabio Agastya detuvo el crecimiento de la extensión de Vindhya.
    El demonio Hiranyaksha, en la forma de pena, arrebató la esfera que representa la razón de la asamblea, la cual, como un ejército de virtudes fue la fuente de toda la creación. Entonces el gigantesco jabalí en la forma de la discreción de Bharata, la rescató en un instante. [...]
    [...] Cuando Mandodari, mujer de Ravana, escuchó que el Señor había llegado y construido un puente sobre el océano como si se tratase de un simple juego, cogió a su esposo de la mano, lo condujo a su propio palacio y le habló con las palabras más dulces.
    Inclinando su cabeza a los pies de Ravana, le extendió la punta de su vestido en un acto de súplica y dijo:

    "Escucha mis palabras sin enfadarte, amado mío: sólo se debe entrar en hostilidad con aquél al que se puede conquistar por ingenio o fuerza física.
    Las diferencias entre el Señor de los Raghus y tú, son en cualquier caso análogas a las que existen entre la luciérnaga y el Sol.
    Él es quien dispone del Madhu y Kaitabha más poderoso y quien acabó con los más valientes de los hijos de Diti, Hiranyakashipu y Hiranyaksha, y no sólo eso, sino que es también quien sentenció a Vali y expulsó al Rey Sahasrabahu, así llamado por poseer 1.000 brazos.
    Es aquel que bajó a la tierra para aliviarla de su aflicción.
    Mi señor, no deberías oponerte a Aquél que es el Dueño del Tiempo, el destino y el alma." [...]
    [...] Malyavan, un demonio muy entrado en años, abuelo materno de Ravana y eminente consejero, pronunció palabras de grande y piadosa sabiduría:
    "Escucha, hijo mío, algunas palabras de consejo.
    Desde que raptaste a Sita y la trajiste aquí, ha habido más infortunios de los que uno puede nombrar.
    Por el contrario, nadie ha disfrutado nunca de tanta felicidad como Sri Rama, cuya gloria ha sido el tema de los Vedas y Puranas.
    El mismo gracioso Señor que se deshizo de Hiranyaksha y de su hermano Hiranyakashipu, así como de los poderosos Madhu y Kaitabha, ha bajado a la Tierra, en la persona de Sri Rama.
    La hostilidad frente a aquel que es la personificación del Espíritu del Tiempo, el principio de la destrucción, el fuego que puede consumir el bosque de la perversidad, fuente de virtudes y encarnación de la sabiduría, adorado incluso por Shiva y Brahma, está bastante fuera de lugar.
    Desiste de toda querella con Sri Rama, devuélvele a la Hija de Videha y adora al Todo misericordioso, aquel que tiene el más amoroso comportamiento." [...]