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Pavana Dios del viento
Anjana

Hanuman

 

Vínculos de familia

Hanuman

  

[...] El Señor de los Raghus siguió avanzando y llegó al monte Rsyamuka.
Allí habitaba Sugriva con sus consejeros.
Cuando vio a los dos hermanos, las encarnaciones más altas de inmensurable fuerza, se sintió extremadamente alarmado y dijo a uno de sus ministros: “Escucha, Hanuman: esos dos hombres poseen una increíble fuerza y belleza. Tú eres un distinguido estudiante de Brama, ve, obsérvalos y trata de averiguar sus intenciones; una vez que lo hayas hecho, infórmame al respecto por medio de signos Si han sido enviados por el malicioso Valí, tendré que dejar esta montaña inmediatamente.” Tomando la forma de un bramán, el mono Hanuman se acercó a los dos hermanos e inclinando su cabeza, se dirigió a ellos de la siguiente forma: “Quiénes sois, héroes —uno de tez oscura, el otro de tez clara—, que vagáis por los bosques disfrazados como Ksatriyas pisando el duro suelo con vuestros delicados pies? ¿Por qué vagáis por los bosques, maestros? ¿Cómo es que poseyendo delicados, encantadores y bellísimos miembros los exponéis al ardiente Sol y al tormentoso viento de estas salvajes regiones? ¿Sois parte de la Trinidad o sois los divinos sabios gemelos Nara y Narayana?
¿O sois la Causa Primordial del mundo y el Señor de todas las esferas manifestados en forma humana para construir el puente que cruce la existencia mundana y aliviar el peso de la tierra?” [...]
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[...] Entonces el rey de los osos se volvió hacia Hanuman: “Escucha, oh poderoso Hanuman, ¿cómo es que permaneces callado? Hijo del rey del viento, eres tan poderoso como tu padre y fuente de inteligencia, discreción y sabiduría espiritual. Querido niño, ¿qué hazaña en este mundo es demasiado difícil como para que tú no la puedas llevar a cabo? Has venido a este mundo tan sólo para servir a Sri Rama”. Tan pronto como Hanuman escuchó estas palabras, creció hasta el tamaño de una montaña, con el cuerpo brillante como el oro y lleno de esplendor, ya que él era otro re de montañas (Sumeru). Rugiendo una y otra vez como un león, dijo: “Yo puedo saltar fácilmente a través del salado océano y matar a Ravana con toda su armada, puedo arrancar las raíces de la colina de Trikuta y traerla aquí. Pero te pido, Jambavan, que amablemente me des el consejo adecuado”. “Todo cuanto tienes que hacer, hijo mío, es ir y ver a Sita y volver con sus nuevas. Entonces Sri Rama, el de los ojos de loto, la rescatará por la fuerza de su brazo, llevando consigo un ejército de monos por simple diversión.
“Llevando consigo un ejército de monos, Sri Rama exterminará a los demonios y rescatará a Sita: y los dioses, así como Narada y otros sabios cantarán Sus glorias, que santificarán las tres esferas. Un hombre que las escuche, cante, repita o estudie alcanzará el estado supremo, y Tulsidas que es devoto como una abeja a los pies de loto de Sri Rama, el Héroe de la estirpe de los Raghus, las canta en todo momento.
“Sri Rama, el que mató al demonio Trisira, satisfará todos los deseos de aquellos hombres y mujeres que escuchan las glorias de Sri Rama, remedio para el dolor de la transmigración. Escucha las glorias de Sri Rama, aquel que posee una forma oscura como los lotos azules, cuya elegancia sobrepasa a millones de Cupidos, y cuyo Nombre es un auténtico cazador para los pájaros en forma de pecados.” [...]
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[...] Hanuman estaba verdaderamente gozoso de oír la animadora charla de Jambavan. Y dijo: “Esperadme, hermanos, soportando penurias y viviendo de tubérculos, raíces y frutas, hasta que vuelva a ver a Sita. Estoy seguro que nuestro propósito será cumplido pues me siento muy bien de ánimo”
Diciendo esto e inclinando después su cabeza a todos ellos se marchó lleno de gozo con la imagen de Sri Rama grabada en su corazón. Había una hermosa colina en la costa; Hanuman, sin esfuerzo, subió a su cima. E invocando una y otra vez al Héroe de la estirpe Raghu, el hijo del dios del viento saltó con toda su fuerza. Inmediatamente la colina en la que se apoyó, se hundió hasta la región más baja (Patala). Hanuman corrió hacia fuera como si hubiera sido la infalible flecha de Sri Rama. Sabiendo que era el emisario de Rama, la deidad que dirige el océano, habló así a la montaña Mainaka: “Alíviale de su fatiga, oh Mainaka, permitiéndole que descanse en ti’’.
Hanuman tocó la montaña con su mano y luego se inclinó ante ella diciéndole: “No puede haber descanso para mí hasta que haya realizado el trabajo de Sri Rama”.
Los dioses vieron al hijo del dios del viento pasar volando; y para probar su extraordinaria fuerza e inteligencia enviaron a Surasa, madre de las serpientes, que se acercó a él y dijo:
“Los dioses me han dado comida hoy”. Oyendo estas palabras el hijo del dios del viento le contestó: “Déjame que vuelva después de haber cumplido el encargo de Sri Rama y haber informado a mi Señor sobre Sita. Entonces me acercaré a ti y entraré en tu boca: te digo la verdad, Madre, sólo con que me permitas partir ahora”. Sin embargo, ella no le dejaba irse bajo ningún pretexto. Y Hanuman dijo: “Entonces, ¿por qué no me devoras?” Así que estiró su boca hasta una distancia de ocho millas, mientras el jefe de los monos crecía el doble de la medida de su boca. Alargó su boca de nuevo hasta una distancia de ciento veintiocho millas, e inmediatamente el hijo del dios del viento adquirió una forma que cubría doscientas cincuenta y seis millas. Al mismo tiempo que Surasa expandía sus mandíbulas, el jefe de los monos se manifestó en una forma dos veces mayor que su boca. Cuando ella de nuevo extendió su boca ochocientas millas a lo ancho, el hijo del dios del viento asumió una forma muy diminuta, pudiendo entrar y salir de su boca; y doblando su cabeza ante ella, rogó que no continuara. “He medido la extensión de tu ingenio y fuerza, motivo por el cual los dioses me enviaron.
“Cumplirás el encargo de Sri Rama, fuente inagotable de fuerza e inteligencia”. Después de bendecir a Hanuman partió y asimismo Hanuman lleno de gozo reanudó su viaje por el aire.[...]
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[...] Hanuman tranquilizó a la Hija de Janaka, y la consoló de muchas formas e, inclinando su cabeza ante Sus pies de loto, partió hacia el encuentro de Sri Rama.
Mientras partía rugió fuertemente con tal terrible ruido que las esposas de los demonios abortaron, Dando un salto a través del océano, alcanzó la orilla opuesta y saludó a sus compañeros monos con un grito de gozo. Todos estaban encantados de ver a Hanuman y se sintieron como si hubieran nacido de nuevo. Tenía un semblante alegre y su cuerpo brillaba con tan brillante luz que no había duda en sus mentes de que había ejecutado el encargo de Sri Ramachandra, Todos salieron a su encuentro y se sintieron tan deleitados como el que en su agonía por la falta de agua se sentiría al obtenerla. Más tarde procedieron alegremente a ver al Señor de los Raghus, mientras se sucedían las preguntas y se relataban los últimos sucesos. En el camino todos entraron en el jardín de Sugriva llamado Madhuvana y con el consentimiento de Angada comenzaron a comer el suculento fruto. Cuando los guardias interfirieron, fueron golpeados hasta que huyeron. [...]
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[...] Entonces Jambavan contó al Señor de los Raghus las flamantes hazañas de Hanuman. El todo misericordioso se sintió profundamente contento al oírlas y en su gozo estrechó contra su pecho a Hanuman. “Cuéntarne, querido Hanuman; ¿cómo pasa sus días y se mantiene viva la hija de Janaka?”
“Tu nombre la cuida día y noche, mientras ella continúa pensando en tus actos como un par de puertas cerradas. Tiene sus ojos fijos en sus propios pies; su vida así no encuentra salida por donde escapar. Cuando me iba me dio esta joya de su cabeza.”
El Señor de los Raghus la tomó y la estrechó contra su pecho.
“Mi Señor, con lágrimas en los ojos la Hija de Janaka profirió las siguientes palabras:
‘Abraza los pies de Mi Señor y de Su hermano más pequeño, gritando: Oh protector de los desgraciados, alíviame de la agonía de la súplica, estoy dedicada a tus pies en pensamiento, palabra y obra; sin embargo, ¿debido a qué ofensa, mi Señor, me has abandonado? Admito mi culpa, pues mi vida no se terminó en el momento en que fui separada de ti. Esa, sin embargo, mi Señor, es la culpa de mis ojos, que a la fuerza han impedido que me evada de vivir. La agonía de la separación de ti es como fuego, que mis suspiros avivan como ráfaga de viento y en medio permanece mi cuerpo como una pila de algodón, que hubiera sido consumida en un instante. Pero mis ojos por su propio interés de poder regocijarse en Tu belleza derraman lágrimas en abundancia; y por eso mi cuerpo no acierta a encenderse con el fuego de la desolación’.
Tan abrumadoramente grande es la pena de Sita, y Tú eres tan compasivo con el afligido que lo mejor es no describirla.
“Cada momento, oh fuente de misericordia, es como una eternidad para ella. Así que, marcha rápidamente, mi señor, y derrota a la malévola banda con tan poderoso brazo, y recupérala.” [...]
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[...] El Señor levantó a Hanuman y lo estrechó contra su pecho; luego lo cogió de la mano y lo sentó muy cerca de El. “Dime, Hanuman, ¿cómo pudiste quemar la fortaleza de Ravana, el bosque más impenetrable?” Viendo Hanuman que el Señor estaba tan a gusto, le contestó con palabras completamente desprovistas de orgullo, diciendo: “La fortaleza mayor de un mono se encuentra en su salto de una rama a otra. Debido a eso he sido capaz de saltar sobre el océano, quemar la ciudad dorada, matar la hueste de demonios y devastar el bosque de Asoka, todo debido a tu fuerza; ningún mérito, mi Señor, merezco por eso.
“Nada es inalcanzable, mi Señor, para aquel que disfruta de Tu gracia. Por tu fuerza una simple tira de algodón puede sin duda producir un fuego bajo el agua y lo imposible puede ser posible.
“Por lo tanto, complácete, mi señor, en concederme Devoción constante, fuente de suprema dicha.” Cuando el Señor, oh Parvati, oyó esta simple forma de hablar de Hanuman, dijo: “¡Que así sea! Aquel que ha venido a conocer la verdadera naturaleza de Rama no puede gozar con otra cosa que Su adoración. Incluso aquel que siente este diálogo entre Sri Rama y Hanuman en su corazón, es bendecido con devoción por los pies de Sri Rama”.
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[...] Entonces el Señor llamó a Hanuman, y le dijo: "Ve a Lanka y dile a la hija de Janaka todo lo que ha ocurrido; luego regresa contándome cómo está".

Así pues, Hanuman entró en la ciudad y, al enterarse de su llegada, los demonios y demonias corrieron a su encuentro. Le rindieron todo tipo de homenaje y luego le condujeron a la presencia de la hija de Janaka. Hanuman se inclinó ante ella desde una distancia considerable, y la Hija de Janaka le reconoció como el mensajero de Sri Rama.

Sita dijo a Hanuman: "Dime, querido hijo, si mi gracioso Señor está bien con su hermano menor y las huestes de ios monos".

Hanuman contestó: "El Señor de Kosala está muy bien. Madre, el monstruo de diez cabezas ha sido derrotado en la batalla, mientras que Vibhisana ha alcanzado el dominio duradero del reino".

Su corazón se llenó de alegría al oír las palabras del mono. Su alma se regocijó, Su cuerpo se estremeció de alegría, y con los ojos llenos de lágrimas, Sita repetía una y otra vez: "Qué puedo darte? No hay nada en los tres mundos que pueda recompensar esta valiosa información".

Hanuman replicó: "Creo, Madre, que hoy sin duda he alcanzado la soberanía de la creación entera al encontrar a Sri Rama sano y salvo con Su hermano después de conquistar al enemigo en el campo de batalla".

Sita dijo entonces a Hanuman: "Escucha, hijo mío: Que todas las más altas virtudes residan en tu corazón y que el Señor de Kosala junto con Ananta y Laksmana, sea siempre propicio a ti.[...]