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Diosa Saraswati

 

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1. Brahma

Diosa Saraswati

  • Consorte (1): Brahma

   Otros nombres para Saraswati eran Bharati, Sarada (Diosa de las palabras, de la elocuencia), Sarasvati, Sharada (Diosa de las palabras, de la elocuencia) y Vani.

  

Diosa de las artes y el conocimiento
Bharati (Diosa del lenguaje)

Citada como Sarada en "El Ramayana" de Tulsidas

Tulsidas dice:
[...] El mero hecho de ver y tocar el Sarayu, un baño en él o una bebida de sus aguas limpia los pecados, así lo declaran los Vedas y Puranas. Ni siquiera Sarada, diosa de la sabiduría, con su inteligencia pura, puede describir la infinita gloria de este río tan sagrado. [...]

[...] La perfección de la belleza de Bhavani no podía ser debidamente alabada ni por millones de voces. Si hasta los Vedas, Sesa y Sarada se sobrecogieron de admiración ¿qué puede hacer el torpe Tulsidas? [...]

[...] Sarada es como una marioneta, mientras que Sri Rama, controlador interno de todo, es quien dirige la marioneta, moviendo las cuerdas con sus manos. Cuando bendice a un poeta, sabiendo que es un devoto, hace bailar a la diosa en su corazón. Así pues, me postro ante el bondadoso Señor de los Raghus y comienzo a cantar Sus bellas virtudes. [...]
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Uma dice al Señor Shiva:
[...] "Oh Señor, los sabios que conocen la Realidad suprema hablan de Rama diciendo que es el Brama que no tiene principio; Sesa, Sarada, igual que los Vedas y Puranas, cantan las alabanzas del Señor de los Raghus. Tú también, Siervo del Amor, repites atentamente la palabra Rama noche y día. ¿Es ese Rama el hijo del rey de Ayodhya u otro ser nunca nacido, incalificado e imperceptible?" [...]
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El Señor Brahma dice a la asamblea de dioses:
[...] Que el Señor, desconocido por Sarada, para los Vedas, para Sesa y para todos los sabios, y que como dicen los Vedas, ama a los humildes, que Él sea movido a compasión. [...]
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[...] Kaikeyi y Sumitra dieron a luz a dos niños preciosos. La alegría, grandeza y solemnidad de la ocasión, y la afluencia de personas eran más de lo que Sarada y el rey serpiente podían describir. [...]
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En referencia a la infancia de Sri Rama y sus hermanos:
[...] Sus hermosos e inocentes pasatiempos infantiles han sido cantados por Sarada, Sesa, Sambhu y los Vedas, Aquellos que no encuentran placer en ellos han sido despojados de una gran suerte. [...]
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Sita en oración a Bhavani:
[...] "De todas las buenas mujeres que adoran a sus esposos como a un dios, Madre, Tú ocupas el primer lugar. Tu inmensurable grandeza es más de lo que podrían contar mil Saradas y Sesas;[...]
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[...] La magnificencia de la ciudad donde moraba la Diosa Laksmi disfrazada de mujer mortal hizo que Sarada y Sesa quedaran sin habla para describirlo. [...]
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[...] Sumantra preparó un par de carrozas y las unió a corceles que aventajaban a los caballos del mismo dios Sol y los llevó en todo su esplendor al rey; su belleza era más de lo que podía describir la diosa Sarada. [...]
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[...] Incluso Sarada es incapaz de describir el noble corcel sobre el que avanzaba Sri Rama. [...]
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[...] Sachi, Sarada, Rama, Bhavani y otras diosas que tenían un corazón puro e inteligentes por naturaleza, se disfrazaban de hermosas mujeres y se unían al gineceo real. [...]
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[...] La alegría que sentía en su corazón la madre de Sita al ver a Sri Rama vestido de novio era más de lo que podrían contar mil Saradas y Sesas en cien Kalpas. [...]
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[...] Las mujeres de la familia de Janaka se deleitaban al verlas y, aunque no las reconocían, las amaban más que a su vida. La reina las honraba una y otra vez, tratándolas como si fueran Vina, Rama y Sarada. Después de adornar a Sita y formando un círculo en torno a ellas las llevaron alegremente al pabellón. [...]
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[...] La diosa Gauri en persona enseñó a Rama a ofrecer un bocado de comida a Sita; y Sarada instaba a Sita a hacer lo mismo a Rama. [...]
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El Rey Janaka dice a Sri Rama:
[...] "Tú me has honrado al aceptarme como Tu siervo. Si hubiera diez mil Saradas y Sesas, y si narraran durante millones de edades la historia de mi buena fortuna, en verdad te digo que las alabanzas de Tus virtudes nunca se acabarían, oh Señor de los Raghus. [...]
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[...] Las madres reinas, al contemplar una y otra vez la belleza de Sita y Rama se daban cuenta de que el propósito de su vida en este mundo se había cumplido. Las compañeras de las reinas madres, al ver el rostro de Sita, cantaban y alababan su buena suerte. Al ver a las cuatro encantadoras parejas, la Diosa Sarada buscó con ansiedad entre su innumerable serie de símiles, pero todos parecían demasiado triviales. Por lo tanto, acabó contemplándoles sin pestañear, embelesada ante tanta belleza.

Había cuatro tronos exquisitamente adornados; las reinas madres sentaron en ellos a los novios y novias y lavaron sus santos pies. Luego adoraron a las parejas según los ritos védicos ofreciéndoles incienso, antorchas y comida. Pasaban las antorchas a su alrededor sin cesar y abanicos sobre sus cabezas. Las madres estaban tan entusiasmadas como el Yogui que ha realizado la Verdad más elevada o como el paciente que ha podido llegar a tocar el néctar o el pobre que da con la piedra filosofal o el hombre ciego que recobra la vista o una persona tartamuda que adquiere la elocuencia de Sarada, diosa de la palabra, o como el héroe que ha triunfado en las batallas. [...]
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A pedido de los dioses, Sarada influye sobre Manthara para que le diga a Kaikeyi que pida la entronización de su hijo Bharata en lugar de Sri Rama:

[...] Todos en la ciudad oraban por el regreso de Bharata, y se decían: "Ojalá Bharata llegase pronto con la expedición y pueda ser testigo de lo que va a suceder". En todas las calles, casas, caminos y lugares de recreo, los hombres y mujeres hablaban entre sí diciendo: "¿Cuándo llegará el día bendito en que Dios cumplirá nuestro deseo, el día en que, con Sita a Su lado, Sri Rama tomará asiento en el trono de oro?" Y todos decían: "¿Cuándo llegará el día de mañana?", y mientras, los dioses malvados rogaban que entretanto sucediera alguna desgracia.

El regocijo que había en Ayodhya no era de su agrado, por la misma razón que el ladrón desprecia la noche de luna llena.
Invocando a Sarada, los dioses le suplicaban, y agarrando sus pies, se postraban una y otra vez.

"Ya que eres consciente de la situación calamitosa en la que estamos, oh Madre, haz que los hechos se desarrollen de tal forma que Sri Rama se retire al bosque, abandonando Su trono y todos nuestros deseos se hagan realidad."

Al oír esta oración de las divinidades, la diosa Sarada se quedó inmóvil y se apenó al pensar que iban a jugar el mismo papel con la gente de Ayodhya que la noche con respecto a los lotos.

Viéndola deprimida, los dioses le hablaron de nuevo en tono suplicante: "Madre, tú no serás culpada de nada, pues el señor de los Raghus está por encima del dolor y la alegría. Y en cuanto a la gente, toda alma encarnada está sujeta al placer y al dolor según su destino. Por tanto, debes ir a Ayodhya por el bien de los seres celestiales". Agarrándose con fuerza a sus pies, insistieron una y otra vez hasta que ella se rindió y partió, considerando a los dioses como seres mezquinos.

Y Sarada pensaba para sí: "Aunque tienen la morada en lo alto, sus actos son malvados, pues no soportan la felicidad de los demás". Y pensando una vez más en el papel que estaba destinada a realizar en el futuro, se dirigió a la capital de Dasaratha como la influencia maligna de un planeta.

Kaikeyi tenía una doncella muy torpe llamada Manthara; después de pervertir su razón y convertirla en el blanco de la mala reputación, la diosa de la palabra regresó a su reino. [...]
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Bharata dice:
[...] Millones de Saradas y cientos de millones de Sesas son incapaces de describir las virtudes del Señor. [...]
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La Reina Kausalya dice a la Reina Sunayana:

[...] "Estoy preocupada por Bharata. Por la gracia de Dios y mediante vuestras bendiciones, mis hijos y sus esposas son tan puros como el agua del río celestial, el Ganges. Aunque nunca he jurado por Rama, juro ahora por El y os digo sinceramente, amiga mía, que para exaltar la amabilidad de Bharata, su bondad, modestia, carácter sublime, cariño fraternal, devoción, fe y nobleza, hasta el ingenio de la misma Sarada, la diosa del habla, tartamudeó. ¿Acaso puede el océano ser vaciado con una concha? Siempre he visto a Bharata ser la gloria de su casa y el rey así me lo confirmó en repetidas ocasiones. El oro es probado frotándolo con la piedra de toque y una piedra preciosa al llegar a las manos de un experto joyero, mientras que los hombres son probados en las ocasiones de emergencia por su innata disposición. No ha sido correcto de mi parte el haber hablado así, pero el sentimiento y el cariño sirven como excusa." [...]
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El Rey Janaka a la Reina Sunayana:

[...] "Escucha atentamente, oh dama de bello rostro y brillantes ojos: la historia de Bharata va más allá de los límites de la existencia mundana. La religión, la política y los estudios sobre Brama son un terreno al que tengo acceso de acuerdo a mis pobres luces. Pero a pesar de conocer estas materias, mi entendimiento no puede rozar la sombra de la gloria de Bharata, ni siquiera por engaño, y mucho menos describirla.

Para Brama, el Señor Ganapati, Ganesa, Sesa, el rey de las serpientes, el Señor Siva, Sarada, la diosa del aprendizaje, profetas, sabios, hombres de talento y todos aquellos que son inteligentes en cuanto al juicio, la historia, fama, hechos, piedad, amabilidad, bondad y la intachable gloria de Bharata son un deleite al escucharlos y apreciarlos. Sobrepasan a la corriente celestial en pureza e incluso al néctar en gusto. [...]
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[...] Los dioses invocaron y ensalzaron a la diosa Sarada diciendo: "Oh diosa, nosotros los habitantes del cielo hemos buscado refugio en ti; por favor, protégenos. Cambia la mente de Bharata ejercitando tu Maya, y preserva de la ruina a la raza celestial llevándotelos bajo la refrescante sombra de algún truco ilusorio".
Cuando la inteligente diosa escuchó los ruegos de los dioses entendió que el egoísmo les había despojado de sus sentidos, y de acuerdo a ello, replicó dirigiéndose Indra en particular:
"Me pedís que altere la mente de Bharata! Es una pena que no puedas ver el Monte Meru a pesar de poseer mil ojos. Incluso la Maya de Brama el Creador, Hari el Preservador y Hara el Destructor del universo extraordinariamente poderosa, no puede ni siquiera enfrentarse con la razón de Bharata. Y sin embargo, tú me pides que la pervierta crees que la luz de la Luna puede desplazar al Sol? El corazón de Bharata es la morada de Sita y Sri Rama, ¿es que acaso la oscuridad puede entrar allá donde el Sol brilla?.
Con estas palabras la diosa Sarada regresó al cielo de Brama dejando a los dioses tan desconsolados como lo está el pájaro de Chakrawata durante la noche. [...]
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[...] Entonces Bharata invocó en su corazón a la encantadora diosa Sarada, la cual vino desde el lago Manasarovara de su mente hasta su boca de loto. [...]
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[...] Escuchando el discurso de Sri Rama, el jefe de los Raghus, impregnado con el néctar extraído del océano de amor, toda la asamblea estaba perdida en un trance de afecto. Incluso la diosa Sarada estaba asombrada de lo que veía. [...]
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Sri Rama explica al Sabio Narada las virtudes de los santos:
[...] "Abreviando, oh buen sabio, las cualidades de los santos son tan numerosas que no pueden ser enumeradas por Sarada, la diosa de la elocuencia, ni por los Vedas."
"Ni Sarada ni Sesa las pueden narrar!" [...]
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[...] Oyendo esto, Ravana, el de diez cabezas, rio y dijo: "De acuerdo, el mono puede ser enviado de vuelta mutilado. "Los monos le tienen mucho cariño a su cola: te cuento este secreto. Por lo tanto, vendemos su cola envuelta en trapos mojados en aceite y prendámosle fuego después. "Cuando el mono regrese sin cola, el infeliz traerá a su maestro con él, y así tendré una oportunidad de ver su poder que tan prodigiosamente ha sido exaltado."
Hanuman sonrió para si al oír estas palabras. "Creo que la diosa Sarada ha probado serme útil." [...]
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Tulsidas dice:
[...] Si cientos de Sesas, dioses serpientes, Saradas, la diosa de la palabra, los Vedas y poetas tuvieran que recitar la historia de la batalla entre Sri Rama y Ravana alargándose durante muchos cielos, nunca podrían llegar a describirla. [...]

[...] El esplendor, la salud y la buena fortuna de la ciudad han sido cantados por los Vedas, Sesa, el dios serpiente, y Sarada, diosa de la dialéctica y del aprendizaje. Pero si incluso ellos estaban deslumbrados ante semejante espectáculo, ¿cómo podría un mortal hablar de la gloria del lugar? [...]
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Kakabhusundi dice a Garuda:
[...] Oh rey de los pájaros, continúa Kakabhusundi, la belleza de esta visión, lo singular de la asamblea y el deleite de la ocasión, no se pueden describir. Sarada, diosa de la sabiduría, Sesa, dios serpiente, y los Vedas siempre lo describen. Los dioses, después de cantar las glorias del Señor, regresaron a su morada. [...]

[..] La felicidad y prosperidad del reino de Sri Rama iba más allá de lo que incluso Sesa, el dios serpiente, y Sarada, la diosa de la sabiduría, podían describir. [...]
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El Señor Shiva le dice a Uma:

[...] "Escucha, Girija -continúa Sankara-: te he relatado con detalle esta santa historia según Mi entendimiento. Las historias de Sri Rama son innumerables y sin dimensión. Ni siquiera los Vedas ni Sarada, diosa del lenguaje, pueden contarlas todas. Infinito es Rama, e infinitas son Sus excelencias; Sus nacimientos, proezas y nombres tampoco tienen fin. Puede ser posible contar las gotas de agua de una lluvia o los granos de arena, pero no todas las proezas de Sri Rama." [...]
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Kakabhusundi dice a Garuda en referencia a Sri Rama:
[...] "El Señor es insondable como mil Patalas y temible como mil Yamas. Es tan santificador como incontables millones de lugares sagrados; Su nombre solo hace olvidar todos los peca dos acumulados. El Héroe de los Raghus es tan inamovible como mil Himalayas y tan profundo como mil mares. El Señor es tan generoso en otorgar todos los deseos como mil vacas de la abundancia. Es tan agudo como millones y millones de Saradas, y posee la creatividad de mil Bramas. Es tan buen preservador como mil Visnus y un destructor tan completo como mil Rudras. Es tan rico como mil Kuberas y tan capaz de hacer manifestar universos materiales como mil Mayas. Es tan buen sostenedor de los universos como mil Sesas. En resumen, el Señor Sri Rama, soberano del Universo, es infinito e incomparable en todos los aspectos." [...]

Citada como Vani en "El Ramayana" de Tulsidas

Tulsidas dice:

[...] Honor a ti, Vani y a ti, Vinayaka , creadores de los sonidos del alfabeto, de los innumerables objetos que representan esos sonidos, padres de los sentimientos poéticos y de las rimas, y fuentes de toda bendición. [...]

Saraswati + Brahma, hijo de Desconocido y Desconocido.