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Señor Vishnu

 

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Señor Vishnu

  • Consorte (1): Diosa Lakshmi
  • Consorte (2): Desconocido

   Otros nombres para Vishnu fueron Bhagavan Narayana y Señor Vasudeva.

  Descripción:

Aspecto preservador de Narayana, el Dios Supremo.
Su morada se llama Vaikuntha y su transporte es Garuda, el dios de las criaturas aladas.

También conocido como: Bindumadhava, Hari, Bhagavan Narayana, Señor Vasudeva, Visnu, Señor de Lakshmi, Sri Rãma.

  Observaciones y comentarios:

  • Una vez los sabios comenzaron a discutir sobre cuál de los tres Señores de la Creación, Brahma, Vishnu o Shiva, era el más grandioso.
    Para averiguarlo, enviaron al hijo de Brahma, Bhrgu, a visitar a las tres divinidades.

    Primero se dirigió a su propio padre, Brahma y no se postró ante él como hijo sumiso.
    Esto enfureció a Brahma, que, sin embargo, logró controlar su ira.
    De allí, Bhrgu fue a Kailasa, donde Sankara salió a recibirle con los brazos abiertos.
    Pero Bhrgu, esquivando su abrazo, dijo: "No me toques, pues has roto las convenciones sociales y las leyes de los Vedas".
    Al oírle, Shiva perdió la calma, y levantando Su tridente, se dispuso a matar al sabio; pero la Diosa Parvati intervino y Le apaciguó.
    Luego Bhrgu fue a Vaikuntha y encontró al Señor Vishnu reposando su cabeza en el regazo de Sri Lakshmi.
    Irrumpiendo en su habitación sin ningún protocolo, el sabio le dio una patada en el pecho.
    El Señor Todopoderoso se levantó rápidamente y rindiéndose ante Él, le pidió perdón por no haber estado preparado para darle la bienvenida.
    Luego, el Señor acarició el pie del sabio diciendo que se podía haber herido al golpear Su duro pecho.
    Desde entonces el Señor siempre ha llevado en Su pecho la huella del pie del sabio como marca de honor y señal indiscutible de Su ilimitada paciencia.
  • Swayambhuva Manu y Shatarupa se retiran a los bosques:
    [...] Con sus cuerpos demacrados y con ropas de ermitaños escuchaban diariamente los Puranas entre los santos que se reunían.
    Luego repetían con devoción la fórmula de las doce letras, y su mente estaba entregada a los pies de loto del Señor Vasudeva, el omnipresente Vishnu.
    ///
    El Señor omnisciente reconoció al rey y a la reina como siervos suyos.
    La pareja de ascetas dependía completamente de Él. Entonces, una voz muy profunda salió del cielo: "Pedid, pedid un deseo".
    La voz venía impregnada del néctar de la compasión, y era tan hermosa que infundía vida a los muertos.
    Al entrar en sus oídos y llegar a sus corazones, vieron que su cuerpo volvía a ser atractivo, ágil y fuerte como antes, como si vinieran de su casa.
    Cuando la pareja real oyó estas palabras, deliciosas al oído como el mismo néctar, el vello de su cuerpo se encrespó y una fuerte emoción recorrió sus miembros.
    Entonces, cayendo postrado al suelo, con el corazón desbordante de amor, Manu habló así:

    "Escucha Señor! Tú eres como un árbol conocedor de los deseos, y una vigorosa vaca para Tus ciervos.
    El polvo que hay bajo Tus pies es adorado por Brahma, Hari y Hara. Siempre estás dispuesto a servir, y eres fuente de todas las bendiciones.
    Eres el protector del suplicante y el señor de toda la creación, animada e inanimada.
    Oh amigo del desvalido, si tienes algo de amor por nosotros, concédenos este favor.
    La forma que mora en el corazón de Shiva, que es buscada por los sabios, y se pasea como un cisne en el lago de la mente de Bhusundi que es glorificado por los Vedas como el ser con y sin atributos, sé bondadoso con nosotros y deja que nuestros ojos se regocijen en esa forma, oh aliviador del dolor del que suplica."

    Las palabras suaves y humildes de la pareja real, impregnadas del néctar del amor, fueron del agrado del Señor.

    Entonces el Señor todopoderoso, que está lleno de amor por Sus devotos y es la fuente de compasión que invade todo el universo, se manifestó.

    Billones y millones de formas de Amor se ruborizaron al contemplar la elegancia de Su cuerpo moreno parecido a un loto azul por la suavidad de su piel, un zafiro por su brillo, y una nube oscura por su frescor.

    Su rostro, como la luna llena de otoño, era la perfección de la belleza. Sus mejillas y su barbilla eran preciosas y su cuello parecía una concha por su forma de espiral. Sus labios rojizos, sus dientes y su nariz eran muy hermosos. Su sonrisa hacía que los rayos de la luna se avergonzaran. Sus ojos poseían la belleza exquisita de lotos recién abiertos y su maravillosa mirada cautivaba el corazón, Sus cejas robaban la belleza del arco del Amor y una marca brillaba en Su frente. Pendientes en forma de peces colgaban de sus orejas y una corona adornaba Su cabeza, Sus rizos parecían un enjambre de abejas. Su pecho estaba sellado por una mata del peso rizado, y adornado con una hermosa guirnalda de flores silvestres, un collar de piedras preciosas y otras joyas, Su fuerte y firme cuello parecía el de un león, y el hilo sagrado pendía de él. Sus hermosos y largos brazos parecían la trompa de un elefante. Los adornos que llevaba eran también muy bellos. En la muñeca llevaba un carcaj, y en Sus manos una flecha y un arco.
    Sus vestidos dorados avergonzaban a los mismos relámpagos y Su vientre tenía tres pliegues, mientras que Su atractivo ombligo parecía los remolinos del Yamuna por su belleza.
    Sus pies de loto, que atraen las mentes de los sabios, estaban más allá de toda descripción.

    A Su izquierda brillaba Su energía primordial, Sita, eternamente entregada a Él, mina de belleza y fuente del universo.
    Sita era el mismo ser, del cual de un solo fragmento emanan innumerables Lakshmis, Umas y Brahmanis (Saraswatis), fuentes de virtudes, seres que con el mero parpadeo de sus ojos producen la existencia del cosmos.

    Manu y Shatarupa contemplaban sin pestañear la forma de Sri Hari, océano de belleza. Miraban y miraban con reverencia esa incomparable belleza y no se saciaban. Desbordantes de gozo perdieron conciencia de su cuerpo y cayeron al suelo, tomando los pies del Señor en sus manos. El hermoso Señor tocó sus cabezas con Sus manos de loto y los levantó enseguida.

    Entonces el compasivo Señor dijo:
    "Sabed que estoy muy satisfecho con vosotros, y ya que me reconocéis como el gran dador, pedid el deseo que queráis".

    Al escuchar las palabras del Señor, Manu juntó sus manos y, armándose de valor, habló con palabras suaves:
    "Ahora que hemos visto Tus pies de loto, todos nuestros deseos se han cumplido. Pero todavía queda en mi corazón un ardiente anhelo.
    Es fácil de cumplirse, y al mismo tiempo difícil de alcanzar; por ello no se puede expresar.
    Oh Señor, para Ti es fácil concederlo, pero debido a mi miserable condición, a mí me parece difícil de conseguir. Igual que cuando un pobre encuentra el árbol dador de deseos, se siente tímido de pedir mucha riqueza, mi corazón tiene una duda. Conociendo todos los corazones, Tú también conoces mi mente; por tanto, maestro, concédeme ese deseo".

    "Oh rey, pídeme sin reservas. No hay nada que no te vaya a dar."

    "Oh Supremo dador, gracioso señor, te voy a decir cuál es mi sincero deseo: me gustaría tener un hijo como Tú. No puedo ocultarte nada."

    Al ver su amor y escuchar sus valiosas palabras, el compasivo Señor dijo:
    "Así sea, pero ¿cómo voy a encontrar a alguien como Yo?
    Oh rey, yo mismo seré tu hijo
    ".


    Entonces, al ver a Shatarupa todavía con las manos juntas, dijo: "Oh buena mujer, pide lo que quieras".

    "Oh gracioso Señor, el deseo que el rey acaba de pedir es de mi absoluto agrado. Pero es una gran presunción, aunque a Ti te guste esa presunción, oh amigo del devoto.
    Tú eres el padre de Brahma y otros dioses, el señor del universo y el Ser Supremo que mora en todos los corazones.
    Sabiendo esto, mi mente está llena de duda, pero lo que Tú has dicho es infalible.
    Oh mi maestro, la dicha que tus devotos gozan y la meta que alcanzan, oh Señor, concédeme por Tu misericordia esa misma dicha, ese mismo destino, la misma devoción, el mismo apego a Tus pies, la misma visión y el mismo modo de vivir."

    Al escuchar las dulces y atrayentes palabras de Shatarupa, el gracioso Señor replicó:
    "Yo quiero concederte cualquier deseo que tengas en tu mente; no debes dudarlo.
    Madre, por Mi gracia, tu excelente sabiduría nunca decaerá.
    "


    Postrándose a Sus pies, Manu habló de nuevo:
    "Señor, tengo que pedirte otra cosa.
    Deja que me apegue a Tus pies, igual que uno se apega su hijo, aunque alguien me pueda llamar loco.
    Igual que la serpiente no puede vivir sin la mega en su cabeza y el pez muere sin agua, haz que mi vida dependa completamente de Ti, que no pueda sobrevivir sin Ti".

    Tras esta petición, el rey siguió agarrado a los pies del Señor hasta que el Todopoderoso dijo:
    "Que así sea. Ahora obedeciendo mi mandato, id y habitad en la capital de Indra.
    Después de disfrutar allí durante largos años, nacerás siendo rey de Ayodhya; entonces, querido padre, yo seré tu hijo.
    Tomando voluntariamente forma humana Me manifestaré en tu casa, Encarnándome en un cuerpo realizaré hermosas obras que serán causa de gozo para Mis devotos.
    Al escuchar esas hazañas con reverencia los bienaventurados cruzarán el océano de la existencia mundana renunciando al sentimiento de posesión y a la arrogancia.
    Esta Maya que es la energía primordial que ha creado el universo, también Se manifestará.
    Así haré que se cumpla tu deseo, y esta promesa Mía nunca, nunca, se romperá.
    "


    Repitiendo esto varias veces, el hermoso Señor desapareció de su vista. [...]
    El sabio Yajñavalkya le cuenta a Bharadwaja cómo el Señor Vishnu le dio una lección al orgulloso sabio Narada:
    [...] En las montañas del Himalaya había una cueva muy sagrada; cerca de ella corría el hermoso río celestial.
    Esta ermita tan santa y bella atraía mucho la mente del sabio celestial Narada.
    Al ver la montaña, el río y el bosque, su corazón comenzó a sentir amor por los pies del señor de Lakshmi.
    El pensamiento en Sri Hari rompió el encanto de la maldición pronunciada por Daksha, que no le permitía quedarse en un lugar; y su mente, pura por naturaleza, entró en éxtasis.

    Al ver el estado del sabio, Indra sintió aprensión.
    Llamando al dios del amor, le recibió con gran honor y le dijo: "Te pido que vayas con tus compañeros".
    El dios del amor partió muy contento.

    Indra temía que el sabio celestial quisiera ocupar su puesto. Los avariciosos siempre tienen miedo de todos como el malvado cuervo.
    Igual que un perro tonto, al ver al rey de los animales, sale huyendo con un hueso seco, temiendo en su ignorancia que el león se lo robe, Indra, libre de escrúpulos, actuó de esa forma.

    Cuando el dios del amor llegó a la ermita, con su poder ilusorio hizo que surgiera la estación primaveral.
    Capullos multicolores aparecieron en los árboles; los cucos cantaban y las abejas zumbaban.
    Brisas deliciosas, frescas, suaves y fragantes soplaban, avivando el fuego de la pasión.
    Rambha y otras doncellas celestiales, de aspecto siempre joven, y expertas en amoríos, cantaban dulces melodías y se entregaban a muchos juegos, con una pelota en la mano.
    El dios del amor se sentía feliz de ver a sus compañeros y empleaba muchos trucos engañosos.
    Pero estos trucos no producían ningún efecto en el sabio.
    Cupido, sintiéndose culpable, tenía miedo de su propia destrucción.
    ¿Cómo se puede atrever alguien a traspasar las fronteras de aquel que tiene como protector al Señor de Lakshmi?
    Sintiéndose decepcionados, el dios del amor y sus amigos conocieron su derrota y se agarraron a los pies del sabio, hablándole con profunda humildad.

    En la mente de Narada no había ira, tranquilizó al dios del amor hablándole con palabras amistosas.
    Luego, postrando su cabeza a los pies del sabio y obteniendo su permiso, el Amor partió con sus compañeros.
    Al llegar al reino de Indra le contó, por un lado sus intentos, y por, otro la bondad del sabio.
    Al oír su relato, todos se quedaron admirados; alabaron al sabio y se postraron ante Hari.

    Entonces Narada fue a ver a Shiva; estaba orgulloso de su victoria y le habló de todos los trucos del amor.
    Sabiendo que él era su mejor amigo, el gran Señor Shiva le aconsejó así:
    "Oh sabio, te lo pido una y otra vez, nunca cuentes esta historia a Hari como me la has referido a mí. Aunque surja la ocasión, por favor, guárdatela."

    El consejo de Sambhu era muy sabio, pero no agradó a Narada.

    Escucha ahora, Bharadwaja, lo que ocurrió. La voluntad de Hari siempre prevalece.

    Sólo prevalece la voluntad de Sri Rama, nadie la puede alterar. El consejo de Sambhu no fue tenido en cuenta por el sabio.

    Narada fue a la morada de Brahma y luego, cantando las glorias de Sri Hari y acompañándose por la hermosa tampura que llevaba en sus manos, el señor de los sabios, Narada, maestro en la música, se dirigió al océano de la leche, donde se halla la morada de Bhagavan Narayana, que es la personificación de Vedanta.
    La morada de Rama se levantó para recibirle lleno de alegría y compartió su asiento con el sabio.
    El Señor de toda la creación, animada e inanimada, dijo con una sonrisa: "Has tardado mucho en concederme este favor, querido sabio".
    Narada le contó las obras del amor, aunque Shiva se lo había prohibido.

    La Maya del Señor de los Raghus es portentosa. Ningún hombre nacido en este mundo está libre de su encanto.

    Con la mirada impasible, pero con palabras duras, el Señor dijo:
    "Por tu mismo pensamiento, el engaño, la lujuria, la arrogancia y el orgullo desaparecen.
    ¡Ten cuidado, oh sabio! Sólo la mente de aquel cuyo corazón no conoce la sabiduría y el desapego, es susceptible a la ilusión.
    Tú eres firme en tu voto de castidad; nunca podrás ser afectado por las olas del Amor
    ".


    Narada replicó con un sentimiento de orgullo: "Señor, es debido sólo a Tu gracia".

    El compasivo Señor pudo ver que un árbol enorme de orgullo había brotado en su corazón, "Pronto lo cortaré desde la raíz, pues mi deber es servir a Mis siervos. Debo idear algún plan que beneficie al sabio y al mismo tiempo Me sirva de diversión".

    Así pues, postrándose a los pies de Sri Hari, Narada partió. El orgullo había crecido en su corazón.
    El Señor de Lakshmi puso Su Maya en funcionamiento. Ahora escucha sus inagotables acciones.

    La Maya del Señor (Su poder ilusorio) creó una ciudad de ochocientas millas cuadradas.
    Las múltiples bellezas arquitectónicas de esa ciudad eran superiores incluso a las de la propia capital de Vishnu, Vaikuntha.

    Estaba habitada por hombres y mujeres hermosos, que se podrían tomar por encarnaciones del dios del amor y de su esposa Rati.
    Un rey, llamado Silanidhi, gobernaba la ciudad; poseía muchísimos caballos, elefantes y tropas de soldados.
    Contaba con la grandeza y el lujo de cien Indras, y era una fuente de gracia, esplendor, poder y sabiduría.
    Tenía una hija llamada Viswamohini, cuya belleza extasiaba incluso a Lakshmi.
    Era la encarnación misma de la Maya (poder ilusorio) de Sri Hari, poseedora de todas las virtudes.
    ¿Quién podría describir su encanto? La princesa iba a casarse por elección propia; innumerables reyes llegaron a la ciudad ofreciéndose como pretendientes.

    El sabio Narada entró en la ciudad y comenzó a preguntar a la gente.
    Al enterarse de todo lo ocurrido allí, se dirigió al palacio del rey. El rey le rindió honor y le ofreció un asiento.

    El rey presentó la princesa a Narada, y dijo: "Dime, pensándolo bien, todo lo bueno y lo malo que hay en ella".

    Al ver su belleza, el sabio olvidó completamente su desapego y se quedó contemplándola mucho rato.
    Cuando leyó los signos de buen augurio en su cuerpo, se perdió en el ensueño.
    Estaba muy feliz en su corazón, pero no podía mencionar abiertamente esos signos de felicidad.

    "El que se case con esta muchacha -se dijo a sí mismo-, se volverá inmortal, y nadie podrá vencerle en el campo de batalla. Aquel que sea elegido por la hija de Silanidhi como su señor será adorado por la creación entera de seres animados e inanimados."

    Tras leer estos signos, el sabio se los guardó para sí y mencionó al rey algunos inventados por él.
    Diciéndole al rey que su hija prometía cosas grandes, Narada se fue.
    Y pensó para sí: "Voy a planear algún medio para que la princesa me elija como marido".
    Ya no tenía fervor para practicar Japa ni austeridades.
    Y se decía: "Dios mío, ¿cómo puedo conseguir a la muchacha?
    Lo que se necesita en esta ocasión es encanto personal y gran belleza, para que la princesa se enamore de mí y me coloque la guirnalda de la victoria en mi cuello.
    Voy a pedir a Hari el don de la belleza; pero yendo hasta Él perdería mucho tiempo.
    Sin embargo, no tengo otro amigo como Hari. Así pues, esperaré que El venga a ayudarme."

    Entonces Narada comenzó a rezar, y el Señor misericordioso apareció ante él.
    Al verlo, los ojos del sabio se tranquilizaron. Se sentía contento, y seguro de que su deseo se iba a cumplir.
    Con gran humildad contó al Señor lo sucedido, y le dijo: "Sé bondadoso conmigo y ayúdame. Señor, derrama sobre mí Tu propia belleza; si no, no podré poseerla. Haz sin tardar aquello que me pueda ayudar, pues yo siempre he sido Tu sirviente, Señor".

    Dándose cuenta del gran poder de Su propia Maya, el Señor, que se compadece de los pobres, sonrió y dijo:
    "Narada, escúchame. Sólo haré lo que sea bueno para ti, nada más. Mis palabras nunca pueden estar equivocadas.
    ¡Escucha, Oh asceta contemplativo! Si un enfermo pide algo que le va a perjudicar, el médico no se lo da.
    Igualmente yo he decidido hacer sólo lo que te beneficie.
    "


    Y diciendo esto, el Señor desapareció.
    Bajo el hechizo de Su Maya, el sabio estaba tan engañado que no podía comprender las claras palabras de Sri Hari.
    El gran sabio se apresuró al lugar donde iba a suceder la elección del esposo. Ricamente ataviados, los pretendientes reales habían ocupado sus respectivos lugares, acompañados de su séquito.
    El sabio estaba contento, y pensaba: "Mi belleza es tan incomparable que la princesa nunca cometería el error de elegir a otro por esposo".

    Pero, por el bien del sabio, el Señor le había hecho horrible más allá de las palabras. Pero nadie se percataba del cambio que había sufrido, Todos sabían que era Narada, y le saludaban como tal.

    Dos siervos de Shiva habían acudido también allí. Conocían el secreto, y, disfrazados de brahmanes, estaban por allí divirtiéndose.

    Estos siervos de Mahesa se sentaron en la misma fila donde estaba Narada, extremadamente orgulloso de su belleza.
    Como iban disfrazados de brahmanes, no podían ser reconocidos.
    Lanzaban comentarios sarcásticos a Narada, diciéndole:
    "Hari ha dotado a este hombre de tanta belleza que, al verle, la princesa se enamorará y le elegirá, creyendo que es El mismo Hari".

    El sabio estaba ofuscado por una nube de ilusión, pues su corazón había sido robado por el amor.
    Los siervos de Shiva se reían de él y se divertían mucho. Y aunque el sabio oía su conversación, no podía seguirla, ya que estaba cegado por el orgullo.
    Nadie percibía este extraordinario fenómeno; sólo la princesa pudo ver su fealdad.
    En cuanto vio su cara de mono y su espantoso cuerpo, se llenó de ira.

    Acompañada por sus doncellas, la princesa se deslizaba como un cisne.
    Con una guirnalda de victoria en sus manos de loto, iba recorriendo el lugar, examinando a cada uno de sus pretendientes reales.
    Y ni siquiera se dignó a mirar el "lugar donde Narada se sentaba, lleno de orgullo.

    Una y otra vez el sabio se levantaba y miraba a su alrededor; los siervos de Hara sonreían al verle tan impaciente.

    El hermoso Señor acudió allí, disfrazado de rey, y la princesa colocó la guirnalda de la victoria en Su cuello.
    El Señor de Lakshmi se llevó a la novia, ante la desesperación de todos los reyes reunidos.
    El sabio se sentía muy afectado. La vanidad le había privado de la razón, y se sentía como si del extremo de su vestido, se hubiera caído una gema, débilmente atada.

    Los siervos de Hara dijeron sonrientes: "Mírate la cara en un espejo".
    Tras decir esto, escaparon como con miedo, y el sabio se miró en el agua.
    Su furia no conocía límites cuando pudo contemplar su rostro, y pronunció una maldición terrible a los siervos de Shiva:
    "Oh vosotros, impostores y pecadores; id y naced en cuerpos de demonios.
    Os habéis burlado de mí, así que recibid lo que merecéis. Atreveos a burlaros de un sabio otra vez."

    Volviendo a mirar en el agua, vio que había recuperado su forma, pero su corazón no hallaba consuelo.
    Sus labios temblaban y la indignación invadía su corazón.
    Inmediatamente se dirigió al lugar donde estaba el Señor de Lakshmi.
    "O le insulto, o muero a Su puerta -se dijo-, pues Él me ha convertido en objeto de ridículo para todo el mundo."

    El terror de los demonios, Sri Hari, vino a su encuentro.
    Iba acompañado de la Diosa Rama y de la princesa mencionada antes.

    El señor de los inmortales habló con palabras suaves:
    "Santo señor, ¿hacia qué destino te diriges tan distraído?"

    Al oír esto, Narada se llenó de ira.
    Dominado por la Maya, ya no actuaba con razón, y dijo:
    "No puedes soportar que los demás tengan buena suerte. Estás lleno de celos y engaño.
    Agitando el océano volviste loco a Rudra, e incitándole por medio de los dioses le hiciste tragar el veneno.
    Distribuyendo un licor intoxicante a los demonios y veneno a Sankara, te apropiaste de Rama y de la hermosa gema (Kaustubha). Siempre has sido egoísta y perverso, y traidor en Tus acciones.
    Eres absolutamente independiente y no estás subordinado a nadie; por eso haces todo lo que te apetece.
    Rebajas a un alma buena y redimes a una persona ruin y nunca te regocijas ni te apenas por ello.
    Engañando a todos, te has acostumbrado a esos trucos. Nunca sientes miedo y siempre te empeñas en cumplir Tu deseo.
    No conoces las buenas y las malas acciones; hasta ahora nadie ha podido corregirte. Esta vez has jugado con fuego y recogerás lo que has sembrado.
    Toma esa misma forma que me has impuesto a mí: ésta es mi maldición: Tú me hiciste parecer un mono; por ello ahora tendrás monos por compañeros. Y de la misma forma que me has engañado y llenado de sufrimiento a mí, Tú también sufrirás el dolor de estar separado de Tu esposa."

    Aceptando alegremente la maldición, el compasivo Señor suplicó varias veces al sabio, y le liberó del encanto irresistible de Su Maya.

    Cuando Sri Hari disipó el hechizo de Su Maya, a Su lado ya no estaban ni Rama ni la princesa.
    Muy consternado, el sabio se agarró a los pies de Hari y dijo:
    "Oh aliviador del mal del que suplica, sálvame!
    Oh hermoso Señor! Haz que mi maldición no se cumpla".

    El Señor, tan misericordioso con los humildes, respondió: "Fue Mi voluntad".
    Y el sabio repetía: "Yo Te lance muchos insultos.
    ¿Cómo se perdonarán mis pecados?"

    El Señor dijo: "Ve y repite los nombres de Sankara cien veces; tu corazón se sentirá aliviado enseguida.
    Nadie me es tan amado como Shiva: nunca te olvides de esto.
    Oh sabio, aquel que no sigue la voluntad de Shiva, nunca tendrá verdadera devoción por Mí.
    Guarda esto en tu mente y recorre la Tierra. Mi Maya no te perseguirá más"
    .


    Habiendo tranquilizado así al sabio, el Señor desapareció.

    Luego Narada se dirigió al Satyaloka (el séptimo paraíso, morada de Brahma) cantando las alabanzas de Sri Rama.
    Cuando los siervos de Shiva vieron al sabio por el camino, libre de toda ilusión y lleno de gozo, se le acercaron muy alarmados, y tomando sus pies, le hablaron con gran humildad:
    "Oh gran sabio, somos siervos de Shiva, no brahmanes.
    Cometimos un gran pecado y hemos recogido su fruto. Ahora líbranos de esta maldición, oh sabio bondadoso".

    Narada, que era compasivo con los humildes, replicó:
    "Id y tomad la forma de demonios. Poseeréis una enorme fortuna, grandeza y fuerza.
    Cuando hayáis conquistado el universo con el poder de vuestro brazo, el Dios Vishnu tomará forma humana.
    Muriendo a Sus manos en una batalla os liberaréis, y nunca volveréis a nacer".

    Postrándose a los pies del sabio, partieron y en su momento volvieron a nacer como demonios.
    En un Kalpa el Señor Sri Hari tomó forma humana por esta razón.
    Prometió alegrar a los dioses, regocijar al virtuoso y aliviar la Tierra de su peso.

    Así pues, los nacimientos y hazañas de Sri Hari son muchos; todos Son atrayentes, gozosos y maravillosos.
    En cada ciclo de la creación el Señor se manifiesta y realiza muchos actos hermosos.
    Y en cada una de esas ocasiones los grandes sabios han cantado Su historia con palabras sagradas, relatando maravillosas anécdotas, por las que los sabios no quedan extrañados al escucharlas.
    Sri Hari es infinito, y Sus historias son infinitas; cada santo las canta y las escucha de muy diversas formas. [...]

    Vishnu + Diosa Lakshmi.

    Vishnu +.