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Sabio Pulastya
.....
Sumali, demonio
Ketumati
Sabio Vishrava
Kaikasi, mujer demonio

Kumbhakarna, demonio

 

Vínculos de familia

Kumbhakarna, demonio

   Otro nombre para Kumbhakarna, fue Arimardana, demonio.

  Descripción:

Demonio hermano menor de Ravana.
Segunda encarnación de Vijaya, guardián de Lord Vishnu.

  Observaciones y comentarios:

  • Segunda encarnación de Vijaya, guardián de Lord Vishnu
  • El Ramacharitamanasa de Tulsidas presenta una dicotomía que se está investigando.
    Por un lado, se menciona que el Señor Shiva le dice a Uma que Jaya y Vijaya vuelven a nacer, primero como Hiranyaksha y Hiranyakashipu y luego como Ravana y Kumbhakarna.
    Por otro lado, el sabio Yajñavalkya dice a Bharadwaja que Sambhu (Shiva) le relató a Girija (Uma) una antigua y sagrada leyenda en la que son el rey Pratapabhanu y su hermano Arimardana, junto con su ministro Dharmaruchi quienes vuelven a nacer como Ravana, Kumbhakarna y Vibhisana.
  • En referencia a los hermanos Hiranyakashipu y Hiranyaksha, Lord Shiva dice a Uma:
    [...] Sri Hari tiene dos guardianes favoritos, Jaya y Vijaya, conocidos por todos.
    Por la maldición de unos brahmanes estos hermanos nacieron en la maldita especie de los demonios.
    Uno de ellos se llamaba Hiranyakashipu, y el otro Hiranyaksha.
    Se hicieron famosos en todo el universo como apaciguadores del orgullo de Indra.
    Ambos eran héroes famosos que salían victoriosos de las batallas.
    El Señor tomó la forma de un oso para matar a uno de los dos hermanos, y luego se encarnó en un Hombre-león para matar al otro, y propagó la justa fama de Su devoto Prahlada.
    Estos dos hermanos volvieron a nacer como los poderosos y valientes Raksasas: Ravana y Kumbhakarna, grandes guerreros que llegaron a vencer a los dioses.
    [...]
    En referencia al rey Pratapabhanu, el sabio Yajñavalkya dice al sabio Bharadwaja:
    [...] Oh sabio, con el tiempo, este rey junto con su familia nació como un demonio. Tenía diez cabezas y veinte brazos. Se llamaba Ravana y era un héroe formidable.
    El hermano menor del rey, Arimardana, se convirtió en el poderoso Kumbhakarna.
    Su ministro, conocido por Dharmaruchi, se convirtió en el medio hermano de Ravana, llamado Vibhisana, conocido en todo el mundo como devoto de Vishnu y fuente de sabiduría.
    Y los hijos y siervos del rey nacieron como un ejército de un fiero demonio.

    Estos malvados podían tomar la forma que querían y pertenecían a varias órdenes.
    Eran todos perversos, monstruosos y carentes de sentido, crueles, sangrientos y pecadores.
    Eran un tormento indescriptible para toda la creación.

    Y aunque nacieron dentro del linaje puro y santo del sabio Pulastya, por la maldición de los brahmanes eran todos encarnaciones del pecado.

    Los tres hermanos practicaban todo tipo de austeridades, terribles más allá de las palabras.

    Al ver su penitencia, el Creador se acercó y dijo al mayor: "Querido hijo, pide lo que quieras".
    Entonces Ravana suplicante, tomó sus pies y se dirigió así a él:
    "Escucha, señor del universo: mi plegaria es que no muera a manos de nadie, excepto de monos u hombres".
    "Así sea, pues has hecho gran penitencia."

    Este fue el favor que Brahma y yo le concedimos - dijo Shiva -.

    Entonces el Creador se acercó a Kumbhakarna y quedó impresionado al ver su forma gigantesca.
    Y Brahma se dijo: "Si este miserable comiera cada día, el mundo entero quedaría devastado".
    Entonces Brahma se dirigió a Sarada, quien hizo cambiar la opinión de Kumbhakarna.
    Y éste, en consecuencia, pidió un sueño continuo durante seis meses.

    Al final, Brahma fue a Vibhisana y le dijo: "Hijo, pide un favor".
    Y él pidió amor puro por los pies de loto del Señor.

    Tras concederles los favores, Brahma se fue y ellos regresaron jubilosos a su casa. [...]
    En referencia a Ravana, el sabio Yajñavalkya dice al sabio Bharadwaja:
    [...] Tenía un hermano muy valiente, Kumbhakarna, que no conocía rival en este mundo. Este quedó sumido en el sueño durante seis meses, y al despertarse, los tres mundos se pusieron a temblar. Si él hubiera comido todos los días, el universo entero hubiera quedado destruido. Era asombrosamente firme en la lucha, y había innumerables guerreros que se podían comparar a él. [...]
    El demonio Ravana envía a su hermano menos a luchar contra Sri Rama:
    [...] Perplejo y resentido, llamó a Kumbhakarna, su hermano menor, a quien logró despertar usando todo tipo de recursos.
    Una vez despierto e incorporado, parecía la muerte en persona.
    Kumbhakarna preguntó: "Dime, hermano, ¿por qué estás tan preocupado?"

    El arrogante Ravana le contó toda la historia, hasta cómo había arrebatado a Sita. "Amado hermano, los monos han matado a todos los demonios y acabado con los más grandes guerreros. Durmukha, Devantaka, enemigo de los dioses, Narantaka, devorador de los hombres, el poderoso campeón Atikaya, de enormes proporciones, y Akampana, quien nunca tiembla de miedo, y otros héroes como Mahodara, el barrigudo, tan fiel en la lucha; todos ellos han caído en el campo de batalla."

    Al oír las palabras de su hermano, el monstruo de diez cabezas, Kumbhakarna se sintió muy afligido.
    "Después de raptar a la madre del universo, necio, todavía esperas conseguir algo bueno.
    No has actuado bien, rey de los demonios, y ahora, ¿por qué has venido y me has despertado?
    Si abandonas tu orgullo y adoras a Sri Rama, aún podrás ser bendecido.
    ¿Puede el Señor de los Raghus, oh Ravana, ser un mortal teniendo mensajeros como Hanuman?
    ¡Ay! hermano, actuaste neciamente al no contarme antes esto.
    Te has enfrentado en una guerra con la Divinidad que tiene como sirvientes dioses como Shiva y Viranchi, el Creador.
    Te confiaré el secreto que una vez el sabio Narada me comunicó; pero el tiempo ha pasado.
    Estréchame, hermano, con un fuerte abrazo, pues quizá mis ojos puedan ser bendecidos al ver al señor de tez morena y ojos de loto que siempre se acuerda de la agonía de sus devotos."

    Al recordar la belleza de Sri Rama y sus virtudes, se olvidó de sí mismo por un momento.
    Mientras tanto Ravana pidió que le trajesen millares de jarras llenas de vino y una manada de búfalos.
    Después de comer los búfalos y beber el vino, Kumbhakarna bramaba como un trueno.
    Muy borracho y lleno de un sentimiento belicoso, salió del fuerte sin ninguna tropa.

    Cuando Vibhisana le vio, fue hacia él y cayó a sus pies pronunciando su nombre.
    Kumbhakarna levantó a su hermano menor y le abrazó; estaba complacido al saber que su hermano era un devoto de Sri Rama, el Señor de los Raghus.

    Vibhisana le dijo: "Amado hermano, Ravana me arrojó a patadas cuando le avisé diciéndole lo que pensaba. Disgustado por semejante trato acudí a Sri Rama, y el corazón del Señor se abrió a mí cuando vio mi miseria."

    "Escucha, hijo mío, Ravana está en las garras de la muerte y no escucharía ningún consejo en estos momentos. Eres tres veces bendito, Vibhisana; has demostrado ser una joya de la raza de los demonios. Hermano, has traído la gloria a nuestra descendencia adorando a Sri Rama, océano de belleza y felicidad.
    Adora a Sri Rama, fiel en la batalla en pensamiento, palabra y obra. Ahora déjame, porque condenado como estoy a morir, no puedo distinguir entre amigo y enemigo."

    Una vez oídas las palabras de su hermano Kumbhakarna, Vibhisana regresó junto a Sri Rama, joya de las tres esferas, y le dijo: "Mi Señor, aquí viene Kumbhakarna, quien posee un cuerpo tan grande como una montaña y es valiente en la batalla".

    Cuando los poderosos monos oyeron esto, avanzaron dando animados gritos.
    Rechinando los dientes, arrancaban árboles y montañas, lanzándolas contra Kumbhakarna.
    Osos y monos le arrojaban millares de picos de montañas incesantemente. Mas, como un elefante golpeado por las pipas de un girasol, no se sentía atemorizado, ni cedía en su posición, pese al esfuerzo de los monos por hacerle retroceder. Tras lo cual, Hanuman le golpeó con sus puños y cayó al suelo dándose un golpe en la cabeza.

    Levantándose de nuevo devolvió el golpe a Hanuman. Este último le volteó y cayó al suelo inmediatamente.
    Después arrojó contra el suelo a Nala y Nila. y derribó a los soldados por todas partes.
    Las huestes de los monos salieron en estampida, totalmente aterradas; nadie osaba enfrentarse a él.

    Después de derribar a Angada y a los otros dirigentes monos, incluido Sugriva, Kumbhakarna, el de poder inmensurable, apretó al rey de los monos bajo su brazo y se fue.

    Uma, continuó el Señor Shiva, el Señor de los Raghus actuó como un ser humano al igual que Garuda se divertiría con serpientes. ¿Cómo si no aquel que destruye con el mero hecho de fruncir su ceño podría comprometerse con esperanza alguna en un conflicto como éste? De este modo Él extendería su fama, que no sólo santificaría a todo el mundo sino además llevaría a través del océano de la existencia mundana a la gente que lo contara.

    Entonces Hanuman volvió en sí, se levantó e inmediatamente comenzó a buscar a Sugriva.
    Entretanto Sugriva también se había recuperado de su desmayo y se había librado de la presión de Kumbhakarna, quien, tomándole por muerto, le había soltado.

    Kumbhakarna descubrió su fuga cuando de repente Sugriva le arrancó la nariz y las orejas de un mordisco alzándose rugiendo por el aire.
    El demonio agarró a Sugriva del pie arrojándole contra el suelo.
    Sugriva se incorporó como pudo y con extraordinaria agilidad, golpeó de nuevo a su adversario.
    El poderoso héroe regresó entonces ante la presencia del Señor clamando: "¡Gloria, toda la gloria del Señor todomisericordioso!"

    Kumbhakarna se sintió desolado al ver que le habían quitado la nariz y orejas, y se enfureció mucho.
    Las huestes de los monos se aterrorizaron al ver al monstruo, que, siendo ya temible por naturaleza, tenía un aspecto mucho más feroz al faltarle nariz y orejas.

    Lanzando un grito de "¡Gloria, toda la gloria a la Joya de la raza de los Raghus!", los monos corrieron hacia él y todos a una le arrojaron una descarga de rocas y árboles.

    Enloquecido por la derrota, Kumbhakarna se lanzó contra el enemigo como si fuera la muerte misma, furioso y lleno de rabia.
    Capturaba y devoraba millares de monos, que parecían un enjambre de langostas entrando en la cueva de una montaña.
    Capturaba muchos millones, los golpeaba contra su cuerpo, y los pulverizaba entre las manos mezclándolos con el polvo de la tierra; multitud de osos y monos huían de su boca, ventanas de la nariz y orejas.
    Cegado por el frenesí de la batalla, el demonio se mantuvo en una actitud desafiante, como si el Creador hubiera puesto todo el universo a su disposición y él lo pudiera devorar.
    Todos los grandes guerreros huían del campo de batalla y no regresaban por ningún motivo.
    Ni siquiera podía ver con los ojos ni oír llamada alguna.
    Las huestes de demonios también avanzaban al enterarse de que Kumbhakarna había dispersado al ejército de los monos.

    Sri Rama percibió toda clase de refuerzos enemigos que se acercaban. "Escuchad: Sugriva, Vibhisana y Lakshmana; cuidad del ejército mientras yo pruebo la fuerza y el poder humanos de este infeliz."

    Tomando su famoso arco, conocido con el nombre de Sarnga, y con el carcaj atado a la cintura, el Señor de los Raghus marchó hacia delante aniquilando las fuerzas del enemigo. Primero, el Señor tensó el arco. El sonido era tan agudo que, al oírlo, las huestes enemigas ensordecían. Entonces Sri Rama decidió lanzar cien mil flechas, rápidas como cobras aladas, que volaban en todas direcciones.
    Fieros guerreros demoníacos comenzaron a ser destruidos. Pies, pecho, cabezas y brazos les eran arrancados. Más de un héroe fue cortado en cien pedazos. Los heridos caían al suelo dando vueltas. De entre ellos, los héroes se levantaron y recobraron ánimos para unirse de nuevo a la batalla.
    Y seguían retumbando como truenos a pesar de que las flechas los habían atravesado.

    En un instante las flechas del Señor destruyeron las terribles huestes demoníacas. Luego, todas regresaron a su carcaj.

    Cuando Kumbhakarna se enteró de que el ejército de demonios había sido eliminado en un instante, el formidable héroe, lleno de cólera, lanzó un rugido tan espantoso como el de un león.
    En su furia arrancaba montañas de cuajo y las lanzaba sobre destacamentos de poderosos monos.

    El Señor vio venir las enormes montañas y con sus flechas las convirtió en polvo.
    Una vez más, el Señor de los Raghus tensó la cuerda de su arco e indignado arrojó una descarga de sus terribles flechas. Estas entraban y atravesaban el cuerpo de Kumbhakarna como destellos de luz que desaparecieran en una nube.
    De su negra figura salía sangre a borbotones y parecía una mancha de rojo ocre disparándose desde una montaña de hollín.
    Osos y monos se lanzaban adelante; el monstruo se rio cuando los monos se le acercaron.
    Irrumpió en un terrible rugido capturando millones y millones de monos, arrojándolos al suelo como un enorme elefante, y jurando por su hermano, el monstruo de diez cabezas.
    Huestes de osos y monos huyeron como rebaños de ovejas al ver al lobo. Monos y osos, oh Bhavani, regresaban con el rabo entre las piernas, y llorando decían con voz llena de dolor: "Como demonio hambriento nos amenaza con visitar esta tierra tomando la forma de huestes de monos. Por lo tanto, oh Rama, asesino de Khara, nube llena del agua de la compasión, aliviador de la agonía del que suplica, sálvanos, protégenos".

    Cuando el Señor oyó estas conmovedoras palabras se adelantó para encontrarse con el demonio, poniendo a punto su arco y flechas y, preparando su ejército más poderoso en la retaguardia, marchaba hacia adelante lleno de indignación. Tensando la cuerda del arco, ajustó cien flechas en él, las cuales volaron y desaparecieron en el cuerpo del demonio.

    Aun atravesado por las flechas, el demonio corría encendido por la rabia; las montañas se tambaleaban y la tierra temblaba. Arrancó una roca, pero la Gloria de la raza Raghu arrancó el brazo que la llevaba. Entonces él siguió corriendo con la roca en la mano izquierda, pero el Señor se la arrancó también, arrojándola contra el suelo. Así, desprovisto de brazos, el desdichado parecía el Monte Mandara sin sus alas.

    Lanzó una feroz mirada al Señor como si estuviera a punto de devorar las tres esferas.
    Con un terrible alarido se abalanzó con la boca muy abierta. Siddhas y dioses en el cielo gritaban alarmados.

    Al escuchar la alarma de los dioses, el Todomisericordioso tensó la cuerda de su arco llevándosela hasta las orejas y obstruyó la boca del demonio con flechas, pero al ser tan poderoso, no cayó al suelo, y con la boca llena de flechas se lanzó como si fuese el carcaj viviente de la Muerte.

    El Señor, lleno de cólera, le arrancó la cabeza con una afilada flecha. Aquélla cayó frente a su hermano Ravana, quien al verla se llenó de angustia. La tierra se hundía bajo el terrible peso del cuerpo sin cabeza que aún seguía moviéndose. Entonces el Señor lo cortó en dos.

    Ambos pedazos cayeron al suelo como un par de montañas arrojadas de los cielos, aplastando al caer monos, osos y demonios.

    Su alma entró en la boca del Señor en forma de una masa de luz, asombrando a dioses y sabios.
    Los dioses tocaron los timbales con gran regocijo, alabaron al Señor y arrojaron sobre él flores en abundancia. [...]