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Jambavan (Jefe del ejército de osos)

 

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Jambavan (Jefe del ejército de osos)

  Observaciones y comentarios:

General del ejército de Sugriva, quién adquirió la forma de un oso y poseyó una fuerza milagrosa.

Citado en "El Ramayana" de Tulsidas

Tulsidas dice:

[...] Los buenos son honrados a pesar de su apariencia humilde; así Jambavan (un general del ejército de Sugriva), que adquirió la forma de un oso y poseyó una fuerza milagrosa y Hanuman (el dios mono), alcanzaron veneración en este mundo. [...]

[...] El Señor de los monos (Sugriva), el jefe de los osos (Jambavan), el rey de los demonios (Vibhisana) y el ejército de monos, empezando por Angada, en todos ellos reverencio sus hermosos pies, pues llegaron a Sri Rama aun habiendo nacido en las especies más bajas. [...]
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Sugriva:
[...] "Escuchad, oh Nala, Angada, Hanuman y Jambavan: Vosotros sois sabios y decididos. Todos vosotros, valerosos guerreros, dirigíos juntos hacia el sur y preguntad a todo aquel que os encontréis, sobre el paradero de Sita. Usad cada una de vuestras facultades para encontrar la forma de rescatarla y así llevad a cabo el propósito de Sri Ramachandra. [...]
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[...] Viendo la desesperación en la que Angada estaba sumido, Jambavan, el viejo jefe de los osos, se dirigió a él, hablándole de forma altamente instructiva:

"Querido niño, no te imagines a Rama como un simple mortal; reconócele como igual a Brama, el Supremo Espíritu, sin atributos, invencible y sin nacimiento. Nosotros, sus sirvientes, estamos bendecidos siempre que seamos devotos del mismo Brama encarnado en forma humana.
"Por su propio deseo, el Señor descendió a la Tierra por el bien de los dioses, tierra, vacas y bramanes. Desechando todas las variedades de la beatitud final, aquellos que adoran Su forma manifestada y permanecen con Él incluso en la Tierra."
[...]
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[...] Entonces cada uno de los monos empezó a hablar de su propia fuerza, pero dudando de su capacidad de cruzar el océano.

Jambavan, el rey de los osos, dijo: "Yo soy ya demasiado viejo, y en mi cuerpo no queda ni una partícula de mi fuerza inicial. Cuando Sri Rama, el que mató al demonio Khara, asumió la forma de Trivikrama, era joven y poseía una gran fuerza. En su esfuerzo por capturar a Vali, el Señor alcanzó un tamaño indescriptible. Sin embargo, en menos de una hora, corrí exactamente siete veces alrededor suyo".

Angada dijo: "Yo podría saltar; pero tengo alguna duda en si podría volver".

Jambavan, sin embargo, intervino: "Aun a pesar de que eres competente en todos los sentidos, ¿cómo podemos enviarte a ti que eres el jefe de todos nosotros?"

Entonces el rey de los osos se volvió hacia Hanuman:

"Escucha, oh poderoso Hanuman, ¿cómo es que permaneces callado? Hijo del rey del viento, eres tan poderoso como tu padre y fuente de inteligencia, discreción y sabiduría espiritual.

Querido niño, ¿qué hazaña en este mundo es demasiado difícil como para que tú no la puedas llevar a cabo? Has venido a este mundo tan sólo para servir a Sri Rama".

Tan pronto como Hanuman escuchó estas palabras, creció hasta el tamaño de una montaña, con el cuerpo brillante como el oro y lleno de esplendor, ya que él era otro rey de montañas (Sumeru). Rugiendo una y otra vez como un león, dijo:

"Yo puedo saltar fácilmente a través del salado océano y matar a Ravana con toda su armada, puedo arrancar las raíces de la colina de Trikuta y traerla aquí. Pero te pido, Jambavan, que amablemente me des el consejo adecuado".

"Todo cuanto tienes que hacer, hijo mío, es ir y ver a Sita y volver con sus nuevas. Entonces Sri Rama, el de los ojos de loto, la rescatará por la fuerza de su brazo, llevando consigo un ejército de monos por simple diversión.

"Llevando consigo un ejército de monos, Sri Rama exterminará a los demonios y rescatará a Sita: y los dioses, así como Narada y otros sabios cantarán Sus glorias, que santificarán las tres esferas. Un hombre que las escuche, cante, repita o estudie alcanzará el estado supremo, y Tulsidas que es devoto como una abeja a los pies de loto de Sri Rama, el Héroe de la estirpe de los Raghus, las canta en todo momento.

"Sri Rama, el que mató al demonio Trisira, satisfará todos los deseos de aquellos hombres y mujeres que escuchan las glorias de Sri Rama, remedio para el dolor de la transmigración. Escucha las glorias de Sri Rama, aquel que posee una forma oscura como los lotos azules, cuya elegancia sobrepasa a millones de Cupidos, y cuyo Nombre es un auténtico cazador para los pájaros en forma de pecados
." [...]
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[...] Dijo Jambavan, "Escucha, oh Señor de los Raghus; aquel a quien otorgas tus bendiciones, siempre tiene la suerte por compañera, y es incesantemente feliz; dioses, seres humanos y sabios son todos agradables para él. El solo es victorioso, modesto y un océano de virtudes; su legítima fama brilla radiantemente en las tres esferas de la creación. Todo ha salido bien por la Gracia de mi Señor; ha sido únicamente hoy cuando nuestro nacimiento ha cumplido su objetivo. La victoria de Hanuman, hijo del dios viento, no puede ser descrita ni con un millar de lenguas".

Entonces Jambavan contó al Señor de los Raghus las flamantes hazañas de Hanuman.
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Suka le dice a Ravana:
[...] Nos has preguntado, mi señor, por el ejército de Sri Rama, pero mil millones de lenguas no podrían describirlo. Es un ejército de osos y monos de diverso color y desagradables caras, enormes y terribles. Aquel que incendió tu capital y mató a tu hijo Aksa es el mas débil de todos los monos. El ejército incluye innumerables campeones, monstruos fieros e indomables de gran volumen, que poseen la fuerza de muchos elefantes.
"Dwivida, Mainda, Nila, Nala, Angada, Gada, Vikatasya, Dadhimukha, Kesari, Nisatha, Satha y el poderoso Jambavan son algunos de ellos. [...]
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Jambavan a Sri Rama:
[...] "Escucha, oh Gloria de la raza solar -dijo Jambavan con las manos juntas-, Tu mismo nombre, mi Señor, es un puente que cuando el hombre lo asciende, cruza el océano de la existencia humana. Para cruzar este mar insignificante el tiempo no es necesario!"

Al oír esto, el hijo del dios del viento añadió: "La gloria de mi Señor es un gran fuego submarino que hace ya tiempo absorbió el agua del océano. Pero éste se llenó de nuevo por el torrente de lágrimas sembradas por tus olas enemigas; así es como llegó a tener sabor salado".

Cuando los monos allí presentes oyeron esta hiperbólica observación hecha por el hijo del dios del viento, la aplicaron a la persona de Sri Rama y sonrieron.

Jambavan llamó a los dos hermanos, Nala y Nila, y les relató la historia completa.

"Evocando a la gloria de Sri Rama comenzad a construir el puente y no en encontraréis dificultad alguna." Entonces llamó a la tropa de monos y dijo: "Todos vosotros, escuchad mi pequeña petición. Venerad en vuestro corazón los pies de loto de Sri Rama y comprometeos, osos y monos todos, en un juego. Salid, formidable tropa de monos y traed montones de árboles y montañas".

Al oír este mandato, los monos y osos se pusieron en marcha aclamando y exclamando, "¡Gloria al Héroe todopoderoso de la raza de los Raghus!" [...]

[...] El señor de los Raghus despertó al amanecer y, convocan do a todos los consejeros les preguntó su opinión: "Decidme rápidamente cómo debemos proceder".

Jambavan inclinó su cabeza ante los pies del Señor y dijo:

"Escucha, oh omnisciente Señor, morador de todos los corazones, fuente inagotable de sabiduría, fuerza, gloria, piedad y bondad, te ofrezco un consejo de acuerdo a mi propio entendimiento. Podríamos enviar a Ravana, al hijo de Vari, el príncipe Angada, como emisario".

El buen consejo no necesitó ser discutido y todos lo aprobaron... [...]
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Ravana a Angada:
[...] "Escucha, Angada, dime qué guerrero de tu ejército se atrevería a enfrentarse a mí. Tu maestro Rama, debido a la separación de su esposa se ha debilitado, mientras que su hermano menor Laksmana comparte su pena y por lo tanto está muy triste. Tú y Sugriva sois árboles en la ribera de un río y podéis ser arrastrados en cualquier momento; mi hermano menor Vibhisana es un gran cobarde. Tu consejero, Jambavan, está demasiado entrado en años como para pronunciarse en el campo de batalla, mientras que Nala y Nila son simples arquitectos y no guerreros. Sin duda hay un mono, de extraordinaria fuerza, aquel que vino anteriormente e incendió la ciudad." [...]
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[...] Cuando Sri rama recibió las nuevas acerca del enemigo, convocó a Su lado a todos Sus consejeros, y dijo: "Lanka tiene cuatro sólidas puertas; aconsejadme cómo deberíamos asaltarlas". El señor de los monos, Sugriva, Jambavan, el rey de los osos, y Vibhisana, hermano de Ravana, invocaron en su corazón al Ornamento de la raza solar; y finalmente se decidieron por un plan definitivo. [...]

[...] Por la tarde, ambos ejércitos se retiraron y los jefes de las diferentes unidades empezaron a contar sus soldados. El todo misericordioso e invencible Señor del Universo, espíritu supremo que está en todas partes, preguntó: "¿Dónde está Laksmana?" Hanuman se lo trajo de inmediato; viendo a su hermano más joven desfallecido, el Señor sintió una dolorosa presión.
Jambavan dijo: "Susena, el doctor, vive en Lanka: alguien debe ir a buscarle".
Hanuman apenas había transcurrido un minuto, fue y, con su casa y todo, le trajo rápidamente. Susena llegó y postró su cabeza a los pies de loto de Sri Rama. Le indicó el nombre de una hierba curativa, así como la montaña donde podía conseguirse, y dijo: "Adelante, oh hijo del dios del viento, tráela". [...]
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Jambavan ante el ataque de Meghananda:

[...] Jambavan dijo: "¡Quédate un rato más de pie, desgraciado!"

Al oír esto, su cólera no tenía límite. "Idiota, te he perdonado en consideración a tu edad. ¡Y todavía has tenido la audacia de retarme, criatura vil!" Diciendo esto, le arrojó su brillante tridente.

Jambavan lo cogió como pudo y se lo lanzó, hiriéndole en el pecho tan bruscamente que el enemigo de los dioses se tambaleó y cayó al suelo. Una vez más, Jambavan, lleno de furia, agarró a Meghanada por el aire y lo volteó, arrojándolo contra el suelo, y de esta forma le mostró su fuerza. Sin embargo, en virtud del don concedido por el Creador, no murió por todas sus matanzas, sino que Jambavan le agarró del pie y lo arrojó a Lanka. [...]

[...] Vibhisana se acercó al Señor y le dijo: "Escucha, mi Señor de incomparable poder y generosidad: El perverso Meghanada, experto en crear ilusión y plagas que vienen del cielo, está haciendo un sacrificio profano. Si se le permite consumar el sacrificio no será conquistado fácilmente".

El Señor de los Raghus se sintió agradado al oír esto y convocó a Angada y a muchos otros monos. "Id con Laksmana, hermanos, y destruid el sacrificio. Eres tú, Laksmana, quien debe matarle. Siento una gran pena al ver a los dioses tan atemorizados. Debes terminar con él por el poder de tu agudeza y fuerza; de una u otra forma, hermano, debemos acabar con el demonio. Jambavan, Sugriva y Vibhisana, manteneos a su lado con vuestro regimiento." [...]
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Jambavan ataca a Ravana:

[...] Viendo a todos los héroes monos desmayados, el valiente Jambavan se abalanzó con las huestes osos, llevando rocas y árboles, que lanzaban sobre él retándole una y otra vez. Esto encendía la cólera de Ravana, que cogió a un buen número de soldados por el pie y comenzó a arrojarlos al suelo; Jambavan, rey de los osos, se llenó de cólera ante los estragos hechos a sus huestes y dió una patada a Ravana en el pecho.

El violento impacto del pie en su pecho dejó a Ravana sin sentido, y cayendo desde el carro al suelo, atrapó a un oso con cada una de sus veinte manos, como si hubieran sido abejas que reposan por la noche entre los pétalos de los lotos. [...]
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Tras la muerte y el funeral de Ravana:

[...] El Todomisericordioso llamó a su hermano menor y le dijo: "Tú y Sugriva, Señor de los monos, así como Angada, Nala y Nila, Jambavan y Hanuman, acompañad a Vibhisana y encargaos de todos los preparativos necesarios para su coronación". Respetando los deseos de mi padre, yo no entraré a la ciudad, pero envío a los monos y a mi propio hermano, que son tan buenos como yo".
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Sri Rama agradece a los ejércitos y emprende el regreso a Ayodhya:
[...] Los osos y monos estaban sobrecogidos de emoción al ver lo que había en la mente del Señor, Su aversión a llevarles a Ayodhya, pues ellos no sentían ningún deseo de volver a casa.

Pero por obedecer la orden del Señor, los monos y osos se dispersaron con un sentimiento mezcla de alegría y tristeza, humildad y sumisión, guardando la imagen de Sri Rama en su corazón.

El rey de los monos, Sugriva, Nila, Jambavan, señor de los osos, Angada, Nala, Hanuman y todos los otros poderosos generales de las huestes de los monos, al igual que Vibhisana, estaban también demasiado sobrecogidos de emoción como para pronunciar una palabra. Con los ojos llenos de lágrimas permanecieron frente a Rama mirándole completamente absortos.

Viendo su excesivo amor, el Señor de los Raghus se montó en el carro aéreo con Sita y Laksmana, y les hizo subir también a ellos.

Sri Rama inclinó mentalmente la cabeza a los pies de los bramanes y dirigió el carro hacia el Norte. Al despegar, se produjo un tumultuoso ruido y todos gritaban: ¡Gloria al Héroe de la estirpe Raghu!" [...]
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A la llegada de Sri Rama a Ayodhya:

[...] Vibhisana, rey de Lanka, Sugriva, señor de los monos, Nala, Nila, Jambavan, Angada, Hanuman y los otros héroes monos, todos de carácter virtuoso, habían adoptado encantadoras formas humanas. Con gran reverencia y amor alabaron el afecto, amabilidad, austeridad y disciplina de Bharata. Cuando vieron la forma de vida de los ciudadanos, todos se alegraron de su devoción a los pies del Señor. Entonces el Señor de los Raghus convocó a todos Sus compañeros y les dijo:

"Abrazad los pies de Mi Guru, el sabio Vasistha, que es digno de la adoración de toda nuestra raza. Por su gracia todos los demonios cayeron en la batalla".

Y volviéndose al sabio, Rama dijo:

"Escucha, santo señor: éstos son mis compañeros, ellos han sido las barcas que me llevaron a través del océano de la batalla. Todos arriesgaron su vida por mi causa, y son más queridos para mí, que el mismo Bharata". [...]

[...] Entonces el Señor de los Raghus mismo invistió con ropajes y joyas a Jambavan, a Nila y a todos los demás; y con la imagen de Sri Rama en sus corazones, se postraron todos ante Sus pies y partieron. [...]