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Rey Dasaratha
Kausalya

Sri Rama

 

Vínculos de familia

Cónyuges/Hijos(as)::
1. Sita

Sri Rama

  • Nació: Ayodhya
  • Consorte (1): Sita

  

[...] "Fuente de gozos y bendiciones, el Ganges trae alegría y se lleva el dolor. Narrando muchas anécdotas referentes a él (al río), Sri Rama contemplaba las olas del Ganges, y les hablaba de la trascendente gloria del arroyo celestial.
Se bañaron en el río y el cansancio del viaje desapareció y sus corazones se llenaron de júbilo al beber su santa agua.
El hecho de que ese mismo Ser que destruye el dolor de la transmigración se sintiese cansado muestra que seguía en todo la naturaleza humana. La Gloria de la raza Raghu, fuente de pura existencia, conocimiento y dicha, realizaba acciones similares a las de los seres humanos, que constituyen el puente para cruzar el océano de la existencia humana". [...]
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[...] Bharata vio con los ojos de su sabiduría que la asamblea estaba desmayándose de amor. Por ello, inclinándose ante todos, e invocando a Sita y al Señor de los Raghus, habló así:
“Oh Señor, tú eres mi padre, madre, amigo, preceptor, maestro, objeto de mi adoración, mi mayor benefactor y mi controlador interno. Y no sólo eso, además eres sincero y complaciente patrón, fuente inagotable de amabilidad, protector de los suplicantes, todo sabiduría, inteligente, todopoderoso, protector de aquellos que buscan refugio en ti, presto en apreciar el mérito y disipador del vicio y del pecado. No hay maestro que pueda compararse a ti, mi Señor; mientras que yo soy único en deslealtad hacia mi maestro. Poniendo en duda, en mi necedad, tus órdenes, mi Señor, y las de mi padre, he venido aquí acompañado por una multitud de hombres y mujeres. En este mundo hay hombres buenos y malos, altos y bajos; néctar e inmortalidad en una mano y veneno y muerte en la otra. Pero en ningún lugar he visto o escuchado de nadie que se haya atrevido a violar las órdenes de Sri Rama, ni siquiera con el pensamiento. Sin embargo, esto es lo que yo he estado haciendo no sólo en pensamiento, sino también en palabra y obra, y mi Señor ha convertido mi presunción en un acto de devoción y servicio. [...]
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Tulsidas dijo:
Adoro a Sri Rama, el deleitador de todos, cuya graciosa forma es la encarnación de la alegría y tan oscura como una nube lluviosa, aquel que está recubierto de encantadoras vestiduras amarillas y que lleva en su mano un arco y una flecha, que posee un gracioso, brillante y bien equipado carcaj colgado de su pecho y un par de enormes ojos de loto, y cuya cabeza está adornada por una mata de oscuros rizos y a quien se ha visto viajando con Sita y Laksmana.
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El Señor Shiva dijo:
Sri Rama, querida Uma, está más allá de los tres Gunas: Sattwa, Rajas y Tamas, puesto que es el Señor de la creación animada e inanimada y el controlador interno de todo.
Por la forma en que ha hablado, ha demostrado las miserables penalidades por las que pasan los amantes terrestres y ha fortalecido la serenidad de la mente de los sabios. Ira, lujuria, codicia, orgullo e ilusión, son eliminados por la gracia de Sri Rama.
Aquel que obtiene el favor de este divino jugador nunca es engañado por su juego. Urna, te hablo de mi propia experiencia: la única cosa real es adorar a Sri Rama, y todo este mundo es un sueño.
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El Señor Shiva dijo:
"Uma, en este mundo no hay otro amigo como Sri Rama:
ni preceptor, ni padre, ni madre, ni hermano, ni maestro. Dioses, hombres y sabios, siempre tienen algún motivo egoísta detrás de su amor. [...] El Héroe de la estirpe de los Raghus es extremadamente compasivo por naturaleza. Sin duda, el hombre que conscientemente abandona a un Señor tal, será atrapado por las redes de la calamidad."
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[...] El Señor levantó a Hanuman y lo estrechó contra su pecho; luego lo cogió de la mano y lo sentó muy cerca de El. "Dime, Hanuman, ¿cómo pudiste quemar la fortaleza de Ravana, el bosque más impenetrable?" Viendo Hanuman que el Señor estaba tan a gusto, le contestó con palabras completamente desprovistas de orgullo, diciendo: "La fortaleza mayor de un mono se encuentra en su salto de una rama a otra. Debido a eso he sido capaz de saltar sobre el océano, quemar la ciudad dorada, matar la hueste de demonios y devastar el bosque de Asoka, todo debido a tu fuerza; ningún mérito, mi Señor, merezco por eso.
"Nada es inalcanzable, mi Señor, para aquel que disfruta de Tu gracia. Por tu fuerza una simple tira de algodón puede sin duda producir un fuego bajo el agua y lo imposible puede ser posible.
"Por lo tanto, complácete, mi señor, en concederme Devoción constante, fuente de suprema dicha." Cuando el Señor, oh Parvati, oyó esta simple forma de hablar de Hanuman, dijo: "¡Que así sea! Aquel que ha venido a conocer la verdadera naturaleza de Rama no puede gozar con otra cosa que Su adoración. Incluso aquel que siente este diálogo entre Sri Rama y Hanuman en su corazón, es bendecido con devoción por los pies de Sri Rama". [...]
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[...] Los fuertes osos y monos inclinaron sus cabezas a los pies de loto del Señor y rugieron. Sri Rama inspeccionó toda la hueste de monos y posó en ellos sus preciosos ojos de loto. Animados por Su gracia, los jefes monos parecían grandes montañas provistas de alas.
Entonces Sri Rama avanzó con ímpetu y muchos fueron los deleites y los presagios favorables que allí ocurrieron. Era algo apropiado que los buenos propósitos aparecieran en el momento de su partida en una expedición cuya gloria en sí misma era origen de todas las bendiciones. La Hija de Videha se enteró de la marcha del Señor; la vibración de sus miembros izquierdos la pusieron sobreaviso de ello. Pero lo que eran buenos presagios para la Hija de Janaka eran malos augurios para Ravana. ¿Quién podría describir adecuadamente el ejército mientras marchaba con sus innumerables monos y osos rugiendo? Sin más arma que sus afiladas mandíbulas, acarreaban rocas y árboles que habían arrancado por el camino y marchaban igual por tierra que por aire, pues estaban libres de trabas para moverse por donde quisieran. [...]
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Tulsidas dijo:
Adoro a Sri Rama, la suprema Deidad, objeto de adoración incluso para Siva, Destructor de Cupido, Disipador del miedo a la reencarnación, el león que dominó a la Muerte en forma de elefante loco, el Maestro de los Yoguis, realizable a través del conocimiento inmediato, fuente inagotable de buenas cualidades, invencible, sin atribuciones, inmutable, más allá del reino de la Maya, Señor de los moradores del cielo, dedicado a matar a los malhechores, único protector de los bramanes, hermoso como una nube cargada de humedad, aquel que tiene como ojos lotos y que aparece en forma de rey terrestre.[...]
[...] Oh alma mía, ¿por qué no adoras a Sri Rama, el que tiene como arco el Tiempo indivisible y como flecha feroz, las multitudes divisiones del tiempo como son un Paramanu, un instante, un momento, un año, una era y un ciclo?
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[...] Los monos trajeron enormes montañas que eran recibidas por Nala y Nila como bolas de juego. Cuando el Todomisericordioso vio la extremadamente hermosa construcción del puente, sonrió y observó: “Este es el lugar más delicioso y excelente; su gloria es inmensurable y no puede ser descrita en palabras. Colocaré aquí el emblema del Señor Sambhu: ésta es la máxima ambición de mi corazón’
Al escuchar esto, el señor de los monos envió a algunos mensajeros para que invitaran y acomodaran a todos los grandes sabios. Habiendo instalado un emblema del Señor Siva y siendo adorado con la debida solemnidad, dijo: “Nadie es tan querido para mí como Siva. Un enemigo de Siva, aunque dijese ser devoto Mío, no puede alcanzarme ni siquiera en un sueño. Aquel. que se opone a Sankara y todavía aspira a tener devoción a Mí, está destinado a la perdición por su estupidez.
“El hombre que aun siendo devoto de Sankara fuese hostil a Mí y de la misma forma aquellos que son enemigos de Siva, pero devotos Míos, tendrán su morada en el más espantoso infierno hasta el fin de la creación.
“Aquellos que en el momento de dejar su cuerpo estén contemplando al Señor Rameswara, irán directamente a Mi esfera en el cielo. Y el hombre que tome el agua del Ganges y la vierta sobre el Señor alcanzará la liberación siendo absorbido en Mi ser. Así mismo, aquel que adore al Señor con espíritu desinteresado y sin engaño será bendecido por Sankara con devoción a Mí. Y aquel que vea el puente erigido por Mí será capaz de cruzar el océano de la existencia mundana sin ningún esfuerzo.
” [...]
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Sri Rama dijo:
"Vibhisana, mira cómo las nubes se acumulan rápidamente y cómo los relámpagos se proyectan en la región meridional. Una nube amenazadora está retumbando suavemente y me temo que puede acontecer una fuerte tormenta".
Vibhisana replicó: "Escucha, mi gracioso Señor: no se trata de relámpagos ni de acumulaciones de masas nubosas. En la cumbre de Lanka hay un salón donde Ravana está presenciando un concurso de música y danza. Es la enorme sombrilla real que se extiende sobre su cabeza, lo que da la sensación de ser una espesa y oscura masa de nubes; los adornos en los oídos de la reina Mandodari, mi señor, producen destellos como los de los relámpagos; y la incomparable música de los platillos y tambores es el dulce retumbar que Tú, oh rey de los moradores del cielo, escuchas".
El Señor sonrió al oír hablar de la arrogancia de Ravana; tensó su arco y en la cuerda del mismo ajustó una flecha.
De un simple tiro el Señor atravesó la sombrilla y las coronas de Ravana, así como los pendientes de Mandodari, los cuales cayeron al suelo a la vista de todos, sin que nadie pudiera descubrir el misterio.
Habiendo llevado a cabo esta sobrecogedora hazaña, la flecha de Sri Rama dio la vuelta y fue a parar de nuevo a su carcaj.[...]
[...]Pero la ansiedad se había introducido en el corazón de Mandodari desde que sus pendientes habían caído al suelo. Con los ojos llenos de lágrimas y juntando las palmas de sus manos, dijo: "Oh Señor de mi vida, escucha mi petición: amado mío, cesa en tus hostilidades con Sri Rama y no te obstines más en tomarle como un simple mortal.
"Ten confianza en mis palabras cuando digo que Sri Rama, joya de la raza Raghu, se manifiesta a sí mismo en la forma de este universo y que los Vedas conciben cada uno de sus miembros como una esfera diferente.
"Las regiones subterráneas, Patala, son Sus Pies y la morada de Brama Su cabeza, mientras que las otras esferas intermedias están localizadas en sus otros miembros. La terrible Muerte no es otra cosa que la contracción de sus cejas, el Sol es su ojo y la masa de nubes sus cabellos. 'Los dioses gemelos Aswinikumaras, seres,celestiales, son las ventanas de su nariz y la alternancia de días y noches constituye el repetido pestañear de sus párpados; mientras que las diez regiones de los cielos son sus oídos; así se dice en los Vedas. Los vientos son su Respiración y los Vedas sus propios discursos. La gula es su labio inferior y Yama, el dios que nos juzga en el momento de la muerte, es su terrible diente; Maya, la ilusión cósmica, es su risa y los regentes de las diez regiones sus brazos; el fuego es su boca y Varuna dios que gobierna sobre las aguas, su lengua; mientras que la creación, preservación y destrucción del Universo, son sus gestos. Las dieciocho especies principales del reino vegetal constituyen la línea del pelo de su vientre, las montañas son sus huesos y los ríos representan su sistema venoso. El océano es su vientre y el infierno sus órganos de urinación y excreción. En resumen, y sin que haya que entrar en más detalles, el Universo es una manifestación del Señor.
"El Señor Siva es su ego, Brama su razón, la Luna su mente y el gran Visnu es su facultad de entendimiento. Es el mismo Señor Sri Rama, manifestado en la forma de esta creación animada e inanimada, el cual ha asumido apariencia humana analizado así; escúchame, oh señor de mi vida: Cesa en tus hostilidades con el Señor y cultiva la devoción a los Pies de Sri Rama, de forma que no se pierda mi buena suerte." [...]
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[...] Mientras tanto, por el poder de la ilusión Meghanada había convertido los escarpados valles, caminos y cuevas de montañas, en verdaderos almacenes de flechas. Los monos estaban confundidos y no sabían hacia dónde dirigirse. Se sentían desamparados como los Mandaras al ser aprisionados por Indra.

El hijo del dios del viento, Angada, Nala, Nila y todos los demás poderosos héroes fueron completamente derrotados por él, que atacó de nuevo con sus flechas a Laksmana, Sugriva y Vibhisana, y atravesó sus cuerpos por completo.

Después se enfrentó al mismo Señor de los Raghus. Las flechas se convertían en serpientes hasta cuando atravesaban el cuerpo de Sri Rama. El asesino de Khara, que no depende de nadie y es inmutable, se sentía oprimido por las serpientes enroscadas en su cuerpo, y como un actor que representa diversos papeles, el siempre y omnipotente Señor, para embellecer la batalla con Su gloria, sé dejó atrapar por las serpientes a pesar de la consternación de los dioses.

Girija, contjnuó el Señor Siva, ¿es posible que el Señor, que está en todas partes y cuyo nombre, al ser pronunciado, permite a los ermitaños cortar las ataduras de la existencia, pueda caer prisionero?
Los actos de Sri Rama cuando toma un cuerpo, Bhavani, no pueden ser lógicamente interpretados por el poder de la razón o las palabras. Comprendiendo esto, aquellos que conocen la verdad sobre El y están llenos de calma, adoran a Sri Rama, descartando todas las especulaciones teológicas. [...]
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[...] Vibhisana estaba desconcertado al ver a Ravana en un carro y al Héroe de los Raghus a pie.
Su gran cariño por el Señor le llenó la mente de temor y postrándose a sus pies, le habló con amor diciendo:
“Mi Señor, no tienes carro ni tampoco ninguna armadura para tu cuerpo, ni zapatos para tus pies. Entonces, ¿cómo vas a conquistar a tan gran héroe?”

“Escucha, amigo —replicó el Todomisericordioso—, el carro que le lleva a uno a la victoria es otro.
Valor y fortaleza son las ruedas de ese carro, mientras que veracidad y buena conducta son su pilar y bandera permanente.
Por otro lado, la fuerza, discreción, auto-control y benevolencia son sus cuatro caballos, atados al carro con las cuerdas de la misericordia, compasión y serenidad mental.
La adoración a Dios es el experto conductor, la calma el escudo, y la satisfacción la espada.
Igualmente, la caridad es el hacha, la razón es la lanza feroz y la más alta sabiduría es el implacable arco.
Una mente pura y firme es un carcaj, mientras que la quietud y diversas formas de abstinencia, Yamas, y las prácticas religiosas, Niyamas, son un manojo de flechas.
La reverencia a los bramanes y al propio maestro, es una impenetrable cota de malla; no hay otra arma tan eficaz como ésta para la victoria.
Amigo, quien posee tal carro de devoción no tendrá enemigo que conquistar en ningún sitio.
Escucha, amigo de mente firme: el héroe que posea tan poderoso carro puede conquistar hasta el más invencible enemigo, que es el apego al mundo”.
[...]
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[...] Muchos monos y osos huían, gritando: “Ayudadnos, ayudadnos, Angada y Hanurnan! Sálvanos, sálvanos, oh señor Raghuvira, héroe del ejército de los Raghus! [...]
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[...] Cuando los dioses vieron que el Señor iba a pie, se sintieron muy apenados. Indra, el Señor del cielo, envió inmediatamente su carro, que Matali, el cochero de Indra, condujo con agrado hasta allí. Era un coche celestial y único, lleno de esplendor; el rey de Kosalapura, Ayodhya, montó en él muy agradecido. Iba conducido por cuatro caballos de gran espíritu y belleza, que no conocían la debilidad o la muerte y volaban tan rápidos como el pensamiento.

Los monos se lanzaron a la lucha con fuerzas renovadas cuando vieron al Señor de los Raghus en su carro. Y Ravana, al ver que el ataque de los monos era irresistible, empezó a crear ilusiones. Las creaciones ilusorias no afectaron al Señor de los Raghus, mientras que los monos, y Laksmana mismo, las creyeron. Los monos vieron entre el gran ejército de demonios un buen número de Ramas y otros tantos Laksmanas.

Los monos y osos quedaron aterrados al ver tantos Ramas y Laksmanas. Todos, incluido Laksmana, se podían ver como en un espejo.

El Señor de Kosala sonrió al ver a Su ejército confundido; ajustó una flecha a su arco y en un instante hizo desaparecer la ilusión, deleitando a las huestes de los monos.
Entonces Rama les miró y les dijo: “Contemplad mi duelo con Ravana, pues todos vosotros, héroes míos, estáis muy cansados”.

Luego, el Señor de ios Raghus se inclinó ante los pies de loto de los bramanes y se dirigió a su carro.

Ravana estaba rabioso y se apresuró a encontrarse con El, y con voz de trueno le retó así: “Escucha, ermitaño, yo no soy como uno de esos guerreros a los que tú venciste en la batalla. Mi nombre es Ravana, mi gloria es conocida en todo el mundo, y tengo en mi poder a los regentes de las esferas. Tú asesinaste a Khara, Dusana y Viradha y mataste a la pobre Vali como el cazador mata a su presa. Y no sólo eso, sino que acabaste con las huestes de demonios y mataste a Kumbhakarna y Meghanada. Hoy me vengaré de ti por todo esto a no ser que te retires antes del campo de batalla. Hoy acabaré contigo, pues es el implacable Ravana contra el que has de luchar”.

Al oír sus malévolas palabras, el Todopoderoso lo condenó a muerte y, sonriendo, contestó así: “Cierta es tu grandeza. Así pues, no hables más y muestra tu valor si puedes.
“No arruines tu reputación jactándote; ahora te ruego que escuches estas sabias palabras. En este mundo hay tres tipos de hombres: ios que se parecen al rosal, al mango y al árbol del pan. El primero da sólo flores; el segundo flores y frutos, y el tercero sólo frutos. Por otra parte, el primero habla, el segundo habla y actúa, mientras que el tercero, actúa pero nunca lo proclama.”


Ravana rió al oír las palabras de Sri Rama: “¡Ah! Me quieres enseñar sabiduría! Antes no te negaste a hacerme la guerra. Ahora parece que consideras tu vida demasiado preciosa para perderla”. Tras proferir estas insultantes palabras, Ravana furiosamente comenzó a disparar flechas como miles de rayos. Lanzas de diversas formas volaban llegando a todos los rincones de la Tierra y los cielos.

El Héroe del ejército de los Raghus lanzó una flecha feroz, y en un instante todas las flechas del demonio desaparecieron. Ravana rechinó los dientes lleno de frustración y arrojó una lanza feroz, pero el Señor se la devolvió junto con otra flecha. Entonces el demonio lanzó una nube de aros y tridentes, pero el Señor la desbarató, partiéndoles en dos sin ningún esfuerzo. Las flechas de Ravana resultaron ser tan inútiles como todos los planes de los malvados.

Entonces, con cien flechas alcanzó al conductor de Sri Rama, Matali, que cayó al suelo gritando: “¡Victoria para Sri Rama!” Sri Rama sintió compasión y levantó al conductor; el Señor estaba ahora tremendamente excitado y lleno de ira.

Cuando el Señor de los Raghus se encontró con el enemigo en el campo de batalla, las flechas de su carcaj se peleaban entre sí en su empeño por salir disparadas. Los demonios, devoradores de hombres, se estremecieron de terror al oír el terrible sonido de su arco.

El corazón de Mandodari se encogió; el océano, la tortuga que sostiene el globo, la tierra y las montañas temblaban; y los elefantes guardianes de los cuatro puntos cardinales lanzaban alaridos, agarrando el globo con sus colmillos. Los dioses sonrieron ante tan increíble espectáculo.

Sri rama se llevó la cuerda del arco a la altura de la oreja y lanzó sus terribles flechas, que se abalanzaron vibrando como serpientes.
Realmente las flechas volaban como culebras aladas. En la primera descarga mataron al conductor de Ravana y a sus caballos; después, dando en el carro, le arrancaron las insignias y banderas. Aunque la fuerza ya le había abandonado en su interior, Ravana rugió ferozmente; inmediatamente se montó en otro carro y rechinando los dientes comenzó a lanzar misiles y armas de todo tipo.

Pero todos. sus esfuerzos fallaron como la mente del hombre que siempre intenta hacer daño a otros. Entonces Ravana lanzó diez picos, que golpearon a los cuatro caballos del carro de Sri Rama derribándoles.

El Señor levantó a sus caballos y, tensando la cuerda de su arco, disparó más flechas con gran furia, Las flechas de Sri Rama se abalanzaban como una fila de abejas ansiosas de entrar en las cabezas de Ravana, semejante a un jardín de lotos.

Sri Rama le dio con diez flechas en cada una de sus cejas, que quedaron totalmente agujereadas; la sangre le brotaba como si fuera un torrente. Pero aunque seguía sangrando, el poderoso demonio se lanzó hacia delante; una vez más el Señor dispuso sus flechas y le lanzó una descarga de treinta lanzas, que derribaron sus cabezas y brazos al suelo. Pero sus miembros volvían a crecer tan pronto como se separaban; Sri Rama le arrancó los brazos y las cabezas una vez más, y repetía la operación sin cesar, pero éstas se renovaban tan pronto como eran arrancadas.

El Señor le quitaba las cabezas y brazos, y se deleitaba con este juego. El cielo se llenaba de cabezas y brazos como si fueran un número infinito de Ketus y Rahus.

Parecía como si multitud de Rahus y Ketus fueran lanzados por el aire, ensangrentado, y golpeados una y otra vez por las terribles lanzas de Sri Rama, héroe de los Raghus, no podían caer al suelo.

Las flechas, al volar por los aires, parecían como rayos de un Sol enojado, cada una atada a varios Rahus. Tan pronto como el Señor les arrancaba las cabezas, éstas volvían a crecer, como la pasión de un hombre que no cesa de crecer a medida que se regocija con el placer de los sentidos.

Cuando el monstruo de diez cabezas se dio cuenta de cómo se multiplicaban sus cabezas, dejó de pensar en su muerte, pero la cólera no le abandonaba. El insensato rugía orgullosamente y se lanzó con los diez arcos tensados. Preso de cólera, el monstruo de diez cabezas descargó una lluvia de flechas, que cubrieron el carro de Sri Rama, que se perdió de vista por lo menos media hora, como cuando el Sol queda oscurecido por la niebla. Los dioses lloraban penosamente, y de repente, el Señor tomó su arco, encolerizado. Interceptando las flechas del enemigo, Rama le cortó las cabezas que ocuparon todos los puntos cardinales así como los puntos intermedios del compás, el cielo y la Tierra.

Sus cabezas volaban por los aires asustando a los monos mientras gritaban: “Victoria!, Victoria! ¿Dónde está Laksmana? ¿Dónde está Sugriva, el Señor de los monos? ¿Dónde está el héroe de la estirpe de los Raghus, el Señor de Kosala?”

“Dónde está Rama?”, gritaban las cabezas al salir despedidas. Los monos se ponían a volar al verlas. La Joya de los Raghus, sonriendo, puso una flecha en su arco disparando a las cabezas una y otra vez.

Un gran número de Kalikas, sirvientas de la diosa Kali, tomaron un rosario de cráneos, pensando que tras bañarse en el río de sangre debían adorar al árbol banyan de la batalla.

El monstruo de diez cabezas, preso de furia, lanzó su terrible lanza, que fue derecha hacia Vibhisana como el cetro de la Muerte.

Cuando el Señor vio aproximarse la feroz lanza, pensó para sí: “Mi promesa sagrada es acabar con el sufrimiento de Los que me suplican”.

Inmediatamente Sri Rama se colocó delante de Vibhisana y Se expuso ante la gran fuerza de la lanza. Cuando la lanza le golpeó el Señor se desmayó, y aunque esto era sólo un juego para El, los dioses se llenaron de angustia.

Cuando Vibhisana vio que el Señor había sido gravemente herido, tomó su garrote y se lanzó lleno de rabia. “ ¡Tú, demonio vil y perverso! Te has enemistado con los dioses, seres humanos, sabios y Nagas. Ofreciste devotamente tus cabezas al Señor Siva y has obtenido millones de ellas a cambio. Por eso has sido perdonado hasta ahora. Tu muerte parece ser inminente. Estúpido, ¿crees que serás feliz enemistándote con Sri Rama?”

Dicho esto, Vibhisana golpeó a su hermano en el pecho.
Con el terrible impacto de la porra, Ravana cayó al suelo, y todas sus bocas echaban sangre. Pero se levantó sin tardar y se lanzó lleno de furia. Los dos poderosos héroes luchaban uno junto a otro en un combate a muerte, aporreándose con furia. Vibhisana estaba inspirado por la fuerza de Sri Rama, y no temía la fuerza de su adversario.

Urna, dijo el Señor Siva, Vibhisana nunca se hubiera atrevido a mirar a Ravana a la cara. Armado con el poder de Sri Rama, héroe de los Raghus, luchaba ahora con su hermano como si fuera la muerte misma.

Al ver que Vibhisana estaba exhausto, Hanuman corrió hacia él con una roca en la mano; tras golpear su carro, caballos y conductor, le dió una patada en el pecho a Ravana.

El demonio se mantuvo de pie como pudo, aunque temblaba violentamente. Mientras tanto Vibhisana se dirigió a Sri Rama, protector de sus devotos. Y Ravana retó y arremetió contra Hanuman, quien ascendió por los aires extendiendo su cola. Entonces Ravana le agarró la cola, pero Hanuman salió volando arrastrándole detrás.

Hanuman, lleno de fuerza, se dio la vuelta y se enfrentó a él. Los dos contrincantes lucharon en el aire, golpeándose el uno al otro con gran furia. Poniendo a prueba todo su valor y estrategia por el aire, parecían como una montaña de hollín y el Monte Sumeru luchando entre sí. Como el demonio no podía ser vencido por el ingenio o la fuerza física, el hijo del dios del viento invocó a Su Señor.

Así pues, teniendo presente la gloria de Sri Rama, y lleno de decisión, Hanuman retó y golpeó a Ravana. Los dos cayeron al suelo y levantándose de nuevo, reanudaron la pelea.

Los dioses gritaban: “Victoria a ambos”.

Viendo a Hanuman en tal apuro, los monos y osos se lanzaron resueltamente en su ayuda, mientras que Ravana, cegado por su pasión guerrera, les aplastaba a todos con el tremendo poder de su brazo.

Pero los feroces monos siguieron luchando animados por el héroe de los Raghus. Y viendo las abrumadoras huestes de monos, Ravana puso en funcionamiento su Maya, o magia negra.

El demonio se volvió invisible por un instante y luego reapareció manifestado en multitud de formas. El monstruo de diez cabezas apareció en tantas formas como osos y monos había en el ejército de Sri Rama.

Las huestes de los monos contemplaban numerosos Rayanas; los osos huían en todas direcciones.

Los monos no tenían valor para quedarse; huían gritando: ‘¡ Ayúdanos, Laksmana! Ayúdanos, Raghuvira, Héroe de los Raghus!”

Millares de Ravanas se precipitaron en todas direcciones, gritando con voz profunda y penetrante. Los dioses huían llenos de pánico y clamando: “Ahora, hermanos, abandonad toda esperanza de alcanzar la victoria. Un solo Ravana consiguió dominar a todas las huestes celestiales; ahora que se ha multiplicado, huyamos a las cuevas de las montañas”.

Sin embargo, sólo Brama, el Creador, el Señor Sambhu, Siva y los sabios, sabían que la gloria del Señor permanecía inalterable.

Aquellos que comprendían el poder del Señor, permanecían libres de miedo. Pero los monos tomaron las apariciones como enemigos reales. Todos perdieron su valor y huían, lamentándose y pidiendo: “¡Protégenos, poderoso Señor!”

Los más poderosos: Hanuman, Angada, Nila y Nala, luchaban y aplastaban a los millares de Ravanas que habían brotado de la ilusión.

El Señor de Kosala sonrió al ver la tristeza de los dioses y de los monos. Colocó una flecha en su famoso arco Sargna y exterminó a todas las huestes de ilusorios Ravanas.

En un segundo, el Señor dispersó toda la magia, al igual que el velo de la noche se rompe en dos al salir él Sol. Los dioses se regocijaron al ver sólo un Ravana y, volviéndose atrás, arrojaban nubes de flores al Señor.

Levantando el brazo, Sri Rama reunió a los monos; osos y monos corrían gritando. Inspirados por el poder de su Señor y saltando animosamente, llegaron al campo de batalla.

Cuando Ravana vio a los dioses ensalzar a Sri Rama, pensó para sí: “Piensan que me he quedado reducido a uno, ¡tontos! Habéis de saber que sois víctimas de mi poder”. Dicho esto, Ravana saltó en el aire con gran indignación. Los dioses huyeron lanzando un penoso grito, y Ravana, dijo: “Desgraciados, ¿cómo podéis iros de mi presencia?”

Al ver cuánto sufrían los dioses, Angada se adelantó, y de un salto, agarró a Ravana del pie y lo derribó.

Después, el hijo de Vali, Angada, le dio una patada y marchó junto a su Señor. El monstruo de diez cabezas, recobrándose, se levantó y rugió terriblemente lanzando un chillido. Llevando con orgullo las cuerdas a cada uno de sus arcos, Ravana lanzó una lluvia de flechas, que hirieron a todos los guerreros del enemigo sumiéndoles en total consternación, y al verlo el demonio, se regocijó al ver su poder.

Por lo cual el Señor de los Raghus le arrancó las cabezas y los brazos repetidas veces, pero sus miembros seguían multiplicándose como pecados cometidos en un lugar santo.

Los osos y monos se enfurecían al ver renovarse las cabezas y brazos de Ravana. “Este desgraciado no morirá aunque le corten las cabezas y brazos.” Entonces, los osos y monos se lanzaron contra él con gran furia. El hijo de Vali, Angada, el hijo del dios del viento, Nala, Nila, Sugriva, rey de los monos, y Dwivida, le arrojaban árboles y rocas. Ravana las cogía y las arrojaba de vuelta a los monos. Algunos de los monos arañaban su cuerpo con sus garras, mientras que otros le daban patadas y se escapaban. Entonces Nala y Nila treparon a sus cabezas y comenzaron a arañarle las frentes con sus garras. Cuando vio que le brotaba sangre, se sintió muy consternado, y levantó su brazo para atrapar a los monos, pero no podía atraparlos, pues saltaban de una mano a otra como abejas al revolotear sobre las flores de loto. Al final los atrapó de un salto, pero antes de que pudiera arrojarlos al suelo le retorcieron los brazos y se escaparon.

De nuevo, lleno de ira, tomó sus diez arcos y disparó flechas hiriendo a los monos. Tras dejar a Hanuman y otros jefes monos sin sentido, se regocijó al ver que se hacía de noche.

Viendo a todos los héroes monos desmayados, el valiente Jamvaban se abalanzó con las huestes de osos, llevando rocas y árboles, que lanzaban sobre él retándole una y otra vez. Esto encendía la cólera de Ravana, que cogió a un buen número de soldados por el pie y comenzó a arrojarlos al suelo; Jambavan, rey de los osos, se llenó de cólera ante los estragos hechos a sus huestes y dio una patada a Ravana en el pecho.

El violento impacto del pie en su pecho dejó a Ravana sin sentido, y cayendo desde el carro al suelo, atrapó a un oso con cada una de sus veinte manos, como si hubieran sido abejas que reposan por la noche entre los pétalos de los lotos Viéndole inconsciente, el rey de los monos le golpeó una vez más y volvió junto al Señor.

Como era de noche, el cochero le levantó y lo puso en el carro, tratando de despertarle.

Tras recobrar el sentido, los osos y monos llegaron a la presencia del Señor, mientras que todos los demonios rodeaban a Ravana con gran consternación.

Esa misma noche la demonio Trijata llamó a Sita y le contó toda la historia. Cuando Sita se enteró del crecimiento incesante de las cabezas y brazos del enemigo, se sintió profundamente preocupada.

Su rostro era un reflejo de dolor, y su mente estaba llena de ansiedad.

Entonces, Sita dijo a Trijata:’’“Por qué no me dices, madre, lo que va a pasar? ¿Cómo puede destruirse esta plaga? Ravana no muere aunque las flechas de Sri Rama corten sus cabezas. El cielo está gobernándonos sin piedad. Mi mala suerte hace que él siga vivo, la misma mala suerte que me separó de los pies de loto de Sri Han. El destino que creó el fantasma de un ficticio ciervo de oro sigue mirándome con malos ojos. La misma providencia que me hizo sufrir terribles calamidades y me incitó a hablar ásperamente a Laksmana, que me atraviesa una y otra vez con las poderosas y venenosas lanzas de la separación del Señor de los Raghus, y me mantiene viva bajo tan penosas circunstancias, esa providencia es El, y sólo El es quien mantiene vivo a Ravana”. La hija de Janaka se lamentaba, recordando al Todopoderoso.

Trijata le respondió: “Escucha, oh Princesa, el enemigo de los dioses morirá si una flecha le atraviesa el pecho. Pero el Señor trata de no darle ahí, pues sabe que la hija de Videha, tú, habita en su corazón.
“El no puede actuar con el pensamiento de que la hija de Janaka mora en el corazón de Ravana”.

La explicación de Trijata llenó la mente de Sita de alegría y pena al mismo tiempo. Dándose cuenta de esto, Trijata le habló de nuevo diciendo: “Ahora escucha, hermosa Señora, cómo tu enemigo se encontrará con la muerte, y libérate del gran temor que te sigue obsesionando.
“Ravana se desconcertará cuando le corten sus cabezas, y tú podrás escapar de su mente. En ese instante el omnisciente Sri Rama le dará en el corazón”.

Trijata logró reconfortar a Sita con estas palabras y después volvió a su residencia.

Al recordar la bondad de Sri Rama, la hija de Videha sentía angustia por estar separada de El, y reprochaba a la noche y la Luna, diciendo: “La noche se ha convertido en una Era y parece que no tiene fin”.

Desconsolada por la separación de Sri Rama, la hija de Janaka se lamentaba tristemente en su corazón.

A medida que su agonía crecía, Su ojo y brazo izquierdo comenzaron a temblar. Esto se consideraba como un buen. presagio, y ella pensó para sí: “Sin duda, el bondadoso Héroe de los Raghus me encontrará”.

En su palacio, Ravana se había recobrado del desmayo, y dijo ásperamente a su cochero: “¡Idiota, me has sacado del çampo de batalla! ¡Eres un ser indeseable!”

El cochero se agarraba a sus pies y se lamentaba de su ira. Tan pronto como amaneció, Ravana montó en su carro y partió de nuevo.

En las huestes de los monos había un gran alboroto al enterarse del regreso de Ravana. Arrancando montañas y árboles de donde podían, los guerreros avanzaban rechinando los dientes.
Los fieros monos y osos se lanzaban a luchar con montañas que arrojaban con toda su furia. Los demonios, no pudiendo resistir el ataque, se daban la vuelta y huían. Habiendo dispersado a las filas enemigas, los poderosos monos se acercaron a Ravana y le desconcertaban, pegándole en todas partes y arañándole con sus garras.

Viendo que los monos eran muy fuertes, Ravana consideró su situación.

Acto seguido, se volvió invisible y en un instante manifestó su poder ilusorio.

Al usar su poder, seres terribles aparecieron en escena, duendes, fantasmas y vampiros con arcos y flechas en las manos; Yoginis con una espada en una mano y el cráneo de Hanuman en la otra, del que bebían sorbos de sangre fresca, danzaban y cantaban multitud de canciones, al tiempo que gritaban: “jAtrapadies, matadies!” por todas partes. Con la boca completamente abierta corrían a devorar a los monos, que huían despavoridos. Pero ante ellos encontraron un fuego llameante y se dieron la vuelta. Los osos y monos estaban atrapados.

Entonces Ravana comenzó a echarles arena. Habiéndoles confundido a todos, el monstruo de diez cabezas, rugió de nuevo. Todos los héroes, incluidos Laksmana y Sugriva, rey de los monos, se desmayaron. Los más bravos se agarraban de la mano gritando: “Oh Rama! ¡Oh, Raghu nath!”

Tras vencer a los más poderosos, Ravana creó otra ilusión. Hizo aparecer huestes de Hanumans, que corrían con rocas y rodeaban a Sri Rama formando una ancha fila a cada lado. Con la cola levantada y rechinando los dientes, gritaban: “ ¡Apresadle y matadle, no le dejéis escapar!” Rodeado de sus colas por todos lados, el Señor de Kosala brillaba en medio de todos.

El Rey de Kosala, de cuerpo moreno, brillaba en medio de todos con resplandor creciente, como un gran árbol Tamala rodeado de un círculo de numerosos arco iris. Los dioses sentían en su corazón una mezcla de pena y alegría y lanzaban gritos de: “¡Victoria, victoria, victoria!”

El Héroe de los Raghus, preso de cólera, dispersó la ilusión con una sola flecha. El engaño se desvaneció;los monos y osos se regocijaron y se dieron la vuelta armados de árboles y rocas. Sri Rama lanzó una descarga de flechas, que una vez más cortó los brazos y las cabezas de Ravana. Si cientos de Sesas, dioses serpientes, Saradas, la diosa de la palabra, los Vedas y poetas tuvieran que recitar la historia de la batalla entre Sri Rama y Ravana alargándose durante muchos cielos, nunca podrían llegar a describirla.

El pobre Tulsidas, según su limitado entendimiento, ha descrito sólo los rasgos más salientes de ese combate, al igual que una mosca vuela por el aire de acuerdo a su corta capacidad.

El valiente Señor de Lanka no podía morir aunque le cortaran muchas veces las cabezas y brazos, Esto no era más que un simple pasatiempo para el Señor; sin embargo los dioses, Siddhas y los sabios, se inquietaban al ver al Señor peleando con él.

Tan pronto como le cortaban las cabezas le volvían a crecer corno una cosecha nueva. Nadie podía matar al enemigo a pesar de la prolongada lucha; entonces Sri Rama miró a Vibhisana.

Uma, continúa el Señor Siva, El Señor cuya voluntad causa la muerte de la Muerte misma, probó así la devoción de Su siervo.

“Escucha, sabio Rey de la creación animada e inanimada, protector del suplicante, deleite de los dioses y sabios: Ravana posee néctar en el fondo de su ombligo; por esta virtud, Señor, el demonio sobrevive.”

El Todo Misericordioso se alegró al oír las palabras de Vibhisana y tomó una terrible flecha. En ese momento aparecieron muchos malos presagios. Grandes cantidades de burros, chacales y perros aullaban. Los pájaros chillaban, pronosticando una calamidad, y aparecían cornetas en todos los rincones del cielo, En el horizonte había un resplandor sobrenatural y extraordinario y hubo un eclipse solar, aunque no era día de luna nueva, en que el Sol y la Luna están en conjunción. El corazón de Mandodari latía muy deprisa y los ídolos derramaban lágrimas sin cesar,
Los relámpagos serpenteaban por el aire con ruido atronador, soplaban furiosos vientos, la Tierra temblaba y las nubes goteaban sangre, pelo y polvo; ¿quién podría describir aquellas señales de fatalidad?

Los dioses del cielo estaban consternados al ver el portentoso fenómeno y gritaban: “¡Victoria, victoria!”

Al ver su angustia, el bondadoso Señor de los Raghus, colocó una flecha en su arco. Tensando la cuerda del arco por encima de la oreja, el Señor de los Raghus arrojó treinta y una flechas que volaron como serpientes de la muerte. Una de ellas penetró en el ombligo de Ravana, mientras que el resto fueron a parar a sus diez cabezas y veinte brazos con gran ímpetu.

Las flechas le arrancaron de un golpe todos los brazos y cabezas, mientras que su tronco bailaba solo por el campo de batalla. La tierra se hundió debajo de su peso mientras él se sacudía violentamente, hasta que el Señor le dio con una flecha que lo partió en dos. Y en el momento de morir gritó con voz terrible:

“Dónde está Rama? Pienso matarle ahora mismo”.

La tierra temblaba cuando el monstruo de diez cabezas se cayó; el océano, los ríos, los elefantes guardianes de los puntos cardinales y las montañas temblaban sobrecogidos. Las dos partes se separaron y cayó al suelo, aplastando debajo muchos osos y monos. Después de dejar los brazos y cabezas ante Mandodari, las flechas regresaron al Señor del Universo y entraron de nuevo en su carcaj. Al verlo, los dioses tocaron los timbales.

Su alma entró en la boca del Señor como un resplandor.

El Señor Sambhu y Brama se regocijaron al ver el espectáculo.

Todo el universo resonaba con ios gritos de: “¡Victoria, victoria! ¡Gloria al Héroe de ios Raghus, invencible guerrero!”

Dioses y sabios arrojaban flores, gritando: “Gloria, gloria al Todo Misericordioso! ¡Gloria a Mukunda, dador de la liberación!
“¡Gloria a ti, oh Mukunda, libertador, fuente de misericordia, disipador de todos los miedos de los pares de opuestos, deleite de aquellos que se refugian en ti, tormento de los demonios, causa primera, compasivo y omnipresente Rey de todo!”

Llenos de alegría, los dioses arrojaban flores;sus timbales sonaban con gran estruendo.

En el campo de batalla el cuerpo de Sri Rama eclipsaba la belleza de una multitud de Cupidos. Sobre la cabeza, su oscura mata de cabellos mezclada con las más bellas flores formaba una corona que brillaba como si fueran destellos de una luz resplandeciente en la cima de una oscura montaña.
En esta posición, girando el arco y las flechas entre sus brazos, manchas de sangre adornaban su cuerpo, como si fueran una manada de Raimunis posados sobre un árbol tamala y absortos en su gozo.

Con una lluvia de dulces miradas, el Señor disipó el miedo de los dioses; y los osos y monos gritaban de alegría: “ ¡Gloria a Mukunda, morada de dicha!”

Cuando Mandodari, esposa principal de Ravana, vio las cabezas de su señor, se desmayó de dolor. Sus otras esposas también se levantaron y se dirigieron al lugar llorando. Llevando a Mandodari con ellas, llegaron donde yacía Ravana. Y al ver la condición de su señor, comenzaron a gritar. Se soltaron los cabellos y se olvidaron de su cuerpo. Golpeándose con fuerza el pecho y llorando, cantaba su gloria, diciendo: “Ante tu poder, Señor, la Tierra tembló; el fuego, la Luna y el Sol oscurecían ante tu esplendor. Sesa, el dios serpiente, y la tortuga divina no podían soportar el peso de tu cuerpo, que ahora yace en el suelo lleno de polvo. Varuna, el dios que preside las aguas, Kubera, el dios de la riqueza, Indra, el señor de los cielos, y el dios viento, ninguno tuvo el coraje de enfrentarse contigo en la batalla. Por el poder de tu brazo, Señor, conquistaste a la muerte, así como también a Yama, dios que castiga a los que hacen el mal en el otro mundo; sin embargo tú yaces hoy como una criatura abandonada. Tu grandeza es conocida en todo el mundo; tus hijos y parientes también poseían una fuerza incalculable. La hostilidad con Sri Rama te ha llevado a esta condición y no queda ninguno de los tuyos para lamentar tu muerte. Toda la creación de Dios, mi Señor, estaba bajo tu control; los formidables regentes de los ochos cuartos del mundo siempre se inclinaban ante ti. Pero ahora los chacales comen tus cabezas y brazos, destino que de ninguna forma deja de merecer el enemigo de Sri Rama. Condenado a muerte, mi señor, no escuchaste mis palabras y tomaste al Rey de los seres animados e inanimados por un ordinario mortal.
“Tomaste por hombre al mismo Sri Rama, auténtico fuego que consume el bosque de la raza de los demonios, y no adoraste al Todopoderoso quien, mi amado esposo, El Señor Siva, Brama y otros dioses rinden homenaje. Tu cuerpo se deleitaba desde que naciste en hacer daño a otros, y era un recipiente de pecados; sin embargo, Sri Rama te ha absorbido en Su propio Ser. Yo me inclino ante El, pues es el inimitable Brama.
“¡Oh, mi señor! No hay nadie tan bondadoso como el divino Sri Rama, Señor de los Raghus, que te concedió un estado difícil de obtener para los Yoguis.”

Los dioses, sabios y Siddhas, se regocijaron al oír las palabras de Mandodari.

Brama, Siva, Narada, Sanaka y sus tres hermanos, Sanandana, Sanatana y Sanatkumara, y otros grandes sabios maestros de la verdad suprema, se sintieron sobrecogidos de emoción mientras se deleitaban mirando al Señor de los Raghus, y sus corazones se llenaron de agradecimiento.

Al oír las lamentaciones de las mujeres de Ravana, Vibhisana se aproximó a ellas con el corazón apenado, sintiendo aflicción por el estado de su hermano. Por lo cual el Señor ordenó a su hermano menor, Laksmana, que tratara de consolarle.

Después, Vibhisana regresó junto al Señor, que le miró lleno de compasión y le dijo: “Abandona tu pena y prepara ios ritos del funeral”.

Obedeciendo los deseos del Señor, Vibhisana celebró el entierro siguiendo estrictamente las escrituras y respetando fielmente el lugar y el tiempo.

Después de ofrecer al difunto puñados de agua y semillas de sésamo, para la propiciación de su alma, Mandodari y el resto de las reinas regresaron a sus palacios, relatando la grandeza de Sri Rama, Señor de los Raghus.
[...]
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[...]Entonces vinieron los dioses, siempre despiertos a sus propios intereses egoístas, y hablaron como si fueran buscadores de la verdad suprema, diciendo:
“Amigo de los mansos, divino Señor de los Raghus, has mostrado Tu misericordia a los dioses. Este miserable sensual, que se complacía en dañar al mundo entero y recorría el camino del mal, ha perecido por sus propios pecados.
Tú eres el mismo para todos, El Brama imperecedero, inalterable, imparcial por naturaleza, íntegro, desprovisto de propiedades materiales, nunca nacido, sin pecado, inmutable, invencible, de poder infalible, y lleno de compasión.
Tú viniste en forma de pez, de tortuga, de jabalí, de hombre león y de enano, así como de Parasurama,
Siempre que ios dioses han estado en apuros, Tú has puesto fin a su sufrimiento apareciendo en una u otra forma. Este impuro miserable, perpetuo enemigo de los dioses, estaba entregado a la lujuria, avaricia, vanidad y pasión. Y el hecho de que esta criatura tan vil alcanzara Tu estado nos deja maravillados. Nosotros los dioses estamos muy preparados para llegar al estado más alto; sin embargo, dedicados a nuestros propios intereses egoístas, hemos olvidado a nuestro Señor y estamos siempre metidos en la corriente del nacimiento y la muerte. Redímenos ahora, Acógenos, oh Señor, ya que hemos buscado refugio en Ti”.

Después de hacer esta súplica, los dioses y Siddhas permanecieron de pie donde estaban con las manos unidas. Luego, estremeciéndose de amor, Brahma comenzó esta oración:

“Gloria a Ti, Rama, morada perpetua de dicha.
Oh Hari, aliviador del sufrimiento, Jefe de ios Raghus, portador del arco y las flechas.
Señor, Tú eres un auténtico león que destrozas al elefante de la existencia mundana, y un océano de virtudes,
Mi Maestro omnipresente y sabio Tú encierras en Tu persona la belleza incomparable de miles de Cupidos, los Siddhas, al igual que los mayores sabios, cantan Tus alabanzas. Tu gloria no sólo es sagrada sino que lo purifica todo; en Tu ira atrapaste a Ravana, igual que Garuda, rey de los pájaros, podría capturar una enorme serpiente.
Deleite de Tus devotos, dispersador de su dolor y temor, nunca eres incitado por la pasión, y eres todo inteligencia, mi Señor.
Tu descendimiento al plano mortal está lleno de virtudes inefables; Tú vienes a aliviar a la Tierra de su peso y Tus manifestaciones son la sabiduría personificada.
Aunque viniste a la Tierra, Tú nunca naciste, pues eres omnipresente, uno y sin comienzo.
Yo me inclino alegremente a Ti, oh Rama, fuente de misericordia. Joya de la raza Raghu y asesino del demonio Dusana, primo de Ravana, Tú borras las faltas de Tus devotos e hiciste a Vibhisana, destituido como estaba, rey de toda Lanka.
Fuente de virtud y sabiduría, Tú no conoces el orgullo y nunca has nacido, lo impregnas todo y estás libre del roce de Maya; yo Te adoro constantemente, Rama.
Terrible es la gloria y el poder de Tus brazos, utilizados para exterminar las hordas de los impíos; compasivo y amigo del pobre, y espejo de belleza,
Yo te adoro junto a Sita.
Tú libras al hombre del nacimiento y la muerte y estás más allá de la causa y el efecto.
Haces desaparecer la debilidad en la mente del devoto.
Armado con un hermoso arco, flechas y carcaj, Tus ojos se parecen a un loto rojo.
Rey de reyes, morada de dicha, compañero amoroso de Laksmi, enemigo de la arrogancia, lujuria y falso sentido de la verdad, Tú estás libre de culpa, eres íntegro e imperceptible a los sentidos.
Aunque manifestado en todas las formas, nunca Te convertiste en ninguna de ellas; del mismo modo que el Sol y sus rayos son diferentes y sin embargo idénticos.
Benditos son todos los monos, oh señor, que contemplan Tu rostro con reverencia; mientras que nuestra existencia inmortal y nuestros cuerpos etéreos están maldecidos, oh Hari, pues carecen de devoción a Ti y están perdidos en placeres mundanos.
Muéstrame Tu misericordia, ya que eres compasivo con el afligido, y llévate mi sentido diferenciador, que hace que el mundo aparezca como algo distinto a Ti, que me conduce a la acción errónea por la cual paso mis días en una alegría falsa, confundiendo el dolor por felicidad.
Destructor de la malvada y hermosa joya de la Tierra, Tus pies de loto son adorados incluso por Sambhu, el Señor Siva, y Urna, la Diosa Parvati; oh Rey de Reyes, concédeme la gracia de poder tener una devoción ferviente a Tus pies de loto, fuente inagotable de bendiciones”.


Mientras el Brahma de cuatro caras rogaba así, su cuerpo se estremecía de emoción. Y sus ojos no se saciaban de contemplar el océano de la belleza. [...]
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Tulsidas dijo:
[...] El Señor recompensa con victoria eterna, sabiduría y prosperidad terrena a los hombres de buena voluntad que escuchan las historias de la victoria de Sri Rama, Héroe de la estirpe de los Raghus. Reflexiona y míralo por ti misma, mente:
esta edad de Kali es una auténtica fuente de impurezas. No hay nada a lo que se pueda recurrir en esta edad, excepto al nombre del hermoso Señor de los Raghus.[...]
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Tulsidas dijo:
[...] Alabo constantemente a Sri Rama, loable señor de Sita, Jefe de la Estirpe de Raghu, de forma azul verdosa como el cuello de un pavo real y adornado con una huella del pie de loto del Bramán —lo cual testifica que es el ser más grande entre todos los dioses—, rico en esplendor, cubierto de ropas amarillas, de ojos como el loto, que lleva un arco y flecha en las manos, y monta en el coche aéreo llamado Puspaka, acompañado por un ejército de monos y servido por su propio hermano Laksmana.
Los pies de loto de Sri Rama, delicados y encantadores, son adorados por Brama y por el gran Señor Siva y acariciados por las manos de loto de la Hija de Janaka, y son como el cazador de la abeja que representa a la mente de los devotos. [...]
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El Señor Shiva le dijo a Parvati:
[...] Viendo que la gente estaba impaciente por encontrarse con el Señor, el Todomisericordioso, Asesino de Khara, comenzó a realizar milagros y a manifestarse en múltiples formas a la vez, para que de este modo todos pudieran verle de una forma personal. El Héroe de los Raghus liberaba a todos de su aflicción poniendo sobre ellos Su bondadosa mirada. En un instante el Señor les saludó a todos; Uma, esto es un misterio que nadie podría comprender. [...]

  Observaciones y comentarios:

De acuerdo con la ciencia de las predicciones (que estaba más desarrollada en este país en el pasado) la vibración de los miembros izquierdos es considerada como buen augurio para las mujeres y como mal augurio para los hombres.

Paramanu= Medida de tiempo tomada de un rayo del sol al pasar por un átomo de materia.

Rama + Sita, hija de Rey Janaka y Reina Sunayana.