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Sabio Vasistha

 

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1. Arundhati

Sabio Vasistha

  • Consorte (1): Arundhati

  Descripción:

Maestro del rey Dasaratha.
Junto con el sabio Satananda, presidió la ceremonia del casamiento entre Sri Rama y Sita.
Jugó un papel fundamental al aconsejar a Bharata en relación a su duda por su entronización.

El rey Dasaratha pide al sabio Vasistha tener un hijo varón:
[...] Un día, el rey se sentía triste porque no tenía un hijo varón.
Se apresuró al hogar de su maestro, y cayendo a sus pies, le suplicó una y otra vez.
Contó al Guru todas sus alegrías y penas; el sabio Vasistha le consoló y le dijo:
"Sé valiente y espera; tendrás cuatro hijos, que serán conocidos en los tres mundos y librarán a los devotos de sus temores".
Luego, Vasistha llamó al sabio Srngi y le hizo ofrecer un sacrificio por el nacimiento de un hijo del rey.
Cuando el sabio ofreció las oblaciones al fuego sagrado, apareció el dios fuego con una ofrenda de arroz hervido en leche en su mano.
Y el dios fuego dijo: "Todo lo que Vasistha te ha dicho, ya se ha cumplido. Recibe esta oblación, oh rey, y divídela en las partes que creas convenientes" [...]
El nacimiento de los hijos del rey Dasaratha:
[...] Sabiendo que había llegado el momento de dar un nombre a los niños, el rey mandó llamar al iluminado sabio Vasistha.
Después de rendirle homenaje, el rey le habló así:
"Santo señor, asígnale los nombres que tu mente haya establecido".

"Sus nombres son muchos y únicos; sin embargo, oh rey, los pronunciaré como mejor pueda.
Tu hijo mayor, océano de felicidad y encarnación de la alegría, cuya más pequeña partícula llena de gozo los tres mundos, tiene por nombre 'Rama', hogar de la dicha y consolador de todos los mundos.
Tu segundo hijo, que sostiene y alimenta el universo se llamará 'Bharata', mientras que aquél cuyo pensamiento destruye a nuestros enemigos es glorificado en los Vedas con el nombre de 'Satrughna
".

El que encierra rasgos nobles, amado de Sri Rama y Sostén del universo entero, recibió del Guru Vasistha el maravilloso nombre del Lakshmana.

El maestro asignó estos nombres tras considerarlos debidamente y luego dijo:
"Tus cuatro hijos, oh rey, son la esencia misma de los Vedas.
De ellos, Sri Rama es el tesoro de los sabios, el todo del devoto y la vida misma de Shiva, en estos momentos disfruta con los juegos infantiles
". [...]
Dasaratha recibe el mensaje del compromiso entre Sri Rama y Sita:
[...] Entonces el rey se levantó y acercándose a Vasistha le dio la carta, y llamando a los mensajeros, con la debida cortesía relataron la historia a su maestro.
El Guru se sintió muy satisfecho al oír las noticias y dijo:
"Para el hombre virtuoso, el mundo está lleno de felicidad.
Como los ríos corren hacia el mar, aunque éste no lo desea, la alegría y la prosperidad vienen sin ser esperadas al alma piadosa.
Del mismo modo que tú te entregas al servicio de tu maestro, de los brahmanes, vacas y dioses, la Reina Kausalya tiene también su propia devoción.
Nunca ha habido, no hay ni habrá en el mundo alma tan piadosa como la tuya.
Quién puede haber tan afortunado como tú, oh rey, que tienes un hijo como Rama, siendo los tres restantes valientes, obedientes. consecuentes con su voto de piedad, y océanos de bondad.
Realmente eres bendito para siempre, así pues, prepara la procesión de la boda con el resonar de los timbales.
"Y hazlo rápidamente.
"

Al oír estas palabras de su maestro, el rey se postró y dijo: "¡Muy bien, mi señor!"
Y tras hospedar a los mensajeros, regresó a su palacio. [...]
Durante la ceremonia de unión entre Sri Rama y Sita:
[...] Los dos maestros, Vasistha y Satananda, realizaron los ritos religiosos según las costumbres familiares.
Después los Gurús instaron a los brahmanes a que adoraran a la Diosa Gauri y a Su hijo Ganesha; los dioses aceptaron el homenaje y dieron su bendición [...]
Tras el regreso a Ayodhya
[...] Una vez más, el rey adoró los pies de loto de su preceptor, Vasistha, y se sometió a su voluntad con el corazón lleno de afecto.
Los príncipes y sus esposas, los reyes y reinas, se inclinaban a los pies del maestro, y éste invocaba bendiciones para todos.
Con el corazón desbordante de amor, el rey hizo súplicas al Guru y colocó ante él todos sus hijos y riquezas.
Pero el sabio aceptó sólo lo que le correspondía como sacerdote de las familias y le bendijo en abundancia. [...]
El rey Dasaratha pide permiso a su maestro para llevar a cabo la coronocación de Sri Rama
[...] Un día el rey se miró en un espejo y se puso la corona derecha.
Y vio que su pelo se estaba volviendo gris, y parecía que la vejez estuviera murmurando en sus oídos: "Oh rey, haz regente a Rama y así cumple el fin de tu vida y tu nacimiento en este mundo".

Con esta idea en la mente y esperando una buena oportunidad, el rey se lo comunicó a su Guru Vasistha temblando de emoción y lleno de éxtasis.

El rey dijo: "Escucha, jefe de los sabios: Rama es ya un hombre maduro. Siervos, ministros y todos los ciudadanos, enemigos y amigos lo quieren tanto como yo.
Parece que tu misma bendición se ha encarnado en su preciosa forma.
Todos los brahmanes y sus familias alientan el mismo amor por que tú.
Los que se frotan la cabeza con el polvo de los pies de su Guru consiguen toda la fortuna existente.
Nadie ha conseguido tanta como yo, yo lo he obtenido todo adorando el polvo santo de tus pies.
Ahora sólo queda un anhelo en mi corazón y sé que por tu gracia también se realizará, mi Señor".

El sabio quedó complacido al observar Su natural devoción y dijo:
"Oh rey, ordéname lo que quieras.
Oh rey, tú mismo nombre y gloria tienen poder de conceder todos los deseos.
El objeto de tu deseo, oh joya de las montañas, se cumple antes de que lo formules.
"

El rey se sintió tranquilo al ver que el Guru estaba dispuesto a complacerle, y le dijo:
"Mi señor, haz que Rama sea investido con los poderes reales; dame la orden para que se pongan en marcha los preparativos necesarios. Permite que este feliz suceso tenga lugar en vida mía para que todos puedan ser testigos de él.
Por la bendición del Señor, Shiva ha permitido que todo sea suave; éste es el único anhelo que hay en mi mente. Luego ya no me preocupará si este cuerpo sobrevive o no".

El sabio quedó agradado al oír estas palabras de Dasaratha, fuente misma de gozo y felicidad. Y dijo:
"Escucha, rey: la enemistad con Sri Rama trae el arrepentimiento, mientras que la adoración a Él es la única forma de aliviar el sufrimiento del corazón; Él está presente dondequiera que hay amor puro; y este mismo Señor Rama ha nacido como hijo tuyo.
Oh rey, no dejes pasar más tiempo, y haz todos los preparativos.
El día en que Rama sea proclamado regente será un día auspicioso y lleno de bendiciones.
"

El rey regresó jubiloso a palacio y reunió a sus siervos y consejeros incluido Sumantra.
Todos se postraron diciendo: "Victoria a ti; que vivas largo tiempo", y el rey les hizo la propuesta más hermosa que sus oídos pudieron escuchar.
Y les dijo: "Si esta propuesta es del agrado de todos, deseo que Sri Rama ocupe el trono".
Los consejeros se alegraron al oírlo, pues eran palabras que habían regado la pequeña planta de su deseo. Y los ministros le dijeron con las manos juntas: "Que sigas viviendo millones de años, oh soberano del mundo. Has concebido un plan que es fuente de felicidad para el mundo entero; así pues, señor, apresúrate y no pierdas tiempo".
El rey oyó con gusto las palabras de sus ministros, como si una joven enredadera hubiera obtenido el apoyo de una fuerte rama.

El rey dijo: "Todas las órdenes que el gran sabio Vasistha se complazca en darnos para la coronación de Sri Rama deben ser ejecutadas sin tardanza".

El gran sabio Vasistha les dijo alegremente:
"Traed agua de los principales lugares sagrados".
Y luego enumeró varios objetos auspiciosos como hierbas, raíces, flores, frutos, hojas, pieles de ciervo y telas de muchas clases, como lanas y sedas, joyas y otros numerosos artículos considerados útiles para la coronación de un rey.
Y detallando todo el procedimiento descrito en los Vedas, dijo:
"Levantad doseles por toda la ciudad y trasplantad en las calles mangos y plataneros con sus frutos. Pintad diseños hermosos en los suelos y llenadlos de joyas preciosas. Adorad al Señor Ganesha y a vuestro maestro, y a la deidad tutelar y rendid servicio a los brahmanes, verdaderos dioses de la Tierra.
"Preparad banderas y estandartes, arcos festivos y jarros, caballos, carros y elefantes.
"

Postrándose ante estas órdenes, todos se entregaron inmediatamente a su tarea correspondiente.
Cualquier deber que el sabio impusiera a un hombre era llevado a cabo tan pronto que parecía que lo tuviera hecho de antemano.
El rey adoró a los brahmanes, santos y dioses y realizó ritos por el bien de Sri Rama. En cuanto la gente se enteró que Sri Rama iba a ser entronizado, todo Ayodhya se inundó de música. Las señales de buen augurio se personificaban en Sri Rama y Sita: Sus graciosos cuerpos comenzaban a temblar.
Y sintiendo un estremecimiento de gozo se decían: "Las señales pronostican el regreso de Bharata. Han pasado muchos días y nuestro corazón anhela verle. Los augurios nos dicen que vamos a encontrarnos con un amigo muy querido, y no hay nadie tan querido para nosotros como Bharata: por tanto, los augurios sólo pueden significar una cosa".
Sri Rama recordaba sin cesar a Su hermano Bharata igual que la tortuga se fija día y noche en sus huevos.
Las doncellas del palacio se inundaron de alegría al oír estas buenas nuevas igual que las olas del océano comienzan sus juegos al ver a la pálida Luna.

Los que anunciaron estas noticias fueron recompensados con ornamentos y trajes. Estremecidos por la emoción y con el corazón colmado de éxtasis, las reinas empezaron a preparar los jarros festivos. La reina Sumitra pinto con harina de color hermosos diagramas con muchos diseños y los lleno de joyas. Desbordante de gozo, la madre de Sri Rama llamó a los brahmanes y los cargo de regalos. Adoro las divinidades de la ciudad y otros dioses y Nagas y prometiéndoles más ofrendas, les dijo: "Por vuestra misericordia, concededme un favor que asegure el bien de Sri Rama".
Doncellas de cara de luna y ojos de ciervo entonaban melodías de fiesta con voz tan dulce como las notas del cuco.

El rey llamó a Vasistha y le envió a los aposentos de Sri Rama para darle los consejos oportunos.
En cuanto el Señor de los Raghus, Sri Rama, se enteró de la llegada del Guru, acudió a la puerta y se inclinó a sus pies. Ofreciéndole agua para lavarse las manos, acomodó al sabio y le adoró en las dieciséis formas prescritas en los Vedas.
Luego, tomando sus pies, Sri Rama pronunció Su ruego:
"La visita del maestro a casa de su siervo es fuente de toda bendición y remedio de todos los males; sin embargo, mi señor, es más hermoso que el maestro llame a su siervo y le encargue una tarea, pues eso es obrar correctamente.
Pero, como mi Señor ha olvidado su autoridad y me ha mostrado su afecto al visitarme, mi casa ha sido santificada.
Estoy dispuesto a hacer lo que me ordenes, santo señor, pues el siervo sólo es feliz sirviendo a su maestro".


Al oírle, el sabio aplaudió al Jefe de los Raghus, y dijo:
"Sólo tú puedes hablar así, siendo como eres la joya de la raza solar".

Alabando la bondad y amabilidad de Sri Rama, el señor de los sabios, Vasistha, dijo conmovido:
"El rey lo ha dispuesto todo para la ceremonia de tu entronización, desea investirse con los poderes reales.
Rama, hoy debes guardar austeridad para que Dios lleve todo esto a feliz término
".

Cuando el Guru se fue, Sri Rama se sentía intranquilo, y pensaba: "Mis hermanos y yo nacimos juntos, y juntos hemos comido, dormido y jugado en nuestra niñez; hemos pasado por todas las ceremonias juntos. Lo único raro en todo esto es que sólo el hermano mayor sea instalado en el trono, con exclusión de los hermanos menores. [...]
Tras el pedido de la reina Kaikeyi al rey Dasaratha, Sri Rama parte hacia el exilio en los bosques:
[...] Después de hacer todos los preparativos para el viaje al bosque, el Señor, acompañado de Su Esposa y Su hermano se postró a los pies de los brahmanes y del maestro Vasistha, luego se fue, dejando a todos desconcertados.

Saliendo del palacio, el cortejo se detuvo a la puerta de Vasistha y encontraron a la gente abrasada por el fuego de la separación.
El Héroe de los Raghus consoló a todos y luego convocó a los brahmanes.
Pidió a Su maestro que les diese alimento por un año y cautivo sus corazones con amabilidad, regalos y humildad.
Dio regalos y atenciones a los mendigos y sació a Sus amigos de amor puro.
Luego llamo a Sus siervos y siervas y, confiándolos al cuidado de su Guru, le hablo con las manos unidas:
"Mi señor, te ruego que les cuides y atiendas como si fueras su propio padre y madre".

Sri Rama se dirigía a cada uno de los presentes y les decía
"Solo es mi amigo fiel aquel que sirve al rey y le tranquiliza.
Cuidad, amados ciudadanos, de que ninguna de mis madres quede sumida en el sufrimiento por estar separada de mi".


Rama consoló así a todos y Se postró a los pies de loto de su maestro.
Invocando al Señor Ganapati, a la Diosa Gauri, Parvati, y al Señor de Kailasa, y recibiendo las bendiciones de Su Guru, el Señor de los Raghus partió. [...]
Tras la muerte del rey Dasaratha:
[...] El sabio Vasistha narró una serie de leyendas apropiadas para la ocasión y con la luz de su sabiduría disperso la penumbra que se cernía sobre ellos.
El sabio hizo llenar un bote de aceite y mandó que colocasen en él el cuerpo del rey para que no se descompusiera.
Luego reunió mensajeros y les dijo:
"Id rápidamente a Bharata, pero no reveléis a nadie lo ocurrido al rey. Acercáos a Bharata y decidle esto: 'El preceptor ha enviado a buscar a tus hermanos'".
Al oír las órdenes del sabio, los mensajeros partieron con una velocidad que avergonzaría al más rápido corcel.

///
Vasistha aconsejó a Bharata y le hablo con palabras de sabiduría:
"Querido hijo, ten valor, y haz lo que requiere la ocasión."
Al oír a su preceptor, Bharata se levantó y pidió que lo dispusieran todo.
Hizo que se lavara el cuerpo del rey según los ritos védicos y le preparó un funeral espléndido.
Tomando los pies de sus madres, Bharata les dijo que se abstuvieran de ascender a la pila funeraria; se quedaron todos con la esperanza de ver a Sri Rama. Llegaron muchos cargamentos de madera de sándalo, aceites y diversas y excelentes hierbas aromáticas. La pira se erigió artísticamente a orillas del río Sarayu, y parecía una hermosa escalera que llevara al cielo. Así se realizaron los ritos de la cremación, y luego los asistentes al funeral se bañaron y ofrecieron al alma que había partido agua y un puñado de semillas de sésamo. Luego realizaron la ceremonia de Dasagatra.
Todas las órdenes que daba el gran sabio Vasistha eran obedecidas con toda exactitud por Bharata.
Concedió toda clase de regalos para alcanzar la pureza.
Y dio vacas, caballos, elefantes, tronos, ornamentos, trates, granos, tierras, dinero y casas.
Y los dioses de los brahmanes, al recibirlos, quedaron satisfechos.

Los ritos que realizó Bharata en beneficio de su padre eran más de los que pudieran contar cien mil lenguas.
Luego vino el gran sabio Vasistha y reunió a todos los ministros y la élite de la ciudad.
Se dirigieron todos a la sala del consejo y se sentaron allí. También fueron llamados los dos hermanos, Bharata y Satrughna.

Vasistha sentó a Bharata a su lado y le habló sabia y piadosamente.
Primero, el gran sabio repitió la historia de la crueldad de Kaikeyi y pagó tributo a la promesa de piedad y sinceridad del rey Dasaratha, que permaneció fiel a su amor a pesar de costarle la vida.
Y mientras el gran ermitaño hablaba de las virtudes de Sri Rama, los ojos se le llenaron de lágrimas, y un estremecimiento corría por su cuerpo. Y cuando hablo del amor de Lakshmana y Sita hacia Rama, el iluminado sabio desbordaba de dolor y emoción.

"¡Escucha, Bharata: el destino es incomprensible! -exclamó con amargura el señor de los sabios - Pérdida y ganancia, vida y muerte, gloria e infamia, todo está en manos de la Providencia.
Por lo tanto, ¿a quién vamos a culpar? y, ¿con quién vamos a enfadarnos sin motivo?.
Considera, hijo mío, que no merece la pena llorar al rey Dasaratha.

Despreciable es el brahmán que ignora los Vedas, abandona sus deberes y queda atrapado en los placeres sensuales; es despreciable el rey que no tiene conocimiento de la política y que no ama a su pueblo como a su propia vida; despreciable es el Vaisya que es tacaño, y que no es hospitalario ni tiene devoción al Señor Shiva; despreciable es el Sudra que no respeta a los brahmanes, se siente orgulloso de su conocimiento y ama ser alabado.
Despreciable es la mujer que engaña a su propio marido, es retorcida y sigue su propio deseo; despreciable es el estudiante religioso que rompe su promesa y no obedece las órdenes de su preceptor.
Despreciable es el padre o madre que por ignorancia descuida su deber, y despreciable es el recluso que está apegado al mundo y carece de discreción y desapego.
Despreciable es el anacoreta que deja de hacer penitencia y desarrolla el gusto por los lujos; despreciable es el murmurador que se enfada sin razón y es enemigo de sus padres, preceptor y hermanos.
Totalmente despreciable es aquel que hace daño a los demás, cuida sólo de si y no tiene corazón.
E igualmente despreciable es aquel que no está entregado sinceramente a Sri Hari.
Pues su gloria está manifestada en las catorce esferas. Nunca hubo, ni hay, ni habrá, un monarca como tu padre, Bharata.
Brahma, Vishnu, Shiva, Indra y los vigilantes de los cuatro rincones del globo, todos cantan la gloria del rey Dasaratha.

Dime, querido niño, ¿quién puede glorificar a aquel que engendró hijos tan piadosos como Rama, Lakshmana, Satrughna y tú mismo?
El rey fue bendecido en todos los aspectos; no es necesario lamentarse por él.
Así pues, no te apenes más y obedece fielmente la orden del rey.

El rey te ha dado la soberanía; por tanto, te corresponde hacer realidad las palabras de tu padre, que abandonó a Rama para cumplir su promesa y dejo su cuerpo por la angustia de la separación de Rama.
El rey amaba su palabra más que su propia vida, por tanto, hijo, cumple la palabra de tu padre.

Obedece su orden; esto te hará mucho bien.
Parasurama ejecutó la orden de su padre, y mató a su propia madre todo el mundo fue testigo de esto.
El hijo de Yayati, Puru, cambió su propia juventud por la vejez de su padre y no incurrió en ningún pecado ni culpa, pues lo hizo por obedecer la orden de su padre.

Aquellos que cuidan la palabra de su padre, sin que les importe si es razonable o no, alcanzan la felicidad y el buen renombre y habitan en la morada de Indra, Señor de los inmortales.

Así pues, cuida de sus súbditos y no sufras más. Así El rey que está en el cielo, se tranquilizará y tú ganarás méritos, sin ser culpable de nada.
Es bien sabido en los Vedas que la corona va a aquel a quien el padre la concede.
Por tanto, gobierna el reino, no sientas remordimiento y acepta mi consejo.

Rama y Sita se complacerán al saberlo, y ningún hombre sabio te criticara.
Kausalya y todas las madres también se alegrarán al ver feliz a la gente. Y el que conozca la unión suprema que existe entre tú y Rama será bondadoso contigo.

Cuando Rama vuelva, podrás ofrecerle el reino y servirle con todo tu amor."

Reuniendo valor, Kausalya dijo:
"Buena y saludable, hijo mío, es la orden de tu Guru; debe ser respetada y obedecida, pues te llevará al bien.
Cesa ya de lamentarte. El Señor de los Raghus está en el bosque y el rey con los dioses en el cielo, mientras que tú, hijo, dejas paso al abatimiento.
Eres el único apoyo de tu familia, súbditos, ministros y de tus madres.
Te aconsejo que tengas valor, considerando que todo es debido a la adversidad del destino.
Obedece a tu Guru y alivia a tu familia del dolor".

Bharata escuchó las palabras de su preceptor que calmaron su corazón como pasta de sándalo.
Luego escucho a la madre, llena de bondad, afecto e inocencia. [...]
Bharata responde al consejo de Vasistha:
[...] "Mi Guru Vasistha, como todo el mundo sabe, es un océano de sabiduría; el universo es como una ciruela en la palma de su mano.
Incluso él está haciendo preparativos para mi coronación cuando el Destino es adverso, todos se vuelven hostiles.
Excepto Sri Rama y Sita, nadie en este mundo dirá que este plan no contó con mi aprobación.
Debo escuchar y soportar todo esto con ecuanimidad, pues dondequiera que hay agua, también debe haber barro. No tiemblo al pensar que el mundo me llamará ruin, y el otro mundo tampoco me preocupa mucho.
Sólo hay una angustia terrible que aqueja mi corazón: que Sita y Rama pasen penalidades por mi culpa. Lakshmana ha recogido el premio de su existencia, pues olvidándose de todo, ha fijado su mente en los pies de Sri Rama. Y en cuanto a mí, nací para desterrar a Sri Rama; y me lamento en vano, pues soy un miserable.
Me inclino ante todos vosotros y os confieso mi terrible amargura. A menos que contemple los pies de Sri Rama, la agonía de mi alma no desaparecerá.

No encuentro otro remedio. ¿Quién sino el Rey de los Raghus sabe lo que pasa en mi corazón?
Sólo hay una decisión en mi corazón: al amanecer iré a ver al Señor.
Aunque soy un vil ofensor y estoy en la raíz de todos los males, cuando el Señor me encuentre en actitud suplicante, perdonará todas mis faltas y derramará su preciosa gracia sobre mí.
El Señor de los Raghus es la encarnación de la bondad, mansedumbre, extrema inocencia, compasión y amor. Sri Rama nunca insulta, ni siquiera a sus enemigos, así que a mí tampoco me despreciará, pues sólo soy un niño, un siervo, aunque le sea hostil.
Así pues, permitid que me vaya y bendecidme sabiendo que será por mi bien, ya que al escuchar mi súplica y reconocerme como su siervo, Sri Rama podrá volver a su capital.

Aunque he nacido de una madre cruel, y yo mismo soy culpable y orgulloso, tengo confianza en Sri Rama y sé que nunca me abandonará, pues sabe que soy suyo." [...]
Bharata y su comitiva se encuentran con Sri Rama en los bosques:
[...] Al ver a Sita y a todas las reinas madres conmovidas por la emoción, el sabio Guru las invitó a sentarse.
Declarando que la naturaleza del mundo es ilusoria, el señor de los sabios pronunció unas palabras sobre temas espirituales.
Anunció después que el rey había subido al cielo y el Señor de los Raghus quedó profundamente apenado al oírlo.
Al pensar que el rey había muerto por amor hacia Él, el más firme de los firmes se sintió muy conmovido. Al oír las desagradables noticias, crueles como el rayo, Lakshmana, Sita y todas las reinas estallaron en lamentos. Más aún, toda la asamblea quedó sumida en el dolor, como si el rey hubiera muerto aquel mismo día.

El mayor de los sabios
confortó entonces a Sri Rama, quien con todos los allí presentes se bañó en la corriente celestial. El Señor ayunó ese día, absteniéndose incluso de tomar agua, y los demás tampoco tomaron ni una sola gota de agua a pesar de los consejos del sabio.
Al amanecer, el Señor, Deleite de los Raghus, hizo reverente y devotamente todo cuanto el sabio le pidió que hiciera.

Tras celebrar las exequias de su padre tal y como se describe en los Vedas, el Señor que era como el Sol para la oscuridad de los pecados, quedó puro de nuevo.
El Señor, cuyo verdadero Nombre es como fuego para el algodón de los pecados y cuyos pensamientos son la raíz de las mejores bendiciones, se purificó al igual que la corriente celestial se consagra al atraer hacia sí misma a otras aguas sagradas: tal es el veredicto de los santos.

Transcurridos dos días desde la purificación, Sri Rama dijo afectuosamente al Guru:
"Mi Señor, todos se encuentran en una penosa escasez, teniendo que alimentarse tan sólo de bulbos, raíces, frutas y agua. Viendo a Bharata y a su hermano menor, Satrughna, a los ministros y a todas mis madres, cada minuto que pasa se me hace como un siglo.
Os ruego por tanto que regreséis con todos a la ciudad; porque si vos estáis aquí, y el rey mi padre en el cielo, no hay nadie que cuide de la ciudad.
Ya he hablado demasiado y esto supone una grosera presunción por mi parte, ahora, Señor, haced lo que sea correcto".


"No es extraño, Rama, que hables así, siendo como eres un baluarte de virtud y una fuente de compasión.
Pero con lo apenada que está la gente, dejémosles que se consuelen disfrutando de tu presencia durante un par de días más.
"
///
La pregunta que inquietaba ahora a todos era: "Oh cielos, regresará Rama a Ayodhya?"
Bharata no dormía de noche ni comía de día, perturbado como estaba por una devota ansiedad, de forma semejante a como un pez en una ciénaga poco profunda se angustia por la escasez de agua.

"Fue el destino disfrazado de mi madre el que tramó esta desgracia, semejante a una cosecha de algodón ya madura, hasta para ser recolectada y que se ve acechada por alguna peste.
¿Cómo podrá llevarse a cabo la coronación de Rama?
No puedo encontrar ningún plan para asegurarme de que suceda.
A buen seguro que regresaría por obediencia a las órdenes del Guru, pero el sabio sólo pediría a Sri Rama que regresara si supiera que a Él le agradaría hacerlo.

¿El Señor de los Raghus regresaría incluso ante el ruego de su madre, pero acaso ésta se lo pedirá?
En cuanto a mí soy tan sólo su vasallo y como tal no cuento para nada. Por si fuera poco, he caído en desgracia y la Providencia está en contra mía.
Seguir mi propia voluntad sería un gran pecado, pues el deber de un sirviente es más arduo que levantar el monte Kailasa, la morada misma de Shiva".

Bharata no podía decidirse por ningún plan y se pasó toda la noche sumido en especulaciones.
Al romper el día se bañó, inclinó su cabeza ante el Señor e iba a sentarse a su lado cuando vinieron a buscarle de parte del sabio Vasistha.
Postrándose a los pies de loto de su preceptor y recibiendo la autorización de éste, Bharata se sentó y al rato, los brahmanes, la élite de la ciudad, los ministros y demás consejeros fueron llegando y se reunieron allí.

El mayor de los sabios, Vasistha, habló en términos adecuados a la ocasión:
"Escuchad oh consejeros, y tú, sabio Bharata: El sol de la raza solar, el rey Rama, poseedor de todas las virtudes, que no depende de nadie más que de sí mismo, es el todopoderoso.
Sri Rama es fiel a su palabra y mantiene el nivel de moralidad prescrito en los Vedas; su venida es ya por sí sola fuente de bendiciones para el mundo.
Obediente a las órdenes de su preceptor y de sus padres, arrasa los ejércitos de los perversos y es amigo de los dioses. Nadie mejor que Rama conoce los cánones de conducta, el amor, la meta suprema de la vida, los intereses mundanos. Brahma, el Creador, Hari el Preservador, y Hara, el Destructor del Universo, el dios de la Luna, el dios del Sol y los guardianes de las diversas tierras, Maya, el poder ilusorio de Dios, Jiva, el alma individual, las distintas formas del Karma, el residuo de las acciones, y el Tiempo Espíritu, Sesa, el señor de las serpientes, los dirigentes de la Tierra y cualquier otro poder que exista, incluyendo la realización del Yoga que se exalta en los Vedas y en otras escrituras, medítalo en tu corazón y tenlo bien en cuenta, quedan supeditados a las órdenes de Sri Rama.

Llevar a cabo las órdenes de Sri Rama y respetar sus deseos, nos beneficiará a todos.
Considerad esto, oh hombres sabios y haced aquello que unánimemente decidáis.
La coronación de Sri Rama será un gran placer para nosotros; éste es el único camino que conduce a la felicidad y la alegría. ¿Cómo podemos persuadir al Señor de los Raghus para que regrese a Ayodhya?
Pensad sobre esto y contestadme para que podamos tomar la misma resolución
"

Todos escucharon con reverencia las palabras del sabio, tan llenas de prudencia y sabiduría espiritual y útiles en la misma forma desde el punto de vista mundano.
Pero no aparecía respuesta alguna: la gente se había quedado sin habla.
Entonces Bharata inclinó su cabeza y juntando palmas de las manos empezó a hablar de esta manera:

"La raza solar ha producido muchos reyes, cada uno de ellos muy superior a los demás. Del nacimiento de todos son responsables el padre y la madre, en tanto que es Dios el que otorga el buen o mal fruto de sus acciones.
Tu bendición, como todo el mundo conoce, borra la tristeza y confiere toda clase de bendiciones.
Al igual que tú sólo, mi señor, alteras el curso de la Providencia, nadie puede cambiar lo que tú has decidido.
¡Y sin embargo me pedís consejo en momento tan crítico! Esta es mi desventura".

El corazón del Guru desbordo de amor al escuchar estas palabras tan llenas de amor.

"Lo que acabas de decir es cierto sin duda alguna, hijo mío, pero todo se debe a la gracia de Sri Rama.
Aquel que es hostil a Rama nunca puede soñar con el éxito.
Dudo en decir te esto: el sabio desiste de una mitad cuando halla el todo en peligro.
Tú y tu hermano Satrughna retiraos a los bosques, hasta que Lakshmana, Sita y el Señor de los Raghus puedan regresar.
"

Los dos hermanos, Bharata y Satrughna, se regocijaron al escuchar estas agradables palabras; todo su ser se llenó de dicha. Sus corazones estaban llenos y su cuerpo irradiaba resplandor como si el Rey Dasaratha hubiera vuelto a la vida de nuevo y Rama hubiese sido coronado rey.
La gente pensó que saldrían ganando mucho y que su pérdida seria, comparada con esto, pequeña.
Las reinas-madre, sin embargo, lloraban porque su pena igualaba su alegría.

"Obedeciendo las órdenes del Guru -observó Bharata-, uno obtiene el fruto de favorecer a todas las criaturas del mundo. Permaneceré toda mi vida en el bosque; no concibo mayor felicidad que ésta.
Rama y Sita tienen acceso a todos los corazones y tú eres omnisciente y sabio. Si lo que dices es verdad, cumple entonces con tu palabra, mi señor."

Al escuchar las palabras de Bharata y viendo su amor, el sabio y toda la asamblea quedaron extasiados.
La gloria de Bharata semejaba un océano y el entendimiento del sabio permanecía en su orilla como una mujer desvalida que anhelaba cruzarlo y buscaba el modo de hacerlo, pero que era incapaz de encontrar ningún barco, nave o bote.
¿Quién entonces, puede glorificar a Bharata? ¿Acaso puede el océano ser contenido entre las paredes de una pequeña balsa?
El sabio estaba complacido con Bharata en lo más profundo de su corazón; y de esta forma, y acompañado de toda la asamblea, se acercó a Sri Rama.

El Señor le hizo reverencia y le ofreció un asiento de honor; con la venia del sabio, todos se sentaron.
Entonces el gran sabio se expresó con frases bien consideradas y apropiadas al momento, lugar y circunstancias:

"Rama, eres omnisciente y sabio, y fuente inagotable de piedad, prudencia, virtud y conocimiento.
Tú moras en el corazón de todos y conoces nuestras intenciones buenas y malas. En consecuencia, dinos la forma en que los ciudadanos, tus madres y también Bharata puedan ser beneficiados.
Los afligidos nunca hablan con premeditación. Un tramposo descubre su propio juego
".

Al escuchar las palabras del sabio, el Señor de los Raghus replicó:
"Mi señor, la solución se encuentra en tus propias manos. Todos resultarán beneficiados conociendo tus deseos, llevando a la práctica tus requerimientos y acatándolos de buen grado.
En primer lugar, llevaré a cabo reverentemente todas las órdenes e instrucciones que me sean dadas.
Y luego, mi señor, todo el que reciba alguna orden tuya va a dedicarse por entero a tu servicio".


Dijo el sabio:
"Lo que has dicho es cierto, Rama, pero el amor de Bharata me ha desarmado.
Es por eso que lo repito una y otra vez, mi discernimiento ha sido capturado por la devoción de Bharata.
A mi entender, pongo a Shiva por testigo, todo lo que hagas con la debida deferencia a los deseos de Bharata, será para bien.
Escucha con atención la humilde sumisión de Bharata y después piensa sobre ello.
De nuevo, considerando el punto de vista mundano y las conclusiones de los santos, así como las de la ciencia política y los Vedas, haz lo que ellos te ordenen
".

Sri Rama quedó profundamente complacido al ver afecto del Guru por Bharata.
Sabiendo que Bharata era una fuente de virtudes y Su servidor en pensamiento, palabra y obra, Él pronunció palabras que fueron dulces, blandas y agradables, así como en armonía con las órdenes del Guru:
"Mi Señor, juro ante ti y ante los pies de mi padre que en todo el mundo no ha existido un hermano como Bharata, Aquellos que son devotos de los pies de loto de su preceptor reciben las más altas bendiciones, tanto desde el punto de vista del mundo como de los Vedas. Quién puede ensalzar la buena suerte de Bharata, por quien albergas tanto amor! Sabiendo que es un hermano menor, mi mente se rebela cuando pronuncio estas alabanzas en su presencia. Desde luego que hacer lo que él, sugiera será beneficioso para nosotros" . Una vez pronunciadas estas palabras, Sri Rama guardó silencio.

Entonces el sabio dijo a Bharata: "Abandona todo escrúpulo, mi querido hijo. Manifiesta a tu amado hermano, que es un océano de bondad, lo que alberga tu corazón".

Al escuchar las palabras del sabio y descubrir lo que había en la mente de Sri Rama, Bharata quedó satisfecho de que su preceptor y maestro le fueran tan sumamente favorables.
Al mismo tiempo se dio cuenta de que toda la responsabilidad había sido depositada sobre sus hombros.
Debido a ello no podía pronunciar una sola palabra y se quedó pensativo.
Temblando de pies a cabeza se levantó ante la asamblea y lágrimas de amor brotaron de sus ojos de loto.
"El señor de los sabios ya ha dicho cuanto yo tengo que decir.
No tengo nada que pueda añadir. Conozco el carácter de mi maestro, que nunca se enoja, ni siquiera con el ofensor.
Conmigo ha sido especialmente bueno y cariñoso; ni siquiera bromeando le he visto poner mala cara.
Desde mi infancia nunca he dejado su compañía y en ningún momento hizo que se enfriaran mis ánimos.
He realizado en mi corazón el benévolo comportamiento de mi señor, quien me haría ganar un juego a pesar de que ya lo hubiese perdido.
Turbado por amor y modestia nunca mencioné ante él palabra alguna. Y mis ojos, que han estado amorosamente sedientos por contemplarle, todavía hoy no han sido saciados.

Pero el destino no pudo soportar el verme tratado con afecto. Con la desgracia de mi indigna madre, Dios creó una separación entre nosotros.
Hoy no me corresponde ni tan siquiera decir esto, pues quién ha llegado a ser reconocido como bueno e inocente en base a su propia estimación?
Abrigar el pensamiento de que mi madre es perversa mientras que yo soy virtuoso y recto equivale en sí mismo a un millón de malas prácticas. Acaso una espiga de la planta de Kodo puede producir buen arroz y una oscura concha bivalva puede producir una perla?
Ni siquiera en sueños se atribuya a nadie ni una chispa de culpa. Mi mala suerte es tan insondable como el océano.
En vano atormente a mi madre vituperándola, sin estimar las consecuencias de mis propios pecados. He recorrido mentalmente todas las vías posibles, pero me siento frustrado.
Sólo hay una esperanza para mi salvación: Vuestra santidad es mi preceptor, y Sita y Rama son mis maestros.
Esto es lo que me hace presumir que todo estará bien al final.

Aquí, en la compañía de los santos, en la presencia de mi preceptor y maestro y en este santo lugar hablo con buena fe.
Si hay amor en mi corazón o por el contrario es todo hipocresía y si lo que estoy diciendo es verdad o mentira, es bien conocido, tanto por el sabio como por el Señor de los Raghus.
Todo el mundo dará testimonio, por un lado, de que el rey ha muerto como resultado de su amor incondicional y por otro lado, por el intento maligno de mi madre. Las reinas madre se hallan en tal estado de tristeza que no puedo soportar el mirarlas, mientras que los hombres y mujeres de la ciudad se están quemando en una profunda agonía.
He escuchado decir, y me he dado cuenta de que soy la raíz de toda esta pesadumbre y en consecuencia he sobrellevado todo el sufrimiento. Para colmo de males, cuando oí que cubierto con ropas de ermitaño y acompañado de Lakshmana y Sita, el Señor de los Raghus se había encaminado a los bosques a pie y descalzo, el Dios Sankara es mi testigo de que sobreviví hasta a ese golpe.
Por si ello fuera poco, cuando presencié el amor de los Nisadas, mi corazón, que es más duro que el diamante, no quiso romperse.
Y ahora lo he visto todo con mis propios ojos y por tanto tiempo como viva, mi estúpida alma me va a someter a toda clase de sufrimientos.
¡Qué puedo decir yo de Rama, Lakshmana y Sita, ante cuya presencia hasta las serpientes y escorpiones del camino se olvidan de su virulento veneno y de su indomable sana!

Así que, a quién debería la Providencia infligir un severo dolor sino al hijo de Kaikeyi, que consideró a Rama, Lakshmana y Sita como sus enemigos?"

Al escuchar el excelente y completamente desapasionado discurso de Bharata, que estaba lleno de agonía y amor, de humildad y prudencia, todos quedaron inmersos en gran pesar y la asamblea se entristeció como si un lecho de lotos hubiera sido asolado por una helada.
El iluminado sabio confortó a Bharata con la narración de antiguas leyendas de diversos tipos y el Deleitador de los Raghus, que era una verdadera luna para las azucenas de la raza solar, pronunció palabras que fueron convenientes y apropiadas:

"Te siento humillado en espíritu sin razón alguna, querido hermano; debes saber que el destino de las almas yace en las manos de Dios.
Para mi mente, hombres de santa reputación en las tres esferas de la creación pertenecientes al pasado, presente y futuro son pigmeos ante ti, querido mío. Quien te atribuya malevolencia, siquiera en su corazón, se arruinará en este mundo así como en el otro.
Así como a la madre Kaikeyi sólo la culpan quienes no han servido al Guru ni a la asamblea de santos, con la simple invocación de tu nombre serán destruidos todos los pecados y errores y toda la multitud de males; y no sólo eso, sino que traerá como acompañamiento una reputación intachable en este mundo y felicidad en el otro.

Con el Señor Shiva como testigo, diré la verdad con buena fe, Bharata: la tierra está siendo sostenida por ti.
Te ruego que por ningún motivo consientas hipótesis falsas sobre ti mismo, amado mío, el odio y el amor no pueden confundirse aunque se trate de disimularlos.
Los pájaros y animales se acercan a los ermitaños, mientras que escapan ante la presencia de un cazador que les atormenta.
Hasta los animales y los pájaros pueden distinguir entre un amigo y un enemigo: qué puede decirse del cuerpo humano, que es un tesoro de virtud y conocimiento.
Te conozco perfectamente bien, querido hermano; pero, ¿qué debo hacer? Hay una gran perplejidad en mi mente.
El rey, como sabes, mantuvo su palabra y me abandonó; no sólo eso, sino que entregó su vida para mantener su voto de amor.
Me siento mentalmente perturbado si procedo a violar su palabra y mis escrúpulos son aún mayores en lo que a ti respecta.
Además, mi preceptor me ha comunicado sus órdenes. En cualquier caso estoy preparado para hacer lo que tú sugieras.
Con un corazón gozoso y abandonando todo escrúpulo dime lo que debo hacer y lo llevaré a cabo hoy mismo".


La asamblea se alegró al escuchar estas palabras de Sri Rama, el jefe de la estirpe de los Raghus, que era siempre fiel a su palabra. Indra, el rey de los cielos, y multitud de otros dioses temblaron atemorizados, sintiéndose perturbados por el pensamiento de que todos sus designios iban a malograrse. Estaban completamente anonadados.
Finalmente, se acercaron mentalmente a Sri Rama en busca de protección. Por otra parte, deliberaban unos con otros y decían que el Señor de los Raghus estaba bajo el hechizo de la devoción de Sus devotos. Recordando la historia de Ambarisa y Durvasa, los dioses, junto con su señor Indra, quedaron sumidos en la desesperación.
En el pasado también los dioses habían sufrido durante mucho tiempo hasta que finalmente fue Prahlada quien descubrió al Señor Nrsimha.
Golpeándose la cabeza se decían al oído unos a los otros: "Los intereses de los dioses se hallan ahora en las manos de Bharata.
No vemos ninguna otra solución, oh dioses; nuestra única esperanza es que Sri Rama reconozca los servicios rendidos a Sus nobles servidores. Así pues, invocad todos a Bharata con un corazón lleno de amor, pues él ha conquistado a Sri Rama por su bondad y amabilidad".

Cuando el preceptor de los dioses, el sabio Brhaspati, se enteró de la intención de los dioses, dijo:
"¡Dios mío! Grande es vuestra fortuna. La Devoción a los pies de Bharata es la raíz de las mejores bendiciones de este mundo.
El servicio de un devoto del señor de Sita es tan bueno como cien vacas fértiles. Satisface todos los deseos de aquél.
Ahora que la devoción a Bharata se ha despertado, ya no tenéis que preocuparos de nada; pues Dios ha llevado a cabo vuestro propósito.
Ved la grandeza de Bharata, oh rey de los dioses: El Señor de los Raghus se encuentra de hecho completamente bajo su influencia. Sabiendo que Bharata es la sombra de Sri Rama, tranquilizad vuestras mentes, oh dioses; no hay causa para el temor".

El Señor, que tiene acceso a todos los corazones, se sintió incómodo cuando se enteró de la conferencia entre los dioses y su preceptor, el sabio Brhaspati, y de la ansiedad de los primeros.

Bharata sentía ahora en su corazón que toda la responsabilidad recaía en sus espaldas; en consecuencia, albergaba en su mente proposiciones de muy diversas clases.
Tras largas deliberaciones llegó a la conclusión de que su felicidad consistía en obedecer a Sri Rama.

"Él ha mantenido mi voto, renunciando al suyo propio y con ello ha mostrado una bondad y un amor muy grandes.
El Señor de Sita me ha favorecido grandemente y sin límites en todos los sentidos".
A continuación, inclinando su cabeza y juntando sus manos de loto, Bharata dijo:
"¿Qué puedo decir o poner en otras bocas, mi Señor, siendo como eres un océano de compasión y el conocedor de todos los corazones? Ahora que mi Guru se encuentra complacido y mi maestro, Tú mismo, está de mi parte, el tormento, que era creación de mi loca mente, ha desaparecido.
Estaba obsesionado por miedos imaginarios y mi ansiedad no tenía en absoluto fundamento. No es la culpa del Sol si alguien confunde los cuartos de la Luna.
Mi mala suerte, la perversidad de mi madre, los extraños senderos de la Providencia y la crueldad del destino, todos conspiraron con el declarado propósito de arruinarme, más Tú viniste a rescatarme redimiendo tu voto de proteger a Tus devotos, siendo como eres protector del que suplica.
Aunque esta forma de proceder no constituye nada nuevo en Ti; es algo bien conocido para el mundo así como para los Vedas y es un secreto abierto. Si el mundo entero es hostil y tan sólo Tú estás amablemente dispuesto, mi Señor, dime cómo otra bondad que no sea la tuya puede provocar mi bien?
Mi Señor, Tú eres de la misma naturaleza que el árbol del paraíso, que no está a favor ni en contra de nadie.

A todo aquel que se acerca al árbol del paraíso reconociéndolo como tal, la simple sombra de éste le libera de toda ansiedad. Cualquier ser de este mundo obtiene el objeto deseado sólo con pedirlo, ya sea príncipe o mendigo, bueno o malo.

Desde que he visto a mi Guru y a ti, mi maestro, tan encariñados conmigo, mi agitación ha desaparecido y ya no queda duda en mi mente.
Ahora, ¡0h tesoro de compasión!, da los pasos necesarios para que no te sientas perturbado a causa de tu sirviente.
El sirviente que busca su propio beneficio poniendo a su maestro en una condición embarazosa posee una mente mezquina.
Un sirviente sólo se beneficiará si sirve a su maestro renunciando a toda comodidad y orgullo personales.
Mi Señor, si vuelves a Ayodhya todos saldrán beneficiados. Y si obedeces Tus Órdenes seremos beneficiados en mil maneras. Obedecerte a Ti constituye el beneficio más elevado tanto material como espiritualmente; y no sólo eso, sino que es la consumación de todos los actos meritorios y el adorno del buen destino.
Mi Señor, escucha esta petición y luego actúa como lo estimes conveniente.
He traído conmigo, debidamente preparados todos los requisitos para la ceremonia de la coronación.
Hagamos uso de ellos, mi Señor, si ello es de tu complacencia.

Envíame al exilio con mi hermano menor Satrughna, y permite que todo el mundo se sienta seguro bajo tu protección.
O de otro modo, envía de vuelta a los dos hermanos menores y permíteme a mí acompañarte, mi Señor.
O como tercera alternativa, los tres hermanos podemos permanecer en el bosque y Sita y Tú podéis regresar a Ayodhya.
Haz, mi Señor, lo que agrade a Tu corazón, oh océano de misericordia. Has depositado toda la carga sobre mí, mi maestro, pero no poseo discernimiento ético ni idea alguna de religión.
Me motiva el interés propio en todo lo que digo; un hombre angustiado pierde sus sentidos. Hasta la misma vergüenza se avergonzaría de mirar a un servidor que elude el cumplimiento de una orden dada por su maestro.
Aunque soy un océano insondable de faltas, Tú, mi maestro, por afecto hacia mí me alabas como a un alma noble.
Ahora, oh ser misericordioso, acataré aquella proposición que salve a mi Señor de una situación embarazosa.
Sinceramente te digo, y lo juro por los pies de mi maestro, que ésta es la única forma de asegurar la felicidad del mundo.

Todos nosotros cumpliremos reverentemente con las órdenes que el Señor se complazca en darnos, con un corazón alegre y sin reserva alguna; toda injusticia y embrollo terminarán."

Los dioses se regocijaron al escuchar las desinteresadas palabras de Bharata y aclamándole con la expresión: "¡Bien dicho!" hicieron llover flores. La gente de Ayodhya se sintió muy desconcertada, en cambio los ascetas y la gente de los bosques estaban encantados. El Señor de los Raghus, que era muy considerado por naturaleza, permanecía callado y viendo Su silencio toda la asamblea se sintió turbada. [...]

Vasistha + Arundhati.