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Sri Rama

 

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Cónyuges/Hijos(as)::
1. Sita

Sri Rama

  • Nació: Ayodhya
  • Consorte (1): Sita

  Descripción:

Séptimo Avatar de Lord Vishnu (Decimoctavo Avatar según el Bhágavata-purana).
Por ser descendiente del rey Raghu, es también llamado 'Señor de los Raghus' o 'Jefe de los Raghus'.

  Observaciones y comentarios:

  • Siendo Sri Rama un Avatar, únicamente se citaran sus características así como sus principales enseñanzas.
  • Tulsidas dice:
    [...] Adoro al Señor Hari, conocido por el nombre de Sri Rama, el ser superior, más allá de todas las causas, cuya Maya hace balancearse al universo entero incluyendo a los dioses nacidos de Brama y a los demonios, cuya presencia llena de realidad el mundo de las apariencias -hasta el falso concepto de que la serpiente se explica en relación con la cuerda- y cuyos pies son el único barco para los que desean cruzar el océano de esta existencia. ///

    Venero el nombre "Rama" del jefe de los Raghus, compuesto de letras que representan al dios-fuego, el dios-Sol y el dios-Luna (Ra y Ma respectivamente).
    Es el mismo que Brahma, que Vishnu y que Shiva, y el aliento vital de los Vedas; que no se puede calificar, y es incomparable mina de virtudes. ///

    La gloria del Nombre es, pues, infinitamente mayor que la del Absoluto.
    Ahora explicaré cómo según mi parecer el Nombre es incluso superior a Sri Rama.

    Por el bien de sus devotos, Sri Rama tomó la forma de un ser humano, y sufriendo Él mismo diversas penalidades, proporcionó alivio a los piadosos.

    Por otro lado, los devotos, repitiendo Su Nombre con cariño, se convierten en moradas de alegría y bendiciones.
    Sri Rama mismo pudo redimir a una sola mujer, esposa de un asceta, mientras que Su Nombre corrigió el error de multitudes de almas malvadas.

    Por el bien del sabio Viswamitra, Sri Rama trajo la destrucción a la hija de Suketu junto a la de su ejército y de su hijo, mientras que Su Nombre pone fin a las vanas esperanzas del devoto y a todos sus errores y penas, igual que el Sol termina con la noche.

    Sri Rama
    en persona rompió el arco de Shiva, pero la gloria de Su Nombre disipa incluso el temor al nacimiento.

    El Señor
    sólo pudo devolver la belleza al bosque Dandaka, mientras que Su Nombre purificó la mente de innumerables devotos.

    El amado de los Raghu
    s aplastó solo a un ejército de demonios, mientras que Su Nombre arranca de raíz todas las impurezas de la edad de Kali.

    El Señor de los Raghus
    concedió la inmortalidad sólo a sus siervos fieles como Sabari y el buitre, mientras que Su Nombre ha liberado a incontables malvados; la historia de sus virtudes está claramente narrada por los Vedas.
    Y como todos saben, Sri Rama concedió su protección sólo a dos devotos, Sugriva y Vibhisana; sin embargo, Su Nombre ha derramado Su Gracia sobre muchas almas humildes.
    Esta suprema gloria del Nombre brilla en el mundo y en los Vedas, Sri Rama reunió un ejército de osos y monos y pasó grandes dificultades para construir un puente. Sin embargo, al repetir Su Nombre, el océano mismo de la existencia mundana se queda seco: que los sabios lo tengan presente.

    Sri Rama
    mató en una batalla a Ravana y a toda su familia, y regresó a su propia ciudad con Sita.
    Luego fue coronado rey en la capital de Ayodhya, mientras que dioses y sabios cantaban sus glorias con palabras de alabanza.
    Pero sus siervos siempre pueden vencer al poderoso ejército del mal si recuerdan con cariño Su Nombre y, absortos en la devoción, actúan con una alegría que proviene de ellos mismos, pues, por la Gracia del Nombre no conocen el dolor ni el sueño.

    Por eso el Nombre es más grande que Brama y Sri Rama juntos y siempre da sus bendiciones a los que conceden favores.
    Sabiendo esto en Su corazón, el gran Señor Shiva escogió esta palabra para nombrarse a sí mismo de entre toda la historia de Sri Rama que comprende 100 versos.[...]
    Lord Shiva dice a Parvati:
    [...] "La historia de Rama es como el palmear de manos que aleja a los pájaros de la duda.
    Es como un hacha que corta el árbol de Kaliyuga; escúchala con reverencia, oh hija del rey de la montaña.

    Los Vedas han declarado que los hermosos nombres de Sri Rama, así como Sus virtudes, historias, nacimientos y obras son incontables. Igual que el divino Rama no tiene fin, Sus historias, gloria y virtudes son interminables.
    Pero, al ver tu gran amor yo las voy a contar como las he oído y lo mejor que mi inteligencia me permita.
    Uma, tus peticiones son hermosas y agradan a los santos; y yo también me siento satisfecho de escucharlas.
    Pero hubo una cosa, Bhavani, que no me gustó, aunque la dijiste sabiendo que era un engaño:
    ¡sugeriste que el Rama del que hablan los Vedas y que los sabios contemplan es otro ser!

    Estas palabras sólo las dicen y las escuchan los malvados cuyo corazón está dominado por la infatuación, desprecian los pies de Sri Hari, y no distinguen entre la verdad y la mentira.
    Son seres miserables, locos, ignorantes y ciegos, y el espejo de su corazón está cubierto por una capa de sensualidad, lasciva, engañosa y perversa en extremo; nunca han visto reunidos a los hombres santos, ni siquiera en sueños; no tienen conciencia de pérdida o ganancia, y afirman cosas que repugnan a los Vedas.
    El espejo de su corazón está oscurecido y no tienen ojos para ver; entonces, ¿cómo pueden esas almas miserables contemplar la belleza de Sri Rama?

    Para aquellos que no conocen al Brama incalificado o a la Divinidad cualificada, que se dedican a afirmar cosas fantásticas y que giran en este mundo bajo la influencia del poder ilusorio creado por Sri Hari, ninguna afirmación es suficientemente loca.

    Los que están dominados por el delirio o la locura, los poseídos y los ebrios no hablan con sentido.
    Nadie debe escuchar a aquellos que han bebido el vino de la infatuación.

    Tranquilizado así tu corazón, olvida toda duda y adora los pies de Sri Rama.
    Escúchame, oh hija del rey de la montaña, pues mis palabras son como rayos de luz que disipan la oscuridad del error,

    No hay diferencia entre la Divinidad cualificada y el Brama incalificado: así lo dicen los sabios, Vedas y Puranas.
    Lo que carece de atributos y forma, lo que es imperceptible y no nace, se convierte en calificado por el poder del amor del devoto.

    ¿Cómo puede el Absoluto adquirir atributos?
    De la misma forma que el agua y el granizo no difieren en su sustancia.
    La infatuación está lejos de Aquel cuyo Nombre mismo es como el Sol ante la oscuridad del error.
    Sri Rama, que es la unión de la Verdad, Conciencia y Dicha, es como el Sol; la noche de la ignorancia no puede aparecer en Él ni siquiera en su grado mínimo.
    Él es el Señor cuyo ser mismo es luz; en Él no hay despertar a la comprensión (pues el despertar viene tras la noche, y no hay noche en el Sol de Sri Rama).
    La alegría y la pena, el Conocimiento y la ignorancia, el egoísmo y el orgullo, son características de un Jiva.
    Sri Rama es el Brama omnipresente, la encarnación de la dicha suprema, el más alto señor, y el Ser más anciano. El mundo entero lo sabe.
    El que es universalmente conocido como el Espíritu, la fuente de luz, se manifiesta en todas las formas, y es señor de la vida y la materia; esa Joya del linaje de los Raghus es mi Maestro."
    [...]
    Lord Vishnu anuncia a los dioses que se manifestará en la tierra:
    [...] "No temáis, oh sabios, Siddhas e Indra; por vuestro bien tomaré la forma de un ser humano.
    Naceré en el glorioso linaje solar como ser humano, acompañado de mis otras manifestaciones.
    El sabio Kashyapa y su esposa, Aditi, hicieron grandes penitencias; a ellos ya les he concedido un favor.
    Han aparecido en la ciudad de Ayodhya para gobernar a los hombres en la forma de Dasaratha y Kausalya.
    Yo naceré en su casa, tomando la forma de cuatro hermanos, como es costumbre en el linaje Raghu.
    Cumpliré todo lo que dijo Narada, y descenderé con Mi Energía Suprema.
    Así liberaré a la Tierra de todo su peso; no temáis, oh dioses."
    [...]
    El rey Dasaratha hace un sacrificio para tener hijos:
    [...] Un día, el rey se sentía triste porque no tenía hijo varón.
    Se apresuró al hogar de su maestro, y cayendo a sus pies, le suplicó una y otra vez.
    Contó al Guru todas sus alegrías y penas; el sabio Vasistha le consoló y le dijo:

    "Sé valiente y espera; tendrás cuatro hijos, que serán conocidos en los tres mundos y librarán a los devotos de sus temores".

    Luego, Vasistha llamó al sabio Srngi y le hizo ofrecer un sacrificio por el nacimiento de un hijo del rey.
    Cuando el sabio ofreció las oblaciones al fuego sagrado, apareció el dios fuego con una ofrenda de arroz hervido en leche en su mano. Y el dios fuego dijo:

    "Todo lo que Vasistha te ha dicho, ya se ha cumplido. Recibe esta oblación, oh rey, y divídela en las partes que creas convenientes"

    Entonces el dios fuego desapareció después de explicar a todos los reunidos lo que debían hacer.
    El rey se sintió arrebatado en éxtasis y no podía contenerse de gozo.
    Al instante, el rey envió a llamar a sus amadas esposas.

    Cuando Kausalya y las otras reinas llegaron, dio la mitad de la ofrenda a Kausalya y dividió el resto en dos mitades, una de las cuales dio a Kaikeyi.
    El resto fue nuevamente dividido en dos partes que colocó en las manos de Kausalya y Kaikeyi, y después de recibir su aprobación, entregó las dos partes a Sumitra.
    De este modo todas las reinas quedaron embarazadas.

    Todas estaban muy contentas, y se sentían muy afortunadas.
    Desde el momento en que Sri Hari penetró en el vientre, la alegría y la prosperidad reinaron en todos los mundos.
    En el palacio brillaban las reinas que eran minas de belleza, virtud y gloria.
    Así felizmente un tiempo, hasta que llegó el día en que el Señor debía revelarse. [...]
    El nacimiento del Señor:
    [...] La posición del Sol y la Luna, el signo zodiacal en que el Sol había entrado, la posición de los otros siete planetas, el día de la semana y el día del mes lunar, todo parecía ser propicio.
    Toda la creación animada e inanimada estaba llena de gozo, pues el nacimiento de Sri Rama es una fuente de alegría.

    Era el noveno día de la mitad brillante del sagrado mes de Chaitra; la Luna había entrado en la estrella llamada Abhijit, que es tan querida por Sri Hari.
    El Sol estaba en su meridiano; el día no era frío ni caluroso. Era un momento santo que producía descanso en todo el mundo. Soplaba una brisa fresca, suave y fragante. Los dioses se sentían emocionados, y los santos bullían de entusiasmo.
    Los bosques estaban llenos de capullos, las montañas resplandecían con el brillo de las gemas y en todos los ríos fluía una corriente de néctar.

    Cuando Brama se dio cuenta de que había llegado el momento del nacimiento de Sri Rama, todos los dioses salieron con sus carrozas aéreas debidamente adornadas.
    El cielo resplandeciente estaba lleno de sus ejércitos y grupos de Gandharvas cantaban alabanzas y hacían llover flores colocándolas en sus hermosas palmas. El cielo resonaba con el golpear de cimbales.
    Nagas, sabios y dioses ofrecían alabanzas y realizaban todo tipo de servicios.
    Tras ofrecer sus alabanzas, los dioses iban regresando a sus moradas.

    Y entonces el Señor, refugio del universo y amparo de toda la creación, se manifestó.
    El hermoso Señor, que es compasivo con los humildes y bienhechor de Kausalya, apareció.
    El pensamiento de Su maravillosa forma, que arrebataba el corazón de los sabios, llenó a la madre de gozo.
    Su cuerpo era oscuro como la nube, y el deleite de toda mirada; en Sus cuatro brazos llevaba Sus emblemas característicos: una concha, un disco, un garrote y un loto. Adornado con joyas y una guirnalda de flores silvestres, y dotado de grandes ojos, el Destructor del demonio Khara era un océano de belleza.

    Uniendo sus manos, la madre dijo:
    "Oh Señor infinito, ¿cómo puedo alabarte? Los Vedas y los Puranas dicen que trasciendes la Maya, que traspasas todo atributo, conocimiento y medida.
    El que es glorificado por los Vedas y los santos como un océano de misericordia y dicha, y fuente de virtudes, ese mismo Señor de Lakshmi, amante de Sus devotos, Se ha revelado por mi bien.
    Los Vedas proclaman que cada poro de Tu cuerpo contiene multitud de universos manifestados a través de Maya.
    Que un Señor tan grande haya estado en mi vientre es un hecho tan disparatado que hace tambalear hasta las mentes más sabias".

    Cuando esta revelación llegó a la madre, el Señor sonrió y comenzó a hacer muchos gestos hermosos.
    Luego le habló de la bella historia de su encarnación anterior para que Le amara como a su propio hijo.

    Entonces el ánimo de la madre cambió, y habló de nuevo:
    "Abandona esta forma sobrehumana y recréate en los juegos infantiles, tan queridos para el corazón de una madre; la alegría que nace de esos juegos no se puede igualar de ninguna forma".

    Al oír estas palabras, el omnisciente Señor de los inmortales se volvió niño y comenzó a llorar. ///

    Por el bien de los brahmanes, vacas, dioses y santos, el Señor, que trasciende la Maya y está más allá de los tres tipos de Prakrti y por encima de los sentidos, nació como hombre, tomando una forma según Su propia voluntad.

    Al oír el delicioso sonido de su lloriqueo, todas las reinas se apresuraron a venir.
    Las doncellas corrían sin cesar gozosas; toda la ciudad había entrado en un estado de júbilo.
    Cuando Dasaratha se enteró de que le había nacido un hijo, quedó sumergido como en un éxtasis de contemplación de Brama.
    Con la mente rebosante del más elevado amor y el cuerpo tembloroso de alegría, intentó levantarse, mientras trataba de sobreponerse, y se dijo:
    "El mismo Señor cuyo Nombre trae bendiciones por el simple hecho de escucharlo, ha llegado a mi casa", y este pensamiento llenaba su mente de placer supremo. ///

    Así transcurrieron unas cuantas jornadas; los días y las noches pasaban inadvertidos.
    Sabiendo que había llegado el momento de dar un nombre a los niños, el rey mandó llamar al iluminado sabio Vasistha.
    Después de rendirle homenaje, el rey le habló así: "Santo señor, asígnale los nombres que tu mente haya establecido".

    "Sus nombres son muchos y únicos; sin embargo, oh rey, los pronunciaré como mejor pueda.
    Tu hijo mayor, océano de felicidad y encarnación de la alegría, cuya más pequeña partícula llena de gozo los tres mundos, tiene por nombre 'Rama', hogar de la dicha y consolador de todos los mundos.
    Tu segundo hijo, que sostiene y alimenta el universo se llamará 'Bharata', mientras que aquél cuyo pensamiento destruye a nuestros enemigos es glorificado en los Vedas con el nombre de 'Satrughna".

    El que encierra rasgos nobles, amado de Sri Rama y Sostén del universo entero, recibió del Guru Vasistha el maravilloso nombre del Lakshmana.

    El maestro asignó estos nombres tras considerarlos debidamente y luego dijo:
    "Tus cuatro hijos, oh rey, son la esencia misma de los Vedas.
    De ellos, Sri Rama es el tesoro de los sabios, el todo del devoto y la vida misma de Shiva, en estos momentos disfruta con los juegos infantiles".

    Desde sus primeros días Lakshmana consideró a Sri Rama como su bienhechor y maestro, y en él nació la devoción a Sus pies.

    El amor que existía entre los otros dos hermanos, Bharata y Satrughna era tan glorioso como el que suele haber entre maestro y siervo.
    Mientras las madres de los hermanos, una de las cuales era morena, y la otra rubia, rompían briznas de hierba para alejar de ellos el mal.

    Aunque los cuatro hermanos eran encarnaciones de amabilidad, belleza y bondad, Sri Rama era el perfecto océano de la dicha.
    En Su corazón brillaba la luna de la gracia y Su cautivadora sonrisa representaba sus rayos.
    Teniéndolo en su regazo y en su hermosa cuna, la madre lo acariciaba, llamándole querido.
    El Brama que nunca nace y todo lo penetra, que no puede ser tocado por la Maya, sin atributos ni movimientos, ha buscado refugio en los brazos de Kausalya, conquistado por su amor y devoción.

    Su cuerpo oscuro, que parece un loto azul y una densa nube cargada de lluvia, poseía la belleza de millones de Cupidos.
    Las uñas resplandecían en Sus rojos pies de loto como si fueran perlas en los pétalos de un loto rosado.
    Señales de truenos, una bandera y un aguijón brillaba en Sus plantas, y el tintinear de sus tobillos arrebataba el corazón de los sabios.
    Un aro de campanillas ceñía Su cintura y en Su vientre había tres pliegues; la profundidad de Su ombligo sólo la conoce aquel que la ha percibido.
    Sus largos brazos se adornaban con múltiples objetos y la garra del tigre colgaba de su pecho con una belleza exquisita.
    La elegancia del collar de gemas y diamante en el extremo, y la huella del pie del brahmán fascinaban la mente.
    Su cuello parecía una concha por su forma espiral, y la barbilla era hermosísima, mientras que Su rostro estaba encendido con la belleza de incontables Cupidos.
    Parejas de pequeños dientes quedaban veladas por unos labios rosados, y Su hermosa nariz, junto con la señal sectaria en la frente, eran indescriptibles.
    Con unos oídos bellísimos y las más hermosas mejillas, era una delicia escuchar su dulce balbuceo.
    Su suave y rizado pelo, que nunca había sido peinado desde Su nacimiento, había sido hermosamente arreglado por la madre.
    Un vestido amarillo cubría Su cuerpo y Su gatear sobre rodillas y manos era muy atrayente a mis ojos.
    La elegancia de Su forma era algo que ni los Vedas ni Sesa podían describir, sólo la conoce el que la haya contemplado, aunque sea en sueños.
    ///

    De esta forma el Señor jugaba como un niño para deleite de toda la gente de la ciudad.
    La madre unas veces lo tomaba en sus brazos, y otras veces Lo echaba en la cuna y Lo mecía.

    Kausalya estaba ensimismada por el amor que los días y las noches pasaban inadvertidos.
    Por amor a su niño, entonaba canciones que hablaban de Su niñez.

    Un día, la madre Kausalya lavó y vistió al niño y Lo puso a dormir en la cuna.
    Luego se bañó ella para adorar a la deidad protectora de su familia. Y después de adorarla, le ofreció comida y regresó a la cocina.

    Cuando volvió al lugar de adoración vio a su niño tomando la comida ofrecida al Señor.
    Asustada, la madre se acercó al niño y le encontró dormido en su habitación.
    Pero al regresar de nuevo al templo, todavía seguía viéndolo allí.
    Ahora ella temblaba de temor y su mente estaba intranquila, pues veía a dos niños, uno en el templo, y otro en la habitación.
    Y se decía:
    ¿Es acaso una ilusión de mi mente o un fenómeno extraordinario?"

    Y Sri Rama, al ver a su madre perpleja, sonreía dulcemente.

    Entonces el Señor reveló a Su madre Su maravillosa e infinita forma, y le mostró que cada poro de Su piel contenía millones de universos.
    Luego Kausalya vio innumerables soles y lunas, Shivas y Brahmas de cuatro caras, y cantidad de montañas, ríos, océanos, valles y bosques, así como el espíritu del tiempo, el principio de la acción, las clases de Prakrti, el espíritu del Conocimiento y Naturaleza, y muchas más cosas de las que ella nunca había oído hablar.
    Luego ella percibió la Maya, que es realmente poderosa, y quedó paralizada de terror, de pie y con las manos juntas.
    La madre contempló también el alma encarnada, que bailaba por el poder de Maya, y también el espíritu de la devoción, que libera el alma. El vello de su cuerpo se erizaba y quedaba muda.
    Cerrando los ojos, postró su cabeza a los pies del Señor.

    Viendo que la madre estaba maravillada, el Destructor de Khara volvió a tomar forma de niño.
    Ella era incapaz de pronunciar alabanzas y temblaba al pensar que había observado al Padre del universo como su hijo.

    Sri Hari consoló a Su madre y le dijo: "Escucha madre: no reveles a nadie lo que has visto".

    Juntando las manos, Kausalya suplicaba una y otra vez:
    "Haz Señor que Tu Maya no siga teniendo poder sobre mí".
    ///

    Cuando los cuatro hermanos se hicieron unos muchachos, sus padres y el maestro les invistieron con el hilo sagrado.
    Luego el Señor de los Raghus acudió al hogar de su maestro, y en poco tiempo logró dominar todas las ramas del saber.

    Qué gracioso resulta que Sri Hari, cuyo aliento se ha cristalizado en forma de los cuatro Vedas, tuviera que ir a la escuela.

    Aplicados en el saber, y perfectos en las normas de conducta, virtudes y limpieza ellos jugaban imitando el papel de reyes.
    Con una flecha y arco en las manos, su aspecto era encantador, su belleza extasiaba a toda la creación, animada e inanimada.
    Por cualquier calle que pasaran los cuatro hermanos, todos los hombres y mujeres se paraban a observarlos.
    Toda la gente de Ayodhya, hombres y mujeres, ancianos y niños tenían a Rama por algo más precioso que la vida.

    Llamando a sus hermanos y compañeros, Sri Rama Se los llevaba al bosque de caza.
    Mataba deliberadamente haciendo de ello un juego santo, y luego se lo mostraba al rey.
    Los animales matados por las flechas de Sri Rama iban derechos al cielo.
    Solía comer con Sus hermanos menores y compañeros y obedecía las órdenes de Sus padres.
    Siempre daba con alguna forma de contentar a la gente de la ciudad.

    Escuchaba los Vedas y Puranas con total atención y El mismo exponía las verdades en ellos encerradas a Sus hermanos menores. Levantándose al amanecer, el Señor de los Raghus inclinaba Su cabeza ante Sus padres y maestro y, con su permiso, se ocupaba de los asuntos de la ciudad.
    El rey se sentía muy contento al ser Sus actos tan nobles.

    El Señor que todo lo penetra, que es indivisible, libre de deseo, no engendrado, carente de atributos, nombre o forma, realizaba actos maravillosos por el bien de Sus devotos.
    Sri Rama hace un milagro luego de exterminar a los demonios que molestaban al sabio Viswamitra durante sus sacrificios:
    [...] Después de matar a los demonios, el Señor liberó a los brahmanes de sus miedos, y todos los dioses y sabios Le alababan.
    El Señor de los Raghus permaneció allí unos días y mostró Su gracia a los brahmanes.
    Y aunque el Señor sabía todo, los brahmanes movidos por su devoción, Le contaban muchas leyendas de los Puranas.

    Luego el sabio Le rogó amablemente: "Mi señor, haznos presenciar uno de tus actos".

    Al saber que había un sacrificio, el Señor de los Raghus acompañó al sabio con alegría.
    En el camino vieron una ermita sin ningún pájaro, animal o ser vivo.

    Al ver una losa en el suelo, el Señor preguntó al sabio qué era, y éste le contó toda la historia que aquello encerraba.

    "La esposa de Gautama, después de tomar forma de piedra bajo una maldición, busca sin cesar el polvo de Tus pies de Loto; sé misericordioso con ella, oh héroe de la raza Raghu."

    Con el simple roce de Sus santos pies, que disipan el dolor, apareció Ahalya, encarnación de la austeridad.

    Contemplando al Señor de los Raghus, gozo de Sus siervos, ella se quedó ante Él con las manos juntas.
    Su corazón desbordaba de amor, el vello de su cuerpo se había levantado, y era incapaz de decir nada.
    La bendita Ahalya se agarraba a Sus pies, y lágrimas caían de sus ojos.
    Serenándose luego, reconoció al Señor y por la gracia de Sri Rama, obtuvo devoción a Sus pies.

    Con palabras inocentes, comenzó a alabar al Señor:

    "Gloria al Señor de los Raghus, que es accesible mediante el Conocimiento espiritual.
    Yo soy una mujer impura, y el Señor puede santificar a todo el mundo, siendo deleite de Sus siervos.
    Oh enemigo de Ravana. Tú liberas a Tus devotos del temor del nacimiento; por eso busqué refugio en Ti. Por favor sálvame, sálvame.

    Mi esposo hizo bien en maldecirme, y yo le he dado las gracias por ello.
    He deleitado mis ojos en Sri Hari (Tú mismo), que está libre de la atadura de la existencia mundana.
    El Señor Sankara dice que verte es la Única bendición que existe.

    Señor, mi corazón es muy inocente; sólo quiero pedir una cosa.
    No quiero otro favor de Ti, maestro; sólo anhelo que mi mente continúe disfrutando siempre del amor por el polvo de Tus pies, como la abeja absorbe la miel del loto.

    El Señor misericordioso Sri Hari puso en mi cabeza los mismos pies de loto de los que salió el santo Ganges que Shiva lleva en Su cabeza y que son adorados por Brahma".


    Habiendo alabado así a Sri Hari, y postrándose una y otra vez a Sus pies, la esposa de Gautama se despidió del Señor, y con el fervor que tanto deseaba concedido, se dirigió llena de alegría al hogar de su esposo. [...]

    Rama + Sita, hija de Rey Janaka y Reina Sunayana.